sábado, 8 de agosto de 2020

María Rostworowski y Lima Norte, desde la UCSS

María Rostworowski y Lima Norte, desde la UCSS

"Hoy recordamos el nacimiento de María Rostworowski, una de las más importantes historiadoras e investigadoras peruanas del siglo XX, autora de diversas publicaciones sobre las culturas prehispánicas y el Imperio Inca" Aprovecho esta emotiva nota por su natalicio, hoy 8 de agosto, del Fondo Editorial del Congreso del Perú, para compartirles su vinculación con Lima Norte.

José Antonio Benito Rodríguez, UCSS

 

La relación de María Rostworowski con la UCSS está vinculada desde los inicios de la Universidad. Incluso el profesor Igor Navarro –actual director de la Biblioteca- consiguió de ella una entrevista para la revista escolar del Colegio "El Buen Pastor", en 1998. Comienzo, por tanto, agradeciendo su permanente y generosa disponibilidad para brindar su tiempo y saber cuándo se la requería para educar históricamente a los jóvenes escolares. Su primera contribución para nuestra casa de estudios se dio con motivo de la celebración del Primer Congreso de Historia de Lima Norte (2005), en el que destacó su valioso aporte a la historia del Valle del Chillón y su participación en el documental "El legado del Chillón. La historia al norte de Lima", elaborado por Humberto Zárate y Omar Terrones, del departamento de producción audiovisual de la oficina de Promoción e Imagen Institucional de la universidad. que obtuvo el premio "Cardenal Landázuri Ricketts", de la Conferencia Episcopal Peruana); en el mismo, llama la atención sobre el patrimonio histórico enfatizando que "debemos terminar por entender el pasado y amar nuestro pasado andino y no tratarlo despectivamente. Tenemos infinidad de cosas preciosas, como un país bellísimo al que no apreciamos". En el histórico evento tuvo el privilegio de ser reconocida entre los "historiadores maestros del Perú" junto a los presentes Waldemar Espinoza Soriano, José Antonio del Busto, José Agustín de la Puente Candamo, P. Armando Nieto, SJ. y Monseñor Severo Aparicio, O.M. En la placa destacamos "además de su edad y su larga carrera como investigadores de nuestra historia peruana, sirven de ejemplo como compromiso humanístico y social".

 

Visitó la UCSS para una conferencia dentro del programa "Forjadores de la peruanidad", con la conferencia "Pachacutec, forjador del Perú"; y, en 2008, la visitamos para comentarle sobre el Programa Defensores del Patrimonio, creado e impulsado por el Centro de Estudios y Patrimonio Cultural (CEPAC), y en dicha ocasión se dirigió a los jóvenes alentando a que "vengan con nuevos entusiasmos porque el trabajo de investigación nunca se acaba".[1]

Con motivo de sus cien años, CAMPUS UCSS dirigido por Kristhian Ayala le dedicó un amplio reportaje titulado "La historiadora histórica" en el que se enfatizó su deferencia hacia nuestra Casa de Estudios y su pasión investigadora por Carabayllo:

Maria Rostworowski significa la pasión viva, vigente de un siglo entero dedicado a la revaloración del pasado prehispánico del Perú, a entender las señales cifradas en la propia historia y trazar el camino por el que muchos estudiantes e investigadores pueden transitar una y otra vez; descubrió un pasado y un conjunto de elementos que nos llevan a la riqueza interminable de un país que trasciende sus actuales fronteras y forma parte de la historia de la humanidad en esta parte del cosmos. Este 8 de agosto, la Dra. Rostworowski cumple 100 años y qué mejor regalo para el Perú que su propia existencia, nuestra "historiadora del siglo" es un patrimonio vivo de investigación y testimonio

Tres colegas del área de Historia manifestaron su aprecio por el magisterio ejercido. Pedro Soto Canales, coordinador del área, destacó que "como cualquier otra persona interesada en la historia autóctona de nuestro país, mi primer acercamiento a la Dra. María Rostworowski fue a partir de la lectura de sus obras, especialmente "Estructuras andinas del poder", que fue uno de los libros indispensables en mi elaboración de la tesis de maestría sobre las etnias de la sierra limeña. Y, en segundo lugar, el encuentro personal que tuve en la UCSS cuando la invitamos a esas charlas magistrales (Forjadores de la Identidad) que coordinaba el Dr. Benito para nuestros alumnos de los primeros ciclos. Para mí es muy significativa su labor de investigadora, pues, a partir de la etnohistoria, ella nos ha enseñado la importancia y la relevancia que tiene el conocer y promover la historia regional y local de los más diversos puntos de nuestro territorio patrio; así, por ejemplo, promovió el estudio de una sociedad prehispánica que se asentó en lo que actualmente es el norte limeño, los Colli. Sin duda, el mejor ejemplo profesional que puede dar la Dra. Rostworowski a las nuevas generaciones es la perseverancia en lo que se investiga, buscar los medios para obtener información y amar aquello que nos da identidad como peruanos"

Por su parte Santiago Tácunan Bonifacio, experto en la historia local de Lima Norte el hecho de cómo "se las ingenió para incursionar de manera libre en San Marcos. He ahí su secreto, asumir con personalidad y carácter su futuro y escuchar a los referentes intelectuales de su época, como Raúl Porras, Julio C. Tello, Luis Valcárcel y Luis Jaime Cisneros, entre otros, quienes, rompiendo con los paradigmas, la aceptaron como alumna libre. Pero esta concesión no fue gratuita, pues ella debía demostrar su valía con méritos propios, tal como lo hizo desde 1953, año en que publicó su primera obra y que fue el inicio de una larga lista, algunas de ellas premiadas, aunque en algunos casos nunca recibió el premio correspondiente. El libro que más recuerdo es "Señoríos indígenas de Lima y Canta (1978)", pues mi afición casi enfermiza por la historia del valle del Chillón me llevó a comprar todos los libros referentes a esta localidad. No invertí mucho, pues a finales del siglo XX, no había muchos, tan solo algunos artículos arqueológicos o, en el peor de los casos, tesis o catálogos arqueológicas pocos conocidos. Como un libro no permite por lo general escribir todo lo que uno sabe sobre un tema investigado, tuve el atrevimiento de buscarla para preguntarle algunas pistas documentales adicionales y grata fue mi sorpresa por su cálida recepción, cuya intensidad no ha variado aun con el paso de los años, tal como pude comprobarlo en una de las últimas entrevistas realizadas hace aproximadamente seis años con motivo de entregarle un reconocimiento de parte de la UCSS y la Municipalidad de Los Olivos, por su trayectoria académica". 

César Cortez Mondragón marca un antes y un después en la enseñanza de la historia del Perú en la década del 70 gracias a su enseñanza: "Los historiadores como Fernando Braudel, y sus continuadores, como Bloch y Febvre, enfocaban, además del nivel episódico, el nivel coyuntural y estructural. Ya en nuestro medio se había indicado los inicios del cambio con los trabajos de historiadores como J.J. Vega, C. Guillen, V. Espinoza, M. Burga y Flores Galindo. Es en esos momentos cuando se inician las publicaciones de Maria Rostworowski. Sus obras tenían el matiz de la reacción frente a la historia tradicional y para nosotros era salirnos del relato, las fechas, los nombres y los hechos. Veíamos que podíamos sacar a nuestros alumnos del paporreteo para quedarnos con el sabor de la vivencia, la vida cotidiana y la dinámica social y espontánea. Las obras, como sobre Pachacutec e Inca Yupanqui, nos motiva el orgullo de nuestra identidad para hacer vivir su cultura a cualquier estudiante peruano. Por su parte, el libro sobre curacas y sucesiones en la costa norte, nos invita a conocer los valles costeños; así como comparar nuestra sociedad actual con los grupos sociales ancestrales, al punto de establecer virtudes y defectos que aún mantenemos. Con "Estructura andina del poder, ideología religiosa y política" podemos dialogar y discutir nuestra forma de ser como pueblo y cultura. "Historia del Tahuantinsuyo", por su parte, nos permite entender la trascendencia del Imperio Incaico en la historia de la humanidad... Mi deuda debida a esas clases en las que pude sentir con mis alumnos la alegría de pertenecer a la tierra de los incas. Las gracias eternas ante cuya labor podemos reafirmar que "Vale un Perú".

