miércoles, 21 de mayo de 2014

EL CARDENAL "GRANDÁZURI". Carlos Castillo Mattasoglio Caminando en el Amor El pastor de una iglesia viva

Carlos Castillo Mattasoglio Caminando en el Amor El pastor de una iglesia viva 

Fondo Editorial PUCP Lima, Marzo 2014, 310 pp

Libro en Homenaje al cardenal Juan Landázuri en el centenario de su nacimiento que narra las facetas de la vida humana y eclesial del cardenal Landázuri en Perú y en el extranjero.

Comienza con tres notas de presentación, el prólogo de su sobrino, célebre psicoanalista,  Eduardo Montagne Landázuri, llena de afecto, con anécdotas como la referida a su partida para la eternidad en la que expresa el cardenal que al llegar al cielo y encontrarse con Dios se quedará callado "esperando que Él diga Su Palabra" (p.14). La segunda corre a cargo de quien fuese obispo auxiliar, Monseñor Luis Bambarén y le da un título bien sugestivo "un pastor digno sucesor de Santo Toribio" rescatándonos su perfil a través de la homilía pronunciada por el propio cardenal durante la misa de despedida cuando fue trasladado a Chimbote Monseñor Bambarén. En la "nota del editor", el P. Carlos Castillo, nos revela el objetivo del libro: "un homenaje agradecido de algunos amigos del cardenal JLR que en diversos momentos de su vida sentimos su cercana presencia e pastor y amigo, pues nos ayudó a comprender y a amar a la Iglesia del Señor en el Perú" (p.24)

Los artículos se han organizado en varios rubros, contexto histórico, en la que intervienen el P. Armando Nieto Vélez SJ y Catalina Romero, aspectos biográficos  cubiertos por tres franciscanos, el P. Serapio Ríos, que sintetiza lo que fue su tesis de maestría de Historia, el P. Guido Zegarra que se centra en su espíritu franciscano, y el veterano P. Gregorio Pérez de Guereñu que se refiere a su "sabiduría popular encarnada" fruto sin duda de su cercana convivencia con el pastor desde los tiempos del noviciado.

Un artículo central es el de Gustavo Gutiérrez, OP, quien destaca el talante pastoral del cardenal tan querido por el pueblo que llevó a tributarle un incipiente culto en la capilla de santo Toribio, su compromiso con los pobres, su apuesta por aplicar el Concilio Vaticano II, basado en su activa participación y en la misión posterior como la Misión de Lima y la conferencia del CELAM en Medellín, siempre en una actitud de amistad franciscana y el espíritu de "una iglesia servidora".

A continuación se dedican artículos sobre la iglesia viva de la Nueva Lima como la referida en la pastoral popular de Jorge Álvarez Calderón, cimentada en el diálogo fraterno según Nicolás Matías Siebenaller, y el Centro Arquidiocesano de Pastoral que escribe el P. Jorge A. López Vignand.

Sobre la cuestión sociopolítica en el Perú se recogen artículos de expertos en la Doctrina social y buenos conocedores de la realidad social peruana, como el P. Ricardo Antonich, SJ, Ernesto Alayza Mujica, ´Cesar Delgado y Rolando Ames quien analiza cuatro de los momentos decisivos de su vida, al comenzar los años sesenta, al concretar el espíritu del Vaticano II desde la realidad del país, la segunda mitad de los 80 con las frecuentes pugnas, dramas e incertidumbres y por los 90 cuando Monseñor Landázuri contemplaba el Perú desde su retiro.

Roger Rodríguez Iturri, agradecido a las lecciones aprendidas "en los habituales despachos que tan generosamente nos concedía ayer en el Arzobispado" (p.198) dedica dos notas, la primera –breve, certera y puntual- acerca de su relación con la PUCP y la segunda –larga, profunda, emotiva- acerca de su dimensión de "pastor del aggiornamento", donde  nos asoma a la faceta jurídica y canónica del "apasionado y cotidiano seguidor de la normatividad legal que aparecía en el diario oficial El Peruano" (p.198). Su gran contribución –debida a su pericia diplomática y celo pastoral- fue el acuerpo entre la Santa Sede y la República del Perú suscrito el 19 de julio de 1980 y ratificado el 26 de julio del mismo año, aprobado por el decreto ley 23211 de 24 de julio de 1980.

El mundo del laicado lo aborda con agradecido afecto el editor P. Carlos Castillo y el P. Luis Fernando Crespo, quien tanto sabe por su experiencia como animador de la UNEC y profesor universitario.

El apartado de testimonios lo cubren las religiosas Consuelo de Prado, dominica, y Germana Luciano, Paulina, el sacerdote diocesano Guillermo Elías y el jesuita P. Francisco Chamberlain, párroco del agustino

Por último, cuatro documentos decisivos: dos cartas pastorales, la primera de 1955 y la de despedida de 1990, y sus dos discursos (bienvenida e inauguración) en la CELAM II de Medellín.

Cabe destacar el esfuerzo por brindar fotos bien representativas y elocuentes, así como el esmero de la edición, que nos proporciona una obra entrañable para agradecer el don recibido por la iglesia de Lima en este pastor que la acompañó con celo y armonía  lo largo de 33 intensos años.

José Antonio Benito

 

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