domingo, 25 de noviembre de 2012

HISPANOAMÉRICA O QUÉ

EN DEFENSA DEL TÉRMINO HISPANOAMÉRICA

 

Antes de venir al Perú, en los preparativos del V Centenario de 1992 me preocupaba el nombre correcto para todo lo relativo a la comunidad hispanoamericana –ven que ya tuve que optar por un término. Entonces tuve la suerte de escuchar y de leer al historiador José Antonio Calderón Quijano. Su pensamiento lo expresó muy bien en su obra Toponimia española en el Nuevo Mundo (Sevilla 1988), en la que se decanta por el término "Hispanoamérica" frente a los surgidos como producto de un imperialismo económico (Panamérica), ideológico (Latinoamérica), racial (Indoamérica), negación del panamericanismo (panhispanismo), utilitario (Interamérica). De origen cultural estarían los de Hispanoamérica: cultura española(tesis); Lusoamérica: negación portuguesa (antítesis); Iberoamérica: deseo de buscar la paz eufónica y semántica con Portugal (síntesis), como fruto de la proyección peninsular conjunta. Hispanoamérica es un "concepto espiritual, cultural, sociopolítico, étnico y lingüístico perfectamente claro y preciso, que engloba a todos los pueblos hispanos, hoy naciones, situados en el Nuevo Mundo, con raíz aborigen varia y diferente y que están aglutinados por lo español o hispánico, que les da unidad en su mentalidad, forma de vida e idiosincrasia".

 

John L. Phelan pone de manifiesto cómo el término comenzó a utilizarse con Napoleón III en su intento de establecer una monarquía en México, cuyo titular el archiduque Maximiliano José de Austria sería proclamado emperador. Su máximo apologista sería Michel Chevalier allá por 183O.

 

No deja de resultar paradójico que autores como M.E. Rodríguez de Magisal explicar "América Latina como una unidad" deba empezar por decir que se refieren a "la América de origen española".

 

Así las cosas, es evidente que el término "Latinoamérica" ha desbancado al de "Hispanoamérica". Francisco Miró Quesada C., director del más prestigioso periódico peruano, El Comercio, afirma que allá prefieren ser llamados "latinoamericanos". Tal vez si algún día se lograse esta unión de los americanos de habla hispana con España, la mayoría cambiaría de opinión y aceptaría llamarse "hispanoamericana" (M.Buge) pues "no bastan ni el buen deseo, ni la justificación teórica para cambiar una palabra que se ha impuesto en una gran comunidad humana. Es necesario un proceso histórico, que a veces puede ser muy complejo y cuya culminación está siempre en peligro de frustarse".

 

            Las propias Conferencias Episcopales de América, el CELAM, un icono del catolicismo laico de América, don Guzmán Carriquiry,  usan el término latinoamericano habitualmente.

 

            Como siempre, lo mejor es enemigo de lo bueno, y sugiero una reflexión académica para llegar al término más apropiado.

 

            Les dejo con el artículo aparecido en EL SOL (Madrid, 2 de enero de 1918) y que hoy ofrece ZENIT del gran maestro don Ramón Menéndez Pidal http://www.zenit.org/rssspanish-43697?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+zenit%2Fspanish+%28ZENIT+Espa%C3%B1ol%29 me motiva a compartirles algunos apuntes sobre el tema.


La posición de Ramón Menéndez Pidal en el diario ''El Sol'' de Madrid en 1918


MADRID, sábado 24 noviembre 2012 (ZENIT.org).- Un lector nos envía una interesante carta escrita en 1918 por el ilustre académico y filólogo Ramón Menéndez Pidal. En la misma, defiende con fundados argumentos históricos el término Hispanoamérica como el más apropiado. En su defecto, Iberoamérica. Pero nunca: América Latina. Un término inventado, dicen, por Francia y adoptado de modo entusiasta por países anglosajones.

Ramón Menéndez Pidal fue discípulo de Marcelino Menéndez Pelayo y, en 1899, obtuvo la cátedra de Filología Románica de la Universidad de Madrid. Electo para la Real Academia Española en 1901, su maestro Menéndez Pelayo pronunció su discurso de acogida. El rey Alfonso XIII lo nombró comisario en el conflicto de límites entre Perú y Ecuador (1905), lo que aprovechó para, una vez terminada su labor y firmada la aceptación del arbitraje por ambos países, viajar por otros países hispanoamericanos para estudiar en ellos el Romancero tradicional español que aún pervivía. Fue director del Centro de Estudios Históricos. En 1925, fue elegido director de la Real Academia Española. Durante la guerra civil tuvo que salir de España. Vivió exiliado en Burdeos, Cuba, Estados Unidos y París.

¿Qué piensan los lectores de ZENIT? Nos interesa saber su opinión sobre el debatido argumento, después de leer esta fundamentada opinión.

*****

Del diario El Sol:

''Nuestro título 'América Latina' discutido por el Sr. Menéndez Pidal''

NUESTRO TÍTULO "AMÉRICA LATINA" DISCUTIDO POR EL SR. MENÉNDEZ PIDAL

Madrid. 2 de enero de 1918

Sr. D. Félix Lorenzo.

Mi distinguido amigo: Voy a molestarle con una pequeñez. Hace tiempo veo que el neologismo extranjero América latina va cundiendo entre nosotros; al fin, todo lo que procede de países de más cultura es siempre pegadizo, sea bueno o malo: pero ahora el hallar ese nombre lanzado diariamente a la circulación en un periódico como EL SOL, me mueve a oponerle algún reparo, reparo que dirijo a usted, rogándole haga suyo mi interés si lo cree razonable.

La causa de preferir tal neologismo al nombre antiguo es el creer que bajo ese título viejo, América española, no puede comprenderse el Brasil, de habla portuguesa. Esa es la razón que da en 1914 James Bryce (en su obra sobre la América meridional), para proponer el neologismo, y conviene advertir que él lo acepta con tibieza, ya que usa promiscuamente los nombres de América latina y América española, y siempre que trata de oponer a los caracteres "angloamericanos", los del resto de América, usa el tradicional adjetivo "hispanoamericanos". Fuera del Brasil no hay otra dificultad; pues no creo que pueda tomarse en cuenta el elemento francés de Haití. Invocar la mitad de la isla "Española" por antonomasia para impugnar el nombre tradicional de América española, tanto valdría como impugnar el adjetivo latina en vista de los elementos holandeses o daneses de la América antillana y meridional, o impugnar el nombre de América inglesa pensando en el elemento francés del Canadá.

