jueves, 29 de octubre de 2015

La Bula de Cruzada y los naturales de Indias




1997   "La Bula de Cruzada y los naturales de Indias". IV Congreso Internacional de Etnohistoria Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, Lima III, pp.29-55. Les comparto el artículo fruto del Congreso. 














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CARLOS SALINAS ARANEDA PRESENTA EL LIBRO “LA BULA DE CRUZADA EN INDIAS” DE D. JOSÉ ANTONIO BENITO RODRÍGUEZ por

El presente artículo está en: http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/boletinira/article/view/9945

Un artículo que sintetiza la HISTORIA DE LA BULA DE LA CRUZADA EN INDIAS'

http://www.rehj.cl/index.php/rehj/article/view/238/227

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos sección Historia del Derecho XVIII (Valparaíso, Chile, 1996)

 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "LA BULA DE CRUZADA EN INDIAS" DE D. JOSÉ ANTONIO BENITO RODRÍGUEZ[1]

 

Carlos Salinas Araneda[2]

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile

Pontificio Comité de Ciencias Históricas, Ciudad del Vaticano

 

La Iglesia católica contiene entre sus elementos esenciales, sin los cuales no podría entenderse, un ordenamiento jurídico propio, que se ha ido desarrollando a la par con el desarrollo de la Iglesia en la historia. Durante todo el primer milenio dicho derecho se fue configurando hasta alcanzar su plenitud en la baja edad media, oportunidad en la que, merced a grandes papas legisladores y a grandes canonistas, se desarrolló el hoy denominado Derecho Canónico Clásico, el primero de los momentos cumbres del derecho de la Iglesia[3]. El Corpus Iuris Canonici fue el texto que contuvo este derecho de calidad cuya vigencia se prolongó hasta 1918, año en que entró en vigencia el primero de los códigos de derecho canónico de los dos que la Iglesia de Occidente tuvo a lo largo del siglo XX[4].

De esta manera, cuando Colón descubrió estas tierras, el Derecho Canónico constituía un ordenamiento jurídico desarrollado y de indudable calidad, el que estaba llamado a proyectarse a Indias por propia vocación al igual que la Iglesia de la cual formaba parte. Cualquiera que hubiese sido la forma en que las Indias occidentales se hubieren incorporado a la Corona de Castilla[5], el Derecho Canónico igualmente habría llegado a estas tierras, pues estaba llamado a regular la vida de la Iglesia en los territorios recién descubiertos. Y el Derecho Canónico que llegó junto con los descubridores y los conquistadores fue el derecho del Corpus Iuris Canonici, es decir, el derecho universal de origen pontificio que regulaba el ser y el hacer de la Iglesia doquiera que ella se encontrara. Desde esta perspectiva el Derecho Canónico que empezó a regular la vida eclesial americana no difería en nada al que cumplía las mismas funciones en la vida eclesial castellana, peninsular y europea.

 

Pronto, sin embargo, América empezó a mostrarse ante los ojos admirados de castellanos y europeos en toda su magnífica variedad, lo que el derecho no pudo desconocer, de donde fue preciso empezar a dictar normas, siempre en el ámbito canónico, que se hicieran cargo de estas novedades que, en los más variados sectores de la vida eclesial, pedían cánones especiales que adecuaran a la realidad americana, los elementos esenciales e inmutables de la Iglesia del Señor. Empezó a surgir así un Derecho Canónico indiano de origen pontificio, una de cuyas primeras manifestaciones fueron las famosas bulas Inter caetera del papa Alejandro VI (1493)[6]. A él pronto empezó a agregarse un Derecho Canónico indiano de origen criollo, cuyo origen estuvo, en parte, en las asambleas conciliares y sinodales que no tardaron en extender a Indias una práctica que había empezado desde los primeros tiempos de la Iglesia[7]; y, en parte, en el derecho elaborado por el legislador nato de las iglesias particulares, el obispo, en cumplimiento también de la vieja obligación, hoy plenamente vigente[8], de tener que visitar periódicamente su obispado, dictando las normas adecuadas para el normal funcionamiento de la porción del pueblo de Dios que le ha sido encomendada.

 

            El Derecho Canónico, sin embargo, no tenía sólo una vigencia intraeclesial, sino que alcanzaba también al ordenamiento jurídico de la monarquía, no sólo influyendo en sus soluciones, sino que rigiendo derechamente como derecho aplicable en el fuero temporal en subsidio del derecho real[9].

 

Este es el marco jurídico en el que se inserta la Bula de Cruzada en Indias. Se trataba de una Bula y de un privilegio -una de las fuentes formales del Derecho Canónico[10]- de creación pontificia, pero que ya existía desde antes que se descubriera América. De hecho, como lo explica don José Antonio Benito en las primeras páginas de su libro[11], el año  1060 el papa Alejandro II aprobaba la lucha contra los sarracenos y concedía la indulgencia plenaria a todos los que la emprendieran, indulgencias que se vieron complementadas, con el paso de los años, con otros privilegios de gran popularidad entre los fieles. Fue con Fernando el católico, muerta ya Isabel, que en 1514 se obtuvo la extensión de la Bula hacia América, la que se sitúa, en consecuencia, entre las primeras normas de Derecho Canónico indiano pontificio. Bien puede decirse así, que la historia de la Bula de Cruzada en Indias va a parejas con la historia de América, pues aquella no desapareció con la independencia. Su definitiva supresión la hizo el papa Paulo VI quien reinó cuando ya todos nosotros habíamos nacido.

 

Ahora bien, la Bula de Cruzada era un documento pontificio que contenía favores espirituales destinados a quienes –previas disposiciones personales- se comprometían a participar en la lucha contra los infieles, tanto de forma directa, participando personalmente en la guerra, como indirecta, mediante el aporte de una limosna. De esta manera, la Bula tenía una marcada finalidad espiritual, que, en el caso de quienes participaban indirectamente en la guerra a través de limosna, era acompañada de una no menos marcada consecuencia económica. De hecho, Gaspar de Escalona y Agüero escribía en su Gazophilacium regium perubicum[12] que "lo procedido de la limosna de esta santa bula es una de las rentas más considerables que su Majestad tiene en las Indias", pero esto era con una diferencia sustancial respecto de las otras rentas reales, pues, como el mismo Escalona señala, "la diferencia que en su cobro hay de ella a las demás es que cada uno es cobrador de sí mismo, porque el celo cristiano de gozar de las gracias e indulgencias concedidas a los fieles por los sumos pontífices, interpela y convida a esta voluntaria contribución"[13]. Prueba de esta importancia económica es que se llegaron a imprimir casi quinientos millones de bulas en los diversos tipos y valores a lo largo de tres siglos. No creo que sea necesario justificar que la administración de esta lucrativa renta exigía todo un aparato burocrático que facilitara la predicación de las gracias, la recaudación de las limosnas y la administración de las mismas.

 

A pesar de esto y no obstante la importancia económica que la Bula tuvo para Indias, no había hasta ahora ningún estudio que abordara de manera sistemática el desarrollo de esta Bula en la América indiana. La única obra publicada era la de Goñi Gaztambide[14], aparecida en 1958, pero en ella la dimensión indiana está del todo ausente. Parece así una suerte de paradoja que un instrumento que fue de tanta importancia para la vida indiana no hubiese tenido hasta ahora quienes lo hubiesen estudiado en toda su magnitud. Pero la realidad es que hasta ahora ese estudio no se había hecho. La razón no es de extrañar, pues en su vertiente indiana, la bula se presenta como una materia de gran amplitud y complejidad. Nos lo cuenta el mismo autor en la introducción cuando, como en un coloquio personal con un amigo, describe las peripecias que debió ir pasando para acceder a la ingente documentación guardada en diversos archivos españoles e hispanoamericanos, casi nada consultada y casi siempre con una buena dosis de polvo acumulado. El contenido de la documentación era dilatado y variado: inventarios, testamentos, instrucciones, reales cédulas, cuentas, informes, derecho canónico, teología, etc. El tiempo a estudiar era muy amplio: desde 1511 hasta 1811. Y el espacio a abarcar era ni mas ni menos que toda la geografía americana a la que había que agregar las lejanas Filipinas. Con todo, como el autor lo señala, "dada la inexistencia de una obra sobre esta temática, y aún con el riesgo de verme desbordado por la documentación y no ser lo suficientemente penetrante en muchos aspectos", se decidió a aprovechar al máximo la bastísima documentación consultada y realizar un estudio más general que le permitiera mostrar la organización y funcionamiento de la Bula de Cruzada en Indias, sin profundizar excesivamente en los beneficios económicos que dicha limosna reportó a la Corona, aspecto éste que desbordaba con creces los límites ya extensos de esta investigación. El resultado ha sido el libro que nos reúne en este agradable atardecer limeño.

 

No voy a entrar a los detalles del mismo. Tan sólo poner de relieve que en él se estudia la estructura orgánica necesaria para llevar a la práctica la Bula, y con esto me refiero a los organismos y personas[15];  y la dinámica de la misma, esto es la impresión, el empaquetado, el transporte, y lo que constituía el momento más trascendental de todo el proceso: su publicación y predicación[16]. Todo esto complementado por lo necesario para entender los orígenes, el papel de la jerarquía eclesiástica y los resultados de este privilegio tan caro a la Corona[17].

 

Don José Antonio Benito ha pretendido –y lo ha conseguido- presentar de una manera completa y sistemática un tema que hasta el momento no había encontrado quien lo abordara. Ello sucedía, como acabo de señalarlo, por la dificultad de la empresa, que el profesor Benito supo asumir y superar con éxito, ofreciéndonos este libro que desde ahora será consulta obligatoria para quienes quieran estudiar algún aspecto de la Bula de Cruzada en Indias. Es ya un tópico decir de algún libro que viene a llenar un vacío existente, pero en este caso, dicha expresión es rigurosamente cierta. Lo ambicioso de la empresa, sin embargo, impedía agotar las muchas posibilidades que ofrecía un tema que hasta el momento no se había abordado. Es por lo que a lo largo de sus páginas se van sugiriendo nuevas investigaciones de la Bula en el período indiano como aquellas que apuntan a aspectos más bien hacendísticos o al estudio más pormenorizado de algunos de los tribunales más importantes.

Pero la historia de la Bula de Cruzada no termina en las Indias occidentales, sino que producida que fue la independencia, siguió su andadura histórica en las jóvenes repúblicas hispanoamericanas del siglo XIX y aún en el siglo XX. Obviamente este período queda fuera de este libro cuya temática se había planteado desde el primer momento sin considerar este período posterior. Pero en sus páginas el profesor Benito, así como sugiere nuevas investigaciones en el período indiano, hace lo mismo sugiriendo nuevas investigaciones acerca del desarrollo y de las vicisitudes de este instituto en las naciones americanas independizadas.

He hablado del Derecho Canónico que es un derecho en que lo religioso indudablemente está muy presente. Hay otro derecho que, no obstante no ser un derecho confesional sino ser derecho estatal, está igualmente fuertemente influido por lo religioso. Desde hace algunos años en Europa y muy recientemente en nuestro continente ha venido desarrollándose una nueva rama en el añoso árbol del derecho llamada Derecho Eclesiástico del Estado. Se trata de las normas que, desde el derecho de los Estados, regula la dimensión religiosa de los ciudadanos considerada como un factor social que el Estado no puede desconocer. Se trata de normas de la más variada naturaleza –constitucional, civil, procesal, penal, financiera, tributaria- que desde sus respectivas perspectivas jurídicas regulan lo religioso. La Bula de Cruzada incide de lleno en esta nueva rama del derecho que encuentra, ahora, un nuevo tema, del todo sin estudiar, para analizar una de las variadas manifestaciones de la regulación jurídico-estatal de lo religioso en las diversas naciones hispanoamericanas tanto en el siglo XIX como en el siglo XX. El profesor Benito, así, ha abierto una nueva línea de investigación que se presenta promisoria.

 

Un libro vale no sólo por lo que dice, sino también por lo que insinúa y sugiere. La obra de José Antonio Benito no sólo dice mucho –nada menos que nos presenta por primera vez este instituto indiano de manera completa y sistemática-, sino que se sugiere mucho. El valor del mismo es, pues, doble.

 

El interés del profesor Benito por los temas americanos no es reciente. Su tesina[18] en la Universidad de Valladolid versó sobre la protección de los indígenas en los concilios y sínodos americanos, una de las páginas hermosos de la historia de la Iglesia americana que en esos años, como ahora, no escatimaba esfuerzos por la defensa de lo que hoy llamaríamos los derechos humanos de los indígenas. De él surgieron algunos trabajos parciales publicados en revistas de reconocido prestigio[19]. Largas horas de trabajo pasó en esa oportunidad el profesor Benito en Salamanca con quien era el profesor de historia del Derecho Canónico en la Universidad Pontificia salmantina, don Antonio García, que precisamente por esos años se incorporaba al Pontificio Comité de Ciencias Históricas[20], aportando al interior de ese organismo vaticano la inquietud por lo americano. Por esos años, el interés del profesor Benito por América era más bien un interés académico, pero no un interés académico cualquiera, pues fue ese interés intelectual el que le llevó a hacer su tesis doctoral en la misma Universidad de Valladolid sobre el tema que ahora nos reúne. Poco a poco, sin embargo, ese interés intelectual se fue convirtiendo en un interés vital. Sus investigaciones con ocasión de su tesis doctoral lo trajeron a América a consultar diversos archivos americanos, y ello le fue abriendo la posibilidad de que su opción por América no fuera sólo una opción intelectual sino que fuera aún mucho más allá, una opción que pasara, al menos por un tiempo prolongado, por compartir toda su vida y todo su quehacer con los latinoamericanos. Es la razón por la que este libro se presenta hoy en Lima con su autor entre nosotros. De esta manera, estamos presentando un libro español escrito en España por un español, pero no por un español cualquiera, sino por un hijo de España que ha querido compartir, al menos una parte de su vida terrena, con quienes somos hijos de esta patria grande que es América Latina.

