miércoles, 30 de septiembre de 2015

SEMBLANZA DE SANTA TERESA POR EL SIERVO DE DIOS P. TOMÁS MORALES, S.J.

Al celebrar los 21 años de la partida para el Cielo del Siervo de Dios P. Tomás Morales, S.J. el 1 de octubre de 1994, fiesta de Santa Teresita, me complace compartirles la bella semblanza que escribió sobre Santa Teresa de Jesús. Vale la pena recordar el interesante ensayo EL TERESIANISMO DEL PADRE TOMAS MORALES, S. J. del gran teresianista, capellán del monasterio de la Encarnación, Don NICOLAS GONZALEZ , EDITORIAL MONTE CARMELO, Burgos, 2004, 102, pp

 

SANTA TERESA DE JESÚS, virgen y doctora de la Iglesia

 

Siervo de Dios P. Tomás Morales, S.J.

 

"Tengo recio corazón..."

 

            La santa, ímpetu de reforma ardiendo en el más puro amor de Dios, es protectora y adalid de la Iglesia. Al celebrar su fiesta, petición unánime. "Vivir de su doctrina, recorrer el camino de la perfección y encender en nosotros el deseo de la verdadera santidad" (oración colecta.)

 

            El amor de Dios lo explica todo en su vida. Sin él, nada se comprende. "Mujercita flaca y débil, aunque fuerte en deseos", el Amor la transformará. Sufrida y audaz, escribirá un día. "Por grandísimos trabajos que he tenido en esta vida, no me acuerdo haberos dicho, que no soy nada mujer en estas cosas, que tengo recio corazón" (Relac. III). Antes que el Amor la llenase, "le basta pensar que es mujer, para que se le caigan las alas". Después: "Me ha dado Dios gran ánimo, y cuanto mayores contradicciones, mayor". A sus carmelitas aconsejará. "No querría yo fueseis mujeres en nada, ni lo parecieseis, sino varones fuertes" (Camino. 3, 4). Para superar una prueba difícil tuvo que ayudarse de todo su valor, "que dicen no lo tengo pequeño, y se ha visto me lo dió Dios más que de mujer" (Vida 8, 2).

 

"La supliqué fuese mi Madre..."

 

            "Le dio Dios un corazón dilatado como las incontables arenas que circundan la orilla del mar. Gran prudencia y sabiduría" (3 Re. 4, 29). Nos llenamos de confianza al mirarla. También en nosotros el Amor puede hacer maravillas. Hagamos intervenir a la Virgen en nuestras vidas, como ella lo hizo.

 

            Nace el 28 de marzo de 1515 y tenía catorce años. Ávila, corazón de Castilla latiendo bajo pecho abultado de recio granito. Acaba de morir su madre, Beatriz Dávila y Ahumada. Huérfana dolorida, se refugia en una ermita que se alzaba junto al Adaja. "Cuando murió mi madre, fuime afligida a una  imagen de Nuestra Señora y la supliqué fuese mi Madre. Conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuantas cosas me he encomendado a Ella" (Vida 1,7).

 

            "Y la supliqué fuese mi Madre"... Conmovida ante el fervor de la niña que lloraba a sus pies, la Virgen aceptó gustosísima. Siempre Ella recibe así estos encargos, los más golosos para su Corazón maternal. Empieza a cumplir su compromiso. Irá metiendo a Dios en el corazón de su hija. Se inicia la odisea de amor que será la vida de Teresa. Un incendio cuyas primeras chispas van a saltar en seguida, aunque tarde años en consumirla.

 

"Por vía de casamiento me parecía..."

 

            La Virgen encuentra un bautizado genuino en Alonso de Cepeda. Recio y austero castellano, como la amplia muralla de piedra berroqueña que rodea la ciudad con sus torreones y almenas. Está preocupado por Teresa, "la más querida" para él de los once hijos. El fuerte impulso instintivo de su feminidad, la influencia de libros de caballería que había visto en manos de su madre y las amistades superficiales que la rodean, eclipsan el amor de Dios que apuntó en su niñez. "Tenía primos hermanos..., Eran casi de mi edad, pero mayores que yo. Andábamos siempre juntos, teníanme gran amor" (Vida 2, 3).

 

            Hechizada por el sentimentalismo, entabla unas relaciones que "por vía de casamiento me parecía podían acabar bien". La naciente conciencia de su encanto físico, la compañía de una amiga superficial y de primos admiradores, la inclinan a sus dieciséis años a la coquetería y frivolidad. Pero el militante improvisado de la Virgen va a actuar. Su padre la interna en las agustinas del convento de Gracia, extramuros de la ciudad.

 

"Enemiguísima de ser monja..."

 

            Una transformación radical se inicia. Adiestrada Teresa por la experiencia amorosa que acaba de hacer, desengañada del vacío que le ha quedado en el corazón, María de Briceño, santa religiosa, despierta en ella "deseos de las cosas eternas". Vuelve a lucir el sol de los seis años, cuando en el jardincito de su casa jugaba con Rodrigo a hacer ermitas y leían vidas de santos. A ambos les "espantaba mucho al decir que pena y gloria eran para siempre en lo que leíamos... Acaecíanos estar mucho rato tratando de esto, y gustábamos de decir muchas veces: ¡Para siempre, para siempre! En pronunciar esto mucho rato, era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido el camino de la verdad" (Vida 1, 5).

 

            La nube de sentimentalismos que la llevaron a las agustinas, empieza a disiparse. "Vine a ir entendiendo la verdad de cuando niña: de que era todo nada, y la vanidad del mundo, y cómo acaba en breve" (Vida 3, 5). Se da cuenta que el amor del hombre no dura ¡para siempre, para siempre! Había entrado en el convento de Gracia "enemiguísima de ser monja" (Vida 3, 1). Al año y medio, enferma, saldrá hacia Hortigosa y Castellanos de la Cañada, pero ya ha picado en el anzuelo. La Virgen se servirá de las lecturas que allí haga y de las charlas con su tío, Pedro de Cepeda. Se decide, en medio de la gran repugnancia que siente.

 

"Se arrancaba mi alma..."

 

            Alborea un día de octubre, 1536. Tiene veintiún años. Calles de Ávila todavía desiertas. Cerradas aún las puertas de las casas. Sale sigilosa. Convencido y animado por su hermana, le acompaña Antonio. Va a pedir hábito entre los dominicos. Las pisadas de los fugitivos resuenan en el silencio de calles tortuosas y heladas. Atraviesan la ciudad de Sur a Norte. Quedan atrás la casa solariega en que duerme don Alonso, aquella callejuela donde los primos de Teresa paseaban en los tiempos de sus devaneos, e iban a hablar y jugar con ella.

 

            A la luz del día que ya clarea destaca, cada vez con más fuerza, la silueta rígida y austera de la muralla... Han llegado a la Encarnación bajando por el valle de Ajates. Su espíritu no podía olvidar al padre querido y abandonado. "Cuando salí de casa de mi padre, no creo será más el sentimiento cuando muera, porque me parece que cada hueso se apartaba de sí". (Vida 4, 1). Dura fue la separación. Al ver morir a su padre años adelante, escribirá: "Se arrancaba mi alma cuando veía acabar su vida, porque lo quería mucho" (Vida 7, 14).

 

"Arrojéme cabe Él con grandísimo..."

 

            El fuego prendido por la Virgen incendiaba ya su corazón. Sólo era el comienzo. El ardor de divina caridad irá consumiéndola hasta inflamarla con la visión del ángel perforando corazón. María cumplía el encargo de Teresa adolescente.

 

            Está ya en la Encarnación, 1536. Unas doscientas mujeres, no todas monjas. Pocas horas de oración y mucho locutorio, sin rigurosa clausura. Ambiente poco propicio a la intimidad con Dios. Pasan veinte años. Vida disipada... Es "el tiempo de sus infidelidades", dice ella.

 

            Teresa ha enfermado gravemente, ha visto morir a su padre. Ni siquiera esto la hace arrancar. Es la visión de Cristo llagado en aquel Ecce Homo. "Fue tanto lo que entendí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía. Arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle" (Vida 9, 1).

 

"Ni se contenta el alma con menos que Dios"

 

            El prodigio de la Transverberación inmortalizado por Bernini en la iglesia de Sta. María de la Victoria de Roma, tiene lugar hacia 1558 cuando tiene unos 43 años. Una lápida en su celda, convertida hoy en capilla, lo recuerda. Un ángel la traspasa el corazón con un dardo de oro acabado en punta de fuego.

 

            "Me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor y tan excesiva la suavidad que no hay que desear se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios que suplico yo a Su Bondad que lo dé a gustar a quien pensare que miento" (Vida 30, 13).

 

"Me parecía que andaba entre ángeles"

 

            Su vida cambia de signo. Aunque el ambiente de la Encarnación nada le favorece, con la oración triunfa. Rudo y perseverante fue su trabajo. Acabó ganando la gran batalla de la oración, decisiva en la historia de las almas... "Pasé en este mar tempestuoso casi veinte años, con estas caídas y con levantarme y mal, pues tornaba a caer". Con tenacidad y exquisita fidelidad, se abre paso luchando contra sequedades y distracciones.

 

            Triunfa de la más peligrosa tentación que jamás tuvo. Dejar la oración, pues no conseguía nada, según le insinuaba el enemigo. Empuña el ariete que utilizará ya siempre en las grandes dificultades. Se dice: "Teresa, ten fuerte". Ha encontrado en la oración poderosa arma que la defenderá. En ella se troquela la futura Reformadora.

 

            Va a empezar sus andanzas. "Fémina inquieta y andariega", dirán sus enemigos. La carrera de fundaciones se inicia en San José de Ávila. 24 de agosto de 1562. Cuatro jóvenes se habían ofrecido a la aventura. Se les da el hábito, se hace el Santo Sacrificio. Así, sin que la ciudad se aperciba, queda establecida la Reforma del Carmen. Se ha estrenado el primer convento en la casita de Juan de Ovalle y su hermana Juana de Ahumada.

 

            Teresa utiliza allí a la que luego llamaría "su Priora", la Virgen y a San José, "mi verdadero Padre y Señor". Les encargó el incipiente monasterio. No sólo se restablece la Regla del Carmen en su primitivo esplendor. Un espíritu evangélico íntegro y perfecto, unos nuevos primeros cristianos, una vida tan pura de oración, retiro, amor y sacrificio, que con razón pudo decir la santa reformadora, refiriéndose a sus monjitas, que "le parecía que andaba entre ángeles" (Fund. 1, 6).

 

 

"¡Dar osadía a una hormiga!"

 

            Teresa estaba encendida en amor. Se sentía quemar como Jeremías. "Era un fuego ardiendo en mi corazón, encerrado en mis huesos. No podía contenerlo" (20, 9). Desde este momento su vida fue agitada hasta lo inaudito. El Amor no la deja reposar. Se suceden las fundaciones sin interrupción. No ha terminado una, y ya la están esperando a la puerta del convento con cartas y recaudos para otra.

 

            No importan distancias, casi siempre muy largas. Ni el rigor de las estaciones ni lo infame de los caminos pueden detenerla. Ella que nunca había pensado en más conventos que el de San José. Allí encerrada con aquellos ángeles de sus hijas, se santificaría y moriría tranquila. Pero los designios del Señor son tan contrarios a las matemáticas humanas... Llevaba unos cuatro años en San José, y, estando en oración, una voz le dice: "Espera un poco, hija, y verás grandes cosas" (Fund. 1,8).  

 

            Era el toque de alerta, la orden de partida. Al poco tiempo salía camino de Medina del Campo. Luego, en cadena, nuevas fundaciones: Malagón, Valladolid, Duruelo -primero de los descalzos-, Toledo, Pastrana, Salamanca, Alba... Asombroso, si pensamos que esta mujer casi siempre estaba enferma, frágil de cuerpo. "Las mujeres no somos para nada", escribía a Gracián. Y sin embargo, se lanza decidida. "Bien veo yo, mi Señor, lo poco que puedo. Pero, llegada a Vos, subida a esa atalaya adonde se ven verdades, no os apartando Vos de mí, todo lo podré" (Vida 21, 5). Se multiplican los carmelos, "estos palomarcicos de la Virgen, Nuestra Señora, y comenzó la divina Majestad a mostrar sus grandezas en estas mujercitas flacas" (Fund. 2,5). Ella misma, rebosando gratitud, se admira: "¡Cómo mostráis, Señor, vuestro poder en dar osadía a una hormiga?" (Fund. 25,7).