Volviendo a la dificultad del Brasil, me parece que se desvanece considerando que el nombre "España" tuvo siempre en nuestra lengua el sentido amplio del latín Hispania, desde que en la Crónica de España de Alfonso el Sabio se incluyó la historia de Portugal, hasta hoy. Así se usa entre nosotros el nombre de Península Española al lado del de Península Ibérica, y reconociendo la misma extensión del nombre, los franceses dicen también "Péninsule hispanique". Otro ejemplo muy pertinente citaré. En 1904 se funda en Nueva York una sociedad que, según sus estatutos, tiene por objeto el Advancement of the study of the Spanish and 'Portuguese' languages, literature and history; pues bien, esta sociedad no toma otro título que el de Hispanic Society of América, reconociendo que el título hispánico abarca el elemento portugués lo mismo que el castellano y el catalán, y en efecto, cumpliendo con sus estatutos y su título, la Hispanic Society ha publicado espléndidamente Os Luisiadas y el Cancionero de Resende, al lado delPoema del Cid, el Quijote y Tirant lo Blanch.

Si pues, para propios y extraños el nombre de España representa en su sentido lato esa vieja unidad cuadripartita, que errores de intelectualidad y de política no aciertan a mantener en su debida cohesión, no veo obstáculo para que bajo el nombre de América española se comprenda, al lado de las 18 Repúblicas americanas nacidas en los territorios colonizados por Castilla, la república nacida en tierra de colonización portuguesa.

Claro que el adjetivo español tiene también un sentido restringido, opuesto a portugués, pero el que quiera huir de la posible ambigüedad de ese adjetivo, puede adoptar la forma hispánico o hispano, que, por ser eruditas y latinas, indican mejor que se toman en sentido lato, para calificar a todo lo que procede de la Hispania en su conjunto, tal como únicamente la concebían los romanos. América hispana me parece irreprochable, y tiene, además, la ventaja de corresponderse con el sustantivo compuesto Hispanoamérica, que tanto usan los americanos.

En fin, el que no guste ninguno de estos nombres, todavía tiene a su disposición el de América ibera con el tan usual adjetivo Iberoamericano.

Pero ninguno de estos nombres basta, desde que hacia 1910 empezó a generalizarse, principalmente por Francia y los Estados Unidos, la denominación de América latina. La propiedad de tal nombre me parece muy dudosa. El adjetivo latino, aplicado a las naciones que heredaron la lengua del Lacio está perfectamente en su puesto; pero como en este sentido no envuelve ningún concepto de raza, sino sólo de idioma, me parece del todo desmesurado el extender su significado hasta aplicarlo a naciones que recibieron su lengua, no del Lacio, sino de la Península hispánica, de Castilla y de Portugal. Esas naciones americanas no heredaron la lengua latina, como la heredaron España, Francia e Italia de su colonización romana, sino que recibieron lenguas hispánicas, lengua castellana y portuguesa, y éstas, para adjetivarlas aludiendo a sus orígenes, se llaman comúnmente neolatinas y no latinas.

Y no ya impropio, sino inadmisible es el nombre de América latina, tomado, como por lo general se hace, en el concepto de raza. Si nadie cree en la raza latina de España, ¿qué habrá que decir de la latinidad de raza en esas repúblicas donde sobre los elementos indios se acumularon elementos españoles, a veces predominantemente vascos, es decir, procedentes de un pueblo que no ya por su raza, sino que ni por su lengua tiene el menor aspecto de latinismo? Con cuánta razón protestan algunos escritores hispanoamericanos contra "el error perjudicialísimo de creernos latinos y de raza latina", como declama el autor del divulgado libro sobre la Raza chilena, y con cuánta razón y fortuna el eminente propugnador de los sentimientos hispánicos J.C. Cebrián, combatió también el neologismo de que tratamos.

En suma, el nombre de América latina, tómese como se quiera, desconoce la parte exclusiva que tiene la Península española en la creación de la América, desde Méjico a la Patagonia, y niega la parte importante que en esa empresa corresponde a un pueblo como la Vasconia, queni racial ni lingüísticamente tiene nada que ver con el Lacio.

Pase que en el extranjero (sea por inconsideración a nuestro nombre, sea por otorgar una parte ideal en ese nuevo mundo a otras naciones llamadas latinas), se inventa el flamante título de América latina, para designar la porción de América descubierta y colonizada por las razas hispánicas; pero no somos ciertamente los españoles los llamados a recoger con precipitación este neologismo. Enamorarnos de él y propagarlo es contribuir a propagar una denominación falsa, y a borrar nuestro nombre de medio mundo, adonde lo llevaron las generaciones pasadas sacrificando mucha de su carne y de su sangre en la colosal empresa.

Si ve usted mis reparos favorables, ¿querría usted interesarse para que en uno de los epígrafes de EL Sol, se restaure cualquiera de los adjetivos que, aplicado a la América colonizada por razas hispánicas, representase la verdad y la justicia históricas, así como la propiedad del vocablo? Fuera de ese epígrafe aludido, el mismo diario prefiere, como es natural, las denominaciones más exactas, al tratar, según a menudo lo hace con elevadas miras, temas americanos en sus columnas.

Bien veo que los momentos son para pensar en cosas mucho más graves que las de simple denominación; pero el asunto a que me refiero, bien mirado, no deja de tener una positiva importancia ideológica.

Por esto, perdone tan larga misiva a su amigo y más atento seguro servidor.

R. MENÉNDEZ PIDAL

Leer todo...

jueves, 22 de noviembre de 2012

HOMENAJE A JOSÉ ANTONIO DEL BUSTO DUTHURBURU. INSTITUTO RIVA AGÜERO. 7:00 P.M.

