lunes, 18 de noviembre de 2019

VISITA CULTURAL RELIGIOSA AL TEMPLO DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA, EN MAGDALENA

VISITA CULTURAL RELIGIOSA AL TEMPLO DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA, EN MAGDALENA

Como testimonio de la visita del lunes 18 de noviembre del 2019 con mis alumnos de Historia de la Cultura en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, les comparto algunos datos sobre este templo emblemático en el distrito de Magdalena del Mar, cual es el Santuario del Inmaculado Corazón de María, conocida popularmente como La Cúpula, ubicado en la intersección de la avenida Sucre (ex jirón Independencia) y el jirón 28 de Julio.

La obra fue concebida por el padre claretiano Simón Llobet, catalán, quien se inspiró en la célebre cúpula de Brunelleschi en Florencia. Desde 1957, año de su inauguración, se ha convertido en uno de los símbolos religiosos y arquitectónicos más visibles de la ciudad a pesar del gran crecimiento demográfico de ésta. Cabe destacar que es la iglesia más alta de Lima. Las obras fueron financiadas por medio de donativos y actos benéficos. La imagen de la Virgen que se había construido originalmente en 1956 fue ubicada sobre un altar 40 años después, al final de la avenida Brasil.

La iconografía que más sobresale es la del corazón de María, presente en varios cuadros del santo cordimariano Antonio María Claret, la consagración por parte de los papas Pío XII y Pablo VI.

La iglesia luce un acabado arquitectónico de estilo neorrenacentista, que finaliza en una gran cúpula sobre la cual descansa la imagen de la Virgen María con los brazos abiertos, de 10 metros de alto, hecha a base de resina y fibra de vidrio por el artista plástico arequipeño Fredy Luque Sonco. Traída por partes desde Arequipa, ésta fue izada en enero de 2006, durante las obras de recuperación.

Mi querido pisano, doctor en antropología, historiador y misionero, P. Amador Martín del Molino (+), aporta numerosos datos sobre la parroquia, colegio y toda la obra pastoral y social en su obra "Misioneros Claretianos en el Perú. Cien Años al servicio de la Iglesia" (Delegación del Perú-Misioneros Claretianos, Lima 2009, II), describiendo con emoción ese momento.  "Hoy luce la imagen como faro en nuestra vida con el templo iluminado que permite ser vista en las noches de Lima".

Sus característicos colores rosado y verde se han mantenido a través de los años, ganando esplendor gracias a las obras de restauración tanto de la fachada como por dentro del Templo; además del repintado general. La empresa de luz Enel se encargó de darle iluminación exterior.

Por dentro, se pueden contemplar imágenes de los más grandes santos marianos como San Bernardo, Alfonso María de Ligorio, San Leonardo de Puerto Mauricio, Luis María Grignon de Monfort, Juan María Vianney (Cura de Ars), Beato Bernardo Hoyos, Tomás de Villanueva. De igual modo, el templo está decorado con cuadros pintados con escenas de los misterios del Santo Rosario…Se lanzó una campaña –hoy interrumpida- de colocar vitrales como los de dedicados a Nuestra Señora de Montserrat o la Virgen de las Lágrimas de Siracusa.

Por generosidad de su actual párroco P. Enrique Carrión hemos podido visitarlo con detención y llegar hasta la misma base de la imagen que corona el templo. La vista es espectacular, abarcando todo el distrito, toda la costanera hasta Chorrillos, y los distritos de San Miguel, Pueblo Libre y Jesús María. Nos ha servido para identificar conceptos de historia del arte y de la cultura, gracias a la obra misionera de los claretianos. 

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sábado, 16 de noviembre de 2019

BELLINA SHOLS, Giancarlo Una sola fe… diversascostumbres. Las cartas de San Gregorio Magno y la Evangelización de los anglos”.Traducción,selección y notas de GBS

BELLINA SHOLS, Giancarlo Una sola fe… diversas costumbres. Las cartas de San Gregorio Magno y la Evangelización de los anglos". Traducción, selección y notas de GBS

(Fondo Editorial UCSS, Lima, 2019, 270)

Felicitamos al autor por su audacia magistral en acometer por vez primera –en castellano- el estudio de la evangelización de los anglos, traduciéndonos del latín las cartas de San Gregorio en confrontación con la obra paralela de Beda el Venerable, y que han sido analizadas desde distintas disciplinas (historia, teología, filosofía, sociología, prospectiva) y profusamente anotadas; la introducción contiene 232 notas, desde la página 65 a la 102, y el texto de las cartas 216, de la página 171 a 244. Por el gran interés de las mismas y por sentido práctico de no tener que volver al final, a mi gusto habrían ido mejor a pie de página.

Una contundente introducción nos presenta en primer lugar la figura del papa y doctor "magno", "siervo de los siervos de Dios, como pastor romano al servicio de la Iglesia universal y en particular de los anglos. A continuación se nos relata la misión en sus dos expediciones. La tercera parte se refiere a la fe de la Iglesia y la evangelización de los pueblos en tres epígrafes: La Iglesia y las culturas; la Iglesia y la inculturación; los perfiles de la misión gregoriana. Las notas nos ayudan a comprender el contexto teológico-eclesial y socio-cultural de san Gregorio, así como su obra evangelizadora en cuestión con el fin de dar con las claves para nuestro tiempo. Como subraya el autor la Iglesia custodia un tesoro de heroísmo que "le demuestran que es posible preservar su identidad en épocas de cambio siendo promotora del encuentro entre culturas y que le hacen repensar su quehacer evangelizador dese la puesta en valor y práctica de una saludable y necesaria diversidad dialogante de pueblos y culturas vivida a varios niveles y al interior de una sola fe" (p.19).

