martes, 17 de julio de 2018

Maestría en Derecho canónico con mención en derecho eclesiástico en Lima. Universidad Católica San José

Universidad Católica San José lanza

Maestría con mención en Derecho Eclesiástico

 ·      Es la primera Maestría en el Perú sobre un tema que no ha sido desarrollado hasta ahora: el derecho eclesiástico.

·      Asuntos como la libertad religiosa, la inscripción de instituciones en los Registros Públicos, y la resolución de conflictos ante el Tribunal Constitucional peruano, entre otros, están estrechamente relacionados con el Derecho Eclesiástico.


Lima, junio de 2018.- La Constitución Política del Perú reconoce en su artículo segundo el derecho que tiene toda persona "a la igualdad ante la ley" y establece que "nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquier otra índole". De esta manera, se exige de parte del Estado la toma de medidas encaminadas a garantizar el ejercicio del derecho de libertad religiosa, mediante una adecuada regulación normativa.

"El Derecho Eclesiástico del Estado es aquella rama jurídica que se dedica a estudiar el ordenamiento jurídico de un Estado en relación al factor social religioso. Se refiere al derecho humano de libertad religiosa -uno de los «cimientos de la sociedad democrática» como lo reconoce la Corte Interamericana de Derechos Humanos-,  que los Estados democráticos garantizan a sus ciudadanos, y también a otras manifestaciones como la presencia de entes religiosos en un país y la relación de estos con el Estado. Por tanto, tiene una vertiente individual y otra colectiva", asegura Jessica Chirinos-Pacheco, directora y docente de la Maestría en Derecho Canónico con Mención en Derecho Eclesiástico de la Universidad Católica San José.

 

En nuestro país esta rama del derecho está poco desarrollada en la doctrina jurídica, es por ello que esta Maestría ofrece la oportunidad de formar profesionales expertos en la materia.

 

Dada la presencia importante de la Iglesia Católica en nuestro país, y su mención en la Constitución Política del Perú, la malla curricular incluye algunas asignaturas de derecho canónico relevantes, así como asignaturas propias del Derecho Eclesiástico del Estado. Se estudiará también la relación del Estado Peruano con otras confesiones religiosas, finalizó la docente.

 Cabe precisar que las inscripciones para la Maestría en Derecho Canónico con Mención en Derecho Eclesiástico continúan abiertas. Las clases inician el viernes 3 de agosto de 2018.

   

Sobre la Universidad Católica San José:

La Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima remonta sus orígenes a la creación del Estudio

General de la Orden de Santo Domingo, el 1 de julio de 1548, institución que dio inicio a la

Universidad de San Marcos en 1551.

 

La Ley N° 30220 dispuso que todas las universidades del Perú adecuaran sus estatutos a los

requerimientos legales exigidos por esta nueva normativa. En este proceso de adecuación, se vio

conveniente ponerle un nombre propio a la institución universitaria: "Universidad Católica San

José". La Facultad de Teología sigue conservando su nombre histórico de Facultad de Teología

Pontificia y Civil de Lima y mantiene su naturaleza jurídico-canónica de facultad eclesiástica,

que depende, en cuanto a su dirección y gobierno, de la Santa Sede, por medio de la Congregación

para la Educación Católica. 

 

El promotor de la Universidad Católica San José es el Arzobispado de Lima. Ofrece las carreras de

Filosofía, Educación y Psicología. Por su parte, la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima ofrece la carrera de Teología.

 

Mayor información en: http://www.ucsanjose.edu.pe/ 
Rocío Angulo    

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lunes, 16 de julio de 2018

VARGAS UGARTE, R. Historia del Santo Cristo de los Milagros, 5ª edición 2018

VARGAS UGARTE, R. Historia del Santo Cristo de los Milagros

Monasterio de Nazarenas Carmelitas Descalzas, Lima, 2018, 170 pp

 

¡Bienvenida esta quinta edición de la obra clásica del maestro de historiadores y jesuita en los 450 años de la llegada de la Compañía de Jesús al Perú y a los 69 de su primera edición en 1949!

Como se anota en la "advertencia a la quinta edición" se mantiene íntegro el texto original del autor y se añaden algunas fuentes históricas (notas) gracias a la "labor minuciosa de investigación realizada por el padre Jesús Túpac y la Sra. Pilar Marín de Ausonia [que] han pulido y ampliado en anotaciones la obra original del P. Vargas Ugarte que hoy sale a la luz corregid y enriquecida por vez primera" (p.XIII).

 

El cuerpo de la obra como en las anteriores ediciones contiene la "Introducción" por parte del autor, quien confiesa escribir el libro por petición de las Carmelitas Nazarenas, quienes les abren sus archivos para trabajar con facilidad. Bueno es recordar que por aquellos tiempos -1940- el Padre R. Vargas campaba libremente por todos los archivos e incluso contaba con los permisos para llevar los manuscritos a su casa.

Fiel a su esquema de capítulos cortos y secuenciados cronológica y temáticamente, se estructura la obra en diecisiete apartados, correspondientes al escenario (Barrio de Pachacamilla), los actores (Andrés de León, Sebastián de Antuñano, Antonia Maldonado, Primeros Mayordomos), los acontecimientos (terremoto de 1654, 1687, 1746; los intentos de borrar la imagen), los espacios sacros (Monserrat, iglesia de las Nazarenas), agrupaciones (cofradía, hermandad), aprobación civil (el Patrono de la Ciudad), los sucesos extraordinarios (maravillas y milagros), su trayectoria (irradiación del culto), restauración de la imagen y del templo. Siempre resulta de mayor interés el apéndice documental con siete documentos: Auto de donación al Beaterio de Nazarenas del Callao por D. Francisco Carrillo, 1692; Fragmento del Testamento de Madre Antonia Lucía, 1709; Carta de las Beatas Nazarenas al Rey en 1718 solicitando ayuda y aprobación;  Solicitud por parte del Cabildo se apruebe el Monasterio en 1718; Licencia del Rey para Clausura en 1720, Reforma del Estatuto de las Nazarenas firmador por la priora Grimanesa Josefa de Santo Toribio, Memorial de la Priora del Monasterio de Nazarenas sobre la Becas de Fundación y renta 1782.