Estimados amigos,

Están cordialmente invitados a la presentación de los dos volúmenes del Homenaje a José Antonio del Busto Duthurburu editado por  Margarita Guerra Martinière y Rafael Sánchez-Concha Barrios, que será comentado por Juan Carlos Crespo y los editores este viernes 23 de noviembre a las 7:00 p.m. en el Instituto Riva Agüero —Jirón Camaná 459, Lima.

 

 

 

HOMENAJE A JOSÉ DEL BUSTO DUTHURBURU

 

Dos volúmenes que reúnen trabajos de historiadores peruanos y extranjeros reeditan la pasión, el rigor y la entrega de José Antonio del Busto en su tarea como académico y maestro

 

Los libros recogen semblanzas, ensayos sobre la problemática y el método histórico, así como textos sobre las diversas etapas de nuestra historia

 

Hace casi tres años nuestro Fondo Editorial dio a conocer las Memorias de José Antonio del Busto Duthurburu. De sus páginas evocamos las vivencias, confesiones y experiencias, las más íntimas, entrañables, las dramáticas, y otras académicas, protocolares que en vida el maestro recorrió.

 

El día de hoy, años después del mencionado suceso editorial, y a manera del continuo reconocimiento iniciado con aquellas memorias, presentamos un homenaje en dos tomos editado por los también historiadores Margarita Guerra Martinière y Rafael Sánchez-Concha Barrios.

 

A lo largo de medio siglo, el doctor del Busto contribuyó a la formación integral de alumnos de diversas especialidades y a promover el rigor académico entre los estudiantes de historia. Asimismo estimuló la investigación entre sus colegas, administrando centros de investigación y proponiendo una visión original de la historia del siglo XVI. Su estilo elegante y la limpidez de su prosa comunican a sus lectores la emoción de adentrarse en este periodo y revivir la aventura de los conquistadores y los incas.

 

Son pues, sus cualidades como historiador, maestro y hombre de bien que impulsan la elaboración del presente homenaje, en el cual han participado autores  de diferentes países, generaciones y especialidades. 

 

La división y el ordenamiento de los trabajos aquí incluidos sigue el modelo cronológico tradicional, que se inicia con la etapa prehispánica y prosigue con la virreinal, la republicana, y toca diversos aspectos de nuestra historia de manera interdisciplinaria en la mayoría de sus casos. Así participan no solo historiadores sino arquitectos, abogados, filósofos, lingüistas, arqueólogos, periodistas, entre otros investigadores entre los que destacan Guillermo Lohmann Villena, Mariana Mould de Pease, Santiago Agurto, Carlos Blancas, Federico Kauffmann Doig, Rodolfo Cerrón-Palomino, Juan Gargurevich Regal, Salomón Lerner Febres, Amalia Castelli, Oswaldo Holguín Callo, Juan de la Puente Candamo, Augusto Ortiz de Zevallos, Waldemar Espinoza Soriano, Martha Barriga Tello. Esta sección está antecedida por testimonios personales, artículos sobre patrimonio cultural y sobre teoría de la historia, que dan cuenta de la visión integradora que el doctor del Busto tenía de su disciplina.

 

AGRADECEMOS SU DIFUSIÓN.

 

Leer todo...

LOS INCAS EN LA COLONIA de Franklin Pease_26.11.12


Nota de Prensa Nº 053– 2012 – II – MNAAHP / MC

Presentación de libro

LOS INCAS EN LA COLONIA, ESTUDIOS SOBRE LOS SIGLOS XVI, XVII Y XVIII
EN LOS ANDES

Día: Lunes 26 de noviembre de 2012
Hora: 6:30 p.m.
Lugar: Auditorio del MNAAHP
INGRESO LIBRE

El Ministerio de Cultura y el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP) rinden homenaje al ilustre historiador peruano Franklin Pease García-Yrigoyen (1939-1999) y a su aporte científico con la presentación del libro Los incas en la Colonia, estudios sobre los siglos XVI, XVII y XVIII en los Andes. Este documento reúne 20 artículos suyos compilados por Nicanor Domínguez Faura con el objetivo de señalar los vacíos que aún persisten en el conocimiento del siglo XVII en los Andes y promover la investigación futura de este período importante para la historia colonial del país.

Los incas en la Colonia, estudios sobre los siglos XVI, XVII y XVIII en los Andes  se compone de dos partes. La primera reúne 10 artículos acerca del impacto de la invasión y conquista española sobre el Imperio Incaico durante el siglo XVI, los que se fundamentan en un análisis etnohistórico de la población andina y cómo esta rompe su estructura orgánica ante la imposición de un sistema europeo. Asimismo, propone recostruir oficialmente el pasado peruano incluyendo a las mayorías indígenas desde los tiempos prehispánicos hasta la República; y contextualiza algunos términos empleados en la historiografía peruana.

El segundo grupo compila 9 artículos sobre la compleja adaptación forzada de las sociedades indígenas de los Andes al colonialismo español durante los siglos XVII y XVIII. Se explora la variada, dura y fascinante experiencia colonial de la población andina, especialmente durante el siglo XVII, período muy mal conocido aún del pasado peruano.

Para invitar a la reflexión se incluye aparte un texto (1998) donde Pease discute y evalúa cuatro décadas de estudios etnohistóricos sobre los Andes. De manera complementaria a los artículos se adjuta una cronología de los sucesos durante estos siglos desarrollados, un mapa general de la geografía andina y otros anexos.

Estas investigaciones fueron publicadas inicialmente entre los años 1974 y 1998 como resultado de la labor historiográfica e interés de Pease por temas como la sociedad Inca de los siglos XV y XVI; las crónicas redactadas por españoles, indígenas y mestizos en los siglos XVI y XVII; y en los estudios de los cambios y adaptaciones de la sociedad indígena andina durante los 300 años de la época colonial española en el Virreinato del Perú.

