jueves, 21 de septiembre de 2017

BICENTENARIO 2021: LA TOMA DE CONCIENCIA DE NUESTRA IDENTIDAD NACIONAL Y EL COMPROMISO DE PERFECCIONARLA

Ha sido un honor lee el significativo texto con motivo del simposio
sobre EL PATRIMONIO CULTURAL CRISTIANO EN EL PERÚ EN VÍSPERAS DEL
BICENTENARIO, llevado a cabo el jueves 21 de septiembre en la Sociedad
de Beneficencia.
Gracias a la Sociedad de Beneficencia que generosamente nos acogió y
gracias a la UCSS por apoyarnos en todo momento.
Han acudido unas 60 personas y aunque no pudo estar Monseñor Lino
Panizza ni la Dra M. Guerra, resultó brillante por el ponente Dr. P.
Javier Campos, quien fue distinguido con una placa.

PROGRAMA
6:00 p.m.: Dr. Luis Fernando Belleza, Secretario General de la
Sociedad de Beneficencia
6.05 p.m. Presentación: "Aportes del Dr. P. Javier Campos a la
historiografía del Perú, especialmente de su Patrimonio e
Independencia" Dra. Cristina Flórez,
6.15 p.m. "Reflexiones acerca del Patrimonio Cultural Cristiano del
Perú (1821- 2017), en vísperas del Bicentenario" Dr.P. Javier Campos
y Fernández de Sevilla, Director del Instituto Escurialense de
Investigaciones Históricas y Artísticas de Madrid
7:00 p.m : "El rol de la Iglesia en la Historia del Perú: hitos
cronológicos (1821-2017)" Dr. José Antonio Benito Rodríguez Director
del Centro de Estudios y Patrimonio Cultural de la UCSS
7:20 p.m. : "El Bicentenario, memoria y esperanza de la peruanidad"
Dra. Margarita Guerra, Presidenta de la Academia Nacional de Historia
7:25 p.m. : Entrega de reconocimiento a la labor académica del Dr.
Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla: Rv. P. Dr. César
Buendía Romero, rector UCSS


MARGARITA GUERRA. Doctora en Historia por la Pontificia Universidad
Católica del Perú. Fue becaria del gobierno francés para realizar
investigaciones en el Archivo Nacional de París; al mismo tiempo
estudió en la Universidad de Sorbona (1963-1964). Obtuvo la beca del
Instituto de Cultura Hispánica y de la OEA para realizar
investigaciones en España (1975-1976). Ejerce la docencia en la PUCP
desde 1965, siendo actualmente la profesora principal del departamento
de Humanidades de dicha Universidad. Ha sido docente de la UNIFE, UPC,
Ricardo Palma, Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica (1967).
Ha sido directora del Instituto Riva Agüero les invito a visitar
TESOROS PUCP. Desde el 2015 es Presidenta de la Academia Nacional de
Historia del Perú. Sus últimas publicaciones: Cronología de la
Independencia del Perú (IRA, 2016), Manuel Pérez de Tudela, el
Republicano (2016, Fondo Editorial del Congreso del Perú). Les
comparto que el año pasado con motivo de la presentación de la obra de
nuestro homenajeado Catálogo de las Secciones Papeles importantes y
Emancipación del Archivo del arzobispado de Lima pronunció estas
interesantes palabras que rescato y comparto:
Esta obra constituye un aporte muy valioso para los investigadores no
solo de la Historia de la Iglesia, sino para la época en la cual
transcurren las diversas incidencias que desembocan en la proclamación
de nuestra independencia. Allí encontramos los expedientes referidos a
la Junta Eclesiástica de Purificación, que estuvo presidida por don
Toribio Rodríguez de Mendoza, uno de los precursores más
representativos y formador de muchos de los patriotas que integraron
el primer Congreso Constituyente en 1822. Contiene alrededor de unos
doscientos expedientes de los curas peruanos o americanos que tenían a
su cargo parroquias o doctrinas, a quienes se les exigió someterse a
la investigación de esta Junta ante la cual deberían probar su
patriotismo. Hay, además, una pregunta que muchos nos haremos en estos
días, y que es de gran trascendencia: ¿En qué medida estamos
respondiendo las generaciones actuales para dar continuidad a la
sociedad libre, justa, solidaria, patriota, democrática e igualitaria
que quisieron dejarnos como herencia nuestros antepasados? Incluso
podemos agregar una sociedad con mística católica. Revivir el ambiente
que vivieron nuestros antepasados desde finales del siglo XVIII y
comienzos del siglo XIX, es algo a lo que nos ayudan los Archivos y
nos facilitan su consulta Catálogos, como el que hoy se presenta.
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BICENTENARIO 2021: LA TOMA DE CONCIENCIA DE NUESTRA IDENTIDAD NACIONAL
Y EL COMPROMISO DE PERFECCIONARLA

Palabras de la Dra. Margarita Guerra, presidenta de la Academia
Nacional de Historia del Perú

Estimados amigos:

Mil disculpas por no poder estar con ustedes en un día tan especial de
recuerdos y esperanzas para nuestro próximo Bicentenario de la
Independencia del Perú. Una imprevista gripe, acentuada por la humedad
del ambiente me priva de tan grata compañía, pero la salud manda y hay
que cuidarse, sobre todo cuando ya la curva de los años lo exige.

Quería sin embargo acompañarlos en este evento porque la labor de
rescate de peruanidad, de identidad que está llevando a cabo la
Universidad Católica Sedes Sapientiae, a través de su Centro de
Defensa de nuestro Patrimonio y de nuestra Memoria Histórica, es un
ejemplo para el mundo académico, pues los logros que están alcanzando
ya están siendo conocidos y han merecido más de un galardón.

Quería compartir con ustedes el día de hoy algunas reflexiones acerca
de qué esperamos de estas ya próximas conmemoraciones que deben llenar
varios objetivos.

El primero de ellos mantener vivo el recuerdo del proceso que vivieron
nuestros antepasados entre finales del siglo XVIII y comienzos del
siglo XIX, que desembocó en el grito final de libertad en 1821, del
cual participaron todos quienes conformaban ya una comunidad de
hombres y mujeres que aspiraban a ser reconocidos como una entidad
autónoma, capaz de tomar sus propias decisiones y que, paso a paso iba
cobrando características nacionales, e iba consolidando una voluntad
común de labrar un futuro común.

El segundo, no solo fue tener un futuro común, sino vivirlo dentro de
ciertos parámetros que diesen paso a una sociedad armónica, en la cual
el bien común fuese una realidad y no una quimera. Quienes dieron vida
y hacienda, hace dos siglos, lo hicieron con toda generosidad, para
consolidar una sociedad abierta a todos los habitantes de estos
territorios que se llamaban americanos o hermanos americanos y que
buscaban la justicia, la paz y la verdad. Más tarde, sin embargo,
empezó a distorsionarse ese ideal, al surgir las luchas por el poder
con la presencia de los caudillos militares, los cuales si bien, puede
decirse que fueron necesarios en un comienzo para evitar situaciones
anárquicas, luego estos mismos salvadores se dejaron llevar por los
apetitos personales y se destruyó una posible unidad americana, que
quizá habría evitado muchos de los conflictos actuales.

El tercero fue ganar prestigio a nivel internacional, es decir, poder
insertarse en la sociedad universal para compartir los conocimientos
ancestrales que les permitieron formar imperios de cultura avanzada
tanto en lo social, como en el aprovechamiento del territorio y sus
riquezas, cuanto en la misma organización social. El Perú fue uno de
los primeros que en el siglo XIX buscó consolidar la unidad americana
para conseguir el respeto de las potencias, pero el sueño Sudamericano
no fue debidamente comprendido y lo que Basadre llamó "los estados
desunidos de América del Sur" se produjo y perdimos muchas
oportunidades de consolidar una "patria grande".


El cuarto, y no menos importante, fue la gran ilusión republicana,
como símbolo de la democracia. No obstante, debemos reconocer que los
conceptos que debieron internalizarse en esta sociedad que luchaba por
la libertad, por la independencia para no ser súbditos de nadie, sino
ciudadanos, no llegaron a ser realmente comprendidos por todos, lo
cual se vio en los congresos, en las asambleas públicas y en el
periodismo. Muchos gritaron república, pero no captaban claramente la
esencia del término. Clamaban libertad, pero no sabían aplicarla, dado
que la libertad tiene límites, marcados por los derechos de los otros,
sin embargo – como hasta hoy – todos exigían derechos, pero no
reconocían la contraparte, es decir, los deberes. Muchos hablaron de
democracia, pero no conseguían pensar en que la democracia implicaba
igualdad para todos. Así, Felipe Pardo y Aliaga en su burla sobre la
Constitución ironizaba como con la Constitución se igualaba al
académico con el negro liberto, considerando esa situación como
irrisoria.
Otro concepto no comprendido fue la Constitución. Todos reclamaron a
San Martín una Constitución y un Congreso como resultado obligado de
la independencia, pro ninguna Constitución resultó suficientemente
satisfactoria, unas muy liberales, otras muy conservadoras, por lo
tanto no se llegaban a respetar en su integridad. Igualmente, el
Congreso fue sinónimo de la institución netamente revolucionaria,
porque se componía mediante elección popular, pero hubo mucha
reticencia a aceptar como sufragista a todos los nacidos en tierra
peruana y mayores de edad. Se impuso la votación indirecta.