 

El primer gran aporte de esta nueva edición es el erudito prólogo de Ramón Mujica Pinilla (pp.VII-XIII),  uno de los mejores conocedores del tema en cuestión como puede comprobarse en su reciente estudio "El Cristo imborrable y las Nazarenas: Arte sagrado y espiritualidad femenina en la Lima Virreinal", en El Señor de los Milagros, Lima, Banco de Crédito del Perú, 2016).  Se pondera el valor de la obra debido al uso de fuentes primarias –Archivo de Nazarenas, Archivo Arzobispal- por parte a del autor. Buen conocedor de la iconografía postridentina, así como de las corrientes espirituales de la Reforma Católica, nos introduce en el fascinante mundo religioso del Perú virreinal, en plena ebullición de su religiosidad popular y abigarrada piedad en la que se hacen sentir tanto poblaciones marginadas, como la afrodescendiente, como la sensibilidad femenina. En efecto, el culto habría tenido una evolución muy singular gracias al rol la Madre Antonia Lucía del Espíritu Santo, fundadora de un Beaterio, cuyo hábito morado fue trasladado como parte del nuevo Monasterio, -ligado a la regla del Carmelo-, fundado en torno al santuario ya existente del Señor de los Milagros y que, desde entonces, quedaría asociado a esta devoción limeña. Se nos recuerda que cuando Sor Antonia vio pasar la procesión nazarena en 1687 "el mismo Cristo crucificado se le apareció milagrosamente ´vivo y glorioso´. Es decir, para ella la imagen visible y su prototipo eran una sola realidad, experiencial y espiritual" (p.XII).

El segundo es la "Introducción" por parte del P. Juan Dejo SJ (teólogo e historiador especializado en la Historia de la espiritualidad, actual responsable del Archivo y patrimonio de los Jesuitas en el Perú). Repasa los primeros historiadores del acontecimiento nazareno, Felipe Colmenares y Pablo de Laurnaga (1771), Pedro Vásquez de Novoa (redactada en 1766 y publicada en 1868) y rescata la "Relación del origen y fundación del Monasterio del Señor San Joaquín de Religiosas Nazarenas Carmelitas Descalzas" de la Venerable Antonia Lucía del Espíritu Santo, del año 1793, como la fuente más apreciada por el P. Vargas. Se pondera la profesionalidad como historiador del autor, destacando además su faceta de teólogo y maestro de espíritu: "Con prístina claridad, el jesuita nos lleva hacia una teología de la gracia en estrecha relación con la espiritualidad popular" (p.XVIII). Señala como tarea pendiente en el P. Vargas pero felizmente realizada por R. Mujica al estudiar la devoción a la cruz y los lazos jesuítico-carmelitanos vinculados con la población africana.

El tercer aporte es la identificación y especificación de algunas fuentes históricas en varias de las notas, de las que resaltamos:

 

p.7 nota 4. Según las investigaciones de la restauradora Liliana Canessa la imagen junto a Cristo Crucificado es María Magdalena y no San Juan como antes se afirmaba.

p. 14: n.3 El manuscrito fue restaurado en el 2016 por el BCP

p.15 Se indica que "la investigación realizada por el P. José Gutiérrez, OCD, determinó que el nombre del primer favorecido con un milagro del Santo Cristo, fue Andrés de León y no Antonio como antes se afirmaba".

 

Me permito compartir algunos aportes debidos a mis consultas en el AAL (Archivo Arzobispal de Lima::

p.36 Real Cédula de 19 de abril de 1681 y que se encuentra en el AAL, II, 493

p.62, Nota 5 AAL, XXV: 15

p. 79 Nota 4 El original está en "Biblioteca y Archivo Histórico de la Municipalidad Metropolitana de Lima. Libro de Cabildos nº 34, folio 158, vuelta. Certificación y testimonio del Escribano Real Don Diego de Salazar. Copia certificada en el Archivo del Monasterio.

P. 167: En el Apéndice figura el documento titulado "Reformas del Estatuto de las Nazarenas". Debería ponerse la fecha que corresponde de 1738 a 1778 y su ubicación concreta: AAL. Monasterio de Nazarenas I: 87.

Felicito, por tanto, la iniciativa de renovar la edición de esta obra clásica sobre la historia, devoción y culto del Señor de los Milagros, con el añadido de espléndidas fotos del Archivo del Monasterio de Nazarenas, el cómodo tipo de letra y el atractivo formato.


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domingo, 15 de julio de 2018

Sebastián de Antuñano y Rivas: http://dbe.rah.es/biografias/68501/sebastian-de-antunano-y-rivas

En la formidable obra de más de 45.000 biografías del Diccionario biográfico de la Real Academia de Historia de España tuve el honor de elaborar alguna biografía como la presente: http://dbe.rah.es/biografias/68501/sebastian-de-antunano-y-rivas
La comparto en gratitud por el envío de las fotos del nuevo cuadro restaurado que se expone en el Museo de las Nazarenas de Lima; gentileza de Iván Landa, responsable de las Hermandades del Arzobispado de Lima. 