Sobre el autor
Franklin Peaje García-Yrigoyen realizó los estudios primarios en el colegio jesuita de la Inmaculada y los estudios superiores en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Fue director del Museo Nacional de Historia, hoy el MNAAHP, y de la Biblioteca Nacional del Perú. Asimismo, fue profesor principal de la especialidad de Historia y Decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUCP.

Es autor de más de trescientos títulos entre los que destacan: El dios creador andino (1973), Del Tawantinsuyu a la historia del Perú (1978), Las crónicas y los Andes (1995), Perú, hombre e historia: La República (1993), Los Incas: una introducción (1998). A estas publicaciones se suman múltiples artículos y ensayos aparecidos en revistas especializadas del Perú y el extranjero.

Portada del libro Los incas en la Colonia, estudios sobre los siglos XVI, XVII y XVIII en los Andes.


Atentamente,
--
Oficina de Comunicaciones - Imagen Institucional
Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú
Plaza Bolívar s/n, Pueblo Libre (frente a la Municipalidad del distrito)
Telf. 463 5070 / 261 7852
Twitter: @MNAAHP_oficial
Blog: mnaahp.blogspot.com



El contenido del presente mensaje es de carácter confidencial, la información es relevante y de exclusivo interés para su destinatario. En caso lo haya recibido por error deberá abstenerse de usarlo, reproducirlo o difundirlo en forma parcial o total; mucho agradeceremos eliminarlo y notificarlo al remitente y/o a postmaster@mcultura.gob.pe .

El sistema de correo electrónico del Ministerio de Cultura está destinado exclusivamente para sus propios fines conforme a Ley, normas y sus propias directivas. La información contenida está sujeta a la protección de derechos de autor y de las comunicaciones.
Leer todo...

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Programación de PAX TELEVISION del 19 al 25 de noviembre



---------- Mensaje reenviado ----------
De: m.a.c. <ac.merce@gmail.com>
Fecha: 21 de noviembre de 2012 03:21
Asunto: Programación de PAX TELEVISION del 19 al 25 de noviembre
Para:


Amigos
Les recuerdo que Pax
Televisión está:

  1. en cable mágico de 7 am  a 1pm canal 57
  2. en cable mágico evolución de  7 am  a 1pm canal 570
  3. en UHF las 24 horas del día en canal 17
  4. Por http://www.paxtv.org/ la 24 horas del día
  5. Una novedad: estamos en FACEBOOK. Pueden dejar sus comentarios y marcar me gusta.
  6. Entren a http://www.facebook.com/paxtvpaginaoficial
  7. Favor enviar a los amigos. Inviten a todos a ver Pax Televisión. Quizas el Señor se pueda valer de una película, una canción, un mensaje y así tocar el corazón de alguien que a lo mejor pasa por un momento difícil.
  8. Hoy, en EL PUENTE, a las 8 p.m. queremos centrarnos en una de las dimensiones del Concilio, la relación de la Iglesia con el mundo, especialmente a través de la Gaudium et Spes. Agradezco la presencia de dos de nuestros grandes expertos el Ec. Humberto Ortiz y la Lic. Laura Vargas, de CEAS









Ropa Laboral, Uniformes para instituciones, hoteles, hospitales, objetos promocionales, regalos, eventos.






Leer todo...

lunes, 19 de noviembre de 2012

JUVENTUD, FUERZA DEL MUNDO: Mensaje de Benedicto XVI a los jóvenes del mundo


JUVENTUD, FUERZA DEL MUNDO


Somos parte de una gran cadena de hombres y mujeres que nos transmitieron la verdad de la fe

Mensaje de Benedicto XVI a los jóvenes del mundo

CIUDAD DEL VATICANO, sábado 17 noviembre 2012 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que Benedicto XVI envía los jóvenes del mundo, con motivo de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará, del 23 al 28 de julio de 2013, en Río de Janeiro, Brasil. "Cuanto más conocemos a Cristo, más deseamos anunciarlo". "Con vuestra cercanía y vuestro sencillo testimonio abrís una brecha a través de la cual Dios puede tocar sus corazones", les dice el papa.

*****

Id y haced discípulos a todos los pueblos (cf. Mt 28,19)

Queridos jóvenes:

Quiero haceros llegar a todos un saludo lleno de alegría y afecto. Estoy seguro de que la mayoría de vosotros habéis regresado de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2,7). En este año hemos celebrado en las diferentes diócesis la alegría de ser cristianos, inspirados por el tema: «Alegráos siempre en el Señor» (Flp 4,4). Y ahora nos estamos preparando para la próxima Jornada Mundial, que se celebrará en Río de Janeiro, en Brasil, en el mes de julio de 2013.

Quisiera renovaros ante todo mi invitación a que participéis en esta importante cita. La célebre estatua del Cristo Redentor, que domina aquella hermosa ciudad brasileña, será su símbolo elocuente. Sus brazos abiertos son el signo de la acogida que el Señor regala a cuantos acuden a él, y su corazón representa el inmenso amor que tiene por cada uno de vosotros. ¡Dejaos atraer por él! ¡Vivid esta experiencia del encuentro con Cristo, junto a tantos otros jóvenes que se reunirán en Río para el próximo encuentro mundial! Dejaos amar por él y seréis los testigos que el mundo tanto necesita.

Os invito a que os preparéis a la Jornada Mundial de Río de Janeiro meditando desde ahora sobre el tema del encuentro: Id y haced discípulos a todos los pueblos (cf. Mt 28,19). Se trata de la gran exhortación misionera que Cristo dejó a toda la Iglesia y que sigue siendo actual también hoy, dos mil años después. Esta llamada misionera tiene que resonar ahora con fuerza en vuestros corazones. El año de preparación para el encuentro de Río coincide con el Año de la Fe, al comienzo del cual el Sínodo de los Obispos ha dedicado sus trabajos a «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana». Por ello, queridos jóvenes, me alegro que también vosotros os impliquéis en este impulso misionero de toda la Iglesia: dar a conocer a Cristo, que es el don más precioso que podéis dar a los demás.

