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jueves, 1 de septiembre de 2022

La Mano Desasida. Canto a Machu Picchu de Martín Adán

Muestra "Cumbre circuncisa"  Ofrenda a La Mano Desasida de Martín Adán. Cuadernos de viaje de Ángel Valdez en el Centro Garcilaso de la Vega, del 17 de agosto al 2 de octubre 2022.  https://www.ccincagarcilaso.gob.pe/actividades/cumbre-circunscisa-ofrenda-a-la-mano-desasida-de-martin-adan/

Mi visita a la muestra me ha brindado un tiempo de paz y gozo en el caótico centro de Lima, justo tras disfrutar de un sosegado momento delicioso espiritual en el templo de san Pedro, que está al lado del Centro Garcilaso. Cordialmente invitados


Canto a Machu Picchu, por Martín Adán

La Mano Desasida, Canto a Machu Picchu, de Martín Adán (1908-1985), es uno de los más bellos poemas escritos sobre esta obra maestra andina y universal. Las palabras del poeta y las imágenes del monumento inca, nos llevan por los caminos impenetrables de la contemplación de la belleza: "¿Qué palabra simple y precisa inventaré para hablarte Mi Piedra?". "¿Por qué lloro, a tu piedra pegado, Como si acabara de nacer?". "La Soledad es absoluta: Es el fin del afán. El azul raro del mismo cielo, El agua helada de la morrena… La montaña es un delirio, Y la palabra es una sorpresa."
El pintor Ángel Valdez acude a la poesía de M. Adán para componer un contrapunto entre la imagen poética y la imagen visual. En esta propuesta museográfica se enfatiza, primero, una gran diferencia: Martín Adán nunca llegó a Machu Picchu a finales de los cincuenta, cuando viajó al Cusco. Ángel Valdez lo ha visitado en promedio doce veces al año durante las últimas dos décadas. Adán nos dejó un poema épico y Valdez nos muestra inusitadas vistas o rincones.

La Mano Desasida
Canto a Machu Picchu. [edición de 1964].

A Gonzalo Ortiz de Zevallos y a Juan Mejía Baca

Si no eres nada sino en mí mi sima,
Si no eres nada sino mi peligro,
Si no eres nada allá sino mi paso,
Que vengan todos, con su hedor y siglo
¡Que venga el extranjero que me extraña!
¡Que venga el mal hallado!
¡Que baje el buey subido desde arriba
El del belfo verde, desde humano vacío!
Y que ronca y remira porque nace
De vientre ajeno, que jamás es mío.
¡Aquí estoy muriéndome!
¡Así es toda vida!
¡De buey que rumia y que remira
Y de yo que agoniza, que agonizo!
Tú no eres bello porque no soy bello,
Yo Mismo. Eres apenas profundo estar arriba
De todo un vuelo interminable
Y que bate todavía.
Eres el ala que voló.
Cuando tú mueras, morirá el Hongo
Y morirá el Aire. Y morirá el Día.
¡Pero será la Noche, el otro tiempo
De vivir la vida!
¿Y cuándo volveré a donde nunca estuve?
¿En transporte de orgasmo y alegría?
¿Cuándo será mi ser? ¿Cuándo mi mano
Ha de asir su ventura fortuita?

Pero tú, Machu Picchu,
Te yergues sobre mi, porque vacilas.
Ante esta roca, que te está mirando
Y que te ve;
Y que te ve, tremenda por un solo ojo
De mil pies;
Ante esta roca, huir es imposible
Y hay que desnacer y renacer.
Porque ser es necesario.
No hay otro modo de no ser y renacer.
¿Y si no eres, qué eres, qué serás, qué dios,
Qué intenso ser
Te arrastrará en su furia?
¿Qué es la inteligencia del no saber?
¿Qué sabes tú de lo que no sabes?

Machu Picchu sabe lo de después.

LA SORPRESA

Todo era exacto bajo el estupor,
Muerte sobre la vida,
Piedra sobre la piedra,
Pero yo estoy al otro lado,
Yo no sé nada de conciencia.
La tristeza es realidad,
Es como el perro o el mendigo en la calle
Es como tú eres una montaña
Y alguna mano de los tantos pares.

Cuando tú mueras, Machu Picchu,
Piedra desigual entre las iguales;
Cuando huya el Hombre;
Cuando huya el Angel;
Cuando todo sea como que yo pienso,
Por quien me afano entre los afanes,
Algo ha de ser entre golpe y golpe,
Algo de entre la camisa y la carne.

Cuando todo sea verdaderamente

Machu Picchu, tu ven a buscarme.
¡Ser, sólo ser, y siempre ser,
Uno solo ante el Universo!…
¡Lejos del Otro!…
¡Lejos del Tiempo!…
Ser como yo nací
Ser como yo lo siento
Serme sin rosa alguna
Serme eterno…
¡Ah, piedra podrida,
Cómo me estoy muriendo!
Machu Picchu,
Olvido y presencia,
Muerte que murió, y otra vida,
Y mi oración y mi piedra
Simple callar mió ante la cosa,
Y la cosa humana, sobrehumana y cierta.
¡Cierta actitud de Dios,
Ante su naturaleza!
Y el agua por debajo
Y la nube sobre la cabeza.
¡Exactitud sublime!
¡Expresión tremenda!
¡Existir es huir!
¡No eres nada si te quedas!
¡Machu Picchu, si lo discurro, no exists!
¡No es más que mi alma y una piedra,
De río que corre por entre mis pies
Y el cielo sobre mi cabeza
Y mi casa que me hice en mi mundo
Deshabitada hasta de la ausencia!
La alegría, terrible ser de fuera
Que en mí se entra y en mí agoniza,
Desde la vez hasta la vez, desde la voz a la voz
Cubriéndose del llanto con mi cuerpo,
Huyendo de su muerte con mi vida,
Yo la descubrí, tú lo recuerdas,
Desde mi instante a mi día
Desde mi tiempo a mi encierro,
Estante apenas a tu cara lítica,
Como el judío que llora en la parábola,
Me topa viva,
Desterrada de todo, ahí incrustada,
Victoria desalada y vencida.
¡Ay, Machu Picchu, el de la lección,
De la Desesperación y su delicia!
Poesía es esto,
Lo que eres en mi verdad y desatino:
Dar el cuerpo a un alma

Dar forma a lo infinito,
Dar una hora al tiempo y al grito,
Y por debajo
Irse con el gordo río
A no sé dónde,
Acaso al precipicio.
Sí, primero fue el Tacto
La Sabiduría era después.
¿Pero qué es eso,
El palpar y el saber?
¿Dónde me sé, Machu Picchu?
¿Cuándo?… ¿Por qué?…
¿Cómo me muero, Tú, para vivirte?
¿Dónde agarro para mi querer?
¿Cuándo yo dé con mi deseo
Me huí el cuerpo y espina en la sien?
¿Por qué lloro, a tu piedra pegado,
Como si acabara de nacer?

¡Ay, piedra exacta y maldita,
Echa, por fin, tu agua de miel!
Yo te era necesario, Dios Mío,
Por eso me creaste,
Y me creaste después de la piedra,
Y antes de las necesidades.
Todo lo que es vano y superfluo
Va en tu soplo a tus moldes infernales
Y por esto estoy entre tus rocas
Labradas por mis manos y tus ángeles.