Sebastián de Antuñano y Rivas | Real Academia de la Historia

Sebastián de Antuñano y Rivas

Biografía

Antuñano y Rivas, Sebastián de. Vizcaya, 1665 – Lima (Perú), 17.XII.1716. Cuarto mayordomo y benefactor de la Hermandad del Señor de los Milagros de Nazarenas de Lima.

Allá por el año 1650, en el barrio limeño de Pachacamilla, unos negros procedentes de Angola se unieron en cofradía, levantando una tosca ramada para sus reuniones. Para presidir éstas mandaron pintar una imagen de Cristo Crucificado sobre una de las paredes de adobe del barrio limeño de Pachacamilla.

Poco después contrataron al pintor José de la Parra para que mejorase la pintura. Venerado tan sólo por los concurrentes a las reuniones del barrio, permaneció expuesto a la intemperie de soles y garúas, hasta que un 13 de noviembre de 1655 un violento terremoto sacudió los cimientos de la ciudad y muchos de los edificios se vinieron abajo, también las casas vecinas del muro donde se veneraba el Cristo; tan sólo el muro pintado permaneció en pie.

Hacia 1670 el limeño Antonio de León siente la inclinación de cuidar la imagen y le levanta un altar al ser curado milagrosamente de un tumor maligno.

La noticia de otros hechos milagrosos atribuidos a la imagen del mural atrajo el interés del público y la imagen comenzó a ser conocida como el "Señor de los Milagros". No todas las reuniones en el lugar eran de naturaleza edificante, y la autoridad pública mandó borrar la imagen. Pero los fracasos de este intento aumentaron la fama del Cristo. El mismo virrey conde de Lemos se personó en el lugar y ordenó que se le construyera una ermita. Su inauguración fue durante la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz del año 1671, y en esos mismos días la autoridad arzobispal, a fin de dar continuidad y decencia al culto religioso, nombró como primer mayordomo a Juan de Quevedo y Zárate. El segundo fue Juan Gonzalo de Montoya y Juan López de Saavedra el tercero. Surge entonces el más destacado mayordomo y benefactor, Sebastián de Antuñano, quien en 1684, al dirigirse a la ermita y contemplar la santa efigie, había sentido una voz interior que —en propias palabras— le susurraba claramente: "Sebastián, ven a hacerme compañía y a cuidar del esplendor de mi culto". Puesto de rodillas ante la imagen, le había ofrecido un servicio incondicional hasta la muerte.

Terminadas las obras, un violento terremoto asoló la ciudad de Lima, Callao y las localidades vecinas, destruyéndolas por completo, en la madrugada del 20 de octubre de 1687. Por la tarde de aquel día, Sebastián de Antuñano tuvo la idea de sacar en procesión un lienzo que era copia del Cristo del mural. Fue así que se inició la primera procesión de las tradicionales procesiones de octubre del Señor de los Milagros de las Nazarenas. En su primer recorrido llegó hasta la Plaza Mayor y al cabildo limeño, donde recibió muestras de fervor por parte de los fieles y vecinos de ambos lugares.

Se tiene la seguridad de que aquella réplica es la misma que hoy en día se sigue acompañando en los meses de octubre en su multitudinario recorrido por la gran Lima.

En 1699 Antuñano compraba al maestre de campo Diego Manrique de Lara el "sitio que llaman del Santo Cristo de los Milagros [...] y asimismo está incluso otro solar que es sobre el que estaba el muladar grande de Pachacamilla". Su objetivo único era que "en el dicho sitio se celebre el mayor culto y veneración de la maravillosa imagen del Santo Cristo de las Maravillas y Milagros, cuyo santuario y casa está en dicho sitio donde se celebra públicamente su mayor culto desde el año de 1671".

Antuñano sintió cercano su fin y, habiendo hecho testamento el 17 de diciembre de 1716, confesado y comulgado, falleció en la noche del 20 al 21 de diciembre del mismo año. Tenía sesenta y cuatro años de edad y treinta y tres de mayordomo del Señor de los Milagros. Sus restos reposan en la pared de crucero de la derecha del que entra en el templo; puede leerse la siguiente inscripción: "Aquí yacen los restos del Hermano Sebastián de Antuñano, nuestro cofundador de nación vizcaíno-español, quien desde el año 1684 se consagró a promover el culto y devoción a Nuestro Señor de los Milagros y cooperó eficazmente a la fundación del Beaterio de Nazarenas, actual Monasterio de Carmelitas Descalzas Nazarenas".

En la actualidad, la imagen del Señor de los Milagros de Nazarenas es la más popular del Perú y cuenta con millones de devotos, particularmente en las multitudinarias procesiones de octubre, "mes morado", en Lima, Perú y el mundo.

 

Bibl.: R. Vargas, Historia del Santo Cristo de los Milagros, Lima, Sanmartí, 1966; R. Banchero, La verdadera historia del Señor de los Milagros, Lima, Inti Sol, 1976; M. Maticorena, "Sebastián de Antuñano", en El Comercio, Lima, 30 de diciembre de 1979; R. Banchero, El Cristo de Pachacamilla, Lima, Monasterio de Madres Nazarenas Carmelitas Descalzas, 1984; J. A. Benito, "Historia del Señor de los Milagros de las Nazarenas", en El rostro de un pueblo (Estudios sobre el Señor de los Milagros), Lima, Universidad Católica Sedes Sapientia, 2005; G. Corrado Peluso (coord.), Lima, Fondo Editorial UCSS, 2005, págs. 131-257.

 

José Antonio Benito Rodríguez


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Juan Pablo Viscardo y Guzmán por María Ángeles Eugenio Martínez

Juan Pablo Viscardo y Guzmán | Real Academia de la Historia

Juan Pablo Viscardo y Guzmán

Biografía

Viscardo y Guzmán, Juan Pablo. Pampacolca (Perú), 26.VI.1748 – Londres (Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte), 10.II.1798. Exseminarista jesuita (SI), humanista, precursor ideológico y promotor de la independencia americana.

