domingo, 5 de diciembre de 2010

Las cinco llagas de la Iglesia

 Al hilo de mis clases de Historia de Iglesia Contemporánea salió la luminosa y profética figura de Rosmini. A los 36 años del Beato Antonio Rosmini, y en 1833, escribió su célebre obra titulada De las cinco llagas de la Iglesia. Tratado dedicado al clero. En 1849 la obra sería retirada a petición del Santo Oficio, seguida de una nota de su autor a Pío IX indicando la aceptación de la prohibición.  Por todo lo que hoy nos puede decir en nuestro aquí y ahora, vale la pena que nos fijemos. No sin antes recordar unas palabras introductorias del mismo Rosmini:

"El meditar sobre los males de la Iglesia no puede ser reprobable cuando quien lo hace es movido por el amor a la misma Iglesia y por la gloria de Dios".

Antonio Rosmini, primero condenado por el Santo Oficio (y metido en el Índice) y luego beatificado nos estimula como San Ignacio a "sentir con la Iglesia". Señala cinco males o llagas para su tiempo. Por nuestra parte, proponemos otras cinco para ahora. Sin duda que ustedes tienen otras propuestas; ¡bienvenidas sean!

(1) La primera llaga era la separación entre el pueblo cristiano y el clero, sobre todo en la liturgia. Rosmini criticaba, especialmente, el hecho de que las celebraciones católicas resultaban con frecuencia incomprensibles para el pueblo. Además, la distancia existente entre el clero y los laicos no respondía al evangelio. La liturgia era del clero, no del pueblo de Dios.

 (2) La segunda llaga era la insuficiente formación cultural y espiritual del clero; a juicio de Rosmini, el clero era incapaz de dialogar con la nueva cultura existente ya en su tiempo. Se había abierto un foso entre el clero y el pueblo en la forma de pensar y de vivir; el pueblo ira por un lado, el clero por otro.

 (3) La tercera llaga es la desunión de los obispos entre sí y de los obispos con el clero y con el papa. El problema era a su juicio la falta de fraternidad y diálogo en el conjunto del clero, pues cada obispo buscaba su parcela de poder, de manera que unos se enfrenaban con otros. La unión de la Iglesia desde arriba no se reflejaba en la caridad entre los obispos y entre los obispos y el clero.

 

(4) La cuarta llaga es la injerencia política en el nombramiento de los obispos. En un primer momento, Rosmini deseaa que el papa hubiera libertad para nombrar a los obispos; pero inmediatamente después quería que se volviera al uso antiguo de la Iglesia, de manera que fueran los propios sacerdotes y el pueblo de una diócesis los que nombraran a sus obispos. El nombramiento de los obispos por parte de los reyes o del papa le parecía contrario a la fraternidad y libertad del evangelio y de la Iglesia

 

(5) La quinta y última llaga es para Rosmini la riqueza de la Iglesia, es decir, los bienes temporales que esclavizan a los eclesiásticos... Junto a la riqueza de la Iglesia estaba la falta de transparencia en su administración.

¿Cuáles serían las cinco llagas actuales? Pongo las mías:
 
1. Falta de comunión. Con el Papa, entre los obispos, entre las órdenes y los movimientos, entre los sacerdotes y los laicos. Si viviésemos el "que todos sean uno" sin duda que el mundo creería. Somos una gran familia que debe vivir como una orquesta: cada uno con su instrumento, su carisma, su espiritualidad, pero todos a una, fieles al Papa y a los obispos, ayudándonos entre todos para buscar el mayor bien al mayor número.
 
2. Laicos de brazos cruzados que insisten en que se les deje más espacio en la liturgia y a ser posible la homilía. ¿Y su puesto de vanguardia en el mundo, donde las papas queman? ¿Y todos los nuevos areópagos -vida pública, redes sociales...-en los que todavía está ausente en la iglesia? Los laicos son el corazón de la Iglesia en el mundo y el corazón del mundo en la Iglesia.
 
3. Incoherencia de los católicos. Del dicho al hecho no debe haber ningún trecho. ¡Qué bien predica fray ejemplo! Ahí tenemos a Teresa de Calcuta, a Juan Pablo II, a Juan XXIII, Óscar Romero. Por sus frutos les conocerán. ¿Puede haber sacerdotes pedrastas, laicos que aprueben medidas antivida, antisociales, fundamentalistas?  
 
4. Secularismo. Señalaba el Cardenal Rodé -Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica- en su reciente visita a Lima, el fuerte declive en los consagrados -el mayor desde la hecatombre sufrida en la Ruptura Protestante- por  el abandono de los signos visibles religiosos, la oración, la quiebra de la vida común.
 
5. Tibieza e indiferencia. Basta ya de que los "buenos" le echen la culpa a los "malos" (herejes, judíos, musulmanes, masones, agnósticos, ateos...). En Aparecida ha sonado el clarín de la misión. ¡Ay de mí si no evangelizo! tendremos que decir con San Pablo. Nuevo ardor, la pedagogía de la santidad, tal como señaló Juan Pablo II en la "Novo Milenio Ineunte". Ponerse  a la escucha de la Palabra como señaló Benedicto XVI al comienzo del pontificado, vivir en Cristo, con María.. ya que como decía San Antonio María Claret: "el apóstol abrasa por donde pasa". Y vendrá el interés por la oración y la acción, el cuidado de los jóvenes y las vocaciones. Cristo no tiene otros labios  para hablar que los nuestros, ni otros brazos para ayudar que el nuestro, ni otros pies para caminar que los nuestros, ni otro corazón para amar que el nuestro. ¡Como los cruzados medievales o la cruzada por un mundo mejor, clamemos con nuestra vida: ¡Dios lo quiere!
 
 
 

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