martes, 3 de marzo de 2009

¡VENCISTE GALILEO! o ¡HELIOS, FUISTE MI RUINA!

Erase una vez el emperador más grande de todos los tiempos, Napoleón Bonaparte, quien conversaba con el secretario de Estado del Papa Pío VII, cardenal Gonzalvi, y le amenazaba con una ruptura que acabase con la Iglesia, si el Papa no cedía a sus pretensiones. El Cardenal, muy listo e irónico, le replicó:

- Majestad, cuando los ministros del Señor, con su conducta, no han conseguido arruinar a la Iglesia, esté seguro que menos podrá Su Majestad destruirla con el poder de su influjo.

La Revolución Francesa negó a la Iglesia el derecho a la educación y a intervenir en la vida pública. Con razón dijo Juan Pablo II en la Homilía de beatificación de Guillermo Repin y 98 mártires de la Revolución Francesa (19-II-84): "Este movimiento histórico se inspiró ciertamente en sentimientos generosos de libertad, igualdad y fraternidad y en el deseo de reformas necesarias; pero luego se vio arrastrado a un desencadenamiento de represalias, violencia y odio religioso.

Se mantienen los valores del cristianismo pero se les vacía de su contenido. Se sustituyen y en ocasiones se conculcan. Para muchos, la indiferencia es asedio manifiesto volteriano: "Ecrasez l' infame" (Aplastad a la infame, la Iglesia, la religión revelada).

Gracias a Dios, el Presidente actual de Francia, Nicolas Sarkozy, ha aprendido la lección y distingue claramente entre el laicismo decimonónico, anacrónico, beligerante, fundamentalismo, y la “laicidad positiva”. Cuestión de “ubicaína”= saber ubicarse, ser consciente del tiempo en que se vive.

. Les comparto un texto clásico de G. Riciotti en su perspicaz análisis del célebre Juliano el emperador apóstata en su obra con el mismo título al que añade “según los documentos” y en el que concluye que El Apóstata fue un “retrasado”:

Nadie podría pensar hoy en echar en cara a Juliano su apostasía; ésta es tan sólo asunto de su conciencia y fue en gran parte provocada por las desgracias familiares y por sus amistades en Éfeso y Atenas. Lo que sí podemos echar en cara Juliano, desde el punto de vista histórico, es el haber sido un retrasado; un soñador nostálgico de tiempos que habían pasado sin remedio. Podría decirse que fue el caballero de un ideal, el de hacer resurgir el paganismo; pero todo ideal debe atenerse a la realidad contemporánea, de lo contrario no es más que un anacronismo y el caballero hará la figura de Don Quijote. También el “Caballero de la Triste Figura” estaba profundamente convencido de su ideal, pero llegaba con un retraso de algunos siglos: idealmente vivía en tiempos de Carlomagno o de los caballeros andantes, cuando en realidad estaba en tiempos de Felipe II y de la Inquisición española. Constantino el Grande, aunque no poseía la cultura de Juliano, no cometió semejante anacronismo” “Tal vez todo hubiera acabado de distinta manera, si él se hubiese abstenido de luchar contra el Galileo; pero precisamente ésta era la lucha que le había mandado Helios y en tal caso adquiere un sentido mucho más amplio su grito: ¡Helios, has causado mi ruina! (ELER, Barcelona, 1959, pp.284-285)

Con la perspectiva que dan cerca de los 1000 años, el agudo y valiente catedrático de la Sorbona, Federico Ozanam, entona un himno a esta libertad-estandarte acrisolada en el Medievo:

Son primero los emperadores de Oriente quienes quisieron convertir a la Iglesia en un patriarcado sometido a su autocracia. Luego son los bárbaros quienes la invitan a unirse a ellos para consumar el saqueo del viejo imperio romano. Luego son los grandes señores feudales que intentan cubrirla con una coraza de hierro. Después son los reyes los que la invitan a tomar asiento en aquellos parlamentos que ellos gobiernan con la fusta y la espuela. Y, finalmente, son los modernos fundadores de las constituciones representativas, quienes se dignan concederle un banco en medio de sus Cámaras, pero que se indignan porque ella no se presta al mecanismo estrecho de su administración y también porque no enarbola sobre sus basílicas seculares, sus efímeras banderas. Porque la Iglesia nunca quiso ser ni imperial, ni bárbara, ni feudal, ni realista, ni liberal. Porque Ella es algo más que todo eso: ... es católica. Siempre ha sido en vano que, cual nuevos pretendientes de Penélope, al verla sola pretendieran ellos seducirla para reinar en su nombre, ofreciéndole, con ese fin, riquezas y poder. La Esposa inmortal ha sabido rechazar siempre semejantes nupcias . (Cit. en PATIVILCA Federico Ozanam, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1958).

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