 

"Mi Priora hace estas maravillas"

 

            Priora de la Encarnación 1571, 7 de octubre. Batalla contra los turcos en aguas de Lepanto. Santa María de las Victorias da el triunfo a la cristiandad. También a Teresa recibida con hostilidad por ciento treinta religiosas refractarias a la Reforma. Toma posesión de su cargo. Sala capitular. En el sillón prioral, una imagen de la Virgen de la Clemencia con las llaves del convento en la mano.

 

            Teresa se sienta en el suelo a sus pies. Entran las monjas. Unas, temerosas. Otras, desconfiadas. En actitud expectante, las más... Teresa, con tacto exquisito, se las gana a todas. Meses después en la Cuaresma de 1572, no hubo un solo visitante en los locutorios de la Encarnación. La santa lo atribuye todo a la Virgen. "Mi Priora hace estas maravillas" (carta a M. Mendoza, 2-3-1572).

 

            Transcurridos los tres años de priorato, queda libre para nuevas correrías. Hasta entonces, el centro geodésico de todas sus expediciones había sido Ávila, cuna de su vida de mujer, de monja, de reformadora. Cielo límpido, atmósfera transparente cobijando con manto de luz el recinto amurallado de la ciudad, sus pedregosos campos, "tierra de cantos y de santos", el ingente macizo de Gredos en la lejanía...

 

             Ahora la reclama Andalucía. Allá va después de fundar Segovia... Beas, Córdoba, Sevilla, será el itinerario de la andariega castellana por las bellísimas y ardientes, más en aquel estío de 1575, tierras andaluzas. Las carretas entoldadas ardían. "Como había dado todo el sol a los carros, era entrar en ellos como en un purgatorio" (Fund. 24, 6). Teresa calenturienta. Nada le espanta. El fuego la consumía. Ese holocausto de corazón a que alude el Profeta le agradó tanto al Señor que pediremos a Dios en la Santa Misa acepte nuestra ofrenda. "Te fue agradable el don de sí misma que te ofreció la santa, haz que sean también gratos a Tu Majestad los dones que Te presentamos" (orac. of.).

 

"Gran cosa es lo que agrada al Señor..."

 

            La tormenta se desata. Calumnias, enredos, persecuciones envidias. Venían fraguándose desde los primeros días de la Reforma. Los calzados declaran guerra a los descalzos. 1575, y estalla el temporal. El Capítulo general de la Orden dicta penas contra los descalzos. La Madre recibe notificación de recluirse en uno de sus monasterios y no salir nunca. Escoge Toledo. Arrecia el vendaval...

 

            Ella no pierde la paz. Empieza la más sublime de sus obras, las Moradas. "La paz interior, y la poca fuerza que tienen contentos y descontentos para quitarla, de manera que dure esta presencia de las Tres Divinas Personas..., y tras tantos bienes que no se pueden decir". En apacible quietud previene a sus monjitas de un peligro. "Cuán grande yerro es, por mujeres espirituales que sean, no ejercitarse en traer presente la Humanidad de Nuestro Señor..., y a Su gloriosa Madre" (Mor. III 1,3). No olvida, pues, a María. Allí escribirá también: "Gran cosa es lo que agrada a Nuestro Señor cualquier servicio que se haga a Su Madre" (10, 2).

           

            Cuatro años más tarde acaba la reclusión. Levantan la sanción que pesaba sobre ella hacía tres, de no fundar ni visitar conventos. Valladolid, Salamanca, Malagón, la reclamaban desde hacía tiempo. Allá va la santa. Le encanta la soledad de Malagón. Fatigada de tantos negocios como pesaban sobre ella desde hacía años y deshecha de tanto sufrir, en la deliciosa soledad de la villa manchega se encontraba a gusto entre sus hijas. Pero nuevas fundaciones la esperan.

 

"Quedóme gran deseo de servir a esta Señora..."

  

            A pesar de su salud arruinada, surge Villanueva de la Jara. De camino, en Valladolid, nueva enfermedad. Tan grave, dice, que, "pensaron que muriera" (Fund 29, 1). Decide abandonar el proyecto de fundar en Palencia, Soria y Burgos. Pero lo acomete fiada de Dios. "Estando yo un día acabando de comulgar, díjome Nuestro Señor como reprensión: '¿Qué temes? ¿Cuándo Te he faltado Yo? El mismo que he sido, Soy ahora. No dejes de hacer estas fundaciones'" (Fund. 29, 6).

           

            Erigida Palencia el 2 de enero del año de su muerte, sale de Ávila con dirección Burgos. Días crudos, caminos helados. Nieves y hielos, vientos y lluvias azotan sin descanso las llanuras desamparadas de Castilla. Funda en Soria. Surge Burgos, última fundación, una de las más arduas.

 

            La Virgen sonríe desde el cielo, mientras chirrían por tierras de España carretas repletas de monjas que suspiran y rezan, cantan y aman... Emocionada Teresa muchas veces al palpar los milagros, repetía: "Mi Priora hace maravillas". Crece su amor a María.

           

            "Un día de la Asunción de la Reina de los ángeles y Señora nuestra..., se me representó su subida al cielo, y la alegría y solemnidad con que fue recibida, y el lugar donde está... Quedóme gran deseo de servir a esta Señora, pues tanto mereció" (Vida 39, 26). Una gran alegría la invade el 8 de septiembre. "Nace la Virgen para Dios, debo yo también nacer", dice. Se le ocurre renovar sus votos, "y, queriéndolo hacer, se me representó la Virgen, nuestra Señora..., y parecíame los traía en sus manos" (Vida, 48).

 

"Cantaré eternamente las misericordias..."

 

            Va quemando etapas. La estación de término está cerca. La espera junto al Tormes. "Se espantaría cuán vieja estoy y cuán para poco", escribía Teresa desde Burgos, siete meses antes de su muerte. El cuerpo de la Santa se sentía desfallecer, débil, achacoso, quebrantado. Multitud de viajes incómodos en pésimas condiciones, largas y molestas enfermedades, contradicciones  y sufrimientos al por mayor lacerando su alma.

 

            En este estado sale de Burgos a fines de junio. Desfallecida, medio muerta, entra en Alba el 20 de septiembre al atardecer. "¡Válame Dios, qué cansada me siento!", dice al llegar al convento. "Hija -dice la santa a su enfermera-, la hora de mi muerte es llegada... Señor, ha llegado ya el momento de vernos. ¡Hacía tanto tiempo que lo estaba esperando!..." y pidió el viático... Era la tarde del 3 de octubre.

 

            Las monjas rodean el lecho. Entre sollozos y plegarias, se oye la voz agonizante de la Madre. Pide perdón. Exhorta  a la guarda de la Regla. De repente, su faz se reanima. Una expresión de dulcísima confianza la invade. Se oyen sus últimas palabras: "En fin, Señor, soy hija de la Iglesia". Ya no habló más..., pero empezó a entonar para siempre el salmo 85, su canción predilecta: "Cantaré eternamente las misericordias del Señor" (antíf. com.)

 

Filigrana fascinante

 

            Así está esperándonos en el cielo. Canta la misericordia de Dios porque gracias a Él logró un corazón virginal, triunfante de "amorcejos humanos, de esotras afecciones bajas que tienen usurpado el nombre al verdadero amor". (Cam 6,7). Corazón delicado, ardiente, apasionada sensibilidad, Teresa se sentía esclava, "porque en esto de dar contento a otros, he tenido extremo..., y en mí ha sido gran falta" (Vida 3,4). Sólo el amor de Dios la libertó. La Virgen, su "Priora", sin cansarse, intercedía por ella. Las gracias recibidas al morir su padre, la fuerte emoción del Cristo llagado, la lectura de las Confesiones de San Agustín, la acción directa del Espíritu Santo..., plasmaron esta filigrana fascinante.

 

            Dios la va llenando hasta que un ángel incendia en amor divino el alma tan femenina de Teresa para hacerla invulnerable a los afectos humanos. Corazón virginal, ya puede ser madre de las almas, fundadora. Su vida se extingue en la tierra en un incendio de caridad, mientras su alma, remonta a elevado trono de gloria celestial.

 

Mano blanca y pequeñita

 

            "Mujer castellana. Mujer de la gran cabeza", así la califica un contemporáneo. Castellana de pura cepa. Recio temple y ardiente corazón. Débil ante el cariño, invencible cara a la adversidad. Está ya en el cielo. Intercede por nosotros. Nos alcanzará un corazón virginal, para que "alimentados con el Pan del cielo y siguiendo su ejemplo, lleguemos con ella a cantar eternamente las misericordias del Señor" (orac. com.).

 

            Su mano nos conducirá. La mano que toma las disciplinas  en la Encarnación, la que hila la rueca en S. José de Ávila, la que levanta conventos y viaja en carretas, la que agita sonajas y mueve palillos de tamboril en Navidad, la que escribe el Camino o las Moradas... La mano blanca y pequeñita, delicada y exquisita de una mujer santa y española, bautizada coherente del siglo XVI.

 

 

Bibliografía

 

S.T. de J., Obras Completas, BAC, Madrid 1977.

 

S.T. de J., Obras Completas, Edit. Monte Carmelo, Burgos 1990.

 

E. de la Madre de Dios y Otger Steggink, Tiempo y vida de S.T., BAC, Madrid 1968.

 

M. Auclair, S.T. de J., Epalsa, Madrid 1991.

 

D. Deneuville, S.T. y la mujer, Herder, Barcelona 1966.

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EL TERESIANISMO DEL PADRE TOMAS MORALES, S. J. según Don Nicolás González

EL TERESIANISMO DEL PADRE TOMAS MORALES, S. J. 

NICOLAS GONZALEZ , EDITORIAL MONTE CARMELO, Burgos, 2004, 102, pp

 


Libro estupendo en el que D. Nicolás González, capellán de las Carmelitas Descalzas del Monasterio de la Encarnación (Avila), uno de los grandes sacerdotes abulenses teresianos nos muestra la cercanía que el Siervo de Dios Padre Tomás Morales, S.J. tuvo, en general, hacia el Carmelo y, en particular, hacia Santa Teresa. Sus escritos rezuman este sabor teresiano con citas textuales o expresiones típicas de san Juan de la Cruz y Santa Teresa. Más aún, en su propia vida encarna gestos y actitudes de los doctores y maestros espirituales carmelitas. Tanto la gran Teresa como Teresita se convierten en dos de las seis patronas o adalides de los dos institutos seculares que él fundó: Cruzados y Cruzadas de Santa María. Será la "savia carmelita" el complemento del "tronco ignaciano". Impulsa a muchas jóvenes a ingresar en el Carmelo, prodiga las visitas de cruzados y militantes de Santa María a los Carmelos, creándose fuertes lazos espirituales entre las dos familias; muchos de los miembros del movimiento eclesial fundado e inspirado por él tendrán a las carmelitas como capellanas.

Con pluma ágil y estilo ameno, con sencillez y hondura, don Nicolás nos comparte el paralelismo singular entre el Siervo de Dios Tomás Morales, SJ. y la santa abulense, la constante relación que mantuvo con los Carmelos a lo largo de su vida, verdadera 'retaguardia orante' de toda su obra; así como los testimonios de algunas carmelitas que, gracias a la dirección espiritual del Padre Morales, S.J. encontraron su vocación en la Iglesia.


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Cantar de los cantares del P. A. M. Artola

 P. ANTONIO MARÍA ARTOLA, CP El cantar de los cantares  
Lima 2015, 214 páginas
PVP: 8 soles
Presentación: Martes trece de octubre,  7 p.m. Patio de la Parroquia Virgen del Pilar, Av. V.A. Belaunde 190, San Isidro 
¡Felicitaciones y muchas gracias P. A.M. Artola por compartirnos su ciencia y su amor por el Señor a través de la Sagrada Escritura!
PALABRAS DE INTRODUCCIÓN
El amor ensalzado por el Cantar no es el amor que en el matrimonio une al esposo con la esposa. No es el amor del novio a la novia. Es simplemente el amor que une al varón con la mujer haciendo de ambos al "hombre" tal como lo quiso Dios, a imagen de su ser único.

El amor del Cantar no es ni matrimonial ni célibe. Es el amor anterior a estas formas de nuestra vida afectiva actual, condicionada por la caída original. El amor del Cantar es el de Adán y Eva en su inocencia.

En este libro inspirado, todo lo es el amor, como debió de serlo en la vida del paraíso. Ni el matrimonio, ni la fecundidad ni las demás realidades esencialmente conexas con el amor aparecen en él de primer intento. Más bien se adivinan como alusiones de fondo en las vivencias narradas. Lo que en todo momento aparece como primero y más de intento pretendido es el amor. Siempre el amor: en las más diversas formas de expresión, en reiterativas descripciones y repetidos tonos, siempre el amor y solo el amor. Pero el amor humano forma una misteriosa trinidad (amante, amado, amor) desde la cual es posible la elevación a la vivencia del amor trinitario creado (la inhabitación sobrenatural por la gracia), y la inmersión del alma en el mismo amor increado intratrinitario.
El Cantar se puede leer desde  esos tres amores tres amores: el amor humano natural, el amor sobrenatural creado, el amor divino increado.