 

1. Una llamada apremiante

La historia nos ha mostrado cuántos jóvenes, por medio del generoso don de sí mismos y anunciando el Evangelio, han contribuido enormemente al Reino de Dios y al desarrollo de este mundo. Con gran entusiasmo, han llevado la Buena Nueva del Amor de Dios, que se ha manifestado en Cristo, con medios y posibilidades muy inferiores con respecto a los que disponemos hoy. Pienso, por ejemplo, en el beato José de Anchieta, joven jesuita español del siglo XVI, que partió a las misiones en Brasil cuando tenía menos de veinte años y se convirtió en un gran apóstol del Nuevo Mundo. Pero pienso también en los que os dedicáis generosamente a la misión de la Iglesia. De ello obtuve un sorprendente testimonio en la Jornada Mundial de Madrid, sobre todo en el encuentro con los voluntarios.

Hay muchos jóvenes hoy que dudan profundamente de que la vida sea un don y no ven con claridad su camino. Ante las dificultades del mundo contemporáneo, muchos se preguntan con frecuencia: ¿Qué puedo hacer? La luz de la fe ilumina esta oscuridad, nos hace comprender que cada existencia tiene un valor inestimable, porque es fruto del amor de Dios. Él ama también a quien se ha alejado de él; tiene paciencia y espera, es más, él ha entregado a su Hijo, muerto y resucitado, para que nos libere radicalmente del mal. Y Cristo ha enviado a sus discípulos para que lleven a todos los pueblos este gozoso anuncio de salvación y de vida nueva.

En su misión de evangelización, la Iglesia cuenta con vosotros. Queridos jóvenes: Vosotros sois los primeros misioneros entre los jóvenes. Al final del Concilio Vaticano II, cuyo 50º aniversario estamos celebrando en este año, el siervo de Dios Pablo VI entregó a los jóvenes del mundo un Mensaje que empezaba con estas palabras: «A vosotros, los jóvenes de uno y otro sexo del mundo entero, el Concilio quiere dirigir su último mensaje. Pues sois vosotros los que vais a recoger la antorcha de manos de vuestros mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Sois vosotros quienes, recogiendo lo mejor del ejemplo y las enseñanzas de vuestros padres y maestros, vais a formar la sociedad de mañana; os salvaréis o pereceréis con ella». Concluía con una llamada: «¡Construid con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores!» (Mensaje a los Jóvenes, 8 de diciembre de 1965).

Queridos jóvenes, esta invitación es de gran actualidad. Estamos atravesando un período histórico muy particular. El progreso técnico nos ha ofrecido posibilidades inauditas de interacción entre los hombres y la población, mas la globalización de estas relaciones sólo será positiva y hará crecer el mundo en humanidad si se basa no en el materialismo sino en el amor, que es la única realidad capaz de colmar el corazón de cada uno y de unir a las personas. Dios es amor. El hombre que se olvida de Dios se queda sin esperanza y es incapaz de amar a su semejante. Por ello, es urgente testimoniar la presencia de Dios, para que cada uno la pueda experimentar. La salvación de la humanidad y la salvación de cada uno de nosotros están en juego. Quien comprenda esta necesidad, sólo podrá exclamar con Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1Co 9,16).

2. Sed discípulos de Cristo

Esta llamada misionera se os dirige también por otra razón: Es necesaria para vuestro camino de fe personal. El beato Juan Pablo II escribió: «La fe se refuerza dándola» (Enc. Redemptoris Missio, 2). Al anunciar el Evangelio vosotros mismos crecéis arraigándoos cada vez más profundamente en Cristo, os convertís en cristianos maduros. El compromiso misionero es una dimensión esencial de la fe; no se puede ser un verdadero creyente si no se evangeliza. El anuncio del Evangelio no puede ser más que la consecuencia de la alegría de haber encontrado en Cristo la roca sobre la que construir la propia existencia. Esforzándoos en servir a los demás y en anunciarles el Evangelio, vuestra vida, a menudo dispersa en diversas actividades, encontrará su unidad en el Señor, os construiréis también vosotros mismos, creceréis y maduraréis en humanidad.

¿Qué significa ser misioneros? Significa ante todo ser discípulos de Cristo, escuchar una y otra vez la invitación a seguirle, la invitación a mirarle: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Un discípulo es, de hecho, una persona que se pone a la escucha de la palabra de Jesús (cf. Lc 10,39), al que se reconoce como el buen Maestro que nos ha amado hasta dar la vida. Por ello, se trata de que cada uno de vosotros se deje plasmar cada día por la Palabra de Dios; ésta os hará amigos del Señor Jesucristo, capaces de incorporar a otros jóvenes en esta amistad con él.

Os aconsejo que hagáis memoria de los dones recibidos de Dios para transmitirlos a su vez. Aprended a leer vuestra historia personal, tomad también conciencia de la maravillosa herencia de las generaciones que os han precedido: Numerosos creyentes nos han transmitido la fe con valentía, enfrentándose a pruebas e incomprensiones. No olvidemos nunca que formamos parte de una enorme cadena de hombres y mujeres que nos han transmitido la verdad de la fe y que cuentan con nosotros para que otros la reciban. El ser misioneros presupone el conocimiento de este patrimonio recibido, que es la fe de la Iglesia. Es necesario conocer aquello en lo que se cree, para poder anunciarlo. Como escribí en la introducción de YouCat, el catecismo para jóvenes que os regalé en el Encuentro Mundial de Madrid, «tenéis que conocer vuestra fe de forma tan precisa como un especialista en informática conoce el sistema operativo de su ordenador, como un buen músico conoce su pieza musical. Sí, tenéis que estar más profundamente enraizados en la fe que la generación de vuestros padres, para poder enfrentaros a los retos y tentaciones de este tiempo con fuerza y decisión» (Prólogo).