Nace en Pampacolca (Arequipa), aunque se cuestiona si el nacimiento pudo tener lugar en algunas de las propiedades que los padres poseían en el valle de Majes y ser llevado a esta doctrina para su bautizo el 27 de junio de 1748. Perteneciente a una familia distinguida de Arequipa, su madre fue Manuela de Sea y Andia y su padre el maestre de campo Gaspar Vizcardo, fallecido con sólo treinta y cuatro años, lo que debió de influir en el envío de Juan Pablo y de su hermano mayor, Joseph Anselmo, al internado de los jesuitas en Arequipa, donde ambos ingresaron el 27 de junio de 1763. La orden de extrañamiento de los jesuitas, decretada por el monarca hispano Carlos III, les fue comunicada el 7 de septiembre de 1767, cuando los hermanos Viscardo estaban en el colegio máximo de la Transfiguración (Cuzco), donde Juan Pablo había comenzado los estudios mayores de Filosofía y ampliaba los conocimientos de las humanidades clásicas. Con otros miembros de su orden, los hermanos son embarcados en El Callao (Perú), posiblemente en el navío Santa Bárbara, que el 11 de marzo de 1768 zarpó rumbo a Cádiz (España). El 10 de agosto llegan al puerto español y permanecen en la cercana población de El Puerto de Santa María durante varios meses, en los que ambos solicitaron la secularización mientras esperaban ser trasladados a Italia.

El 6 de abril de 1769 los Viscardo llegan a Italia (La Spezia) en la fragata sueca Cristina Margarita y se establecen en Massacarrara, pequeña ciudad entre la Liguria y la Toscana, donde Juan Pablo dedicó gran parte de su tiempo a enviar múltiples instancias para obtener un permiso de regreso a Perú y recuperar una rica herencia familiar que les permitiera hacer frente a las dificultades económicas del exilio italiano, que compartió con su hermano hasta su muerte prematura. A mediados de 1781, al recibir noticias del alzamiento en el Cuzco de Tupac Amaru contra el régimen español, Juan Pablo Viscardo se entrevista con el cónsul inglés en Liorna, John Udny, solicitando la ayuda británica en favor de los rebeldes peruanos. El 30 de septiembre de este mismo año, confirmada la derrota de la revolución tupacamarista, Viscardo escribe al cónsul una extensa carta para fundamentar la viabilidad de la ayuda inglesa (armas y oficiales) a la independencia de Perú y ofrecer sus propios servicios (conocimiento del país, lengua y costumbres), con el ruego —decía— de "considerar las ventajas que resultaría para los ingleses si yo los acompañara en esta gran empresa".

El 30 de junio de 1782 Juan Pablo viaja por vez primera con su hermano desde Florencia a Londres, bajo los falsos nombres de Paolo Rossi y Antonio Valesi respectivamente. A la espera del final de la guerra de independencia de las trece colonias americanas, y posiblemente pensionados por el Gobierno británico, permanecieron hasta 1784 que regresaron a Massacarrara sin resultado alguno. Tras la muerte de su hermano el 29 de septiembre de 1785, Juan Pablo Viscardo reside en Florencia (de mayo de 1787 a febrero de 1789) y luego en el consulado de Nápoles en Liorna, quizás como empleado, hasta que vencido por la desesperanza de obtener un permiso para regresar a Perú e indignado de que Carlos IV mantuviera la orden de destierro, decidió dedicarse a defender la independencia americana en Inglaterra. A partir de entonces Viscardo, al que, según Batllori, "la miseria y los sufrimientos de trece años de exilio en Italia fueron capaces de convertir a un tímido introvertido en un pensador intervensionista y activo", se entregará plenamente a la causa independentista a través de sus escritos. Sus conocimientos de la vida y sociedad hispanoamericanas lo convertirán en portavoz ante el Gobierno británico respecto a la necesidad de autonomía política y económica.

A fines de 1791 o primeros de 1792, por segunda y definitiva vez, el abate Viscardo viaja a Londres, ahora solicitado por el Gobierno británico y protegido de inmediato por la Oficina de Asuntos Extranjero, recibiendo una pensión de 300 libras esterlinas que le permitió dedicar sus últimos años de exilio a la infructuosa tarea de convencer a Inglaterra de apoyar los movimientos hispanoamericanos en favor de la emancipación y la libertad. De idealista pasa a libertador, pero después de seis años de exilio inglés Viscardo va a entrar en una etapa de debilidad y de desconsuelo por su añoranza cada vez mayor, por su situación económica bastante precaria, y, sobre todo, por la actitud del Gobierno británico de seguir posponiendo toda ayuda a los revolucionarios americanos. En esta fase final de su vida, Viscardo conoce al embajador de los Estados Unidos en Inglaterra, Mr. Rufus King, quien desde años atrás estaba interesado en los movimientos de los patriotas americanos, inclusive había contactado con varios de los exjesuitas americanos que se encontraban al servicio del Gobierno británico. El diplomático norteamericano se convierte en el amigo y confidente de un Viscardo aislado y reconcentrado, resentido y definitivamente desengañado de que se llevaran a cabo sus proyectos tan ansiosamente elaborados. A los cincuenta años de edad, agotado y enfermo, Juan Pablo Viscardo fallece en Londres en febrero de 1798, después de tres décadas de exilio sin ni siquiera haber logrado que se publicara la Carta a los Españoles Americanos, su más valioso alegato en favor de la independencia de la América hispana pero sin duda un documento comprometedor para la diplomacia inglesa. Poco antes de morir, no contando Juan Pablo con otra persona que le inspirase confianza y que fuese simpatizante de la causa independentista de las colonias españolas, lega todos sus papeles y libros al diplomático norteamericano, quien los pasó a su íntimo amigo y precursor de la independencia venezolana Francisco de Miranda. Su testimonio da idea de la multiplicidad y valor informativo de los escritos del abate Viscardo, con el que compartió el compromiso por la independencia americana y la frustración por no conseguir el apoyo efectivo del gobierno inglés, pero que no tuvo oportunidad de conocer personalmente porque la estancia londinense del abate coincidió con la del venezolano en Francia.