¿Qué significa, entonces, el Bicentenario próximo? Yo diría que luego
de doscientos años el Perú, necesariamente ha madurado, la nación se
ha asentado, pero nunca podremos decir que ha llegado a su
consolidación definitiva, porque la nación la conformamos todos,
formamos una sociedad y la sociedad es un organismo vivo que
permanentemente sufre transformaciones y va incrementando sus
componentes y, de una u otra forma los va asumiendo, lo cual da como
resultado un producto en cierta forma nuevo, aunque mantenga una
columna vertebral que es la que articula todos estos aportes y
mantiene la unidad, por esto podemos decir que la nación
constantemente va sufriendo algunos cambios, pero que no desdicen de
su matriz.

Por esto el Bicentenario debe ayudarnos a tomar conciencia de cómo se
ha ido construyendo la nación, nuestra identidad nacional, nuestra
comunidad y cada generación debe dar su aporte para el
perfeccionamiento de esta identidad, que no se cierra en sí misma,
porque el día en que no sea capaz de incorporar los nuevos elementos
que le permiten crecer, esa comunidad habrá muerto, porque su vida se
habría agotado, ya la nación no tendría futuro y como decíamos al
inicio la comunidad nacional se une para un futuro común.

Muchas gracias.
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En el día de la conversión de San Mateo, el Papa evoca el cuadro de Caravaggio

El Papa Francisco guarda un recuerdo muy especial de este día, cuando a sus 17 años, en el día de la Primavera, entró en la iglesia de San José de Flores, se confesó y quedó cautivado, enganchado por la misericordia de Dios. "Lo eligió y lo misericordió", tal es el lema de su escudo, de su vida, que hoy -fiesta de San Mateo- vuelve a recordar.

 El Papa en Santa Marta indica cuál es "la puerta para encontrar a Jesús"

En el día de la conversión de San Mateo, el Papa evoca el cuadro de Caravaggio

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 21 Sept. 2017).- El Papa Francisco en la misa celebrada este jueves en la capilla de la Casa Santa Marta, día de la fiesta de la conversión de San Mateo, recordó el episodio del Evangelio retratado en una pantalla famosa por el pintor italiano Caravaggio.

Explicó así que son tres las etapas de la conversión del evangelista: el encuentro, la fiesta y el escándalo. Jesús había curado a un paralítico en seguida encontró a Mateo, sentado en el banco de los impuestos. Él hacía pagar al pueblo de Israel los impuestos para después darlos a los romanos y por eso era despreciado, considerado un traidor de la patria. Jesús le miró y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió.

Por un lado, la mirada de xan Mateo, una mirada desconfiada, miraba a un lado. "Con un ojo, Dios" y "con el otro el dinero" y como lo pintó Caravaggio: "agarrado al dinero", y también con una mirada impertinente. Por otro lado, la mirada misericordiosa de Jesús que lo miró con tanto amor".

"Cae" así la resistencia de aquel hombre que amaba el dinero: se levantó y lo siguió. "Es la lucha entre la misericordia y el pecado", indicó el Papa.

El amor de Jesús puede entrar en el corazón de aquel hombre porque "sabía ser pecador", sabía "que nadie lo quería", se sentía despreciado. Justamente "la conciencia de pecador le abrió la puerta a la misericordia de Jesús". Así, "lo dejó todo y lo siguió". Este es el encuentro entre el pecador y Jesús.

"La primera condición para ser salvado es sentirse en peligro; la primera condición para ser curado es sentirse enfermo. Y sentirse pecador, es la primera condición para recibir esta mirada de misericordia. Pero pensemos en la mirada de Jesús, tan hermosa, tan buena, tan misericordiosa. Y también nosotros, cuando rezamos, sentimos esta mirada sobre nosotros; es la mirada de amor, la mirada de la misericordia, la mirada que nos salva. Y no hay que tener miedo ".

La segunda etapa es justamente "la fiesta": como Zaqueo, también Mateo, sintiéndose feliz invitó a Jesús a comer en su casa.

Mateo invitó a todos los amigos, "aquellos del mismo sindicato", pecadores y publicanos y ellos a la mesa, hacían preguntas al Señor y Jesús respondía.

El Papa recuerda lo que dijo Jesús en el capítulo 15 de Lucas: "Habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se convierta que por cien que permanecen justos". Se trata de la fiesta del encuentro del Padre, la fiesta de la misericordia. Jesús, de hecho, trata a todos con misericordia sin límite.

El tercer momento es el del "escándalo": los fariseos viendo que publicanos y pecadores se sentaron a la mesa con Jesús, le preguntaban a sus discípulos: "¿Por qué vuestro maestro come con los cobradores de impuestos y pecadores?".

"Un escándalo siempre empieza con esta frase: ¿Por qué?", subrayó el Papa. "Cuando oyen esta frase, huele" y "por detrás viene el escándalo".

Se trataba, en sustancia, de la "impureza de no seguir la ley". Conocían muy bien "la doctrina", sabían cómo seguir "por el camino del Reino de Dios", conocían "mejor que nadie como se debía hacer", pero "habían olvidado el primer mandamiento del amor".

Y así, "se cerraron en la jaula de los sacrificios, quien sabe pensando: hagamos un sacrificio a Dios , hagamos todo lo que se debe hacer, así, nos salvamos. En síntesis, creían que la salvación venía de ellos mismos, se sentían seguros".

"¡No! Es Dios que nos salva, nos salva a Jesucristo", indicó el Papa. "Aquel '¿por qué?' que tantas veces oímos entre los fieles católicos cuando veían obras de misericordia. ¿Por qué? Y Jesús, por supuesto, es muy claro: "Vayan y aprendan lo que quiere decir misericordia, lo que quiero y no sacrificios, porque yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores. Si tú quieres ser llamado por Jesús, te reconocerá pecador.

Así el Papa invitó a reconocerse pecador, no de forma abstracta, sino "con pecados concretos" y "todos tenemos, tantos" dijo.

"Hay tantos, tantos, siempre y también en la Iglesia hoy. Dicen: "No, no se puede, es todo claro, es todo, no, no … ellos son pecadores, debemos alejarlos". También tantos santos son perseguidos o se levanta sospechosos sobre ellos. Pensemos en Santa Juana de Arco, mandada a la hoguera porque pensaban que era una bruja, piensen en el beato Rosmini. 'Misericordia quiero, y no sacrificios'. Y la puerta para encontrar a Jesús es reconocerse como somos, la verdad. Pecadores. Y él viene, y nos encontramos. ¡Es tan hermoso encontrar a Jesús! ".

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domingo, 17 de septiembre de 2017

SAN JUAN MACÍAS, EL EMIGRANTE QUE APOSTABA CON LOS PAJARILLOS PARA ALABAR AL SEÑOR

SAN JUAN MACÍAS. Su vida y la homilía de canonización por Pablo VI

Me encanta compartirles esta bella e ingenua vivencia del extremeño
peruanizado y que vivió en compañía de San Martín de Porres. Su
ascetismo nada tiene de adustez; nace del más puro amor a Dios, de su
felicidad de sentirse abarcado por su don:

"Muchas veces, orando a deshoras de la noche, llegaban los pajarillos
a cantar. Y yo apostaba con ellos a quién alababa más al Señor. Ellos
cantaban y yo replicaba con ellos".