Por mi parte, le dediqué las siguientes palabras: "¡Que viva cien años y muchos más!". Sto lat (Cien años) es una canción polaca tradicional cantada para expresar buenos deseos, buena salud y una larga vida a una persona. Sto lat se canta tanto en reuniones informales (cumpleaños), como en eventos formales. Yo la canté con miles de jóvenes para recibir al Papa Juan Pablo II y hoy se la dedico a nuestra entrañable historiadora María Rostworowski. La canción cumple una función equivalente al "Cumpleaños feliz". Su letra en polaco es "Sto lat, sto lat, Niech żyje, żyje nam" y en español "Cien años, cien años, que vivas, vivas para nosotros". El anhelado deseo formulado por la canción se convierte en una hermosa realidad: Sto lat, María, querida Dra. Rostworowski.

Nunca olvidaré cuando tuve la suerte de acompañarle en el taxi de la UCSS a su casa y me hablaba de su vida familiar y profesional (de la mano de Raúl Porras, su viaje a Valladolid para participar en el congreso de americanistas con mi querido maestro, Don Demetrio Ramos y sus cientos de proyectos para la historia del Perú). Me sorprendió su espíritu libre, valiente, indomable para hacer lo que quería. Le recordé la visita al Perú de un "paisano" suyo, Juan Pablo II, y me compartió lo grato que fue el encuentro suyo con él, destacando su simpatía, amabilidad y respeto. Hace unos días, llamé a su casa para comunicarle que la Red Cultural de Lima Norte –en nombre de todas las universidades y municipalidades- quería tributarle un merecido homenaje por sus estudios históricos y muy en particular por los dedicados a la visita de Canta y el señorío Colli, y pude conversar con su hija Cristina, quien me manifestó su dolor al ver a su mamá inconsciente tras el derrame cerebral sufrido a comienzos de este año y el no poder celebrar el centenario como quisiera; yo agradecí su atención y celebré sus cien años al servicio de la historia del Perú, así como el gozo de tenerla viva entre nosotros.

Su vida y su obra son un estímulo a seguir su huella de inquieta y afanosa investigadora, su pasión por conocer de modo científico y profundo el Perú milenario, su generosa dedicación a difundir los trabajos históricos para ayudar a conformar una identidad clara y comprometida. Rescato una cita emblemática de su obra "Pachacámac y el Señor de los Milagros", (Lima 1992): "entre las apretadas filas de sus fieles todas las razas del Perú se hermanan y unen en una misma fe, en una misma oración. El Señor une en su culto a indios, negros y blancos. He ahí su verdadero milagro, la esencia de su fuerza y del respeto cada vez mayor que el pueblo le tributa". Ojalá, doctora María, que su vida y obra centenaria siga ayudándonos a profundizar en nuestras raíces identitarias y a comprometernos con lazos fraternos para caminar a pie firme y hacer grande nuestro Perú. Sto lat, ¡que viva cien años y muchos más![2]

EL LEGADO DEL CHILLON. LA HISTORIA AL NORTE DE LIMA

Sobre el valle del Chillón, en la vertiente occidental de la Cordillera de los Andes, descansa una historia poco conocida, pero con evidentes testimonios arqueológicos. El equipo de Imagen Institucional se encargó de recoger la cruda realidad de este rico patrimonio a punto de perderse si no se conoce, protege y defiende. Para ello se acudió a varios arqueólogos e historiadores que nos ofrecen interesantes testimonios acerca de la trascendencia histórica de los pueblos asentados a la vera del Valle del Chillón. María Rostworowski rescató parte de ella a través de sus intensas investigaciones. Escuchamos sus palabras:

"Encontré un documento muy interesante sobre el Chillón que era un juicio entre tres curacas, señores étnicos del lugar: Los Colli, los Canta y los Quivi, de Santa Rosa de Quives. Ellos peleaban por unas tierras de coca, una coca de la que no se tenía conocimiento que hubiera en todas estas pallas. Era tan preciada esta coca que en el territorio que no era muy grande donde daba esa coca, se podían matar por tener acceso porque para ellos, si no tenían acceso a esa coca especial -de la costa-, tenían que ir a la selva lejana con diversos señoríos, que era muy peligroso conseguir. Entonces era una cosa sumamente preciada y ese juicio es muy interesante, muy largo, porque era muy minucioso como eran los documentos del siglo XVI, repetitivos y espere 15 años para que la universidad de Michigan los publicara en entero. Entonces es por eso que yo estaba tan interesada en Collique y después busqué en los archivos de acá, de Lima, que hay diversos archivos muy buenos, y conseguí mucha más información y entonces se me ocurrió hacer la historia del valle del Chillón. Con toda esa información de archivos pude confirmar que el curacazgo o señorío de Collique, de Colli, que los españoles hicieron Collique, iba desde el mar hasta Santa Rosa de Quives -que se llamaba entonces Quivi- y bajo el poder de este señorío de este curaca, que lo llamaban Collicápac, había una serie de otros pequeños curacazgos, todos subordinados al señor de Colli, -que era muy poderoso- y que habitaban un palacio fortaleza que hasta ahora existe y envuelto sus tierras en una gran muralla -que hasta ahora queda un pedazo chico, cada vez más chico- una muralla muy alta, muy ancha que se podía caminar -un epimural como le llaman- y dentro de sus tierras había dos fuentes de agua, o sea que el Collique, si lo querían atacar los Canta, que varias veces lo intentaron, no podían subordinarlo porque estaba defendido por esta muralla, por su palacio fortaleza, tenía bastante tierras que podía regar, así le cortaran o desviaran el río, o sea que se reía de los asaltos que hacían los curacas de Canta.

Llegado el momento de la expansión inca, llegó Túpac Yupanqui -bastante joven entonces- conquistó ya Lima, Pachacámac y su siguiente meta era Colli. Y le ofreció la reciprocidad, que era un sistema andino, que, si él se sometía al Inca, pero recibía grandes regalos, establecían lazos de parentesco entre ellos, toda una ceremonia de festejos, arreglar sus problemas entre ellos dos, el señor de Colli no quiso, lo rechazó, prefería ir a las armas porque estaba tan seguro en su fortaleza. Pero no sé los detalles de la guerra, el hecho es que fue dominado por los incas y fue ejecutado, muerto.

Durante tres años recorrí con el Seminario de Arqueología de la Católica [PUCP] y la doctora Josefina Ramos de Cox. Íbamos los fines de semana a caminar por estos sitios y poco a poco fuimos conociendo lo que se podía a través de documentos. En nuestras andanzas encontramos tres huacas, tres montículos -que debían ser huacas por su estructura- y había una acequia y en la acequia encontramos pedazos de cerámica de Maranga, pedazos diversos, de Lima, muy interesante pero cuando yo me fui a España, como agregado cultural a Madrid, y regresé después de cuatros años y medio, ya no había rastros de la huaca: las habían arrasado para una ladrillera, sin haber estudiado pero ni siquiera lo que se llama Arqueología de Salvataje, nada se hizo, entonces es así como en el Perú se pierde para siempre toda la información de nuestro pasado, y es muy rico nuestro pasado y muy interesante.

