martes, 2 de agosto de 2011

Arquitectura virreinal religiosa de Lima del P. San Cristóbal

El Fondo Editorial y el CEPAC de la UCSS presentaron la reedición de la primera obra del gran maestro de la historia del arte virreinal del Perú, P. Antonio San Cristóbal, en el día 3 de agosto en que se clausuraba la Feria del Libro 2011. Libro espléndidamente editado, con 25 fotografías a todo color, tomadas por el propio autor y 500 páginas de texto.

Con la presencia del Excmo. Sr. Rector, Dr. P. Joaquín Martínez Valls, académicos y numeroso público que llenó la Sala José María Arguedas, se brindó un cálido homenaje al querido P. San Cristóbal.

Los comentarios a la obra corrieron a cargo de Fernando López, director del Museo de la Catedral de Lima, quien resaltó sus vínculos con el Cabildo Catedralicio así como su magisterio artístico relacionado con la Catedral y en general el arte religioso; Carlos Alfonso Villanueva, historiador del arte, y compañero por 23 años en unión del Dr. Guillermo Lohman Villena, en el Archivo General de la Nación, quien resaltó la gran disciplina del P. San Cristóbal que a pesar de las enormes dificultades visuales y auditivas no se perdonaba un esfuerzo para descifrar miles de legajos; Rodrigo Córdoba, arquitecto, ponderó los méritos como historiador de la arquitectura considerando todos los aspectos de una obra de arte.

Por mi parte, valoré la sencillez casi infantil y la hondura espiritual del misionero claretiano y del académico, leyendo algunos textos del prólogo y agradeciendo a todos los comentaristas y público presente.

En la foto aparecen los comentaristas y el Sr. Rector, Ada Olaya, Mariana Mould de Pease, Lorenzo Huertas.

 

Arquitectura virreinal religiosa de Lima. Lima 2011

Arquitectura virreinal religiosa de Lima se publicó hace 23 años por Studium. Texto e ilustraciones se reproducen íntegramente. Los cambios introducidos en el texto original se reducen a la eliminación de erratas como el que se coló en la portada “virreynal”, supresión de notas yuxtapuestas como la de la página 77 o la reubicación del capítulo “el rostro humano de Lima” en el apartado I que lo hemos integrado en el IX dedicado a Ricardo Palma. Se mantienen también todas las fotografías tomadas por el propio autor aunque notablemente mejoradas en la calidad de la impresión. Una a una pasamos revista a las ilustraciones y prácticamente todas conservan su vigencia. Hay que observar, sin embargo, que la iglesia de la Trinidad por quemarse el altar mayor y la parte superior del retablo, ha sido restaurada y dos de sus más bellas estatuas la de San Benito y San Bernardo se encuentra actualmente en el monasterio cisterciense de Lurín. La portada de San Marcelo también fue completamente rehecha Le pedimos al autor una nueva presentación y no la cree necesaria. Hemos creído útil presentar toda su bibliografía para facilitar el estudio de cuantos edificios se describen en la presente obra, especialmente la publicada a partir de 1988.