El Cantar  es el libro

del amor  entre Dios
 y su imagen creada.
De la nada y de la esencia del Dios- amor.
salió  el universo creado,
 y en  él grabó la ley del amor.

 Todo nace en y del amor.
 Todo camina hacia el amor.
 Todo se consuma en el amor.

En el desposorio del alma,
el amor es  su principio,
su fin, su código vital,
y su ocupación  perdurable.
El Cantar es un libro que describe en forma inimitable el misterio central de la religión cristiana que es el amor. La esencia de Dios es amor. En esa esencia, el Padre es amor, y en amor engendra al Verbo. El Verbo, en la esencia amorosa de Dios, es también amor, y en amor responde a su engendrador llamándole ¡Padre!... El Espíritu Santo es también en la única naturaleza divina, amor y, como tal, une en abrazo inseparable al Padre y al Hijo. En amor sacó la Trinidad, de la nada, al universo creado, y en el corazón de su obra grabó la ley del amor.
La imagen más perfecta del Dios-Amor es el hombre personalizado como varón y mujer.
La historia de salvación es una historia de amor. La alianza de Dios con su pueblo fue un acto de amor. Un don amoroso y personal fue la Encarnación. Por amor se entregó Jesús a la muerte en favor de los hombres... La ley que promulgó fue la del amor por encima de todo: a Dios y a los hombres. En amor se une Cristo a su Iglesia. Todo nace en y del amor. Toda camina hacia el amor. Todo se consuma en el amor.
Si la vida consagrada es una forma radical de vivir el cristianismo, el amor ha de ser su principio, su fin, su código y su ocupación en todo momento.

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martes, 29 de septiembre de 2015

Mensaje papal por la Jornada Mundial de la Juventud Cracovia 2016 «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7)

Mensaje papal por la Jornada Mundial de la Juventud Cracovia 2016

«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7)

Queridos jóvenes: Hemos llegado ya a la última etapa de nuestra peregrinación a Cracovia, donde el próximo año, en el mes de julio, celebraremos juntos la XXXI Jornada Mundial de la Juventud. En nuestro largo y arduo camino nos guían las palabras de Jesús recogidas en el "sermón de la montaña". Hemos iniciado este recorrido en 2014, meditando juntos sobre la primera de las Bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3). Para el año 2015 el tema fue «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). En el año que tenemos por delante nos queremos dejar inspirar por las palabras: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7).

1. El Jubileo de la Misericordia. Con este tema la JMJ de Cracovia 2016 se inserta en el Año Santo de la Misericordia, convirtiéndose en un verdadero Jubileo de los Jóvenes a nivel mundial. No es la primera vez que un encuentro internacional de los jóvenes coincide con un Año jubilar. De hecho, fue durante el Año Santo de la Redención (1983/1984) que San Juan Pablo II convocó por primera vez a los jóvenes de todo el mundo para el Domingo de Ramos. Después fue durante el Gran Jubileo del Año 2000 en que más de dos millones de jóvenes de unos 165 países se reunieron en Roma para la XV Jornada Mundial de la Juventud. Como sucedió en estos dos casos precedentes, estoy seguro de que el Jubileo de los Jóvenes en Cracovia será uno de los momentos fuertes de este Año Santo.

Quizás alguno de ustedes se preguntará: ¿Qué es este Año jubilar que se celebra en la Iglesia? El texto bíblico del Levítico 25 nos ayuda a comprender lo que significa un "jubileo" para el pueblo de Israel: Cada cincuenta años los hebreos oían el son de la trompeta (jobel) que les convocaba (jobil) para celebrar un año santo, como tiempo de reconciliación (jobal) para todos. En este tiempo se debía recuperar una buena relación con Dios, con el prójimo y con lo creado, basada en la gratuidad. Por ello se promovía, entre otras cosas, la condonación de las deudas, una ayuda particular para quien se empobreció, la mejora de las relaciones entre las personas y la liberación de los esclavos.

Jesucristo vino para anunciar y llevar a cabo el tiempo perenne de la gracia del Señor, llevando a los pobres la buena noticia, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos (cfr. Lc 4,18-19). En Él, especialmente en su Misterio Pascual, se cumple plenamente el sentido más profundo del jubileo. Cuando la Iglesia convoca un jubileo en el nombre de Cristo, estamos todos invitados a vivir un extraordinario tiempo de gracia. La Iglesia misma está llamada a ofrecer abundantemente signos de la presencia y cercanía de Dios, a despertar en los corazones la capacidad de fijarse en lo esencial. En particular, este Año Santo de la Misericordia «es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre» (Homilía en las Primeras Vísperas del Domingo de la Divina Misericordia, 11 de abril de 2015).

2. Misericordiosos como el Padre. El lema de este Jubileo extraordinario es: «Misericordiosos como el Padre» (cfr. Misericordiae Vultus, 13), y con ello se entona el tema de la próxima JMJ. Intentemos por ello comprender mejor lo que significa la misericordia divina.

El Antiguo Testamento, para hablar de la misericordia, usa varios términos; los más significativos son los de hesed y rahamim. El primero, aplicado a Dios, expresa su incansable fidelidad a la Alianza con su pueblo, que Él ama y perdona eternamente. El segundo, rahamim, se puede traducir como "entrañas", que nos recuerda en modo particular el seno materno y nos hace comprender el amor de Dios por su pueblo, como es el de una madre por su hijo. Así nos lo presenta el profeta Isaías: «¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!» (Is 49,15). Un amor de este tipo implica hacer espacio al otro dentro de uno, sentir, sufrir y alegrarse con el prójimo.

En el concepto bíblico de misericordia está incluido lo concreto de un amor que es fiel, gratuito y sabe perdonar. En Oseas tenemos un hermoso ejemplo del amor de Dios, comparado con el de un padre hacia su hijo: «Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí; [...] ¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba. Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer» (Os 11,1-4). A pesar de la actitud errada del hijo, que bien merecería un castigo, el amor del padre es fiel y perdona siempre a un hijo arrepentido. Como vemos, en la misericordia siempre está incluido el perdón; ella «no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. [...] Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón» (Misericordiae Vultus, 6).

El Nuevo Testamento nos habla de la divina misericordia (eleos) como síntesis de la obra que Jesús vino a cumplir en el mundo en el nombre del Padre (cfr. Mt 9,13). La misericordia de nuestro Señor se manifiesta sobre todo cuando Él se inclina sobre la miseria humana y demuestra su compasión hacia quien necesita comprensión, curación y perdón. Todo en Jesús habla de misericordia, es más, Él mismo es la misericordia.

En el capítulo 15 del Evangelio de Lucas podemos encontrar las tres parábolas de la misericordia: la de la oveja perdida, de la moneda perdida y aquélla que conocemos como la del "hijo pródigo". En estas tres parábolas nos impresiona la alegría de Dios, la alegría que Él siente cuando encuentra de nuevo al pecador y le perdona. ¡Sí, la alegría de Dios es perdonar! Aquí tenemos la síntesis de todo el Evangelio. «Cada uno de nosotros es esa oveja perdida, esa moneda perdida; cada uno de nosotros es ese hijo que ha derrochado la propia libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y ha perdido todo. Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona nunca. Es un padre paciente, nos espera siempre. Respeta nuestra libertad, pero permanece siempre fiel. Y cuando volvemos a Él, nos acoge como a hijos, en su casa, porque jamás deja, ni siquiera por un momento, de esperarnos, con amor. Y su corazón está en fiesta por cada hijo que regresa. Está en fiesta porque es alegría. Dios tiene esta alegría, cuando uno de nosotros pecadores va a Él y pide su perdón» (Ángelus, 15 de septiembre de 2013).

La misericordia de Dios es muy concreta y todos estamos llamados a experimentarla en primera persona. A la edad de diecisiete años, un día en que tenía que salir con mis amigos, decidí pasar primero por una iglesia. Allí me encontré con un sacerdote que me inspiró una confianza especial, de modo que sentí el deseo de abrir mi corazón en la Confesión. ¡Aquel encuentro me cambió la vida! Descubrí que cuando abrimos el corazón con humildad y transparencia, podemos contemplar de modo muy concreto la misericordia de Dios. Tuve la certeza que en la persona de aquel sacerdote Dios me estaba esperando, antes de que yo diera el primer paso para ir a la iglesia. Nosotros le buscamos, pero es Él quien siempre se nos adelanta, desde siempre nos busca y es el primero que nos encuentra. Quizás alguno de ustedes tiene un peso en el corazón y piensa: He hecho esto, he hecho aquello... ¡No teman! ¡Él les espera! Él es padre: ¡siempre nos espera! ¡Qué hermoso es encontrar en el sacramento de la Reconciliación el abrazo misericordioso del Padre, descubrir el confesionario como lugar de la Misericordia, dejarse tocar por este amor misericordioso del Señor que siempre nos perdona!

Y tú, querido joven, querida joven, ¿has sentido alguna vez en ti esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza? ¿Eres consciente del valor que tienes ante Dios que por amor te ha dado todo? Como nos enseña San Pablo, «la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores» (Rom 5,8). ¿Pero entendemos de verdad la fuerza de estas palabras?

Sé lo mucho que ustedes aprecian la Cruz de las JMJ – regalo de San Juan Pablo II – que desde el año 1984 acompaña todos los Encuentros mundiales de ustedes. ¡Cuántos cambios, cuántas verdaderas y auténticas conversiones surgieron en la vida de tantos jóvenes al encontrarse con esta cruz desnuda! Quizás se hicieron la pregunta: ¿De dónde viene esta fuerza extraordinaria de la cruz? He aquí la respuesta: ¡La cruz es el signo más elocuente de la misericordia de Dios! Ésta nos da testimonio de que la medida del amor de Dios para con la humanidad es amar sin medida! En la cruz podemos tocar la misericordia de Dios y dejarnos tocar por su misericordia. Aquí quisiera recordar el episodio de los dos malhechores crucificados junto a Jesús. Uno de ellos es engreído, no se reconoce pecador, se ríe del Señor; el otro, en cambio, reconoce que ha fallado, se dirige al Señor y le dice: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Jesús le mira con misericordia infinita y le responde: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (cfr. Lc 23,32.39-43). ¿Con cuál de los dos nos identificamos? ¿Con el que es engreído y no reconoce sus errores? ¿O quizás con el otro que reconoce que necesita la misericordia divina y la implora de todo corazón? En el Señor, que ha dado su vida por nosotros en la cruz, encontraremos siempre el amor incondicional que reconoce nuestra vida como un bien y nos da siempre la posibilidad de volver a comenzar.

3. La extraordinaria alegría de ser instrumentos de la misericordia de Dios. La Palabra de Dios nos enseña que «la felicidad está más en dar que en recibir» (Hch 20,35). Precisamente por este motivo la quinta Bienaventuranza declara felices a los misericordiosos. Sabemos que es el Señor quien nos ha amado primero. Pero sólo seremos de verdad bienaventurados, felices, cuando entremos en la lógica divina del don, del amor gratuito, si descubrimos que Dios nos ha amado infinitamente para hacernos capaces de amar como Él, sin medida. Como dice San Juan: «Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. [...] Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros» (1 Jn 4,7-11).

Después de haberles explicado a ustedes en modo muy resumido cómo ejerce el Señor su misericordia con nosotros, quisiera sugerirles cómo podemos ser concretamente instrumentos de esta misma misericordia hacia nuestro prójimo. Me viene a la mente el ejemplo del beato Pier Giorgio Frassati. Él decía: «Jesús me visita cada mañana en la Comunión, y yo la restituyo del mísero modo que puedo, visitando a los pobres». Pier Giorgio era un joven que había entendido lo que quiere decir tener un corazón misericordioso, sensible a los más necesitados. A ellos les daba mucho más que cosas materiales; se daba a sí mismo, empleaba tiempo, palabras, capacidad de escucha. Servía siempre a los pobres con gran discreción, sin ostentación. Vivía realmente el Evangelio que dice: «Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto» (Mt 6,3-4). Piensen que un día antes de su muerte, estando gravemente enfermo, daba disposiciones de cómo ayudar a sus amigos necesitados. En su funeral, los familiares y amigos se quedaron atónitos por la presencia de tantos pobres, para ellos desconocidos, que habían sido visitados y ayudados por el joven Pier Giorgio.