3. Id

Jesús envió a sus discípulos en misión con este encargo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará» (Mc 16,15-16). Evangelizar significa llevar a los demás la Buena Nueva de la salvación y esta Buena Nueva es una persona: Jesucristo. Cuando le encuentro, cuando descubro hasta qué punto soy amado por Dios y salvado por él, nace en mí no sólo el deseo, sino la necesidad de darlo a conocer a otros. Al principio del Evangelio de Juan vemos a Andrés que, después de haber encontrado a Jesús, se da prisa para llevarle a su hermano Simón (cf. Jn 1,40-42). La evangelización parte siempre del encuentro con Cristo, el Señor. Quien se ha acercado a él y ha hecho la experiencia de su amor, quiere compartir en seguida la belleza de este encuentro que nace de esta amistad. Cuanto más conocemos a Cristo, más deseamos anunciarlo. Cuanto más hablamos con él, más deseamos hablar de él. Cuanto más nos hemos dejado conquistar, más deseamos llevar a otros hacia él.

Por medio del bautismo, que nos hace nacer a una vida nueva, el Espíritu Santo se establece en nosotros e inflama nuestra mente y nuestro corazón. Es él quien nos guía a conocer a Dios y a entablar una amistad cada vez más profunda con Cristo; es el Espíritu quien nos impulsa a hacer el bien, a servir a los demás, a entregarnos. Mediante la confirmación somos fortalecidos por sus dones para testimoniar el Evangelio con más madurez cada vez. El alma de la misión es el Espíritu de amor, que nos empuja a salir de nosotros mismos, para «ir» y evangelizar. Queridos jóvenes, dejaos conducir por la fuerza del amor de Dios, dejad que este amor venza la tendencia a encerrarse en el propio mundo, en los propios problemas, en las propias costumbres. Tened el valor de «salir» de vosotros mismos hacia los demás y guiarlos hasta el encuentro con Dios.

4. Llegad a todos los pueblos

Cristo resucitado envió a sus discípulos a testimoniar su presencia salvadora a todos los pueblos, porque Dios, en su amor sobreabundante, quiere que todos se salven y que nadie se pierda. Con el sacrificio de amor de la Cruz, Jesús abrió el camino para que cada hombre y cada mujer puedan conocer a Dios y entrar en comunión de amor con él. Él constituyó una comunidad de discípulos para llevar el anuncio de salvación del Evangelio hasta los confines de la tierra, para llegar a los hombres y mujeres de cada lugar y de todo tiempo.¡Hagamos nuestro este deseo de Jesús!

Queridos amigos, abrid los ojos y mirad en torno a vosotros. Hay muchos jóvenes que han perdido el sentido de su existencia. ¡Id! Cristo también os necesita. Dejaos llevar por su amor, sed instrumentos de este amor inmenso, para que llegue a todos, especialmente a los que están «lejos». Algunos están lejos geográficamente, mientras que otros están lejos porque su cultura no deja espacio a Dios; algunos aún no han acogido personalmente el Evangelio, otros, en cambio, a pesar de haberlo recibido, viven como si Dios no existiese. Abramos a todos las puertas de nuestro corazón; intentemos entrar en diálogo con ellos, con sencillez y respeto mutuo. Este diálogo, si es vivido con verdadera amistad, dará fruto. Los «pueblos» a los que hemos sido enviados no son sólo los demás países del mundo, sino también los diferentes ámbitos de la vida: las familias, los barrios, los ambientes de estudio o trabajo, los grupos de amigos y los lugares de ocio. El anuncio gozoso del Evangelio está destinado a todos los ambientes de nuestra vida, sin exclusión.

Quisiera subrayar dos campos en los que debéis vivir con especial atención vuestro compromiso misionero. El primero es el de las comunicaciones sociales, en particular el mundo de Internet. Queridos jóvenes, como ya os dije en otra ocasión, «sentíos comprometidos a sembrar en la cultura de este nuevo ambiente comunicativo e informativo los valores sobre los que se apoya vuestra vida. […] A vosotros, jóvenes, que casi espontáneamente os sentís en sintonía con estos nuevos medios de comunicación, os corresponde de manera particular la tarea de evangelizar este "continente digital"» (Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 mayo 2009). Por ello, sabed usar con sabiduría este medio, considerando también las insidias que contiene, en particular el riesgo de la dependencia, de confundir el mundo real con el virtual, de sustituir el encuentro y el diálogo directo con las personas con los contactos en la red.

El segundo ámbito es el de la movilidad. Hoy son cada vez más numerosos los jóvenes que viajan, ya sea por motivos de estudio, trabajo o diversión. Pero pienso también en todos los movimientos migratorios, con los que millones de personas, a menudo jóvenes, se trasladan y cambian de región o país por motivos económicos o sociales. También estos fenómenos pueden convertirse en ocasiones providenciales para la difusión del Evangelio. Queridos jóvenes, no tengáis miedo en testimoniar vuestra fe también en estos contextos; comunicar la alegría del encuentro con Cristo es un don precioso para aquellos con los que os encontráis.

5. Haced discípulos

Pienso que a menudo habéis experimentado la dificultad de que vuestros coetáneos participen en la experiencia de la fe. A menudo habréis constatado cómo en muchos jóvenes, especialmente en ciertas fases del camino de la vida, está el deseo de conocer a Cristo y vivir los valores del Evangelio, pero no se sienten idóneos y capaces. ¿Qué se puede hacer? Sobre todo, con vuestra cercanía y vuestro sencillo testimonio abrís una brecha a través de la cual Dios puede tocar sus corazones. El anuncio de Cristo no consiste sólo en palabras, sino que debe implicar toda la vida y traducirse en gestos de amor. Es el amor que Cristo ha infundido en nosotros el que nos hace evangelizadores; nuestro amor debe conformarse cada vez más con el suyo. Como el buen samaritano, debemos tratar con atención a los que encontramos, debemos saber escuchar, comprender y ayudar, para poder guiar a quien busca la verdad y el sentido de la vida hacia la casa de Dios, que es la Iglesia, donde se encuentra la esperanza y la salvación (cf. Lc 10,29-37). Queridos amigos, nunca olvidéis que el primer acto de amor que podéis hacer hacia el prójimo es el de compartir la fuente de nuestra esperanza: Quien no da a Dios, da muy poco. Jesús ordena a sus apóstoles: «Haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). Los medios que tenemos para «hacer discípulos» son principalmente el bautismo y la catequesis. Esto significa que debemos conducir a las personas que estamos evangelizando para que encuentren a Cristo vivo, en modo particular en su Palabra y en los sacramentos. De este modo podrán creer en él, conocerán a Dios y vivirán de su gracia. Quisiera que cada uno se preguntase: ¿He tenido alguna vez el valor de proponer el bautismo a los jóvenes que aún no lo han recibido? ¿He invitado a alguien a seguir un camino para descubrir la fe cristiana? Queridos amigos, no tengáis miedo de proponer a vuestros coetáneos el encuentro con Cristo. Invocad al Espíritu Santo: Él os guiará para poder entrar cada vez más en el conocimiento y el amor de Cristo y os hará creativos para transmitir el Evangelio.

