lunes, 26 de septiembre de 2011

EL VALOR DE LAS RELIQUIAS

  1. Las reliquias nos conducen a Dios mismo

Ahora que las reliquias de Santa Teresita peregrinan por Perú, les comparto el bellísimo texto del Papa Benedicto XVI,  en Colonia, 18 agosto 2005, acerca de su valor, así como otros textos que nos ayudarán a venerarlas como la Iglesia aconseja:

 

Estas reliquias no son más que el signo frágil y pobre de lo que ellos fueron y vivieron hace tantos siglos. Las reliquias nos conducen a Dios mismo; en efecto, es Él quien, con la fuerza de su gracia, da a seres frágiles la valentía de testimoniarlo ante del mundo. Cuando la Iglesia nos invita a venerar los restos mortales de los mártires y de los santos, no olvida que, en definitiva, se trata de pobres huesos humanos, pero huesos que pertenecían a personas en las que se ha posado la potencia trascendente de Dios. Las reliquias de los santos son huellas de la presencia invisible pero real que ilumina las tinieblas del mundo, manifestando el Reino de los cielos que habita dentro de nosotros. Ellas proclaman, con nosotros y por nosotros: «Maranatha» – «Ven, Señor Jesús».

 

Perú ha recibido recientemente las reliquias de Don Bosco, San Camilo de Lelis, Santa Margarita María de Lacoque. La Iglesia, «experta en humanidad», según la bella expresión de PabloVI, se muestra muy respetuosa con esta costumbre de recogerse y orar junto a los restos mortales de aquéllos que hemos conocido y amado. Esta práctica, presente en el Antiguo Testamento y también en el Nuevo, continúa vigente hoy día. Como no somos espíritus puros, necesitamos mediaciones, señales visibles. Son precisamente las reliquias de los santos esas señales pobres y frágiles de lo que fueron sus cuerpos. La presencia de estas reliquias nos evoca más fácilmente su condición humana. Es decir, los santos han trabajado, pensado, rezado, sufrido y experimentado la muerte en su cuerpo. La lógica de Dios, tan desconcertante para nuestro espíritu, es muy distinta a la de nuestro mundo: «Dios ha escogido lo débil del mundo para confundir lo fuerte» (1Co 1,27). Aunque en otros tiempos se haya abusado de la mediación y de la autenticidad de las reliquias, aunque la sensibilidad en este aspecto sea diferente en la actualidad, sin embargo, el culto a las reliquias permanece válido así como su valor y su razón de ser en la Iglesia.

 

  1. Tres categorías

Etim. latín: reliquiae, restos. Reliquia: Un objeto asociado a un santo (o con una persona considerada santa pero aún no canonizada). Las reliquias pueden ser de tres grados:

1er grado: un fragmento del cuerpo. 

2do grado: un fragmento de su ropa o de algo que el santo usaba durante su vida (rosario, Biblia, cruz, etc.). También objetos asociados con el sufrimiento de un mártir. 3er grado: cualquier objeto que ha sido tocado a una reliquia de primer grado o a la tumba de un santo. 

 

 

 

  1. ¡Que viva el muerto!

Hay algo escrito en el ser humano que le empuja a mantener vivo el recuerdo de las personas que han sido un modelo de integridad o un ejemplo de servicio en los diferentes campos de la vida humana. Los creyentes llamamos a estas personas «santos». Y una manera de recuperar su recuerdo es venerar sus «reliquias».

Cuando se habla de reliquias debemos precisar que su culto no es un fenómeno

que se dé sólo entre los cristianos o que sea específicamente católico. Es ante todo un fenómeno antropológico universal que se remonta a los orígenes del hombre. Es incluso uno de los signos más certeros que atestiguan la presencia del hombre en la tierra. Los mismos antropólogos confirman que solamente los hombres entierran a sus semejantes.

Estos restos humanos, estos pobres huesos colocados con todo cuidado en una cueva o en una tumba cumplen una función sagrada de recuerdo, presencia y comunión desde la noche de los tiempos hasta nuestros días. Cuando, cada año, millones de hombres y mujeres de todas las culturas y condiciones sociales van a los cementerios lo hacen para ponerse justamente delante de las «reliquias», es decir, de los restos mortales de sus familiares. Recordar y estar en comunión de mente y de corazón, con las personas que representan, en actitud de plegaria. En la actualidad existen múltiples ejemplos de este apego de las personas por conservar y honrar los restos mortales de sus semejantes. Es el caso de la tragedia de las dos torres del World Trade Center de Nueva York o el drama de la muerte de los tripulantes del submarino ruso «Kourks». Se emplearon todos los medios para encontrar los cuerpos de los desaparecidos y devolverlos a sus familiares.

  1. Las reliquias en la Biblia

· Eliseo recibe de Elías el manto con el cual hace milagros (Cf. II Reyes 2, 9-14).