A mí siempre me gusta asociar las Bienaventuranzas con el capítulo 25 de Mateo, cuando Jesús nos presenta las obras de misericordia y dice que en base a ellas seremos juzgados. Les invito por ello a descubrir de nuevo las obras de misericordia corporales: dar de comer a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, vestir a los desnudos, acoger al extranjero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: aconsejar a los que dudan, enseñar a los ignorantes, advertir a los pecadores, consolar a los afligidos, perdonar las ofensas, soportar pacientemente a las personas molestas, rezar a Dios por los vivos y los difuntos. Como ven, la misericordia no es "buenismo", ni un mero sentimentalismo. Aquí se demuestra la autenticidad de nuestro ser discípulos de Jesús, de nuestra credibilidad como cristianos en el mundo de hoy.

A ustedes, jóvenes, que son muy concretos, quisiera proponer que para los primeros siete meses del año 2016 elijan una obra de misericordia corporal y una espiritual para ponerla en práctica cada mes. Déjense inspirar por la oración de Santa Faustina, humilde apóstol de la Divina Misericordia de nuestro tiempo:

«Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla [...]

a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos [...]

a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos [...]

a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras [...]

a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio [...]

a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo» (Diario 163).

El mensaje de la Divina Misericordia constituye un programa de vida muy concreto y exigente, pues implica las obras. Una de las obras de misericordia más evidente, pero quizás más difícil de poner en práctica, es la de perdonar a quien te ha ofendido, quien te ha hecho daño, quien consideramos un enemigo. «¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices» (Misericordiae Vultus, 9).

Me encuentro con tantos jóvenes que dicen estar cansados de este mundo tan dividido, en el que se enfrentan seguidores de facciones tan diferentes, hay tantas guerras y hay incluso quien usa la propia religión como justificación para la violencia. Tenemos que suplicar al Señor que nos dé la gracia de ser misericordiosos con quienes nos hacen daño. Como Jesús que en la cruz rezaba por aquellos que le habían crucificado: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). El único camino para vencer el mal es la misericordia. La justicia es necesaria, cómo no, pero ella sola no basta. Justicia y misericordia tienen que caminar juntas. ¡Cómo quisiera que todos nos uniéramos en oración unánime, implorando desde lo más profundo de nuestros corazones, que el Señor tenga misericordia de nosotros y del mundo entero!

4. ¡Cracovia nos espera! Faltan pocos meses para nuestro encuentro en Polonia. Cracovia, la ciudad de San Juan Pablo II y de Santa Faustina Kowalska, nos espera con los brazos y el corazón abiertos. Creo que la Divina Providencia nos ha guiado para celebrar el Jubileo de los Jóvenes precisamente ahí, donde han vivido estos dos grandes apóstoles de la misericordia de nuestro tiempo. Juan Pablo II había intuido que este era el tiempo de la misericordia. Al inicio de su pontificado escribió la encíclica Dives in Misericordia. En el Año Santo 2000 canonizó a Sor Faustina instituyendo también la Fiesta de la Divina Misericordia en el segundo domingo de Pascua. En el año 2002 consagró personalmente en Cracovia el Santuario de Jesús Misericordioso, encomendando el mundo a la Divina Misericordia y esperando que este mensaje llegase a todos los habitantes de la tierra, llenando los corazones de esperanza: «Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad» (Homilía para la Consagración del Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, 17 de agosto de 2002).

Queridos jóvenes, Jesús misericordioso, retratado en la imagen venerada por el pueblo de Dios en el santuario de Cracovia a Él dedicado, les espera. ¡Él se fía de ustedes y cuenta con ustedes! Tiene tantas cosas importantes que decirle a cada uno y cada una de ustedes... No tengan miedo de contemplar sus ojos llenos de amor infinito hacia ustedes y déjense tocar por su mirada misericordiosa, dispuesta a perdonar cada uno de sus pecados, una mirada que es capaz de cambiar la vida de ustedes y de sanar sus almas, una mirada que sacia la profunda sed que demora en sus corazones jóvenes: sed de amor, de paz, de alegría y de auténtica felicidad. ¡Vayan a Él y no tengan miedo! Vengan para decirle desde lo más profundo de sus corazones: "¡Jesús, confío en Ti!". Déjense tocar por su misericordia sin límites, para que ustedes a su vez se conviertan en apóstoles de la misericordia mediante las obras, las palabras y la oración, en nuestro mundo herido por el egoísmo, el odio y tanta desesperación.

Lleven la llama del amor misericordioso de Cristo – del que habló San Juan Pablo II – a los ambientes de su vida cotidiana y hasta los confines de la tierra. En esta misión, yo les acompaño con mis mejores deseos y mi oración, les encomiendo todos a la Virgen María, Madre de la Misericordia, en este último tramo del camino de preparación espiritual hacia la próxima JMJ de Cracovia, y les bendigo de todo corazón.

Desde el Vaticano, 15 de agosto de 2015
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María FRANCISCO

 

 

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sábado, 19 de septiembre de 2015

LA BULA DE CRUZADA EN EL PERÚ

LA BULA DE CRUZADA EN PERÚ[1]

  

El presente ensayo quiere acercarnos a una de las realidades institucionales indianas más universales en el tiempo, en el espacio y en las personas .La Bula de Cruzada en Indias de acuerdo con la tesis doctoral elaborada en Valladolid, en 1996, con la documentación encontrada en el Archivo General de Simancas[2], y a la que se añaden ahora detalles particulares del virreinato peruano, que nos servirán para entender algunos pormenores de los primeros años de su establecimiento.

 

Comencemos por definir La Bula de Cruzada, muchas veces confundida con alguna de las gracias como el subsidio o excusado o la propia bula de San Pedro[3]. Así se refiere en el Diccionario Republicano por un soldado (1856:105), voz "Bula de la Cruzada" de la que dice: "Cierto periódico que enviaba Roma todos los años a los países de la cristiandad para que con él se pudieran comer carnes y lacticinios en la cuaresma y días de ayuno, mediante 2,5 reales en América que se pagaban al recibir el papel de estraza muy mal impreso y del que fue redactor muchos años un tal D. Francisco Patricio Martínez de Bustos" El mismísimo Ricardo Palma alude también pero de refilón a nuestro tema en la tradición "Un escudo de armas": "Sólo los bonaerenses tuvieron el buen sentido de no gastar plata en boberías; pues si hay constancia de que en esos pueblos se vendiera, y mucho, la Bula de la Santa Cruzada, no la hay de que tuvieran demanda los títulos nobiliarios"[4]

           

La Bula de Cruzada es un documento pontificio que contiene favores (privilegios, gracias) espirituales destinados a quienes -previas disposiciones espirituales- se comprometían a participar en la lucha contra los infieles, tanto de forma directa (en la guerra) como indirecta (a través de la limosna); con el transcurrir del tiempo, su doble finalidad espiritual y hacendística, se convertirá en una mera renta estatal, aunque conservara su secular motivación religiosa o su envoltorio espiritual. Por tanto, la Bula sólo era comprensible desde la interdependencia de aspectos que hoy son independientes y autónomas, tales como Iglesia y Estado, fe y dinero...pero que antaño iban a la par, cuando no se confundían, en una curiosa relación fe-hacienda, según la cual, a mayor vitalidad espiritualidad y vivencia de la fe, mayor era el ingreso proporcionado por la limosna y viceversa, hasta acabar convirtiéndose en puro mercado espiritual como ya denunció el agudo historiador P. Mariana al calificarlo como "camino que inventaron personas de ingenio". Para comprender en profundidad la Bula, hay que arrancar desde su origen, desde las primeras concesiones pontificias para España, su papel en la Reconquista, y seguir de cerca su evolución histórica, desde la depuración conciliar de Trento, hasta llegar con su evolución posterior hasta el S.XIX, enriquecida ya con siete tesoros: 1. Indulgencias. 2. Oficios litúrgicos y sepultura eclesiástica. 3. Confesión y conmutación de votos. 4. Dispensas de irregularidad e impedimentos matrimoniales. 5. Composición de bienes mal adquiridos. 6. Abstinencia y ayuno, 7. Oratorios privados.

 

            Un asunto tan rico en contenido como es el de la Bula de Santa Cruzada, en el que confluyen tan diversas materias (Teología, Derecho Canónico, Hacienda, Economía, Política, Sociología, Antropología, Oratoria, Publicidad, Geografía, Historia) nos reporta un amplio abanico de la vida cotidiana indiana, conformadora de mentalidades bien definidas y específicas. En la Guía del investigador del Archivo de Simancas[5] se le otorga gran importancia por "ser la principal aportación económica de la Iglesia al Estado y salir del pueblo". No en vano alberga este Archivo 591 legajos de Cruzada, 38 referidos a Indias[6]. Oportuno es recordar la investigación de M. Andrés, según la cual, parte de los fondos recaudados para financiar una de las carabelas de Colón provino del concurso de la limosna recaudada entre la mayoría de personas del pueblo fiel de la diócesis de Badajoz[7].

 

Dinámica del proceso administrativo

 

Una vez que el Papa otorgaba la concesión, se lo comunicaba al Monarca de España por medio del Comisario General, éste enviaba Reales Cédulas y despachos nombrando comisarios subdelegados generales, y tesoreros generales, al tiempo que se lo comunicaba a los virreyes y a los responsables del poder civil y religioso de los distintos territorios peninsulares y ultramarinos. Los subdelegados generales, en las cabeceras de los arzobispados, a través de los subdelegados particulares de diócesis y partidos, nombraban predicadores y firmaban asientos con tesoreros particulares, los cuales rendía cuentas de su misión al Subdelegado general. En el sermón, predicado por el más cualificado sacerdote, se declaraban las gracias y facultades de la bula, al tiempo que se decretaba la suspensión de todas las gracias distintas a la propia bula. Para garantizar la administración se entregaban las bulas en presencia de un Escribano o Notario que levantaba padrón de ellas para llevarlo el predicador o receptor ante el Comisario Subdelegado del partido. En pueblos menores de 300 vecinos de españoles se hacía padrón ante el Cura o Doctrinero con asistencia del Alcalde o Regidor; las bulas se daban en la Iglesia, el Concejo, o en la casa del cura o doctrinero. Acabada la predicación, dejaban en cada lugar las bulas que la Justicia ordinaria o el Cura ordenase para darlas en la Misa Mayor de los domingos o fiestas a quienes no las hubieran tomado, en cuyo caso debían hacerse segundos padrones con estas bulas. Posteriormente, los comisarios de cada partido recogían todos los padrones y los enviaban al Virrey o autoridad suprema y al Subdelegado General para hacer una relación general como cuenta final de cada predicación. Deducido del cargo o ingreso la data o gastos, se obtenía el finiquito con el alcance o déficit para el tesorero encargado. Se ingresaba en la Caja Real o Arca de tres llaves para después enviarlo a la Península con las remesas de cada flota, lo que venía a suponer aproximadamente las 3/4 de la limosna recaudada. Este proceso general descrito sufría distintas variaciones dependiendo del lugar (capital de virreinato o doctrina rural), de los fieles (según la proporción de españoles, naturales, mestizos), de los ministros y del grado de asentamiento del sistema.

 

Implantación y funcionamiento primitivo

 

Antes de 1573, año en que el Papa Gregorio XIII conceda la Bula de Cruzada a las Indias, la administración bularia tenía un carácter esporádico como simple proyección de la Cruzada peninsular desde 1511. La gestión de Enciso y Vozmediano así lo atestigua; si bien, no pasan de ser meros asentistas encargados sobre todo de atender las cuestiones relativas a los bienes de difuntos.

Una de las primeras menciones de la Bula en Perú tiene como protagonista a uno de los españoles pioneros establecidos en Arequipa., el bachiller Miguel Rodríguez de Cantalapiedra[8]. El P. Bernabé Cobo, al hablar de la "fundación de Lima", se remonta al 21 de junio de 1537 como fecha de recibimiento del primer tesorero De él sabemos que vivió en la Blanca Ciudad y pidió ser enterrado en la iglesia de la Merced.

De estas mismas fechas hemos hallado varios documentos relacionados con el conquistador del Perú, Francisco Pizarro Parece ser que en el año 1530 vinieron con Pizarro a Tierra Firme, por primera vez, las bulas de la Santa Cruzada cuya tasa era un castellano de oro[9]. Una Real Cédula, destinada al fundador de Lima, le instaba a recibir la Bula con toda solemnidad y a favorecer por todos los medios su predicación:[10].En 1538, sin embargo, se advierte a Pizarro no pasen bulas a Indias sin presentar al Consejo de Indias para su debida autorización. Al mismo tiempo, se le ordena que recoja las bulas impresas por Fr. Bernardino Minaya, dominico, para los indios de Perú[11]. Poco antes, el 23 de noviembre de 1537, se había enviado una Real Cédula al célebre Padre Vicente Valverde, ya convertido en el primer obispo de Cuzco, para ordenarle que asistiese a las reuniones "de la Cruzada que en esa tierra se ofrecieren juntamente con las personas que de acá fueren nombradas, y hagáis que se guarden las instrucciones que llevaren y, que no excedan de ellas en cosa alguna", particularmente que el tesorero no pidiese cuentas ante los comisarios sino ante el gobernador o autoridades civiles[12].Parece ser que a Tierra Firme llegaron con Perú. Así lo recoge sin citar la fuente el bien informado M. Mendiburu: "Con Pizarro vinieron a Tierra Firme por primera vez las bulas de la santa cruzada, cuya tasa era un castellano de oro"[13]. Veamos el tenor de las bulas, leyendo la emitida en Valladolid en 1544.