Cuando Francisco de Miranda entró en posesión de los papeles de Viscardo y Guzmán, en julio de 1798, halló la Carta a los Españoles Americanos, manuscrita del jesuita peruano, uno de los textos pioneros en la construcción del pensamiento libertador al que, sin duda, debe su fama como precursor de la independencia, aunque no sea su única producción. Además de un sinfín de solicitudes, pleitos y cartas a diferentes autoridades, Viscardo escribió otros trabajos que permanecieron ignorados, uno de ellos el titulado Proyecto para independizar la América Española, fechado en Liorna, el 18 de septiembre de 1790, que fue conservado en la Sociedad de Historia de New York y se conoció en 1983. Este documento, además de proponer que Inglaterra asumiese la protección de las colonias españolas en América, presenta un minucioso plan estratégico para lograr la independencia muy similar al que años después el general San Martín llevó a la práctica en su campaña libertadora. El proyecto de Viscardo, que incluye un "Ensayo histórico sobre la América Meridional en 1780", proponía como primer objetivo la emancipación de la provincia de Chile y la necesidad de una escuadra y de cinco a seis mil hombres de buenas tropas para interceptar a las naves españolas que pasaran al Cabo de Hornos, asegurar el dominio en el Pacífico y llevar a cabo la independencia del Perú, con recomendaciones sobre la organización y avance terrestre hacia El Callao.

Pero la obra de Viscardo más conocida y estudiada hasta hoy es la citada Carta a los Españoles Americanos, un cuadernito de treinta y seis páginas que se convirtió en el escrito de mayor divulgación en su momento por el planteamiento separatista y la justificación ideológica que Viscardo hacía en un período revolucionario todavía embrionario y que ya había esbozado en la carta escrita al cónsul británico el 30 de septiembre de 1781. Entonces el abate se limitó a presentar las circunstancias histórico-políticas que podían inducir a Inglaterra a una acción concreta para restaurar la independencia en Perú, por eso defendió en ella la unión de indígenas y criollos, inclusive exageró el entusiasmo y el apoyo de éstos a la sublevación de Tupac Amaru; mientras que en la Carta a los Españoles Americanos, escrita probablemente en 1792, insiste en los fundamentos histórico-doctrinales para una completa independencia de toda la América española y radicaliza su posición separatista. En un tono de reproche constante hacia la Corona española, Viscardo se refiere a España como "un país que nos es extranjero, a quien nada debemos, de quien no dependemos y del cual nada podemos esperar"; critica ferozmente la colonización española, afirmando que la historia de tres siglos se podría reducir a cuatro palabras "ingratitud, injusticia, servidumbre y desolación"; denuncia la violación de los derechos fundamentales y no duda en proponer la independencia como solución cuando escribe "el despotismo que la corte de España ejerce con nuestros tesoros podría recibir con nuestra independencia un golpe mortal", exaltando el ánimo de los posibles lectores cuando añade "no hay ya pretexto para excusar nuestra apatía, si sufrimos más largo tiempo las vejaciones que nos destruyan se dirá con razón que nuestra cobardía las merece".

El independentista Francisco de Miranda comprendió la importancia de esta Carta para sus fines revolucionarios y la publicó por primera vez en junio de 1799, apenas un año de la muerte del jesuita arequipeño, con el título original Lettre aux Espagnols Américains par un de leurs compatriotes en Filadelfia, aunque impresa en Londres, y desde allí hizo varias ediciones.

En 1801 la publicó en español y distribuyó entre revolucionarios americanos (Gual, Pedro José Caso), gracias a lo cual en los círculos independentistas de la América española circularon clandestinamente ejemplares de la Carta o, en cualquier caso, se tuvo conocimiento de ella por fragmentos o alusiones hechas en proclamas o folletos. En 1803 las autoridades de Margarita y Trinidad informaban de la propagación de libelos como la Carta que "inducen a la subversión de estos habitantes".

El mismo Miranda en su Proclamación a los pueblos habitantes del continente Américo-Colombiano, difundida al desembarcar en Coro (2 de agosto de 1806) para iniciar su fallido proyecto independentista de Venezuela, adjuntó la Carta como prueba de las "crueldades y persecuciones atroces del gobierno español" y recomendaba su lectura, como sólido argumento de la causa, "a las personas timoratas o menos instruidas que quieran imponerse a fondo de las razones de justicia y de equidad". La primera edición inglesa se debe al periodista y escritor William Burke, que la incluyó en su "Additional Reasons for our immediately emancipating Spanish America", publicada en Londres (1808).

