sábado, 16 de noviembre de 2019

BELLINA SHOLS, Giancarlo Una sola fe… diversascostumbres. Las cartas de San Gregorio Magno y la Evangelización de los anglos”.Traducción,selección y notas de GBS

BELLINA SHOLS, Giancarlo Una sola fe… diversas costumbres. Las cartas de San Gregorio Magno y la Evangelización de los anglos". Traducción, selección y notas de GBS

(Fondo Editorial UCSS, Lima, 2019, 270)

Felicitamos al autor por su audacia magistral en acometer por vez primera –en castellano- el estudio de la evangelización de los anglos, traduciéndonos del latín las cartas de San Gregorio en confrontación con la obra paralela de Beda el Venerable, y que han sido analizadas desde distintas disciplinas (historia, teología, filosofía, sociología, prospectiva) y profusamente anotadas; la introducción contiene 232 notas, desde la página 65 a la 102, y el texto de las cartas 216, de la página 171 a 244. Por el gran interés de las mismas y por sentido práctico de no tener que volver al final, a mi gusto habrían ido mejor a pie de página.

Una contundente introducción nos presenta en primer lugar la figura del papa y doctor "magno", "siervo de los siervos de Dios, como pastor romano al servicio de la Iglesia universal y en particular de los anglos. A continuación se nos relata la misión en sus dos expediciones. La tercera parte se refiere a la fe de la Iglesia y la evangelización de los pueblos en tres epígrafes: La Iglesia y las culturas; la Iglesia y la inculturación; los perfiles de la misión gregoriana. Las notas nos ayudan a comprender el contexto teológico-eclesial y socio-cultural de san Gregorio, así como su obra evangelizadora en cuestión con el fin de dar con las claves para nuestro tiempo. Como subraya el autor la Iglesia custodia un tesoro de heroísmo que "le demuestran que es posible preservar su identidad en épocas de cambio siendo promotora del encuentro entre culturas y que le hacen repensar su quehacer evangelizador dese la puesta en valor y práctica de una saludable y necesaria diversidad dialogante de pueblos y culturas vivida a varios niveles y al interior de una sola fe" (p.19).

Me sorprende el paralelismo con el actual papa, también llegado del "fin del mundo", en tiempos de Gregorio uno de los extremos del limes romano era Inglaterra; es también el primer papa monje o religioso como Francisco; no destaca tanto por un tratado teológico sino por su servicio pastoral, su regla, el quehacer de la Iglesia (p.64) y el gozo de evangelizar (p.39).

Esta misión de los monjes en las Galias se nos narra en dos expediciones; la primera cuenta con once cartas, la segunda dieciséis. En ellas nos informa del proceso, viaje y evangelización, con el objetivo de aclarare algunos aspectos o para publicitarlas e involucrar a las autoridades civiles y eclesiásticas en ellas.

El profesor Giancarlo Bellina es investigador de la UCSS, Magister en Teología y Ciencias Patrísticas por el Instituto Patrístico Augustinianum de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma-ITALIA, y miembro de la Asociación Internacional de Estudios Patrísticos y corresponsal de dicha asociación para el Perú.

Felicito a la UCSS por promover estudios tan serios y tan fundamentales para afianzar el ser, la identidad y el mismo sentido de la Universidad y del ser humano a través de la lectura directa de las obras de los Santos Padres, personajes decisivos en el pensamiento y la trayectoria vital de la humanidad.

Como subsidio para conocer mejor a San Gregorio y su obra, les comparto una antología del magisterio de la Iglesia, en el Papa Juan Pablo II y Benedicto XVI. Por último, considero un texto del P. Acosta y un estudio actual acerca de la cuestión fundamental de la doctrina gregoriana, "La Epistola ad Mellitum, conversión por asimilación" de Leonardo Carrera Airola.

Parto del texto de otro papa magno de nuestro tiempo JUAN PABLO II quien le dedica la  CARTA APÓSTOLICA «PLURIMUM SIGNIFICANS» EN EL XVI CENTENARIO DE LA ELEVACIÓN DE SAN GREGORIO MAGNO AL PONTIFICADO, 1990.