RC Al Rdo. en Cristo Padre Obispo de la ciudad de Los Reyes, del Consejo del Emperador Rey nuestro Señor, sobre el jubileo de Paulo III. EL PRINCIPE. Reverendo en Cristo Padre Obispo de la ciudad de Los Reyes, del Consejo del Emperador Rey mi Señor. Nuestro muy Santo Padre Paulo III mandó con santo celo, porque nuestro Señor sea servido dar paz y concordia en la cristiandad, ha mandado expedir una bula por la cual concede a todos los fieles cristianos plenísima remisión de sus pecados, haciendo primeramente las cosas contenidas en la dicha bula, cuyo traslado os mando enviar con ésta, firmado del Licenciado Balboa, Provisor de Esta Abadía de Valladolid, y signada de Cristóbal de Villanueva, Notario. Yo os encargo y mando que luego que la recibáis la hagáis publicar y publiquéis en las iglesias y monasterios de vuestra diócesis, para que todos se aparejen a ganar este santo Jubileo y gocen de él conforme a la voluntad de Su Santidad, y como conviene al bien de las conciencias de nuestros súbditos. Valladolid 1544, 18.7.1544. YO EL PRINCIPE. Por mandado de Su Alteza. Juan de Samano

 

En 1545 una Junta de teólogos residentes en México emitían un dictamen en el que se mostraban contrarios a enviar bulas a Indias, especialmente si pensaba predicarlas a los indios. En su lugar solicitaban al Rey que obtuviera del Papa "un breve, para los prelados de estas partes, que contenga la facultad y gracias de las bulas, para distribuir gratis el dicho santo tesoro [las indulgencias] a estos pobres, con tal que recen y visiten alguna iglesia"[14]. Fieles reflejos de esta posición serán las Reales Cédulas de 1543, dirigidas a los Comisarios de la Cruzada de Nueva España y Perú, para que no predicasen las bulas en pueblos de indios. La razón aducida era que no estaban "tan instruidos en las cosas de nuestra santa fe católica como convendría"[15].

 

Por estas fechas, antes de que el Tribunal de Cruzada se estableciese en Lima, se distribuían las bulas. en la capilla de Nuestra Señora de Copacabana, situada por aquel entonces, al fondo de la nave derecha de la antigua catedral, donde estaba la puerta denominada San Cristóbal, casi fuera del recinto del templo[16].

 

Sería la concesión otorgada por Gregorio XIII en 1573 la que implante definitivamente su predicación. Asimismo, desde el virreinato peruano, en 1575, comenzaron a llegar las primeras remesas y la petición por parte del Virrey D. Francisco de Toledo de aumentar el número de bulas. Para la segunda predicación se darán disposiciones sobre el recibimiento de la Bula y que no llevasen los administradores más derechos que los indicados en los aranceles. El Consejo de Cruzada, sin embargo, no pareció demasiado satisfecho, pues envió al Virrey Toledo una Real Cédula, con fecha 17 de octubre de 1575, en la que se lamentaba de la pérdida de parte de una publicación de la Bula por no hallarse en Lima el Virrey - sin duda se encontraba realizando la famosa Visita al virreinato- e ir los despachos dirigidos a él, alertándole para que tuviera cuidado en las siguientes y recuperar así alguna parte del daño causado por no haberse hecho la primera predicación en tiempo conveniente. Le encargaba, a su vez, que mantuviera buena correspondencia con sus ministros, prelados y religiosos. Y, por último, le avisaba que el dinero procedido de la expedición se fuera cobrando y enviando a la provincia de Tierra Firme conforme se fuera percibiendo para que pudiera venir a España en las flotas[17] único dinero que llegaba a España de la bula de Cruzada era el despachado por el virrey Enríquez de Almansa desde México, así como los rezagos de los trienios de la Bula de San Pedro percibidos en Puerto Rico, cuyo importe se enviaba en azúcar y cueros, es decir como limosna en especie por faltar de moneda acuñada. Con todo, la mayoría de las autoridades religiosas y los superiores de los Regulares se mostraban reticentes a la predicación de la bula a los indígenas. Los únicos que manifestaron su total conformidad fueron los Franciscanos, llegando a disponer de una Real Cédula para conminar con el envío a España de aquellos frailes que persistieran en su resistencia.

 

Como ese mismo año de 1576 se anunciaba el Jubileo plenísimo convocado por Gregorio XIII en toda la cristiandad y por tanto en América, se tuvieron que adoptar medidas para que éste no redundara en detrimento de ingresos que resultasen de la predicación de la bula. Así, el 21 de enero de 1576 se ordenaba guardar lo expuesto en la Bula y el 7 de abril de.1576 el virrey Enríquez recibía una carta de agradecimiento del Rey por el cuidado puesto en la primera predicación. Es más, para suplir la falta de bulas se enviaban otros 3.000 ejemplares más como había pedido Una prueba más de esta institucionalización de la Cruzada la tenemos en 1585, fecha en la que hay ya tres tesoreros generales: Gaspar de Soto para México, Luis de Salas para Nueva Granada y Miguel Sánchez de la Parra para Perú, quienes estaban contaban con 22, 6 y 34 colaboradores respectivamente para la administración. A pesar de ello, los problemas -especialmente en Perú- no desaparecieron, pues en 1593 Miguel Sánchez de la Parra, al no cumple con el asiento fijado para los años de 1588 a 1596, fue sustituido por Juan Beltrán de Aparicio, siendo embargados los bienes del tesorero por malversación de 400.000 pesos.

 

Por estas fechas, Santo Toribio Mogrovejo nos ofrece un valioso testimonio de la importancia concedida a la Bula. Se encontraba en la visita preliminar de 1581 como preparación al Tercer Concilio Limense, en los Llanos de La Nasca. Se encontraba el arzobispo en su primer año de ejercicio y ocupado en la visita desde hacía varios meses con la intención de dirigirse después a Huánuco.

"Andando ocupado en esta visita, tuve noticia de la llegada de las bulas de la sancta cruzada a esta ciudad, e inmediatamente me partí luego para me hallar a la publicación y expedición de ellas, como cosa que tanto toca al servicio de vuestra Majestad, y lo haré en todo lo demás que se ofreciere a él tocante[...] Por lo cual, fue acrecentada la hacienda de vuestra Magestad en mucha más cuantía que en las predicaciones pasadas"[18]

 

A pesar de ello, las autoridades virreinales no estaban del todo satisfechas si hacemos caso del parecer de Juan Beltrán Aparicio, tesorero general de la Cruzada de Perú, quien en un documento "advierte para que se vea y provea por convenir a la mejor expedición de la dicha Santa Bula en aquellos Reinos" lo siguiente:

1. Que los comisarios no aprecian sus oficios y lo mismo los doctrinantes si no se les favorece mucho.

2. Que envíen razón de las honras, exenciones y libertades que gozan los tesoreros de la BSC ordenando a las autoridades las favorezcan.

3. Que los naturales de estas provincias son gente bárbara, sin capacidad ni razón de manera que aun para las cosas que son en su beneficio es menester hacerles premio y en ninguna tienen libre disposición.

4. Los frailes no sólo persuaden sino que disuaden. La causa de no tomarla no es falta de bienes sino porque los ministros les dicen que depende de su libre voluntad como si fuesen gente de entendimiento que supiesen estimar lo que en ello interesan o pierden. Responden que tienen [sic]las de predicaciones pasadas. De no ser que se pague de los bienes de las Comunidades o se dé alguna orden que los mueva u obligue, ninguno de los naturales tomará la bula.

5. Los comisarios de cada obispado cobran 300 pesos ensayados. y dan 500 a los notarios. Se pide que se limiten y moderen y que los tesoreros generales nombren los notarios para que los comisarios no los traigan tan a su mano.

6. Como los predicadores y repartidores se llevan el 4% de la limosna resultante; los demás tesoreros el 10, los receptores el 7, "todo se va y consume en costos y tragines de las bulas y plata y la que procede se convierte luego en sangre y carne de quien la recibe y como no hay más juez que el comisario y casi siempre conforman con los notarios y tesoreros particulares aprovéchanse de la plata sin que el tesorero general pueda cobrar con la puntualidad que se requiere". Como solución, sugiere dar poder al tesorero general para poder recoger toda la plata aunque la halle en terceros.

7 Denuncia el "mucho trabajo" que se tiene con los obispos y, más todavía, con las sedes vacantes, debido al desorden en la administración y la falta de asiento. Se queja de que el prelado Toribio Mogrovejo no asiste por estar visitando la diócesis. Sin embargo, su provisor, Antonio Valcázar, se defiende constatando que, más adelante, el Arzobispo "hace grandísima instancia en las predicaciones de la santa cruzada; y así, se junta más limosna en solo su arzobispado que en todos los demás juntos del Perú"[19].

 

El prolífico historiador mercedario P. Víctor Barriga recoge, para el año 1591, el siguiente testimonio del mercedario P. Diego de Angulo en respuesta a la pregunta de "si saben que habrá 16 años poco más o menos que se trajeron las Bulas de la Cruzada a esta ciudad y en aquel tiempo hubo opiniones y pareceres de personas graves que no se publicasen y el dicho doctor Antonio de Molina, como comisario Subdelegado, las predicó el día del recibimiento y se hubo en el despacho de ellas, de manera que dio asiento y orden como hubiese buen despacho y se continuó y va continuando con mucho acrecentamiento". Declaración del P. Fr. Diego de Angulo: "A la cuarta pregunta dijo que este testigo se halló en esta ciudad al tiempo que la pregunta dice siendo prelado de la dicha orden dio parecer sobre la publicación de la dicha bula y el dicho doctor Molina lo comunicó con este testigo por ser comisario y en la dicha publicación el dicho doctor Molina procuró con todas fuerzas se predicase y no se dilatase y así lo puso por obra y la publicó predicándola él y que trabajó mucho en la expedición de ella y por su buena diligencia fue público haber tenido muy buen despacho en que se sirvió mucho a Dios Nuestro Señor y a Su Majestad. A la quinta pregunta dijo que este testigo ha oído al dicho doctor Molina que ha predicado en esta ciudad Sermones de concurso de gente y de autoridad y lo ha hecho como hombre docto y de muy buena doctrina y letras"[20]

 

A finales de siglo aparecen en escena hombres de una categoría excepcional que llenarán todo el primer tercio del siglo XVII en Perú: el comisario Juan Velásquez, arcediano de la Catedral, y el contador Gonzalo de la Maza.[21] Hasta ese momento, la responsabilidad máxima había recaído en el obispo, quien al mismo tiempo era comisario. Parece ser que la Cruzada, a partir de este cambio, experimentó un incremento en sus ingresos[22].; al menos así lo manifestaba el comisario de Charcas, Juan de Larrategui[23]. Conocemos detalladamente su misión gracias a la comisión enviada al Comisario Subdelegado de Cruzada en Perú, el Arcediano Juan Velázquez, y que fue dada en Madrid el 25 de enero de 1600. En primer lugar le comunica la elección de Gonzalo de la Maza:

 