En México se difundió extensamente desde 1808 hasta que la Audiencia ordenó la prohibición absoluta y el requisamiento de todos los ejemplares tras el informe de los jueces inquisidores (11 y 24 de septiembre de 1810) que la calificaron de "falsa, temeraria, impía y sediciosa, injuriosa a la religión y al estado, a los reyes y a los pontífices". Pese a esta censura y condena, la sociedad secreta revolucionaria —los Guadalupes— enviaron el 17 de octubre de 1812 un ejemplar, impreso en los Estados Unidos, al líder independentista José María Morelos, capitán general y vocal de la Junta de América en México; una copia de la Carta se encontró entre los manuscritos del independentista rioplatense Mariano Moreno; en las páginas del Aviso al Público (Bogotá) se le dio cabida a primeros de noviembre de 1810. Ejemplares de la Carta, y en favor de los derechos de los americanos, se distribuyeron y quemaron en la plaza mayor de Caracas, al tiempo que desde la Gazeta de Caracas el periodista Burke difundía (1811) en varias entregas las ideas y principios de Viscardo; y en el Perú fue publicada en el Correo Mercantil, Político y Literario (Lima), n.º 16 (28 de febrero y 7, 14 y 22 de marzo de 1822).

Estos ejemplos no son más que una muestra de la divulgación e influencia en el proceso de independencia de la América española de la Carta del abate Viscardo, al que "virtud no le faltó sino fortuna" concluyen los versos del poeta y pensador venezolano, Andrés Bello, quien posiblemente supo de él y de su obra a través de su compatriota Francisco Miranda en cuya casa de Londres vivió hasta 1812. Una placa conmemorativa, homenaje del Consulado General de Perú en Londres y la alcaldía de Westminster, fue instalada en 1999 en la céntrica esquina de Marylebone Rd. y Baker St., donde se ubicaba la residencia de la familia Allsop, lugar donde falleció Juan Pablo Viscardo, calificado como "heraldo de la Independencia".

 

Obras de ~: Carta al cónsul británico, Massacarrara, 30 de septiembre de 1781; Proyecto para independizar la América española. Ensayo histórico sobre la América meridional en 1780, Liorna, 18 de septiembre de 1790; Lettre aux Espagnols Américains par un de leurs compatriotes, Filadelfia, 1792; "Carta Dirigida a los Españoles Americanos" (c. 1792), en Correo Mercantil, Político y Literario (Lima), n. 16 (28 de febrero y 7, 14 y 22 de marzo de 1822) (ed. de R. Vargas Ugarte, Lima, Pacific Press, 1971 y Editorial del Centro de Estudios Históricos Militares, s. f.); Obra Completa, 2 vols., Lima, Ediciones del Congreso de la República del Perú, 1998 (Lima, Banco de Crédito del Perú, 1998).

 

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María Ángeles Eugenio Martínez


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Antonio José de Sucre, por Manuel Lucena

Antonio José de Sucre y de Alda | Real Academia de la Historia

Biografía

Sucre y de Alda, Antonio José de. Cumaná (Venezuela), 3.II.1795 – Berruecos (Colombia), 4.VI.1830.

Patriota venezolano, general del Ejército de Venezuela, Colombia y Ecuador, mariscal de Ayacucho y presidente de Bolivia.

Sucre es una de las figuras históricas más estimadas en los países grancolombianos e incluso suramericanos.

Es además un personaje muy complejo en sus facetas, que han suscitado numerosos y valiosos estudios.

Nació en Cumaná y fue hijo del teniente Vicente de Sucre y Urbaneja y de Manuela de Alcalá. Su familia paterna había sido tradicionalmente de militares, desde su padre a sus cuatro tatarabuelos, pasando por sus dos abuelos. Quedó huérfano de madre a los siete años y fue enviado a Caracas al cuidado de su padrino el arcediano catedralicio Antonio Patricio de Alcalá. En la capital inició los estudios de ingeniería con el coronel José Mires. En 1809 ingresó como cadete, junto con su hermano Pedro, en la Compañía de Húsares Nobles de Fernando VII en Cumaná, una unidad organizada por Manuel de Cajigal, gobernador de la provincia de Cumaná. En 1810 la Junta de Gobierno de Cumaná le nombró subteniente de Milicias Regladas de Infantería, grado que le confirmó la Junta Suprema de Caracas el 6 de agosto siguiente. En 1811 fue comandante de Ingenieros en la isla Margarita y el 31 de julio del mismo año ascendió a teniente.

En 1812 era ya comandante de artillería en Barcelona.

Combatió en defensa de la I República frente a la reconquista de Domingo Monteverde hasta la capitulación de San Mateo, tras la cual regresó a Cumaná, donde el gobernador realista Ureña le expidió pasaporte para que pudiera trasladarse a Trinidad. En dicha isla se encontraban, entre otros patriotas, Mariño, Bermúdez y Piar. Al sobrevenir la Campaña Admirable de 1813, Sucre pasó al continente por el golfo de Paria. Desembarcó en Güiria y organizó la resistencia oriental bajo las órdenes de Mariño, participando en la batalla de Maturín y en la rendición de Cumaná. En 1814 era Edecán de Mariño y desarrolló una gran actividad en lograr la concentración de tropas en Aragua con destino a la toma de Caracas. Ese mismo año muchos de sus parientes fueron ejecutados por los españoles, principalmente por Boves. En 1815 combatió bajo las órdenes de Francisco Bermúdez. Después de Maturín huyó de la isla Margarita y luego, al producirse la invasión de Morillo pasó a las Antillas (Martinico y San Thomás) y a Cartagena. Aquí colaboró con Lino Pombo en las obras de fortificación de la plaza de cara al posible asedio realista. En diciembre estaba en Haití, desde donde regresó a Venezuela pero con tan mala fortuna que naufragó en el golfo de Paria.

En 1816 Mariño le nombró su jefe de Estado Mayor y lo ascendió a coronel. Al año siguiente (1817) fue designado comandante de la provincia de Cumaná. Ese mismo año, tras el congreso de Cariaco (8 de mayo) se declaró en rebeldía con el Congreso, rechazando además la autoridad de Mariño. Fue uno de sus grandes virajes políticos y marcó su vida, pues abandonó el Oriente, su región natal, y se trasladó a la Guayana, poniéndose a las órdenes de Bolívar. El futuro Libertador reconoció su enorme valía y le nombró gobernador de la Antigua Guayana y comandante general del Bajo Orinoco (17 de septiembre de 1817), y le encargó organizar el batallón Orinoco.