El ya cercano décimo cuarto centenario de la elección de san Gregorio Magno como Obispo de Roma es una circunstancia significativa y digna de ser recordada a todos los fieles de la Iglesia…Su título de honor, que ha transmitido su grandeza a la historia; su intenso sentido pastoral, que en él siempre prevaleció, como criterio primario de referencia y como deber irrenunciable, sobre las ocupaciones y las atribuciones civiles que tuvo que desempeñar; el envío de Agustín y de sus monjes a los Anglos para llevar a cabo una valiente y fecunda misión evangelizadora: son algunos de los aspectos más destacados de su personalidad singular que merecen una especial mención, pues resultan ejemplares aún hoy a pesar de los muchos siglos que han transcurrido desde su tiempo…

Servus servorum Dei: es sabido que este título, escogido por él desde que era diácono y usado en muchas de sus cartas, se convirtió a continuación en un título tradicional y casi una definición de la persona del Obispo de Roma. Y también es cierto que por sincera humildad él lo hizo lema de su ministerio y que, precisamente por razón de su función universal en la Iglesia de Cristo, siempre se consideró y se mostró como el máximo y primer siervo, siervo de los siervos de Dios, siervo de todos a ejemplo de Cristo mismo, quien había afirmado explícitamente que "no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20, 28). Profundísima fue, por tanto, la conciencia de la dignidad del Papado, que aceptó con gran temor tras haber intentado en vano evitarla permaneciendo escondido; pero, al mismo tiempo, fue clarísima la conciencia de su deber de servir, pues estaba convencido de que toda autoridad, sobre todo en la Iglesia, es esencialmente un servicio; convicción que trató de infundir a los demás.

Esa concepción de su propia función pontificia y, por analogía, de todo ministerio pastoral se resume en la palabra responsabilidad: quien desempeña algún ministerio eclesiástico debe responder de lo que hace no sólo ante los hombres, no sólo ante las almas que le fueron confiadas, sino también y en primer lugar ante Dios y ante su Hijo, en cuyo nombre actúa cada vez que distribuye los tesoros sobrenaturales de la gracia, anuncia las verdades del Evangelio y realiza actividades directivas o de gobierno.

Encontramos una confirmación de esta misma concepción, que es conciencia vigilante de responsabilidad personal, no sólo en el trabajo realizado durante los años de su pontificado, sino también en sus escritos, especialmente en aquel que fue durante siglos y sigue siendo aún hoy un texto incomparable para los pastores de almas, muy recomendado por muchos sínodos y concilios. Algunas afirmaciones de la Regla pastoral de san Gregorio nos resultan familiares, como su definición de la dirección de las almas como "la más elevada de las artes"; y no se han de olvidar las severas palabras de amonestación que la preceden y la siguen…

La misión a la "gens Anglorum" querida con feliz intuición pastoral por Gregorio y realizada por el monje Agustín, me brinda la ocasión de hacer una consideración de carácter ecuménico, que deseo proponer no sólo a los fieles de la Iglesia católica, sino también a los hermanos y a las hermanas de la Comunión anglicana…

Pero hay tres circunstancias que hacen aún más actual el mensaje de este gran Pontífice. Como su ciudadanía romana y su pertenencia a una de las familias más antiguas e ilustres lo hicieron especialmente sensible a las necesidades de la Urbe, así su vocación cristiana y su misión pontificia lo llevaron a obrar incansablemente por el bien de la Iglesia universal. Esa múltiple solicitud constituye una clara indicación con vistas a tres acontecimientos eclesiales próximos, que ya he anunciado: el Sínodo de la diócesis de Roma, ya en fase bastante avanzada; la celebración, aún más cercana del Sínodo de los obispos, en una sesión dedicada a la formación de los sacerdotes en el mundo de hoy; y la especial Asamblea sinodal de los obispos de Europa…

Con vistas a esta triple cita invoco la especial protección de san Gregorio Magno para que, juntamente con el ejército de los santos pastores de la Iglesia de Roma, me ayude a mí mismo, y junto conmigo a todos los que en las demás Iglesias diseminadas por el mundo comparten la responsabilidad del trabajo pastoral, a descubrir las nuevas exigencias y los nuevos problemas, a aprovechar las ocasiones que se presenten para responder a esos problemas, a preparar medios y métodos que encaminen a la Iglesia hacia el tercer milenio cristiano, manteniendo intacto el eterno mensaje de la salvación y ofreciéndolo, como incomparable patrimonio de verdad y de gracia, a las futuras generaciones.

Vaticano, 29 de junio —solemnidad de los santos Pedro y Pablo— del año 1990, duodécimo de mi pontificado.