 

Agradezco a don José Antonio Benito la oportunidad que me ha brindado de presentar su libro. Agradezco a don José Antonio Benito su opción intelectual por América que ha enriquecido el conocimiento de parte de nuestra historia con la valiosa investigación que realizó y que se ha materializado en el libro que estamos presentando. Agradezco a don José Antonio Benito la opción de vida que lo ha traído a compartir con nosotros su experiencia universitaria, sus virtudes y su fe. Y agradezco a ustedes, señores y señoras, la benevolencia de haberme escuchado. Muchas gracias.



[1]  J. A. Benito Rodríguez, La bula de cruzada en Indias (Fundación Universitaria Española, Madrid 2002), 425 págs.

[2]  Texto de la presentación hecha en Lima en el mes de septiembre de 2003 en la sede del Instituto Riva Agüero. Se han eliminado las palabras de ocasión y se han agregado algunas notas.

[3]  C. Salinas Araneda, Una aproximación al Derecho Canónico en perspectiva histórica, en Revista de Estudios Histórico-Jurídicos 18 (1996), pp. 289-360.

[4]  El primer Código de Derecho Canónico fue promulgado por Benedicto XV en 1917 y el segundo, en actual vigencia, por Juan Pablo II en 1983.

[5]  J. Manzano Manzano, La incorporación de las Indias a la Corona de Castilla (Ediciones Cultura Hispánica, Madrid 1948).

[6]  J. Metzler (ed.), America Pontificia. Primi saeculi evangelizationis 1493-1952, Vols. 1-2 (Librería Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1991); Vol. 3: Documenti pontifici nell'Archivio Segreto Vaticano riguardante l'evangelizazzione dell'America: 1592-1644 (Librería Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1995).

[7]  La bibliografía sobre estas asambleas indianas es extensa. Por todos puede verse A. García y García, El asociacionismo en la historia de la Iglesia y en el ordenamiento canónico, en AA.VV., Asociaciones Canónicas de fieles (Blibliotheca Salmanticensis Estudios 91, Universidad Pontificia de Salamanca, Salamanca 1987), pp. 21-41.

[8]  Código de Derecho Canónico, canon 396 = Código de Cánones de las Iglesias Orientales, canon 205.

[9]  A. Guzmán Brito, Andrés Bello codificador. Historia de la fijación y codificación del derecho civil en Chile 1 (Ediciones Universidad de Chile, Santiago 1982), pp. 50-51.

[10]  Cfr. cánones 76-84 del Código de Derecho Canónico y cánones 1531-1535 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales.

[11]  Benito (n. 1), p. 35.

[12]  G. De Escalona y Agüero, Gazophilacium regium perubicum (Madrid 1775), p. 243, cit. por Benito (n. 1), p. 20.

[13]  Benito (n. 1), p. 20.

[14]  J. Goñi, Historia de la Bula de Cruzada en España (Vitoria 1958). Un extracto en Diccionario de Historia Eclesiástica de España 1 (Madrid 1972), s.v. Bula de Cruzada.

[15]  Capítulo I: Definición y concepto; Capítulo II: Aproximación histórica; Capítulo III: El Tribunal de Cruzada en Indias; Capítulo IV: Los hombres del Tribunal: características; Capítulo V: Los protagonistas del Tribunal: cargos específicos; Capítulo VI: Extensión territorial.

[16]  Capítulo VII: Impresión; Capítulo VIII: Empaquetado y transporte de las bulas; Capítulo IX: Publicación y predicación.

[17]  Capítulo X: Papel de la jerarquía eclesiástica; Capítulo XI: Recaudación y rendimiento económico de la bujla.

[18]  J. A. Benito Rodríguez, Promoción humana y social del indio a través de los sínodos y concilios (1551-1622) (Universidad de Valladolid, Valladolid 1986), 243 h.

[19]  J. A. Benito Rodríguez, La promoción humana y social de los indígenas en los sínodos y concilios americanos (1551-1622), en Revista de Estudios Histórico - Jurídicos 12 (1987-1988), pp. 299 - 328.

[20]  El Pontificio Comité de Ciencias Históricas es un organismo de la Curia Romana instituido por Pío XII el 7 de abril de 1954, como continuación de la "Comisión cardenalicia para los estudios históricos" fundada por León XIII en 1883. Representa a la Santa Sede como miembro del "Comité internacional de ciencias históricas" con el fin de colaborar al desarrollo de la ciencia histórica mediante la cooperación internacional. Desde su fundación actúa, además, como sub-comisión de la Santa Sede en la "Comisión internacional de historia eclesiástica comparada".


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miércoles, 28 de octubre de 2015

UN RATITO CON EL ESPÍRITU SANTO. Ungidos para sonreír P. Carlos Rosell

https://www.youtube.com/watch?v=eLhpDoJQP6w

UN RATITO CON EL ESPÍRITU SANTO. Ungidos para sonreír

P.  Carlos Rosell (Paulinas, Lima, 2014, 193 pp)

¡Qué alegría me da recibir y reseñar este nuevo librito de bolsillo del P. Carlos en la fiesta del Señor de los Milagros! Me parece un milagro que en medio de tantas ocupaciones pastorales y académicas en el Seminario, la Facultad, con los sacerdotes, con los catedráticos, con los jóvenes, con los mayores…siga fiel a su vocación-misión de darnos lo mejor de su contemplación, de su reflexión, de su acción…

Les comparto en primer lugar un fragmento de una de las charlas a la Renovación Carismática en la plaza de toros de Acho en la que como un gran maestro torea a lo divino sobre "su" más querido tema (María) y el del presente libro (el Espíritu Santo). Arranca con la anécdota sobre Karol –el monaguillo que fue Papa- que se distraía en la Misa y gracias a su papá comenzó a orar al Espíritu Santo.

Como es habitual en él, comienza con el chistecito, en el primero habla de "Uno de tres", luego –en la escuela del Papa Francisco- nos presenta tres verdades bien fundadas en la Sagrada Escritura y el magisterio patrístico y papal, para caldear el corazón y animar a ponerlo en práctica. Uno acaba sintiendo al Espíritu Santo como lo más normal, como lo cotidiano. Y me encanta su devoción mariana como muestra la culminar su prólogo: "Entrego este libro a la Santísima Virgen, la mujer llena del Espíritu Santo. Y, además, elevo mis oraciones a la Madre de Dios para que todos los que lean este modesto libro reciban abundantes luces del Espíritu Santo, de modo que tengan "los mismos sentimientos de Cristo Jesús" (Flp 2,5).

Algunos de los 31 capítulos: Señor y dador de vida; el Acompañante de Jesús; la Belleza de la Iglesia; María, obra maestra del ES; templos vivos; somos ungidos; soldados de Cristo; el Agua Viva; los dones y los frutos del ES; el espíritu de la verdad; la unidad; la alegría; el don de lenguas; el Abogado; el carisma del celibato;  pecados contra el ES; descanso en el Espíritu. Con este epígrafe termina la obra. Éstas son sus últimas palabras: "El ES nos lleva a descansar como verdaderos hijos de Dios Padre, hermanos de Jesús e hijos de María. ¡Con la fuerza del ES, descansaremos siempre en los brazos amorosos de nuestro Padre Dios, en el corazón de Jesús, Nuestro Señor, y en el Inmaculado Corazón de María, Nuestra Madre!" (p.184)
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LA PIEDAD POPULAR, CAMINO DE ENCUENTRO CON DIOS. P. Pedro Hidalgo Díaz

Panel en el Seminario

 

UNA IGLESIA AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD

PRESENCIA DE DIOS EN LA REALIDAD PERUANA, con motivo de los 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II

14 de octubre de 2015

 

Pedro Hidalgo Díaz, pbro.

 

LA MISIÓN DE CRISTO SE CONCRETÓ EN DAR DIOS

Nos convoca este seminario titulado A 50 años del Concilio Vaticano II, Una Iglesia al servicio de la sociedad. El título es muy elocuente pues expresa lo esencial de la misión de la Iglesia: servir. Una Iglesia servidora es una Iglesia fiel al Divino Maestro, quien dijo claramente: «No he venido a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate por muchos». Servir al hombre es la causa de Jesús y, consecuentemente, la causa de la Iglesia. Y pues el hombre vive en sociedad, la Iglesia está al servicio de la sociedad, como Jesús. El como Jesús cualifica el talante diaconal de la Iglesia.

¿Cómo sirve Jesús? ¿Cuál es su servicio fundamental? ¿Qué vino a traer al mundo? Citando al papa emérito Benedicto XVI podemos preguntar: «¡Qué ha traído Jesús realmente, si no ha traído la paz al mundo, el bienestar para todos, un mundo mejor? ¿Qué ha traído?» y con Él podemos responder: «Ha traído a Dios. Aquel Dios cuyo rostro se ha ido revelando primero poco a poco… Ha traído a Dios: ahora conocemos su rostro, ahora podemos invocarlo. Ahora conocemos el camino que debemos seguir como hombres en este mundo. Jesús ha traído a Dios y, con Él, la verdad sobre nuestro origen y nuestro destino; la fe, la esperanza y el amor» (Jesús de Nazaret, 69-70).

Si la misión de Jesucristo se concretó como dar Dios, entregar y posibilitar una experiencia de Dios, es ésa también la misión de la Iglesia, prolongadora y continuadora de la obra de Jesús, el Señor.

Servir a la sociedad supone para la Iglesia, primariamente, indicar la presencia de Dios. Esa es su misión fundamental siempre. Y de modo especial en el contexto de un mundo secularista en el que se pretende vivir sicut Deus non daretur. Puede dar la impresión, sobre todo en nuestro mundo seducido por el positivismo científico y un presunto racionalismo, por la eficacia en las soluciones a los problemas, que la Iglesia haya de buscar otra dirección en su actuar, sin embargo, la labor fundamental de la Iglesia en nuestro tiempo tiene que ser vivir la fe cristiana. Vivirla y no sólo enseñarla. «La Iglesia no tiene que ser construida sino más bien vivida»[1]. «La Iglesia no puede hablar sólo de fe sino que también tiene que vivirla»[2]. Se trata de la «fe sencilla y rica: nosotros creemos que Dios existe, que Dios tiene que ver con nosotros. Pero ¿cuál Dios? Un Dios con un Rostro, un Rostro humano, un Dios que reconcilia, que vence el odio y da la fuerza de la paz que ningún otro puede dar. Es necesario hacer entender que el cristianismo es en realidad muy sencillo y, consecuentemente, muy rico»[3].

 

LOS CAUCES DE LA EXPERIENCIA DE DIOS

La experiencia cristiana, o mejor, la experiencia de Dios que el católico puede vivir tiene variados cauces. Y es que la Iglesia cree que Dios actúa, más aún, que Jesucristo se hace presente de muchas maneras. Pablo VI en la encíclica Mysterium fidei transmite esa convicción eclesial dando un elenco de modos de presencia del Señor en su Iglesia:

 

a)    En la asamblea que ora.

b)    En la Iglesia que se entrega a las obras de caridad.

c)    En la Iglesia que predica el evangelio.

d)    En la fe de los creyentes (Ef 3, 17).

e)    En la Iglesia que gobierna.

f)     En el ministerio del sacerdote que celebra la Misa.

g)    En la administración de todos los sacramentos.

El mismo Beato Papa Pablo VI apoyó decididamente la piedad popular, afirmando ante todo la existencia de esta forma de vivencia de la fe extendida en toda la Iglesia, indicó la minusvaloración que a veces se hace de ella y el redescubrimiento casi generalizado de la religiosidad popular. Reconociendo los límites que puede tener esta forma de expresión de la fe indica claramente sus valores cuando está bien orientada. Por eso el Beato Pablo VI señala la preferencia de denominarla piedad popular en vez de religiosidad popular[4]. Un cambio de nombre sugestivo, pues reconoce un auténtico valor para la unión del fiel con Dios en estas manifestaciones de fe. Evangelii nuntiandi reclama de los pastores sensibilidad frente a la religiosidad popular, percepción de sus dimensiones interiores y de sus valores innegables. La visión de la religiosidad popular emergente de esta Exhortación apostólica es sumamente positiva aun afirmando sus posibles riesgos de desviación.