Mi deidad es como yo,
Perecedera, miserable…
Va preguntando y va errando
Por entre el hueso y la sangre,
Por entre el deslumbramiento y el desengaño
Por entre el volumen y la imagen
Por entre el llanto y el espejo
Por entre lo que agarra y lo que sabe;
Por entre el tiempo y la memoria,
Por entre la luz y el ave.
Todo era entonces como es ahora:
Todo era cielo,
Todo era un no ver, todo de imagen
Echada por exceso.
Pero tú estabas, material,
Sensible, imperfecto.

¿Qué eres tú, Machu Picchu,
Almohada de entresueño?…
¿Yo Mismo,
Si me acuerdo y no me acuerdo?
Era caudal de piedra,
Detenido.

Toda madre verdaderamente natural
Quiere contener el otro río.
La flor se puso verde de terror y de tierra
Y dejó pasar a cualquier gringo.
Y yo no soy y no seré nunca
Sino apenas un curso y mi sitio.
¡Sálvame, sálvame Machu Picchu!
¡Sálvame, y no te huyas de mi peligro!
¡Ah, sí, Dios vive todavía!

LA PRESENCIA

¿Qué es la presencia, Machu Picchu?
¿Eres la roca o el aluvión?
¿Eres el tejado o el gato?
¿Eres mi cuerpo o mi amor?
Cuando yo baje por tu madre sabida,
¿Quién seré yo?

Sí, todo era como entonces,
Todavía antes del principio
Eran roca y ser, de donde aún nace
Y sangra el deliberado sacrificio.
Todo eres
Como el labio del recién nacido,
Desdentado o como el del viejo
De la parábola del cigarrillo.

¿Cuándo y cómo eres humano,
Yo el solo humano, y tú humano y mío?
¿Y qué diré si la palabra
Que pesa y pasa tan poco como tu equilibrio?
¿Qué diré sobre tu edad?
¿Qué diré sobre tu río?
¿Qué diré de la indiecita adolescente
Que se baña en chorro, planta de alarde sin sentido,

Desnudez sin amor y sin odio,
Exacto y superfluo y hediondo y oscuro río?

Pero tú estás, piedra de cerco
De todo, límite enorme y exiguo,
Palabra precisa,
La que yo rehuyo y persigo,
Celestía, concreta, duro abatimiento,
Signo…
Carne fétida que dice que es la vida,
Y la vida eres tú, piedra sucia e inodora
Y en tu modo de mirarme, bruta y lírica;
Piedra humana, tremendamente humana,
Toda de terror y de delicia…
¡Tú que bajas del piso quincuagésimo,
Tú, par de ojos de estupor y malicia,
Tú que traes en el maletín,
Tu muerte y tu vida
Y tu imagen y tu Kodak,
Y tu verdad y tu mentira!…
¡Tú, manera de ser ante lo eterno,
Fotograbado y melancolía,
Y enterarme de aquello de que dudo,
Y seguir adelante con el guía!…
¿Cuándo, Machu Picchu, cuándo
Montaña, llegaré a la orilla?
Pero cuando tu mueras, Machu Picchu,
Dónde me iré, con qué iré, con mi sonrisa
Y con mi carne y con mi hueso y con mi casa
Y con mi herejía,
Y con mi traducir lo del latín gorrión,
Y con mi misa,
Y con no sé qué porque me llegó tarde el ser
Al no ser la hora
Al caerse de abajo la vida.
¡Y este no ser nada sino hablar ante el verso!…
¡Y este temblar ante Dios que es la vida!
¡Y este mirarte y muerte, Piedra
De allá arriba!…
¡Este sentirse uno Dios ante la propia conciencia
Y ante la propia herejía!…
¡Este haberte hecho un humano como yo,
Que no era el profeta de la Biblia,
Ni el hombre de las Nieves,
Ni el Gorila!…
¡Este tu ser a mi medida humana,
Sin suelo, sin habitantes y con sola tu agonía!

¡Ay, Machu Picchu, cómo me matas y me vives!
¡Cómo me cae tu inmóvil piedra, como me cae mi eterna vida!

Todo es la verdad si no es la historia.
Todo es la vida si es la vida,
Y así es mi verdad, mi vida.
Tú eres sólo la forma sobre el abismo,
Y así será siempre mi sabiduría,
La de la Academia,
La de la Antología,
La del que vive porque está muriendo y escribiendo

Para su propia policía,
Y se entretiene,
En su agonía,
Estimando y describiendo,
Riéndose porque ya no acierta a llorar,
La maravilla.
¡Desolación, madre mía,
Dame tu firmeza!
¡Que mi pie pise en el nervio que vibra quebrado!
¡Que mi mano palpe en piel que pela!
¡Que yo baje desde el éxtasis de espanto y dios,
A mi carne, a mi hueso, a mi enervada idea!
¡Déjame bañarme con la india desnuda,
Dónde sólo alguna agua me vea!

¡Déjame asirme a agua írrita,
Adonde mi meandro inmaterial me lleva!
¡Déjame con la imagen,
Déjame, deja!
¡Déjame ser la montaña de sueño,
Infinitud incompleta!
¡Déjame ser sin despertar!
¡Que lo que soy, si soy, sea vida entera, eterna!
¡Tú, Realidad, que me pariste ahora para ahora,
Déjame rodar y morir por la ladera!
Yo me abalanzo, pero no lo alcanzo,
Lo que tú eres y no eres, losa Mía.
Esa forma, ese ingenio, esa ternura;
¡Ay, ese irse y desprenderse de mi vida!…

¡Tú, la manera de descalabrarse por allá en el cielo…
Tú, la manera de mirar desde la roca del río…
¡Tú, lo humano
Que huye de sí mismo!
Y vaga por lo que creó
Y le ahorca la dura y áspera cuerda de lo divino!
¡Otra de las creaturas del Hombre
Para su divinización y su martirio!…

Eres la duda cierta y la misma vida,
Eres lo humano y macizo del cielo y nube,
Eres lo infinito que se está,
Y eres la palabra que huye.

Ante ti fuga la razón, Perfecto,
Porque la Esencia su ceño frunce.
¡Ay, no sé qué eres, Machu Picchu,
Si yo mismo, o tu piedra o la nube!
Todo es cierto
Menos la vida.
Toda apariencia está resucitando, dudando y recreando.

Sólo es realidad la Poesía.
Si tu mano toca,
Huye la Muerte y te mata la Vida.

Cáete, si eres, Machu Picchu,
Cáete conmigo. Te lo digo: no sigas
Presidiendo las cosas
Y los cielos, con tus piedras caedizas.
Muramos porque es el tiempo,
El tiempo de la agonía y la ironía.
¡Muramos, que nos caemos!
¡Muramos, que nos cerca la vida!

