miércoles, 27 de mayo de 2009

DOMINGO MISIONERO, ASCENSIÓN EN EL LLANO

Domingo de la Ascensión del Señor. En mi mente estaba el subir a algún cerro y leer el evangelio del día como quería el P. Morales y que tantas veces he practicado. Pero la mañana me la pasé en Ancón en una jornada pedagógica sobre el patrimonio cultural y pude contemplar el limpio y transparente océano Pacífico. Y recordé al inmortal Fray Luis :

¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, escuro,
con soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, ¿te vas al inmortal seguro?

La verdad es que la grata convivencia de los colegas de historia no me dejó mucho tiempo para la soledad y llanto, pero tenía muy entrañada la fiesta de la ascensión, no en vano vine al mundo un jueves de la ascensión.

Pero lo mejor vino por la tarde. Había quedado con el grupo de militantes en ir a la zona de la parroquia de San Conrado para evangelizar de puerta en puerta. Como llegué media hora antes, pude estar un buen rato con Jesús Eucaristía en el oratorio parroquial.  A las 4 de la tarde llegó el grupo y nos distribuimos la zona. Yo me quedé solo por ser número impar, así que con un buen taco de volantes de la doctrina católica me dirigí al primer joven que me encontré en el parque; resultó ser uno de los chicos que se preparan para la confirmación así que, después de regalarle el volante, y felicitarle por estar en el programa, le invité a acompañarme a evangelizar en la media hora de espera; aceptó gustoso y ya éramos dos. “Mira, Javi, que así se llamaba, yo comienzo y luego te toca a ti”. No dirigimos a una joven familia que estaba comiendo en el parque, le entregamos las hojitas y le invitamos a participar en las misas de 6 y 7 de la tarde; le preguntamos si estaba bautizada la niñita de un año; como nos dijeron que no, le animamos y nos agradecieron el que nos acercásemos. La siguiente visita fue para dos enamorados de unos 18 años, de los que –sobre todo la joven- se interesaron por la confirmación y quedaron en apuntarse; el ver a Javier les motivó. La tercera fue un grupito de jóvenes, luego otra familia, tres amigos de Moyobamba que estaban buscando trabajo y les animamos a que se acercasen a confesar y a la Misa. Otro resultó ser un pastor protestante que nos “protestó” acerca del culto en domingo cuando –según él- no aparecía en la Biblia; tan solo el sábado; le dijimos que precisamente el “domingo” significaba el día del Señor y que desde la resurrección de Cristo todo era nuevo y que se constituía en el primer día de la semana: nos contestó que en la biblia figura como cuarto mandamiento “santificar las fiestas” y que en nuestro volante y en los “mandamientos de los católicos” lo ponen en tercer lugar; le dijimos que había diversos textos en los que se recoge el Decálogo y que de modo didáctico se recoge en esta fórmula; total, que se prolongó un poco la charla, pero quedamos amigos y orando unos por otros... En total, repartiríamos unos cien volantes y tanto Javi el nuevo misionero como servidor quedamos muy contentos porque nos sentíamos instrumentos del Señor. Luego, tuve ocasión de hablar a dos grupos de jóvenes, uno que estaba a punto de confirmarse y otro ya confirmado, de perseverancia. Les felicité por dedicar la tarde del domingo a Jesús y les animé a ser amigos de verdad del Señor, con la oración, con la formación, con la acción; les recordé que aparte de ser el día de la Ascensión era el día de María Auxiliadora, “la virgen de Don Bosco”, y él solía decir: “Me basta con verles jóvenes para amarles entrañablemente...Les espero a todos en el paraíso”; hoy Jesús no tiene otros labios, ni otros pies, ni otro corazón para ir a los jóvenes que los de ustedes; que María les sostenga. Me dijeron que les gustó. Yo sentí que el Espíritu habla por nosotros cuando nos ponemos en el disparadero para ayudar a otros a practicar el bien.

Sólo quedaba difundir la prensa católica a la entrada y salida de las misas . El anuncio por parte de Eduardo favoreció el que muchos se acercasen. Además, pudimos participar en la Santa Misa con cientos de fieles. Yo, feliz, porque sin ascender a ninguna cumbre física, había recibido la gracia de subir al Cielo en la Tierra a través de la Eucaristía y el apostolado. Al volver para casa, todavía tuvimos tiempo de compartir experiencias al ritmo de combi y culminar la jornada con el Rosario a nuestra Madre Auxiliadora. A Ella le pedí para que miles de jóvenes puedan gozar de la dicha de vivir así.

 

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