No podemos darnos el lujo de no tener pasado. Por eso somos un país que no se ha integrado, que no tiene identidad. Porque queremos tener identidad ahora, o del virreynato cuando mucho, pero no tenemos más allá; entonces estamos en el aire, como hojas al viento, no tenemos identidad, no tenemos raíces, quién ama lo que no conoce. Ahora, por ejemplo, la gente de Collique tiene raíces, pueden sentir que tienen todo un pasado importante, pero si no lo conocen no pueden amar Collique, pueden amarlo por un sentimiento de una situación de belleza, de apego, pero sin profundizar.

Nosotros tenemos que terminar por entender el pasado y amar nuestro pasado andino, y no tratarlo despectivamente. Porque son nuestras raíces, como si escupiéramos a nuestros antepasados. Tenemos infinidad de cosas maravillosas como un país bellísimo, no lo apreciamos. No apreciamos porque tenemos un complejo de inferioridad.

Leer todo...

Isabel la Católica y la evangelización de América.Actas del Simposio Internacional de Valladolid. BAC, Madrid, 2020

RUBIO WILLEN, José Luis (Coord.)

Isabel la Católica y la evangelización de América. Actas del Simposio Internacional de Valladolid, 15 al 19 de octubre de 2018

(BAC, Madrid, 2020, 457 pp)

José Antonio Benito

El volumen recoge a modo de actas parte de las contribuciones científicas presentadas al Simposio Internacional «Isabel la Católica y la Evangelización de América», celebrado en Valladolid del 15 al 19 de octubre de 2018, organizado por la Comisión diocesana Isabel la Católica del Arzobispa- do de Valladolid y la Universidad Católica de Ávila. En total 16 capítulos más tres apartados correspondientes al prólogo, presentación y saludo, con la homilía de la misa de clausura del simposio y la solicitud de pronta beatificación al Papa por parte de los participantes.

Su objetivo queda bien claro, dar a conocer la verdadera personalidad y obra de la reina, enmarcada en su contexto histórico y considerando el momento actual, siempre con la mira de promover su causa de beatificación. 

Se abre la obra con el breve, pero significativo prólogo del Arzobispo de Valladolid, el Cardenal Ricardo Blázquez, quien recuerda su condición de abulense como la Reina-, y manifiesta el objetivo de la Comisión: "despejar en lo posible tópicos y superar errores e informaciones inexactas e incorrectas sobre la rica personalidad y el extraordinario reinado de esta mujer singular". Por último, comparte su doble gozo de constatar a través de los expertos que la "evangelización de América tuvo su origen en la fuente interior de donde surgían los proyectos más anhelados y queridos de esta católica y singular mujer" y su invitación cordial a "conocer mejor esta gesta maravillosa misionera, cultural, promotora y defensora de los derechos humanos".

La presentación corre a cargo de don Vicente Vara, responsable de la Comisión y auténtico corazón del simposio y la publicación. Él fue quien tomó el testigo del inolvidable Vicente Rodríguez Valencia y que ha sido como el canto del cisne pues apenas vio la publicación falleció.

Sigue el saludo de bienvenida de Monseñor Luis Javier Argüello, obispo auxiliar de Valladolid y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, quien destacó el deseo del simposio de "promover la caridad política como camino de santidad en la vida llena de virtudes extraordinarias de una mujer, Isabel I de Castilla" (p.5). Todo ello sin desconocer "situaciones de dificultad, realidades de violencia […] pero, sobre todo, surge la posibilidad de un encuentro que se hizo posible gracias a la evangelización y también al mestizaje […]que afirma, siguiendo las pautas establecidas por la reina Isabel en su testamento y codicilo, la dignidad y ciudadanía de los moradores de aquellas tierras" p.6.

La edición ha sido coordinada por José Luis Rubio Willen quien ha contado con la colaboración académica de Javier Burrieza y Francisco Trullén, así como la corrección de textos de Enrique Gómez. recoge los principales temas abordados en este simposio y que quiere ser "una ocasión para conocer de primera mano la verdadera obra de gobierno como Reina y evangelización en las tierras de América Latina, llevada a cabo por la Sierva de Dios, cuyo faro era la fe católica".

El primero de los diez artículos académicos corresponde a "Isabel I de Castilla, la mujer tras la reina" a cargo de una de las expertas historiadoras de la vida y contexto como es la catedrática universitaria y M.ª Isabel del Val Valdivieso, quien destaca tres decisiones en el camino de la unidad en la fe como fueron la creación del tribunal de la Inquisición , la expulsión de los judíos y los musulmanes de España, su formación religiosa, la vida familiar en particular su relación con su esposo Fernando y sus hijos, el análisis de tres cartas a sus confesores y el testamento con el codicilo que revelan la gran vida interior de la reina y su celo apostólico concretado en el buen trato de sus súbditos de América.

"Isabel, madre de América. Lo recibido y aportado en la Iglesia y la cultura" corrió a cargo de Bertha Bilbao Richter –del Instituto Literario y Cultural Hispánico- quien a partir del entrañable recuerdo de su audaz pedido al Papa Pío XII desde Argentina y la acogida por parte del pontífice y el arzobispo de Valladolid, pasa revista a los aportes culturales de Isabel a quien denomina "madre de América", "la riqueza y  el esplendor de Dios, la mujer de las moradas profundas como la Santa de Ávila, la que es llamada a su resurrección en este siglo XXI para ser santificada, como ya lo está en el corazón de Hispanoamérica" (p.43)

Quizá nadie en el mundo ha dedicado tanto tiempo y talento a la historia de la catequesis como Luis Resines Llorente quien en su artículo "Los catecismos y la evangelización en América" vincula la formación humanística y religiosa de Isabel con la labor evangelizadora en América en sus catecismos.

El capítulo "Evangelización y culturización de América" de Hernán Mathieu, Rector de la Universidad de La Plata, Argentina, enfatiza el hecho de que toda la cultura del Siglo de Oro español "se trasladó a América adaptándose a las condiciones del lugar y sus habitantes, a los que transculturizó con la fe cristiana y los valores de Occidente" (p.90), contando siempre con el impulso decidido de la Reina Isabel, quien logró la forja de una nación con sentido estatal misionero.

Un decisivo aspecto de la renovación religiosa de España fue la reforma conventual practicada en tiempos de los Reyes Católicos por impulso de ellos mismos. Así lo manifiesta Mons. Braulio Rodríguez Plaza, quien formó parte activa de la Comisión de la Causa de Isabel en los siete años de arzobispo de Valladolid en su artículo "Las órdenes reformadas, agentes de evangelización". Siguiendo el magisterio del historiador José García Oro, destaca el apoyo fundamental de Isabel a la reforma de los religiosos y el decidido impulso evangelizador americano que contó con la ayuda del Cardenal Cisneros que convirtieron la Corona de Castilla en un reino misionero.