 "Y por la satisfacción que tengo de Gonzalo de la Maza y por lo mucho y bien que me ha servido en cosas tocantes a la dicha Cruzada y en la dicha mi contaduría mayor de cuentas de ella y otras cosas de mi servicio le he nombrado por contador de las cuentas y negocios de la dicha Cruzada de las dichas provincias para que con dependencia de vos el dicho Dr. Juan Velázquez asista a las cosas tocantes a la buena administración, expedición y cobranza de la dicha Cruzada y dependientes de ella y revea las que mis Oficiales Reales de ella están tomadas y fenecidas de las predicaciones pasadas y entienda como y de la manera que han tomado y el paradero que han tenido las bulas que para ello se han enviado de estos reinos y el dinero que de ellas ha procedido y en qué cajas se ha metido y a qué tiempo y en qué cantidad, flotas y navíos se han enviado a estos reinos y para que se halle presente así con los Oficiales Reales de la hacienda de los Reyes como los demás de las dichas provincias al tomar y fenecer de las cuentas que los tesoreros generales y particulares de la dicha Cruzada en ellas tuvieren por dar de los dichos sus cargos teniendo y glosando un libro aparte por el estilo y forma con que se toman y fenecen en la dicha mi contaduría mayor las cuentas de la dicha cruzada de estos reinos y las demás de mi hacienda y la cuenta y razón de las bulas y despachos que para las predicaciones por venir se hubieren de entregar y entregaren a los tesoreros generales o particulares y otras personas a cuyo cargo fuere de recibirlas haciendo y tomando la razón de las libranzas y órdenes que para ello fueren necesarios y se dieren por vos el D. Juan Velázquez y pidiendo la de los demás partidos donde no residiereis a los Oficiales y personas que las tuvieren de manera que con toda puntualidad, distinción y claridad se envíe al dicho consejo de Cruzada relación de lo que de ella ha procedido en las dichas provincias y de qué partidos predicaciones y años y qué paraderos ha tenido, dando formas a los dichos mis oficiales y personas a cuyo cargo está el tomar las dichas cuentas para que de aquí adelante las tomen por el estilo de la dicha mi contaduría mayor y procurando por todas vías que el dinero que fuere procediendo se vaya metiendo y entregando en caja aparte distintas y separadas de lo demás de mi hacienda y haber con cuenta y razón de qué partidos y predicaciones ha procedido y que con toda brevedad y la misma claridad sin detenerse habiendo ocasión segura se remita y envíe a estos reinos a los jueces oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla consignando al Comisario General de la dicha Santa Cruzada para que con mi orden y con libranzas del dicho comisario general se erogue y gaste en los efectos para que me fue concedido y no en otros y que las cuentas que están tomadas y fenecidas y las que se fueren tomando y feneciendo se vayan enviando con la misma brevedad al dicho mi consejo de Cruzada para que se pongan en los libros de ella y en los de la dicha contaduría mayor de cuentas y libren finiquitos de ellas a los dichos tesoreros conforme a sus asientos y para que vos el dicho don Juan Velázquez, comisario subdelegado general hagáis publicar en las dichas provincias las condiciones generales que he mandado hacer de la forma y orden que se ha de tener en dar y encargar por mayor o por menor las tesorerías de la dicha cruzada para las seis predicaciones bienales que nuestro muy santo padre Clemente Octavo me ha prorrogado y de nuevo concedido y juntaros con el mi virrey del Perú o la persona a cuyo cargo fuere el gobierno de las dos provincias y el dicho contador Gonzalo de la Maza y las demás que os pareciere convenir al recibir, abrir y regular los pliegos que para ello se dieren por el estilo y forma que en las dichas condiciones generales se contiene y declara".

 

A continuación le indica que nada más recibir esta carta y las instrucciones del Comisario General de Cruzada y su Consejo lo haga conocer por todos los partidos y provincias recaudando todo lo que hubiese pendiente. Para ello se le faculta con el poder de "nombrar y elegir las personas que fueren menester con salarios y entretenimientos moderados de quienes se tomara la seguridad necesaria y para que con vara alta de mi justicia ejecuten vuestras comisiones y mandamientos que a los que fueren les doy poder comisión cumplida cual al caso conviene". Manda que los Oficiales Reales muestren sus libros de cuentas de las cuentas de las predicaciones que han tomado y tomaran a los tesoreros y oficiales de Cruzada así como el paradero de las bulas y los dineros. De todo se dará cumplida información al Consejo de Cruzada. Por su parte, el Rey se responsabiliza de mandar al virrey del Perú y a los presidentes y oidores, alcaldes de corte, gobernadores, corregidores, alcaldes mayores y ordinarios, justicias para que le den todo favor y ayuda. Por último le recuerda el fuero privativo que tiene como subdelegado del Comisario, tanto en la jurisdicción apostólica dependiente del Papa como en la real. Por ello manda que "os guarden y hagan guardar las honras, preeminencias, libertades y exenciones que se suelen y acostumbran guardar a las personas que sirven en semejante ministerio"[24].

Por estas fechas, después de establecido el Tribunal en 1603, estaba ubicado en actual Calle de Santo Toribio, cuadra dos del Jirón Lampa, en la denominada "casa de las bulas"[25].

El cronista conventual Fr.Diego de Cordoba Salinas, en Teatro de la Santa Iglesia Metropolitana de los Reyes (1650)[26] nos aporta datos precisos:

 "El (Tribunal) de la Santa Cruzada se fundó el año de 1603 para todas las cosas de la expedición de la bula y privilegios de ella. Está el Tribunal en casa del Comisario General, que de ordinario es una Dignidad o Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Lima, con mil pesos ensayados de Renta, consignados en la expedición de la bula. Tiene un asesor que es siempre es oidor de la Real Audiencia por cédula de Su Majestad y con 250 p de salario; un contador con 3.000 p ensayados y todos estos salarios consignados en la expedición de la Bula. Tiene otros muchos oficiales y ministros menores con sus salarios librados en gastos de Estrados. El primer comisario de Cruzada que tuvo este Tribunal fue el Doctor D.Juan Velázquez, Arcediano de la Iglesia de Lima"

 

Con motivo de la Real Cédula de 1609 se irían creando tribunales en México y N. Granada En la Carta de Gonzalo de la Maza, desde Lima, el 30 de marzo de 1610, se nos habla de la Real Cédula de 16.5.1609 enviada al virrey Montesclaros en la que se manda que donde hubiese Audiencias Reales se fundasen Tribunales de Cruzada[27] que comprendiesen los distritos de las audiencias y se formasen de los subdelegados que nombrase el Comisario General y del oidor más antiguo y fiscal de cada una de ellas y del Oficial Real más antiguo, exceptuando las ciudades de Los Reyes y México en donde estaban formados los dichos tribunales de personas que lo serían.

 

Debido al gradual crecimiento de la institución de la Bula, y con el fin de llevar las cuentas claras, por Real Cédula de 30 de abril de.1602 se ordenaba que la contabilidad de Cruzada se llevara aparte en arca de 3 llaves, medida que no se debió cumplir con rigurosidad en todas partes, pues la disposición hubo de repetirse reiteradamente, al punto que el 19 de abril de 1671 se recordaba la necesidad de establecer arcas de tres llaves separadas de la Real Caja en todas las cabezas de partido. Todavía el 18 de octubre 1715, por otra Real Cédula se mandaba poner arcas de Cruzada en ciudades con audiencia, así como en las de Cuzco, La Paz, Oruro, Arequipa, Huancavelica y Trujillo[28].

 

Por Real Cédula de 14 de noviembre de 1603[29] se regulariza el funcionamiento de los incipientes tribunales de México y de Lima, ordenando que el subdelegado general, el contador, el asesor y el fiscal, se reúnan tres días a la semana, al tiempo que se advertía a los obispos no asistieran a las iglesias donde se predicara la Bula, y que ésta se facilitase a los indios mediante pago por sus Cajas de Comunidad. Esta última disposición parece que no tuvo buena acogida entre las máximas autoridades indianas, puesto que inmediatamente solicitaron la concesión gratuita de la Bula a los indios, posiblemente para que los fondos existentes en éstas no se viesen mermados por la Cruzada, en detrimento de otras necesidades más urgentes.

A pesar de todo, los fraudes en la contabilidad siguieron produciéndose, como el descubierto en 1605 en la persona de Alonso Ramos Caravantes, por lo que continuaron promulgándose medidas preventivas. En una de ellas, en 1606, se advertía que "siga la costumbre de soltar presos por Pascua salvo que tenga deudas con la Real Hacienda"[30].

 

Solemnidad de la publicación y predicación

 

            Cualquier excusa era buena para organizar una fiesta. La publicación y predicación de la Bula era todo un acontecimiento al que se convocaba a todo el pueblo. Las descripciones que hemos recogido pueden servir para ver la parafernalia de cada época, la organización social virreinal, así como la importancia concedida al acontecimiento.

Recientemente se ha publicado uno de los sermones en lengua quechua[31].  Su importancia es capital para conocer el gran esfuerzo mental por parte del predicador - P.Juan Martínez, fraile agustino de Vizcaya y catedrático en la Universidad de Los Reyes- en 1600 de adaptación. Lo transcribimos por completo por su brevedad y ser el único localizado.

"Hijos míos, lo que les voy a predicar ahora es de gran provecho para sus almas. Oíganme por lo tanto con atención. Porque así lo guardarán bien en su mente. Escuchen: Nuestro Padre Jesucristo dejó en lugar suyo a Nuestro Santo Padre el Papa, supremo señor de todos los cristianos, su vicario en la tierra. Vive en la ciudad de Roma y a nosotros los cristianos nos ama y compadece tanto que desea vayamos a descansar eternamente al Cielo, con Dios Nuestro Padre, y estemos por siempre con El. Su persona es tan buena, tan excelente y tan digna de estimación, viendo que pecábamos contra Dios y Lo enojábamos desobedeciendo y quebrantando su ley, [por ser] tan venerado por nuestro Rey que está en Castilla, y también porque nos compadece, quiso que nos salváramos. Dio una bula para todos los cristianos, para los indios y para los negros. Con esta bula y en virtud del poder que Dios le concedió como a su representante en la tierra, el Santo Padre delega su facultad a todos los confesores. A todo el que se confiese arrepintiéndose y doliéndose verdaderamente de sus pecados sin ocultar uno solo y con la voluntad de enmendarse, lo absolverá de todos ellos, por más grandes que sean y de cualquier género que sean, y le dará indulgencia plenaria con el perdón de todo y demás gracias. Gracias a esta bula, el confesor que tú elijas entre los que han sido ordenados y señalados por el Arzobispo y los obispos te absolverá de todos tus pecados y te librará del purgatorio, si te confiesas con sincero arrepentimiento una vez en la vida y otra en el momento de tu muerte. El poder que Dios le ha dado a este Nuestro Santo Padre le sirve para darnos, a los que somos dignos del martirio de Nuestro Padre Jesucristo, el tesoro que guarda para nuestra salvación. Por mandato de nuestra madre la Santa Iglesia, los cristianos no debemos comer frutas, manteca, leche, queso ni lacticinios, los viernes, días de vigilia y témporas, ni en cuaresma. Esto es lo que nuestra madre la Santa Iglesia ordena para que los cristianos que aman a Dios hagan y sufran penitencia. Sin embargo esta Santa Bula permite y consiente que esos días se coman las cosas que dije, honestamente y sin pecar.

También han de recibir esta santa bula por sus muertos, para que salgan del purgatorio y ganen el cielo. Así es como Dios ha mostrado su misericordia con los hombres. Y así es como ha delegado su poder a su vicario en la tierra.

Escuchen, hijos: tal vez me digan que recibieron otra bula hace dos años y crean que sirve para lo mismo. Recuerden, hijos, que esa bula la recibieron hace más de dos años. Se había dado solamente por dos años. Y ésa ya no vale. Sin embargo nunca dejamos de pecar. Tomaremos las indulgencias que nos ofrece Nuestro Santo Padre el Papa como si nos las mandara Nuestro Verdadero Padre. Además, ustedes los indios tienen más indulgencias y privilegios que los españoles. Viendo que son ustedes como nuevos cristianos, como nuevas plantas en la Santa Iglesia y entre los cristianos, pensando que crecerán y se salvarán en nuestra santa fe, nuestro Santo Padre el Papa ha dado su licencia y poder a los arzobispos y obispos sus encargados y ministros, y a los confesores por éstos nombrados y designados, para que puedan absolver de cualquier pecado, por más vergonzoso y grave que sea, aunque sea de los que requieren del perdón del mismo Santo Padre y de los que indulta la Bula de la Cena. Si los españoles cometen esos pecados, sólo acudiendo al mismo Santo Padre el Papa pueden conseguir que se les perdone. De este tipo [de pecados esta bula] los absuelve a ustedes. Y les da licencia para que dejen de ayunar los viernes. Con la misma tranquilidad, gracias a esta bula también podrán contraer matrimonio con un pariente en consaguinidad con el que dice la Santa Iglesia que no se pueden casar, y también con una persona estado de pecado. Y podrán alcanzar todavía otros muchos privilegios y concesiones de nuestro señor el Papa. Pero si no reciben esta bula, todo se echa a perder y no les aprovechará. Si la reciben, les volverá a aprovechar y [el Papa] les volverá a mandar otra. Vean pues cuánto les conviene recibir esta bula. Para [recibir] esta bula tienen que dar limosna. Será de esta manera: los caciques principales darán un peso ensayado, y los demás indios, sean o no tributarios o curacas, sean hombres o mujeres, [darán] dos tomines ensayados. Pero no deben pensar que esta limosna que van a dar es [como] pagar tributo ni tampoco que han comprado la bula. Sino que se trata de dar limosna voluntariamente y en nombre de Dios. Deben darla por el perdón de sus pecados, como lo hacen el Virrey, el Arzobispo, los obispos, los oidores y todos los españoles. Hijos míos, nuestro Rey y soberano la quiere para proteger nuestra santa fe católica y combatir a los adversarios de esta misma fe, y para que nuestros enemigos, los herejes, no entren en nuestro país y no nos vengan a ofender con sus doctrinas perversas. En verdad, hijos míos, si el Virrey, el Arzobispo, los obispos y oidores, los españoles y todos los cristianos la reciben con gran alegría, agradeciendo a Dios y al Santo Papa por su gran benevolencia al abrirnos los [los tesoros] guardados por la Santa Iglesia y darnos de balde gracias e indulgencias, [entonces] ustedes los indios seguramente la van a recibir con mayor gozo todavía. Dios los alumbrará para que lo entiendan y alcancen tanto bien, y para que vean lo que por ustedes su vicario hace en su nombre. Amén".

