lunes, 4 de abril de 2011

Jesús murió como un infame, pero por amor




Les comparto una pregunta que le hice en ESPECIALES PAX TV:


Padre Ignacio, estamos ya metidos de lleno en el corazón de la Cuaresma y a puertas de la Semana Santa, el misterio de la cruz y la resurrección como que es uno de los grandes temas que usted ha tratado y que vive, ¿qué nos podría hablar sobre la cruz?



Padre Ignacio: Bueno, eso es muy largo, pero hablando de Semana Santa la gente se queda con la Cruz hay misterios enormes, grandiosos y prácticos, es la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y sobre todo es la institución del mandamiento nuevo del amor, mandamiento nuevo, entonces Jesús a última hora todo lo resume con amor, así como su vida fue amor despreocupado de si preocupado de los demás, bien, eso nos olvidamos demasiado, pero en la semana santa esos tres pilares están presentes. En Semana Santa se olvida también otro momento que para mi fue la redención del mundo GETSEMANI, en GETSEMANI a mi modo de ver es cuando se hizo la redención del mundo, la hora de la voluntariedad, cuando Jesús entró en una crisis emocional inmensa, formidable, hasta sudor de sangre, fenómeno que rarísimamente se da hoy en día, hasta decir “siento tristeza de muerte”, ¡qué palabras se pueden decir más fuertes que esas! Bueno. Y eran que él como humano resistía y su voluntad quería lo que quería el Padre y ahí estuvieron ¡por favor líbrame de esta hora! ¡Por favor este cáliz por otro! Pero, siempre al final: ¡Pero no se haga lo que yo quiera sino tu voluntad!, o sea la voluntariedad, murió de una muerte infame. Los romanos tenían dos maneras de ejecutar a los delincuentes, una de ellas era elegante si se puede hablar; decapitando y la otra era infame que se reservaba a los esclavos y a los terroristas, se reservaba especialmente. Y es terrible decir lo que voy a decir pero lo digo con inmenso amor, Jesús murió como un infame y no acaba ahí y eso lo aceptó voluntariamente, murió por amor, murió por amor a su Padre y a nosotros. Esa es la cruz y la muerte, la resurrección es una consecuencia de la muerte de Jesús. Ya está ahí en el capítulo dos de Filipenses, Cristo Jesús, siendo de condición divina y todo aquello, no consideró que era una usurpación el ser igual a Dios sino que se anonado a sí mismo en condición de siervo abandonado, sumiso y obediente hasta la muerte y muerte de cruz, ahí acaba una parte y ahí comienza la otra pero de la misma cosa, por lo cual por todo eso el Padre lo exaltó, lo sacó de las garras de la muerte, le dio la resurrección y la inmortalidad de Señor de arriba y de debajo ahora y para siempre.


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