6. Firmes en la fe

Ante las dificultades de la misión de evangelizar, a veces tendréis la tentación de decir como el profeta Jeremías: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que sólo soy un niño». Pero Dios también os contesta: «No digas que eres niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene» (Jr 1,6-7). Cuando os sintáis ineptos, incapaces y débiles para anunciar y testimoniar la fe, no temáis. La evangelización no es una iniciativa nuestra que dependa sobre todo de nuestros talentos, sino que es una respuesta confiada y obediente a la llamada de Dios, y por ello no se basa en nuestra fuerza, sino en la suya. Esto lo experimentó el apóstol Pablo: «Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros» (2Co 4,7).

Por ello os invito a que os arraiguéis en la oración y en los sacramentos. La evangelización auténtica nace siempre de la oración y está sostenida por ella. Primero tenemos que hablar con Dios para poder hablar de Dios. En la oración le encomendamos al Señor las personas a las que hemos sido enviados y le suplicamos que les toque el corazón; pedimos al Espíritu Santo que nos haga sus instrumentos para la salvación de ellos; pedimos a Cristo que ponga las palabras en nuestros labios y nos haga ser signos de su amor. En modo más general, pedimos por la misión de toda la Iglesia, según la petición explícita de Jesús: «Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,38). Sabed encontrar en la eucaristía la fuente de vuestra vida de fe y de vuestro testimonio cristiano, participando con fidelidad en la misa dominical y cada vez que podáis durante la semana. Acudid frecuentemente al sacramento de la reconciliación, que es un encuentro precioso con la misericordia de Dios que nos acoge, nos perdona y renueva nuestros corazones en la caridad. No dudéis en recibir el sacramento de la confirmación, si aún no lo habéis recibido, preparándoos con esmero y solicitud. Es, junto con la eucaristía, el sacramento de la misión por excelencia, que nos da la fuerza y el amor del Espíritu Santo para profesar la fe sin miedo. Os aliento también a que hagáis adoración eucarística; detenerse en la escucha y el diálogo con Jesús presente en el sacramento es el punto de partida de un nuevo impulso misionero.

Si seguís por este camino, Cristo mismo os dará la capacidad de ser plenamente fieles a su Palabra y de testimoniarlo con lealtad y valor. A veces seréis llamados a demostrar vuestra perseverancia, en particular cuando la Palabra de Dios suscite oposición o cerrazón. En ciertas regiones del mundo, por la falta de libertad religiosa, algunos de vosotros sufrís por no poder dar testimonio de la propia fe en Cristo. Hay quien ya ha pagado con la vida el precio de su pertenencia a la Iglesia. Os animo a que permanezcáis firmes en la fe, seguros de que Cristo está a vuestro lado en esta prueba. Él os repite: «Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» (Mt 5,11-12).

7. Con toda la Iglesia

Queridos jóvenes, para permanecer firmes en la confesión de la fe cristiana allí donde habéis sido enviados, necesitáis a la Iglesia. Nadie puede ser testigo del Evangelio en solitario. Jesús envió a sus discípulos a la misión en grupos: «Haced discípulos» está puesto en plural. Por tanto, nosotros siempre damos testimonio en cuanto miembros de la comunidad cristiana; nuestra misión es fecundada por la comunión que vivimos en la Iglesia, y gracias a esa unidad y ese amor recíproco nos reconocerán como discípulos de Cristo (cf. Jn13,35). Doy gracias a Dios por la preciosa obra de evangelización que realizan nuestras comunidades cristianas, nuestras parroquias y nuestros movimientos eclesiales. Los frutos de esta evangelización pertenecen a toda la Iglesia: «Uno siembra y otro siega» (Jn 4,37).

En este sentido, quiero dar gracias por el gran don de los misioneros, que dedican toda su vida a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Asimismo, doy gracias al Señor por los sacerdotes y consagrados, que se entregan totalmente para que Jesucristo sea anunciado y amado. Deseo alentar aquí a los jóvenes que son llamados por Dios, a que se comprometan con entusiasmo en estas vocaciones: «Hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35). A los que dejan todo para seguirlo, Jesús ha prometido el ciento por uno y la vida eterna (cf. Mt 19,29).

También doy gracias por todos los fieles laicos que allí donde se encuentran, en familia o en el trabajo, se esmeran en vivir su vida cotidiana como una misión, para que Cristo sea amado y servido y para que crezca el Reino de Dios. Pienso, en particular, en todos los que trabajan en el campo de la educación, la sanidad, la empresa, la política y la economía y en tantos ambientes del apostolado seglar. Cristo necesita vuestro compromiso y vuestro testimonio. Que nada – ni las dificultades, ni las incomprensiones – os hagan renunciar a llevar el Evangelio de Cristo a los lugares donde os encontréis; cada uno de vosotros es valioso en el gran mosaico de la evangelización.

 

8. «Aquí estoy, Señor»

Queridos jóvenes, al concluir quisiera invitaros a que escuchéis en lo profundo de vosotros mismos la llamada de Jesús a anunciar su Evangelio. Como muestra la gran estatua de Cristo Redentor en Río de Janeiro, su corazón está abierto para amar a todos, sin distinción, y sus brazos están extendidos para abrazar a todos. Sed vosotros el corazón y los brazos de Jesús. Id a dar testimonio de su amor, sed los nuevos misioneros animados por el amor y la acogida. Seguid el ejemplo de los grandes misioneros de la Iglesia, como san Francisco Javier y tantos otros.