 

Don Juan Antonio Suardo recoge de forma resumida la ceremonia de publicación y predicación de la bula en los días del Adviento de la década de 1629 al 1639.. "A 4 (de diciembre), por la tarde, los ministros del Tribunal de la Santa Cruzada pregonaron la nueva publicación de la Santa Bula para el día siguiente. A 5 (de diciembre) se hizo la acostumbrada procesión de la Santa Bula de la Cruzada, desde el convento de San Francisco a esta santa iglesia metropolitana, con asistencia de los señores virrey y de la Real Audiencia y demás tribunales y cofradías de esta corte; predicó un religioso de san Francisco y después el Sr. Comisario General Don Bartolomé de Benavides dio un espléndido banquete a la mayor parte de los señores oidores y otros personajes"[32]

 

Nos aporta datos más concretos y coloristas el Epítome cronológico[33] para el último cuarto del siglo XVIII:

"El día de la publicación de la Bula de Santa Cruzada que en esta se hace de dos en dos años, siempre el 21 de diciembre es la adoración en la Iglesia del Convento de San Francisco que concluida se trae en procesión a pie a la Cathedral donde se predica con Misa y sermón asistiendo a una y otra parte el Virrey con la Real Audiencia y demás tribunales.

                        Revestido el Comisario Subdelegado general de Capa magna y con la Santa Bula que muestra al Pueblo sentado en silla y cojín que le ponen delante del altar mayor teniendo a sus lados a los dos curas rectores de la Catedral; con la entonación del Te Deum suben los Prelados de las Religiones a dicha adoración. Inmediatamente, el Virrey, acompañado de la Dignidad y los tres prebendados que a este fin bajan del Presbiterio, donde tienen su asiento. Luego, siguen los Tribunales, esto es la Real Audiencia, Tribunal Mayor de Cuentas y Cabildo Secular de dos en dos, interpolados en la Audiencia con preferencia a los Fiscales del Rey por Cédula de Su Majestad, el Contador Mayor de la Superintendencia General de Cruzada y Tesorero General Diocesano quien para la procesión pone el estandarte en manos del Virrey que lo lleva hasta el medio de la Iglesia que se lo recibe el Oidor decano y este lo entrega en la Puerta al Tesorero que lo lleva en medio de los dos Alcaldes ordinarios en la procesión que forman los prelados de las Religiones, Cabildos eclesiástico y secular con la Real Audiencia y en medio delante del Virrey (que la cierra) el Comisario con la Santa Bula, que le llevan asida de dos grandes listones o cintas de Tisu los dos curas bajo de palio, cuyas varas cargan los regidores y por su defectos los Gentiles Hombres y caballeros, pajes del virrey. Llegada a la catedral y el Comisario al presbiterio, colocada la Santa Bula en un altar portátil al lado del Evangelio con seis luces y quitada la Capa mayor, baja a ocupar el primer Asiento en la Audiencia y el Contador mayor y Tesorero en la forma dicha. Acabada la Misa sale el Virrey para su Palacio con el mismo acompañamiento que llevó a San Francisco y queda el Tribunal con el que le condujo para llevar a su casa al Comisario que se reduce por el orden en que vienen y vuelven en sus coches, a cuatro o seis regidores con el Alcalde de turno. Al Fiscal de lo Civil, Tesorero y Contador mayor de Cruzada, Alcalde de Corte y oidor menos antiguos y al oidor decano. Para cuya observancia el Virrey en virtud instrucción que se le da firmada del comisario, oidor decano, como Asesor y Contador mayor anticipa carta de orden de dichos tribunales y cabildo secular y así mismo al Corregidor del Cercado para el adorno de las calles de la Carrera desde dicho convento hasta la Catedral".

 

Al final del virreinato, tenemos el testimonio de su longeva vitalidad, a través de "Un sermón de bulas"[34] pronunciado en Arequipa. Aunque no se indique la autoría del mismo, del análisis interno, se infiere claramente que se predicó en la Blanca Ciudad a fines del siglo XVIII y comienzos del S. XIX y se escribió en 1798. Un análisis rápido del documento nos lleva a las siguientes conclusiones:

. Demuestra que el público conoce muy bien de qué se trata.

. El alto nivel espiritual y de formación cristiana

. La oposición feroz a los protestantes

. Interés en precisar los conceptos teológicos para evitar la relajación y el pensar que es un simple "comercio"

. Habla varias veces de "nuestra América"

. Sentido de universalidad al convocarles a una empresa común: la evangelización frente a los "monstruos" de la herejía o el ateísmo

. Regalismo imperante: se deshace en elogios a Carlos IV

. Tiene presentes los "desastres" de la Revolución Francesa

. Exhorta a renovar su espíritu

. Magnífica descripción de la patología de las profesiones susceptibles de reparación mediante la bula de composición

. Se le nota elevada cultura con las citas de personas, acontecimientos, movimientos doctrinales.

 

Conocemos la Función de la publicación de la Bula a comienzos del siglo XIX por una descripción de Antonio Pereyra[35]. La transcribo por considerarla de gran interés para conocer la rica y compleja mentalidad arequipeña a través del ritual seguido en estas ceremonias:

 

"El día de la publicación por la mañana se canta como siempre la Prima en la Catedral, la cual acabada, sale al Cabildo, el Colegio Seminario y Clero (Para la asistencia del Venerable Clero oficia el Comisario el día antes al Prelado para que éste la ordene y mande) todos en sobrepelliz y van en forma de procesión con la Cruz Capitular, en silencio, hasta el convento de san Francisco; allí está preparado al lado derecho del Altar un a silla de terciopelo y su cojín de lo mismo al pie: en el medio del altar está un doselito chico, bajo el cual se ve la Bula en una gran guarnición de plata, y sobre del mismo altar una alba, amito, cíngulo, estola y capa pluvial. Luego llega el Comisario de Cruzada  (Es regularmente una Dignidad de la misma catedral; actualmente lo es el Sr. Arcediano) que viene a caballo, acompañado del Ayuntamiento y de todas las comunidades y hermandades cada una con su respectivo estandarte; va al altar mayor, hace oración, se quita el manteo y guantes, lo reviste el maestro de ceremonias y sacristán mayor con las vestiduras ya dichas, y poniendo en el medio del presbiterio la silla y cojín se siente en ella, recibe del sacristán mayor la Bula (A este fin la adornan con perlas y piedras preciosas, en términos que vale miles de pesos), se pone el bonete y van adorándola el cabildo eclesiástico, el clero, prelados de las religiones y el ayuntamiento; y después bajo de palio va el Comisario con la Bula hasta la Catedral, llevando el pendón el tesorero de las Reales Cajas. Llegada la procesión a la catedral, toma el Sacristán mayor el pendón y lo coloca al lado derecho del altar, donde también hay otro aparato con su dosel y seis velas, y recibiendo del Comisario el mismo sacristán mayor la Bula, la pone bajo el dicho dosel y luego se desnuda en el altar el comisario y pasa al pie de las últimas gradas del presbiterio. Cántase solemnemente la Tercia y el Canónigo semanero canta la Misa. Al tiempo del ofertorio va el sacristán mayor a incensar al Comisario y lo mismo al tiempo de la paz, llevando consigo un acólito para que se la dé al Tesorero. Acabada la Misa toma el Sacristán mayor el Pendón y se lo vuelve a entregar al Tesorero, quien lo lleva a casa del Comisario: este tiene en un balcón a la calle una gran colcha de terciopelo con su cojín, en donde colocado el pendón permanece todo el día al público. Para terminar esta solemnización, el Comisario da un gran convite al clero y personas principales del pueblo, habiendo precedido en la víspera a la noche refresco general en casa del Tesorero".

 

El papel de los eclesiásticos

 

Los eclesiásticos, obispos, clero regular y clero secular como agentes colaboradores de la Corona en la predicación de la bula, aunque con diferentes conductas. Si en ocasiones los vemos como celosos colaboradores de la política virreinal, como en el caso de los Franciscanos de la Nueva Galicia que se responsabilizan de toda la predicación y administración, en otras, como el caso de los Jesuitas que creían que aceptar las gracias de la Bula suponía una relajación espiritual o connivencia con cierto comercio espiritual, ofrecen serias resistencias. No encontramos, pues, una actitud común, sino casos que van desde el fraile juzgado por fraude hasta el predicador celoso al que se le felicita por su predicación. Todavía, a fines del siglo XIX, el prolífico misionero franciscano catalán afincado en Arequipa, P. Elías Pasarell nos ofrece el texto de un sermón suyo acerca de la Bula de Santa Cruzada. Por él conocemos la mentalidad social y religiosa de los eclesiásticos y de los fieles: :

"A mí se me ha confiado la misión de anunciar a las gentes las inagotables riquezas de Jesucristo, e ilustrar a todos los hombres, descubriéndoles la dispensación de un miserio que a través de los siglos, s}estuviera oculto en los designios de Dios" Ef. 3, 8.9

Por muy dichoso me tengo al considerarme  en este día el eco fiel de las divinas misericordias respecto de vosotros, al anunciaros hoy las inagotables riquezas de Jesucristo

La publicación de la BSC despierta el sentimiento de la fe, el recuerdo de antiguas glorias y cuanto mereció de la Iglesia la nación católica por su valor desplegado en la gran lucha iniciaida por los sucesores de san Pedro para desalojar de Europa las huestes de Islam, en aquellos días en que toda entera al grito de la religión se lanzó intrépida sobre el Asia, a defender, juntamente con los más caros intereses  de la cristiandad, las libertades europeas amenazadas por el despotismo muslémico; de una pare, peleaba la cruz del Salvador, símbolo augusto de civilización y de ventura y de otra la media luna, personificación del retroceso, de la barbarie y de la más innoble servidumbre.

En atención a los méritos contraídos en esta lucha, obtuvo primeramente el rey don Enrique IV de la Santidad de Pio II la Bula denominada de la Santa Cruzada, que puede considerarse como la primera que regularizó los cuantiosos rendimientos que desde luego produjo para atender a las necesidades de la guerra contra los infieles

Los sucesores de aquel Pontífice han venido prorrogando igual concesión hasta nuestros díais añadiendo a las gracias pariculares que aquella contenía otras muchas que hoy se hallan consignadas en las bulas de vivos, de lacticinios, de difuntos y de composición. Voy a mostraros cuán inestimable es el tesoro que se nos franquea en la BSC, con cuánta avidez debemos correr a enriquecernos en él y cuán sublimes sentimientos de gratitud debe inspirarnos de esa madre amorosa que nos lo ofrece. Formulado ya mi pensamiento, recurramos a la fuente de toda luz, implorando los auxilios necesarios para su digno desempeño Por las Bula se concede al pecador facultad de elegir confesor aprobado, secular o regular y obtener de él plenaria indulgencia y remisión de cualesquiera pecados y censuras, aun de las reservadas a la Silla apostólica, excepto de la herejía mixta, una vez en la vida y otra en el artículo de la muerte y de los demás pecados y censuras no reservadas a la santa Sede tantas veces cuantas de ellos se confesaren en virtud de la Bula puede ganar 94 indulgencias plenarias cada año, con otras innumerables parciales, visitando los altares y haciendo lo que al efecto se prescribe en el sumario en los días designados En tiempo de entredicho faculta la Bula para que Puedan asistir Al templo y celebrar los divinos oficios y comulgar concede a los fieles el privilegio de que les puedan ser conmutados por el confesor, en otras  obras buenas  y algún socorro para los fines de la Cruzada, todos los votos, excepto el ultramarino, el de castidad y el de religión, como consta del texto mismo del diploma pontificio El privilegio de comer carnes saludables por el consejo de ambos médicos, espiritual y corporal, en los tiempos de ayuno de todo el año, aun en los días de cuaresma y en los mismos al arbitrio de los fieles, huevos y lacticinios, por manera que haciéndolo satisfagan la obligación del ayuno, observando en lo demás la forma prescrita y con solas las excepciones consignadas en el sumario. En la Bula de difuntos se concede una indulgencia plenaria a favor del alma por quien se toma, cuya gracia puede multiplicarse en proporción de los Sumario que tomen con este fin en obsequio de diferentes almas por la Bula de composición se puede satisfacer por los bienes mal habidos, resarcir las quiebras ocasionadas al prójimo, hacer justas compensaciones, reparar perjuicios de gran cuantía, indemnizar a acreedores legítimos cuya existencia se ignora Baste este boceto de la Bula en su cuádruple división de gracias y privilegios sin hacer caso de las gastadas frases de ilusión, fanatismo, preocupación y demás blasfemias con que a falta de argumentos pretenden los incrédulos desvirtuar nuestras creencias y debilitar nuestra fe pues no ignoramos que la limosna establecida está destinada al  socorro de los que pelean contra los infieles en defensa de la fe católica y a otros fines igualmente loables y piadosas"[36] .