Les comparto una selección de textos de los magistrales comentarios dedicados por el Papa BENEDICTO XVI en sus catequesis sobre los santos padres y doctores de la Iglesia. A San Gregorio le dedicó dos mensajes de su AUDIENCIA GENERAL, el primero, a su vida, miércoles 28 de mayo de 2008.

"Uno de los Padres más grandes de la historia de la Iglesia, uno de los cuatro doctores de Occidente, el Papa san Gregorio, que fue Obispo de Roma entre los años 590 y 604, y que mereció de parte de la tradición el título Magnus, Grande... Desde el principio puso de manifiesto una visión singularmente lúcida de la realidad que debía afrontar, una extraordinaria capacidad de trabajo para resolver los asuntos tanto eclesiales como civiles, un constante equilibrio en las decisiones, incluso valientes, que su misión le imponía. De su gobierno se conserva una amplia documentación gracias al Registro de sus cartas (aproximadamente 800), en las que se refleja cómo afrontaba diariamente los complejos interrogantes que llegaban a su despacho. Eran cuestiones que procedían de los obispos, de los abades, de los clérigos, y también de las autoridades civiles de todo orden y grado.

…Se preocupó de la conversión de los pueblos jóvenes y de la nueva organización civil de Europa: los visigodos de España, los francos, los sajones, los inmigrantes en Bretaña y los longobardos fueron los destinatarios privilegiados de su misión evangelizadora. Ayer celebramos la memoria litúrgica de san Agustín de Canterbury, jefe de un grupo de monjes a los que san Gregorio encargó dirigirse a Bretaña para evangelizar Inglaterra.

Para obtener una paz efectiva en Roma y en Italia, el Papa se comprometió a fondo —era un verdadero pacificador—, emprendiendo una estrecha negociación con el rey longobardo Agilulfo. Esa negociación llevó a un período de tregua que duró cerca de tres años (598-601), tras los cuales, en el año 603, fue posible estipular un armisticio más estable. Este resultado positivo se logró, ente otras causas, gracias a los contactos paralelos que, entretanto, el Papa mantenía con la reina Teodolinda, que era una princesa bávara y, a diferencia de los jefes de los otros pueblos germanos, era católica, profundamente católica. Se conserva una serie de cartas del Papa san Gregorio a esta reina, en las que manifiesta su estima y su amistad hacia ella. Teodolinda consiguió, poco a poco, orientar al rey hacia el catolicismo, preparando así el camino a la paz…

Junto a la acción meramente espiritual y pastoral, el Papa san Gregorio fue protagonista activo también de una múltiple actividad social. Con las rentas del conspicuo patrimonio que la Sede romana poseía en Italia, especialmente en Sicilia, compró y distribuyó trigo, socorrió a quienes se encontraban en situación de necesidad, ayudó a sacerdotes, monjes y monjas que vivían en la indigencia, pagó rescates de ciudadanos que habían caído prisioneros de los longobardos, compró armisticios y treguas. Además desarrolló, tanto en Roma como en otras partes de Italia, una atenta labor de reforma administrativa, dando instrucciones precisas para que los bienes de la Iglesia, útiles para su subsistencia y su obra evangelizadora en el mundo, se gestionaran con total rectitud y según las reglas de la justicia y de la misericordia. Exigía que los colonos fueran protegidos de los abusos de los concesionarios de las tierras de propiedad de la Iglesia y, en caso de fraude, que se les indemnizara con prontitud, para que el rostro de la Esposa de Cristo no se contaminara con beneficios injustos.

San Gregorio llevó a cabo esta intensa actividad a pesar de sus problemas de salud, que lo obligaban con frecuencia a guardar cama durante largos días...Este hombre de Dios nos muestra dónde están las verdaderas fuentes de la paz y de dónde viene la verdadera esperanza; así se convierte en guía también para nosotros hoy.

El segundo, miércoles 4 de junio de 2008, a su doctrina.

"Tal vez el texto más orgánico de san Gregorio Magno es la Regla pastoral, escrita en los primeros años de su pontificado. En ella san Gregorio se propone presentar la figura del obispo ideal, maestro y guía de su grey…La Regla tuvo tanto éxito que pronto se tradujo al griego y al anglosajón, algo más bien raro. También es significativa otra obra, los Diálogos, en la que al amigo y diácono Pedro, convencido de que las costumbres estaban tan corrompidas que no permitían que surgieran santos como en los tiempos pasados, san Gregorio demuestra lo contrario:  la santidad siempre es posible, incluso en tiempos difíciles. Lo prueba narrando la vida de personas contemporáneas o fallecidas recientemente, a las que con razón se podría definir santas, aunque no estuvieran canonizadas…

En su corazón, san Gregorio fue siempre un monje sencillo; por ello, era firmemente contrario a los grandes títulos. Él quería ser —es expresión suya— servus servorum Dei.