A partir de entonces, Sucre figuró ya en el carro de las grandes empresas militares de Bolívar como uno de sus grandes jefes hasta llegar a ser presidente de la Republica en Bolivia. El 7 de octubre de 1817 fue nombrado jefe de Estado Mayor de la división de la provincia de Cumaná, bajo las órdenes del general Bermúdez, nombrado comandante de dicha unidad.

Bolívar conocía ya a Sucre y sabía que así evitaría las disidencias patriotas en Cumaná. En 1819, Bolívar diseña su ideal de una nación llamada Colombia en el Congreso de Angostura, donde se nombró a Antonio Zea como vicepresidente. Tras esto lanzó su operación sorpresa de ascensión al altiplano andino, donde derrotó a los españoles en la batalla de Boyacá, que permitió liberar Colombia. Bolívar volvió a Angostura y diseñó ya definitivamente lo que sería Colombia (se la denomina Gran Colombia para distinguirla) una nación que se crearía a golpe de batallas victoriosas uniendo Colombia, Venezuela y Ecuador (Panamá se uniría voluntariamente). Para esto contó con la ayuda insuperable de Sucre, el vicepresidente Zea había ascendido a general de brigada en agosto de 1819, lo que el Libertador confirmó el 16 de febrero de 1820.

Sucre fue enviado a las Antillas para conseguir material de guerra para la Gran Colombia, encargo que cumplió fielmente. Ese año de 1820 fue ministro interino de Guerra y Marina y jefe titular de Estado Mayor General. Se le seleccionó como comisionado para concertar los Tratados de Santa Ana de Trujillo o de armisticio y regularización de la guerra en noviembre de 1820 (Bolívar y Morillo). Fue su primera experiencia diplomática.

Bolívar se enfrentó entonces al gran problema quiteño, que era un baluarte realista, con un antemural como Pasto. Una campaña frontal podría haber sido desastrosa y decidió utilizar a Sucre como la pieza maestra de la operación. El 11 de enero de 1821 nombró en Bogota a Sucre comandante del Ejercito Sur, en reemplazo del general Manuel Valdés, que mandaba las tropas que combatían en Popayán y Pasto. Bolívar le encargó la misión de trasladarse por mar a Guayaquil (que se habia independizado de España en octubre de 1820) y conseguir que aceptase incorporarse a la Gran Colombia, para convertirla en vanguardia de la guerra de liberación de Quito (Ecuador).

Sucre llego a Guayaquil el 6 de abril y se presentó a la Junta de Gobierno, comunicándole la comisión de Bolívar. El 15 de abril de 1820 se firmó el tratado entre Sucre, por Colombia, y José Joaquín de Olmedo, Francisco Roca y Rafael Jimena por la Junta. Guayaquil mantendría su soberanía pero bajo la protección de la República de Colombia. El tratado no tuvo consecuencias, por la indecisión de Rafael Jimena y la hostilidad hacia Colombia de Francisco Roca. En septiembre Sucre emprendió en solitario la acción militar contra las tropas de Aymerich, pero fue detenido por los realistas en Huachi el 12 de septiembre.

Sucre se retiro a Guayaquil, donde reforzó sus tropas con nuevos efectivos del lugar y con las que le llegaron de Colombia en octubre del mismo año. En diciembre la situación se volvió más comprometida como consecuencia de la llegada del Perú de los generales Francisco Salazar y José de la Mar, el primero como embajador y el segundo para tomar el mando en la provincia. Tras intensos debates, el 16 de diciembre se declaró la incorporación de Guayaquil al Perú, ejemplo que siguieron Jipijapa y Manabí. La Junta nombró a La Mar jefe provincial y le encargó someter las poblaciones que se habían pronunciado a favor de la unión con Colombia. Intervino Sucre para señalar que lo importante era la lucha con los españoles. Envió a Lima al coronel Tomás Heres, que logró que se le enviaran refuerzos. Estas tropas, mandadas por el coronel Andrés de Santa Cruz fue la llamada División Peruana. Por otra parte Bolívar inició la campaña del Sur de Colombia, atacando Pasto, lo que cambió radicalmente la posición de Sucre, que pudo emprender las operaciones para liberar Quito.

La situación militar en Quito era equilibrada. Los españoles contaban con tres mil hombres, indios en su mayoría, distribuidos en Cuenca, Riobamba, Ambato y Quito. Los patriotas, Sucre en realidad, tenía el llamado Ejército Unido, con dos mil hombres, divididos en las dos divisiones colombiana y peruana. El plan de Sucre era concentrar sus fuerzas en el área comprendida entre Loja, Sangaruro y Oña, y amenazar con una fuerza secundaria Quito y las comunicaciones enemigas con Riobamba. Inició sus operaciones en enero de 1822 concentrando tropas en Sangaruro. Se tomó fácilmente Cuenca y luego el 21 de abril Riobamba.

Luego siguió avanzando hasta Latacunga en la que entró el 2 de mayo. Allí esperó que se le unieran los dos batallones panameños, y continuó por las faldas del Cotopaxi hasta alcanzar el valle de Chillo, separado de Quito por las alturas del Puengasi. Los realistas entraron en Quito el 16 de mayo. Sucre pensaba presentar batalla en Iñaquito, pero el general Aymerich decidió presentar combate de inmediato subiendo por la falda del volcán Pichincha, lo que le colocó en una posición muy desfavorable. El 24 de mayo Sucre obtuvo una gran victoria y Aymerich capituló al día siguiente. Los patriotas libraron Quito, pero además Guayaquil decidió ya unirse incondicionalmente a la Gran Colombia.