¡Cáete conmigo
Y con la Arqueología y la Filosofía!
¡Ay, lo que grita el que está debajo,
Machu Picchu, la presunta realidad y la estupefaciente circunstancia!
"Yo solo tuve mi terreno
Y me lo robaron". Lo dicen, bajo de ti, ansia
Palpable de infinitud. Lo dice el indio elemental
Y la redicha palabra.
¡Ay, Machu Picchu, horror de horrores,
Piedra que se cae, piedra que se abalanza,
Muerte que discurre relativamente,
Cielo de nube oscura, fría y alta!
¡Porque soy mi cuerpo humano
Y mi divina alma!…
¡Porque nada de espíritu ya tengo,
Porque materia alguna ante ti se me alcanza!…
Eres perfecto porque eres mortal,
Si no lo fueras, fueras dios e ironía,
El remirar a la rosa,
El acariciar a la niña.
¡Si fueras muerte, serías lo cierto en cierto modo,
Si fueras muerto, sería la Arqueología!

¡Machu Picchu,
Sigue agonizando todavía!
¡No hay otro verdadero!
¡No hay otra eterna vida!
¡Sólo tú, piedra y mi angustia,
Lo de mi vida!…
¡Lo de siempre jamás,
Lo de nunca jamás todavía!…
Morir es tan difícil contigo
Como vivir! Eres el ser.
Estar junto a ti es buscar el grito
No es el eterno quién.
Tú no eres el muro
Del no pasar y del padecer.
¿Quieres que yo vomite o que me calle?
¡El ser es tu ser,
Que es una piedra sobre otra piedra
Y toda quién!

¡No, nada somos sino la conciencia,
Este mirar lo futuro
Entrañable, que nos mata
Y nos da gusto!
¡La vida es muerte relamida,
La vida es Juana o Augusto,
La vida es todo lo que con nosotros
Va a la muerte y a lo justo!
Pero tú, lejos de la música,
Aun lejos de la imagen aparente,
Tú, piedra sucia, fuente de mi vida,
Eres lo que eres.

Eres lo real, lo verdadero,
Aquello por lo cual se vive y muere.
¡Sí, pero la tristeza estaba en ti,
Eras tú, simplemente!
¡Esta tristeza de nacer humano,
De haber nacido humano, lo de siempre!
Y cada vez que nazco soy el mismo,
Yo soy el mismo de las estrecheces,
Las de ser yo uno solo
Y la del sexo y del amor y las mujeres
Y la de ir por camino
Real e inverosímil de la Muerte;
Ya te lo dije yo, Machu Picchu,
Piedra sin horizonte de entreverse.
Pero Machu Picchu, amigo,
No es otra cosa que un verso,
Algo, yo, de mi figura,
Algo que yo estoy haciendo.
Si yo me aparto de mi obra,
Ya soy porque no creo.
¡Sí, mi cuerpo es esta mano
Esta con que a tí me atengo
Con la que te hice hace siglos
En un instante del Tiempo,
Piedra fea, piedra mala,
Piedra de mi pensamiento!
¡Cállate, que estoy dudando!
¡Cállate, que mi silencio
Me está cubriendo de sombra
Como la noche del muerto!
¡Calla, que yo quiero el valle
Con su verde y su jilguero!
¡Cállate, que soy humano,
Tú, la piedra del agüjero!
¡Sí, aquí estoy, en este espacio,
Adonde no cabe el tiempo,
En donde la mano mía
Sigue haciendo y sigue haciendo,
Y sigue haciendo la ruina
Y el muro y el sentimiento!
¡Ay, Machu Picchu maldito!
¿Por qué me sigo naciendo?
¿En dónde mato el que ni vivo,
Para ser el que no muero?

¿En dónde estás, Machu Picchu?
¿Dónde estás, que no te veo?
¿Estaré vivo?
¿Habré muerto?
¿Cómo es la muerte? ¿Cómo es la vida?
¿Dónde estoy en tu misterio?
¡Todo era provincia, todo,
Todo, todo, Dios Exceso!
¡Todo extralimitación!…
Y no mi brazo o su cuerpo.
¡Nada era a su medida!
Nada sino el pensamiento!…
Todo era mi estarse afuera,
Ya sin cosa, ya sin beso.
¡Ay, todo, todo, todo yo!
¡Sí, yo era todo eso!

¡No, Machu Picchu no es nada!
¡Toda cosa es un secreto!
¡Es una cosa y figura,
Porque yo no estaba lejos!
¡Todo es verdad, y la Muerte
Está naciendo y está haciendo!
Si se muere Machu Picchu,
Ay, ya nunca viviremos.
Todo será aquella nube
¡Y acaso no será eso!
¡Aquí, en ti, Machu Picchu,
Donde la Nada es una mole tangible, gris y verde;
Adonde golpea mi mano desasida,
Como dice mi lengua
Cuando no se mueve!
Y la pintura de mis ojos
Ya no puede!
Porque soy tu Espíritu,
Que te agarra porque te quiere
Porque mi alma, tú, estás en tormenta
Ya, siempre
¡Teme! Sin términos
Ya, siempre
Sin rayo,
Sin nieve,
Sin peso alguno,
De prójimo o mujeres,
Sin ninguna palabra,
Sin medida de medidas, sin metro, breve!…

Eres como la palabra:
Cierta dureza ante el Destino y lo infinito
No parece filosofía ante tu piedra,
Sino, por debajo, lo que miro río
Donde la que siento india
Hace beber al que creó su hijo
¿Pero cree? ¿Pero soy?
¡No te me vuelvas, Machu Picchu, mío!
¡Vete, Machu Picchu, vete!
¡Tú no eres el jardinero!
¡Porque si me estoy contigo
O no me olvido o recuerdo!
¡Todo fue antes del principio
Todo es de más o de menos!
Ay, alma que yo me soy
Esa que nos hace el cuerpo.

Y al pie de nosotros
La quena suena
Gemido sin suicida
Ninguno que yo sea.
El arduo ruiseñor
Sigue en mi coche perpetua
Sigue ya ronco, ya silbante,
Ya sin aliento, ya sin rama que le sostenga,
Ya sin ala que lo salve…

Difluente bulto del asma eterna…
Y eres eterno por inhabitable,
Porque estás dentro de mí mismo,
Royéndote la uña imaginaria
Con el hambre y con el colmillo
Mío porque llegué tarde o nunca a toda presa
Posible de mi designio.
Y eres lo mortal, porque desesperas
Y por que aúlla como perro el río,
Todo es mitología del Otro, no
Sino el Yo, el Tú y el Infinito.
La Tristeza no trae el verso.
La Tristeza es interminable.
Puede parar en una lágrima,
O en una piedra, pero sigue adelante.
Tú eres un camino
Dificilísimo que sube a valle
En donde el aluvión de lo divino,
De eso de divino que tú sabes,
Soltó los sueños crueles
Y rompió las cosas reales.

Yo no subí a llorar tu llanto,
Sino por tus paredes y verdades.