Me sorprende el paralelismo con el actual papa, también llegado del "fin del mundo", en tiempos de Gregorio uno de los extremos del limes romano era Inglaterra; es también el primer papa monje o religioso como Francisco; no destaca tanto por un tratado teológico sino por su servicio pastoral, su regla, el quehacer de la Iglesia (p.64) y el gozo de evangelizar (p.39).

Esta misión de los monjes en las Galias se nos narra en dos expediciones; la primera cuenta con once cartas, la segunda dieciséis. En ellas nos informa del proceso, viaje y evangelización, con el objetivo de aclarare algunos aspectos o para publicitarlas e involucrar a las autoridades civiles y eclesiásticas en ellas.

El profesor Giancarlo Bellina es investigador de la UCSS, Magister en Teología y Ciencias Patrísticas por el Instituto Patrístico Augustinianum de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma-ITALIA, y miembro de la Asociación Internacional de Estudios Patrísticos y corresponsal de dicha asociación para el Perú.

Felicito a la UCSS por promover estudios tan serios y tan fundamentales para afianzar el ser, la identidad y el mismo sentido de la Universidad y del ser humano a través de la lectura directa de las obras de los Santos Padres, personajes decisivos en el pensamiento y la trayectoria vital de la humanidad.

Como subsidio para conocer mejor a San Gregorio y su obra, les comparto una antología del magisterio de la Iglesia, en el Papa Juan Pablo II y Benedicto XVI. Por último, considero un texto del P. Acosta y un estudio actual acerca de la cuestión fundamental de la doctrina gregoriana, "La Epistola ad Mellitum, conversión por asimilación" de Leonardo Carrera Airola.

Parto del texto de otro papa magno de nuestro tiempo JUAN PABLO II quien le dedica la  CARTA APÓSTOLICA «PLURIMUM SIGNIFICANS» EN EL XVI CENTENARIO DE LA ELEVACIÓN DE SAN GREGORIO MAGNO AL PONTIFICADO, 1990.

El ya cercano décimo cuarto centenario de la elección de san Gregorio Magno como Obispo de Roma es una circunstancia significativa y digna de ser recordada a todos los fieles de la Iglesia…Su título de honor, que ha transmitido su grandeza a la historia; su intenso sentido pastoral, que en él siempre prevaleció, como criterio primario de referencia y como deber irrenunciable, sobre las ocupaciones y las atribuciones civiles que tuvo que desempeñar; el envío de Agustín y de sus monjes a los Anglos para llevar a cabo una valiente y fecunda misión evangelizadora: son algunos de los aspectos más destacados de su personalidad singular que merecen una especial mención, pues resultan ejemplares aún hoy a pesar de los muchos siglos que han transcurrido desde su tiempo…

Servus servorum Dei: es sabido que este título, escogido por él desde que era diácono y usado en muchas de sus cartas, se convirtió a continuación en un título tradicional y casi una definición de la persona del Obispo de Roma. Y también es cierto que por sincera humildad él lo hizo lema de su ministerio y que, precisamente por razón de su función universal en la Iglesia de Cristo, siempre se consideró y se mostró como el máximo y primer siervo, siervo de los siervos de Dios, siervo de todos a ejemplo de Cristo mismo, quien había afirmado explícitamente que "no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20, 28). Profundísima fue, por tanto, la conciencia de la dignidad del Papado, que aceptó con gran temor tras haber intentado en vano evitarla permaneciendo escondido; pero, al mismo tiempo, fue clarísima la conciencia de su deber de servir, pues estaba convencido de que toda autoridad, sobre todo en la Iglesia, es esencialmente un servicio; convicción que trató de infundir a los demás.

Esa concepción de su propia función pontificia y, por analogía, de todo ministerio pastoral se resume en la palabra responsabilidad: quien desempeña algún ministerio eclesiástico debe responder de lo que hace no sólo ante los hombres, no sólo ante las almas que le fueron confiadas, sino también y en primer lugar ante Dios y ante su Hijo, en cuyo nombre actúa cada vez que distribuye los tesoros sobrenaturales de la gracia, anuncia las verdades del Evangelio y realiza actividades directivas o de gobierno.

Encontramos una confirmación de esta misma concepción, que es conciencia vigilante de responsabilidad personal, no sólo en el trabajo realizado durante los años de su pontificado, sino también en sus escritos, especialmente en aquel que fue durante siglos y sigue siendo aún hoy un texto incomparable para los pastores de almas, muy recomendado por muchos sínodos y concilios. Algunas afirmaciones de la Regla pastoral de san Gregorio nos resultan familiares, como su definición de la dirección de las almas como "la más elevada de las artes"; y no se han de olvidar las severas palabras de amonestación que la preceden y la siguen…

La misión a la "gens Anglorum" querida con feliz intuición pastoral por Gregorio y realizada por el monje Agustín, me brinda la ocasión de hacer una consideración de carácter ecuménico, que deseo proponer no sólo a los fieles de la Iglesia católica, sino también a los hermanos y a las hermanas de la Comunión anglicana…