El actual cronista de Valladolid y catedrático de la Universidad de Valladolid, así como mentor académico del simposio y la edición, Javier Burrieza Sánchez en "Por la Castilla isabelina: Madrigal, Medina del Campo y Valladolid" nos da el marco espaciotemporal castellano de la Reina de lo que Miguel de Unamuno denominaba el "paisanaje" vinculando el territorio con el suceso histórico. De este modo veremos desfilar a Madrigal desde la guerra de sucesión a Germana de Foix, acudiremos a los escenarios de los Trastámara en Madrigal, nos hace sumergir en el Valladolid del matrimonio de Isabel y Fernando, nos presenta a los hombres de la monarquía de Isabel: el cardenal Mendoza,  fray Alonso de Burgos y Colón; de igual modo estudia las resonancias de los Reyes Católicos en las instituciones que definen a Valladolid, para culminar analizando la presencia de Isabel y Fernando en Medina del Campo, específicamente en el palacio testamentario donde muere la Reina

En "Isabel la Católica y mujeres evangelizadoras", Mª del Rosario Sáez Yuguero, rectora de la Universidad Católica de Ávila rescata el rol evangelizador de Isabel como mujer, vinculándola con otras mujeres de la primera evangelización americana, así como en la fundación de beaterios, casas de recogimiento y conventos, en particular el colegio-beaterio de Texcoco por Catalina Bustamante, los recogimientos de Perú, la figura de Rosa de Lima, como misionera patrona de América

Guzmán M. Carriquiry Lecour, secretario vicepresidente de la CAL, Vaticano, en "Isabel la Católica y los santos de la primera evangelización americana" se centra en los santos predicadores del Evangelio, los apóstoles itinerantes de la "Nueva cristiandad de Indias", la opción santa por los pobres, Vírgenes, místicas, penitentes, la "banda" de santos referida específicamente a los jesuitas Anchieta, mártires del Paraguay (Roque, Juan del Castillo y Alonso Rodríguez) Claver, culminando en los nuevos santos como Junípero Serra y Óscar Romero.

Imposible entender plenamente el acontecimiento misionero sin conocer la relación de la Iglesia con el poder civil a través del denominado patronato y vicariato regios, de ahí que el artículo "El Patronato Regio, impulsor de la evangelización y de sus obispos" del actual obispo de Albacete Mons. Ángel Fernández Collado resulte tan clarificador analizando lo que fue la institución, a través de las bulas y breves pontificios en orden a la evangelización en América, la tarea evangelizadora en el nuevo mundo a través del Patronato Regio, sus derechos y deberes, una medida concreta como fue la reforma del episcopado impulsada por los Reyes Católicos, los obispos de Indias, modelo de excelentes pastores y evangelizadores según la legislación real sobre la misión pastoral de los obispos españoles en Indias, concretado en las semblanzas de dos de ellos como los primeros de México y Lima respectivamente Juan de Zumárraga y Jerónimo de Loaysa.

El capítulo "Los concilios y sínodos de santo Toribio en la evangelización de América" corre a cargo de José A. Benito Rodríguez, quien estudia un fruto concreto de la evangelización indiana a través de la titánica labor legislativa del prelado Mogrovejo en sus reuniones metropolitanas para los concilios provinciales o las diocesanas para los sínodos que sirvieron para organizar institucionalmente la América del Sur, llegando a rescatar en ellos todo un catálogo de derechos humanos en beneficio de los indios.

Del capítulo XI al XVI se brindan las comunicaciones expuestas el último día del simposio. El XI corre a cargo de Alejandro Rebollo Matías y lleva por título "La influencia del arte y la arquitectura de los Reyes Católicos en Castilla y América". En el mismo se refiere al interés y la sensibilidad artística estética de la reina, bien patente en los monumentos que aún hoy podemos contemplar. Isabel la Católica fue una gran promotora del arte, tal como se evidencia en este estilo con nombre propio manifestado en la arquitectura isabelina presente en América, nos adentra en los símbolos y motivos decorativos del estilo, nos recuerda los arquitectos de la Corona, así como las principales realizaciones, destacando el gran aporte del urbanismo hispanoamericano.

Nadie mejor que el postulador para contarnos el desarrollo y la actualidad de la "Causa de beatificación y canonización de la sierva de Dios Isabel I de Castilla" el P. Javier Carnerero, osst) quien pese a considerar "apabullante" la documentación recopilada por el infatigable Vicente Rodríguez Valencia y el celo los seguidores en Valladolid no deja de constatar que estamos en un "impasse".

Manuel Reyes, Capellán Mayor de la Capilla Real, en "El mensaje de la Capilla Real de Granada" nos guía artísticamente ante el mausoleo de los Reyes Católicos, considerando "el museo de la vida de evangelización y fe de la reina, a través de sus objetos personales y devocionales".

María Saavedra Inaraja dedica el capítulo XIV a una de las personas decisivas vinculadas con la Reina, en "El cardenal Cisneros y la continuidad en la evangelización tras la muerte de Isabel I"

Carmen Pareja Ortiz nos adentra en el aspecto lector y la biblioteca personal de Isabel y otras mujeres de su tiempo: "Librería de la reina Isabel la Católica y de algunas mujeres del Nuevo Mundo".

El artículo "Isabel I de Castilla: ¿será proclamada santa?" nos comparte el testimonio del colaborador de la causa Roberto Alonso Gómez) quien se hace portavoz de los miles de personas que en el mundo esperan la aprobación de Roma 443

Por último, se ofrece la homilía de la misa de clausura del simposio en el Santuario Nacional de la Gran Promesa de Valladolid a cargo de Mons. Francisco Javier Martínez Fernández arzobispo de Granada, "Ser testigos de la novedad que Cristo trae para hoy" se refiere a la santidad de Isabel La Católica y de la santidad a la que cada día están llamados todos los fieles en su vida diaria.

Como complemento se incluyen 23 fotografías –una por página- a todo color que ilustran de modo atractivo los antecedentes artículos y que corresponden con la vida, obra y representaciones artísticas alusivas a la Reina Isabel.

Culmino agradeciendo y felicitando a la Comisión por este considerable esfuerzo en clarificar y profundizar la denostada figura de la magnánima Reina Isabel, como mujer, política, humanista, evangelizadora, como quizá no se hacía desde el V Centenario de su muerte, 2005. La calidad y actualidad de los 20 textos entre artículos y notas, así como la esmerada edición con el prestigio de la BAC, profusamente ilustrada, recomiendan altamente su lectura. 

Leer todo...

jueves, 30 de julio de 2020

PERFIL DEL OBISPO EN TIEMPOS DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ EL DECÁLOGO PROPUESTO POR EL ARZOBISPO DE LIMA MONSEÑOR BARTOLOMÉ DE LAS HERAS AL PAPA PÍO VII, 3-XII-1822


[1. Conocimiento de la realidad nacional y diplomático]

 

"Era preciso estar dotado de unos conocimientos extensos y profundos en la política diplomática, de una penetración viva y perspicaz y de un talento y acertada previsión del estado a que será reducido el reino del Perú, de resultas de la vicisitudes que padece, para poder con acierto señalar el modo y medios de restablecer los abusos y desórdenes introducidos en la religión católica y su Iglesia, según las variaciones que en el día se advierten en aquel país; no hay en él un sistema de gobierno fijo y estable; tan pronto lo dominan los jefes de la independencia, como vuelen las armas españolas a recobrare su posición; cada partido que lo obtiene, muda el orden de su dirección, expidiendo distintos autos y decretos, en que se trastorna el medio de los negocios seculares y eclesiásticos; el íntimo enlace que tiene la autoridad eclesiástica con la secular, exige la mutua cooperación y auxilio que deben prestarse la una a otra…De aquí se infiere que, si el citado reino queda en poder de la España, es necesario elegir arbitrios y recursos diferentes a los que deben tomarse si queda en la independencia, para reponer los excesos y males indicados […]

Apuntaré, sin embargo, un arbitrio y modo que me parece capaz de que, a cualquiera de los dos partidos a que la América del Sur quede sujeta, pueda irse poco a poco extinguiendo los abusos y desórdenes, y recobrando su pureza y sus derechos la religión, la moral evangélica y la disciplina de la Iglesia. Consiste, pues, este recurso en poner un sumo cuidado y vigilancia en la elección de los obispos que se han de destinar para aquellos territorios: si éstos son buenos y se hallan revestidos de las prendas convenientes para practicar la reforma que se desea, seguramente que ellos sólo son los que podrán verificarla y desahogar la cuidadosa espiritual solicitud sobre aquellas diócesis.

