domingo, 27 de octubre de 2013

40 HORAS (de exposición al Santísimo) EN LIMA


Esta tarde de domingo 27 de octubre, en los "avisos parroquiales" nos informa el P. Roberto Armas, OAR, párroco de Santa María Magdalena (Pueblo Libre, al lado del Queirolo y la plaza mayor del distrito), que de lunes 28 a miércoles 30 (se extiende al jueves por dedicarse semanalmente a la Eucaristía) toca a la parroquia las 40 horas de exposición ante el Santísimo Sacramento. Con este motivo me permito dar cuenta de algunos aspectos de esta entrañable devoción que tanto arraigo ha cobrado en Lima. Comparto algunas fotos de esta bellísima iglesia barroca, principalmente de su retablo.

 

La exposición al Santísimo

Conduce al espíritu de los fieles a reconocer en ella la maravillosa presencia de Cristo, y le invita a una comunión con El. Al mismo tiempo favorece de modo excelente el culto en espíritu y en verdad que le es debido». Con estas palabras define la finalidad de la e. y su teología la Instrucción Eucaristicum Mysterium (n° 60). Como las otras devociones eucarísticas fuera de la Misa, es resultado de la doctrina de fe cristiana sobre la presencia verdadera real y sustancial de Jesucristo en la Eucaristía. De ahí surgió la necesidad en los fieles de ver la Hostia para adorarla, y de esta necesidad de ver las sagradas especies nacieron las devociones populares de la Eucaristía, principalmente las procesiones y la  Eucaristía.

La costumbre de exponer el Santísimo Sacramento en la custodia aparece narrada por primera vez en la vida de Santa Dorotea en 1394. El biógrafo de la santa refiere que todas las mañanas acudía temprano a la iglesia para ver la Eucaristía expuesta en un ostensorio. en el siglo XVI nació la costumbre de las Cuarenta Horas, que consistía en exponer el Santísimo a la vista de los fieles, durante ese tiempo consecutivo. La fiesta del Corpus se introdujo en el siglo XIII, aunque ya en el siglo XI, en el norte de Europa se llevaba el Santísimo en la procesión del Domingo de Ramos. El papa Urbano IV el 11 de agosto de 1264 ordena la fiesta universal del Santísimo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Después de la herejía protestante, en reacción contra los reformadores que no admitían la presencia real, se multiplicaron las profesiones de fe en la presencia permanente del Señor en la Eucaristía. De este hecho se benefició la práctica de la e. del S. Sacramento. En el s. xvi nació la costumbre de las cuarenta horas, que consistía en exponer el Sino. Sacramento a la vista de los fieles, durante ese tiempo consecutivo. Sin embargo fue en el s. xvii, llamado el siglo de la exposición frecuente, cuando se multiplicó la e. del Smo. Sacramento. Por la misma época nacieron en Francia y en Bélgica dos prácticas del mismo tipo, que fueron la adoración perpetua y la adoración reparadora en los días que preceden a la Cuaresma. Junto con estas prácticas se extendió la costumbre de exponer frecuentemente el Santísimo por las tardes, y especialmente los jueves.

La Iglesia, que ha alentado frecuentemente esta devoción y ha establecido siempre normas fijas y bastante severas para presidir su práctica, se ha preocupado también de que no se multiplicase abusivamente. En 1642, ante las quejas de un obispo sobre la excesiva frecuencia de esta práctica por parte de ciertos religiosos, la Congregación de Ritos exigió que hubiera siempre una causa pública y aprobación del Ordinario (Decreta authentica Congregationis sacrorum Rituum, Roma 1898-1927, n° 800). En este mismo documento se hace distinción entre la e. pública y la privada, distinción recogida luego por el CIC (can. 1274). Para la e. privada, es decir, la que se hace con el copón cubierto, no existen limitaciones. En cambio, para la e. pública, o sea, cuando se hace visible la hostia en la Custodia (v.), mantiene el derecho actual lo establecido por el Conc. de Colonia (1452), a saber, que sólo puede practicarse en la fiesta del Corpus Christi (v.) y durante su octava o, por razones justas y graves, en cualquier otra circunstancia, con aprobación del Ordinario. En algunas partes se introdujo la costumbre de celebrar la Misa con el Santísimo expuesto. Ello era inevitable en algunas iglesias durante las cuarenta horas de e. Pero la Iglesia siempre ha desaconsejado tal práctica, para poner de relieve la acción sacramental en el acto nuevo de presencia real que se efectúa en la Misa. La Instr. Eucharisticum Mysterium proscribe definitivamente esta costumbre (n° 61).