Pero hay tres circunstancias que hacen aún más actual el mensaje de este gran Pontífice. Como su ciudadanía romana y su pertenencia a una de las familias más antiguas e ilustres lo hicieron especialmente sensible a las necesidades de la Urbe, así su vocación cristiana y su misión pontificia lo llevaron a obrar incansablemente por el bien de la Iglesia universal. Esa múltiple solicitud constituye una clara indicación con vistas a tres acontecimientos eclesiales próximos, que ya he anunciado: el Sínodo de la diócesis de Roma, ya en fase bastante avanzada; la celebración, aún más cercana del Sínodo de los obispos, en una sesión dedicada a la formación de los sacerdotes en el mundo de hoy; y la especial Asamblea sinodal de los obispos de Europa…

Con vistas a esta triple cita invoco la especial protección de san Gregorio Magno para que, juntamente con el ejército de los santos pastores de la Iglesia de Roma, me ayude a mí mismo, y junto conmigo a todos los que en las demás Iglesias diseminadas por el mundo comparten la responsabilidad del trabajo pastoral, a descubrir las nuevas exigencias y los nuevos problemas, a aprovechar las ocasiones que se presenten para responder a esos problemas, a preparar medios y métodos que encaminen a la Iglesia hacia el tercer milenio cristiano, manteniendo intacto el eterno mensaje de la salvación y ofreciéndolo, como incomparable patrimonio de verdad y de gracia, a las futuras generaciones.

Vaticano, 29 de junio —solemnidad de los santos Pedro y Pablo— del año 1990, duodécimo de mi pontificado.

Les comparto una selección de textos de los magistrales comentarios dedicados por el Papa BENEDICTO XVI en sus catequesis sobre los santos padres y doctores de la Iglesia. A San Gregorio le dedicó dos mensajes de su AUDIENCIA GENERAL, el primero, a su vida, miércoles 28 de mayo de 2008.

"Uno de los Padres más grandes de la historia de la Iglesia, uno de los cuatro doctores de Occidente, el Papa san Gregorio, que fue Obispo de Roma entre los años 590 y 604, y que mereció de parte de la tradición el título Magnus, Grande... Desde el principio puso de manifiesto una visión singularmente lúcida de la realidad que debía afrontar, una extraordinaria capacidad de trabajo para resolver los asuntos tanto eclesiales como civiles, un constante equilibrio en las decisiones, incluso valientes, que su misión le imponía. De su gobierno se conserva una amplia documentación gracias al Registro de sus cartas (aproximadamente 800), en las que se refleja cómo afrontaba diariamente los complejos interrogantes que llegaban a su despacho. Eran cuestiones que procedían de los obispos, de los abades, de los clérigos, y también de las autoridades civiles de todo orden y grado.

…Se preocupó de la conversión de los pueblos jóvenes y de la nueva organización civil de Europa: los visigodos de España, los francos, los sajones, los inmigrantes en Bretaña y los longobardos fueron los destinatarios privilegiados de su misión evangelizadora. Ayer celebramos la memoria litúrgica de san Agustín de Canterbury, jefe de un grupo de monjes a los que san Gregorio encargó dirigirse a Bretaña para evangelizar Inglaterra.

Para obtener una paz efectiva en Roma y en Italia, el Papa se comprometió a fondo —era un verdadero pacificador—, emprendiendo una estrecha negociación con el rey longobardo Agilulfo. Esa negociación llevó a un período de tregua que duró cerca de tres años (598-601), tras los cuales, en el año 603, fue posible estipular un armisticio más estable. Este resultado positivo se logró, ente otras causas, gracias a los contactos paralelos que, entretanto, el Papa mantenía con la reina Teodolinda, que era una princesa bávara y, a diferencia de los jefes de los otros pueblos germanos, era católica, profundamente católica. Se conserva una serie de cartas del Papa san Gregorio a esta reina, en las que manifiesta su estima y su amistad hacia ella. Teodolinda consiguió, poco a poco, orientar al rey hacia el catolicismo, preparando así el camino a la paz…

Junto a la acción meramente espiritual y pastoral, el Papa san Gregorio fue protagonista activo también de una múltiple actividad social. Con las rentas del conspicuo patrimonio que la Sede romana poseía en Italia, especialmente en Sicilia, compró y distribuyó trigo, socorrió a quienes se encontraban en situación de necesidad, ayudó a sacerdotes, monjes y monjas que vivían en la indigencia, pagó rescates de ciudadanos que habían caído prisioneros de los longobardos, compró armisticios y treguas. Además desarrolló, tanto en Roma como en otras partes de Italia, una atenta labor de reforma administrativa, dando instrucciones precisas para que los bienes de la Iglesia, útiles para su subsistencia y su obra evangelizadora en el mundo, se gestionaran con total rectitud y según las reglas de la justicia y de la misericordia. Exigía que los colonos fueran protegidos de los abusos de los concesionarios de las tierras de propiedad de la Iglesia y, en caso de fraude, que se les indemnizara con prontitud, para que el rostro de la Esposa de Cristo no se contaminara con beneficios injustos.

San Gregorio llevó a cabo esta intensa actividad a pesar de sus problemas de salud, que lo obligaban con frecuencia a guardar cama durante largos días...Este hombre de Dios nos muestra dónde están las verdaderas fuentes de la paz y de dónde viene la verdadera esperanza; así se convierte en guía también para nosotros hoy.

El segundo, miércoles 4 de junio de 2008, a su doctrina.

