sábado, 17 de enero de 2009

EL CATECISMO DE SANTO TORIBIO, HOY

Este viernes 16 de enero he tenido la suerte de hablar a 200 catequistas de la Escuela de Evangelización “San Martín de Porres” en Carabayllo, coordinada por el P. Raúl Cornejo. Fue una delicia compartir el rico legado catequético de Santo Toribio con estos entusiastas protagonistas de la Nueva Evangelización. A todos les entregué una copia de la transcripción que hice del ejemplar que existe en la Catedral de Lima. Les transcribo lo más importante de la charla y parte del documento.

 

Monseñor Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne, actual Arzobispo de Lima y Primado del Perú, al exhortar a todos los fieles que vivan el Año Jubilar de Santo Toribio concedido por el Papa Benedicto XVI, nos explica que:

Contemplar la figura de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo es contemplar la figura de un Obispo que promueve santidad, que se entrega con exuberante generosidad a su ministerio evangelizador superando las dificultades e inconvenientes que pueda encontrar. Preocupado por la enseñanza, padre de los pobres, defensor de los naturales, buen organizador de las estructuras eclesiásticas, promotor de las vocaciones que extiendan el reinado del amor divino, y muchas más obras como Pastor de almas.

Y nos indica que “este año jubilar, dentro del marco de la Gran Misión «Remar Mar Adentro», se muestra muy favorable para profundizar en el estudio serio y responsable del Catecismo de la Iglesia y en la práctica de los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía”.

El propio Catecismo de la Iglesia Católica afirma en su introducción que “el ministerio de la catequesis saca energías siempre nuevas de los Concilios. El Concilio de Trento suscitó en la Iglesia una organización notable de la catequesis; promovió, gracias a santos obispos y teólogos como S. Pedro Canisio, S. Carlos Borromeo, S. Toribio de Mogrovejo, S. Roberto Belarmino, la publicación de numerosos catecismos”

Con la publicación del Compendio del Catecismo (Junio 2005) se hace más interesante, si cabe, esta misión. Benedicto XVI, al presentarlo, manifestó su confianza en que “la Iglesia entera y a cada cristiano en particular, para que, por medio de él, cada cual pueda encontrar, en este tercer milenio, nuevo impulso para renovar el compromiso de evangelización y educación de la fe que debe caracterizar a toda comunidad eclesial y a cada creyente en Cristo de cualquier edad y nación”. En fidelidad al Catecismo de la Iglesia Católica, aporta la novedad del estilo dialogal para adaptar la exposición de la fe a cada destinatario; por su parte, el uso de imágenes le servirá para retomar la belleza. Es sorprendente la coincidencia del primer número del Compendio (“Dios, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada”) con el limense en la primera parte del denominado Catecismo Mayor: “El Señor y Hacedor de todo, creó al hombre para que le viese y gozase en el cielo, y todo demás hizo para que ayude al hombre a alcanzar aquella vida bienaventurada”. A más de cuatro siglos de distancia, podemos aplicar al Catecismo Limense los frutos deseados por el Papa al Compendio: un aumento en el conocimiento de la fe, que “aumente también la alegría que de ella brota” y lleve a los católicos a ser “testigos entusiastas y capaces de transmitir entusiasmo” (Benedicto XVI, 5 de noviembre de 2005)

Pienso que los instrumentos catequéticos elaborados en el seno del Tercer Concilio Limense de 1583, y que guiaron la pedagogía catequética de toda la Iglesia de América del Sur por tres siglos, tiene las notas aplicadas por el Papa Benedicto XVI al Compendio, “brevedad, claridad e integridad” y “se dirige asimismo a toda persona que, viviendo en un mundo dispersivo y lleno de los más variados mensajes, quiera conocer el Camino de la Vida y la Verdad, entregado por Dios a la Iglesia de su Hijo”.

En castellano, quechua, aymara y diversas lenguas de América, ha servido de apoyo doctrinal seguro y manantial de oración para millones de católicos.

Quiero difundirlo y hacerlo accesible para ayudar a entrar en contacto con una obra clásica de espiritualidad que marca la identidad cultural católica de nuestro continente. Tomamos como base los originales conservados en el Archivo del Cabildo de la Catedral de Lima en el volumen titulado Libro Original del Tercer Concilio Limense (Fojas 37-47) Una versión facsimilar se ofreció con motivo del Quinto Congreso Eucarístico Bolivariano en 1988. Con el objetivo de lograr “el mayor bien al mayor número” eliminamos notas eruditas y modernizamos el lenguaje. Termino con las citadas palabras del Pontífice: “Leyendo este valioso instrumento que es el Compendio, gracias especialmente a la intercesión de María Santísima, Madre de Cristo y de la Iglesia, puedan todos reconocer y acoger cada vez mejor la inagotable belleza, unicidad y actualidad del Don por excelencia que Dios ha hecho a la humanidad: Su Hijo único, Jesucristo, que es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6).