 

40 Horas de adoración

En 1534, en reparación a los ataques de los protestantes contra la Eucaristía, los capuchinos decidieron incrementar la exposición del Santísimo durante los tres días que precedían a la Cuaresma. Estos días popularmente se utilizan en carnavales. Establecieron así cuarenta horas consecutivas de adoración, el tiempo que transcurrió aproximadamente entre la crucifixión y la resurrección de Nuestro Señor. Comenzando en Milán, Italia, la práctica pronto se propagó por todo el país y por el mundo. San Felipe Neri introdujo la devoción en Roma.

 

Raíces bíblicas

Para celebrar la Pascua del Señor, era ya una de las costumbres de los cristianos de los primeros siglos, juntarse para ayunar, hacer penitencia, orar y cantar salmos durante cuarenta horas, en memoria del tiempo que el Salvador del mundo permaneció en el sepulcro. De esta manera, durante este tiempo sagrado, estos cristianos, asociándose con profundidad a la muerte redentora del Señor, hacían más perfecta su participación en la celebración de su resurrección en la liturgia pascual.

Este tiempo lo computaban, desde el viernes, a la hora de nona (3 de la tarde), en que murió Cristo (Lc 23,44), hasta el amanecer del domingo, hacia las 7 horas, en el que resucitó (Mt 28,1). Tres días, pues, permaneció muerto el Señor en el sepulcro.

Esta manera de interpretar el tiempo de permanencia de Jesús en el sepulcro tiene una significación propia en la Sagrada Escritura. El número cuarenta puede significar sin más un largo período de tiempo, como cuando se dice que Saúl reinó cuarenta años (Hch 13,21), David cuarenta (1Cro 29,27) y Salomón cuarenta (2 Cro 9,30). Pero en otras ocasiones "cuarenta" señala un tiempo largo de purificación o de abatimiento, previo a una gracia muy alta o una especial exaltación. Son cuarenta, por ejemplo, los días que dura la purificación enorme del Diluvio (Gén 7,12; 7,17). Cuarenta años dura para Israel la prueba del desierto, antes de entrar en la Tierra prometida (Dt 8, 2; Núm 14, 33-34; Hch 13, 18). Cuarenta días y noches pasa Moisés solo en el Sinaí, en oración y ayuno, antes de recibir la Ley divina (Ex 24,18; 34,28). Cuarenta días y noches, con la fuerza del alimento misterioso que le da un ángel, Elías camina hasta el monte Horeb (1Re 19,8). Jesús permanece cuarenta días y noches a solas en el desierto, antes de iniciar su misión pública en medio de Israel (Mc 1,13). Cuarenta horas permanece muerto. Y una vez resucitado, antes de ascender al cielo, se aparece a sus discípulos durante cuarenta días (Hch 1,3).

Tradición; tiempos difíciles

En el siglo XVI, esta devoción comenzó a adquirir mucha importancia en las iglesias de Milán y de Roma. Eran muy graves las situaciones que atentaban contra la Iglesia. Eran los tiempos de la Reforma Protestante y de las invasiones de los turcos. Además, como sucede hoy en día, eran también tiempos de relajación de costumbres, producto de la época renacentista.

Fueron muchos los santos sacerdotes que contribuyeron en el afianzamiento y extensión de esta devoción, muy en especial, San Carlos Borromeo, quien le dio su actual configuración: Jubileo de Cuarenta Horas, en el que se expone solemnemente al Santísimo Sacramento, para que los fieles, en el curso de tres días, puedan adorar al Señor sacramentado, con la oración y la penitencia.

En 1592, el Papa Clemente VIII, mediante la Encíclica Graves et diuturnae, después de un claro y valiente, pero humilde diagnóstico de la alarmante situación de la Iglesia en esos tiempos, ordena que se establezca públicamente en Roma "la piadosa y saludable oración de las cuarenta horas" en las basílicas y en todas las iglesias para que "día y noche, en todos los lugares y a lo largo de todo el año se alce al Señor, sin interrupción alguna, el incienso de la oración".

Extensión de la devoción. En el Perú

Posteriormente, en el siglo XIX, esta devoción se fortaleció nuevamente, cuando la Sede de Pedro estaba sufriendo las humillaciones de la época napoleónica. La Iglesia rogó mucho ante el Santísimo Sacramento por el feliz regreso del Papa a Roma. A partir de este momento la devoción se afianzó en Roma y comenzó a extenderse por el mundo católico. Esta devoción eucarística fue recibida con entusiasmo en muchas diócesis americanas, muy especialmente en nuestra Arquidiócesis, en la que arraigó tan profundamente, que el Papa Pío VII, en el Breve del 14 de Mayo de 1816, concedió la Indulgencia Plenaria a los fieles de Lima que practicaran este Ejercicio eucarístico. Siguiendo la devoción su curso, en 1899, el Arzobispo de Lima, Mons. Manuel Tovar, estableció que este Ejercicio se realizara en forma de Jubileo Circular, para lo cual se organizaron turnos que se irían sucediendo de parroquia en parroquia. Esta nueva forma, además de ayudar a que una mayor cantidad de fieles se beneficie de la devoción y de la Indulgencia Plenaria, instauró la adoración perpetua del Santísimo Sacramento en nuestra Arquidiócesis. Esta costumbre fue corroborada por el XVIII Sínodo de Lima, en 1959 en la Constitución Nº 410 y en el Apéndice XI.