Nace en Ribera del Fresno, pueblo de la Alta Extremadura,
perteneciente entonces al priorato nullius de San Marcos de León,
provisorato de Llerena, de la Orden Militar de Santiago y ahora
diócesis de Badajoz. Era el 2 de marzo de 1585. Sus padres, Pedro de
Arcas e Inés Sánchez, eran modestos labradores.Al año siguiente nace
su única hermana. Sus padres eran fervientes cristianos y transmiten a
sus hijos los principios de la vida cristiana, singularmente la
devoción a Nuestra Señora del Valle, patrona del pueblo, aparecida en
1428.
Huérfano a temprana edad, fue criado por un tío que lo dedicó al
pastoreo. Mientras se dedicaba a esta labor, recibe la visita de un
niño que le revela ser San Juan Bautista, y le anuncia un futuro viaje
a tierras lejanas. Ya mayor, viaja a Cartagena de Indias al servicio
de un mercader. Luego se dirigió hacia el sur para llegar finalmente a
Lima; toma los hábitos dominicos en la Recolección de Santa María
Magdalena de esta ciudad (actual Iglesia de la Recoleta) en 1622.
Allí se ocupó de la portería hasta su muerte, acaecida más de dos
décadas después, en 1645. Ofrendaba a Dios numerosas penitencias,
ayunos y oraciones a cambio de la salvación de las ánimas del
purgatorio. Como Martín de Porres -de quien era amigo-, el santo se
destacaba por su profunda humildad y sencillez. Fue famoso por sus
consejos espirituales, solicitados por los distintos estamentos de la
sociedad limeña, desde los mendigos hasta el propio virrey. Juan
Macías cultivó además una ardiente caridad, y se dedicaba a repartir
diariamente alimentos a los menesterosos. "Al pedir a los ricos para
sus pobres, les enseñaba a pensar en los demás; al dar al pobre lo
exhortaba a no odiar"- apuntará Pablo VI.
Destaca su filial devoción a la Virgen María. En 1630 se le apareció
Nuestra Señora del Rosario en la capilla de su convento con motivo de
un temblor de tierra. El mismo Juan contó que Nuestra Señora del
Valle, cuya imagen veneraba en el cuadro que tenía en su celda, le
había hablado y concedido cuanto le había pedido. Con el rezo del
Rosario invocaba a la Trinidad por medio de María. Su contemplación le
llevaba a amar a la naturaleza, al prójimo, su vida consagrada. Dios
obró por su intercesión varios milagros entre los que sobresalen las
constantes multiplicaciones de alimentos.
Juan tenía la costumbre de rezar todas las noches, de rodillas, el
Rosario completo. Una parte la ofrecía por las almas del Purgatorio,
otra por los religiosos, y la tercera, por sus parientes, amigos y
benefactores. A la hora de su muerte, obligado por la obediencia, Juan
Masías confesó haber liberado durante su vida a un millón
cuatrocientas mil almas. Al finalizar el mes de agosto de 1645 enfermó
de disentería. Su celda era visitada por los pobres y los ricos. A su
cabecera se hallaba el virrey, marqués de Mancera. Murió el 17 de
septiembre de 1645, contaba 6O años. Gregorio XVI le beatificó en 1837
y Pablo VI le canonizó en 1975.
Sus numerosos milagros llevarían a Clemente XIII a declararlo
venerable en 1763. Fue beatificado por Gregorio XVI en 1837. Paulo VI
lo elevaría a los altares en 1975.
El 23 de enero de 1949, desde Olivenza (Badajoz), la cocinera Leandra
Rebello Vásquez no podía dar crédito a lo que vieron sus ojos. Se
encontraba en el Hogar de Nazaret, colegio de niños acogidos a la
Protección de Menores, regentado por una institución religiosa fundada
por el párroco del pueblo don José Zambrano. Era domingo y, además de
la comida para los 5O niños, había de preparar alimentos para los
pobres de la población. Los bienhechores designados para ese día no
trajeron los alimentos. La criada encargada de preparar la comida,
advirtiendo la exigua cantidad de arroz (unos 750 gramos), la arrojaba
para su cocción al tiempo que se abandonó en su paisano beato Juan
Macías:"¡Oh Beato, hoy los pobres se quedarán sin comida!"
A continuación, aquella minúscula cantidad de arroz, al cocer, fe
vista crecer de tal modo que al instante fue preciso trasladarla a una
segunda olla; lo que se hizo una y otra vez. La multiplicación del
arroz duró cuatro horas de una a 5 de la tarde cuando el recipiente
que rebosaba fue apartado del fuego por mandato del párroco. Del
alimento gustaron hasta hartarse los chicos del hogar, como la ingente
multitud de pobres y necesitados. Leandra Rebello, protagonista del
milagro de este "conquistador espiritual", presente el 28 de
septiembre de 1975 en la canonización de Juan Macías, es digna
sucesora de espíritus tan sencillamente magnánimos. Lo demuestra su
confianza audaz que atrae el milagro del Cielo.

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CANONIZACIÓN DE JUAN MACÍAS HOMILÍA DEL SANTO PADRE PABLO VI

28 de septiembre de 1975

Venerables Hermanos y amados hijos,

La Iglesia se siente hoy inundada de júbilo. Es el gozo de la madre,
que asiste a la exaltación de uno de sus hijos. Y precisamente porque
es un hijo pequeño, que no brilló durante su vida con los fulgores de
la ciencia, del poder, de la notoriedad humana, de todo eso que hace a
uno grande a los ojos del mundo, la Madre Iglesia experimenta un
regocijo particular. En esta mañana la Iglesia siente resonar de nuevo
en sus oídos las palabras insinuantes y maravillosamente asombradoras
del Maestro, que proclaman, de manera inequívoca, su preferencia por
los sectores más pobres y humildes: ¡Bienaventurados los pobres de
espíritu! A la escucha perenne y atenta de su Divino Fundador y en
fidelidad indefectible a su mensaje, la Iglesia fija hoy sus ojos en
una figura singular, concreción sublime de ideales evangélicos : ¡Juan
Macías! Un humilde pastor hasta los treinta y siete años de Ribera del
Fresno, en España; emigrante sin recursos a tierras del Perú; por
veintidós años sencillo hermano portero del convento dominico de La
Magdalena en Lima. Este es el nuevo Santo, a quien la Iglesia rinde en
este día su tributo de exaltación suprema, tras haberlo declarado
Beato el veintidós de octubre de mil ochocientos treinta y siete.

En su glorificación, como en la de otras figuras humildes cual el
Santo Cura de Ars, San Francisco de Asís, San Martín de Porres, y
otras tantas que podríamos citar, se hace visible el amor sin reservas
ni distinciones de la Iglesia, que valora y ensalza por igual los
méritos ocultos de grandes y pequeños, de pobres o de facultosos,
sintiendo particular complacencia acaso al elevar a los más pobres,
reflejo más vivo de la presencia y predilecciones de Cristo. Por falta
de tiempo, no haremos la exaltación que merecería la humilde y gran
figura de Juan Macías que, con la ayuda del Señor y en el pleno
ejercicio de nuestro ministerio magisterial, hemos inscrito en el
catálogo de los Santos. Solamente aludiremos a las razones que
embargan nuestro ánimo durante este acto solemne. Canonizando a San
Juan Macías nos parece interpretar la intención del Señor, el cual,
siendo rico, se hizo pobre para que nosotros fuésemos ricos por su
pobreza (Cfr. 2 Cor. 8, 9), existiendo en la forma de Dios, se anonadó
a sí mismo, tomando la forma de siervo (Cfr. Phil. 2, 6-7), fue
enviado por el Padre «a evangelizar a los pobres y levantar a los
oprimidos» (Luc. 4, 18), proclamó bienaventurados a los pobres de
espíritu (Matth. 5, 3), puso la pobreza como condición indispensable
para alcanzar la perfección (Cfr. Marc. 10, 17-31; Luc. 18, 18-27) y
dio gracias al Padre porque se había complacido en revelar los
misterios del Reino a los pequeñuelos (Cfr. Matth. 11, 26).

Estas son las enseñanzas lineares dejadas por el Señor, y que el
Magisterio de la Iglesia nos propone hoy, ilustrándolas con un ejemplo
concreto de la historia eclesial. Juan Macías, que fue pobre y vivió
para los pobres, es un testimonio admirable y elocuente de pobreza
evangélica: el joven huérfano, que con su escasa soldada de pastor
ayuda a los pobres «sus hermanos», mientras les comunica su fe; el
emigrante que, guiado por su protector San Juan Evangelista, no va en
búsqueda de riquezas, como otros tantos, sino para que se cumpla en él
la voluntad de Dios; el mozo de posadas y el mayoral de pastores, que
prodiga secretamente su caridad en favor de los necesitados, a la vez
que les enseña a orar; el religioso que hace de sus votos una forma
eminente de amor a Dios y al prójimo; que «no quiere para sí más que a
Dios»; que combina desde su portería una intensísima vida de oración y
penitencia con la asistencia directa y la distribución de alimentos a
verdaderas muchedumbres de pobres; que se priva de buena parte de su
propio alimento para darlo al hambriento, en quien su fe descubre la
presencia palpitante de Jesucristo; en una palabra, la vida toda de
este «padre de los pobres, de los huérfanos y necesitados», (no es una
demostración palpable de la fecundidad de la pobreza evangélica,
vivida en plenitud?