El documento de Puebla hace una valoración de la religiosidad popular reconociendo su existencia en el continente y llamándole catolicismo popular. En el número 444 se lee:

«Por religión del pueblo, religiosidad popular o piedad popular, entendemos el conjunto de hondas creencias selladas por Dios, de las actitudes básicas que de esas convicciones derivan y las expresiones que las manifiestan. Se trata de la forma o de la existencia cultural que la religión adopta en un pueblo determinado. La religión del pueblo latinoamericano, en su forma cultural más característica, es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular.»

Al describir la piedad popular el documento de Puebla, con mirada pastoral penetrante, presenta generosamente los valores que en ella se encuentran. El número 454 del documento expresa esa riqueza:

«Como elementos positivos de la piedad popular se pueden señalar: la presencia trinitaria que se percibe en devociones y en iconografías, el sentido de la providencia de Dios Padre; Cristo, celebrado en su misterio de Encarnación (Navidad, el Niño), en su Crucifixión, en la Eucaristía y en la devoción al Sagrado Corazón; amor a María: Ella y "sus misterios pertenecen a la identidad propia de estos pueblos y caracterizan su piedad Popular" (Juan Pablo II, Homilía Zapopán 2: AAS 71 p. 228), venerada como Madre Inmaculada de Dios y de los hombres, como Reina de nuestros distintos países y del continente entero; los santos, como protectores; los difuntos; la conciencia de dignidad personal y la fraternidad solidaria; la conciencia de pecado y de necesidad de expiación; la capacidad de expresar la fe en un lenguaje total que supera los racionalismos (canto, imágenes, gesto, color, danza); la Fe situada en el tiempo (fiestas) y en lugares (santuarios y templos); la sensibilidad hacia la peregrinación como símbolo de la existencia humana y cristiana, el respeto filial a los pastores como representantes de Dios; la capacidad de celebrar la fe en forma expresiva y comunitaria; la integración honda de los sacramentos y sacramentales en la vida personal y social; el afecto cálido por la persona del Santo Padre; la capacidad de sufrimiento y heroísmo para sobrellevar las pruebas y confesar la fe; el valor de la oración; la aceptación de los demás».

 

NOTAS DEL CATOLICISMO POPULAR LATINOAMERICANO

Pero viniendo más en particular a las notas que caracterizan al catolicismo popular latinoamericano podemos decir, con Jorge Seibold, que «en su religiosidad los fieles viven su relación con Dios de un modo personal, familiar, cercano. Esto implica un trato cordial y de tonalidades afectivas, donde el lenguaje verbal se ayuda de la presencia de lenguajes no verbales como son las imágenes, sacramentales, rituales y simbolismos, que actualizan la presencia de lo divino. Aunque la fe los impulsa y los mueve estos fieles no poseen suficiente instrucción religiosa. Recién en los últimos años está entrando en ellos el aprecio por la escucha y la lectura de la Palabra de Dios. También aunque gustan de participar en fiestas y peregrinaciones religiosas a los grandes santuarios no suelen concurrir con la misma asiduidad y fervor a los actos litúrgicos que se realizan en las iglesias de su vecindad.»[5]. Esta vida de fe y sabiduría abre un riquísimo ámbito de interioridad que se expresa en una vida de oración sencilla, vocal, contemplativa y sin mayores razonamientos. Para muchos de ellos la oración es como la respiración, que los acompaña todo el día

La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida es especialmente generosa al tratar de la piedad popular. Al tratar de esta realidad subtitula «La piedad popular como espacio de encuentro con Jesucristo». El n. 258 del Documento expresa: «El Santo Padre destacó la "rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos", y la presentó como "el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina". Invitó a promoverla y a protegerla. Esta manera de expresar la fe está presente de diversas formas en todos los sectores sociales, en una multitud que merece nuestro respeto y cariño, porque su piedad "refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer". La "religión del pueblo latinoamericano es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular", profundamente inculturado, que contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana».

Pasando al ámbito de la descripción, Aparecida indica que «entre las expresiones de esta espiritualidad se cuentan: las fiestas patronales, las novenas, los rosarios y vía crucis, las procesiones, las danzas y los cánticos del folclore religioso, el cariño a los santos y a los ángeles, las promesas, las oraciones en familia. Destacamos las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí, el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres. La decisión de partir hacia el santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve, derramando toda la carga de su dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual»[6].

 

Particular importancia da Aparecida al santuario. Afirma que «Allí, el peregrino vive la experiencia de un misterio que lo supera, no sólo de la trascendencia de Dios, sino también de la Iglesia, que trasciende su familia y su barrio. En los santuarios, muchos peregrinos toman decisiones que marcan sus vidas. Esas paredes contienen muchas historias de conversión, de perdón y de dones recibidos, que millones podrían contar»[7]. El santuario es visto como un espacio de encuentro con el Misterio, con Dios, un encuentro que es eficaz y produce una experiencia de amor divino mediante los dones y favores recibidos o la experiencia del perdón. Es lugar de encuentro con  Dios, un encuentro que hay que preparar, acompañar, sostener.

Es preciso valorar la piedad popular y no considerarla «un modo secundario de la vida cristiana, porque sería olvidar el primado de la acción del Espíritu y la iniciativa gratuita del amor de Dios. En la piedad popular, se contiene y expresa un intenso sentido de la trascendencia, una capacidad espontánea de apoyarse en Dios y una verdadera experiencia de amor teologal». Es por eso que se puede llamar mística popular, pues el encuentro con el amor de Dios que se puede dar en las manifestaciones de la piedad popular es «expresión de sabiduría sobrenatural, porque la sabiduría del amor no depende directamente de la ilustración de la mente sino de la acción interna de la gracia. Por eso, la llamamos espiritualidad popular. Es decir, una espiritualidad cristiana que, siendo un encuentro personal con el Señor, integra mucho lo corpóreo, lo sensible, lo simbólico, y las necesidades más concretas de las personas. Es una espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos, que, no por eso, es menos espiritual, sino que lo es de otra manera». Este importante reconocimiento de la piedad popular como camino espiritual, posibilidad del encuentro con Dios, requiere una seria reflexión que lleva a una convicción y determinación de fomentar con respeto y fiel acompañamiento las manifestaciones de la piedad popular.



[1]       J. RATZINGER, Ser cristiano en la era neopagana, 118.

[2]       J RATZINGER, Ser cristiano en la era neopagana, 127.

[3]       «Alla fine la fede è semplice e ricca: noi crediamo che Dio c΄é, che Dio c'entra. Ma quale Dio? Un Dio con un Volto, un Volto umano, un Dio che riconcilia, che vince l'odio e dà la forza della pace che nessun altro può dare. Bisogna far capire che in realtà il cristianesimo è molto semplice e di conseguenza molto ricco». (BENEDICTO XVI, Encuentro con el clero de Val d'Aosta, 25 de julio de 2005).

[4] «Tanto en las regiones donde la Iglesia está establecida desde hace siglos, como en aquellas donde se está implantando, se descubren en el pueblo expresiones particulares de búsqueda de Dios y de la fe. Consideradas durante largo tiempo como menos puras, y a veces despreciadas, estas expresiones constituyen hoy el objeto de un nuevo descubrimiento casi generalizado. Durante el Sínodo, los obispos estudiaron a fondo el significado de las mismas, con un realismo pastoral y un celo admirable.

La religiosidad popular, hay que confesarlo, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religión, es decir, a las supersticiones. Se queda frecuentemente a un nivel de manifestaciones culturales, sin llegar a una verdadera adhesión de fe. Puede incluso conducir a la formación de sectas y poner en peligro la verdadera comunidad eclesial.

Pero cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente "piedad popular", es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad.

La caridad pastoral debe dictar, a cuantos el Señor ha colocado como jefes de las comunidades eclesiales, las normas de conducta con respecto a esta realidad, a la vez tan rica y tan amenazada. Ante todo, hay que ser sensible a ella, saber percibir sus dimensiones interiores y sus valores innegables, estar dispuesto a ayudarla a superar sus riesgos de desviación. Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo.» (Evangelii nuntiandi, 48).

[5] Véase el artículo de Jorge Seibold, «Los lenguajes de la mística popular» en  Stromata, Año LXI, Nº ¾, Julio-Diciembre 2005,195-204.

[6] Aparecida, 259.

[7] Aparecida 260.

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lunes, 26 de octubre de 2015

LA MUJER EN LA DEVOCIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

LA MUJER EN LA DEVOCIÓN AL SEÑOR DELOS MILAGROS

El año 2001, con motivo del 350 aniversario de la imagen del Señor de los Milagros, el Papa San Juan Pablo II envió una conmovedora carta personal firmada con su puño y letra al Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, denominando al Cristo Moreno "primer misionero de Lima" y señalando su devoción como la más multitudinaria de Latinoamérica. Además, se unió espiritualmente "al gozo de tantos limeños y peruanos por esta oportunidad singular de encontrarse de nuevo con Cristo, que ha querido manifestar su cercanía entrañable a través de esa imagen secular, exhortándoles ardientemente a renovar su fe y a fortalecer su esperanza".

En 1995, Año Internacional de la Mujer, el mismo Pontífice escribió una bella carta sobre las mujeres para "dar gracias al Señor por su designio sobre la vocación y la misión de la mujer en el mundo" como agradecimiento concreto y directo a las mujeres, a cada mujer, por lo que representan en la vida de la humanidad: mujer-madre, mujer-esposa,  mujer-hija y mujer-hermana,  mujer-trabajadora,  mujer-consagrada,…¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas".

La presente muestra quiere también rendir un sentido homenaje a las mujeres que desde el primer momento, dedicaron lo mejor de sí al Señor. Le ofrecieron su canto como las hermanas cantoras, el incienso como las sahumadoras, su total consagración al Señor como las nazarenas. Y tantas anónimas que le brindan sus flores y su belleza, sus oraciones y devoción, sus sacrificios y donación, su ternura y compasión. Hacemos memoria de algunas protagonistas que sirven como representantes: Antonia Maldonado, Josefa de la Providencia, doña Pepa, Isabel Rodríguez de Larraín

SAHUMADORAS

Participaron en los primeros homenajes al Cristo de Pachamamilla en 1671 y en los recorridos procesionales desde 1687 hasta hoy. En la actualidad, suman 320 las integrantes. En los tiempos del Virreinato era costumbre, entre las familias distinguidas, enviar a las procesiones a sus criadas de confianza como sus representantes; vestidas con el tradicional hábito morado llevaban pebeteros de plata labrada y oro quemando en sus braseros el aromático olor –compuesto por carbón de sauce, una mezcla de incienso y mirra- para limpiar y proporcionar un ambiente agradable al Señor y como símbolo y representación de sus plegarias. Las Sahumadoras "confeccionan las alfombras de flores, decoran el atrio y el altar Mayor, para que el Señor, a su regreso a Las Nazarenas, encuentre la casa muy bonita".

CANTORAS

Actualmente, el grupo está integrado por más de doscientas sesenta cantoras; se dividen en cuatro sectores, cada uno de los cuales cuenta con unas sesentaicinco, que se van turnando. Todas visten el tradicional hábito morado y mantilla blanca. Sus voces, incansables, se dejan escuchar en todo el recorrido, sin ser apagadas en ningún momento por las bandas de músicos.

CARMELITAS NAZARENAS

Las Madres Carmelitas han sido y son el alma de este culto multisecular. Se guardan en su archivo, las profesiones, las dotes, los testimonios de su fervorosa dedicación, los documentos del proceso de beatificación de Madre Antonia Lucía. El reciente Museo es una muestra de su generoso compartir el patrimonio de belleza artística y espiritual custodiado por varios siglos. Su carisma no es otro que el de la orden carmelitana descalza, muy sintonizada desde Santa Teresa con la devoción al Cristo llagado y crucificado

 

Antonia Maldonado. En vida religiosa Antonia Lucía del Espíritu Santo, fervorosa dama ecuatoriana, quien había fundado en el Callao un Beaterio, al que denominó Colegio de Nazarenas, luego trasladado a Lima cerca del actual templo y primera en aceptar el encargo de Sebastián de Antuñano de consagrarse de por vida al Señor.

 

Josefa de la Providencia. Superiora que sucede a la fundadora Sor Antonia Lucía, y quien, tras 18 años de lucha, consiguió que en 1720 el rey de España, Felipe V, y el Papa Benedicto XIII, en 1727, otorgaran la licencia y aprobación para la fundación del Monasterio de las Nazarenas y su transformación en el monasterio de clausura agregado a la Orden de las Carmelitas Descalzas.

Doña Pepa y su turrón. El nombre de la creadora del exquisito y emblemático manjar se debe a una mujer que vivía en un fundo algodonero, en el Valle de Cañete: Josefa Marmanillo, Doña Pepa. Ella fue curada milagrosamente de una parálisis y para demostrar su agradecimiento al Señor por tal maravillosa obra elaboró el famoso turrón que compartió con los más allegados, quienes lo bautizaron con el nombre de Turrón de Doña Pepa.

Isabel Rodríguez-Larraín, autora del Himno. Todo el fervor y las manifestaciones populares ha sido recogido de forma admirable por el himno: creado por Isabel Rodríguez Larraín en 1954, que nació en Lima, en una casa ubicada frente a la iglesia de San Marcelo, el 5 de julio del 1903 y falleció el 28 de abril de 1991, cuando estaba a punto de cumplir los 88 años de edad. 