¡Ser exacto, humanísimo
Y trascendental, ampárame!
¡Machu Picchu, mi cuerpo,
Estáteme!
Cuando tú hables, dilo sin secreto
Yo Mismo o, simplemente, calla.
Si hablaste, se hizo la teoría.
Si callaste, se hizo la muralla.
No te asustes. Mi Genio,
No te asustes, Mi Gramática,
No te asustes, Mi Mano,
Si hubo consonancia.
Todo es real, hasta la Muerte,
Que por de fuera y dentro nos anda.
¡Prosigue sereno, Yo Mismo!
¡La Vida es esta ansia!
Poesía es la idea sin objeto,
El rabo de la rata.
Poesía es lo que me sobra,
Poesía es lo que me falta.
Poesía es la cosa dura,
O, solamente, una palabra.
Poesía es el dios que hiede
O la mujer que arrastra.
¡Ay, Poesía, Machu Picchu,
Es mi sentido de que no soy nada!
Para llegar a Ti, ¡cuánto camino
Hube de andar a saltos!
Por fin estás ahí, en tu figura
De desnudez y desengaño,
Hondo en mí mismo, diciéndome
Como al Sordomudo, con mi cuerpo y mi abrazo,
Con mi placer,
Con mi espanto,
¡Dios Mío!
¿Por qué tardaste tanto?
Yo sabía morir, y me olvidé.
Tú sabes morir, Piedra, todavía.
Morir es un eterno estarse
En la una y en la otra vida.
¿Cuántas vidas hay?
El Gato mira y remira,
Y dice…(el gato del albergue,
Ininteligible, con la pupila)
¿Cuándo seré yo sin mundo ni prójimo?
¿Cuándo será mi verdadera vida?
Todo era creer o consentir.
Sí, sin duda, todo era.
Todo, todo,
Pero no tu piedra.
Era la exactitud en este mundo,
La verdad fea…
Y están los extraños, recién bañados
De las universidades europeas.
Estaban tristísimos,
Ante tu horrorosa belleza.
¡La emoción de volver a ser paridos,
Pero por la Conciencia!…
Una mano sobre otra mano
Y una palabra sobre otra palabra
Y una piedra sobre otra piedra
Y una distancia tras de otra distancia…

¡Di lo último! ¡Di lo último!
¡Que sea a tu gana!
¡Dilo, que no hablarás ya nunca!
¡Apurate, que la Vez y la Voz escapan!
¡Muérete ahora, que la Muerte,
Que la muerte eres tú mismo, y no es nada
Sino tu vida y tu cuerpo
De gusano y desgana!…

Como todo lo tangible,
Toco en ti el instante y la piedra.
Nada me está distante a tu sombra
Eres lo que es y lo que era,
Y lo que será si el tiempo dura
Y nunca fue lo que se sueña.
¡Yo no quiero parar! ¡Yo soy el río
Que por debajo te roe y distrae!
¡Soy lo mío de humano
Ante lo tuyo de inmutable!
¡Soy el que no seré, pegado a tu muro
De granito y siglo, dentro de un instante!
¡Humíllateme, Machu Picchu!
¡No seré nada, y tú vacío y grande!…
¡Soy más que tú, porque te hice un día
Y ya tus cuándos y cálculos se te caen!
¡Y yo puedo llorar ante la Piedra
Todavía como ante la Madre!
Aquí, donde edifica el olvido…
Donde el olvido está presente, patente…
Donde el olvido es de granito, no del tacto…
Donde el olvido es de cuanto tú eres…
Donde el olvido es de millón.
De piedras
En equilibrio trágico… Donde asciendes
A no sé qué dónde, que así es el olvido,
Cualquier olvido: no el que tú apeteces…
Sí, aquí, Machu Picchu,
Olvido macizo, peso de las sienes…

¡La Eternidad es una cosa
Tan lenta y dulce y ciegamente miserable!
La Eternidad nunca fue, ella misma, nunca,
La Eternidad nunca fue antes.
Nunca será después. Viene contigo,
Poeta, Vaga, desde tu hueso y tu carne
Viene sin que la sientas
Por ningún sentido. Pisa sin estarse.
Y de pronto es una momia de morada
Como el vientre vacío de la madre.
La Poesía hizo tanto
Que ya no cabe
Ningún mundo, el de cada ciencia… tanto
Que la mano adolorida se me cae.
Has de ser un humano y su sombrero
Si no eres un dios, no eres nadie.
¡Ninguno, nada… no esa muerte
Que yo me hice a la medida de mis ansiedades!…
¡Todo será otra vez, que en nacimiento
Consiste toda eternidad durable, deplorada!
¡Que pensamiento soy, y no otra cosa
Ni de la cosa ni del ansia!

Créeme tú, Machu Picchu,
Haz que yo crea… horrorosa flora.
Nada es real sino lo que pones
Por debajo de lo que tocas.
Nada es real sino tu ceño
Y una roca
Y alguna mano humana que va haciendo
La vista, la cosa, la forma…
Y la divinidad de lo inmediato,
Y el instante del sentido, y el abismo en sombra.

Piedra, escúchame:
Yo te quiero enseñar y engañar.
La Soledad es una cosa
Como las que encierras, y no es más.
La Soledad es como tu cielo,
Que no es tu ser… acaso, sí, tu estar.
Un estar sin adónde, ya sin paso
A su siempre allá,

La Soledad es absoluta:
Es el fin del afán.
El azul raro del mismo cielo,
El agua helada de la morrena…
La montaña es un delirio,
Y la palabra es una sorpresa.

http://biblioteca.pucp.edu.pe/martin_adan/tex_man.htm

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UN CIENTÍFICO JESUITA Jean-Baptiste Kikwaya Y LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES

UN CIENTÍFICO JESUITA Jean-Baptiste Kikwaya Y LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES

Jean-Baptiste Kikwaya, SJ - Provincia de África Central
[De "Jesuitas 2022 - La Compañía de Jesús en el mundo"]

Vivir la ciencia en estado de apertura a la dimensión espiritual para entrar en relación con Dios.

Soy astrónomo. Una vez, durante una entrevista en Los Ángeles sobre la asignación de nombres jesuitas a cráteres y formas geográficas particulares en la Luna, un periodista me hizo una pregunta que enfocó mi mente en mi identidad no solo como científico sino sobre todo como jesuita: "¿Por qué tantos nombres jesuitas vinculados a la luna? Un periodista católico francés también me hizo la siguiente pregunta, en el mismo sentido: "Los jesuitas siempre han sido una presencia importante en el campo de la astronomía. ¿Cómo explicas eso?" Lo que surgió claramente de ambas preguntas fue el vínculo entre la ciencia y la identidad jesuita. Entonces, ¿hay un enfoque jesuita para ser científico?

No creo que haya una manera particularmente "jesuítica" de ser científico o de realizar cualquier otro tipo de actividad. La ciencia ciertamente tiene sus propios métodos que deben ser respetados. Sin embargo, en mi humilde opinión, lo que sí tiene un jesuita es una actitud o disposición interior única que define cómo ejerce su profesión, y que se aplica, por tanto, a la ciencia.

