lunes, 11 de octubre de 2010

Hispanidad, la realización social del Cristianismo

Puede resultar difícil de creer pero les aseguro que la hispanidad es algo más que Vivamérica, celebrado en Madrid el pasado domingo, donde la inconmensurable mezcla de culturas hispanas confluyó, en un bello de armonía planetaria, en la exhibición de un considerable número de traseros femeninos, también llamados pompis, según ancestrales acerbos idiomáticos precolombinos.

No, existen otras definiciones de Iberia e Iberoamérica. La hispanidad es creación de España, de la Corona y la Iglesia españolas, con motivo del descubrimiento y evangelización de América, que es lo más grande que hemos hecho los españoles en toda nuestra historia.

Ramiro de Maeztu, en su Defensa de la Hispanidad, uno de los grandes ensayos españoles que la nueva generación no ha leído, decía lo siguiente: “el alma del hombre necesita de perspectivas infinitas hasta para resignarse a las limitaciones cotidianas. Lo que echamos de menos lo tuvimos, hasta que en el siglo XVIII lo perdimos: un gran fin nacional”. 

Se lo diré de otro modo: ¿Qué es lo que llevaron los españoles a América? Principalmente su fé, es decir, su sentido de la vida; luego, su lengua. Y, de paso, llevaron también su derecho y su filosofía política. Maeztu, asesinado por los milicianos republicanos en la cárcel de Madrid en 1936, es uno de los grandes olvidados de la desmemoria histórica pero aún lo es más un hombre del siglo XVI,Francisco de Vitoria, el dominico que forjó la doctrina del descubrimiento, que nos enseñó a colonizar a los pueblos indígenas así como los principios del Gobierno justo y de la guerra justa, principios que los anglosajones copiaron de sus lecciones universitarias y se apropiaron mientras los españoles olvidábamos al maestro.

La obra de Francisco de Vitoria, junto a la política de los mejores reyes de España (los mejores, sí, porque, a pesar de todas sus barbaridades, que también las cometieron, creían en Dios) es decir, de los Católicos, Carlos I, Felipe II y Felipe III), es lo que lleva a Maeztu a definir, en la década de los 30 del pasado siglo, la encrucijada en que se encuentra Iberoamérica, la misma con la que se topa hoy en día: “los pueblos criollos están empeñados en una lucha de vida o muerte con el bolchevismo, de un parte, y con el imperialismo económico extranjero, de la otra, y si quieren salir victoriosos han de volver por los principios comunes de la hispanidad, para vivir de autoridades que tengan conciencia de haber recibido de Dios sus poderes, sin los cuales serán tiránicos”.

Los cuatro –cinco- monarcas citados tenían eso en común: creían realmente en Cristo y creían que la única justicia social posible es la del evangelio. Toda una premonición dado que, por aquel entonces, aún no se había inventado el concepto de justicia social, les bastaba con el de justicia.

¿Cuál es esa política cristiana que hizo la Hispanidad y que hoy, olvidada, ha dado con Hispanoamérica, y con la propia España, en la desorientación total que nos marea? Maeztu lo describe así: frente a la libertad, igualdad y fraternidad del credo revolucionario, opone servicio, jerarquía y hermandad: “El servicio es la virtud aristocrática por excelencia. ‘Ich dien’, yo sirvo, dice en tudesco el escudo de los reyes de Inglaterra”.   

¿¿Jerarquía? La única aceptable, la que impone la santidad y la sabiduría, que son los blasones de las sociedades cristianas.

Y hermandad, que se distingue de la fraternidad porque la hermandad es consecuencia de la filiación común de todos los hombres frente a Dios, y que es la única que iguala a los desiguales. Por eso, la Escuela de Salamanca, la creada por el precitado Francisco de Vitoria, la de Melchor Cano, Domingo Báñez, Domingo de Soto o Francicos Suárez, por no olvidar a Bartolomé de las Casas, construyó una colonización inigualable. El conquistador español, convencido de que Dios había muerto en la cruz también por aquellos indígenas, no dudó en mezclar su sangre con la de los nativos, algo que evitaron con gusto ingleses, francesa, holandeses, belgas y alemanes. La América hispana es, hoy, mestiza, por eso nació la raza hispana y el 12 de octubre es eso: el día de la Raza. No existe la raza anglo-india. Los británicos vencieron y desplazaron a los indígenas o los aniquilaron. Sí existe la raza hispana, mezcla de españoles e indias.

¿Por qué España se desintegra (tranquilos, nadie conseguirá terminar ese proceso) en permanente guerra civil? ¿Por qué Iberoamérica fluctúa entre el neomarxismo de Chávez, Morales o Correa y el colonialismo financiero de Wall Street, en Brasil, Argentina, México o Chile (y ahora Perú)? Porque han abandonado las raíces cristianas que les son propia.

Sin Cristo, Europa no encuentra su futuro. Sin Cristo, España e Hispanoamérica no encuentran ni su pasado.

Eulogio López

http://www.hispanidad.com/completo.aspx

 

 

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