Cuando decimos que Juan Macías fue pobre, no nos referimos ciertamente
a una pobreza -que nunca podría ser querida ni bendecida por Dios-
equivalente a culpable miseria o inoperante inercia para la
consecución del justo bienestar, sino a esa pobreza, llena de
dignidad, que ha de buscar el humilde pan terreno, como fruto de la
propia actividad. ¡Con cuánta exactitud y eficiencia se dedicó a su
deber, antes y después de ser religioso! Sus dueños y superiores dan
claro testimonio de ello. Fueron siempre sus manos las que supieron
ganar el propio pan, el pan para su hermana, el pan para la
multiplicada caridad. Ese pan, fruto de un esfuerzo socialmente
creador y ejemplar, que personaliza, redime y configura a Cristo,
mientras deja en lo íntimo del alma la filial confianza de que el
Padre, que alimenta a las aves del cielo y viste a los lirios del
campo, no dejará de dar lo necesario a sus hijos: «buscad primero el
reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura»
(Cfr. Matth. 6, 25-34). Por otra parte, la ardua tarea de Juan Macías
no distraía su ánimo del Pan celestial.

El, que desde su niñez había sido introducido en el mundo íntimo de la
presencia de Dios, fue en medio de su actividad un alma contemplativa.
El campo, el agua, las estrellas, los pájaros, le hablaban de Dios y
le hacían sentir su cercanía: «Oh Señor, qué mercedes y regalos me
hizo Dios en aquellos campos», mientras guardaba el rebaño. Así
exclama ya anciano. Y recordando su vida de convento, aquel jardín a
donde con frecuencia se retiraba a orar de noche, dirá: «Muchas veces,
orando a deshoras de la noche, llegaban los pajarillos a cantar y yo
apostaba con ellos a quién más alababa a Dios». ¡Frases de encantadora
poesía, que dejan entrever las largas horas dedicadas a la oración, a
la devoción a la Eucaristía y al rezo del rosario! Pero esta vida
interior nunca representó para Juan Macías una evasión frente a los
problemas de sus hermanos; antes bien, partiendo de su vida religiosa,
llegaba a la vida social. Su contacto con Dios no sólo no le hacía
retraerse de los hombres, sino que le llevaba a ellos, a sus
necesidades, con renovado empeño y fuerza para remediarlos y
conducirlos a una vida cada vez más digna, más elevada, más humana y
más cristiana.

El no hacía con ello sino seguir las enseñanzas y deseos de la
Iglesia, la cual, con su preferencia por los pobres y su amor por la
pobreza evangélica, jamás quiso dejarlos en su estado, sino ayudarles
y levantarles a formas crecientemente superiores de vida, más
conformes con su dignidad de hombres y de hijos de Dios. A través de
estos trazos parciales, aparece ante nuestros ojos la figura
maravillosa y atractiva de nuestro Santo. Una figura actual. Un
ejemplo preclaro para nosotros, para nuestra sociedad. Evidentemente,
la cuestión económica se plantea hoy con características bien diversas
de las que tenía en tiempos de San Juan Macías. Los nuevos sistemas
productivos, la acelerada industrialización, la creciente
tecnificación y las conquistas en campo nuclear o electrónico, por más
que hayan hecho surgir no indiferentes problemas para el hombre, han
determinado ciertamente un superior nivel económico y asistencial en
vastas áreas del mundo, por desgracia todavía demasiado limitadas. Por
otra parte, la sensibilidad social se ha incrementado, dando paso con
frecuencia a un tipo de humanismo radical, disociado de toda
referencia al trascendente.

En este contexto se nos ofrece en todo su valor actual el mensaje de
Fray Juan Macías. El no miró la humildad de su tarea, sino que la
cumplió con entrega total y de manera ejemplar. Se dio siempre a los
demás y, en el darse a todos, encontró a Cristo. Su trabajo fue una
exigencia de su condición de hombre y de cristiano, un ejercicio de
fecunda pobreza, un medio de proveer noblemente a su sustento y al de
los pobres. Sin pretender nunca hacer de sus experiencias una
elaborada sociología, ni convertirse en un experto economista, hizo
cuanto estuvo a su alcance por atenuar necesidades y flagrantes
desigualdades. Al pedir a los ricos para sus pobres, les enseñaba a
pensar en los demás; al dar al pobre, lo exhortaba a no odiar. Así iba
uniendo a todos en la caridad, trabajando en favor de un humanismo
pleno. Y todo esto, porque amaba a los hombres, porque en ellos veía
la imagen de Dios. ¡Cuánto desearíamos recordar esto a cuantos hoy
trabajan entre pobres y marginados! No hay que alejarse del Evangelio,
ni hay que romper la ley de la caridad para buscar por caminos de
violencia una mayor justicia. Hay en el Evangelio virtualidad
suficiente para hacer brotar fuerzas renovadoras que, trasformando
desde dentro a los hombres, los muevan a cambiar en todo lo que sea
necesario las estructuras, para hacerlas más justas, más humanas.

Juan Macías supo en su vida honrar la pobreza con una doble
ejemplaridad: con la búsqueda confiada del pan cotidiano para los
pobres, y con la búsqueda constante del Pan de los pobres, Cristo, que
a todos conforta y conduce hacia la meta trascendente. ¡Estupendo
mensaje para nosotros, para nuestro mundo materializado, tarado con
frecuencia por un consumismo desenfrenado y por egoísmo sociales!
¡Ejemplo elocuente de esa «unidad interior», que el cristiano debe
realizar en su tarea terrena, imbuyéndola de fe y caridad! (Cfr. Mater
et Magistra, 51).


Amadísimos hijos, No quisiéramos terminar nuestras palabras sin
mencionar algunas características que concurren en la vida de San Juan
Macías. La primera es su origen español; hijo de una Nación, cuya
historia encuentra sus expresiones más altas y decisivas -que marcan
el carácter de su pueblo- en las figuras de sus Santos, como Santo
Domingo de Guzmán, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa
Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz. Nombres estos que, con sólo
recordarlos, constituyen por sí mismos un auténtico homenaje que se
tributa a España. Un homenaje que nos sentimos contento de poder
subrayar por parte Nuestra, como dirigido a una Nación por Nos tan
amada, y que la Iglesia entera, tan bien representada en el cuadro
solemne de esta plaza de San Pedro por los millares de peregrinos
venidos de todo el mundo, desea rendir con Nos a esa tierra de Santos.

Experimentando en ello un gozo de comunión eclesial, un latido más de
espiritualidad entre los muchos del Año Santo, una manifestación de
fraterna e intensa alegría. Aunque esta alegría podría ser más plena,
si estos días no hubiesen sido ensombrecidos por los acontecimientos
por todos conocidos. El nuevo Santo continúa la tradición recibida
como por una especie de herencia familiar. Una herencia que crece y se
desarrolla en el hogar, en la vida familiar, en el ambiente social y
en la sensibilidad religiosa del pueblo. Esta canonización ¿no es,
pues, un acontecimiento que glorifica una tan alta y noble tradición,
preanunciando al mismo tiempo un nuevo renacer de fervor y de santidad
en los hijos de esa amada Nación? Nos así lo esperamos. La secunda
característica es que San Juan Macías se hizo peruano y en Perú se
santificó. Mientras muchas personas llegaban a América en busca de
riquezas materiales, el nuevo Santo supo encontrar allí una riqueza
espiritual de la que se alimentaron ya los primeros Santos de aquel
Continente. Una riqueza integrada por elementos milenarios del pueblo
antiguo, los indios, y del nuevo, los colonizadores, a quienes va el
mérito de la evangelización de aquel Continente, y que nuestro Santo
incrementó decididamente con su vida.

Desde entonces ¡que vitalidad religiosa a pesar de sus lagunas e
imperfecciones! ¡Qué corrientes de vida espiritual han marcado la
historia de todas aquellas naciones! A todos sus hijos los exhortamos
a ser dignos del ejemplo de santidad dejado por San Juan Macías. Por
último, San Juan Macías fue religioso dominico, de esa gran familia
que tantos Santos ha dado a la Iglesia y cuya labor al servicio de la
Verdad ha sido tan unánimemente reconocida. A ellos dirigimos en este
solemne día un saludo especial, exhortándoles a seguir sus grandes
tradiciones de santidad, a ejemplo de San Juan Macías, de San Martín
de Porres y de Santa Rosa de Lima, síntesis de la santidad dominica en
las nobles tierras latinoamericanas. Un ejemplo y exhortación que
extendemos a todos los miembros de las otras familias religiosas, para
que también ellos sientan una nueva incitación hacia cumbres más altas
de cercanía divina, de esmero espiritual, de clima en el que se
escucha la voz de Cristo. Y ojalá que el nuevo modelo de santidad que
hoy proponemos suscite abundantes fuerzas jóvenes, que se consagren
sin reserva a los ideales siempre válidos, siempre atractivos, del
Evangelio de Jesucristo.


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Onoriamo nel nuovo santo Religioso: dopo svariate esperienze, a
trentasette anni Giovanni Macías si sentì chiamato a servire Dio
nell'ordine Domenicano, ma nella sua umiltà volle essere Fratello
Laico. Per un quarantennio, fino alla morte, fu destinato al servizio
di portineria nel convento di Lima. E in questa umile incombenza egli
seppe realizzare e vivere profondamente ed autenticamente la sua
consacrazione religiosa, radicata nell'amore ardente 1009 a Dio, nella
smisurata carità Verso i fratelli più bisognosi, nella pratica fedele
dei Consigli evangelici, nella continua preghiera, lasciando a noi
l'esempio di come si possa testimoniare l'impegnativo messaggio di
Cristo anche nelle piccole ed umili tose.