No me detendré en declarar la sentencia de Plutarco sobre la gobernación de la república, que dice ser conveniente volverse a conocer las costumbres de los ciudadanos, y explorar y tratar su ingenio y condición584. Porque empeñarse en cambiar luego al punto las costumbres y manera de ser del pueblo y querer acomodarlas de repente a nuevas leyes, no solamente no es fácil, mas ni seguro, porque es cosa que requiere mucho tiempo y prolongado esfuerzo. Pone Plutarco una buena comparación con el vino, que al principio rige las copas el arbitrio del bebedor, pero después, calentando insensiblemente al hombre, lo muda y trae a sí. Por lo cual muchas cosas hay que disimularlas, otras alabarlas; y las que están más arraigadas y hacen más daño, con maña y destreza hay que sustituirlas, por otras buenas semejantes. De lo cual tenemos la autoridad ilustre de Gregorio Papa, el cual, preguntado por Agustín, obispo de los ingleses, sobre causas semejante, escribe a Melito: «Di a Agustín que he pensado mucho, dentro de mí del caso de los ingleses; y pienso que no conviene de ninguna manera destruir los templos que tienen de sus ídolos, sino sólo los mismos ídolos, para que, viendo esas gentes que se respetan su templos, depongan de su corazón el error, y conociendo al Dios verdadero y adorándolo, concurran a los lugares que les son familiares; y porque suelen matar muchos bueyes en sus sacrificios a los demonios, ha de trocárseles la costumbre en alguna solemnidad como la dedicación del templo, o del nacimiento de los mártires, y que levanten sus tiendas de ramos de árboles junto a las iglesias que antes eran templos gentílicos y celebren la fiesta con banquetes religiosos; y no inmolen más animales al demonio, sino a la honra de Dios los maten para comerlos, y hartos den gracias a Dios, dador de todo bien, a fin de que, dejándoles algunos goces exteriores, aprendan a gozar más fácilmente de los gustos interiores. Porque querer cortar de ingenios duros todos los resabios a la vez es imposible; y también los que quieren subir a lo alto, suben poco a poco, por pasos y no por saltos.» Y trae en confirmación el ejemplo del pueblo de Israel, acostumbrado a los sacrificios de los egipcios, a quien Dios, queriéndolo apartar del culto de los ídolos, mandó que le ofreciesen a él sacrificios de animales585.585Gregor. Registr. Epist. L. 11, epist. 76 ad Mellitum. ML. 77, 1215, 1216.

 

El P. José de Acosta en su obra misional "De procuranda indorum salute" nos rescata el célebre texto de San Gregorio de mantener lo material original de las culturas y arrancar del corazón las idolatrías.

Les comparto un buen artículo acerca de "La Epistola ad Mellitum de Gregorio Magnoconversión por asimilación"Leonardo Carrera Airola en Historias del Orbis TerrarumISSN-e 0718-7246, Nº. Extra 4, 2012 (Ejemplar dedicado a: Anejos de Estudios Clásicos, Medievales y Renacentistas.), págs. 43-52 Texto completo (pdf)

 En lo que concierne a la labor propiamente eclesiástica de San Gregorio Magno (c. 540-604) no se puede pasar por alto su promoción en la expansión del cristianismo y, en particular, de la evangelización de Inglaterra: allí envió en la primavera del año 596 una misión encabezada por Agustín de Canterbury (c. 534- 605), prior del monasterio romano de San Andrés –fundado por el propio Gregorio y regido por la Regla de San Benito– junto a la compañía de otros treinta y nueve monjes, todos del mismo monasterio. Al año siguiente (597) Agustín bautizó al rey de Kent, Etelberto (560-616), quien además era el "Bretwalda", es decir, el "rey de reyes" anglosajones– y junto a él, a más de diez mil de sus súbditos[1], lo que para Pedro Juan Galán "constituyó sin duda el mayor éxito de la acción pastoral de Gregorio"[2].

En el caso de los anglos, como en el de los godos o los francos, las vinculaciones entre el rey tribal y sus dioses ancestrales se daban por supuestas y la relación del pueblo con las divinidades tenía en él un mediador necesario. La temprana conversión de Etelberto (…) habría arrastrado a la nobleza a él vinculada, seguida de sus clientes y de los campesinos dependientes".