 

En respuesta a la primera pregunta, me referí al sentido de realidad y verdad que aporta la experiencia al proceso de adquisición del conocimiento. Ambas cosas van más allá del conocimiento mismo para abrir otras dimensiones de la vida. La experiencia que adquiere alguien cuando su punto de partida es el conocimiento de la ciencia y el conocimiento de su fe cristiana le aporta cierto consuelo y razones para vivir. Este es el punto donde se hacen evidentes las diversas intersecciones entre la experiencia de conocer a Dios y la experiencia en términos de conocimiento científico. De hecho, si te dedicas a adquirir conocimiento de la ciencia y de tu fe en profundidad, descubrirás que no te enfrentas a una elección de "o lo uno o lo otro". En cambio, ambos te ayudarán a obtener una mejor comprensión del mundo que te rodea y de tu propia vida. La experiencia que ganas, ya sea en el campo de la ciencia o en relación con la fe, te permitirá comprenderte a ti mismo, comprender a otras personas y también comprender el mundo. Lo que observo en el enfoque de la ciencia de un jesuita es, por lo tanto, una apertura hacia la cuestión de la trascendencia en otras áreas de la vida.

En cuanto a la presencia de los jesuitas en la astronomía, en primer lugar expliqué que los jesuitas no solo están involucrados en la astronomía sino también en otros innumerables campos del conocimiento. Creo que esto se deriva de la importancia que se le da al "saber" en la formación de los jesuitas. Pero esto no significa solamente "saber" en el sentido de estudiar o adquirir conocimiento por el conocimiento mismo. Eso sería un proceso demasiado externo. En la formación jesuita, el conocer es ante todo la experiencia compartida de "vivir", "ser compañero" y "sentir". Cuando un jesuita anhela conocer a Dios, no trata de estudiarlo desde afuera. Su objetivo es entrar en relación con Dios y vivir y articular esa relación. Lo mismo es cierto para todos los demás campos del conocimiento, desde la humanidad hasta el universo. Este tipo de conocimiento está íntimamente relacionado con una experiencia, que a su vez enriquece el conocimiento. La pregunta a hacerse es ¿cuál es la fuente para un jesuita de este enriquecimiento?

 

La respuesta está en los Ejercicios Espirituales, el legado de San Ignacio a nosotros los jesuitas, pero también a la Iglesia y al mundo. De hecho, en la primera semana de los Ejercicios, San Ignacio invita al ejercitante a considerar la realidad de su pecado y la misericordia restauradora de Dios. Una vez hecha una nueva creación, el ejercitante puede responder al llamado de Jesús, quien lo invita a compartir su vida y seguirlo. Pero es imposible escuchar este tipo de llamada a menos que pases mucho tiempo en la presencia de Jesús, llegando a conocerlo íntimamente a través de las meditaciones y contemplaciones, y así acostumbrarte a su "estilo".

Este proceso de intimidad tiene lugar en un entorno conversacional. El ejercitante no debe tratar de acercarse a Jesús de una manera "intelectual", viéndolo como un tema a dominar y luego transmitir a otras personas. En cambio, es más parecido a una conversación durante la cual el participante del retiro revela la verdad de quién es él o ella: su trasfondo cultural, historia personal, conocimiento y preguntas. Así es como él o ella está llamado a "experimentar a Jesús", algo que luego puede convertirse en la base de su vida espiritual.

El jesuita, por su parte, estructura su vida en torno a esta experiencia de relación íntima con Jesús, que inspira todo lo que hace, incluido su apostolado, sus relaciones con el pueblo de Dios y sus estudios. Así, como científico y jesuita sostenido por los Ejercicios Espirituales, lo que me interesa es la experiencia que adquiero en el ejercicio de mi profesión. Esto trasciende cualquier conocimiento "externo" de mi campo de investigación o los resultados que pueda arrojar para ubicarme en un contexto más universal que abarca todos los demás aspectos de la vida. Estos incluyen el respeto y el amor por Dios, por los seres humanos, el mundo y la naturaleza, y mi compromiso de ser lo que soy, un jesuita y un científico. Y eso es precisamente lo que me atrevo a esperar que perciban en mí todas las personas con las que entre en contacto, ya sean mis colegas, estudiantes, feligreses,

https://es.aleteia.org/2019/09/13/dios-no-retrocede-ante-los-avances-de-la-ciencia/

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martes, 30 de agosto de 2022

LOS MILAGROS DE SANTA ROSA DE SANTA MARÍA

LOS MILAGROS DE SANTA ROSA

José Antonio Benito

En estos tiempos de pandemia en que hasta el recuerdo del bicentenario patrio peligra, bueno es evocar la memoria de nuestros santos y contar con su intercesión. Ellos vivieron en el Perú, oraron, amaron y se comprometieron por su patria, especialmente en tiempos difíciles. De Toribio Mogrovejo, segundo prelado limeño y patrono de todos los obispos de América, quien confirmó a Rosa se lee que- "en el tiempo de las viruelas, que fue peste general en aquel Reino, proveyó de botica y médico y barbero a todos los pobres  y al hospital de san Lázaro, de todo lo necesario; En especial, en el tiempo de las viruelas y peste general que hubo en este reino, que por estar todos los indios en sus casas caídos con la dicha enfermedad, se andaba el dicho señor Arzobispo de casa en casa, a confirmarlos, sufriendo el hedor pestilencial y materia de la dicha enfermedad".

Rosa de Lima "curaba a todos los que podía y para este efecto, los traía a su casa doliéndose de sus enfermedades, sin reparar que fuesen negros o indios, ni de enfermedades asquerosas".

Este es el auténtico milagro, el de nuestros santos del Perú ensantado, es el milagro de la caridad, como acaban de decir nuestros obispos "tender puentes y trabajar unidos en fraternidad y amistad social, por el bien común, el desarrollo humano integral y para fortalecer nuestra frágil democracia. Que el Señor de los Milagros bendiga al Perú". El que nos pidió el Papa Francisco en su visita al Perú: Unidos en la esperanza.

Lo que todos los procesos de beatificación buscan es destacar la vivencia del amor de Dios y la caridad con el prójimo, lo cual viene garantizado con un milagro o con el martirio.

De nuestra santa se contaron en vida, en muerte y posteriormente por centenas. Los conocemos por las biografías, documentales, películas, en las tradiciones de Ricardo Palma

El proceso de nuestra Rosa comenzó enseguida de la muerte. El mismo día de su muerte Lima vivió el "milagro" de agolparse ante el cadáver y su entierro multitudinario. El proceso ordinario de beatificación durante los años 1617-1618; continúa el primer proceso apostólico limense de 1630-1632, se interrumpe de 1634-1663 debido al decreto, Coelestis Ierusalem, del Papa Urbano VIII, de 5 de julio de 1634, por el cual prohibió el inicio del procedimiento para establecer la santidad hasta que hubieran transcurrido 50 años desde la muerte de la persona en la que se buscaba la candidatura. La causa se reabre en 1663-1667 y logra el decreto de beatificación con el Papa Clemente X en 1670.

 

Muchas veces el Señor le concedía gracias extraordinarias y muchos momentos de su oración los pasaba en éxtasis o arrobamientos, disfrutando de alegrías celestiales.

 

Con frecuencia, veía al niño Jesús. Acontecía, algunas veces, en medio de la labor de sus manos, aparecérsele Nuestro Señor en forma de niño sobre la almohadilla de su costura, causando con esto en su alma inefables goces

Veía cambiar el rostro de la imagen de la Virgen del Rosario o del Niño Jesús y así sabía cuándo estaban contentos y le concedían lo que pedía o cuándo estaban tristes y no querían conceder sus peticiones a causa de los pecados de los interesados.