 

La recaudación y administración de la limosna de la Bula

 

Lo nuclear de la concesión pontificia era recaudar fondos para las guerras que la monarquía católica española sostenía contra los infieles; tal es el ritornelo que se repite constantemente en la documentación. A este fin confluyen todas las diligencias anteriores y por eso se efectúa en tres fases: la primera, de suspensión de todos los jubileos para dejar en exclusiva al de la Bula; la segunda, de composición de bienes mal adquiridos y conmutaciones (cambio o dispensa) de votos; y la tercera, con la repredicación o concesión de nuevas gracias. Analizamos el exquisito cuidado mostrado por la Monarquía en extender su red al mayor número posible de súbditos y lugares; recogemos las cantidades recaudadas en la predicación, lo ingresado en el Arca de tres llaves y lo enviado a la Península en las flotas; las fuentes de ingreso y la aplicación de los fondos. Todo ello con cierta provisionalidad, pues la documentación no siempre cubre áreas espaciales o temporales precisas, en ocasiones se omite las cantidades recaudadas y no detalla el tipo de moneda de que se trata, etc; sin duda, que el Tribunal que pacientemente ha estudiado mi tesis habrá observado cierta preocupación a la hora de justificar la falta de sólidos datos; he de confesar que de las miles de horas dedicadas a la cuantificación de los ingresos de la bula, tan sólo puedo presentar cifras insignificantes, y en algún caso quizá confusos, por ejemplo, la tabla gráfica de ingresos brutos generales por cada predicación bienal, no tiene nada que ver -aunque figuren en las tres páginas siguientes- con los ingresos en Cajas (siempre menores) y cuyo error figura en el original.

 

Lo que sí queda fuera de toda duda el que la bula de Cruzada acaba convirtiéndose en una renta muy segura y estable para la Corona, de la que las autoridades civiles americanas echaron mano asiduamente, y de la que la propia Real Hacienda se sirvió para hacer frente a sus numerosas obligaciones. Así lo recoge en Perú, Gaspar Escalona Agüero en su clásica Gazophilacium Regius Perubicum, año 1775, quien dedica un capítulo, el 32, de la obra, a la cuestión:

"Lo procedido de la limosna de esta Santa Bula es una de las rentas más considerables que Su Majestad tiene en las Indias: y la diferencia que en su cobro hay de ella a las demás. es que cada uno es cobrador de sí mismo, porque el celo cristiano de gozar de las gracias e indulgencias concedidas a los fieles por los Sumos Pontífices, interpela, y convida a esta voluntaria contribución. Habiendo concedido a Su Majestad la Santidad de Julio II, la BSC, para los reinos de Castilla, después se extendió su concesión por la Santidad de Gregorio XIII: para los estados de las Indias, como parte y porción de aquellos y se ha ido continuando hasta ahora por tiempo de seis predicaciones cada concesión y por ser para gastos que se han hecho, y hacen en la defensa de la iglesia contra sus enemigos"[37]

 

José Antonio Benito.

Doctor en Historia de América de la Universidad de Valladolid. Miembro del Instituto "Riva Agüero". Docente en la Universidad Católica "Sedes Sapientiae" de Lima

 



[1] Se publicó en 2008.e "La Bula de Cruzada en Perú" en XIV Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano. Derecho, instituciones y procesos históricos, J. de la Puente/J. A. Guevara (Editores) Tomo II, pp.17-35.

 

[2]. Además de la publicación íntegra de la tesis en microfichas, Valladolid, 1995, y La Bula de Cruzada en Indias Fundación Universitaria Española, Madrid, 442 pp. Colección Tesis Cum Laude. Serie H (Historia) –2  2002, han aparecido los siguientes artículos:

. "La imprenta del Monasterio de Prado y la Bula de Cruzada de Indias" Los castellanos y leoneses en la empresa de las Indias Junta de Castilla y León, Valladolid 1993. pp.109-132.

.  "La Bula de Cruzada: De la Reconquista a su implantación en Indias", El Reino de Granada y el Nuevo Mundo. Diputación Provincial, Granada, 1994. I, pp.533-546.

. "Andrés de Zabala, un vasco en la Contaduría de Cruzada en Lima". Álava y América (Universidad del País Vasco. Vitoria 1996, pp.307-322.

. "Historia de la Bula de la Cruzada en Indias" Revista de Estudios Histórico-Jurídicos, Ediciones Universitarias de Valparaíso (Chile), XVIII 1996, pp.71-102

. "La modélica gestión de Gonzalo de la Maza, primer contador de Cruzada en Perú", Missionalia Hispánica- Hispania Sacra Madrid, C.S.I.C. Vol.47, nº 97, 1996, 199-230.

. "La Bula de Cruzada y los naturales de Indias". IV Congreso Internacional de Etnohistoria Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, Lima 1998, III, pp.29-55.

2000.d "Organización y funcionamiento de los tribunales de Cruzada en Indias" en Revista de Estudios Histórico-Jurídicos 22 (2000) 169-90

."Cuando la fe y el poder mueven dinero: Triquiñuelas del Tribunal de Cruzada en Indias" Revista STUDIUM  Universidad Católica "Sedes Sapientiae" Lima, 2001, Año 2, nº 2-3, 33-60

 

[3] Así se observa en el célebre cronista indiano Bernal Díaz del Castillo quien nos ofrece esta tan interesante como pintoresca pincelada que podíamos fechar hacia 1522 y para México "Y vino un fraile de San Francisco que se decía fray Pedro Melgarejo de Urrea, natural de Sevilla, que trujo unas bulas de señor San Pedro, y con ellas nos componían si algo éramos en cargo en las guerras que andábamos; por manera que en pocos meses el fraile fue rico y compuesto a Castilla y dejó otros descompuestos. Trujo entonces por comisario, y quien tenía cargo de las bulas, a Jerónimo López, que después fue secretario en Méjico. B.DIAZ DEL CASTILLO Historia verdadera de la conquista de la Nueva España  3ª ed. Col. AUSTRAL 1274 Madrid 1975)(C.143, p.328)

[4] Tradiciones peruanas. Tercera serie. Montaner y Simón, Barcelona, 1894. II, pp.112-114

[5] A. de la PLAZA BORES: Guía del Investigador del Archivo General de Simancas. C.XXV "Consejo de Cruzada". Ministerio de Cultura, Madrid, 1986. Cap.XXI.

[6] Hay que añadir además la abundante documentación dispersa en las secciones Registro General del Sello, Contaduría Mayor de Cuentas, Juntas de Hacienda o Patronato Real.

[7] M. ANDRÉS "El dinero de los Reyes Católicos para el descubrimiento de América financiado por la diócesis de Badajoz". Archivo Ibero-Americano, Madrid 1987

[8] Obras del Bernabé Cobo II, p.402, BAE 92, Madrid 1964.

[9] M. MENDIBURU.: Diccionario histórico‑biográfico del Perú. Lima, 1934. IX, p.53.

[10] "LA REINA. Adelantado don Francisco Pizarro, nuestro gobernador de la provincia del Perú, sabed que por nuestro mandado se envía a predicar en esas partes la Bula de que es Comisario General el reverendo y nuestro padre obispo de Palencia del nuestro consejo y porque a nuestro servicio conviene que en ello haya todo favor, yo vos mando que proveáis como la dicha santa cruzada se reciba con la solemnidad que se requiere y que las cosas y ministros de ella sean favorecidos proveyendo que no haya molestias ni extorsiones [...]AGS, CMC1, 496. 30.9.1535.

[11] BNM. Man. 2927, 39, f. 270v.

[12] E. LISSÓN CHAVES: La Iglesia de España en el Perú. Colección de documentos para la historia de la Iglesia en el Perú. Sevilla, 1943.I, p.87.

[13] M. Mendiburu Diccionario Histórico-Biográfico del Perú T.IX, p.53 Lima 1934, 2ªed.

 

[15] CAAL, RANP, III,n.7. Real Cédula a los Comisarios de la Cruzada de la provincia del Perú, para que no prediquen las bulas en pueblos de indios. Madrid, 29.11.1546.

[16] Montesinos Anales del Perú Tomo II, p.172p

[17] AGI, Indiferente, 2865.

[18] AGI Patronato 248 Rº 10; LISSON, III, 286: Carta del Arzobispo a SM de 27.4.1584, cap.III

 

[19] AGI, Lima I; LISSON IV, 239: Documentos relativos al supuesto "Memorial sobre los servicios del arzobispo"

[20] "Declaración de los Padre Fr. Nicolás de Ovalle y Fr. Diego Angulo en la información de méritos y servicios del Dr. Antonio de Molina, canónigo de la Catedral de la ciudad de los Reyes". AGI 319  Los Reyes, octubre 1591. BARRIGA, Víctor: Los Mercedarios en el Perú en el siglo XVI Documentos inéditos del AGI (1537-1614), Im. Portugal, Arequipa 1954, V

[21]Célebre, entre otras cosas, por albergar en su casa –el actual Monasterio dominico de Santa Rosa- a la popular santa limeña, Rosa de Lima, los últimos diez años de su vida. La intimidad era tan grande entre los dos que Santa Rosa lo llamaba "padre".

[22] Se dedican con tal ahínco a la tarea que en 1603 se nombran un asesor, Juan de Villela, y un fiscal, Páez de la Laguna, como ayudantes.

[23] AGS, CCI, 573. 23.3.1602.

[24] AGS, CCI, 586.

[25] ANGULO, D.: El Cedulario Arzobispal de la Arquidiócesis de Lima. Revista del Archivo Nacional del Perú. III, Lima, 1925. pp 45‑46, nota n° 5.

[26] Fr. Diego de CORDOBA SALINAS, en Teatro de la Santa Iglesia Metropolitana de los Reyes (1650)p.12

[27] Coincide Francisco López de Caravantes en su Noticia General del Perú Discurso IV, n° 133‑142: "El Tribunal de la Santa Cruzada que se fundo el año de 1603 para todas las cosas de la expedición de la Santa Bula y  privilegios de ella". BAE 293, Madrid 1986. pp 41-42.

[28] AGS, CCI, 580.

[29] AGS, CCI, 573

[30] AGS, CCI, 573.

 [31] C.ITIER "Un sermón desconocido en quechua general: La "Plática que se ha de hazer a los indios en la predicación de la Bulla de la Santa Cruzada" (1600) Revista Andina, Cusco, 10, 1, Julio 1992. Centro de Estudios Regionales Andinos "Bartolomé de Las Casas" pp.135-147

[32] R. Vargas Ugarte Diario de Lima de Juan Antonio Suardo (1629-1639) Universidad Católica del Perú, Lima,1936p.251-2

[33] BRAH: Epítome cronológico o Idea general del Perú desde el origen de su monarquía hasta el año de 1776, bajo el virreinato de D.Manuel de Guirior, Col. Mata y Linares, I, 1455, T.XLIII, ff.380, 1776.

 [34] Biblioteca de la Recoleta. Arequipa.Noticia de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Arequipa en el Reino del Perú por el presbítero Don Antonio Pereyra y Ruiz, sacristán mayor beneficiado propio de la Santa Iglesia Catedral  y su Sagrario, visitador general de oratorios y notario del Santo Oficio en este partido, año de 1816 (60 páginas y 36 láminas). En la Biblioteca Nacional de Lima.

[36] P. Elías Pasarell Manual de predicadores" La Bolsa, Arequipa 1890. Pp.67-69

[37] G. Escalona Agüero Gazophilacium Regius Perubicum Lib.II, Part.II, C.XXXII, p.243 Madrid 1775, Tipografía Blasi, Biblioteca Nacional de Madrid, Sección "Raros" 17.982. Edición moderna Gazofilacio Real del Perú La Paz, 1941

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