"Tal vez el texto más orgánico de san Gregorio Magno es la Regla pastoral, escrita en los primeros años de su pontificado. En ella san Gregorio se propone presentar la figura del obispo ideal, maestro y guía de su grey…La Regla tuvo tanto éxito que pronto se tradujo al griego y al anglosajón, algo más bien raro. También es significativa otra obra, los Diálogos, en la que al amigo y diácono Pedro, convencido de que las costumbres estaban tan corrompidas que no permitían que surgieran santos como en los tiempos pasados, san Gregorio demuestra lo contrario:  la santidad siempre es posible, incluso en tiempos difíciles. Lo prueba narrando la vida de personas contemporáneas o fallecidas recientemente, a las que con razón se podría definir santas, aunque no estuvieran canonizadas…

En su corazón, san Gregorio fue siempre un monje sencillo; por ello, era firmemente contrario a los grandes títulos. Él quería ser —es expresión suya— servus servorum Dei.

No me detendré en declarar la sentencia de Plutarco sobre la gobernación de la república, que dice ser conveniente volverse a conocer las costumbres de los ciudadanos, y explorar y tratar su ingenio y condición584. Porque empeñarse en cambiar luego al punto las costumbres y manera de ser del pueblo y querer acomodarlas de repente a nuevas leyes, no solamente no es fácil, mas ni seguro, porque es cosa que requiere mucho tiempo y prolongado esfuerzo. Pone Plutarco una buena comparación con el vino, que al principio rige las copas el arbitrio del bebedor, pero después, calentando insensiblemente al hombre, lo muda y trae a sí. Por lo cual muchas cosas hay que disimularlas, otras alabarlas; y las que están más arraigadas y hacen más daño, con maña y destreza hay que sustituirlas, por otras buenas semejantes. De lo cual tenemos la autoridad ilustre de Gregorio Papa, el cual, preguntado por Agustín, obispo de los ingleses, sobre causas semejante, escribe a Melito: «Di a Agustín que he pensado mucho, dentro de mí del caso de los ingleses; y pienso que no conviene de ninguna manera destruir los templos que tienen de sus ídolos, sino sólo los mismos ídolos, para que, viendo esas gentes que se respetan su templos, depongan de su corazón el error, y conociendo al Dios verdadero y adorándolo, concurran a los lugares que les son familiares; y porque suelen matar muchos bueyes en sus sacrificios a los demonios, ha de trocárseles la costumbre en alguna solemnidad como la dedicación del templo, o del nacimiento de los mártires, y que levanten sus tiendas de ramos de árboles junto a las iglesias que antes eran templos gentílicos y celebren la fiesta con banquetes religiosos; y no inmolen más animales al demonio, sino a la honra de Dios los maten para comerlos, y hartos den gracias a Dios, dador de todo bien, a fin de que, dejándoles algunos goces exteriores, aprendan a gozar más fácilmente de los gustos interiores. Porque querer cortar de ingenios duros todos los resabios a la vez es imposible; y también los que quieren subir a lo alto, suben poco a poco, por pasos y no por saltos.» Y trae en confirmación el ejemplo del pueblo de Israel, acostumbrado a los sacrificios de los egipcios, a quien Dios, queriéndolo apartar del culto de los ídolos, mandó que le ofreciesen a él sacrificios de animales585.585Gregor. Registr. Epist. L. 11, epist. 76 ad Mellitum. ML. 77, 1215, 1216.

 

El P. José de Acosta en su obra misional "De procuranda indorum salute" nos rescata el célebre texto de San Gregorio de mantener lo material original de las culturas y arrancar del corazón las idolatrías.

Les comparto un buen artículo acerca de "La Epistola ad Mellitum de Gregorio Magnoconversión por asimilación"Leonardo Carrera Airola en Historias del Orbis TerrarumISSN-e 0718-7246, Nº. Extra 4, 2012 (Ejemplar dedicado a: Anejos de Estudios Clásicos, Medievales y Renacentistas.), págs. 43-52 Texto completo (pdf)

 En lo que concierne a la labor propiamente eclesiástica de San Gregorio Magno (c. 540-604) no se puede pasar por alto su promoción en la expansión del cristianismo y, en particular, de la evangelización de Inglaterra: allí envió en la primavera del año 596 una misión encabezada por Agustín de Canterbury (c. 534- 605), prior del monasterio romano de San Andrés –fundado por el propio Gregorio y regido por la Regla de San Benito– junto a la compañía de otros treinta y nueve monjes, todos del mismo monasterio. Al año siguiente (597) Agustín bautizó al rey de Kent, Etelberto (560-616), quien además era el "Bretwalda", es decir, el "rey de reyes" anglosajones– y junto a él, a más de diez mil de sus súbditos[1], lo que para Pedro Juan Galán "constituyó sin duda el mayor éxito de la acción pastoral de Gregorio"[2].

En el caso de los anglos, como en el de los godos o los francos, las vinculaciones entre el rey tribal y sus dioses ancestrales se daban por supuestas y la relación del pueblo con las divinidades tenía en él un mediador necesario. La temprana conversión de Etelberto (…) habría arrastrado a la nobleza a él vinculada, seguida de sus clientes y de los campesinos dependientes".