 

[2. Buen teólogo y canonista]

Son muchas las calidades y requisitos que deben concurrir en la persona de un obispo que en las presentes circunstancias ha de ir a gobernar en aquel país:

- en primer lugar, es preciso que esté bastante instruido en la teología dogmática-moral y en los cánones sagrados, a fin de que conozca y advierta los extravíos en la creencia, en las costumbres y en la disciplina de la Iglesia;

 

[3. Sólida virtud]

- con esta ciencia debe juntar una sólida virtud para que le impela a extinguir todo desorden, según la obligación que le impone su elevado ministerio;

 

[4. Firmeza de carácter]

- es necesario que agregue a la virtud y a la ciencia una gran firmeza en el espíritu: de nada servirá que conozca los excesos y su deber indispensable de evitarlos, si no tiene resolución para ejecutarlo, especialmente cuando se le opongan poderosas promesas o amenazas de sujetos que no gustan que les turben sus abusos; esto es muy frecuente en aquel país, por lo que necesitan los prelados estar revestidos de un firme celo, si han de superar estos obstáculos.

 

[5. Prudencia]

-La prudencia es una calidad muy precisa, pues un obispo que va de la península acostumbrado a ver en ella decoro y orden en las iglesias, circunspección y compostura en los eclesiásticos y exterior moderación en los seculares; y de pronto advierte en su diócesis de América un total trastorno en todo esto, como si el vicio hubiese perdido toda su afrenta, sobresaltado su espíritu, quiere inmediatamente abolir estos excesos y se vale de las providencias más severas fija edictos riguroso, prende clérigos y se dirige contra toda clase de personas, aún mas más condecoradas, pretendiendo ejecutar en un momento una completa reforma; en este modo de proceder no consideran que la virtud tiene sus grados y que es preciso irlos subiendo hasta llegar a ser perfecto, pues no es posible pasar en un instante de vicioso y criminal a la santidad perfecta; por esto muchos sabios y virtuoso europeos que han ido allí de prelados, han probado mal y se han concitado la general animadversión, verificándose el axioma de que pastor aborrecido, ganado perdido

 

[6. Complexión robusta]

-Además de las partidas insinuadas, de que ha de estar adornado un obispo del Perú, debe ser también de una complexión robusta y de edad no muy avanzada, a fin de que pueda formalizar la visita de todo su territorio, diligencia conveniente al provecho espiritual de los feligreses; como son tan dilatadas las diócesis y los caminos tan fragosos, si no tienen el vigor y fuerza que es precisa, no es fácil vencer estas dificultades.

 

[7. Discreción en el trato]

-El trato frecuente y familiar con los individuos del país, aunque sean muy distinguidos, es sumamente perjudicial, ya porque despierta una especie de celos en los demás, ya porque le mezclan en los asuntos favorables o adversos de la persona su amiga, ya porque se pierde el tiempo que se necesita aprovechar, ya porque en la comunicación frecuente se descubren ciertas imperfecciones y flaquezas, de aquí adolecemos todos y de ello se siguen gravísimos inconvenientes.

 

[8. Afabilidad y dulzura]

- Sin embargo, en aquella comunicación que sea precisa ha de manejarse con afabilidad y dulzura, mostrándoles a todos buenos semblantes y procurando reprimir los ímpetus de la ira o del enojo, aun cuando tenga un motivo justo; pues aquellas gentes son de un genio tímido y apocado y se exasperan demasiado cuando se les trata con aspereza.

 

[9. No dejarse sobornar con regalos y halagos]

 

- Últimamente, ha de evitar un obispo de la América el recibir obsequios ni regalos, ni aun los que allí se practican con título de sainecitos: en el instante que les conozcan inclinación a estas cosas, ya les parece que han conseguido un gran triunfo. Luego que llega un prelado a aquel país, y lo mismo cualquiera jefe secular, se ponen todos en expectación a fin de averiguar cuál es la pasión que le domina, como las más frecuentes son el placer sensual o la codicia, así que la descubren, ellos mismos le proporcionan los medios de fomentarla, lisonjeándose de que ya lo tienen sujeto para que no pueda ofenderles y en entera libertad de hacer cada uno lo que guste; por otra parte, tiene tanta jactancia y vanagloria que si se les admite un sainecitos, que se compone de dulces o de frutas, suponen recibe obsequios de la mayor entidad:

 

[10. Generoso con los pobres]

- es preciso, pues, que si el prelado ha de conservar su buena reputación y hay de ejercer con libertad y fruto su ministerio, que no sólo se abstenga de admitir la menor dádiva, sino que antes bien sea franco y generoso con toda clase de personas, principalmente con los pobres; pues, si da limosna con abundancia y socorre las indigencias del afligido, no sólo llenará los deberes en la distribución de su rentas a los ojos de Dios, sino también a los de los hombres, sus feligreses le amarán de corazón y le obedecerán con gusto en cuanto mande.

Dejo expuesto con extensión y el arbitrio y medio que creo más eficaz para restablecer en el Perú la decadencia que han padecido las costumbres con la introducción del nuevo gobierno y opiniones del sofístico filosofismo, es decir, la acertada elección de los obispos. Si estos están dotados de las prerrogativas referidas, ciertamente volverán a hacer brillar el expelen de la sana doctrina, de la moral y de la disciplina de la Iglesia. Quedan igualmente evacuadas las respuestas a las preguntas que se han propuesto.

Madrid, 3 de diciembre de 1822

Leer todo...

martes, 28 de julio de 2020

ALTAR MAYOR DE LA CATEDRAL DE LIMA, OBRA DE MATÍAS MAESTRO

 

El Altar Mayor de la Catedral preside con belleza y majestad la fastuosa edificación de la basílica mayor y central de la arquidiócesis de Lima. Su canónigo y cronista José Manuel Bermúdez nos lo describe con todo lujo de detalles al recordar al arzobispo promotor de la obra Monseñor Juan Domingo González de la Reguera. Su autor fue el célebre presbítero, culto y solidario, Matías Maestro.

 

Allí brillan á porfía el gusto más fino y delicado, la mejor distribución de sus partes, la riqueza, el artificio, los más exquisitos adornos que hacen mirar con razón esta obra como que excede a las demás de esta santa iglesia. Tiene todas las proporciones y bellezas, que pueden apetecer los ministros del santuario. Sus dos frentes se presentan con tal novedad a la vista que por todos los lados descubren un perfil que les da la más hermosa variedad. Todo tan ajustado a los límites del sitio y objetos que contiene que mueve a creer, que en su ejecución no se halló embarazo el ingenio; sino que todo vino adecuado a la idea. Mostrándose allí con tanta profusión la magnificencia, aun parece quedar excedida del artificio singular que se admira. Sin que en este caso se tenga por exageración poética, sin por realidad el "materiam superat opus" de Ovidio.