Cette grande fete de famille a laquelle vous avez le bonheur de
participer réveille certainement en vous le désir d'une vie sainte,
d'une vie enfin engagée sur les pas du Modèle Unique: le Christ! C'est
le chemin ardemment suivi par Saint Jean Macías que Nous venons de
canoniser. Il a surtout voulu être pauvre comme Jésus, et vivre pour
les pauvres! Que cette leçon évangélique, si difficile a entendre
aujourd'hui, gagne enfin nos cœurs. Oh oui, demandons les uns pour les
autres cette grâce de choix, qui est la première des Beatitudes!

On this joyous occasion, as we proclaim and bless the power of God and
the merits of Jesus Christ that have produced in Saint John Macias a
full measure of holy charisms, we honour him and offer him to the
entire Church as a model of the zealous emigrant. After the example of
the Apostles and holy men and women of all ages, he left his homeland
to go forth and to bring Christ to his brethren. In this way he
endeavoured to answer the cal1 of the Evangelist, receiving with joy
the message: «. . . let us love, not in word or Speech, but in deed
and in truth» (1 Io. 3, 18). May all who have emigrated for the
Kingdom of God find strength in the intercession of Saint John Macías.
Liebe Söhne und Töchter!

Die wunderbare nächstenliebe des heiligen Johannes Macías war vor
allem die Frucht seines tiefen, lebendigen Glaubens. Er war ein Mann
des Gebetes, der aus der innigen, mystischen Vereinigung mit Gott sein
Leben in der Nachfolge Christi gestaltete. Seine glühende Verehrung
galt insbesondere der heiligen Eucharistie und dem Rosenkranzgebet.
Gerade als Mystiker zeigt uns der neue Heilige die letzte und
unergründliche Quelle christlicher Heiligkeit. Möge er uns allen darin
Vorbild und durch sein Gebet im Himmel unser aller Fürsprecher sein.
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viernes, 15 de septiembre de 2017

Dominique Wolton, sociólogo francés, con el Papa. Libro de larga entrevista. A los 42 años fue a consulta con una psicoanalista hebrea

El Papa: a los 42 años fui a consulta con una psicoanalista hebrea
Un episodio de la vida de Bergoglio narrado en el libro que saldrá en
Francia, con la transcripción de 12 conversaciones entre Francisco y
el sociólogo Wolton. Migrantes, islam, política y anécdotas
personales. Los principales pasajes serán anticipados por «Le Figaro
Magazine»

PUBBLICATO IL 31/08/2017 ULTIMA MODIFICA IL 31/08/2017 ALLE ORE 21:50
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO
El padre Jorge Mario Bergoglio, a la edad de 42 años, fue cada semana
durante seis meses a ver a una psicoanalista. Fue él mismo quien lo
reveló en un libro que será publicado en Francis, que contiene las
transcripciones de 12 conversaciones con el sociólogo Dominique Wolton
("Politique et sociétéˮ, ediciones L'Observatoire). Durante una de las
entrevistas, el Papa y el intelectual francés, que es director de
investigación en el CNRS, además de fundador y director de la revista
internacional "Hermès", hablaron sobre el papel de algunas mujeres en
su vida. Francisco citó el valor de su madre, habló sobre sus dos
abuelas diciendo que agradecía a Dios «por haber conocido a estas
verdaderas mujeres». Y añadió: «Las que he conocido me han ayudado
mucho en mi vida cuando necesitaba consejos». Y fue allí donde habló
sobre la psicoanalista.
Consulta durante seis meses
«Consulté a una psicoanalista hebrea —contó Bergoglio a su
interlocutor. Fui a su casa durante seis meses una vez a la semana
para aclarar algunas cosas. Ella era médico y psicoanalista, y siempre
estuvo en su lugar. Luego, un día, cuando estaba por morir, me llamó.
No para recibir los sacramentos, puesto que era hebrea, sino para un
diálogo espiritual. Era una persona my buena. Durante seis meses me
ayudó mucho, cuando tenía 42 años». La experiencia que narró Francisco
se coloca entre 1978 y 1978, cuando concluyó su nada fácil experiencia
como provincial de los jesuitas de Argentina y estaba comenzando su
tarea como rector del Colegio Máximo, en donde se formaban los
estudiantes que deseaban entrar a la Compañía.
Los migrantes, los refugiados y las guerras del Occidente
«El problema comienza en los países de los que llegan los migrantes.
¿Por qué dejan sus tierras? Debido a la falta de trabajo o a la
guerra. Estos son los dos motivos principales. La falta de trabajo,
porque han sido explotados (pienso en los africanos). Europa ha
explotado África… ¡no sé si podemos decirlo! Pero algunas
colonizaciones europeas… sí, han explotado. He leído que un jefe de
estado africano apenas elegido, como primer acto de gobierno presentó
al Parlamento una ley para la reforestación de su país, y fue
promulgada. Las potencias económicas del mundo habían cortado todos
los árboles. Reforestar. La tierra está seca por haber sido explotada
y ya no hay trabajo. Lo primero que hay que hacer, como dije en las
Naciones Unidas, en el Consejo de Europa, en todo el mundo, es
encontrar fuentes para crear nuevos puestos de trabajo, invertir. Es
cierto que Europa también tiene que invertir en su casa. También aquí
existe un problema de desempleo. El otro motivo para la migración es
la guerra. Podemos invertir, las personas tendrán una fuente de
trabajo y ya no deberán partir, pero si hay guerra, tendrán que seguir
huyendo. ¿Quién hace la guerra ahora? ¿Quién da las armas? Nosotros».