Jorge Luis Borges, al referirse a la evangelización de Inglaterra, se muestra bastante crítico: "cabe suponer que, al principio, convertirse al cristianismo no era otra cosa que cambiar un numen por otro, ni siquiera una imagen por otra imagen, sino agregar un nombre, un sonido"[7]. Por ello, no resulta extraño que, frente a esta cristianización superficial, el proceso de conversión de anglos, sajones y jutos se prolongase a lo largo de todo el siglo VII, tiempo durante el cual las apostasías y reconversiones fueron la norma[8]. Este es el contexto que debió atender nuestro pontífice, para quien fue imperioso adoptar un programa de misión que combatiese esta situación. Así es como surgió su Epistola ad Mellitum (601). Melito o Melitón (m. 624) era por entonces obispo de Londres, siendo responsable de dar a conocer esta información a Agustín de Canterbury, el efectivo y último destinatario. En esta carta, Gregorio plantea de manera sencilla y breve técnicas de conversión, haciendo hincapié en la cautela y la moderación[9]. Incluso, se muestra dispuesto a asimilar usos y prácticas paganas, todo con el propósito de inducir a la población anglo-sajona a la fe cristiana.  "Cuando Dios Todopoderoso os lleve hasta nuestro venerado hermano Agustín, obispo, decidle lo que por largo tiempo he estado meditando a causa de los ingleses: esto es, a saber, que los templos de los ídolos de aquellas gentes no deben ser destruidos; sólo los ídolos que en ellas se encuentran; que con agua bendita se rocíen y bendigan los mismos templos, que sean construidos los altares y depositadas las reliquias: porque si los mencionados templos están bien construidos, es necesario que ellos vean cambiado su antiguo culto a los demonios por el culto al verdadero Dios; que mientras el pueblo no vea sus templos destruidos, más fácilmente podrán abandonar el error de su alma y ser movidos con mayor prontitud, al frecuentar sus lugares acostumbrados, al conocimiento y adoración del verdadero Dios. Y, puesto que están habituados a matar muchos bueyes en sacrificio a los demonios, se les puede conceder el celebrar alguna festividad de este género pero bajo otra forma, y de este modo en los días de "dedicación" o natalicio de los Santos Mártires, de quienes poseen las reliquias, hagan "ramadas" alrededor de los templos transformados ahora en iglesias, y que tengan solemnes ceremonias en conjunto, después de cada festividad religiosa; y que no sacrifiquen más animales al demonio, sino que lo hagan a la gloria de Dios, y dar gracias al "Dador" de todas las cosas, por su abundancia: ya que mientras algunos beneficios externos les son conservados, más rápidamente podrán ser llevados a aceptar los beneficios interiores (gracia). Porque es sin duda imposible arrancar a la vez, de almas tan rudas, todos los malos usos; viendo también que aquel que se esfuerza por escalar una cumbre, lo hace paso a paso y no a saltos[11].Así fue como el Señor se reveló al pueblo israelita en Egipto, destinando a su culto los sacrificios que antes ofrecían al diablo y ordenando que le sacrificasen animales, de modo que, cambiando la intención, en parte abandonasen los sacrificios y en parte los retuviesen; pues si bien eran los mismos los animales que acostumbraban a ofrecer, ya no eran los mismos sacrificios, puesto que ahora los ofrecían al Dios verdadero y no a los ídolos[12]."

 San Gregorio Magno propone que para reorientar la piedad natural de los anglo-sajones y, en consecuencia, optimizar su proceso de conversión, se necesita, en lo sustancial, de dos acciones bien definidas basadas en el principio de la asimilación: reutilizar su espacio sagrado transformando los templos en iglesias cristianas –instruyendo que sólo sean destruidos los ídolos que allí se encuentren, que se construyan altares, se depositen reliquias, y que se rocíen los templos con agua bendita– y resignificar una de sus principales costumbres, como lo era la práctica de los sacrificios. Pero este plan de acción pudo haber resultado muy controversial debido a que el sincretismo religioso, por más que responda a un pragmatismo necesario[13], también plantea el peligro de caer en una idolatría al perpetuar, de alguna manera, la superstición pagana. De acuerdo con esto, creemos que su planteamiento resulta muy particular, tanto por el sentido que le dio a la ocupación de los templos paganos como por el arrojo que demostró al decidir conservar los sacrificios, con su evidente cambio de signo [14]. 

 

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