Jorge Luis Borges, al referirse a la evangelización de Inglaterra, se muestra bastante crítico: "cabe suponer que, al principio, convertirse al cristianismo no era otra cosa que cambiar un numen por otro, ni siquiera una imagen por otra imagen, sino agregar un nombre, un sonido"[7]. Por ello, no resulta extraño que, frente a esta cristianización superficial, el proceso de conversión de anglos, sajones y jutos se prolongase a lo largo de todo el siglo VII, tiempo durante el cual las apostasías y reconversiones fueron la norma[8]. Este es el contexto que debió atender nuestro pontífice, para quien fue imperioso adoptar un programa de misión que combatiese esta situación. Así es como surgió su Epistola ad Mellitum (601). Melito o Melitón (m. 624) era por entonces obispo de Londres, siendo responsable de dar a conocer esta información a Agustín de Canterbury, el efectivo y último destinatario. En esta carta, Gregorio plantea de manera sencilla y breve técnicas de conversión, haciendo hincapié en la cautela y la moderación[9]. Incluso, se muestra dispuesto a asimilar usos y prácticas paganas, todo con el propósito de inducir a la población anglo-sajona a la fe cristiana.  "Cuando Dios Todopoderoso os lleve hasta nuestro venerado hermano Agustín, obispo, decidle lo que por largo tiempo he estado meditando a causa de los ingleses: esto es, a saber, que los templos de los ídolos de aquellas gentes no deben ser destruidos; sólo los ídolos que en ellas se encuentran; que con agua bendita se rocíen y bendigan los mismos templos, que sean construidos los altares y depositadas las reliquias: porque si los mencionados templos están bien construidos, es necesario que ellos vean cambiado su antiguo culto a los demonios por el culto al verdadero Dios; que mientras el pueblo no vea sus templos destruidos, más fácilmente podrán abandonar el error de su alma y ser movidos con mayor prontitud, al frecuentar sus lugares acostumbrados, al conocimiento y adoración del verdadero Dios. Y, puesto que están habituados a matar muchos bueyes en sacrificio a los demonios, se les puede conceder el celebrar alguna festividad de este género pero bajo otra forma, y de este modo en los días de "dedicación" o natalicio de los Santos Mártires, de quienes poseen las reliquias, hagan "ramadas" alrededor de los templos transformados ahora en iglesias, y que tengan solemnes ceremonias en conjunto, después de cada festividad religiosa; y que no sacrifiquen más animales al demonio, sino que lo hagan a la gloria de Dios, y dar gracias al "Dador" de todas las cosas, por su abundancia: ya que mientras algunos beneficios externos les son conservados, más rápidamente podrán ser llevados a aceptar los beneficios interiores (gracia). Porque es sin duda imposible arrancar a la vez, de almas tan rudas, todos los malos usos; viendo también que aquel que se esfuerza por escalar una cumbre, lo hace paso a paso y no a saltos[11].Así fue como el Señor se reveló al pueblo israelita en Egipto, destinando a su culto los sacrificios que antes ofrecían al diablo y ordenando que le sacrificasen animales, de modo que, cambiando la intención, en parte abandonasen los sacrificios y en parte los retuviesen; pues si bien eran los mismos los animales que acostumbraban a ofrecer, ya no eran los mismos sacrificios, puesto que ahora los ofrecían al Dios verdadero y no a los ídolos[12]."

 San Gregorio Magno propone que para reorientar la piedad natural de los anglo-sajones y, en consecuencia, optimizar su proceso de conversión, se necesita, en lo sustancial, de dos acciones bien definidas basadas en el principio de la asimilación: reutilizar su espacio sagrado transformando los templos en iglesias cristianas –instruyendo que sólo sean destruidos los ídolos que allí se encuentren, que se construyan altares, se depositen reliquias, y que se rocíen los templos con agua bendita– y resignificar una de sus principales costumbres, como lo era la práctica de los sacrificios. Pero este plan de acción pudo haber resultado muy controversial debido a que el sincretismo religioso, por más que responda a un pragmatismo necesario[13], también plantea el peligro de caer en una idolatría al perpetuar, de alguna manera, la superstición pagana. De acuerdo con esto, creemos que su planteamiento resulta muy particular, tanto por el sentido que le dio a la ocupación de los templos paganos como por el arrojo que demostró al decidir conservar los sacrificios, con su evidente cambio de signo [14]. 

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lunes, 4 de noviembre de 2019

CRISTO VIVE Y AQUÍ 3 JÓVENES LODEMUESTRAN

CRISTO VIVE Y AQUÍ 3 JÓVENES LO DEMUESTRAN

Se cumplían 46 años de mis primeros Ejercicios. El mejor regalo, poder dirigir otra tanda más, aquí en el Perú, estos mismos días. Fueron miles los llamados, por tierra (volantes), mar (internet), aire (viva voz) y tres los escogidos. Sólo perdí la paz –un poco- cuando uno me contestó: "voy a ver si no tengo mejor plan" …(¡mejor que estar con Dios?). La creatividad de las excusas y las disculpas me da casi para un libro.

A los ejercitantes les regalé la carta del Papa "Cristo vive" deseándoles que en estos días la leyesen e hiciesen suya: "Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: ¡Él vive y te quiere vivo!

Sólo quiero compartirles la foto y dar las gracias al Señor por este inmerecido don de la que salgo contentísimo. En el último tramo de los Ejercicios se nos unió Éder, como coordinador de los jóvenes, y les compartió una preciosa charla testimonial sobre "Las miradas de Jesús".

De esta experiencia única, les resumo los testimonios de mis "tres valientes": JC, 16 años, 5º de secundaria: Siento que estoy el camino de la conversión; me ha encantado la frase de Lope de Vega: "loco debo ser pues no soy santo" y yo quiero serlo, entregándome a Dios, viviendo el gozo de la religión, de darme a los demás. KR, 20 años, de la UNMSM, 6º ciclo, se prepara para la confirmación: "me ha impactado el silencio; lo sentí como el comienzo de algo nuevo, difícil, pero que merecía la pena y que había que vivirlo para siempre; siento que estoy preparándome para un nuevo Pentecostés con mi próxima confirmación; la confesión ha sido de una alegría plena y la mejor preparación. DG, 32, profesor de secundaria, próximo a casarse: "la práctica del Vía Crucis me ha llevado a concretar mi compromiso en detalles personales; la confesión me ha renovado el deseo de ser santo; siento que la vida es un combate, que debo ser humilde pues Cristo es el que nos lleva siempre hacia la meta.

