viernes, 29 de julio de 2011

CIPRIANI Y OLLANTA UNIDOS POR BELAUNDE Y LA PERUANIDAD

CIPRIANI Y OLLANTA UNIDOS POR VÍCTOR ANDRÉS BELAUNDE Y LA PERUANIDAD

 

Me sorprendió gratamente que tanto en el Te Deum como en el Mensaje Presidencial se citó en lugar sobresaliente a Víctor Andrés Belaunde por la definición de “patria”.

 

Efectivamente, el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne en la homilía pronunciada en la Santa Misa y Te Deum 190° Aniversario de la Independencia del Perú dijo: Al hablar de nación resulta necesaria la relación a la Patria, que hace referencia a paternidad y también a patrimonio. "La Patria es el amor de las tumbas y de las cunas" en palabras de Don Víctor Andrés Belaúnde… Alude la Patria a una herencia que se recibe, ese conjunto de valores que se transmiten de una generación a otra y que vienen a constituir una especie de capital que se comparte y recibe también en herencia.

Por su parte, el Presidente del Perú, Ollanta Humala Tasso, en el Congreso de la República, en su  Mensaje a la Nación, dijo: Hace casi un siglo, en 1914, Víctor Andrés Belaúnde, uno de los grandes intelectuales y políticos del siglo XX, al terminar un discurso en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, lanzó a los jóvenes una proclama que era, al mismo tiempo, un grito de batalla y una demanda: ¡QUEREMOS PATRIA!

Me alegro realmente y felicito a los dos por tan sabia elección. Necesitamos hombres-puente, hombres-patria, hombres-misión, hombres-peruanidad, que conjugan identidad nacional con universalidad.

 

Las fiestas patrias forzosamente nos convidan a reflexionar sobre nuestro Perú. Quizá ningún arequipeño como el universal Víctor Andrés supo adentrarse con tanta hondura en la entraña misma del País, la Patria, el Estado del Perú profundo. Él estudió "la peruanidad" con pasión. No sólo la definió ("conjunto de elementos o caracteres que hacen del Perú una Nación y un Estado") sino que supo comprometerse científicamente con su problemática, llevando a la más alta cumbre diplomática, la ONU, la honrosa representación de Perú.

En el vibrante y lúcido epílogo de su obra cumbre, Peruanidad, escribirá que este concepto "supera al hispanismo puro y al indigenismo puro." Si el primero prescinde del factor espacio, el segundo lo hace del factor tiempo. Tanto uno como otro se integran en la peruanidad:

a) Telúricamente, por la influencia del paisaje o del medio físico

b) Biológicamente, por el cruce de sangre

c) Económicamente, por la necesidad de la producción que une en toda empresa a empleados y dirigentes

d) Políticamente, por la influencia del régimen republicano que ha suprimido las barreras de color en las esferas burocráticas y sociales

e) Religiosamente, por el catolicismo, cuya liturgia modela las mentes más altas como las más sencillas y primitivas.

La integración se produce en la costa y en la sierra y por lo mismo es falsa la oposición entre ellas. Hay elementos mestizos, mulatos e indígenas, en la costa. La sierra tuvo desde la Conquista grandes núcleos hispanos con los Cabildos más importantes...

En el Discurso pronunciado con motivo de celebrarse las bodas de plata de la Universidad Católica, en 1942, volverá a proclamar que la peruanidad es un hecho, una vivencia; es una e indivisible, integral. "Síntesis viviente de la tierra y de la raza aborigen, y de la raza y la cultura hispano-católica, la peruanidad exhibe con orgullo sus dos herencias y no acepta que se las disminuya ni se las tergiverse. La gloriosa sombra del incario se prolonga en el virreinato y es nuestra misión perpetuarla en la república".

Víctor Andrés siempre sumó, nunca restó. A fuer de ser realista, fue siempre optimista. "La peruanidad es una síntesis comenzada pero no concluida. El destino del Perú es continuar realizando esa síntesis. Ello da un sentido primaveral a nuestra historia".  Así entendida, la "peruanidad" es un proyecto de utopía indicativa: la postulación de una solidaridad en marcha, la convicción de un somos, un podemos y debemos ser. Su "Síntesis viviente" es una simbiosis de valores culturales y espirituales, lejanos y cercanos, con sus mitos, tradiciones y costumbres, que se remoza constantemente por su propio impulso vital y con un destino propio, personal.

 

La nostalgia sentida por la "Arequipa de mi infancia" no será obstáculo para mirar el mundo (visitó toda América y Europa) desde su atalaya mistiana. Del mismo modo que contempló la Arequipa de sus amores desde su perspectiva cosmopolita. Su dilatada trayectoria intelectual y vital la proyectará sabiamente en escritos y gestos cotidianos que llevaban siempre un mismo mensaje. Lo sintetizará magistralmente quien fuese patriarca de la historia republicana del Perú, Jorge BASADRE: "Belaunde albergó la aptitud para las ideas generales que provenía de su preparación filosófica y la agudeza realista para aprehender los hechos concretos; la capacidad para entusiasmarse y el sentido analítico; el fervor místico que acabó por hacerlo volver a la religión católica y el gusto para extraer enseñanzas y estímulos de la lectura de los grandes libros y de la experiencia de la vida nacional e internacional; la nobleza de un espíritu que no supo de envidias o maldades y la privilegiada robustez de su salud física y mental".