El frente principal está forrado en plata, sus capiteles y molduras taladas y sus adornos dorados. Su planta se formó de un círculo de quatro y media varas, unido a dos triángulos por los costados que extienden su ancho hasta ocho y media varas con la altura de diez y siete. Un zócalo de vara y cuarta recibe la obra y sigue recto hasta las pilastras del presbiterio, dejando dos escalas, a cuyos lados están dos hermosos ángeles con faroles de plata alumbrando el Sacramento. Por su espalda cierra una graciosa baranda, cuyo medio vuela sobre repisa para dejar una mesa de altar. La que mira al frente principal es de dos bellos jaspes cuyas gracias hacen resaltar su base, cornisa, y costados guarnecidos de plata, con un escudo y festones de lo mismo de un estilo serio y magnífico que se hermanan agradablemente para avivar su fondo y aumentar su hermosura.

En este zócalo descansan los pedestales con preciosos relieves, dejando dos puertas a los lados para el manejo de las del sagrario y en su altura se manifiestan tres grandiosas urnas forradas por de fuera exquisitamente del propio metal, y exornadas por de dentro con otros preciosos jaspes. En la del medio se ha depositado una cruz inestimable de oro y Vedreña, presea que fue del Señor Doctor Don Joseph Antonio Cevallos uno de los prelados de esta santa iglesia, en que se deberá colocar el sagrado fragmento del madero de nuestra redención: dádiva apreciabilísima de la santidad de Urbano VIII, que hace nuestro mayor tesoro. Las otras dos urnas de los lados son destinadas a contener las insignes reliquias del santo arzobispo Don Toribio Alfonso Mogrovejo y de Santa Rosa de Lima.

Sobre este fundamento se eleva el tabernáculo sostenido en doce columnas de quatro varas: las seis delanteras forradas de plata de orden compuesto, que forman en el centro un círculo con quatro arcos recibidos de ocho columnas menores, donde se ve el sagrario de plata, en que está la custodia de vara y media. Al pie de este sagrario se gravaron con letras de oro las siguientes palabras del Salvador: Ecce ego vobiscum sum. Y a la verdad que aun cuando así no nos lo enseñase la fe del misterio eucarístico, nos lo haría creer la imagen de Jesucristo maravillosamente bordada en el viso que cubre el Sacramento y los portentos del pincel que nos representan por el frente y la testera, ya al mismo Salvador apareciéndose resucitado a sus apóstoles, o ya conversando con ellos en Meaux. En los dos triángulos laterales se ven las efigies del titular de la iglesia San Juan Evangelista y de Santa Rosa patrona de las Américas y Lima.

Encima de la cornisa del primer cuerpo, rodeada de una baranda e greca se elevan ocho columnas que pisan sobre las pilastras del sagrario y reciben con otra baranda tambien de greca a la altura del pedestal: sirviendo de remate una copa calada con asiento sobre que descansan dos ángeles con una corona. De modo que este cuerpo labrado por dentro y fuera sirve de trono a la hermosa imagen de Nuestra Señora enviada por el emperador Carlos V, y a su espalda el apóstol Santiago. A los lados de este segundo cuerpo y sobre las columnas que sostienen los triángulos cóncavos se levantan dos pedestales redondos con dos jarrones en forma de hachero, que cada uno arroja doce luces y de su cuello cuelgan tres festones o cintas en tulipanes que reciben en triángulo tres ángeles parados sobre las columnas y jarrones sobre las otras.

 

(José Manuel Bermúdez Fama póstuma del Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Doctor Don Juan Domingo González de la Reguera., Lima 1805, LXXXVI-XCI).

(Foto de Tomás Sobek)

Leer todo...

viernes, 24 de julio de 2020

Monseñor Pedro Gutiérrez de Cos(1750-1833), el piurano obispo de Ayacucho en tiempos de la Independencia, luegoobispo de Puerto Rico

Monseñor Pedro Gutiérrez de Cos (1750-1833), el piurano obispo de Ayacucho en tiempos de la Independencia, luego obispo de Puerto Rico

 Nació en la ciudad de Piura, al norte del Perú, el año 1750, de padre español, Tomás Gutiérrez de Cos y Terán, y madre limeña. Los dos hijos varones, Francisco y Pedro, llegaron a ser sacerdotes. Francisco fue cura de la doctrina de Santo Tomás en la provincia de Chachapoyas. Pedro inició los estudios de filosofía y teología en el seminario de Trujillo donde fue primero pasante en Artes, ocupando luego la cátedra de Latinidad y llegando a ser vicerrector. Obtuvo el grado de Doctor en Cánones en la Universidad de San Marcos y fue abogado de la Audiencia de Lima.

Se ordenó sacerdote en 1784 y sirvió en dos doctrinas del obispado de Lima hasta el año 1798. Fue comisario del tribunal de la Inquisición y vicario juez eclesiástico de ese arzobispado. Desde 1798 participa como canónigo en la catedral de Lima. A finales de 1810, el cabildo de Piura, lo propuso como candidato para representarlo en las Cortes de Cádiz.

El año 1814 obtuvo el puesto de chantre, y por último en 1817, tras el fallecimiento de José de Silva y Olave, fue nombrado obispo de Huamanga. Sus primeros escritos como obispo tuvieron como temática las providencias tomadas para evitar que circulasen papeles subversivos en su jurisdicción. Durante dos años, de 1818 a 1820, administró el obispado sin contratiempo, no obstante, las noticias alarmantes del triunfo de los insurgentes de Buenos Aires cerca de las costas peruanas. Sin embargo, las tropas patriotas del comandante José Álvarez de Arenales penetraron en la sierra central el año 1820, acelerando la escisión política. Gutiérrez fue testigo de excepción de todo este momento de tránsito.

El prelado no se hallaba en la capital cuando el ejército de Arenales se encaminaba a su diócesis, ya que estaba realizando la visita a su obispado. Al tener noticias de que Arenales había destacado un piquete de treinta hombres para prenderle y obligarle a reconocer y jurar la independencia, se dio a la fuga, dirigiéndose a Lima «por caminos extraviados entre nieves y desfiladeros». Cuando, poco después Arenales fue derrotado y desalojado de Huamanga, Gutiérrez de Cos intentó regresar al obispado, mas fue imposible porque los caminos estaban inundados de soldados enemigos, «conocidos con el nombre de montoneras», y de salteadores y asesinos. Ante esta situación, permaneció refugiado tras las murallas de Lima. Mientras, el obispado de Huamanga estaba acéfalo. La misma situación se repetía en Cusco. Los dos lugares tenían gran importancia en este contexto por ser el centro de la resistencia española hasta el final de la guerra. Los obispos se hallaban lejos de su feligresía en momentos en que el poder real se tambaleaba y más necesaria se hacía su prédica entre los fieles. El brigadier español Ricafort y el virrey Pezuela solicitaron el pronto retorno de ambos prelados. La situación no podía ser más desalentadora. A inicios de julio de 1821, el virrey La Serna dio a conocer su decisión de abandonar la capital para dirigirse a la sierra a recomponer el ejército y marchó el 6 de julio. La Serna huía así de una ciudad cercada en los caminos, bloqueada por mar, empobrecida y extenuada, de la que poco más se podía esperar para defender la causa real. A partir del 7 de julio, como es sabido, Lima fue un caos. En ese momento se produjeron las mayores adhesiones al bando patriota: «abandonados» por el virrey, los vecinos limeños vieron a San Martín como su salvador frente a la revolución social que se vivió en las calles de la capital durante aquellas cuarenta y ocho horas. Una junta de vecinos ilustres se dirigió al cuartel general del libertador a solicitarle su pronta entrada en Lima y la pacificación. San Martín aceptó y el 12 de julio, luego de haber restituido el orden, ingresó triunfalmente en la Ciudad de los Reyes.