Al quedarme a solas con Jesús, frente al Sagrario, sentí como propias las palabras de Francisco en "Gaudete et exultate:" «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada". 

Le pido a Nuestra Madre que sean muchos los que se beneficien con este tesoro de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. ¿Quieren de veras mejorar la sociedad española y peruana? Yo tengo la solución, para España, Perú, Chile, Venezuela…La misma del Papa León XIII: Que el mundo contemporáneo viva el Principio y Fundamento de los Ejercicios, que no es otra cosa que vivir para "alabar al Señor!, ¡laudato si, oh mi Señor! Lo demás vendrá por añadidura. Ya estoy harto de charlas, palabras, reuniones, silencio, santidad, Jesús. 

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martes, 29 de octubre de 2019

“Esta niña es un milagro, póngale Milagros” -dijo el Doctor.

"Esta niña es un milagro, póngale Milagros"

El Señor nos sorprende a cada instante, en el aula y fuera de ella. En este día en que el Señor de los Milagros peregrina por las calles de Lima y nos bendice con su presencia, agradezco a mi alumna por compartir este entrañable testimonio que nos recuerda que en octubre y a diario sigue habiendo milagros.

Hace casi 20 a mis padres se casaron por civil e hicieron los respectivos análisis y datos que pide la municipalidad. Entre esos análisis está un examen de sangre. El tipo de sangre de mi papá es O+ y el de mi mamá es A- o sea, no son compatibles sanguíneamente para tener hijos, pero ellos no sabían eso porque la municipalidad no llegó a hacer el aviso correspondiente. Tiempo después mi mamá quedó embarazada y tuvo una pérdida.

El doctor, al querer saber el motivo de la pérdida los mandó a hacerse análisis de sangre, pero justo cuando lo hicieron, el enfermero tenía muchas muestras en la mano y eso hizo que confundiese los tubos. Al salir los resultados parecía que mi mama tenía el mismo tipo de sangre que mi papá, lo cual haba sido un error, el doctor no podía explicar la razón de la pérdida ni por qué en sus exámenes y en su historial médico tenía dos resultados diferentes de análisis de sangre hasta que mi mama volvió a quedar embarazada y le volvieron a hacer exámenes de sangre donde, esta vez, salió correctamente qué tipo de sangre era. Los doctores, al darse cuenta de eso, tuvieron que hacerle muchos de que sus glóbulos blancos no me atacaban, porque eso era lo que pasaba cuando los padres no tienen sangre compatible. Todo este proceso hizo que mi mamá pasase muy nerviosa y asustada su etapa de embarazo porque en distintos análisis le decían que yo nacería con diferentes enfermedades, taras o enanismo.

A los 6 meses de embarazo mi mama empezó a tener sangrados, así que fueron rápidamente al hospital a ver qué estaba pasando. El doctor le dijo a mi mamá que mis latidos estaban muy débiles y que si no me sacaban en ese momento no habría posibilidad de sobrevivir. El procedimiento tuvo que ser de emergencia y le hicieron firmar una autorización de alto riesgo y sin anestesia en la cesárea por la emergencia del caso. Todo fue tan rápido que cuando terminaron la cesárea y me llevaron a cuidados intensivos el doctor estaba tan sorprendida de que estuviese viva que le dijo a mi mamá que no se había podido percatar del sexo del bebé.

Mis expectativas de vida eran muy bajas y, al mismo tiempo, una sorpresa para el doctor. Esto hizo que después de verificar que no había nacido con ninguna de las enfermedades que los doctores habían pensado, nací con un soplo en el corazón (el cual se cerró por sí solo al cumplir un año) y un problema en él por la posición en la que había estado (a los meses lo corrigieron con una férula). Hasta me hicieron pruebas de genética porque no podían creer que no tenía nada grave. Viendo esto el doctor solo atinó a decir: "Esta niña es un milagro, póngale Milagros" por esa razón me pusieron de segundo nombre Milagros".

Estuve 11 días en cuidados intensivos en una incubadora con aire a flujo libre y me ponían varias agujas en las manos y pies (aún tengo las cicatrices en la manos). A mis padres se les partía el corazón verme así. Un día, una enfermera al ver a mi papá muy preocupado por mí se le acercó y le dijo:" No se preocupe, si su hija está viva no es por todo lo que tiene conectado, es porque ella quiere vivir."

A los días me llevaron a casa y aunque era muy pequeña por ser prematura (cabía en la mano de mi papa) ya había demostrado que me estaba recuperando rápido.

18 años después, sigo siendo para mis padres una guerrera y su mayor bendición.