La obra que tenemos el gusto de presentar se ha ganado con creces el título de clásica. El propio autor confiesa que “no es un tratado sistemático de arquitectura virreinal limeña ni un estudio completo de todos los monumentos”.  A pesar de no contener todas las iglesias, se describe la mayor parte de las iglesias virreinales. Late en ella la rica formación humanística del autor. Se diría que el autor se siente padre de la creatura porque con su investigación de primera mano, de archivo, se siente testigo de su alumbramiento, de su crecimiento, de su mantenimiento, de su futuro...; nos cuenta su historia (lo acontecido en el contrato de los alarifes, en la realización de planos y ejecución de los proyectos, los atentados y restauraciones) y –como diría Unamuno- su intrahistoria (por qué se hizo, para qué...) y su contexto... De este modo la arquitectura religiosa limeña cobra un rostro vivo, humano. Es mucho más que una guía, aunque nos sirve y lo es magnífica; es un compendio de minúsculos tratados que tienen autonomía en sí mismos. Esto que podría en principio desazonarnos, puede servir al lector libre y creativo “que sabrá referir en cada caso el componente que se estudia al monumento que lo acoge; y para ello puede contar con la ayuda de los índices”. Es la trayectoria arquitectónica de la Ciudad de los Reyes con estilos y generaciones bien marcados. Es contemplar en términos del autor  cómo se tejió “la urdimbre de la tradición arquitectónica limeña, fluida y variable, pero enmarcada dentro de cauces privilegiados”. Campea por toda la obra entrañable afecto por la Lima que se fue, por la Lima de las tradiciones de Ricardo Palma, y no ahorra epítetos (“fanático destructor”, feroz ofensiva), para los detractores como el notable artista y humanitario presbítero Matías Maestro. De igual manera, tiene muy presente que la arquitectura virreinal peruana aporta algo fundamental a su identidad nacional: la variedad y diversidad que “ha quedado indeleblemente grabada en el rostro arquitectónico sus ciudades”. Más todavía. En su discurso de incorporación a la Academia Nacional llega a sugerir que

La arquitectura virreinal ha preludiado en el terreno cultural la independencia del Perú. Se llegó a esta madurez en el despliegue de la arquitectura por el continuado esfuerzo creador de sucesivas generaciones de alarifes, ensambladores y artesanos de la construcción, fiel al esfuerzo de ornamentar con rostro propio el ambiente comunitario en que discurría la vida de los habitantes del Perú.

Ésta conclusión, elaborada tras miles de horas de minucioso trabajo de archivo, gozosa contemplación estética de los edificios y celosa entrega pastoral, me parece fundamental para reivindicar el barroco como crisol cultural que dota a los pueblos de América de una identidad, de una idiosincrasia indiscutible. Lo acaba de afirmar bellamente Benedicto XVI en Aparecida:

 

El anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña. Las auténticas culturas no están cerradas en sí mismas ni petrificadas en un determinado punto de la historia, sino que están abiertas, más aún, buscan el encuentro con otras culturas, esperan alcanzar la universalidad en el encuentro y el diálogo con otras formas de vida y con los elementos que puedan llevar a una nueva síntesis en la que se respete siempre la diversidad de las expresiones y de su realización cultural concreta.

 

En la visceral antipatía del autor por los postizos ilustrados, los iconoclastas del neoclásico que siguiendo la moda de la academia al uso destruyeron bellísimos retablos barrocos por ver “salvajismo” en lo que era frondosa creatividad, intuye el drama denunciado por Pedro Morandé: identificar la historia de los pueblos de América Latina con la historia de los estados nacionales. “Tal identidad –denuncia Morandé- representa el olvido de la memoria histórica del barroco y de la síntesis cultural mestiza forjada desde la primera evangelización de nuestros pueblos... El olvido del barroco significa para la Iglesia su virtual desaparición de la conciencia histórica Latinoamérica”. Su recuerdo sereno y fundamentado, gozoso y apasionado en los 25 edificios descritos es el mejor antídoto frente a esa amnesia colectiva.

Manifestaba el autor en el lejano prólogo de la obra en 1988 su aspiración de ir más allá de una descripción formal, para llegar “también a entender la iglesia, el claustro, o la portada como obra de unos hombres concretos que ejercían su oficio de alarifes en una época determinada, junto a otros contemporáneos suyos en la misma ciudad de los Reyes del Perú”.  Como medio eficaz para sacar el mayor partido a la obra nos sugiere también completar “estas páginas con una visita amorosa, sosegada y analítica a los monumentos aquí descritos, porque sólo así le desvelaran ellos su canto más entrañable”.

Tan sólo nos resta agradecer al autor por tan generosa contribución y animar a los lectores que sigan los consejos de nuestro excepcional guía y maestro

 

 

Video homenaje a Manolo

"¡Cómo no creer!. Señor de los Milagros

 

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