 

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domingo, 25 de octubre de 2015

LA TEJEDORA VEGUETANA en el MUSEO DE LA CULTURA PERUANA

Texto enviado gentilmente por Miguel Angel Silva Esquen, después de su conferencia en el Museo de la Cultura Peruana. Fotos del CEPAC, gracias a Angélica Carazas


LA  TEJEDORA  VEGUETANA

 

Porque en Végueta nací

tejo la mejor estera,

y usté  verá que es así,

cuando la tenga, casera.

 

Porque a mi tierra, señora,

Dios lua dado, por fortuna

una bonita laguna

dionde saco la totora.

 

Este oficio lua aprendía,

de mi agüela y de mi madre,

y yo lo enseño a mi hija,

le cuadre o no le cuadre.

tendrá que ser tejedora,

no cabe duda, ninguna,

mientras crezca la totora

en la bendita laguna.

 

La esterita veguetana,

sirve de camita al pobre,

de cortina a la ventana

pues, solo vale unos cobres;

y, sia caso a usté lo cae,

mucha gente, de improviso,

no se priocupe, casera,

y tienda su estera en el piso.

 

Lo cuento, quiantes, las casas

las hacían de totora,

y solo con una estera

la puerta estaba tapada.

Es que la gente de entonces

era modelo de honrada,

y no como la de ahora,

que roba, tanto señora.

 

Y lo contaré la historia,

de mi veguetano suelo,

igual que me la contó

El finadito, mi agüelo:

Decía, quiuna mañana,

cuando sacaba totora,

sia apareció di repente,

"La Escuadra Libertadora".

 

Entonces, los veguetanos,

como valientes peruanos

no se hicieron esperar,

al llamado del clarín,

porai sioye comentar,

quien no faltó tejedora,

que lo tejió con totora

una esterita a San Martín.

 

Por eso yo tengo a orgullo,

Ser cholita, bien peruana,

Y más, por añadidura:

¡Tejedora Veguetana¡

 

 

FLOR DE MARÍA DRAGO PERSIVALE

Huacho, 1925-1982. 

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sábado, 24 de octubre de 2015

LOS SANTOS, TESTIGOS DE LA BELLEZA EN PERÚ Y ECUADOR. X Encuentro Binacional Perú-Ecuador

Espléndida iniciativa para afianzar la paz entre los países vecinos y hermanos, un día enfrentados por la guerra. Me ha conmovido saber que alrededor de cien jóvenes ecuatorianos están albergados en familias de Carabayllo y saber que están "como en casa". Más de 300 jóvenes apostando por un mundo nuevo, como quiere el Papa, haciendo lío, creando lazos, viviendo el gozo del Evangelio, dando lo que más de su potencial joven. Muy agradecido por su invitación. Les comparto el texto que preparé para la ponencia. Su atención, su oración, su entusiasmo, nos hizo vivir un encuentro muy gozoso.


LOS SANTOS, TESTIGOS DE LA BELLEZA EN PERÚ Y ECUADOR

 

José Antonio Benito Universidad Católica Sedes Sapientiae, 24 de octubre 2015, UNI, Lima (Perú

 

 

Quiero comenzar agradeciendo a la Comisión Episcopal "Iglesia en diálogo con la sociedad" la gentil invitación a participar y a ustedes su presencia.

Hace unos años,  a petición de Oficina Nacional de Catequesis Familiar escribí el libro PERUANOS SANTOS (Valores de los DISCÍPULOS Y MISIONEROS santos, beatos y siervos de Dios en Perú) y lo dediqué "A los jóvenes llamados por Juan Pablo II a ser los santos del Tercer Milenio porque prenderán fuego al mundo". Quería ser una respuesta agradecida a la formidable dedicación a los jóvenes de nuestro querido Papa Juan Pablo y en particular su desafío al culminar el jubileo juvenil en el bimilenario del nacimiento de Cristo. Sus últimas palabras –tomadas de Catalina de Siena- fueron: "Jóvenes, si son lo que tienen que ser, prenderán fuego al mundo".

Amigos jóvenes, les pido desde ya oraciones para que ese deseo se haga realidad entre nosotros: prender fuego al mundo, como quería Catalina, como quería Juan Pablo, como quiso Cristo: "he venido a prender fuego y qué quiero sino que arda"

Este fuego es verdad que ilumina, bondad que calienta, belleza que embalsama, la que Cristo prendió en su vida y sigue viva gracias al Espíritu Santo presente en su Iglesia, en cada uno de ustedes. Es la Vida en abundancia que Cristo nos entregó y nos entrega a cada instante y que se ha encarnado de modo sobresaliente en los santos, en su vocación y en su misión.

Me gustaría compartirles lo que soy por vocación, profesión y misión. Laico bautizado, historiador, misionero.

Como siempre me ha gustado el fútbol quiero recordarles la selección mundial de santos que nos propuso el Papa Francisco con motivo de la vida consagrada, para presentarles luego mi combinado Perú y Ecuador de 20 campeones de la santidad, entre los santos, beatos y algunos siervos de Dios.  Siempre estará presente lo que el Papa coloca al inicio de su exhortación Evangelii gaudium «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» y se refleja con sorprendente en los santos, como trasparencia de la belleza y la alegría de Cristo.

 

Para comenzar: Cristo, santo de los santos,  nuestra única belleza. Rosa de Lima nos lo presenta

Uno de los mejores biógrafos de Santa Rosa, L. Hansen, habla en su capítulo  XVI de Cristo como "flor del campo" para Rosa:

Era Rosa flor en la obras y en el nombre. Así que procuraba, poniendo de ello gran diligencia, que en ningún  tiempo del año estuviesen los altares sin el adorno conveniente de flores. Para esto tenía en el jardín divididos varios cuadros y en uno de ellos muchas albahacas. Pronto en cultivarlas, regarlas y cuidarlas todo cuidado; porque siendo el olor y el nombre que algunos le dan de planta real, le parecía que este era el tributo más a propósito para rendir homenaje al "que es Rey de los siglos invisible é inmortal". Correspondía la planta agradecida a la industria cuidadosa de su jardinera; y cuando más pomposa y más ufana se mostraba en el huerto, tanto más alegraba a Rosa. Pero como el gozo de las flores siempre es fugitivo y breve, una mañana halló la virgen su vistosa albahaca, no sólo seca y marchita, sino del todo muerta y arrancada por sus raíces. Llena de sentimiento, hasta llegó a derramar algunas lágrimas, por no poder adornar con ella en adelante el altar de su amado. Había salido apenas del jardín cuando encontró a Jesucristo, quien hablándola con afabilidad y blandura, la dijo: "¿Qué es lo que sientes? ¿qué  dolor es el que penetra tu corazón? ¿Acaso yo, que soy la flor del campo, no soy mejor y más hermoso en tu aprecio que las albahacas todas y todo el vergel florido del Paraíso? Y para que entiendas que  yo solo he de ser tu albahaca, yo soy el que con estas manos la arranqué por las raíces, yo el que quebrantó sus ramas, el que arrojó esas matas que has llorado por muertas. ¿Eres tú flor vistosa y amas las flores? Vesme aquí, aquí me tienes, en quien más gloriosamente podrás emplear tus amores." Aprendió Rosa en esta lección mística el mucho amor que debía a su Esposo, pues la amaba tan tiernamente que le atormentaban los celos, aun de cosas tan indiferentes como las flores.

"Pongamos los ojos en la belleza del Crucificado y todo será fácil" nos alertaba Santa Teresa. Que nada ni nadie nos robe la mirada ni el corazón. Como decía Pablo: "Todo lo considero basura –fealdad- si no me lleva a Cristo". Lo cantó bellamente San Juan de la Cruz en su ´"cantico espiritual": Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras. Es la perla preciosa del Evangelio. Si has descubierto el Todo no te quedes con la nada. Es lo que nos ofrecen los consagrados; dejan todo por el Todo. Y quiero comenzar por aquí, mirando su ejemplo.

Estamos culminando en el 2015 el año dedicado a la vida consagrada y acabamos de celebrar el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa . Dos acontecimientos trascendentales para nuestra iglesia y nuestro mundo. En el libro de la vida, la santa abulense, doctora de la Iglesia, pone en boca de Cristo la lapidaria exclamación: "¡Qué sería del mundo si no fuese por los religiosos!" (V 11). Se la dice el Señor a Santa Teresa para animarla a la fundación del Monasterio de San José, el primero y decisivo para la renovación del Carmelo: "Que se serviría mucho en él, y que se llamase San José, y que a la una puerta nos guardaría él, y nuestra Señora la otra, y que Cristo andaría con nosotras, y que sería una estrella que diese de sí gran resplandor" (V 32, 11). Santa Teresa nos propuso un camino hacia la felicidad, aquella que consiste en vivir sólo para Dios y para los otros, olvidándonos de nosotros mismos por amor: "Esta casa es un cielo, si le puede haber en la tierra, para quien se contenta sólo de contentar a Dios y no hace caso de contento suyo" (Camino 13, 7).

El Papa Francisco ha escrito una bellísima carta con motivo del Año de la Vida Consagrada en la que destaca que "no sólo afecta a las personas consagradas, sino a toda la Iglesia. Me dirijo, pues, a todo el pueblo cristiano, para que tome conciencia cada vez más del don de tantos consagrados y consagradas, herederos de grandes santos que han fraguado la historia del cristianismo". Y a continuación nos da toda una selección de 12 figuras de la santidad, toda una selección mundial del santo campeonato por la perfección, por la santidad. "¿Qué sería la Iglesia sin san Benito y san Basilio, san Agustín y san Bernardo, san Francisco y santo Domingo, sin san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Ávila, santa Ángela Merici y san Vicente de Paúl?  La lista sería casi infinita, hasta san Juan Bosco, la beata Teresa de Calcuta".

Benedicto XVI en "Verbum Domini" unió la Biblia con los santos de modo muy bello: "Cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios". Sí, cada santo consagrado brilla con luz propia al encarnar en su vida la Palabra. Podríamos decir que es una biblia en acción, un evangelio abierto aquí y ahora. Ojalá que estas breves semblanzas nos estimulen a vivir este encuentro de gracia, tal como el Papa Francisco nos propone en el Año de la Vida Consagrada en el 2014 y en el inminente del Año de la Misericordia 2016: con gratitud, con pasión, con esperanza: "Sólo con esta atención a las necesidades del mundo y con la docilidad al Espíritu, este Año de la Vida Consagrada se transformará en un auténtico kairòs, un tiempo de Dios lleno de gracia y de transformación".

Cuentan que un buen día se acercó a Francisco de Asís un campesino y le dijo: ¡Qué gran santo eres!. El Hermano le dijo: "Y tú Paolo, tú también puedes ser santo". Como éste se echase a reír y no diese crédito a San Francisco, se le quedó mirando fijamente a los ojos y le sonrió: ¡Sí, Paolo, tú también puedes ser santo. A ti también te ama Dios". Esto es lo importante, amigos, que Dios nos amó primero, que Dios nos ama como somos, que Dios ama en nosotros al mundo entero. Así, seremos perfectos como Él es perfecto. Así, todo lo podremos en Él que nos conforta. Sí, amigo, si tú haces lo posible, Dios hará en ti lo imposible. Los santos nos dicen con sus vidas que es posible. Los ha habido de toda edad y lugar, de toda condición y cultura; con sus defectos, con sus pecados, creyeron en el amor de Dios y lo pusieron en práctica. Uno de ellos, joven como tú, Domingo Savio, con sólo 15 años, nacido hace 150 años, pregonaba con gozo: "Aquí, hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres, sin pecar". El recientemente beatificado, Alberto Marvelí, líder italiano, en la plenitud de su juventud escribió: "Mi único programa es la santidad".

El Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud del 2008 proclama con decisión a los jóvenes de todo el mundo: "Queridos amigos, sed santos, sed misioneros, porque nunca se puede separar la santidad de la misión (cf. Redemptoris missio, 90). No tengáis miedo de convertiros en santos misioneros como San Francisco Javier, que recorrió el Extremo Oriente anunciando la Buena Noticia hasta el límite de sus fuerzas, o como Santa Teresa del Niño Jesús, que fue misionera aún sin haber dejado el Carmelo: tanto el uno como la otra son «Patronos de las Misiones». Estén listos a poner en juego vuestra vida para iluminar el mundo con la verdad de Cristo; para responder con amor al odio y al desprecio de la vida; para proclamar la esperanza de Cristo resucitado en cada rincón de la tierra".

 

NUESTRO COMBINADO DE SANTOS PERUANO-ECUATORIANOS

Leemos en la Exhortación apostólica Ecclesia in America: "La expresión y los mejores frutos de la identidad cristiana de América son sus santos. En ellos, el encuentro con Cristo vivo  'es tan profundo y comprometido [...] que se convierte en fuego que lo consume todo, e impulsa a construir su Reino, a hacer que Él y la nueva alianza sean el sentido y el alma de [...] la vida personal y comunitaria'.  América ha visto florecer los frutos de la santidad desde los comienzos de su evangelización. Este es el caso de santa Rosa de Lima (1586-1617), 'la primera flor de santidad en el Nuevo Mundo' (…) Después de ella, el santoral americano se ha ido incrementando hasta alcanzar su amplitud actual.