Oración expiatoria, suplicante y eucarística

El Papa Clemente VIII, al instituir la oración de las 40 Horas, invocó con emoción a los fieles de Roma orar ante la difícil situación de la cristiandad de sus tiempos: "a todos es manifiesto que cualquier obra humana es vana para superar males tan graves, y que son vanos los trabajos e impotentes las fuerzas, si no se ven ayudadas por el auxilio divino de la gracia celeste. Ahora bien, para conseguir esta gracia es imprescindible acudir a la oración..., que cuando está hecha con un corazón contrito y un espíritu humillado, llega al cielo, suaviza la ira divina, aparta las plagas y los azotes, e implora la abundancia de la misericordia divina. Por eso los Santos Padres le llaman la llave del cielo, porque cuando la oración asciende, desciende la misericordia de Dios, y esto sucede tanto más fácil y abundantemente cuanto mayor es la asamblea de fieles y personas de bien que, unidas por el vínculo de una misma caridad, ofrecen oraciones continuas" (Encíclica Graves et Diuturnae. 1592).

Desde sus orígenes, la oración eucarística de las 40 Horas, por su carácter expiatorio, suplicante y eucarístico, va a ayudar a muchos fieles a configurarse con Cristo y de estar en sintonía con su obra redentora. Va a enseñarles también a unirse a Cristo resucitado, presente en el Santísimo Sacramento del Altar, recordando el momento de su permanencia en el sepulcro muerto después de sufrir por nosotros su dolorosa pasión. Esto es posible porque la institución del Sacrificio Eucarístico, desde su nacimiento, tiene inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor, que no sólo la evoca sino que la hace presente sacramentalmente (Ver Ecclesia de Eucharistia, Nº 11).

Indulgencia Plenaria

De otro lado, los fieles, imbuidos del deseo de ganar la Indulgencia Plenaria concedida al Jubileo de las 40 Horas, lo harán teniendo presente que esta gracia se obtiene en "virtud del poder de atar y s desatar que le fue concedido (a la Iglesia) por Cristo Jesús, que interviene a favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados. Por esto la Iglesia no quiere solamente acudir en ayuda de este cristiano, sino también impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad" (Catecismo, Nº 1478).

Las 40 Horas hoy. Año de la Fe

La promoción de este santo Ejercicio ayudará a que en la Arquidiócesis se formen auténticas "escuelas de oración" en las que los fieles cristianos, al contemplar el rostro de Cristo, aprendan a servir a los hermanos; a acoger con diligente y fervoroso amor las prioridades pastorales arquidiocesanas, y a acentuar en el apostolado la dimensión eucarística propia de la vida cristiana.

Con la invitación de vivir "una auténtica y renovada conversión al Señor", así ocurrirá en Lima las 40 horas de adoración al Santísimo por el Año de la Fe en el 2013.

El Arzobispado de Lima puso a disposición de los fieles limeños los turnos para celebrar el Jubileo de las 40 horas correspondientes al año 2012-2013, que está teniendo como eje central la fe.

La iniciativa, que es ya toda una tradición en la capital peruana, tiene lugar en las parroquias de la jurisdicción eclesial peruana, donde han sido distribuidas las horas de adoración para el 2013 a partir del 1º de enero.

Siendo así, la primera jornada de adoración ocurriró en la Basílica del Rosario, continuando luego el 4 de enero en la Iglesia de la Santísima Trinidad, el 7 en la parroquias El Sagrario y de la Santísima Cruz; el 13 de enero en el Monasterio Jesús, María y José; y el 19 en el Monasterio de las Trinitarias.

Según nota de prensa del Arzobispado de Lima, los fieles que participen de las jornadas de adoración podrán ganar la Indulgencia Plenaria, siempre y cuando se cumplan las condiciones establecidas: "encontrarse en estado de gracia y desear ganar la indulgencia, desprenderse totalmente del pecado, recibir el sacramento de la Confesión, la Comunión Eucarística y orar por las intensiones del Santo Padre"

http://www.arzobispadodelima.org/content/view/3839/212/

 

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