Cuando el virrey salió de Lima, se enteró casi al mismo tiempo que se anunciaba el hecho, y también intentó huir, pero no lo pudo hacer «porque no había mulas ni cabalgaduras a causa de haberlas tomado ambos ejércitos». Sin embargo, no se unió a las filas patriotas como otros miembros de la elite limeña. La capital se tornó insegura para aquellos que no profesaban estar del lado de la «patria» o del protectorado inaugurado por San Martín. Aun así, asumió el riesgo que suponía no firmar el acta de independencia, ni participar de ninguno de los actos de la proclamación y jura de ésta ni del Estatuto Provisional: «Yo no asistí a estos actos, ni a ninguna función de celebridad; vivía retirado.» Gutiérrez de Cos se enteró de que el libertador «se había resentido» por su decisión de permanecer al margen del nuevo gobierno. Ello motivó un primer intercambio de pareceres, en el que el obispo le reafirmó al propio San Martín su monarquismo, bajo el eufemismo de que correría la suerte de su diócesis, que en ese momento aún estaba bajo el dominio español. Sus palabras son elocuentes: «...le expuse [a San Martín] que mi diócesis de Guamanga permanecía sujeta a la dominación española y que yo no podía prescindir de la suerte de ella, que en el territorio en que me hallaba le obedecería en lo temporal, sin atentar contra su persona y providencias. Al parecer quedó convencido con mi exposición». Gutiérrez estaba reconociendo que iba a respetar y acatar las disposiciones del nuevo gobierno en Lima, quizá por ello San Martín lo dejó en paz durante un tiempo; pero en el fondo, en su alegato el obispo mantenía su adhesión a los realistas, quienes tenían en Huamanga uno de sus principales centros de operaciones. Se podría inferir que Pedro Gutiérrez abrigaba la esperanza de que el orden nuevo fuera efímero. Pero tal y como se sucedieron los hechos en la capital, esta contraposición de lealtades se tornó inadmisible para el gobierno protectoral.

San Martín insistió a Gutiérrez de Cos que jurase la independencia del Perú, «y que al mismo tiempo dirigiese a Guamanga una Pastoral para que allí se hiciese lo mismo... De manera que no pudiendo San Martín ocupar a Guamanga por la fuerza, intentaba revolucionarla por medio de mi Pastoral... neguéme con firmeza.» Esta vez San Martín no fue condescendiente y determinó que el obispo fuese expatriado. Por intermedio del ministro tucumano Bernardo de Monteagudo, el decreto de expulsión del Perú se le dio a conocer el 9 de noviembre de 1821. Gutiérrez de Cos solicitó al gobierno le permitiesen disponer de un mes para poder retirarse del Perú; San Martín no aceptó, reafirmando que el plazo era de ocho días. A pesar de esta orden imperiosa, el obispo retrasó su salida hasta inicios de diciembre de 1821 porque, durante esas semanas, no encontró ningún navío que lo pudiese llevar a otro destino. El último oficio intimidatorio fue redactado el 3 de diciembre, en el que Monteagudo sentenció haberse excedido el plazo para salir del Perú, urgiéndole lo realizase a fin de evitar se tomase otra providencia. Se le dio pasaporte para la península. Gutiérrez se dirigió entonces al puerto del Callao; se presentó la fragata inglesa Harleston, procedente de Calcuta, con cuyo capitán consiguió negociar para que le dejase en Panamá. La persecución contra los anti-patriotas era grande. Temiendo que la «otra providencia» del libertador fuese la prisión en los castillos del Real Felipe mientras esperaba partiese la fragata, como se había hecho con el obispo de Trujillo, Carrión y Marfil, se embarcó en el navío el 4 de diciembre, dos días antes de que zarpase del Callao.

Antes de partir, nombró al deán Tomás López de Ubillús, también piurano, como gobernador eclesiástico del obispado de Huamanga. López de Ubillús, posiblemente pariente lejano suyo, también monárquico. El propio virrey La Serna presentó a Tomás ante la metrópoli como uno de sus más importantes colaboradores en la preservación del Perú para la causa real.

Su salida fue aprovechada por el gobierno realista que se estableció a partir de julio de 1821 en el Cusco, bajo la dirección del virrey La Serna, para convencer a la población de las contradicciones de quienes supuestamente representaban «la libertad». En el viaje llega a México, siendo nombrado como autoridad eclesiástica al lado del reciente proclamado emperador Iturbide. La actitud del clero hacia Iturbide podía deberse al recelo que le inspiraba la insurgencia, y al deseo de alejar de ella a los americanos si la jerarquía eclesiástica tomaba la iniciativa. Esa fue la situación que Gutiérrez de Cos encontró en México, y, por lo que se advierte, no le fue difícil adaptarse a ella. No obstante, las muestras de complacencia y respeto en México, Gutiérrez vivía económicamente limitado. Como su salida de Huamanga fue intempestiva y los caminos de Lima estaban cortados, nunca pudo recibir socorros de su obispado; en la capital vivió «de prestado», y cuando salió del Perú tuvo el apoyo económico de amistades que le proporcionaron pequeñas cantidades de dinero con las que se mantenía. Intentará desde el año 1822, de viajar a La Habana, «o a otro puerto de la dominación española».

 Su incertidumbre era grande, además, porque para el año 1822 la guerra por la independencia en el Perú se hallaba en uno de sus momentos más delicados: la opción realista se tornaba nuevamente asequible y el gobierno protectoral estaba demostrando bastante ineficacia política. Cabía, por tanto, la posibilidad de que las provincias del Perú volviesen al dominio español, con el consiguiente retorno de las autoridades civiles y eclesiásticas. De ahí que tampoco se decidiera a alejarse más del Perú, por si tuviese que volver a Huamanga. Por ello afirmaba: «me hallo en la mayor confusión, porque si las Provincias de Trujillo y Lima ocupadas por el enemigo vuelven a la dominación española, como lo espero, me veré en la obligación de regresar al Obispado, y mientras más me aleje, me será más difícil y penoso el viaje...». Solicitó que la metrópoli le franquease el pasaje a la península con cargo de reintegro, para así encontrarse en lugar seguro desde el cual partir hacia Perú, hecho que, como vemos, por las circunstancias, lo consideraba más que probable. Pero Gutiérrez no viajó nunca a España. Parece ser que la caída de Iturbide y el triunfo de la primera república liberal en México aceleraron la salida del país de nuestro obispo, al que vemos residiendo en La Habana como emigrado en 1825.

En esta isla se desempeñó como gobernador eclesiástico. Luego de cuatro años de solicitudes y desconcierto, Fernando VII lo nombró obispo de Puerto Rico el 9 de junio de 1825. La corona quiso premiar su lealtad durante la revolución de la independencia otorgándole una condecoración especial: un mes antes de desembarcar en Puerto Rico, el 9 de junio de 1826, se le concedió la Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica. Mientras tanto, el gobierno peruano desde 1822 le había levantado el decreto de exilio. En la sesión del Congreso del 25 de septiembre de 1822, el diputado José Faustino Sánchez Carrión afirmaba que había que facilitar el retorno de Gutiérrez de Cos: «...que se halla en México y está pronto a jurar la independencia». Consecuencia de esa solicitud, al mes siguiente la Junta Gubernativa determinó que Gutiérrez podía regresar al Perú, encargándose el gobierno de brindarle todos los auxilios que necesitase para tal efecto.