Las beatificaciones y canonizaciones de consagrados de América ofrecen modelos heroicos de vida cristiana desde nuestra perspectiva, de discípulos y misioneros de Jesucristo, que quieren que los pueblos de América, del Caribe y del mundo entero en Él tengan vida en abundancia. Como discípulos predilectos de Cristo nos señalan con preclara sabiduría aquello que plasmaría para siempre la enseñanza conciliar: "Todos los cristianos de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor" (LG 40); particularmente los consagrados son los llamados a vivir lo que la encíclica Veritatis Splendor nos enuncia: "Jesús pide que le sigan y le imiten en el camino del amor, de un amor que se da totalmente a los hermanos por amor a Dios" (VS 20), develándose con claridad que el cristiano es llamado al discipulado, a la santidad y consecuentemente a la misión.

"Es evidente que los caminos de santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad, verdadera y específica, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona" (NMI 31). Por otro lado los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno. Es una  llamada a todos para proponerles este alto grado de la vida cristiana ordinaria. Ya cuando se forjaba la cultura latinoamericana, y también en los siglos siguientes,  encontramos testigos y discípulos de Jesucristo, privilegiados por el amor de Dios, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, que han respondido a este ideal cristiano, cumpliendo el mandamiento nuevo, conformando sus vidas según las bienaventuranzas, siendo modelos de santidad,  intercesores y amigos en la fe, que nos acompañan en nuestro peregrinar. Recordemos a algunos, nacidos en estas tierras.

Unos y otros vivieron en Perú o Ecuador, algunos en los dos. De Martín de Porres por ejemplo sabemos que su padre Juan, al volver de Guayaquil, legaliza su situación reconociendo oficialmente a sus dos hijos, aunque no llega a desposarse. A los dos lleva a Ecuador para ser educados con un preceptor. Martín, a sus trece años, aprende castellano, aritmética y caligrafía. Tras dos años de estancia en la ciudad portuaria de Guayaquil, deja a su hija con su tío Santiago y se lleva a Martín a Lima. Narcisa, natural de Ecuador, escucha de su director espiritual: Si quieres ser santa debes ir a Lima; lo hizo y aquí se santificó hasta el final de su vida.

 

 

·         1. Santa Rosa de Lima (1586-1617), en la capital del virreinato peruano, vivía la caridad de Cristo y enseñaba a los de su tiempo, con sus obras y sus exhortaciones, cómo había que encarnar el Evangelio. La confianza en la Santísima Virgen y en Jesús, como también el amor al Señor en la Eucaristía, alentaban su caridad misionera y su contemplación. Como discípula del amor del Señor Crucificado, compartía sus sufrimientos. La valoración de la gracia la llevó a vivir la hondura de una relación esponsal con Dios. Fue la primera santa, nacida en tierras latinoamericanas, cuya santidad fue proclamada por la Iglesia. El mismo Catecismo de la Iglesia Católica recoge el perfume de la vida de nuestra santa en dos frases antológicas: "Fuera de la Cruz no hay otra escala por donde subir al cielo" (n. 618) "Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús" (n.2449). Cuenta Micaela de la Maza, hija de los contadores de Cruzada, que santa Rosa le decía: quitarme a mí el cantar es como quitarme el vivir. Por esta razón la vio muchas veces que se ponía a cantar y a tañer una guitarra, unas veces con cuerdas y otras sin ellas...y decía muchos loores a Nuestro Señor y a su bendita Madre, pidiéndoles por muchas personas conocidas suyas.

2. San Martín de Porres (1579-1639), hermano dominico, despierta gran devoción a las más diversas latitudes del mundo. Era un mulato que amaba la vocación que había recibido, y quería ser coherente con ella. En el ejercicio de sus distintos oficios testimoniaba la caridad del Maestro. "Perdonaba las más grandes injurias, ponía  todo su empeño en retornar al buen camino a los pecadores; socorría con amor a los enfermos; procuraba comida, vestido y medicina a los pobres, lo que le valió el apelativo de Martín de la Caridad" (Homilía de canonización). Su caridad universal le llevará a convertir el convento en hospital. Sabe que el amor es la ley suprema. De este modo, una tarde se encuentra en la plaza con un enfermo vestido de andrajos y devorado por la fiebre. Le carga sobre sus espaldas, le lleva al convento y le acuesta en la cama. Al ser reprendido por uno de los frailes:

- ¿Cómo traéis a clausura enfermos?

El santo, con paciencia serena, contesta con sencillez:

- Los enfermos no tienen jamás clausura.

Un día por la noche encuentra un herido a quien le han clavado un puñal. Le acoge en su celda con la idea de trasladarle a casa de su hermana en cuanto mejore. El Provincial dominico le impone a Fray Martín una penitencia que cumple al pie de la letra. El Superior, sin embargo, enferma y requiere los cuidados del Santo:

- No tuve más remedio que imponerte esa penitencia.

Contesta Fray Martín:

- Perdone mi desatino, pues pensaba que la santa caridad debía tener las puertas abiertas.

Ante respuesta tan contundente y evangélica, el Provincial concluye:

- Bien está lo que hiciste. Desde este momento el convento será vuestro segundo hospital. Podéis traer a él cuantos enfermos queráis.

 

3. Santo Toribio de Mogrovejo (1538-1606), patrono del episcopado latinoamericano, dio convincente prueba de su fe y su talante misionero. Dejando su patria y su profesión para asumir la sede arzobispal de Lima, acepta a los 39 años la ordenación sacerdotal en Granada, y después la episcopal en Sevilla. Convocó concilios y sínodos para formación del clero y la elevación moral del pueblo de Dios. Su espíritu misionero lo condujo a predicar el evangelio, bautizar y confirmar hasta los rincones más apartados de su arquidiócesis, en prolongadas visitas pastorales, realizadas con grandes sacrificios.  Como discípulo de Jesús vivió en oración y anunció la Buena Noticia, irradiando paz y alegría, pero sin doblegarse ante quienes lo acusaban y contradecían. Gobernó la Iglesia con voluntad pastoral, y  se dedicó a evangelizar con un amor conmovedor a los pueblos indígenas, que lo llamaban "padre santo". Exigía para ellos un trato digno, como a "hombres libres y vasallos de la Majestad Real", y que se les enseñara en su lengua. Famoso fue el Catecismo trilingüe de Santo Toribio en español, quechua y aimara. 

Antonio León Pinelo, su primer biógrafo, rescata una preciosa anécdota. Aunque el prelado había tenido una jornada agotadora, avisó que, como siempre, se levantaría temprano. Al decirle su hermana Grimanesa que por qué tan pronto, respondió:

"No es nuestro el tiempo, es muy breve y hemos de dar cuenta de él...Y concluye el biógrafo: "Y he ponderado de la vida de este gran varón que en 25 años que rigió la iglesia de Lima no trató de otra cosa que de su salvación...Fue su vida una rueda, un movimiento perpetuo que nunca paraba. Y si la vida del hombre es milicia en la tierra, bien mereció el título de soldado de Cristo Señor Nuestro, pues nunca faltó a lo militante de su iglesia para conseguir el premio en la triunfante".

 

4. San Francisco Solano. Nace en Montilla (Córdoba) en 1549, un año después que el prudente Pedro Lagasca, pacificase Perú tras la victoria sobre Gonzalo Pizarro en Xaquixaguana. Estudia en el recién creado colegio de los Jesuitas y a los 20 años viste el sayal franciscano, haciendo su profesión en 1570. Pertenece a la familia denominada de la Regular Observancia. A los dos años se traslada al convento de Nuestra Señora de Loreto (Sevilla) donde alternó el estudio de la teología con la oración y la penitencia. Escoge la celda más pequeña e incómoda del convento, bien próxima al coro donde pasaba buena parte de su tiempo. Allí recibió la ordenación sacerdotal y, como tenía muy buena voz, le nombran director de coro y predicador. El 3 de marzo de 1589 partía el barco en el que iba también el nuevo virrey del Perú, don García Hurtado de Mendoza. Debe trasmontar los Andes, cruzarlos, llegar a Cuzco para tomar el camino que conduce a El Callao. Aquí comenzaba la bajada abrupta y sinuosa hasta Salta y, más abajo, a las llanuras del Tucumán. Todo este trayecto hubo de hacerlo a pie o en pobres cabalgaduras. Honda huella dejará la vista de la "Mamita de Copacabana" (Bolivia) y su estancia en Potosí; allí le sorprendió la fiesta del Poverello. El superior, fray Jerónimo Manuel, comenzó la copla: "Tal enamorado/ nunca se ha visto, / pues fue con Cristo/ de amores llagado". Veintiún años más tarde todavía rememoraban aquella fiesta: "El padre Solano le tomó la copla y comenzó a cantar y a bailar juntamente delante de todos con tanto espíritu y fervor, y con tanta alegría, que traía el rostro tan abrasado en el fuego del amor de Dios, y de manera fue el regocijo que suspendió a los circunstantes y les hizo verter lágrimas". En noviembre de 1590 llega a su destino. Regenta la diócesis Fray Fernando Trejo y Sanabria. Allí permanece 5 años como misionero y doctrinero de Socotonio y la Magdalena. Su caridad y mansedumbre, netamente franciscanas, así como la pobreza de su hábito, la austeridad de su vida y la alegría de su semblante ganaron el corazón de los indios. Se aplicó al estudio de su lengua, especialmente la toconoté, que le enseñara el capitán Andrés García de Valdés. El violín era una ayuda formidable para su labor evangelizadora. En 1595 vuelve a Lima, convento de San Francisco de la Observancia, donde se fraguaban los criterios y decisiones que regían la vida franciscana en toda Sudamérica. En la Ciudad de los Reyes, viven Rosa de Lima recién confirmada con 9 años, Martín de Porras con 16 y el arzobispo Toribio de Mogrovejo a sus 57 años giraba su tercera visita por la diócesis limense.

Un día, Solano danza delante del Santísimo, saca coplas de enamorado a María y canta villancicos andaluces al Niño Dios. Contagia a los hermanos; fray Juan Navarrete, que le reprende por estas "irreverencias", termina tarareando él mismo coplas de su tierra en honor del Creador.

            Su sencillez encantadora nos la narra su acompañante fray Mateo Pérez: "Un día, estando en una ermita del convento de la "recolecta" para decir misa, y el señor marqués de Salinas don Luis de Velasco, virrey, presente en la ermita para ayudarla, como solía hacer, este testigo fue a la iglesia del convento por lumbre para encender las velas. Y el bendito siervo de Dios, en el entretanto, se puso a cantar chanzonetas en alabanza de Nuestro Señor y de su santa madre. De que el virrey quedó admirado, mostrando en sí gran gozo y contento de ver aquel acto [...] Este testigo le oyó cantar cuando llegó con la luz para decir la misa, y vido las acciones que el virrey hizo de contento".

Llegamos al 12 de julio de 1610. Es la hora del perdón comunitario y de la renovación de los votos. Se le interroga solemnemente, y el Padre Francisco sólo puede asentir. Comulga, cierra los ojos y queda en silencio de paz. Parece soñar dulcemente. De repente, un respiro y una palabra: "María. ¿Dónde está Nuestra Señora?". "Está de fiesta y le espera, vestida de Reina" - dirá el padre predicador Mendoza. A la mañana siguiente, le despierta el beso del negrito fray Antón, quien le susurra: "¿Se acordará de mí?". Francisco lo afirma por tres veces. Por fin, muy suavemente: "Hermano, persevere en el servicio de nuestro Señor y verá la vida eterna". Corre el 14 de julio de 1610, Solano luce en el Sol eterno. De la fama de su santidad habla bien a las claras que los primeros en acudir a la conducción del cadáver fuesen el virrey Marqués de Montesclaros y el arzobispo Lobo Guerrero; en la iglesia, la guardia de alabarderos apenas si puede contener a la multitud. En 1675 es beatificado y en 1726 llega su canonización.

 

 5. San Juan Macías

El 23 de enero de 1949, desde Olivenza (Badajoz), la cocinera Leandra Rebello Vásquez no podía dar crédito a lo que vieron sus ojos. Se encontraba en el Hogar de Nazaret, colegio de niños acogidos a la Protección de Menores, regentado por una institución religiosa fundada por el párroco del pueblo don José Zambrano. Era domingo y, además de la comida para los 5O chavales, había de preparar alimentos para los pobres de la población. Los bienhechores designados para ese día no trajeron  los alimentos. La criada encargada de preparar la comida, advirtiendo la exigua cantidad de arroz (unos 750 gramos), la arrojaba para su cocción al tiempo que se abandonó en su paisano beato Juan Macías:"¡Oh Beato, hoy los pobres se quedarán sin comida!".