Según declara el padre Lorenzana, tenía el don muy grande que el apóstol san Pablo llama "discretio spirituum" (discernimiento de espíritus), que es saber distinguir y conocer cuándo las hablas interiores o visiones son del espíritu bueno o del espíritu malo, Sabiduría, un don extraordinario que manifestó a lo largo de su vida fue el don de sabiduría.

Profecía También tuvo el don de la profecía. La señora María Eufemia de Pareja fue un día con doña María de Uzátegui a la casa de sus padres. Y esta testigo (María Eufemia) entró sola con la dicha bendita Rosa en su celdita y, ambas sentadas, junto a la puerta de la celdita, le dijo que encomendase a Dios a Rodrigo, su hijo…, pues deseaba fuese religioso, porque andaba muy distraído. La bendita Rosa estaba mirando al cielo y se volvió luego a esta testigo y le dijo: "Don Rodrigo será religioso sin duda ninguna y, más le digo, que no ha de ser de la Compañía". Y, afligiéndose esta testigo… le respondió que le avisaba con tiempo para que hiciese el corazón ancho y consolase a don Juan (su esposo) y no importunasen a Nuestro Señor, que dejasen hacer lo que era su divina voluntad… Y su hijo negoció entrar por religioso en san Francisco, donde hará ocho meses que tomó el hábito.

La señora María de Uzátegui nos declara : "Esta noche me hallé casada. Madre, (la trataba de madre), esta noche me casaron con un cantero. No sé cómo fue, pero me hallé casada… Soñé que estaba en casa de mi madre, donde me habían casado con el cantero. El cual me mostró unas piedras y me dijo que tuviese cuidado de labrarlas que él tendría (cuidado) de mis padres".  Mons. Castillo, su compromiso con los obreros en la mina, pero también lo que serían los conventos de dominicas

En otra ocasión, que fue la cuaresma pasada…, le dijo a esta testigo y al dicho contador su marido, que se desposaba la mañana de Pascua de resurrección. Y preguntándole esta testigo qué desposorio era aquel, les dijo lo que había pasado y había ordenado hacer, y era que el domingo de Ramos por la mañana, estando en Santo Domingo, después de la bendición de ramos y saliendo a la procesión, no le habían dado palma ni ramo, como solían otros años, y ella lo sintió naturalmente mucho y, pareciéndole que había hecho mal, se volvió a Nuestra Señora y le dijo con grande ternura: "No, Señora mía, no quiero palma de los hombres"… Y con el afecto que le estaba mirando, vio que la Reina de los ángeles volvió su santísimo rostro a su hijo precioso, muy encendida y muy alegre y que luego el niño Jesús la volvió a mirar a ella, también con el rostro muy alegre y le dijo: "Rosa de mi corazón, sé mi esposa"; El desposorio tuvo lugar en el domingo de Pascua de 1617

Hechos extraordinarios o milagrosos vinculados con Lima, por eso se la representa con el ancla. En 1615, el pirata Jorge Spilbergen penetró en el Pacífico con cuatro bajeles armados; en Cañete, salió la armada española a las órdenes de Rodrigo de Mendoza y los navíos holandeses siguieron, presentándose el pirata a la vista del Callao, víspera del 22 de julio. Cundió el pánico en la ciudad y el virrey Marqués de Montesclaros mandó aprestar las milicias y ordenó se dirigiesen al puerto todos los hombres de armas y caballero principales para evitar su desembarco. Parece que el pirata se contentó con disparar dos de sus piezas contra el recinto del puerto, levó anclase e izando las velas se alejó rumbo al norte. Entre tanto, en la Iglesia de Santo Domingo se expuso a la adoración de los fieles el Santísimo sacramento y Rosa, voló ante el santísimo, permaneciendo inmóvil, acompañada de otras mujeres, entre las que se encontraban su madre y alguna de sus hermanas. Cuando cundía el pánico, Rosa, desde la capilla de San Jerónimo elevaba sus súplicas al cielo, y exhortó a sus compañeros a dar la vida en defensa del Sacramento.

Se sabe también que en la Guerra del Pacífico Miguel Grau había colocado en su camarote del Huáscar una estampa de la santa, de quien era devoto, Miguel Grau guardaba en su camarote esta estampa de Santa Rosa de Lima que había recibido del Monseñor Manuel Roca y Boloña en 1879 con esta dedicatoria al reverso: " Miguel: que está Santita nuestra te acompañe y si no te regresa con vida que te traiga lleno de gloria " Cuando los chilenos tomaron posesión del monitor hallaron la lámina manchada de sangre y con cinco perforaciones de bala como puede comprobarse en el Museo del Santuario.

En 1881, durante la guerra del Perú con Chile, Lima se salvó del saqueo por intercesión de santa Rosa. El 15 de enero de ese año entraron en Lima las tropas chilenas pacíficamente y en ella permanecieron hasta 1884. Dios se sirvió del contralmirante francés Abel Bergasse Du Petit Thouars, jefe de la escuadra neutral concentrada en el Callao, para poder negociar la rendición pacífica con el general chileno Baquedano.

Varios sucesos extraordinarios tienen que ver por su amor a la naturaleza, el huerto o jardín en el que vivía con su familia. Estaba constituido por arbustos y árboles. Tenía matas de flores como claveles y clavelinas con abundancia de mosquitos. Una arboleda en donde destacaba en él un naranjo y un limonero. El huerto ocupaba más de la mitad del terreno en que estaba construida la casa paterna. Rosa "hablaba a los árboles y les decía que alabasen al Creador". En verano con la muchedumbre de mosquitos en la celdita ella les decía: "Hermanos mosquitos, alabemos todos a Dios; y no la picaban ni ella los echaba de allí".

El tronco seco del limonero y el ataque del demonio.- Rosa llamaba al demonio "patón" o "tiñoso" y se le presentó en forma de perro mastín. El demonio furioso de que Rosa lo menospreciase por su condición de ser padre de la mentira secó el limonero que siguió dando frutos. La gente luego fue arrancando las ramas de este árbol como reliquias. Aún se conservan un par de ramas de aquel árbol.

En este huerto ocurrió el misterio de las clavellinas. Rosa tenía costumbre de adornar todos los años la imagen y las andas de su patrona Santa Catalina de Siena. La víspera de la fiesta de la santa ambas amigas fueron al huerto a buscar flores adecuadas para ornamentar el anda, pasaron por todas las matas de los claveles pero no encontraron ni siquiera un solo botón porque no era tiempo de ellos. Rosa dijo "¿Si Dios Nuestro Señor nos diese la honra de la Santísima Trinidad, tres clavellinas, para que la santa imagen fuera del todo galana?". Cuando Rosa le pide a su amiga que vaya en busca de las clavellinas, ésta va a regañadientes porque ya habían buscado la noche anterior…la beata quedó estupefacta cuando halló tres clavellinas rojas muy hermosas que adornaron la imagen que salió en procesión.