El 18 de junio siguiente Bolívar ascendió a Sucre a general de división y le nombró intendente del departamento de Quito.

Sucre hizo en Quito una acción sociopolítica importante, aunque breve. Estableció la Corte de Justicia en Cuenca, instaló la Sociedad Económica en Quito y se preocupó de crear algunas escuelas. No pudo hacer mucho más porque Bolívar le mandó al Perú, que había pedido ayuda al Libertador. Bolívar no pudo o no quiso ir de inmediato y envió por ello a su Delfín. Sucre llegó a Lima el 10 de mayo de 1823 y el 30 de mayo siguiente fue nombrado comandante del Ejército Unido. Las operaciones militares se reanudaron de inmediato. No fueron bien, aunque se produjo una victoria de Santa Cruz en Zepita, y Sucre tuvo que retirarse a Lima. El 1 de septiembre llegó a esta capital Bolívar, que asumió el mando de todas las operaciones, pero contando con la enorme colaboración de Sucre. Los patriotas obtuvieron la gran victoria de Junín (6 de agosto de 1824), que supuso prácticamente la liberación del Perú. Para completar ésta designó Bolívar a Sucre en Andahuaylas. A fines de octubre de ese año 1824 los realistas lanzaron desde Cuzco su ofensiva contra el Ejercito Unido Libertador.

Sucre maniobró para colocar sus tropas en un sitio ventajoso y se trasladó a Ayacucho, donde se enfrentó con los realistas el 9 de diciembre, obteniendo otra gran victoria, esta vez definitiva. Se firmó la rendición y la evacuación de las tropas españolas que quedaban en Suramérica. El Congreso de Colombia nombró a Sucre general en jefe y el Congreso de Perú le dio el título de gran mariscal de Ayacucho.

Sucre entró triunfante en Cuzco, libertó las provincias del Alto Perú y se trasladó a este ultimo territorio para gobernarlo provisionalmente Fue una de las épocas más difíciles de Sucre, pues pensaba que debía ser independiente, mientras que Bolívar dudaba en cederlo a Buenos Aires, ya que había pertenecido a su virreinato. Triunfó Sucre. En 1825 convocó a los representantes de sus provincias para convertirse en Asamblea y decidir el futuro de la nueva República, de la que sería presidente Bolívar, cuando estuviera en su territorio, y Sucre tendría el mando inmediato de los departamentos. En abril de 1826 se reunió en Chuquisaca el primer Congreso Constituyente de Bolivia que eligió a Sucre como presidente vitalicio, cargo que aceptó sólo por dos años.

El mariscal de Ayacucho trató de gobernar Bolivia mientras el Libertador trataba de redactar su famosa Constitución. Organizó la Hacienda Pública y la Administración; trató de liberar a los esclavos y de repartir la tierra, y mejoró la educación, creando numerosos colegios. Todo fueron dificultades. Hasta en el plan educativo, donde tuvo varios desencuentros con Simón Rodríguez, el antiguo maestro de Bolívar.

La anarquía política y militar se apoderó de Bolivia y surgió el motín militar de Chuquisaca (18 de abril de 1828) en el que Sucre resultó herido en el brazo derecho y hecho prisionero. Fue rescatado por el general López, que vino a marchas forzadas desde Potosí. El mariscal pensó que era hora de ocuparse de su propia vida. Envió poder para contraer matrimonio en Quito con Mariana Carcelán y Larrea, marquesa de Solanda (20 de abril). Presentó su renuncia a la presidencia y antes de abandonar Bolivia envió al congreso extraordinario de 1828 un magnífico mensaje, en el que renunciaba a todas las prerrogativas que le concedía la constitución de eximirle de toda responsabilidad en los actos de gobierno. Antes al contrario rogaba que se examinase minuciosamente su conducta, prestándose a someterse al fallo de la Cámara, si ésta encontraba que hubiera cometido una sola infracción contra la ley. En agosto emprendió viaje a la capital ecuatoriana, donde estableció su hogar. Ocupó su tiempo en la administración de los bienes de su esposa y en el estudio. El sosiego duró poco, pues en 1829 la República de Colombia requirió sus servicios militares para enfrentar la ofensiva peruana en el sur del Ecuador. Triunfó en Tarqui (27 de febrero) contra el general Lamar y firmó una capitulación honrosa para los vencidos. El 10 de julio del mismo año nació su hija Teresita (en 1826 habia nacido su hijo natural José María que tuvo en Rosalía Cortés).

La provincia de Cumaná le eligió como su representante al Congreso Admirable de 1830, en el que tuvo que actuar como presidente. En enero del mismo año se le dio otra comisión muy delicada, como fue negociar con Páez para evitar la secesión de Venezuela de la Gran Colombia. Fue a Venezuela en compañía de José María Estévez, obispo de Santa Marta y vicepresidente del Congreso y del diputado Francisco Aranda. Al pisar territorio venezolano se ordenó a los comisionados que regresaran a Cúcuta, donde se efectuarían las negociaciones pertinentes. Así lo hicieron prudentemente, pero las conversaciones fueron inútiles.

Sucre volvió a Bogotá, mientras la confederación de la Gran Colombia empezaba a saltar por los aires. Se dirigió a Quito para unirse con su familia y fue asesinado en la montaña de Berruecos (en Pasto, al sur de Colombia) el 4 de junio de 1830. Su muerte sigue siendo un hecho oscuro, aunque se ha atribuido a José María Obando, jefe militar de Pasto, como autor intelectual y a Apolinar Morillo como su ejecutor.

 

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Manuel Lucena Salmoral


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