 A continuación, aquella minúscula cantidad de arroz, al cocer, fe vista crecer de tal modo que al instante fue preciso trasladarla a una segunda olla; lo que se hizo una y otra vez. La multiplicación del arroz duró cuatro horas de una a 5 de la tarde cuando el recipiente que rebosaba fue apartado del fuego por mandato del párroco. Del alimento gustaron hasta hartarse los chicos del hogar, como la ingente multitud de pobres y necesitados. Leandra Rebello, protagonista del milagro de este "conquistador espiritual", presente el 28 de septiembre de 1975 en la canonización de Juan Macías, es digna sucesora de espíritus tan sencillamente magnánimos

 Nace nuestro santo en Ribera del Fresno, el 2 de marzo de 1585. En la Navidad de 1613, se despidió de sus familiares y amigos para marchar a Sevilla rumbo a América. Se embarcaría como criado de algún mercader que pagara su viaje y le diera un trabajo como medio de vida. 6 años de espera entre Jerez de la Frontera y Sevilla templaron su espíritu en la paciencia y perseverancia. Allí convive con mendigos y labradores, camina con los arrieros, se mezcla con los pobres que se amontonaban en las puertas de los conventos. En 1619 embarcó en Sevilla rumbo a Cartagena de Indias con un mercader, prestando sus servicios de pastor. Aquí pudo tratar con misioneros deseos de evangelizar las nuevas tierras. Al llegar a Cartagena se queda sin trabajo y sin sueldo. No obstante, reparte y socorre a los más necesitados con lo poco que tenía, recorre los templos de la ciudad y busca trabajo para ganarse el pan de cada día. En 1620 se dirige hacia Lima. Camina a sus 34 años por la ruta abierta por sus paisanos: Bogotá, Pasto, Quito... Se detiene en Pacasmayo para honrar la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe y llega por fin a Lima. Aquí trabaja como pastor, en San Lázaro, al servicio de Pedro Jiménez Melacho. En 1622 entra como lego dominico en el convento de Santa María Magdalena. En el nuevo convento, se sentirá como pez en el agua. Su compañero, otro santo, san Martín de Porras, el popular Fray Escoba, le animará a seguir practicando su amor fraterno y su humildad. También él era lego y también portero. Al finalizar el mes de agosto de 1645 enfermó de disentería. Su celda era visitada por los pobres y los ricos. A su cabecera se hallaba el virrey, marqués de Mancera. Murió el 17 de septiembre de 1645, contaba 6O años. Gregorio XVI le beatificó en 1837 y Pablo VI le canonizó en 1975.

 

6. Santa Mariana de Jesús (1618-1645), la Azucena de Quito, como fiel discípula de Cristo, "quería amar y abrazar lo que Cristo amó y abrazó, despreciar y desechar lo que el mundo ama y ansía…" De ahí que su vida de oración, penitencia y caridad iluminaban la vida de su pueblo. Su encuentro vivo con Jesucristo la llevaba a un compromiso radical con el prójimo. Aprovechando las ocasiones que se le presentaban, vivía el amor preferente de Jesús por los más afligidos y necesitados. Para remediar las necesidades humanas, repartía pan entre los mendigos, visitaba a los enfermos y consolaba a las familias desoladas por el castigo o la cárcel. También fue una excelente catequista teniendo una especial preocupación por los niños indígenas.

Es conocida como la Azucena de Quito por un suceso sobrenatural que le es atribuido: durante la convalecencia de la enfermedad que le aquejaba tras el sacrificio ofrecido, parte de los tratamientos médicos consistían en sacarle sangre que la muchacha de servicio echaba en una maceta del huerto, y en la misma nació días después una bellísima azucena. Es por eso que en la mayor parte de sus representaciones aparece con ésta flor entre sus manos o cerca de ella.3

7. San Miguel Febres (1854-1910) Hermano de las Escuelas Cristianas, recordando como discípulo el ejemplo del Maestro, que tuvo compasión por la ignorancia de su pueblo y le enseñaba en las colinas, puso todos sus esfuerzos en "la educación integral de las nuevas generaciones, movido por la convicción de que el tiempo dedicado a la formación religiosa y cultural de la juventud es de gran trascendencia para la vida de la iglesia y de la sociedad. ¡Con cuánto amor y  dedicación este apóstol de la escuela se entregó a los miles de niños y jóvenes que pasaron pos sus aulas durante largos años de su vida como educador!" (Juan Pablo II, Homilía de Canonización, 24 de octubre de 1984).

 

8. Santa Narcisa de Jesús (1833-1869). Nació en Ecuador, en la localidad de Nobol, cerca de Guayaquil, en 1833. Sus padres eran agricultores y fue la sexta de nueve hijos. Era aficionada a la costura, al servicio doméstico, también al canto y la guitarra. En la sencillez de los quehaceres domésticos se fue convirtiendo en una contemplativa enamorada de Dios; le gustaba retirarse a un bosquecillo cerca de su casa. Quiso seguir el ejemplo de la vida de la santa también ecuatoriana Marianita de Jesús (1618 – 1645. Tuvo como consejero al gran franciscano Pedro Gual, campeón de la defensa de la Inmaculada y de la inefabilidad del Papa. Le orientó decididamente en su vocación religiosa e ingresó como hermana de la Tercera Orden de San Francisco en nuestra Lima, en el convento dominico del Patrocinio, ubicado en la Alameda de los Descalzos. Aunque residía con las freilas o monjas con votos perpetuos, la Hermana Narcisa nunca hizo votos, pero se le permitió participar de la vida comunitaria. Tanto los religiosos como los laicos que frecuentaban el beaterio se percataron de la alta espiritualidad de Narcisa. Murió en el día de la inauguración del Concilio Vaticano I, ofreciendo sus últimos sufrimientos por este importante evento eclesial. Lima se agolpó a dar el último adiós a esta ecuatoriana tan querida por los limeños en virtud de su santidad.  Juan Pablo II la beatificó el 25 de octubre de 1992 y la canonizó el 12 de octubre del 2008, destacando "el ejemplo de su vida pura y piadosa, trabajadora y apostólica… nos muestra un camino de perfección cristiana asequible a todos los fieles"

9.  Beata Ana de los Ángeles (1602-1686) En 1985 tuvo lugar la inolvidable visita del Papa Juan Pablo II a nuestra Tierra. En aquella oportunidad, ante miles y miles de peruanos, beatificó, esto es, proclamó bienaventurada, a la primera que en Arequipa ha conseguido ese galardón. Fue la cuarta hija de los ocho del matrimonio formado por Sebastián de Monteagudo (natural de Villanueva de la Jara, Cuenca) y Francisca de León (arequipeña, hija del ex-corregidor Juan Ruiz de León). Vivían en unas casas detrás de las huertas y solares del convento de Nuestra Señora de las Mercedes. Su padre era comerciante, agricultor y dueño de una pulpería en el mismo domicilio, y después cerca de la Plaza de Armas, frente al templo de la Compañía. Era familiar del Santo Oficio o Inquisición. A los tres años fue entregada al Monasterio de Santa Catalina para ser educada por las religiosas. Allí estuvo hasta los 11 años, momento en que se le retiró para desposarla. Según el testimonio del capellán del Monasterio, Marcos de Meliá, tuvo una visión de Santa Catalina de Siena por la que un niño, Domingo, le mostraba el hábito dominicano y le llevó al convento. Una vez allí fue acogida con gran alegría por sus maestros. Domingo se encargó de avisar a sus padres que se negaron a aceptar tal gesto; su madre llegó incluso a decir: "Vete allá y no regreses más ni vuelvas a poner pie en esta casa", negándole la dote que tuvo que darle su hermano Francisco, futuro sacerdote.  Tras la profesión pública en 1619-1620 se dedicó por entero a Dios a la edad de 13-14 años. A fines de 1648 fue elegida priora por un período de tres años; tal evento fue motivo de burla y escarnio por parte de algunas religiosas que la consideraban pobre y sin capacidad para el mando. Sabemos sin embargo por el testimonio de la seglar Francisca de Monteagudo que su discurso de aceptación del cargo maravilló a todas. Nos narra Catalina de Cristo que en tal momento tomó las llaves del convento, las puso delante del Crucifijo del Coro y pidió que le dieran otra responsabilidad puesto que consideraba que no tenía ni capacidad de hablar ni de escribir para acometer dignamente las obligaciones de priora. Tan aceptó cuando escuchó la voz del Crucifijo: "Toma las llaves y gobierna, yo te ayudaré".

.Como Priora no tuvo temor en reclamar la puntual observancia de la Regla y las Constituciones que las monjas habían profesado vivir. Tuvo una devoción especial por las almas del purgatorio que según sor Catalina de Cristo (Butrón) fue motivada por un libro sobre San Nicolás de Tolentino a quien ella procuró imitar.

 Su celda era muy sencilla y contaba con una frazada y un colchón roto.

 Juan Pablo II, en su visita a Perú, la beatificó el 2 de febrero de 1985, destacando lo siguiente:

"En ella admiramos sobre todo a la cristiana ejemplar, la contemplativa, monja dominica del célebre monasterio de Santa Catalina, monumento de arte y de piedad del que los arequipeños se sienten con razón orgullosos [...] Todos encontraron en ella un verdadero amor. Los pobres y humildes hallaron acogida eficaz; los ricos, comprensión que no escatimaba la exigencia de conversión; los Pastores encontraron oración y consejo; los enfermos, alivio; los tristes, consuelo; los viajeros, hospitalidad; los perseguidos, perdón; los moribundos, la oración ardiente".

 

 

10. Beato P. Luis Tezza (1841-1923). En Lima vivió más de 20 años prodigando su caridad exquisita por doquier hasta que el Señor le llevó consigo en 1923. Acá se inició el proceso de canonización y aquí –la mañana del 5 de enero de 1994- se dio el milagro que le ha llevado a la gloria de Bernini. Justo enfrente de la Clínica que lleva su nombre y en la persona del albañil Domingo Nieves quien se salvó milagrosamente de perecer entre escombros, cuando laborando en un foso de cinco metros donde se iban a colocar las vigas se le cayeron encima cinco toneladas de piedras; los 4 albañiles y el ingeniero Pastor Chang escucharon su grito: "¡Dios mío, padre Luis Tezza, sálvame!".

Juan Pablo II compendió su vida como "ejemplo fúlgido de una existencia entregada totalmente al ejercicio de la caridad y de la misericordia para con cuantos sufren en el cuerpo y en el alma. Para ellos fundó el instituto de las Hijas de San Camilo, a las cuales enseñó a poner en práctica una confianza absoluta en el Señor: "¡La voluntad de Dios! Ésta es mi única guía –exclamaba-, el único objetivo de mis anhelos, al que quiero sacrificar todos". En este abandono confiado a la voluntad de Dios, tuvo como modelo a la Virgen María, amada con ternura y contemplada particularmente en el momento del fiat y en la presencia silenciosa al pie de la cruz".

 

11. Beato José Calasanz Marqués (1872-1936). Este salesiano colosal fue uno de los miles de mártires de la incivil Guerra Civil Española de 1936 a 1939 y que tuvo a su cargo la actual parroquia del Sagrado Corazón en el distrito limeño de Magdalena del Mar. Conoció a Don Bosco en la visita que hizo a Barcelona en 1886, ya que era entonces interno en la incipiente Casa Salesiana de Sarriá. Habiendo profesado a los 18 años, cinco años más tarde, en Navidades de 1895, cantaba allí mismo su Primera Misa. Secretario del Siervo de Dios don Felipe Rinaldi durante diez años, se le encargó después de la dirección del Colegio de La Esmeralda en las Corts de Sarriá, que en 1905 se trasladaba a Matará. Dejó esta Casa en 1916 para dirigir la de Camagüey (Cuba), de donde pasó a ser Provincial de la Inspectoría Boliviano-Peruana. Aquí, nada más llegar en 1923, el entonces arzobispo de Lima, Monseñor Emilio Lissón lo nombró vice párroco de la entonces viceparroquia de San Miguel y Magdalena del Mar, y desde 1925 de su Inspectoría de procedencia, la Tarraconense. Al regresar a Valencia, fue capturado junto con otros Salesianos mientras llevaba a cabo un Retiro

Habiendo pasado con los demás salesianos una semana en la cárcel de Valencia, fue detenido por unos milicianos de Mislata, que, al ver la sotana en su maletín, le preguntaron si era cura:

—Sí, soy Sacerdote Salesiano, respondió con calma y dignidad.

Fue conducido de pie en un camión hacia Valencia, y al llegar al Puente de San José, el disparo de un fusil que llevaba un mozalbete, desobediente a quien le indicaba el peligro anejo a la forma de llevar el arma, acabó con su vida el 29 de julio de 1936.

