miércoles, 17 de diciembre de 2008

SAN JUAN DIEGO

A pesar de la apoteósica canonización del indio Juan Diego por parte del Papa Juan Pablo II ( 31 de julio del 2002) y de los rigurosos estudios históricos que fundamentan tanto la biografía del nuevo santo como el acontecimiento guadalupano, la ambigüedad y un falso pluralismo siembran la duda y la polémica. Sin embargo, Juan Diego y Nuestra Señora de Guadalupe se sienten más presentes que nunca. Su presencia en la villa del santuario en México como acabo de experimentar es la caja de resonancia de los latidos de esta nación que dejaría de ser ella misma sin el acontecimiento del Tepeyac.

 

Con todo El dominical de El Comercio del 11 de agosto 2002 a través del artículo de Jorge Paredes deja en el aire suspendido un tono muy mexicano de que “lo más seguro es que quién sabe” en torno a la existencia de Juan Diego. ¿Será la Iglesia tan imprudente al canonizar a un San Noexistió ? ¿Por qué le iba a interesar elevar a los altares a un personaje que tan sólo sería producto del imaginario aunque tornado en evidente símbolo nacional mexicano? ¿Será puro cuento la innegable realidad de un México vibrante con la canonización de Juan Diego Cuauhtlatoatzin? ¿Aquellos rostros de millones de indígenas, de millones de mexicanos, de millones de católicos, que siguieron la ceremonia de canonización presidida por Juan Pablo II estaban asistiendo a algo inexistente?

La Universidad Católica Sedes Sapientiae tuvo la suerte de acoger en agosto del 2000 al más importante investigador para fundamentar históricamente la existencia del indio Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el P. Fidel González Fernández mccj, catedrático de las Universidades Pontificias Urbaniana y Gregoriana de Roma a quien pude entrevistar en PAX TV. En las conferencias, publicadas en los números 1 y 2 de la revista STUDIUM, se refirió a los datos publicados en su obra El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego en colaboración con Eduardo Chávez y José Luis Guerrero, (Editorial Porrúa, México, 564 páginas)  En la misma concluía: “Guadalupe fue un acontecimiento histórico, percibido como tal, por los más antiguos documentos a nuestra disposición. Solamente la afirmación clara de la historicidad puede llenar de contenido un símbolo que hace razonable una práctica y una devoción mariana de la envergadura de Guadalupe”. (p.XXV). La obra es un acopio de rigurosa investigación en archivos mexicanos como el Archivo General de la Nación, la Curia Metropolitana, el de Guadalupe, de Viena, Vaticano, Madrid, Sevilla...así como la consulta a un centenar de historiadores, académicos y prelados especialistas en el mundo guadalupano.  Una de las primeras representaciones de Juan Diego está en el llamado Códice 1548 (fecha de la muerte de Juan Diego) o Códice Escalada, pequeño fragmento en piel de venado descubierto en 1995 que pinta las apariciones de Guadalupe Éste es un escrito que lleva el nombre del jesuita español que recuperó una especie de Acta de Defunción de Juan Diego firmada por el indio Antonio Valeriano, el autor de la célebre narración de la aparición conocida como "Nican Mopohua" y por el franciscano Bernardino de Sahagún".

 

De las fuentes históricas examinadas (tradición oral continua, representaciones iconográficas como las del convento franciscano de Ozumba de principios del siglo XVII...) se demuestra que había una veneración creciente a Juan Diego vinculada al culto de la Virgen de Guadalupe. Las representaciones iconográficas de las apariciones y de Juan Diego siguen cánones precisos similares a los de los primeros códices indígenas de la segunda mitad del siglo XvI; en los lugares vinculados a la vida del indio se conserva una viva memoria entre los indígenas desde el siglo XVI, con signos crecientes de continua veneración. Otros restos “arqueológicos” serían el “ayate”' de Juan Diego donde se pintó Santa María de Guadalupe; los restos arqueológicos de las ermitas primitivas; la tumba y la lápida sepulcral de Juan Diego-, las ruinas de una ermita edificada a finales de la primera mitad del siglo XVI junto a la casa de Juan Diego-; los restos arqueológicos de la casa de Juan Diego bajo el piso de la iglesia actual de Cuahutitlán; una pintura sobre madera de las Apariciones a Juan Diego, una escultura de Juan Diego en alabastro; y una serie de reproducciones contemporáneas de la Imagen de Guadalupe..En el Testamento de Juana Martín. 11 de marzo de 1559 cuyo original se conserva en el archivo del Cabildo de la Ciudad de Puebla, México., se lee el texto siguiente: "...aquí se crió el mancebo Juan Diego... se casó con una doncella que se llamaba María... por medio de él se hizo el milagro allá en el Tepeyac donde apareció la amada Señora Santa María cuya imagen vimos en Guadalupe, que es verdaderamente nuestra y de nuestro Pueblo de Cuauhtitlán... todo se lo doy a la Virgen del Tepeyac...". En los Anales de la Catedral de México, comprendidos entre los años 1519 a 1739, hay que destacar dos textos, el de 1531, en el que se lee:”Los cristianos allanaron el suelo de Cuetlaxcoapan, Ciudad de los Ángeles. (Puebla). En este mismo año Juan Diego manifestó la Amada Madre y Señora de Guadalupe en México." Y el de 1548, “Murió dignamente Juan Diego. A quien se le apareció esta Amada Señora de Guadalupe en México."

El Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, en una entrevista concedida a Fides, el 6 de marzo del 2003, resaltó la necesidad de reconocer la historicidad y testimonio de la vida del beato”. Señaló que después de este gran acontecimiento "nadie en su sano juicio puede poner en duda la existencia de Juan Diego porque son muchísimos los datos que confluyen para esta afirmación histórica" y resaltó entre algunos de los datos "la investigación jurídica conducida desde 1666 con personas que conocieron o fueron contemporáneos de Juan Diego y que hablan no sólo de su existencia, sino también de su fama de santidad. De lo que no queda duda es que el indio Juan Diego está más vivo que nunca, tanto en los cielos como en la tierra, especialmente  en el corazón de los mexicanos y de los católicos, y particularmente en el de los campesinos e indígenas.

Como señaló su postulador, Monseñor Eduardo Chávez, quien pronunció varias conferencias en Lima y a quien pude entrevistar en “Especiales Pax TV”, desde los altares continúa difundiendo al mundo entero este gran Acontecimiento Guadalupano, un gran Mensaje de Paz, de Unidad y de Amor que se sigue transmitiendo también por medio de cada uno de nosotros, convirtiendo nuestra pobre historia humana en una maravillosa Historia de Salvación, ya que en el centro de la Sagrada Imagen, en el centro del Acontecimiento Guadalupano, en el centro del corazón de la Santísima Virgen María de Guadalupe, se encuentra Jesucristo Nuestro Salvador.

 

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