O como bellamente escribió su alumno más aventajado César PACHECO VÉLEZ: "La hermosa proeza de V.A.B. ha sido fundar su nostalgia, más aún que en el pasado, en el futuro de este país al que amó con inmensa ternura y la más noble pasión; forjar una ideal del Perú peregrinando a todas sus fuentes, nutriéndose con la savia de todas sus raíces, palpitando con el caudal de todas sus sangres".

 

Termino por recordar algo medular en la vida de Víctor Andrés: Su conversión al catolicismo. Juan Pablo II dijo en uno de sus viajes a África que no terminamos nunca de convertirnos. Este año, 1998, lo dedica la Iglesia al Espíritu Santo. En ninguna de sus manifestaciones se muestra tan patente su acción como en los convertidos al catolicismo. Quien fuese ministro de propaganda nazi, Goebbels, hablando por sí mismo, pronunció una frase terrible: "Nunca tendrá paz el católico que ha perdido su fe". Al menos en Víctor Andrés Belaúnde, su sentencia no se cumplió.

Nacido en la Blanca Ciudad en 1883, "mamó" el catolicismo en su hogar y en su escuela. Estudió con el P. Duhamel y el último año de secundaria en el colegio San José. Estuvo especialmente dotado para los idiomas, dominando el francés, ingles, latín e italiano y defendiéndose en el griego. En 1899 ingresa en la UNSA, Facultad de Letras. A los 17 años debe sufrir la crisis familiar por la injusticias perpetradas en su padre, militante pierolista. Belaúnde marcha a Lima y se matricula en San Marcos. En 1903 ingresa en el Archivo de Límites del Ministerio de Relaciones Exteriores, iniciándose una carrera diplomática de más de 63 años. Recorre otros países para preparar los documentos de los alegatos peruanos en las controversias de límites con Ecuador y Bolivia.

En San Marcos continuó estudios doctorándose en Letras, Derecho y Ciencias Políticas con tesis pioneras sobre la antigüedad del ayllu, el origen y la organización social del imperio incaico. Participa en las movilizaciones universitarias con motivo de los conflictos con Ecuador en 1907 y 1910. Se distancia del positivismo y se acerca al idealismo.

De 1908 a 1921 profundiza en el Planteamiento del problema nacional. En 1915 se casa con Sofía Yrigoyen. De 1915 a 1917 despliega una intensa campaña periodística como director de la revista La Ilustración Peruana y colaborado de El Comercio.

Vamos a detenernos en este momento cumbre de su vida y que ha sido resaltado en el reciente libro de Pedro Planas El pensamiento Social de V.A. Belaúnde (IESC, Lima 1997). Lo relata él mismo en su artículo "Mi conversión al catolicismo":

"Se vuelve siempre a los primeros amores" dice un adagio francés. En la quieta y hogareña vida provinciana de los Estados Unidos o en el París sin tentaciones de inútil mundanismo reanudé, por gravitación natural de mi espíritu, mis viejos soliloquios metafísicos. De la divinidad de Cristo, a la que me llevaron misteriosamente combinadas las lecturas de Pascual y de Renán, pasé a la gozosa contemplación y a la plena vivencia de la Fe en la Iglesia Católica. Mi conversión debía determinar una nueva orientación en mis lecturas y meditaciones en el tiempo libre que me dejaban los cursos y conferencias. Se imponía reanudar las remotas preocupaciones de mi infancia sobre los fundamentos de mi ve. En realidad, la vuelta a ella me brindaba un campo inmenso, intuido o entrevisto en mi adolescencia y comienzos de la juventud, y que ahora se presentaba con la atracción de inmensas perspectivas."

Queda claro que su retorno al hogar católico fue del ambiente propiciado por los intelectuales convertidos en la "Francia eterna":

"De labios de un misionero francés recibí lecciones y ejemplos inolvidables de amor a Dios. Mi conversión fue favorecida y alentada por el ambiente católico renaciente en Francia. Al volver al Perú encontraría mi hogar intelectual en el claustro animado por el fervor de caridad y de saber de otro misionero francés, el P. Jorge, fundador de la Universidad Católica de Lima.

Su trayectoria -como dirá ante las elecciones políticas- "quedará marcada por sus dos cultos: el de las esencias patrias y el de la luz del Evangelio aplicada a los problemas sociales".

 

Perú está en deuda con quien ha sido uno de sus hijos más preclaros. Se impone una lectura de sus escritos, una edición popular de los mismos. Nos ayudará -no cabe duda- como quería Miguel de Unamuno a penetrar en el hondón del alma colectiva de nuestro Perú para conocernos mejor y para armonizar cultura-justicia-paz en nuestro anhelo de forjar un desarrollo solidario, que no olvide nunca la identidad nacional ni tampoco la otra identidad supranacional, mostrando la "verdadera fisonomía moral y jurídica del Perú y la trayectoria honrosa que su destino le señala".

 

José Antonio BENITO

 

 

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