 

Cura a Catalina de santa María de su dolor de oídos. Lo cuenta ella misma, indicando que, estando ayudándole a la santa Rosa en su casa a hacer ramilletes con un grave dolor de oídos, que estaba esta testigo como desatinada, que no le dejaba hacer nada, la dicha santa Rosa se compadeció de esta testigo y le hizo en el oído que le dolía, estando hincada de rodillas, la señal de la cruz, le echó la bendición y le dijo ciertas palabras, de las que alcanzó a oír: "Jesús y María". Y, en acabando de decirlas, se halló buena y sana y nunca más le ha vuelto aquel dolor.

 

Milagro del santo rostro Ocurrió el 15 de abril de 1617 a las siete de la noche, estando Rosa en casa del contador Gonzalo de la Maza, que tenía en su oratorio una imagen del Rostro de Cristo o Ecce homo, obra del pintor Angélico Medoro. En ese momento, estaba orando el matrimonio con sus dos hijas, Micaela y Andrea, y con Rosa. Rosa hablaba en voz alta con fervorosas oraciones. Salió el matrimonio y quedaron las dos niñas con Rosa. En un momento, se acercó Micaela, para despabilar las velas, y vio que el rostro, cabello y barba de la dicha santa imagen estaba mojado, como llovido de rocío. El rostro del Señor estaba sudando milagrosamente.

 

Después de la muerte.

El padre Francisco Nieto cuenta que un alférez tenía una pierna hinchada como una bota y, oyendo decir los milagros de la santa, se encomendó a ella y, tomando un poco de la tierra de su sepultura y refregándose la pierna con ella, milagrosa y repentinamente quedó sana; y esto fue público a todos fuera de que el dicho alférez, confesándose con este testigo, se lo dijo.

 Fray Blas Martínez nos refiere: Un negro mayordomo de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario…, al cual vio este testigo manco de la mano derecha desde muchos años, y la traía sin poderla menear; el día octavo del entierro de la dicha Rosa, metió el brazo en la tierra de su sepultura, invocando a la sierva de Dios. Y sucedió lo que era de esperar; a poder de ruegos, logró la gracia, pues salió sano de la manquera y le llevaron con "Te Deum laudamus" a la capilla de Nuestra Señora del Rosario; y después le conoció muchos años sano y bueno de la dicha manquía.

María de Oliva, la madre Rosa declara que un día vio, después de la muerte de la bendita Rosa, que habiendo venido el procurador general de santo Domingo con un fraile, llamado fray Juan García, le dijo que entrase a la celdita de la bendita Rosa y sacase la sillita que la bendita Rosa tenía; y el dicho padre entró y, en lugar de sacarla, empezó a cortar de la madera de ella y, por cortarla, se cortó la mano, una buena herida hacia la muñeca, que se cortó cuero y carne y le salió mucha sangre, que se le corría por la palma de la mano; lo cual vio esta testigo… Y el padre respondió: "Aquí tengo yo con qué curarme". Y sacó del seno, un pedacito de hábito de la santa Rosa y se lo puso en la herida y le parece que también se puso un poco de tierra de la celdita. Y de allí a poco, habiéndose entretenido hablando, que le parece a esta testigo que no había pasado una hora, miró la herida y la halló sana y lo mostró a todos; y esta testigo vio la llaga y herida después, antes que pasase una hora, y la vio sana

 

Stephen M. Hart, Santa Rosa de Lima, la evolución de una santa (Editorial Cátedra Vallejo, 2017) indica que  los criterios para determinar la evidencia de un milagro se habían vuelto más estrictos luego del Concilio de Trento (1545-1563), sobre todo desde el edicto de Urbano VIII en 1634:

1)     Todos eran ejemplos de curaciones profilácticas con precedentes bíblicos

2)     La enfermedad del paciente había sido diagnosticada por un médico y el paciente había sido desahuciado por la ciencia médica

3)     Después de la invocación de la ayuda a Rosa se hacía inmediata la curación y la salud era verificada por un médico

4)     La curación se mantenía durante un periodo de tiempo

En el segundo proceso apostólico de Palermo de 1670" que nos explica cómo tratan de resolver los problemas aducidos por miembros del Tribunal como Petrus Franciscus de Rubeis, el Cardenal Azzolino y Joannes Migetius que básicamente tenían que ver con los testimonios científicamente válidos para la medicina del momento acerca de la condición del paciente antes y después de la curación, que había llevado a rechazar 91 de los 119 pretendidos milagros recogidos en el proceso de Lima.

Milagros peruanos

 

1)   Una niña de 9 años, María Sánchez, que ya no podía caminar debido a una caída, fue curada milagrosamente como resultado de una novena realizada por sus padres ante la tumba de Santa Rosa.

2)   Una mujer que estaba tullida de un brazo, llamada doña Isabel Durán, viuda de Jácome Carlos, aquella mañana que estaba el cuerpo de la bendita santa en la capilla mayor, teniendo el brazo tullido, se llegó a la santa con viva fe, se encomendó a ella pidiéndole que alcanzase de Nuestro Señor la sanación de aquel brazo tullido; tocó a la santa y quedó buena y sanó repentinamente. Un sacerdote fue testigo del hecho.

 

 

3)   La curación del brazo derecho inválido de Mauro Diego de Ayala. Este recuperó plena salud tras encomendarse a Santa Rosa, ante su sepulcro en la Iglesia de Santo Domingo.

4)   Magdalena Chamiso, mujer cacica, de "la nobleza india" del Perú, obtuvo la movilidad de sus piernas lisiadas cuando echó sobre estas tierra de la sepultura de Santa Rosa y algunas reliquias.

5)   María de Vera, una mujer desahuciada por su médico, se curó de la fiebre que la quejaba luego de invocar a Rosa y sostener una estampa de esta. Se quedó dormida y al día siguiente estaba sanada.

 

Milagros italianos del Proceso de Palermo

 

6) Ioannis Zelilli, de Sessa, tenía fiebre y tosía sangre. Tres doctores lo declararon moribundo, pero imploró ayuda de Rosa y bebió agua mezclada con tierra de su tumba. De pronto recuperó la salud.

 

7) Cándida Roseta, de Sessa, tuvo un parto accidentado que la dejó al borde de la muerte. Padeció durante varios días y quedó totalmente curada cuando colocó una imagen de Rosa sobre su barriga.

 

8) Serafino Puglisi, en Palermo, cayó enfermo de fiebre en 1669 y perdió la vista y el oído. Se le declaró moribundo pero fue sanado al invocar a Rosa. En su testimonio, la santa se le apareció y le dijo que "lo refrescaría".

 

9 Angela Cibasa, en Palermo, se le diagnosticó un doble ataque de fiebre terciana, que sufrió por 26 días. Se le administró la extremaunción. Luego de encomendarse a Rosa experimentó un milagro y fue sanada.

Ojalá que el recuerdo de estos milagros nos ayude a conocer mejor a Rosa y sobre todo seguir sus huellas de amor a Cristo, la Iglesia y el Perú. Bendiciones

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domingo, 28 de agosto de 2022

Perú, Tierra ensantada: Santos, beatos, siervos de Dios, Lima, CEP, 2022,

Amigos: Me complace adelantarles con sumo gusto el prólogo firmado por Monseñor Miguel Cabrejos a quien agradezco por su texto. Para dar idea de su contenido les brindo el índice. Espero que llegue pronto a las librerías. Bendiciones  

LOS SANTOS FORJADORES DE LA PERUANIDAD

Todos los peruanos recordamos con gratitud la visita del Papa Francisco, quien en enero del 2018 nos alentó a seguir su huella en esta tierra que -bellamente- denominó "tierra ensantada": "la reserva más linda del pueblo peruano son los grandes santos que marcaron Latinoamérica, construyendo la Iglesia, trabajando por la unidad y en esperanza".