                                                                                                             - Daniela Milagros Jolly Villanueva

Curso Historia de la Cultura II

Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima

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jueves, 24 de octubre de 2019

PEPITA NIETO PASCUAL, CARICIA DE DIOS en la vida parroquial y familiar (+ Toledo, 12.09.2019)

Amigos: Les comparto la entrañable homilía de don Carlos M. García Nieto, en el funeral de su santa madre. La mejor manera de agradecer la deferencia de enviarme el texto es hacerlo llegar al mayor número posible de personas. El Señor sigue estando grande con nosotros, de modo especial en nuestras madres. En la foto, don Carlos Miguel y sus padres. JAB


 FUNERAL EN SUFRAGIO POR EL ALMA DE

MARÍA JOSEFA NIETO PASCUAL –PEPITA

PARROQUIA DE SAN JULIÁN TOLEDO, 12 DE SEPTIEMBRE DE 2019 (DULCE NOMBRE DE MARÍA)

   

Muy queridos sacerdotes concelebrantes, mi querida familia, queridos hermanos todos en el Señor Jesús. Hoy nos hemos congregado en este templo no sólo para recordar a Pepita, sino sobre todo para orar por ella: hace once días que partió a la Casa del Padre tras casi catorce años de dura enfermedad y contratiempos, los cuales supo sobrellevar procurando conformar su vida a la voluntad de Dios.

Cuando tuvimos que elegir un día para celebrar esta Misa funeral "de los nueve días", consultamos la agenda de la Parroquia para ver qué momento sería el más idóneo. El único hueco que había sin intención era precisamente esta tarde. Me quedé gozosamente sorprendido al darme cuenta de la memoria litúrgica que tal día como hoy se celebra: Dulce Nombre de María. Entendí que era un regalo más del Cielo, que no ha dejado de cuidarnos un solo instante durante estos días. Por eso he deseado que celebremos, más que de morado por funeral, de blanco por la memoria del Dulce Nombre, y aprovechar para dar gracias al Señor por la obra que ha realizado en esta buena hija de María que ha sido Pepita.

Desde niña y adolescente perteneció a esos grupos que había en las parroquias de entonces, llamados "hijas de María", y donde aquellas jovencitas consagraban sus corazones limpios a nuestra Señora. Mi madre quiso que cuando le llegara la hora de dejar este mundo, la vistiéramos con un alba, una túnica blanca. Nunca le pregunté por qué, pero intuí que bien podía ser éste el motivo: su devoción a la Virgen María, el hábito blanco con un cordón azul inmaculado que en determinadas ocasiones vestían aquellas jóvenes. Por eso también ceñimos su cintura con un cíngulo azul de la Inmaculada. En sus manos pusimos un rosario que, ya hace muchos años, me regaló en una audiencia privada el papa magno y santo, Juan Pablo II.

En las lecturas que acaban de ser proclamadas he visto reflejada buena parte de la personalidad cristiana de mi madre, lo que ella trató de vivir y lo que, cuantos tuvimos la suerte de estar junto a ella, admiramos. La divina Liturgia nos ha regalado un pasaje de la Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3, 12), que comienza de esta manera: «Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de la compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia». Son éstas las virtudes "silenciosas" que caracterizaron a Pepita y que en este tiempo habéis destacado según os acercabais a nosotros o nos llamabais para darnos el pésame. En su silencio y en la sordo-ceguera a la que había llegado como consecuencia de aquellas hemorragias cerebrales que padeció, atraía a todos por su dulzura, su cariño, su piedad sencilla, profunda y amable.

Una joven madre de familia me decía que, cuando venía a misa a la parroquia, le gustaba ponerse detrás de Pepita, precisamente por la piedad que irradiaba al recogerse en oración. Todos habéis destacado la bondad que igualmente transmitía. Una persona cercana me dijo: «Su madre, don Carlos, ha sido la suave caricia que Dios ha hecho a nuestra parroquia». Considero que es una buena descripción de lo mucho que nos ha dado desde su no poder hacer otra cosa que dejarse atender; en su debilidad ha triunfado la fuerza de Dios. Recuerdo que cuando hace diez años publiqué mi tesis doctoral, hice una doble dedicatoria: a mi hermano mayor, que hacía poco había fallecido, y a mi madre. Las palabras que a ella dediqué fueron las siguientes: «A mi madre: con su vida me ha enseñado la sencillez, la ternura y la delicadeza de Dios». Creo que eso fue Pepita: una expresión veraz de la sencillez, ternura y delicadeza de Dios. Lo que se percibía en ella fuera de casa era idéntico a cuanto ocurría en la intimidad del hogar: para nosotros ha sido una experiencia de Cielo haberla tenido como madre, haberla cuidado durante estos años y aprovecharnos de tanto amor, tantas lecciones como ella nos ha dado con su vida ofrecida a la voluntad de Dios.

No fue una vida fácil la suya. Detrás de esa mujer dulce y bondadosa –en los últimos tiempos tan desvalida–, había una historia de sufrimiento, renuncias, valor y mucha confianza en Dios. Ya desde joven fue una mujer muy probada. Quienes la conocieron en su juventud coinciden en decir que fue una mujer muy bella, bendecida con una inteligencia clarividente, un gran sentido práctico y otras muchas cualidades. Un diamante que el Señor, por medio de tantas contrariedades en la vida, tallaría hasta convertirlo en una joya preciosa.

