domingo, 26 de febrero de 2012

EL CONCILIO VATICANO II EN EL PERÚ: 50 AÑOS DESPUÉS

 

EL CONCILIO VATICANO II EN EL PERÚ: 50 AÑOS DESPUÉS

A pesar de reconocer que el Concilio Vaticano II tuvo una trascendencia suma en la Iglesia y en el mundo, a la hora de hacer memoria del evento y de su repercusión en el Perú no nos encontramos con ningún estudio relevante. La presente nota quiere animar a promover estudios, congresos, celebraciones, exposiciones, de acontecimiento tan decisivo. 

Quiero comprobar hasta qué punto se ha visto afectado el Perú por la primera afirmación del Concilio Vaticano II acerca del vértigo de la historia reciente: “El género humano se halla hoy en un periodo nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero La humanidad pasa así de una concepción más bien estática de la realidad a otra más dinámica y evolutiva, de donde surge un nuevo conjunto de problemas que exigen nuevos análisis y nuevas síntesis”(Gaudium et Spes 4,5).

Busco constatar los cambios operados en la sociedad peruana, mediante el estudio de la presencia de los obispos peruanos en el Concilio, la singular canonización de San Martín de Porres en pleno concilio, la incidencia en la prensa y en la vida nacional, la repercusión en los cambios socio-rreligiosos vividos en el Perú a través de la pastoral, tanto  diocesana como la aportada por los religiosos y los nuevos movimientos.

La Catedral de Lima, sin ir más lejos, ofrece una vitrina con objetos personales del Beato Juan XXIII, papa protagonista del concilio. El archivo de la Catedral custodia varios volúmenes de recortes de prensa de la actividad pastoral del Cardenal Landázuri, uno de los “grandes”; en su obra “Recuerdos de un pastor al servicio de su pueblo”(Lima 1994) atestigua: “El cambio de mentalidad ocurrido a raíz de las reflexiones conciliares es de tanta trascendencia que supuso el reconocimiento de la necesidad de impulsar la orientación apostólica de la Iglesia. Ponerla en consonancia con la nueva sociedad humana equivalía a reconocer la presencia de una crisis, que inevitablemente sucede cuando hay un acontecimiento que alcanza a todos, con una acción renovadora […] La tempestad posconciliar me daría muchos problemas, pero nunca hizo temblar mi propósito siempre renovado de fidelidad a la Iglesia y de servicio a mi grey” (pp.96-99).

Como en toda la Iglesia, también en la del Perú, hubo miembros que intuyeron los “signos” de los tiempos y se adelantaron al Concilio. Sor Iris Bonilla dirá de la Venerable Teresa de la Cruz Candamo, fundadora de las Canonesas de la Cruz, que les instaba a volver a las primeras fuentes del Cristianismo, imitar a las primeras vírgenes apostólicas y a las santas mujeres del Evangelio, que seguían a Jesús y a sus Apóstoles para servirlos, ayudando después al culto divino y a la instrucción de los catecúmenos con el título de "diaconisas" y "canonesas".

 

Todavía están entre nosotros Monseñor Alcides Mendoza, en su momento el obispo más joven del Concilio, Monseñor Hugo Garaycoa…o el P. Joaquín Díez Esteban y debemos escuchar sus valiosos testimonios.

Varias de las órdenes religiosas e institutos presentes en el Perú llegaron al calor del Concilio: En 1961, Hermanas Paulinas, Mercedarias de la Caridad, Misioneras de San Columbano, Padres Premonstratenses o Norbertinos, “Cruzados de Santa María, PP. Combonianos... ¡Cuántas realidades e iniciativas surgidas al calor del Concilio!  Tantas y tan variadas: Monseñor José Dammert promovió en Cajamarca el protagonismo de los laicos a través de los agentes pastorales y catequistas. En 1967  comienza el proceso de difusión del Concilio Vaticano II a través de la Misión Conciliar de Lima con el P. Vicente Guerrero, OP. (con sus 94 años sigue sonriente como misionero desde su lecho en el convento Santa Rosa). Nace en el Perú el Sodalicio de Vida Cristiana y su Fundador y Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana, Luis Fernando Figari, describirá el Concilio como “uno de los más grandes acontecimientos, una extraordinaria bendición de Dios para nuestro tiempo”. Se crea el ISET Juan XXIII como centro superior de estudios teológicos, especialmente para los religiosos. En El Callao, con la Facultad Redemptoris Mater, se pone en marcha la Cátedra “Vaticano II y "Nueva Evangelización” con la finalidad de estudiar los temas de mayor actualidad en el desarrollo teológico de la Iglesia, de modo peculiar las doctrinas enunciadas por el Magisterio post-conciliar. Se cuenta para ello con la presencia de profesores de prestigio, del país y del extranjero; su director Dr. D. José Luis Del Palacio y Pérez-Medel es el nuevo obispo del Callao. Víctor Andrés Belaunde, ya en 1962, promovió la celebración de la “Semana de la Paz en Cristo”.

 

P.D. Les agradezco se comuniquen con bibliografía o datos sobre el particular. Con una caricatura tomada de El Comercio, les adjunto nota de la magistral exposición del Vaticano.

 

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