Si alguno lo desea completo, que me lo pida y se lo envío a vuelta de correo joseanbenito@gmail.com

 

DOCTRINA CRISTIANA

 

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

El Pater Noster

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea el tu nombre. Venga anos el tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros las perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos, del mal. Amén.

 

El Ave María

Dios te salve, María, llena de gracia: El Señor es contigo. Bendita tú entre las mujeres. Y bendito el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Virgen Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte Amén.

 

El Credo

Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

Y: en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro, que fue concebido por Espíritu Santo y nació de la Virgen María. Padeció so el poder de Poncio Pilatos. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos y al tercero día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos y está asentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso. Desde donde vendrá, a juzgar los vivos y los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, la remisión de los pecados; la resurrección de a carne y la vida perdurable: Amén.

 

La Salve

Sálvete Dios, Reina y madre de misericordia. Vida, dulzura, esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos .de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, .pues, .abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús,

 Fruto bendito de tu vientre. ¡OH clemente! ¡Oh, piadosa! ¡OH dulce Virgen María! Ruega por nos, Santa Madre de Dios. Que seamos

 

Los Artículos de la Fe

Son catorce Los siete pertenecen a la divinidad, y los otros siete a la santa humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre.

 

Los que pertenecen a la Divinidad son éstos:

El primero; creer en un solo Dios todopoderoso. El segundo: creer que es Padre. El tercero: creer que es Hijo. El cuarto: creer que es Espíritu Santo. El quinto: creer que es creador. El sexto: creer que es salvador. El séptimo: creer que es glorificador.

 

Los que pertenecen a la Santa Humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, son éstos:

El primero: creer que Nuestro Señor Jesucristo; en cuanto hombre, fue concebido por Espíritu Santo. El segundo: creer que nació del vientre virginal de la Virgen Santa María, siendo ella virgen antes del parto y en el parto. Y después del parto. El tercero: creer que recibió muerte y pasión para salvar a nosotros pecadores. El cuarto: creer que descendió a los infiernos y sacó las ánimas de los santos padres, que estaban esperando su santo advenimiento. El quinto: creer que resucitó al tercero día. El sexto: creer que subió a los cielos, y se asentó a la diestra de Dios Padre todopoderoso. El séptimo: creer que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos (es a saber) a los buenos, para darles gloria, porque guardaron sus mandamientos; y a los malos, pena perdurable, porque no los guardaron.

 

Los Mandamientos de la Ley de Dios

Son diez: los tres primeros pertenecen a la ley de Dios y los otros siete, al provecho del prójimo.

El primero: amarás a Dios sobre todas las cosas. El segundo: no jurarás su santo nombre en vano. El tercero: santificarás las fiestas. El cuarto: honrarás a tu padre y madre. El quinto: No matarás. El sexto: no fornicarás. El séptimo: no hurtarás. El octavo: no levantarás falso testimonio. El noveno: no desearás la mujer de tu prójimo. El décimo: no codiciarás las cosas ajenas.

Estos diez mandamientos se encierran en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a ti mismo.

 

Los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia

El primero: oír misa entera los domingos y fiestas de guardar. El segundo: confesar una vez en la Cuaresma o antes, si ha o espera haber peligro de muerte, o si ha de comulgar. El tercero: comulgar de necesidad por Pascua Florida. El cuarto: ayunar cuando lo manda la Santa Madre Iglesia. El quinto: pagar diezmos y primicias.

 

Los Sacramentos de la Santa Madre Iglesia son siete:

El primero: bautismo. El segundo: confirmación. El tercero: penitencia. El cuarto: comunión. El quinto: extremaunción. El sexto: orden sacerdotal. El séptimo: matrimonio.

 

Las Obras de Misericordia son catorce: las siete corporales y las siete espirituales

Las corporales son éstas:

Visitar los enfermos. Dar de comer al que ha hambre. Dar de beber al que ha sed. Redimir al cautivo. Vestir al desnudo. Dar posada al peregrino. Enterrar los muertos.

 

Las espirituales son éstas:

Enseñar al simple que no sabe. Dar consejo al que lo ha menester. Castigar al que ha menester castigo. Perdonar al que erró contra ti. Sufrir las injurias del prójimo con paciencia. Consolar los tristes y desconsolados. Rogar a Dios por los vivos y por los muertos

 

Las Virtudes Teologales

Son tres: fe, esperanza, caridad:

 

Las Virtudes Cardinales

Son cuatro: prudencia, justicia, fortaleza, templanza.

 

Los Pecados Capitales

Son siete: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, acidia.

 

Los Enemigos del Alma

Son tres: el mundo, el demonio y la carne

 

Los cuatro Novísimos

Cuatro cosas son las que el cristiano ha de tener siempre en la memoria, que son: muerte, juicio, infierno y gloria.

 

La Confesión General

Confiésome a Dios todopoderoso, y a la bienaventurada siempre

Virgen María, y al bienaventurado San Miguel Arcángel, y al bienaventurado San Juan Bautista, y a los Santos Apóstoles, San Pedro y San pablo, y a todos los Santos. Y a vos, padre, que pequé mucho con el pensamiento, con la palabra y con la obra. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, y al bienaventurado San Miguel Arcángel, y al bienaventurado San Juan Bautista, y a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, y a todos los Santos y a vos, padre, que roguéis por mí al Señor Dios Nuestro.

