domingo, 15 de marzo de 2009

INCA GARCILASO-5. GONZALO PIZARRO, SU MUERTE, MARÍA

TOMO V p.415 416 Cap. XLIII

“Poco después salió Gonzalo Pizarro, subió en una mula ensillada que le tenían apercibida; iba cubierto con una capa, y aunque un autor dice con las manos atadas no se las ataron; un cabo de una soga echaron sobre el pescuezo de la mula por cumplimiento de la ley. Llevaba en las manos una imagen de Nuestra Señora, cuyo devotísimo fue; iba suplicándole por la intercesión de su alma. A medio camino pidió un Crucifijo un sacerdote, de diez o doce que le iban acompañando que acertó a llevar, se lo dio. Gonzalo Pizarro lo tomó y dio al sacerdote la imagen de Nuestra Señora, besando con gran afecto lo último de la ropa de la imagen. Con el Crucifijo en las manos sin quitar los ojos de él, fue hasta el tablado que le tenían hecho para degollarle, donde subió y poniéndose a un canto de él, habló con los que le miraban, que eran todos los del Perú, soldados y vecinos, que no faltaron sino los magnates que le negaron; y aun de ellos habían algunos disfrazados, díjoles en alta voz señores, bien saben vuesas mercedes, que mis hermanos y yo ganamos este imperio...Yo muero tan pobre, que aún el vestido que tengo puesto es del verdugo que me ha de cortar la cabeza; no tengo con qué hacer bien por mi ánima. Por tanto suplico a vuesas mercedes que los que me deben dineros, de los que me deben y los que no me los deben, de los suyos, me hagan limosna y caridad de todas las misas que pudieren que se digan por mi ánima; que espero en Dios que por la sangre y pasión de Nuestro Señor Jesucristo su Hijo y mediante la limosna que vuesas mercedes me hicieren se dolerá de mí y me perdonará mis pecados; quédense vuesas mercedes con Dios. No había acabado de pedir su limosna cuando se sintió un llanto general con grandes gemidos y sollozos y muchas lágrimas que derramaron los que oyeron palabras tan lastimeras. Gonzalo Pizarro se hincó de rodillas delante del Crucifijo que llevó, que lo pusieron sobre una mesa que había en el tablado. El verdugo, que se decía Juan Enríquez, llegó a ponerle una venda sobre los ojos. Gonzalo Pizarro le dijo: no es menester, déjala. Y cuando vio que sacaba el alfanje para cortarle la cabeza, le dijo: haz bien tu oficio hermano Juan. Quiso decirle que lo hiciese liberalmente y no estuviere martirizándole como acaece muchas veces. El verdugo respondió: yo se lo prometo a vuesa señoría; diciendo esto, con la mano izquierda le alzó la barba que la tenía cerca de un palmo y redonda que se usaba entonces traerlas sin quitarles nada y de un revés le cortó la cabeza con tanta facilidad como si fuera una hoja de lechuga y se quedó con ella en la mano y tardó el cuerpo algún espacio en caer en el suelo...

p.420 “Fue Gonzalo Pizarro buen cristiano, devotísimo de Nuestra Señora de la Virgen María, madre de Dios y el presidente lo dijo en l carta que le escribió. Jamás le pidieron cosa diciendo por amor de Nuestra Señora que la negase por muy grave que fuese. Teniendo experiencia de esto Francisco de Carvajal y sus ministros, cuando habían de matar a alguno de sus contrarios que lo mereciese, apercibían y proveían con tiempo que no llegase nadie a pedir a Gonzalo Pizarro la vida de aquel tal; porque sabían que pidiéndosela por Nuestra Señora, no se la había de negar aunque fuesen quien quisiese. Por sus virtudes morales y hazañas militares fue muy amado de todos”

 

José Antonio Benito Copyright © 2009 Gadget Blog is Designed by Ipietoon y adaptado por ANGEL SANTA MARIA R. Sponsored by Online Business Journal