Cuando salió del Perú, Gutiérrez contaba con 71 años de edad. De emigrado se convirtió en obispo de una de las provincias de ultramar que aún se mantenían ligadas a la península. De su acción pastoral caben destacar sus prédicas siempre de tono fidelistas, la visita pastoral y la creación del Seminario Conciliar. Hacía muchos años que no se realizaba la prevista visita pastoral, por lo que la de 1829 constituyó un hecho relevante para la diócesis. Tuvo como objetivo fiscalizar la actuación del clero regular y secular en el desempeño de sus funciones (licencias para confesar, predicar y celebrar), estado material de los templos y la corrección de las costumbres. Un segundo objetivo se centró en evitar la proliferación de ideas subversivas. Finalmente, como era tradición en estas visitas, administró el sacramento de la confirmación en 55 pueblos y a 153.158 habitantes, «incluso los negros africanos y los criollos que hay en las haciendas de los respectivos distritos».

El 7 de abril de 1833 enfermó gravemente y fallece el 9, a los 82 años.

Como concluye su biógrafa Elizabeth Hernández, nuestro protagonista es un claro ejemplo de aquella privilegiada sociedad piurana y peruana que, hasta el último momento, hizo cuanto pudo por mantener su adhesión a una corona de la que tanto dependía. Su formación eclesiástica consolidaba los principios jurídico-políticos adquiridos, de tal manera que, cuando la amenaza de la revolución se hizo presente, fue vista esta como un extravío. La mayoría de obispos en Hispanoamérica rechazó la independencia porque la identificó como herejía o rebeldía frente a una autoridad política consagrada por la divinidad como evidenció en la homilía de 1826 y en el informe de 1829.

José Antonio Benito

Foto facilitada por el P. Martín Laurente del óleo de la sacristía de la Basílica Catedral de Huamanga

Leer todo...

martes, 30 de junio de 2020

FRAY RAMÓN ROJAS (P. GUATEMALA), APÓSTOL DE ICA (1775-1839), OFM


Su nombre completo fue José Ramón Rojas de Jesús María, natural de Quetzaltenango (Guatemala). Fueron sus padres Lázaro Rojas, un funcionario público, y Felipa Morales. Tuvo siete hermanos, lo que, con los bajos ingresos recibidos por sueldo del padre, obligó a la familia a vivir en extrema austeridad. Esa vida con tanta limitación, aunada a la gran religiosidad de los padres, facilitó el que cinco de los ocho hijos optaran por la vida religiosa.

Su educación escolar la cursó con los frailes franciscanos, mostrando grandes aptitudes para la literatura, el dibujo y la música, artes estas que desarrolló durante toda su vida.

Una vez concluidos sus estudios elementales, se fue al convento, siendo aceptado como novicio a la edad de 18 años (en el año 1794) en el convento de los recoletos de "Cristo Crucificado" de Guatemala, ordenándose como sacerdote en 1798 en la orden seráfica de San Francisco de Asís. Más tarde ingresa a la Universidad de San Carlos, donde estudia Filosofía, Historia, Derecho y Teología, al tiempo que aprende varias de las lenguas indígenas. Esta rica formación le lleva a compartirla en las misiones de Centroamérica; allí será celoso misionero entre infieles por tierras de Nicaragua, Honduras y Costa Rica.

En 1822 estalla la guerra civil en Guatemala y es perseguido y encarcelado por defender los derechos de la Iglesia. En concreto, el partido vencedor, sin permiso de la Santa Sede, erigió en 1824 una nueva diócesis, San Salvador, y nombró obispo al cura Delgado, quien dejándose llevar de la vana carrera eclesiástica tomó posesión del gobierno eclesiástico. Frente a tal atropello y a la nueva constitución liberal de su patria, protesta junto a su arzobispo ante el Papa León XII. Esto le llevó a la cárcel en un calabozo durante dos meses y a punto de ser fusilado. En tales circunstancias, en enero de 1831, se dirigió a Puerto Trujillo en la Bahía de Honduras, consolando y evangelizando a grupos de pobres negros. Viendo que su vida corría peligro, tuvo que salir a media noche del 10 de abril sin poder salvar nada más que su breviario. Con rumbo incierto, se embarcó en la fragata francesa "Mariana Isabel, logrando anclar un 22 de junio de 1831 en el Callao.

Al estar sin documentos que acreditaran su condición de sacerdote y religioso, dirige sus pasos hasta el Convento de los Descalzos de Lima, donde le acogen fraternalmente. Aquí, obtenidas las licencias sacerdotales para predicar y confesar, se lanza por las calles de Lima y Callao, promoviendo el culto y devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen de Guadalupe, imagen que siempre llevaba consigo y que también pintaba; en unión del virtuoso lego Fray José M. Prieto, construye en el puerto del Callao con las limosnas recogidas una capilla dedicada la Virgen de Guadalupe y un pequeño hospital. En el Jubileo Santo de 1834 predicó a los presos, repara la capilla del Hospital de San Andrés. Al ver su preparación y celo, el arzobispo de Lima, Don Jorge Benavente, con quien tuvo una estrecha amistad, le encarga buscar la reforma de la población y de las órdenes religiosas, como efectivamente lo logró.

 

Su gran vocación misionera le llevó a las tierras de Cañete, Chincha y Pisco, culminando en Ica, donde se centró apostólicamente. Allá llevó una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe y promovió intensamente su culto. En esta ciudad levantó el hospital de Guadalupe de Pisco, donde se cuenta que hizo brotar agua en medio del arenal, en el lugar conocido hoy como Pozo Santo.

Su fervoroso apostolado le lleva a edificar y restaurar iglesias y capillas, fundar hospitales y levantar casas de ejercicios espirituales. Su vida de abnegación y de entrega total a los demás produjo abundantes frutos espirituales entre el pueblo y los religiosos; nombrado visitador de éstos -franciscanos, agustinos y hermanos de san Juan de Dios-, renovando sus vidas, mediante el establecimiento de la disciplina y el cuidado del culto.  

El presidente del Perú General Felipe Santiago Salaverry, a su paso por Ica, quedó admirado del fervoroso misionero y le propuso como obispo de Maynas, fray Ramón declinó por dedicarse de lleno a su apostolado iqueño. La tradición oral es muy viva al recordarle como propulsor y asiduo peregrino del Templo de la Virgen de Yauca. De igual modo, está viva en la memoria de los fieles numerosas gracias debidas a su intercesión. A él se le atribuye la calma del otrora amenazador volcán de Cerro Prieto.

Debilitado por los trabajos y mortificaciones, moría el 23 de julio de 1839, a los 63 años de una pleuresía causada por salir una noche de mucho frío y, estando enfermo, atender a la niña Presentación Mantillas en artículo de muerte, a quien consoló y cuya salud recuperó. Al entierro del Padre Guatemala asistió una multitud de más de 5 mil personas, en la antigua iglesia de la Merced –hoy catedral de Ica. Sus restos fueron sepultados en la capilla contigua y también levantada por él con la advocación de Jesús María, en la calle Cajamarca (Ica).

Como escribirá el historiador y hermano de su Orden, P. Julián Heras "a pesar de no haber permanecido sino cuatro años en Ica, la memoria del P. Guatemala no se ha borrado de los corazones de sus habitantes. Y todavía, después del siglo y medio de su muerte, perdura la fama de santidad de este humilde siervo de Dios".  

Dada la popular veneración por parte de los fieles de Ica, en 1871 se inició el proceso de su beatificación, y Dios quiera pronto sea elevado a los altares.

Con motivo del centenario de la muerte de fray José Ramón, el diario el Imparcial de Guatemala le dedicó una edición especial el día 22 de julio de 1932, y la Sociedad de Geografía e Historia le rindió un homenaje póstumo.

Leer todo...

Video homenaje a Manolo

"¡Cómo no creer!. Señor de los Milagros

 

José Antonio Benito Copyright © 2009 Gadget Blog is Designed by Ipietoon y adaptado por ANGEL SANTA MARIA R. Sponsored by Online Business Journal