Laicidad del Estado: las religiones no son subculturas
«El estado laico es una cosa sana. Hay una sana laicidad. Jesús dijo:
"Debemos dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de
Dios". Todos somos iguales frente a Dios. Pero creo que en algunos
países, como Francia, este laicismo tiene una herencia demasiado
fuerte de la Ilustración, que construye un imaginario colectivo en el
que las religiones son consideradas como una subcultura. Creo que
Francia (este es mi parecer personal, no el parecer oficial de la
Iglesia) debemos "elevar" un poco el nivel de la laicidad, en el
sentido de que debe decir que también las religiones son parte de la
cultura. ¿Cómo expresarlo de una manera laica? A través de la apertura
a la trascendencia. Cada uno puede encontrar su forma de apertura».
¡Europa está parada!
«Ya no veo a Schumann, ya no veo a Adenauer… Europa, en este momento,
tiene miedo. Cierra, cierra, cierra… Europa tiene una historia de
integración cultural, multicultural, como dice usted, muy fuerte. Los
Longobardos, nuestros Longobardos, son bárbaros que llegaron hace
mucho tiempo… Y después todo se funde y tenemos nuestra cultura. Pero,
¿cuál es la cultura europea? ¿Cómo definiría hoy la cultura europea?
Sí, tiene importantes raíces cristianas, es cierto. Pero no es
suficiente para definirla. Están todas nuestras capacidades. Estas
capacidades para integrarse, para recibir a los otros. También está la
lengua en la cultura. En nuestra lengua española, el 40% de las
palabras es árabe. ¿Por qué? Porque estuvieron allí por siete siglos.
Y dejaron huella… Creo que Europa tiene raíces cristianas, pero no son
las únicas. Hay otras que no se pueden negar. Sin embargo, creo que
fue un error no citar las "raíces cristianas" en el documento de la
Unión Europea sobre la primera Constitución, y esto fue cometido
también por los gobiernos. Era un error no ver la realidad. Esto no
significa que Europa tenga que ser completamente cristiana. Pero es un
patrimonio, un patrimonio cultural, que hemos recibido».
¿La guerra justa?
«Hoy debemos replantear el concepto de "guerra justa". Hemos
aprendido, en la filosofía política, que para defenderse se puede
hacer la guerra y considerarla justa. Pero, ¿se puede definir una
guerra "justa"? ¿O más bien una "guerra de defensa"? Lo único justo es
la paz… No me gusta usar el término "guerra justa". Escuchamos que se
dice: "Yo hago la guerra porque no tengo otros medios para
defenderme". Pero ninguna guerra es justa. Lo único justo es la paz».
La Iglesia y el pueblo
«Hay pecados de dirigentes de la Iglesia, que les falta inteligencia o
que se dejan manipular. Pero la Iglesia no son los obispos, los papas
y los sacerdotes. La Iglesia es el pueblo. Y el Vaticano II dijo: "El
pueblo de Dios, en su conjunto, no se equivoca". Si quieres conocer a
la Iglesia, vas a una aldea en donde se vive la vida de la Iglesia.
Vayan a un hospital en donde hay tantos cristianos que van para
ayudar, laicos, hermanas… Ve a África, en donde se encuentran muchos
misioneros. Quemas sus vidas allí. Y hacen revoluciones reales. No
para convertir, en otra época se hablaba de conversión, sino para
servir».
La insistencia sobre la «moral de la cintura para abajo»
«Pero nosotros los católicos, ¿cómo enseñamos la moralidad? No puedes
enseñarla con preceptos tipo: "No puedes hacerlo, debes hacerlo, no
debes, puedes, no puedes". La moral es una consecuencia del encuentro
con Jesucristo. Es una consecuencia de la fe, para nosotros los
católicos. Y para otros, la moralidad es el encuentro con un ideal, o
con Dios, o consigo mismos, pero con la mejor parte de sí mismos. La
moral siempre es una consecuencia… Hay un gran peligro para los
predicadores, el de caer en la mediocridad. Condenar solo la moral (le
ruego que me persone la expresión) "de la cintura para abajo". Pero de
los otros pecados, como el odio, la envidia, el orgullo, la vanidad,
matar al otro, quitar la vida, no se habla. Entrar a la mafia, hacer
acuerdos clandestinos… "¿Eres un buen católico? Entonces dame el
cheque"».
«El aborto sigue siendo un pecado grave»
La extensión del poder de absolver el pecado del aborto a todos los
sacerdotes, «cuidado, esto no significa banalizar el aborto. El aborto
es grave, es un pecado grave. Es el homicidio de un inocente. Pero, si
es pecado, es necesario facilitar el perdón».
«Amoris laetitia» y la rigidez
«La tentación siempre es la de la uniformidad de las reglas… Tome, por
ejemplo, la exhortación apostólica "Amoris laetitia". Cuando hablo de
familias en dificultades, digo: "Debemos acoger, acompañar, discernir,
integrar…", y luego cada quién verá las puertas abiertas. Lo que está
sucediendo realmente es que las personas escuchan que la gente dice:
"No pueden comulgar", "No pueden hacerlo". La tentación de la Iglesia
está allí. ¡Pero "no", "no" y "no"! Este tipo de prohibición es el que
encontramos en el drama de Jesús con los fariseos. ¡El mismo! Los
grandes de la Iglesia son los que tienen una visión que va más allá,
los que entienden: los misioneros».
«El matrimonio es entre un hombre y una mujer»
«¿Matrimonio entre personas del mismo sexo? "Matrimonio" es una
palabra histórica. Siempre en la humanidad, y no solo en la Iglesia,
es entre un hombre y una mujer… No podemos cambiarlo. Esta es la
naturaleza de las cosas. Son así. Llamémoslas "uniones civiles". No
bromeemos con la verdad. Es cierto que detrás está la ideología de
género. También en los libros, los niños aprenden que se puede elegir
el propio sexo. ¿Por qué el sexo, ser mujer u hombre, sería una
decisión y no un hecho de la naturaleza? Esto favorece a este error.
Pero, digamos las cosas como son: el matrimonio es un hombre con una
mujer. Este es el término preciso. Llamemos la unión del mismo sexo
"unión civil"».
Reciprocidad con los musulmanes
«No aceptan el principio de la reciprocidad. Algunos países del Golfo
son abiertos y nos ayudan a construir iglesias. ¿Por qué son abiertos?
Porque tienen trabajadores filipinos, católicos, hindúes… El problema
en Arabia Saudita es que es de verdad una cuestión de mentalidad. Con
el islam, como sea, el diálogo está andando bien, porque no sé si
usted sepa, pero el imán de al-Azhar vino a encontrarme. Y habrá
encuentro: voy. Creo que les haría bien hacer un estudio crítico sobre
El Corán, como hemos hecho con nuestras Escrituras. El método
histórico y crítico de interpretación te hará evolucionar».
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miércoles, 13 de septiembre de 2017

SANTA MARÍA DE FÁTIMA, REINA DE LA PAZ, frente al MIEDO MUNDIAL

SANTA MARÍA DE FÁTIMA, REINA DE LA PAZ, frente al MIEDO MUNDIAL

Este 13 de septiembre hemos vuelto a reunirnos para rezar ante la
imagen de la Virgen de Fátima e implorar la gracia del Jubileo por
encontrarnos en el Centenario de las Apariciones.
Nos lo ha motivado estupendamente Álvaro Vera Gastañaduí, contador y
economista, experto en Doctrina Social de la Iglesia y fiel devoto del
Corazón de Jesús, dilecto discípulo de Monseñor Óscar Alzamora. Nos ha
hablado de la PAZ MUNDIAL Y FÁTIMA. Si el desorden y el caos personal
y estructural se originan en el pecado, la paz y la felicidad sólo
pueden venir de la gracia y de la llena de gracia, María, como sucede
con el acontecimiento de Fátima. El rezo del Rosario, sosegado, en
familia, pidiendo por la próxima visita del Papa al Perú, los
enfermos, los alejados, los ausentes, las vocaciones, las familias,
los desastres naturales y todo tipo de necesidades, nos ha ayudado a
"encadenarnos" entre todos y con nuestra Madre para implorar pero
también para agradecer y ofrecernos para lo que el Señor quiera con
nuestras vidas. Dos ramos preciosos de flores ofrecidas por dos
familias, las canciones, las intenciones, las confesiones gracias a
nuestro sacerdote, nos han vuelto a brindar un ratito de Cielo
Nos queda un 13 más, el de octubre, en el que coronaremos el centenario
Uno de los asistentes José Luis Vallejo nos compartió la iniciativa de
su blog http://www.ethica.pe/ para compartir reflexiones para todas
las personas, no sólo católicos, sobre asuntos de interés mundial.
Mírenlo y compártanlo.
Seguimos unidos en la esperanza, con María, preparándonos para la
visita del Papa Francisco al Perú.
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LOS POBRES SERÁN LOS PRIMEROS. Jornada Mundial instituida por el Papa Francisco, 19 noviembre de 2017

En mi casa, desde que tengo uso de razón, recibíamos un precioso
boletín "El pan de los pobres" de San Antonio de Padua, hoy veo con
sumo gozo este providencial mensaje del Papa Francisco para la nueva
Jornada Mundial, la de los pobres, "que –como muy bien nos dice-
aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en
su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres" (n.6).
Firmado precisamente en la fiesta de San Antonio, 13 de junio, y
difundido hoy.
¡Qué gusto da comprobar que la inspiración del Papa en el momento del
cónclave "no te olvides de los pobres", se está convirtiendo en un
estilo, una actitud, la misma que vivía ya como obispo en Buenos
Aires! El año de la misericordia, sus gestos permanentes, el presente
mensaje escrito con entrañas de misericordia, la propuesta de dedicar
esta Jornada es un referente, un auténtico signo.
Leamos, reflexionemos, vivamos este bello mensaje.
https://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/poveri.index.html#messages


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES
Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario19 de noviembre de 2017
No amemos de palabra sino con obras
1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con
obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un
imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que
el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento
de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las
palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos
concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite
excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su
ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro
lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo
recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero
(cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf.
1 Jn 3,16).
Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera
unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de
tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a
corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible
en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su
caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e
incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la
misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad
puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de
misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se
encuentran necesitados.
2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La
Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación.
Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de
los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos
de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la
asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos
con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo:
el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que
la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una
fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal
del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y
herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).
«Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la
necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente
la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista
Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia,
describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad.
Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y
por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y
animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol
Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual
convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos
hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo
para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los
que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin
embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que
os arrastran a los tribunales? [...] ¿De qué le sirve a uno, hermanos
míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá
salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y
faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: "Dios os
ampare; abrigaos y llenaos el estómago", y no les dais lo necesario
para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras,
por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).
3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han
escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la
mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos
a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y
mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los
pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han
sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con
el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más
pobres.
Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han
seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con
abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio
para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de
inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo
muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre
ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me
parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test
1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la
caridad y el estilo de vida de los cristianos.
No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena
obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de
gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia.
Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos
acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que
a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro
con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un
estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la
conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir,
la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce
alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de
Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que
toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como
confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El
Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar
por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los
hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del
santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo
despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con
ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese
otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3:
PG 58).
Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a
encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles
sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano
extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras
certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en
sí misma.
4. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante
todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y
con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos
(cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que
sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para
superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos
creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos
impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida
y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea
las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras
responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras
limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su
gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el
uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y
los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la
Iglesia Católica, nn. 25-45).
Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica
pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue
capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer
nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un
desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y
nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo
tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras
comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza
evangélica que llevan impresa en su vida.
5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo
para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía
todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la
marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el
encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la
dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia
sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la
esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La
pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por
viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el
dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos
la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la
codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.
Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la
riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos
privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la
explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación
de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este
escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A
la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes,
impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el
sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la
búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la
participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando
de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe
responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.
Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a
la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la
segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963)
y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se
abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen
esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura,
la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las
llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada
a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender
sobre los hermanos la bendición de Dios.
6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia
la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las
comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo
concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados.
Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis
predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras
comunidades, se añada ésta, que aporta un elemento delicadamente
evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la
predilección de Jesús por los pobres.
Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a
mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos
clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y
hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene
como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que
reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya
la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida
a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se
dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de
solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y
la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han
levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original
destinado a la humanidad sin exclusión alguna.
7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a
la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de
noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a
organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad
y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a
participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se
manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de
Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de
Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota,
cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de
todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo
abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente
el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua.
En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan
protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio
para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la
Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como
invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe
de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse
ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo
importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia
del Padre.
8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán
a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que
olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición
del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de
nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta
y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la
existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían
a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de
los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen
como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural:
el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación
y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la
necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la
alegría de la mutua aceptación.
9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que
tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas
consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo
del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial
de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución
concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo.
Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia
creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más
convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el
Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema,
sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del
Evangelio.
Vaticano, 13 de junio de 2017
Memoria de San Antonio de Padua
Francisco
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lunes, 11 de septiembre de 2017