· Un muerto resucita al tocar los huesos de Eliseo: "Estaban unos sepultando un hombre cuando vieron la banda y, arrojando al hombre en el sepulcro de Eliseo, se fueron. Tocó el hombre los huesos de Eliseo, cobró vida y se puso en pie." II Reyes 13,21

· "Dios obraba por medio de Pablo milagros no comunes, de forma que bastaba aplicar a los enfermos los pañuelos o mandiles que había usado y se alejaban de ellos las enfermedades y salían los espíritus malos". Hechos 19,11-12

En estos tres casos las reliquias de hombres santos fueron instrumentos para obrar milagros. Jesús prometió a los Apóstoles que harían milagros. Dios puede utilizar las cosas naturales de forma sobrenatural. Cf. Tb. 11, 7-15.

No sólo reliquias sino que hasta la sombra de Pedro curaba a los enfermos: "hasta tal punto que incluso sacaban los enfermos a las plazas y los colocaban en lechos y camillas, para que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos." Hechos 5,15.  Dos versículos después vemos que los fariseos llenos de envidia ante los milagros se opusieron a estas prácticas.

  1. Las reliquias en los primeros siglos de la Iglesia

La Carta de los fieles de la Iglesia de Esmirna, año 156 A.D. es representativa de la veneración a los mártires: "Tomamos los huesos, que son más valiosos que piedras preciosas y más finos que oro refinado, y los pusimos en un lugar apropiado, donde el Señor nos permitirá reunirnos"

San Jerónimo (siglo IV) esbozó en su Carta a Ripparium las razones por las que se veneran las reliquias: “No rendimos culto y no adoramos por temor a hacerlo a las creaturas en vez de al Creador, pero veneramos las reliquias de los mártires para adorarle más a El, dueño y Señor de los mártires”.

San Gregorio de Nyssa (siglo IV) describe en su Panegírico a San Teodoro Mártir el significado y la vivencia de tocar las reliquias: “Sólo los que han experimentado la felicidad de tocar las reliquias y han obtenido sus peticiones pueden saber cuán deseable es y qué gran recompensa”.

San Agustín de Hippo (siglo V) en su libro La Ciudad de Dios dice: “Está claro que quien tiene afecto por alguien venera lo que queda de ésa persona tras su muerte, no sólo su cuerpo sino partes de él e incluso cosas externas, como sus ropas. Entonces, en memoria de ellos [los santos] debemos de honrar sus reliquias, principalmente sus cuerpos, que eran templos del Espíritu Santo”.

Nuestra cultura tiende a ser práctica y perder de vista el valor de los símbolos. Sin embargo, aun guardamos recuerdos de seres queridos. Para el cristiano esos son los santos.

  1. Declaraciones de la Iglesia sobre las reliquias:

La Iglesia aprueba la veneración de reliquias auténticas. (Concilio de Trento) Según el Código de Derecho Canónico #1190.

1. Está terminantemente prohibido vender reliquias sagradas.

2. Las reliquias insignes así como aquellas otras que gozan de gran veneración del pueblo no pueden en modo alguno enajenarse válidamente o trasladarse a perpetuidad sin licencia de la Sede Apostólica.

·"Debe observarse la antigua tradición de colocar bajo el altar fijo reliquias de Mártires o de otros Santos, según las normas litúrgicas". Canon #1237 

  1. Errores que se deben evitar en relación a las reliquias:

1- Creer que las reliquias tienen poder por sí mismas. Esto sería magia y superstición. Nuestra atención al venerarlas está en el santo.

2- Exagerar la importancia de las reliquias en la Iglesia. Las reliquias pueden ser una ayuda a la fe pero no son parte central de ella. 

3- Despreciarlas o dudar que Dios pueda utilizar sus instrumentos escogidos para hacer milagros según sus designios.  Ejemplo: ¿Acaso necesitaba Dios darle una vara a Moisés para hacer milagros? No. Dios no necesita ni de la vara ni de Moisés, pero Dios sí ha querido valerse de ambos.

4- Comerciar con reliquias, falsificarlas, explotar a los ingenuos. Sin duda se han cometido excesos de este tipo. San Agustín (+430) denunció a impostores vestidos como monjes que vendían reliquias falsas. El Papa San Gregorio (+604) prohibió la venta de reliquias y la perturbación de tumbas en las catacumbas. A pesar de ello se cometieron muchos abusos. Los protestantes, en vez de rechazar los abusos rechazaron las reliquias en general. El Concilio de Trento (1563) defendió la invocación a los santos, la veneración de las reliquias y las tumbas de los santos.

Dios continúa hoy haciendo milagros y se deleita de hacer muchos de ellos por la intercesión de sus santos. En mi experiencia personal, encontrarme ante una reliquia me ayuda a meditar sobre el santo como una persona real que vivió nuestras luchas en la tierra y está ahora en el cielo.  

(Consultar: Padre Jordi Rivero http://www.corazones.org/diccionario/reliquia.htm)

 

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