domingo, 30 de octubre de 2011

PORTADORES Y PORTAVOCES, APÓSTOLES DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS

“Con paso firme de buen cristiano” iniciamos la peregrinación al Señor de los Milagros desde el Hogar Alzamora, nuestro Hogar de Santa María, en Pueblo Libre. A las 6 en punto, tras una arenga de José Antonio en la que se nos invitaba a seguir la huella trazada por Sebastián de Antuñano, el vasco español convertido en los Ejercicios Espirituales, cuarto mayordomo general y que compró la chacra para construir la iglesia al Cristo de las Maravillas; el ejemplo de Antonia Lucía del Espíritu Santo, la ecuatoriana, que convirtió el beaterio en monasterio para continuar el culto y la devoción; para dibujar en nuestro corazón el rostro del Señor como hizo el negro Angola en el muro; en definitiva para seguir la ruta de millones y millones de peruanos que a lo largo de más de tres siglos han peregrinado y caminado para “hacer grande nuestro Perú” como cantamos en el himno. Enseguida Vicente nos dio una cuerda a cada uno para que hiciésemos nudos que representaban los escalones (oraciones, sacrificios) para llegar al Cielo. Y a caminar por las calles de la Lima que poco a poco iba despertando. Con ilusión, con cariño, ofreciendo todo por los jóvenes, por la Iglesia, por el Perú. Uno se metió una piedrecita en el zapato y se dio cuenta que hasta nos podemos acostumbrar a andar mal y creer que eso es lo bueno como los que viven en el fango del vicio y del pecado. En el camino se fueron sumando más y al llegar andaríamos por los cincuenta. Pudimos confesarnos, pasar a un lugar preferencial cerquita de la imagen y participar en la Santa Misa. La homilía –estupenda por lo vibrante de la forma y consoladora por el contenido de misericordia- del P. Carlos Rosell –rector del Seminario de Santo Toribio- nos recordó que como bautizado soy portador de Cristo, soy portavoz, soy mariano. “Si tenemos a Cristo, nada ni nadie nos derrumbará; si me abro a la gracia estaré unido a Cristo. Si el Señor de los Milagros es el Médico que sana y cura, María es la enfermera. Debemos ser apóstoles y hacer que el Evangelio resuene en todos los hogares, en todas las profesiones, en todos los rincones del Perú. Como quiso siempre el P. Morales al movilizar a los laicos”.

Tras la Misa pasamos al salón y compartimos el turrón de doña Pepa con un refresco. Todos coincidimos en agradecer esta oportunidad tan maravillosa de estar junto a la imagen del Señor, las fervorosas y estimulantes palabras del P. Carlos y la alegría de volvernos a encontrar. Hay que destacar que alguno vino desde Ica, Huacho, otros desde Villa El Salvador, San Diego en Carabayllo, San Borja, Rímac, Surquillo… Alguna como Sandra en silla de ruedas, otros a pie, otros en carro… Una bebe de 1 año y alguna cercana a los 90, todos con espíritu joven. Nos presentamos y contamos nuestra vivencia cristiana, unos más grande y profunda otros más pequeña y epidérmica, pero todos con la convicción clara de que el Señor ha obrado milagros y maravillas en su vida, y todos con las ganas de ser apóstoles como se nos recordó en la homilía. Y, al final, los valientes siguieron moviéndose y se fueron al deporte, otros con su familia, todos a llevar la buena nueva. Celestina nos recordó que el miércoles –como todos los primeros miércoles de cada mes- se reúnen las mamás para orar en el Hogar a las 4 de la tarde; alguien apuntó -y Dios quiera que todos disparen- que había que hacerle barra aunque no se pudiese estar presente; así que allí donde esté un militante, un familiar, un amigo… debe abrir un frente apostólico donde convoque para orar, para difundir, para evangelizar. Y el 7 de diciembre ¡todos a la Vigilia de la Inmaculada!

 

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