12. Beata Ascensión Nicol Goñi. 1868-1940. Española de origen navarro, la Madre Ascensión del Corazón de Jesús --Florentina Nicol Goñi, nació el 14 de marzo de 1868 en Tafalla. Ingresó en las religiosas dominicas de la Tercera Orden de Huesca, fue profesora y directora del colegio anexo al monasterio. Ella escribió una carta al mundo entero ofreciendo trabajo. Al año siguiente, se presentó el P. Ramón Zubieta en la portería del colegio: "Soy un misionero del Perú, de la Prefectura Apostólica de Santo Domingo de Urubamba y Madre de Dios, y vengo para hablar de misiones. Al poco tiempo el Padre fue nombrado obispo y a los pocos meses zarpaban todos para Perú. Viven por más de un año en el Beaterio de Nuestra Señora del Patrocinio y el 16 de junio de 1915 partía la primera expedición misionera de mujeres para la Selva. El Callao-Mollendo-Arequipa-Cuzco-Tirapata-Astillero-Puerto Maldonado. Allá comienzan a entablar amistad con la gente. Fundan un colegio internado para niñas. Madre Ascensión vivirá feliz: Unas veces tendrá que dejar su celda para una joven machiguenga, otras tendrá que aguantar la pobreza de la casa que con 18 internas y sin ninguna subvención carecía hasta de lo más necesario. Sin embargo, ella escribe: ¡Cuánto bien se hace, Madre mía, en nuestra Misiones y qué cerca del cielo se siente el ama en esas apartadas regiones!"

Es el inicio de la fundación de las Hermanas Dominicas del Santísimo Rosario, de las que fue la primera superiora general. El 24 de febrero de 1940 falleció en Pamplona (España).

13.  Beata Mercedes de Jesús Molina  Fundadora del Instituto de las Hermanas de Santa Mariana de Jesús. Nació en Baba, Guayaquil, el 24 de septiembre de 1828, hija de don Miguel Molina y Arbeláez y de doña Rosa Ayala y Aguilar. A los quince años de edad sufrió el gran dolor de perder a su madre; era entonces una bella jovencita que atraía poderosamente a muchos gentiles galanes que rondaban su casa con pretensiones amorosas, pero en 1849, cuando acababa de cumplir veintiún años, renunció a un brillante matrimonio, y al frente de un asilo de huérfanos se dedicó a la acción social y evangélica. Entonces repartió todos los bienes que había heredado de sus padres -destinándolos a obras para los pobres-, y colaboró con la incipiente Junta de Beneficencia de Guayaquil (institución de servicio social existente hasta nuestros días). Mercedes se entregó por entero a Dios y emitió votos de virginidad perpetua tomando el camino del sacrificio, la bondad, la oración y la meditación. Sucedió entonces que estando en oración contemplativa, siguiendo los pasos de Mariana de Jesús a quien imitaba en su amor a Dios, éste le manifestó, a través de un rosal florido, que fundaría un colegio religioso. En 1863 conoció a Narcisa de Jesús Martillo Morán, con quien compartió su casa por largo tiempo para ayudarse mutuamente en el camino de la cruz, y practicar juntas la virtud, la oración y la penitencia.  En 1870 viajó al oriente con el propósito de evangelizar a los jíbaros, y tres años más tarde, luego de cumplir con su labor cristiana a costa de muchos sufrimientos, el Señor la condujo a la ciudad de Riobamba donde el 14 de abril de 1873 vio cristalizado su deseo de fundar un instituto religioso, al que puso bajo el patrocinio de la santa quiteña Mariana de Jesús.  Posteriormente continuó llevando una vida ejemplar, de amor al prójimo y de sacrificio hasta el heroísmo, y debido al ayuno y la penitencia su cuerpo se fue debilitando poco a poco hasta que la muerte la sorprendió, en olor a santidad, el 12 de junio de 1883.  Juan Pablo II la beatificó el 1 de febrero de 1985, Guayaquil." El Obispo de Roma y Sucesor de Pedro ha venido hasta vosotros, para realizar el acto de la beatificación y elevación al honor de los altares de la humilde hija del Ecuador, la Madre Mercedes de Jesús Molina y Ayala, fundadora de las Religiosas Marianitas…Una humilde hija de esta tierra, la Beata Mercedes de Jesús Molina, recibe hoy aquí, no lejos de su aldea natal de Baba, entonces cantón de Guayaquil, hoy provincia de Los Ríos, el reconocimiento de sus virtudes. En ella veneramos una cristiana ejemplar, una educadora y misionera, la primera fundadora de una congregación religiosa ecuatoriana que como un inmenso rosal, según el sueño y la inspiración de la Madre, se extiende ya por diversas naciones, perfumando con su apostolado la Iglesia en América Latina.  Y es una alegría para todo el pueblo cristiano del Ecuador que desde hoy pueda venerar, junto a la «azucena de Quito», Santa Mariana de Jesús, a la «rosa de Baba y Guayaquil», la Beata Mercedes de Jesús. Ellas son perfume de santidad y poderosa intercesión celestial, ejemplo y estímulo de una auténtica vida cristiana para todos los hijos de esta tierra.

 

14-15-16 Beatos Mártires de Chimbote (5 diciembre 2015)

Miguel Tomaszek: 23-9-1960+ 9-8-1991

Nació el 23 de septiembre de 1960 en Lekawica (Polonia). Tras los estudios de primaria en su pueblo natal, cursó la secundaria en el seminario Menor de los Franciscanos Conventuales. Emitió sus votos religiosos el 1 de septiembre de 1981 en Legnica. Comienza sus estudios de Filosofía y Teología en Cracovia. Es ordenado sacerdote el 23 de mayo de 1987. Ejerce su primera misión sacerdotal en Pierigle, en el convento franciscano de Cracovia. Llega a Perú para organizar el primer convento en Pariacoto.

 

 Zbigniew Adan Strzalkowski, 3-7-1958 +9-8-1991

Nace el 3 de julio de 1958 en Tarnow. Cursa primara en Zawaola y continúa sus estudios técnicos en Tarnow. Ingresa en la orden franciscana conventual en 1979 y los estudios de filosofía y teología en 1980. Fue uno de los iniciadores del movimiento ecológico en el seminario de Cracovia. Fue ordenado sacerdote el 7 de junio de 1986. Su primer destino pastoral fue en el seminario Menor de Legnica. El 28 de noviembre de 1988 viene con el P. Jaroslaw Wysoczanski a Perú para abrir la primera comunidad en nuestra tierra, trabajando en Moro y Pariacoto.

Los dos misioneros, en unión del Padre Jarek fueron los fundadores del Convento de Pariacoto el 30 de agosto de 1989, con la misión de atender pastoralmente a cuatro parroquias rurales de la Cordillera Negra: Pariacoto, Yaután, Cochabamba y Pampas Grandes. Los tres soñaban con renovar la Orden, los tres visitaron en Varsovia la tumba del P. Jorge Popieluszko, mártir polaco de nuestro tiempo. La última celebración litúrgica en Polonia la vivieron en el Santuario de la Virgen de Rychwald, y que ellos llamaban "de Fátima" con la presencia de Monseñor Julián Groblicki, quien les entregó las cruces y les bendijo para su viaje misionero. Una vez concluida la misa de la noche del viernes 9 de agosto de 1991 en Pariacoto, los sacerdotes polacos P. Michel y P. Zbigniew, franciscanos, encargados de la parroquia del distrito se reunieron como habitualmente lo hacían con los animadores y catequistas para intercambiar opiniones y decidir las acciones que acometerían desde la parroquia en beneficio de la comunidad. Aquella noche un grupo de senderistas armados, con los rostros cubiertos, irrumpieron en la Casa Parroquial preguntando por los carros y solicitando que saliesen los padres. Ataron a los dos, ante la protesta de la Hermana Bertha, a quien contestaron los terroristas:

- No se preocupe, volverán, los necesitamos para una acción, por las dudas los atamos.

Los terroristas inquirieron por más religiosos o padres. Al decirle el P. Zbysek que vivían también tres postulantes, los terroristas los reclamaron, pero el Padre se negó: "No, ellos no. No son sacerdotes". Los terroristas no cejaron en su búsqueda hasta dar con los carros. Encontraron un largavista de la celda del P. Zbyszek. Al regresar ya no encontraron al P. Miguel. La Hermana Bertha comenzó a protestar sin que le hiciesen caso. Ordenaron a todos subir al auto y se dirigieron a la municipalidad donde encontraron el otro carro y al P. Miguel. Después de una violenta discusión entre los terroristas se dirigieron a Cochabamba. Enseguida obligaron a la Hermana Bertha a salir del auto; luego arrojaron una bomba incendiando el puente de Pariacoto. Hacia las 9 de la noche, camino a Pueblo Viejo, los padres y el alcalde fueron sacados del auto y tendidos en el piso, con rostro en tierra, les dispararon cobardemente en un acampado. El P. Miguel y el alcalde recibieron dos tiros en la nuca y el P. Zbyszek, un tiro cerca de la oreja y otro en la parte central de la columna vertebral.

 

. P. Alejandro Dordi.  Había nacido en Gromo San Marino (Bérgamo, Italia) el 22 de enero de 1931. Ordenado sacerdote el 12 de octubre de 1954, ingresó a la Comunidad Misionera de El Paradiso, formada por diocesanos. Desde allí fue enviado a trabajar al interior del país, luego a Suiza y a Perú, en 1980. En nuestra tierra se hizo cargo de la parroquia del Señor Crucificado de Santa (Chimbote), acompañando la formación de catequistas y de líderes rurales. Preocupado en formar comunidades, animó a la gente a caminar juntos sorteando todo tipo de dificultades. En 1983 trabajó decididamente al lado de la comunidad en la reconstrucción de los canales de regadío destruidos por las inundaciones de ese año. Promovió varios centros comunales como un centro destinado a la mujer que se convertiría posteriormente en un CEO en el que se dictan cursos de corte y confección, enfermería y secretariado. De igual modo desarrolló una constante labor con los jóvenes de Santa entre los que despertó un claro compromiso por la comunidad, logrando varias vocaciones.

Era un 25 de agosto de 1991, a las 3.30 de la tarde, cuando el Padre Sandro se dirigía a celebrar misa en Vinzos, pueblo de la sierra de Canta, cuando fue interceptado por unos encapuchados que bajaron a sus acompañantes de la camioneta y dispararon a quemarropa al Padre. El pueblo de Santa perdió un sacerdote y ganó un santo mártir.

 

17-18 CON EL SEÑOR DE LOS MILAGROS

El paso del Señor de los Milagros avanza incontenible,  se hace arrollador, con el paso del tiempo. Se habla de la procesión más larga de América, de símbolo emblemático de la identidad peruana  dentro y fuera de la patria, de expresión cultural afroperuana, cuaresma limeña, del gran misionero de Lima, aglutinante de los peruanos migrantes, la mayor fuente de trabajo para los informales de octubre, el principal estandarte religioso de los mega eventos católicos

De estos dos pilares fundacionales se conserva un vivo recuerdo como se manifiesta en las lápidas de los sepulcros en el interior del templo. El de Sebastián de Antuñano: "Aquí yacen los restos del Hermano Sebastián de Antuñano, nuestro cofundador de nación vizcaíno-español, quien desde el año 1684 se consagró a promover el culto y devoción a Nuestro Señor de los Milagros y cooperó eficazmente a la fundación del Beaterio de Nazarenas, actual Monasterio de Carmelitas Descalzas Nazarenas". . En 1684, Antuñano se había dirigido a la ermita del Señor de los Milagros y, mientras contemplaba la santa efigie, había sentido una voz interior que le susurraba claramente: «Sebastián, ven a hacerme compañía y a cuidar del esplendor de mi culto». Puesto de rodillas ante la imagen, le había ofrecido un servicio incondicional hasta la muerte

. De Madre Antonia Lucía: "Aquí yacen los restos de la Sierva de Dios, Madre Antonia Lucía del Espíritu Santo, fundadora del Instituto Nazareno, elegida por el Señor de las Maravillas para cuidar su culto y propagar su devoción. Falleció en olor de santidad en esta ciudad de Lima el 17 de agosto de 1709". Había nacido el 12 de diciembre de 1646 en Guayaquil, llegó al Callao y puso las bases de lo que hoy son las Carmelitas Nazarenas. Sin duda que la devoción a Nuestra Señora de la Nube se le debe a ella.