 

LA SUMA DE LA FE CATÓLICA

Lo que se ha de enseñar a los que por enfermedad peligrosa se bautizan, y, asimismo, a los viejos y rudos que no son capaces de catecismo más largo, conforme al Concilio Segundo de Lima en la Constitución y de la Tercera Sesión y conforme al Capitulo de la Segunda Acción del Tercero Yo último Concilio de Lima, es siguiente:

De Dios. Que hay un solo Dios, hacedor de todas las cosas. El cual, después de esta vida, da gloria eterna a los buenos que le sirven, y pena eterna a los malos que le ofenden.

De la Trinidad. Que este Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son tres personas y tienen un mismo ser. Y, así, no son tres dioses, sino uno solo.

De Jesucristo. Que el Hijo de Dios verdadero se hizo hombre por nosotros, y éste es Jesucristo, el cual con su muerte y sangre nos redimió de nuestros pecados, y resucitó y vive para siempre.

De la Santa Iglesia. Que para ser salvado el hombre se ha de hacer cristiano, creyendo en Jesucristo, pesándole de sus pecados y recibiendo el santo bautismo, o, si ya es bautizado y ha tomado al pecar, confesando sus culpas al sacerdote. Así que recibiendo los sacramentos y guardando la ley de Dios, será salvo.

 

CATECISMO BREVE PARA LOS RUDOS Y OCUPADOS

P. Decidme, ¿hay Dios? R. Sí, Padre; Dios hay.

P. ¿Cuántos dioses hay?

R. Uno solo, no más.

P. ¿Dónde está ese Dios?

R. En el cielo y en la tierra y en todo lugar.

 P. ¿Quién es Dios?

 R. Es el Padre y el Hijo y e Espíritu Santo, que son tres

 personas y un solo Dios.

 P. ¿Cómo son tres personas, y no más de un solo Dios?

R. Porque de estas tres personas, el Padre no es el Hijo ni el Espíritu Santo. Y el Hijo no es el Padre ni el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo no es el Padre ni el Hijo. Pero todas tres personas tienen

 un mismo ser, y así son no más de un solo Dios.

P. ¿Pues, el sol, la luna, estrellas, lucero, rayos, guacas y cerros no, son, Dios?

R. Nada de eso es Dios, mas son hechura de Dios, que hizo el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos, para el bien del hombre.

P. ¿Cuál es el bien del hombre?

R. Conocer a Dios y alcanzar su gracia y amistad, y gozar de El después de esta vida en el cielo.

P. ¿Pues, hay otra vida después de ésta para los hombres?

R. Sí, hay, porque las almas de los hombres no mueren con los cuerpos, como las bestias, mas son inmortales y nunca se acaban.

P. ¿Cómo alcanza el hombre la gracia de Dios en esta vida, y después de ella la vida eterna del cielo?

R. Creyendo en Jesucristo y guardando su ley.

P. ¿Quién es Jesucristo?

R. Es Dios y hombre verdadero, que siendo Hijo de Dios como lo es, se hizo hombre en el vientre de la Virgen María, y nació quedando ella virgen, y murió en la cruz por librar a los hombres del pecado.

P. ¿Pues, cómo murió, si era Dios?

R. Murió en cuanto hombre, y luego al tercero día  resucitó, y después subió a los cielos, y vive y reina para siempre sin fin.

P. Dime ahora, pues, murió Jesucristo por todos, ¿sálvanse todos los hombres?

R. Los que no creen en Jesucristo, y los que aunque tienen fe no tienen obras ni guardan su ley, no se salvan. Mas serán condenados a penas eternas del infierno.

P. ¿Y los que creen en él y guardan su ley, serán salvos?

R. Sí, serán, y gozarán en cuerpo y en alma de bienes eternos en el cielo; y, por eso, ha de venir al fin del mundo Jesucristo, a tomar cuenta a todos los hombres, para lo cual resucitarán entonces todos los muertos.

P. Pues, los malos que han pecado, dime, ¿tienen algún remedio para no ser condenados?

R. Si no son bautizados, el único remedio es hacerse cristianos e hijos de Dios y de la Santa Iglesia por el bautismo.

P. ¿Qué entendéis por la Santa Iglesia?

R. La congregación de todos los fieles cristianos, cuya cabeza es Jesucristo, y su vicario en la tierra el Papa Santo de Roma.

P. Y si son bautizados, han tornado a pecar, ¿qué han de hacer para no ser condenados?

R. Confesar sus culpas al sacerdote, arrepintiéndose de ellas.

P. ¿Y haciendo eso serán salvos?

R. Sí, serán, si permanecen en cumplir los mandamientos de Dios y de la Santa Iglesia, que son: Sr amar a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo.

 

Fin del Catecismo Breve

 

 

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