¿Qué significa que Santa Rosa de Lima y San Martin de Porras marcaron la fe de América Latina? Que sus vidas han servido de ejemplo para millones de personas. Rosa y Martín encarnaron a Cristo de modo sencillo y gozoso. Sus imágenes, sus nombres siembran la geografía de América Latina facilitando en los fieles su devoción. A través de cofradías, asociaciones, instituciones, los valores personificados en ellos como la coherencia, la hermandad, la alegría dinamizan la vida de un continente impregnado por la fe y la caridad cristianas.

Desde el siglo XVII han trascendido las fronteras nacionales del Perú que los vio nacer o actuar. Rosa fue la primera santa de América, Toribio de Mogrovejo es patrono de todos los obispos de América, Martín es patrono mundial de la justicia social, Francisco Solano vivió en Bolivia y Tucumán, y tiene gran arraigo en el mundo franciscano y artístico musical, hasta el de perfil más bajo como Juan Macías tiene miles de devotos entre los emigrantes del mundo. Rosa fue proclamada por el Protector José de San Martín la patrona de la Orden del Sol en 1821 con el fin de servir de referencia a los patriotas distinguidos con tal título.

Nuestros santos impactaron también a San Juan Pablo II que, en su visita al Perú en 1985 y ante más de un millón de jóvenes, los invitó a ser protagonistas del Perú, culminando con este mensaje final: "A ejemplo de la joven Santa Rosa de Lima, empeñad vuestras energías en construir un Perú donde brille la santidad, donde se plasmen las bienaventuranzas del reino. Construid un Perú más fraterno y reconciliado. Construid un Perú mucho más justo. Construid un Perú sin violencia, siempre anticristiana. Construid un Perú donde reinen la honestidad, la verdad, la paz. Construid un Perú más humano, donde el misterio de cada hombre se viva a la luz del misterio de Dios".

Al igual que hay personajes universales que marcan la trayectoria histórica, los santos son los hitos, los referentes, los paradigmas del cristianismo en el Perú; en ellos, encuentran sus connacionales el modo concreto de ser discípulo y misionero de Cristo, de amar a Dios por entero y al prójimo hasta el extremo.

Necesitamos ponerle rostro a los discípulos y misioneros ejemplares, nuestros santos, como guías seguros del Evangelio hecho carne y vida en el tiempo del Bicentenario patrio.

Guardo con especial emoción el reciente momento de la beatificación de la Hermana Aguchita en el Centro Poblado de La Florida, Junín, Vicariato de San Ramón, el 7 de mayo de 2022. Allí recordé a las otras seis personas que también fueron asesinadas por aquellos terroristas y rezamos para que su sangre derramada en el mismo suelo, sangre como la de Abel, los uniese al coro de los que siguen al Cordero Vencedor entre los santos del Paraíso.

En este tiempo sinodal que vive nuestra Iglesia invito también a renovar la pasión por Jesús, la pasión por su Evangelio, la pasión por su pueblo, pueblo Santo de Dios, pidiendo a la nueva Beata numerosas y santas vocaciones sacerdotales, religiosas y laicos comprometidos en la evangelización, en una Iglesia en salida y más sinodal.

Agradezco al profesor José Antonio Benito, director de la Comisión Bicentenario de la CEP, por el esfuerzo en compartirnos de modo accesible la vida de los santos, beatos y siervos de Dios del Perú. Les animo a su lectura y encomiendo a nuestra Virgen Santísima para que sigan sus huellas. Con mi bendición.


Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, OFM.

Arzobispo Metropolitano de Trujillo

Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana

Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano – CELAM

(Prólogo pp. 5-7 de la obra de José Antonio BENITO Perú, Tierra ensantada: Santos, beatos, siervos de Dios, Lima, CEP, 2022,. 165 pp

 

 ÍNDICE DE SANTOS. BEATOS. VENERABLES Y SIERVOS DE DIOS

I.                 SANTOS

1.  San José, Patrono del Perú.

2.  Rosa de Santa María. 1586-1617

3.  Martín de Porres. 1579-1639

4.  Francisco Solano. 1549-1610

5.  Juan Macías. 1585-1645

6.  Toribio Mogrovejo. 1538-1606

7.  Narcisa de Jesús. 1833-1869

 

II.   BEATOS 

1. Ana de los Ángeles.1602-1686

2. Luis Tezza.1841-1923

3.  José de Calasanz. 1872-1936

4.  Ascensión Goñi. 1868-1940

5.  Mártires de Chimbote: Miguel Tomazek, + 1991

6.  Zbigniew Strzalkowski: + 1991

7.  Sandro Dordi: 1931-1991

8.  Augusta Rivas. 1920-1990

 

Mártires dominicos peruanos en la Guerra española del 36

9.  Fray Vicente Álvarez Cienfuegos

10.    Fray José Luis Palacio

11.   Fray Jacinto García Riesco

12.   Fray Manuel Gutiérrez Ceballos

 

III.                       VENERABLES

1.  Alonso de Barzana, S.J. (1530-1598)

2.  Pedro Urraca.1583-1657

3.      Francisco Camacho.1629-1698

4.      Rafaela de la Pasión Veintemilla. 1836-1918

5.  Teresa de la Cruz Candamo. 1875-1953

6.  Octavio Ortiz Arrieta.1879-1958

7.  Martín Fulgencio Elorza Legaristi. 1899-1966

 

IV.  SIERVOS DE DIOS

1.   Diego de Ortiz .1532-1571

2.   Luis López de Solís.1535-1606

3.   Gundisalvo (Fray Gonzalvo) Díaz de Amarante.1540- 1618

4.   Diego Martínez, SI. 1542-1626

5.   Juan Sebastián de la Parra. 1550-1622

6.   Juan de Alloza SI. 1597-1666

7.   Gaspar Báez, SI, 1604

8.   Francisco del Castillo.1615-1673

9.   Nicolás de Dios Ayllón.1618

10.       Luisa de La Torre, Beatita de Humay. 1819-1869

11.        15  Alfonso María de la Cruz Sardinas, 1842-1902

12.       Pío Sarobe Otaño. 1855-1910

13.       Clara del Corazón de María (1860-1924)

14.       Emilio Lissón Chávez, CM. 1872-1961

15.       José Álvarez, OP (Apaktone) 1890-197)

16.       Melchora Saravia Tasayco, la Melchorita. 1895-1951

17.       Juan J. McKniff, OSA, 1905-1994

18.       Mateo Crawley-Boevey 1875-1960

19.       Andrés Aziani, 1953-2008

20.       Federico Kaiser (1903-1993)

21.      Luis Bolla SDB (1932-2013

22.       Eusebio Arróniz, CMF, 1885-1959 (Pendiente de aprobación)

23.       M. del Pilar de Jesús, OCD, 1917-1997 (Pendiente de aprobación)



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