Fallece P. Vicente Guerrero, OP, navarro con cien años de edad, que fue secretario del Cardenal Landázuri

Descansa en paz, querido Fr. Vicente Guerrero. Esta madrugada ha fallecido en el Convento de Santa Rosa de Lima Fr. Vicente Guerrero Carbonell. En el mes de junio cumplió los cien años. El pasado día 30 de agosto había sido asignado por el Maestro de la Orden a la Provincia de San Juan Bautista del Perú. En la Capilla del Nacimiento -al interior del Jardín de Santa Rosa- se está velando. No se cerrará el jardín hasta las 9 pm. Mañana martes 12, se abrirá a las 8 am., la misa de cuerpo presente en la Basílica 11am y posterior traslado al Cementerio Británico en El Callao. El funeral por su eterno descanso tendrá lugar mañana martes, día 12 de septiembre, a las 11.00 h. en la Basílica de Santa Rosa de Lima. Demos gracias a Dios por su vida y pidamos al Señor que lo acoja en su Reino.  Face: Boletin Misioneros Dominicos

 

P. Vicente Guerrero, el dominico navarro con cien años de edad, que  fue secretario del Cardenal Landázuri. 
Tuve la gracia de visitarle, conversar y recibir su bendición, el 8 de agosto del 2017, fiesta de Santo Domingo, en el Convento de los Dominicos de Santa  Rosa, junto a la Casa donde nació y vivió Santa Rosa. Fue un don  encontrarme con un misionero de la tierra de Javier, Navarra, con 
cien años de vida, sin poder hablar, pero con la sonrisa en los labios  y con la mano abierta para bendecir y señalar la foto del Cardenal  Juan Landázuri a quien sirvió con prudencia suma y afecto filial.

Allí está también el preciado escritorio que le regalara Su Eminencia.  Le conocí un miércoles 17 de febrero del 2016, en compañía de Massimo  Zorzin quien estudia la obra del Cardenal Landázuri en el Concilio  Vaticano II. A pesar de sus 99 años, quedé impresionado por su  lucidez, simpatía, amabilidad. Sin soltar prenda sobre su misión como  secretario del Cardenal –pues era según él "top secret"- nos compartió  varias anécdotas que ayudarán, sin duda, a completar la ya conocida  imagen franciscana, sencilla, transparente del gran Cardenal de Lima. 
Eso sí, se explayó acerca de la prudencia exquisita, la paciente  energía y del ilimitado cariño que los fieles les manifestaron. 

Nacido el 10 de junio de 1917, acaba de cumplir los cien años, llegó  al Perú el 10 de mayo de 1958, pasó cinco años como misionero en la  selva; fue responsable de prensa del congreso eucarístico y mariano  nacional y al ser nombrado Cardenal de Lima, Mons. Juan Landázuri, en  el 1962, fue reclamado como secretario –misión que cumplió a lo largo  de todo su ministerio en 1988. Me refirió que –por discreción- nunca  concedió una entrevista y que en el libro de quien fue secretario,  Gustavo Noriega Mi amigo el Cardenal Juan (Lima, 1999) se informa de  su labor en Cáritas: "Su primer Secretario General fue el Padre  Vicente Guerrero, quien trabajó en las oficinas que se acondicionaron  en el tercer piso del Palacio Arzobispal. Esta circunstancia permitió  la participación más activa de Su Eminencia en esos primeros años de  trabajo social desde Cáritas Lima. El Padre Vicente fue un amigo y  magnífico colaborador del Cardenal, quien respondió con creces a las  expectativas por su capacidad para atender esta área que tanto apoyo  necesitaba", p. 98) 

La Asamblea Plenaria del Episcopado Peruano le concedió la  Condecoración "Medalla Santo Toribio de Mogrovejo", por su destacado  servicio a la Iglesia del Perú, específicamente por "el generoso  servicio prestado a la Conferencia Episcopal Peruana como Secretario  Adjunto, desde 1983 hasta 1985, y le fue entregada el día jueves 27 de  enero de 2011 a las 11:00 horas en la Asamblea Plenaria Ordinaria.  Poco después de recibido el premio, estuvo a punto de morir, perdió la  memoria y la razón, pues "estuvo ocho días sin saber lo que hice, pero  me recuperé". 

Su hermana Asunción, dominica del Rosario en Chaclacayo, pasa también  de los 90 años de edad y casi toda su vida como misionera en el Perú.  Agradezco al Señor tan providencial encuentro y lo comparto para  felicidad de los Dominicos, Navarra, el Perú, la Iglesia entera. Dios quiera que vidas tan fecundas y benéficas sean dadas a conocer, se  registren para la historia y nos sirvan para caminar con esperanza en  este mundo tan necesitado de ellas.

 

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sábado, 9 de septiembre de 2017

RATITOS PARA RATO o el PATRIM0NIO ESPIRITUAL DE LOS LIBROS DEL P. CARLOS ROSELL

RATITOS PARA RATO
Amigos, hoy un buen enlace católico buigle.com selecciona mi blog y lo
aprovecho para leerles lo que he ido comentando al ir leyendo los
libros, el patrimonio espiritual, de nuestro maestro y amigo, P.
Carlos Rosell y sus ratitos con Dios, con Jesús, con María, con San
José, con el E. Santo, con los santos…
El P. Carlos nos invita al más allá –al Cielo- pero disfrutando ya en
la Tierra, en compañía de los mejores amigos…en familia. Tenemos
ratitos para RATO
Limeño, ingeniero civil titulado y egresado de la Universidad Nacional
de Ingeniería.
Sacerdote de la Arquidiócesis de Lima, doctor en Sagrada Teología por
la Universidad de Navarra (España) con la tesis Escatología ortodoxa,
que recibió el premio extraordinario.
Fue Rector del Seminario Conciliar de Santo Toribio de Mogrovejo
(Lima); "Pastores con olor a oveja".
Rector actual de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima,
donde dicta diversas
asignaturas como "Dios uno y trino" y "Escatología". En la Revista
Teológica Limense, artículos y reseñas.
http://ec.aciprensa.com/wiki/Carlos_Rosell_de_Almeida
https://es.slideshare.net/educacionvirtualftpcl/padre-carlos-rosell-panorama-histrico-sobre-la-escatologa-cristiana
http://mmorantello.blogspot.pe/2015/04/testimonio-sacerdotal-del-padre-carlos.html
Freddie Armando Romero Paredes