No puedo relatar muchos detalles que alargarían en demasía mis palabras. Pero me voy a fijar en un momento en que España atravesó por una grave crisis económica. Me refiero a la producida por el petróleo y la reconversión industrial en la década de los 70 y los 80. Grandes empresas cerraron –recordamos altos hornos, astilleros, etc.–. Se produjo lo que los economistas denominan como un efecto dominó: detrás de las grandes compañías cayeron otras más pequeñas. La crisis llegó también a mi familia: la empresa donde mi padre era el responsable de contabilidad cerró. Tras muchos años de trabajo y estabilidad económica, de repente todo se quedaba sumido en la incertidumbre más inquietante. La música –mi padre era director de orquesta, profesor y compositor– no daba para alimentar una familia numerosa, con los dos hijos mayores ya en la Universidad. Mi madre no dudó en coger la aguja y, con miles de puntadas y muchas noches en vela, colaborar en sacar aquella familia adelante. No fue una modista cualquiera: se granjeó un gran reconocimiento, que le llevó a coser para una de las tiendas de alta costura en el Madrid de entonces, en la calle Arenal, junto a la Puerta del Sol. Durante aquellos últimos días en que ella agonizaba, yo no podía por menos de contemplar sus manos, acariciarlas con devoción y derramar lágrimas de gratitud por lo mucho que debíamos al sacrificio de esta mujer.

Aquella madre sacrificada portaba una sencilla y profunda espiritualidad. No faltaba su misa diaria, ni su rosario ni, incluso, el rezo del breviario mientras conservó la vista. Esto lo he contado alguna otra vez: había ocasiones en las que mi padre tenía alguna actuación lejos de nuestro hogar, a muchos kilómetros de distancia. Podía llegar a casa a las cuatro o las cinco de la madrugada. Allí estaba su esposa cosiendo, bordando o terminando cualquier otra tarea. No se iban a descansar hasta que no rezaban su rosario –y eso que mi padre debía estar en el trabajo a las 8 de la mañana y a la misma hora mi madre nos preparaba el desayuno y el bocadillo para el colegio–. Creo que en su vida matrimonial no faltó el rezo del rosario un solo día. Que mi padre falleciera un 13 de mayo, nuestra Señora de Fátima, lo consideramos como una predilección de santa María hacia un hijo fiel.

De ahí se comprende el sufrimiento que llevó clavado en el corazón, como una espina punzante, por el enfriamiento en la fe de algunos de sus hijos. Como otra santa Mónica, rezó hasta la extenuación, derramó muchas lágrimas; y, no contenta con ello, ofreció su vida al Señor con tal de que sus hijos regresaran a la fe de la Iglesia. Una noche, después de aquel primer accidente cerebral –ya en casa tras nueve meses de hospitalización–, mientras le ayudaba a acostar me dijo: «Digo yo, Carlos, que el Señor me ha hecho caso». Dado que se había quedado sorda debido a la potente medicación que le administraron para salvar su vida, le hice un gesto preguntándole en qué le había hecho caso el Señor: «Sí –me respondió–, porque una vez le dije que no me importaba que me diera una enfermedad grave y dolorosa con tal de que mis hijos volvieran al buen camino. Él me ha dado esa enfermedad y creo que ellos están volviendo». Ya para entonces mi hermano Goyo había fallecido, mientras Pepita estaba en coma en la U.C.I.; y mi hermano murió tras haber recibido los sacramentos: es decir, en el seno de la Iglesia. Sin ella saberlo aún –se enteraría pasado un año del fallecimiento de Goyo–, ya había ganado un hijo para el Cielo con la ofrenda de su vida.

En el recordatorio que hemos confeccionado para hacer memoria de estos momentos, hemos querido reflejar su vivencia cristiana. «Al fin muero hija de la Iglesia», fueron las palabras que santa Teresa pronunció en su lecho de muerte y que hemos reproducido. Al fin Pepita también rendía su alma al Señor en el seno de la Iglesia. Ésta fue su pasión silenciosa, aquello que trató de imprimir en nosotros sus hijos, la causa de una ofrenda de vida que Dios acogió y que, finalmente, le ha llevado, durante duros y largos años de enfermedad, hasta este final de consuelo y, seguro, de gloria.

¿Cómo podíamos considerar, mi hermana y yo, el cuidado de nuestra madre como una carga pesada? Puedo deciros que para mí, como hijo y como sacerdote, ha sido el mayor honor y privilegio de mi vida: servirla de día y de noche, ser ese báculo donde ella encontrara seguridad en el mayor de los desvalimientos, cuando a la ausencia del oído llegó la pérdida de la vista, añadiendo a esta cruz distintas operaciones y recaídas. Como sacerdote, tenía la gozosa responsabilidad de sostener a mi madre en esta ofrenda de su vida por la vuelta de sus hijos a la fe y a la Iglesia. Y le pedía al Señor que me capacitara para que no faltase a mi madre ningún medio en su preparación para el Cielo.

Ya conocen las circunstancias en que Pepita entregó su alma al Señor, mientras yo estaba celebrando la Eucaristía, en el momento del ofertorio. Me comunicaron que mi madre se estaba yendo justo en el instante en que iba a ofrecer el pan y el vino. Aproveché, pues, para –en mi patena– elevar su alma al Cielo y entregarla al Señor. En ese momento, ella, que había tenido los ojos cerrados durante una larga agonía de tres días, los abrió; volviéndolos a cerrar, exhaló tres veces, como una suave y silenciosa ofrenda al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Y así quedó dormida... Una vez concluida la misa, cuando por fin entré en la habitación, me encontré con ese cuerpo que, tras la ofrenda de su vida, reposaba ya tranquilo, en paz. Lo había dado todo, se vació del todo, lo entregó todo. Después de abrazarme a él, no pude por menos de decir: «Todo está cumplido. Amén». Ojalá, queridos hermanos, que llegando al final de nuestras vidas, pueda decirse de nosotros: «Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Todo está cumplido. Amén».

  

Carlos M. GARCÍA NIETO

Sacerdote

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