lunes, 4 de mayo de 2009

SANTO TORIBIO PARA NIÑOS

Santo Toribio de Mogrovejo

José Antonio Benito-Pedro Chávez (Ilustraciones)- Lima 2009, Colegio y Parroquia Santiago Apóstol de Surco, 28 pp

Como escribe Monseñor Pedro Hidalgo –párroco y promotor del Colegio Santiago Apóstol de Surco, a la vez que Rector de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima- en la presentación, Santo Toribio no es solamente “un hombre íntegro, un cristiano a carta cabal, un obispo ejemplar en su oficio de ganar a los hombres para Cristo, sino un forjador del alma nacional por su contribución a una vida más digna, honesta y justa de aquellos a quienes le tocó servir”.

Agradezco su iniciativa de publicar este librito que ayudará a que miles de niños conozcan un poco más a este gigante de la misión que confirmó a más de un millón de niños y jóvenes en la más dilatada diócesis del siglo XVI.

PRESENTACIÓN

Sancho Dávila fue el escudero del prelado Mogrovejo por 52 años, desde el tiempo en que le sirvió cuando fue nombrado inquisidor en Granada: “al cual recibió por paje y le dio escuela y estudio y anduvo con él por todo el Reino de España cuando salió a despedirse de SM y de sus consejos, cuando le presentaron por Arzobispo de esta ciudad y en la Villa de Madrid, y de allí a Mayorga a despedirse de su madre, tíos y parientes, caminando siempre con él y en su servicio este testigo...sin faltarle un punto”.

Nadie como él conocerá las apasionantes aventuras del santo hidalgo arzobispo, de quien destaca su vida austera, sin regalos: “No recibió regalo ni valor de una manzana, desde que fue proveído por Inquisidor hasta que murió, de persona alguna ni jamás comió fuera de su casa, aunque en Madrid, yendo a despedirse de Su Majestad, para venir a estos reinos le convidaron muchos oidores amigos suyos y concolegas de sus Colegios y de ninguna manera aceptó convite ni regalo”.

Como sucedió a la pareja inmortalizada por Cervantes, hubo entre uno y otro una permanente transfusión espiritual, una amistad entrañable, hasta llegar a decir que Sancho se quijotesa y Don Quijote se torna un poco Sancho. En nuestro Sancho se da una fidelidad inquebrantable, un cariño filial, una admiración respetuosa de estar en contacto permanente con un santo; en nuestro Santo una confianza extraordinaria y un afecto cordial de padre y pastor.

Este Sancho Dávila se casó en Lima con Elena Rodríguez y tuvieron como hijo a Juan, quien declaró el 31 de mayo de 1659, a los 60 años, que era hijo de Sancho de Ávila y Elena Rodríguez, casado, mercader, con una fortuna de 50-60.000 pesos [301v]"que lo conoció y se acuerda muy bien de él, aunque era niño por haberle visto muchas veces con ocasión de que el padre de este testigo llamado Sancho de Ávila que ya es difunto fue criado del dicho siervo de Dios desde edad de siete años, desde que el siervo de Dios fue inquisidor de Granada y vino en su servicio a este reino y por esta causa este testigo le veía ir y venir a la iglesia y cuando este testigo iba y venía a la escuela a aprender a leer y a escribir porque la dicha escuela estaba enfrente de la santa iglesia catedral y que muchas veces le besó la mano pero no se acuerda de haber hablado de cosas de importancia" 31 de mayo de 1659, ff. 299-312 asimismo hacía oración por sus bienhechores y en especial por los que le perseguían"[1]

A pesar de no haber hablado de “cosas de importancia” Juanito Dávila tiene muchas cosas que contarnos. Veremos, pues, cómo responde a nuestras preguntas.




[1] Segundo cuaderno de los autos e informaciones originales en la Causa de la Beatificación y Canonización del Venerable siervo de Dios Don Toribio Alfonso Mogrovejo, año 1659

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