Ya es un clásico de la editorial Paulinas con los siguientes libros:
La Santísima Virgen María y el purgatorio, teológico cien por cien,
como gratitud a su tesis doctoral en tiempo récord, 9 meses (a 9 horas
diarias).
LOS RATITOS: Un ratito con Dios, Un ratito con Jesús, Un ratito con
el Espíritu Santo, Un ratito con San José, Un ratito con los santos.
Varios libritos de meditaciones parecidos a los ratitos:
María Desatanudos, Cada día en el Corazón de María. Las catorce obras
de misericordia,
El apóstol de la Eucaristía. Pinceladas sobre la vida de San Manuel Gonzáles
Por la Comisión episcopal de liturgia: Seguir a Cristo, Vivir con Dios
y Celebrar la fe .
Numerosos artículos en la Revista Teológica Limense.
La razón en la Teología Católica, como inauguración de la colección
"Recta ratio" del Centro de Investigación de la FTPCL
La comunión de los Santos
La Iglesia es communio sanctorum: comunión de los santos, es decir,
comunidad de todos los que han recibido la gracia regeneradora del
Espíritu por la que son hijos de Dios, unidos a Cristo y llamados
santos. Unos aún caminan en esta tierra, otros murieron y se purifican
también con la ayuda de nuestras plegarias. Otros, en fin, gozan ya de
la visión de Dios e interceden por nosotros. La comunión de los santos
también quiere decir que todos los cristianos tenemos en común los
dones santos, en cuyo centro está la Eucaristía, todos los demás
sacramentos que a ella se ordenan, y todos los demás dones y carismas
(cfr. Catecismo, 950).
Por la comunión de los santos, los méritos de Cristo y de todos los
santos que nos han precedido en la tierra nos ayudan en la misión que
el mismo Señor nos pide realizar en la Iglesia. Los santos que están
en el Cielo no asisten con indiferencia a la vida de la Iglesia
peregrinante: nos impulsan con su intercesión ante el Trono de Dios, y
aguardan que la plenitud de la comunión de los santos se realice con
la segunda venida del Señor, el juicio y la resurrección de los
cuerpos. La vida concreta de la Iglesia peregrina y de cada uno de sus
miembros; la fidelidad de cada bautizado tiene gran importancia para
la realización de la misión de la Iglesia, para la purificación de
muchas almas y para la conversión de otras [1].
La comunión de los santos está orgánicamente estructurada en la
tierra, porque Cristo y el Espíritu la hicieron y hacen sacramento de
la Salvación, es decir, medio y señal por la que Dios ofrece la
Salvación a la humanidad. En su caminar terreno, la Iglesia también se
estructura externamente en la comunión de las Iglesias particulares,
formadas a imagen de la Iglesia universal y presididas cada una por su
propio obispo; en esas iglesias particulares se da una comunión
peculiar entre sus fieles, con sus patronos, sus fundadores y sus
santos principales. Análogamente se da esta comunión en otras
realidades eclesiales.
También estamos en cierta comunión de oraciones y otros beneficios
espirituales, hay incluso cierta unión en el Espíritu Santo con los
cristianos que no pertenecen a la Iglesia Católica [2].
https://www.youtube.com/watch?v=eLhpDoJQP6w
UN RATITO CON EL ESPÍRITU SANTO. Ungidos para sonreír
P. Carlos Rosell (Paulinas, Lima, 2014, 193 pp)
¡Qué alegría me da recibir y reseñar este nuevo librito de bolsillo
del P. Carlos en la fiesta del Señor de los Milagros! Me parece un
milagro que en medio de tantas ocupaciones pastorales y académicas en
el Seminario, la Facultad, con los sacerdotes, con los catedráticos,
con los jóvenes, con los mayores…siga fiel a su vocación-misión de
darnos lo mejor de su contemplación, de su reflexión, de su acción…
Les comparto en primer lugar un fragmento de una de las charlas a la
Renovación Carismática en la plaza de toros de Acho en la que como un
gran maestro torea a lo divino sobre "su" más querido tema (María) y
el del presente libro (el Espíritu Santo). Arranca con la anécdota
sobre Karol –el monaguillo que fue Papa- que se distraía en la Misa y
gracias a su papá comenzó a orar al Espíritu Santo.
Como es habitual en él, comienza con el chistecito, en el primero
habla de "Uno de tres", luego –en la escuela del Papa Francisco- nos
presenta tres verdades bien fundadas en la Sagrada Escritura y el
magisterio patrístico y papal, para caldear el corazón y animar a
ponerlo en práctica. Uno acaba sintiendo al Espíritu Santo como lo más
normal, como lo cotidiano. Y me encanta su devoción mariana como
muestra la culminar su prólogo: "Entrego este libro a la Santísima
Virgen, la mujer llena del Espíritu Santo. Y, además, elevo mis
oraciones a la Madre de Dios para que todos los que lean este modesto
libro reciban abundantes luces del Espíritu Santo, de modo que tengan
"los mismos sentimientos de Cristo Jesús" (Flp 2,5).
Algunos de los 31 capítulos: Señor y dador de vida; el Acompañante de
Jesús; la Belleza de la Iglesia; María, obra maestra del ES; templos
vivos; somos ungidos; soldados de Cristo; el Agua Viva; los dones y
los frutos del ES; el espíritu de la verdad; la unidad; la alegría; el
don de lenguas; el Abogado; el carisma del celibato; pecados contra
el ES; descanso en el Espíritu. Con este epígrafe termina la obra.
Éstas son sus últimas palabras: "El ES nos lleva a descansar como
verdaderos hijos de Dios Padre, hermanos de Jesús e hijos de María.
¡Con la fuerza del ES, descansaremos siempre en los brazos amorosos de
nuestro Padre Dios, en el corazón de Jesús, Nuestro Señor, y en el
Inmaculado Corazón de María, Nuestra Madre!" (p.184)
UN RATITO CON LOS SANTOS
¡Qué gusto me da poder invitar a leer otro librito librazo para que
disfruten muchos ratitos ratazos en la mejor compañía: los santos, los
amigos de Dios! ¡Ya saben lo que reza el refrán: Dime con quién
andas…y te diré quién eres! ¿Se imaginan tener en la Feria del Libro a
los mejores futbolistas de todos los tiempos, Pelé, Maradona, Lolo
Fernández, Messi, Cristiano Ronaldo…? Pues el P. Carlos Rosell ha
convocado a los mejores en su cancha, los libritos de bolsillo de
Paulinas que tan apetitosos se presentan. De momento toca de la letra
"A" hasta la "I", así que Dios quiera que ya esté preparando la "J",
José, Juan (¡cuántos!)…hasta la "Z". Como es su estilo, inicia con
alguna anécdota, chiste o historieta amena, luego nos expone algunos
rasgos del santo nombrado para ayudarnos a tomar conciencia de que no
hay mayor felicidad que vivir con Dios y que si Dios nos ha pedido que
seamos santos es porque se puede. Al final de cada apartado nos invita
a orar a Dios por intercesión del santo por una intención particular
personal o general de la Iglesia y del mundo. Y –como señala en el
Prólogo- la mejor prueba de que sí se puede son los santos de la
Iglesia. "Ellos fueron hombres y mujeres, como nosotros, que abrieron
de par en par sus corazones a Dios, colaboraron con la gracia y hoy
son felices en el cielo, por toda la eternidad". Por último, como
siempre nos dice, "pongo este libro en las manos de la Reina de los
santos, María Santísima para que saquen el firme propósito de buscar
la santidad". COMO MUESTRA, UN BOTÓN, el primero, dedicado a SAN
AGUSTÍN: "Era un joven tan descarriado, pero tan descarriado, que sus
amigos le habían puesto como apodo "parroquia abandonada". ¿Saben por
qué? Porque no tenía "cura". Y también le decían "botiquín vacío".
¿Por qué? Porque no tenía "remedio". En realidad, nadie puede
considerarse perdido, pues para Dios todo tiene cura y remedio. No
olvidemos que la gracia de Dios es capaz de transformar la vida más
desordenada". Nos presenta de modo sintético su vida y obra, su misión
y culmina con una conclusión aleccionadora "La vida de San Agustín nos
enseña que a pesar de que podemos ir por mal camino, siempre hay
remedio cuando buscamos al Señor. Acudamos a la intercesión de San
Agustín para pedirle que nos ayude a abrir nuestros corazones de par
en par a ese Dios que solo sabe amar".
UNA ANÉCDOTA PARA TERMINAR. El célebre periodista Phillips Butters que
fungió de maestro de ceremonias en la entrega de los premios de la CEP
en la que me entregaron Placa de Honor Cardenal Juan Landázuri
Ricketts por la "trayectoria como comunicador, profesor universitario
e investigador, divulgando la Historia de la Iglesia en el Perú
durante veinte años a través de publicaciones, programas radiales y
televisivos", en el 2015, nos compartió su fe con una anécdota
calentita; resulta que no ubicaba la sede de la CEP y apurado
manejando su carro, solicitó ayuda para llegar y pasaba el Padre
Carlos Rosell que iba al mismo destino; le dijo: "¡Súbase compadre, yo
le llevo!", En el trayecto de 5 minutos le obsequió con su librito de
"Un ratito con Dios" dedicado a sus hijitas y Phillips vio "a Diosito"
con gesto tan entrañable. Nos habló con gracia y maestría de la
grandeza de nuestra fe y se encargó de presentar al premio y al
premiado. El P. Carlos –que es mi Rector- tuvo el gesto de acompañarme
en la entrega del premio y le agradezco también.
Pedimos a Santa María, en el día de su Natividad, que le siga
custodiando y le regale ratitos para compartirnos muchos más
ratitos-ratazos que adelanten el Cielo viviendo la comunión en la
tierra. Muchas gracias.
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Video homenaje a Manolo

"¡Cómo no creer!. Señor de los Milagros

 

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