Al final de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, bendije a algunos jóvenes de diversos continentes que partían en misión. Ellos representaban a tantos jóvenes que, siguiendo al profeta Isaías, dicen al Señor: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). La Iglesia confía en vosotros y os agradece sinceramente el dinamismo que le dais. Usad vuestros talentos con generosidad al servicio del anuncio del Evangelio. Sabemos que el Espíritu Santo se regala a los que, en pobreza de corazón, se ponen a disposición de tal anuncio. No tengáis miedo. Jesús, Salvador del mundo, está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20).

Esta llamada, que dirijo a los jóvenes de todo el mundo, asume una particular relevancia para vosotros, queridos jóvenes de América Latina. En la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que tuvo lugar en Aparecida en 2007, los obispos lanzaron una «misión continental». Los jóvenes, que en aquel continente constituyen la mayoría de la población, representan un potencial importante y valioso para la Iglesia y la sociedad. Sed vosotros los primeros misioneros. Ahora que la Jornada Mundial de la Juventud regresa a América Latina, exhorto a todos los jóvenes del continente: Transmitid a vuestros coetáneos del mundo entero el entusiasmo de vuestra fe.

Que la Virgen María, Estrella de la Nueva Evangelización, invocada también con las advocaciones de Nuestra Señora de Aparecida y Nuestra Señora de Guadalupe, os acompañe en vuestra misión de testigos del amor de Dios. A todos imparto, con particular afecto, mi Bendición Apostólica.

Vaticano, 18 de octubre de 2012

BENEDICTUS PP. XVI

 

Leer todo...

SOS desde la única parroquia católica de rito latino de la Franja de Gaza

SOS desde la única parroquia católica de rito latino de la Franja de Gaza

Carta de la madre María de Nazaret SSVM

FRANJA DE GAZA, domingo 18 noviembre 2012 (ZENIT.org).- El padre José Ansaldi IVE envía un relato de Gaza, donde los sacerdotes del Instituto del Verbo Encarnado atienden la única parroquia católica de rito latino y las religiosas del Instituto llevan adelante una importante labor caritativa. La madre María de Nazaret SSVM escribió el 15 de noviembre dando cuenta del estado de la situación.

"Somos consagrados de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado --dice la misiva--. El Instituto se halla presente en Gaza de manera permanente desde hace casi cuatro años, aunque nuestra misión allí comenzó hace unos ocho años. Nuestros sacerdotes atienden la única parroquia católica de la Franja, uno de los padres es director en las dos escuelas que el Patriarcado Latino de Jerusalén tiene en Gaza. Las religiosas colaboran con los sacerdotes en los apostolados con niños, jóvenes y familias cristianas, además de atender la sacristía parroquial y ayudar en la Liturgia de la Parroquia de la Sagrada Familia.

Una pequeña comunidad católica, unas 200 almas, que tratan de vivir ferviente y sencillamente su fe cristiana. Les escribimos estas líneas porque varios amigos y conocidos nos han pedido noticias frescas de aquí.

Desde el último sábado se han vivido momentos de tensión en Gaza, situación que ha recrudecido desde el miércoles 14 de noviembre por la tarde.

Los ataques y las respuestas han sido prácticamente continuos. Se han interrumpido las actividades. El Ministerio de Educación de la Franja ha resuelto que en principio no habrá clases durante 72 horas. Los negocios están cerrados. La gente está asustada... Ayer hemos tenido electricidad todo el día y toda la noche. Sin embargo la gente al anochecer apaga todas las luces de sus casas a causa de los ataques. Parecería que, paradojalmente, así se sintiesen más seguros.

Los cristianos que en algunas ocasiones nos preguntaban si tenemos miedo de estar aquí y nos invitaban a permanecer en sus casas, en esta oportunidad nos han preguntado si nosotros estamos dispuestos a recibirlos en la Iglesia en caso de que esta situación se prolongue.

Uno de ellos nos ha dicho a los sacerdotes y religiosas: 'por favor ustedes no se vayan, ustedes no se tienen que ir. Si ustedes se van, ¿quién se queda acá con nosotros?'.

Muchos cristianos nos llaman por teléfono preguntando cómo estamos, si necesitamos algo, poniéndose a disposición. También lo han hecho amigos, conocidos y miembros del cuerpo diplomático. A todos les agradecemos su cercanía y les pedimos oraciones.

Si bien la Parroquia se encuentra en una zona espinosa, por gracia de Dios, estamos muy bien. Nuestras Casas --tanto la de los sacerdotes como la de las religiosas- se encuentran en el predio de la parroquia y de la escuela, por esa razón es uno de los lugares más seguros. Esto es debido a que, es un lugar bien conocido por todos en donde la violencia -de cualquier clase que sea- no tiene injerencia alguna y en donde se educa a la paz y se trabaja por conseguirla.

Estamos a la espera de lo que suceda en las próximas horas... Es nuestro deseo permanecer cerca de tanta gente, de tantos civiles, que sufre inocentemente las circunstancias de esta situación, especialmente nuestros cristianos. Nuestra misión consiste especialmente ahora en acompañarlos de cerca, dar una palabra de consuelo, de esperanza, ayudarlos a acudir a Dios, nenseñar el perdón y el valor del sufrimiento cristianamente vivido.

Nuestro Señor Jesucristo, Príncipe de la Paz acoja las oraciones que se elevan desde Gaza y por Gaza.

Que Él conceda a todos el amor por la justicia, la paz y la reconciliación. Que Él consuele a todos aquellos que sufren, sane a los heridos... haga cesar el estruendo de toda agresión. En definitiva que conceda una justa paz entre israelíes y palestinos.

Lo que es y parece imposible para los hombres no lo es para Dios. Que Él toque los corazones de todos a fin de que un día --no muy lejano, esperamos- puedan todos los habitantes de esta bendita Tierra Santa vivir como hermanos"
Leer todo...
 

José Antonio Benito Copyright © 2009 Gadget Blog is Designed by Ipietoon y adaptado por ANGEL SANTA MARIA R. Sponsored by Online Business Journal