 

19. Gabriel García Moreno (1821-1875). Nace en Guayaquil, Ecuador. Pronto se distingue por su mente despierta y su corazón anhelante de nuevas conquistas. A los 15 años empieza a estudiar, en la Universidad de Quito, filosofía y leyes. Termina el doctorado con 25 años y se dedica a escribir y actuar como político católico. Viaja a Europa, vuelve a Ecuador. Empieza a ser perseguido por sus ideas políticas, por lo que sufre el exilio. Lee y estudia una cantidad enorme de libros de historia, filosofía, ciencias: su deseo de saber parece inagotable. Regresa nuevamente a su patria. Pasa, sin embargo, por un periodo de cierto apartamiento religioso, pues no acude ni a misa ni a la confesión, aunque públicamente defiende a la Iglesia católica. Un día, un ateo con el que discute le hace ver su incoherencia: ¿cómo alguien que promueve ideas católicas luego no practica lo que dice creer? Para Gabriel García esas palabras son la ocasión para dejarse tocar por la gracia y dar el paso hacia una profunda conversión. Se confiesa y desde entonces acude a misa cada día. Su carrera política lo lleva primero a ser alcalde de Quito (1857), luego senador y, finalmente, presidente de la República de Ecuador (desde 1861). Llega al poder en momentos difíciles para su patria, herida por luchas continuas y por gobernantes que han buscado, de un modo o de otro, eliminar de la vida pública cualquier huella de la fe católica. Desde su puesto de estadista, Gabriel García Moreno emprende una labor inmensa de reconstrucción, al mismo tiempo que reduce el gasto público. No olvida los valores católicos de su pueblo, por lo que busca promover la presencia de la fe también en la vida pública. En 1865 deja el cargo, pero a los 4 años vuelve a ser reelegido como presidente de Ecuador (1869-1875). En ese segundo periodo lanza el proyecto de consagrar su patria al Sagrado Corazón de Jesús. La idea es propuesta primero a los obispos, que la aprueban. Luego obtiene el voto favorable en el Congreso. Ecuador será el primer país del mundo en consagrarse al Corazón de Cristo, en el año 1873. Los enemigos y críticos no faltan, y Gabriel García vislumbra que la muerte puede llegarle en cualquier momento. No por ello deja de cumplir su deber. Mantiene una oración frecuente y participa siempre que puede a la misa y a otros actos de culto. Su vida espiritual queda reflejada en unas notas personales que puso en las últimas páginas de una copia de la "Imitación de Cristo", el famoso libro de Tomás de Kempis que García Moreno llevaba siempre consigo. En esas notas leemos lo siguiente: "Oración cada mañana, y pedir particularmente la humildad. En las dudas y tentaciones, pensar cómo pensaré en la hora de la muerte. ¿Qué pensaré sobre esto en mi agonía? Hacer actos de humildad, como besar el suelo en secreto. No hablar de mí. Alegrarme de que censuren mis actos y mi persona. Contenerme viendo a Dios y a la Virgen, y hacer lo contrario de lo que me incline. Todas las mañanas, escribir lo que debo hacer antes de ocuparme. Trabajo útil y perseverante, y distribuir el tiempo. Observar escrupulosamente las leyes. Todo ad majorem Dei gloriam exclusivamente. Examen antes de comer y dormir. Confesión semanal al menos". Durante el año 1875 la situación de su país se hace cada vez más tensa. Grupos de opositores, sobre todo entre los liberales, lanzan continuos ataques contra García Moreno. Incluso algunos hipotizan que pueda cometerse un magnicidio. A pesar del ambiente hostil, la mayoría de las fuerzas políticas deciden reelegirlo por tercera vez para ocupar la presidencia de Ecuador. Pero algunos ya han decidido asesinarlo. García Moreno sabe que sus días están contados. En julio de 1875, después de ser reelegido, escribe una carta al Papa Pío IX: "Ahora que las logias de los países vecinos, instigadas por las de Alemania, vomitan contra mí toda especie de injurias atroces y calumnias horribles, procurando sigilosamente los medios de asesinarme, necesito más que nunca la protección divina para vivir y morir en defensa de nuestra religión santa y de esta pequeña república... ¡Qué fortuna para mí, Santísimo Padre, la de ser aborrecido y calumniado por causa de Nuestro Divino Redentor, y qué felicidad tan inmensa para mí, si vuestra bendición me alcanzara del cielo el derramar mi sangre por el que, siendo Dios, quiso derramar la suya en la Cruz por nosotros!". A los pocos días, el 4 de agosto, dirige unas líneas a un amigo: "Voy a ser asesinado. Soy dichoso de morir por la santa fe. Nos veremos en el cielo". El día fatal llega dos días después. El 6 de agosto de 1875, Gabriel García Moreno va a misa a las 6 de la mañana. Los asesinos ven mucha gente en la iglesia, y deciden esperar. Un poco más tarde, el presidente se dirige a la catedral. Le dicen que alguien le espera fuera. Sale, y el grupo de asesinos se abalanza sobre él. Lo hieren a muerte con golpes de machete y armas de fuego. A los pocos minutos, después de recibir los sacramentos, fallece.

 

20. TERESITA, FRUTO DEL NUEVO MUNDO, A ZAGA DE LA HUELLA DE SU TÍA TERESA El influjo de su santidad ejemplar y lecciones que aún hoy pueden servirnos

 

Por último,  –considerando los 500 años del nacimiento de Santa Teresa- , quiere compartirles el fruto del estudio de una ecuatoriana deliciosa, sobrina de la gran santa, a la que he dedicado un libro y varios artículos.

Tal como escribe la Santa en su autobiografía, fueron doce hermanos: "éramos tres hermanas y nueve hermanos" (Vida I, 4) Siete de ellos se establecieron en América. Lorenzo, padre de Teresa, vino al Perú con la expedición de Vaca de Castro en 1540. Se avecina en Quito hacia 1549. El 1° de enero de 1550 fue nombrado regidor del cabildo y, el 23 del mismo mes, tesorero de las Cajas Reales. Desempeñó los cargos de teniente de gobernador y capitán general, así como de alcalde ordinario de la ciudad. El 18 de mayo de 1556 se casa con doña Juana de Fuentes y Espinosa, oriunda de Trujillo (Perú).  El 25 de octubre de 1566 nace Teresa. La educación fue la mejor que podía darse en una ciudad naciente que no contaba siquiera con un convento o colegio de niñas. La pequeña aprendió a leer y a escribir correctamente. Al llegar a Sevilla su tía queda prendada con la sobrina, la cual no ahorra calificativos: "La Teresa habrá ocho o nueve años, harto bonita y hermosa"(C. 86, 3). Su vivencia indiana estará siempre presente. Cualquier menudencia le sirve a la Santa para mencionar a Teresita. Así, al escribir a María de San José que las monjas no quieren la estameña tan cara, anotará "la de que se hacen las sayas por acá es como las que se hacían a Teresa, y más grosero" (C. 122, 1). O cuando da cuenta de que "no parece el 'Agnus Dei' / grande de Teresa, ni las dos sortijas de las esmeraldas" (C. 126, 4).

La joven Teresita, sobrina carnal preferida, será testigo de los tremendos sufrimientos de la Santa reformadora, pero sobre todo nos transmite la humildad, obediencia y paz gozosa con que lleva todos los contratiempos de la vida. Teresita graba fielmente en su retina los sublimes ejemplos de su tía. Nos fijamos en los aspectos más sobresalientes subrayados por ella tal como lo manifiesta sus declaraciones en los dos procesos, el primero el 22 de enero de 1596 donde menciona con frecuencia que "esta declarante" "vio", "estuvo presente". La segunda tuvo lugar el 9 de septiembre de 1610 en el Convento de San José ante el Dr. Pedro de Tablares, arcediano de la catedral, juez apostólico, ante Francisco Fernández de León, notario público apostólico, el mismo de 1598.

1.      La cautivadora sencillez y unción de sus libros: "Con ser tan desapegada e incrédula de las cosas de la Santa madre Teresa de Jesús, que la hacía la lectura del dicho libro un movimiento particular interior" (D2, 330).

2.      Su amabilidad: "Y así vio esta declarante muchas veces que se rendía al parecer de sus súbditas y se le pedía con gran humildad" (D2, 331) (...) "la grande humildad que tenía y del conocimiento de lo poco que en sí era, una grande estima de los prójimos y de cualquier virtud que en ellos veía" (D2, 332).

3.      Caridad social: "(...) del mismo amor que tenía a Dios la esforzaba tanto, que atendía a las necesidades de los prójimos y al consuelo como si no tuviera otra cosa a que acudir. Visitaba a las enfermas ..muy ordinario estaba oyendo a diferentes personas sus penas, sucesos y negocios (D2, 341).

4.       Siempre lo más perfecto: "Tenía hecho voto de hacer siempre lo más perfecto...De ordinario andaba alabando a Dios Nuestro Señor... Todos los trabajos le parecían pequeños por su amor, y así decía que le parecía pasara muchas muertes, porque un alma le sirviera" (D1, 192).     

A cubrir el vacío dejado por la muerte de Teresa en el convento de San José ayudaría la elección de nueva priora y la profesión de la joven. Cuenta 16 años y vivirá en San José hasta los 44. Los últimos días de su vida los dedicará al Informe para la canonización de su tía. La declaración será extensa, precisa y llena de fervor hacia la santa. Probablemente tuvo lugar en su propia celda, pues la hizo la víspera de su muerte. En ella campea la gracia a raudales y un sentimiento puro de gratitud, de anonadamiento ante la obra de Dios en las almas, particularmente en la de Santa Teresa, de la que ella ha sido testigo cualificado

Nos quedamos con cuatro lecciones: Leer buenos libros (formarse), amabilidad (humildad-coherencia), caridad (voluntariado-misericordia), lo más perfecto (alabando y actuando; en todo amar y servir).

 

 

CONCLUSIÓN

Jóvenes, amigos. Les dejo con un buen puñado de ejemplos de estas tierras ensantadas del Perú y Ecuador. El convertido escritor G. Bernanos sentenció: "La juventud es quien mantiene al resto del mundo a la temperatura normal; cuando la juventud se enfría al resto del mundo le castañetean los dientes". Y no se te olvide: "No digas que es imposible; di que todavía no lo has hecho". Ánimo, que puedes. No te canses nunca de estar empezando siempre. Todo está en dar un primer paso. ¿Te acuerdas del joven rico? Dice el Evangelio que Jesús, "mirándolo lo amó", pero le dio libertad: "Si quieres...". Mira a María, la mujer más limpia que el pecado, siempre joven, siempre virgen, siempre Madre. Pronunció un Sí, Hágase, en la Anunciación, que vivió durante toda su vida, especialmente en el ESTAR del Calvario. Su vida se convertirá en un magníficat de calidad total. Y, nuestro suelo, será un cielo. Hoy está de moda hablar de valores, paradigmas. Detrás de estos personajes hay grandes valores. Todos ellos tienen algo en común, su gran valía de verdad, coherencia, santidad. Les animo a encomendarnos a ellos para seguir al único Camino, Verdad y Vida que es Cristo. Lo hacemos con el Mensaje papal por la Jornada Mundial de la Juventud Cracovia 2016 «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7)

Después de haberles explicado a ustedes en modo muy resumido cómo ejerce el Señor su misericordia con nosotros, quisiera sugerirles cómo podemos ser concretamente instrumentos de esta misma misericordia hacia nuestro prójimo. Me viene a la mente el ejemplo del beato Pier Giorgio Frassati. Él decía: «Jesús me visita cada mañana en la Comunión, y yo la restituyo del mísero modo que puedo, visitando a los pobres». Pier Giorgio era un joven que había entendido lo que quiere decir tener un corazón misericordioso, sensible a los más necesitados. A ellos les daba mucho más que cosas materiales; se daba a sí mismo, empleaba tiempo, palabras, capacidad de escucha…

Queridos jóvenes, Jesús misericordioso, retratado en la imagen venerada por el pueblo de Dios en el santuario de Cracovia a Él dedicado, les espera. ¡Él se fía de ustedes y cuenta con ustedes! Tiene tantas cosas importantes que decirle a cada uno y cada una de ustedes... No tengan miedo de contemplar sus ojos llenos de amor infinito hacia ustedes y déjense tocar por su mirada misericordiosa, dispuesta a perdonar cada uno de sus pecados, una mirada que es capaz de cambiar la vida de ustedes y de sanar sus almas, una mirada que sacia la profunda sed que demora en sus corazones jóvenes: sed de amor, de paz, de alegría y de auténtica felicidad. ¡Vayan a Él y no tengan miedo! Vengan para decirle desde lo más profundo de sus corazones: "¡Jesús, confío en Ti!". Déjense tocar por su misericordia sin límites, para que ustedes a su vez se conviertan en apóstoles de la misericordia mediante las obras, las palabras y la oración, en nuestro mundo herido por el egoísmo, el odio y tanta desesperación.

Lleven la llama del amor misericordioso de Cristo – del que habló San Juan Pablo II – a los ambientes de su vida cotidiana y hasta los confines de la tierra. En esta misión, yo les acompaño con mis mejores deseos y mi oración, les encomiendo todos a la Virgen María, Madre de la Misericordia, en este último tramo del camino de preparación espiritual hacia la próxima JMJ de Cracovia, y les bendigo de todo corazón.

 

En Aparecida el Papa Benedicto XVI propuso esta bella oración para pedir por DISCÍPULOS Y MISIONEROS SANTOS. Recordemos que uno de los redactores de las conclusiones de aquel evento fue nuestro Papa Francisco: Oremos, pues

Señor Jesucristo,

Camino, Verdad y Vida,

rostro humano de Dios

y rostro divino del hombre,

enciende en nuestros corazones

el amor al Padre que está en el cielo

y la alegría de ser cristianos.

Ven a nuestro encuentro

y guía nuestros pasos

para seguirte y amarte

en la comunión de tu Iglesia,

celebrando y viviendo

el don de la Eucaristía, cargando con nuestra cruz,

y urgidos por tu envío.

Danos siempre el fuego de tu Santo Espíritu,

que ilumine nuestras mentes y despierte entre nosotros

el deseo de contemplarte, el amor a los hermanos,

sobre todo a los afligidos, y el ardor por anunciarte

al inicio de este siglo. Discípulos y misioneros tuyos,

queremos remar mar adentro, para que nuestros pueblos

tengan en Ti vida abundante, y con solidaridad construyan

la fraternidad y la paz. Señor Jesús, ¡Ven y envíanos!

María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros. Amén

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"¡Cómo no creer!. Señor de los Milagros

 

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