domingo, 28 de noviembre de 2021

I ASAMBLEA ECLESIAL LATINOAMERICANA. 12 DESAFÍOS PASTORALES. MENSAJE FINAL COMPLETO

I ASAMBLEA ECLESIAL LATINOAMERICANA.

12 DESAFÍOS PASTORALES.

MENSAJE FINAL COMPLETO

Un nuevo Pentecostés de la Iglesia de América, justo en el inicio del Adviento del nuevo año litúrgico, a punto de concluir el año de San José, en pleno año de la familia y el del Bicentenario del Perú. Un momento estelar para orar, reflexionar y compartir. La sinodalidad no es una operación de márketing, es ahondar en la esencia del propio ser de la Iglesia (cuerpo de Cristo, pueblo de Dios, comunión y misión) en el aquí y ahora, con el calor de Aparecida y el desborde gozoso de una Iglesia en salida que se compromete se compromete desde el corazón maternal de Santa María de Guadalupe.

Les comparto un resumen de "Religión y libertad" y el mensaje completo final

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https://www.religionenlibertad.com/america_latina/59325659/finaliza-asamblea-eclesial-latinoamericana-12-desafios.html?eti=2691#%23STAT_CONTROL_CODE_3_59325659%23%23

Durante 4 días, del 21 al 28 de noviembre, se han reunido en la sede de la Conferencia Episcopal Mexicana delegados de las diócesis de América Latina y del Caribe, algunos online, otros en persona.

Entre los asistentes, 5 cardenales enviados desde el Vaticano por el Papa Francisco: Marc Ouellet (Pontificia Comisión de América Latina y Congregación para los obispos), Mario Grech (organizador del Sínodo de la Sinodalidad), Charles Maung Bo (cardenal de Birmania y presidente de la Conferencia Episcopal de Asia), Jean Claude Hollerich (presidente de los obispos europeos), y Oswald Gracias, cardenal arzobispo de Bombay. Con ellos, otros funcionarios vaticanos como el secretario del Dicasterio de la Comunicación, Lucio Ruiz y varios laicos y teólogos, además de muchos obispos latinoamericanos.

Esta reunión tomó el nombre de I Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

"Nos ha unido el deseo de reavivar el espíritu de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, realizada en Aparecida en 2007, en sintonía con las anteriores Conferencias Generales y teniendo en el horizonte el Jubileo Guadalupano en 2031 y el Jubileo de la Redención en el 2033", declara el documento final del encuentro.

Aparecida en 2007 pedía una "conversión decididamente misionera, para someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de la vida" (Documento de Aparecida, 366).

Para los reunidos en esta asamblea, esa conversión significa hacer sinodalidad. "Con gran gratitud y alegría reafirmamos en esta Asamblea Eclesial que el camino para vivir la conversión pastoral discernida en Aparecida, es el de la sinodalidad. La Iglesia es sinodal en sí misma, la sinodalidad pertenece a su esencia; por tanto, no es una moda pasajera o un lema vacío. Con la sinodalidad estamos aprendiendo a caminar juntos como Iglesia Pueblo de Dios involucrando a todos sin exclusión, en la tarea de comunicar a todos la alegría del Evangelio, como discípulos misioneros en salida", asegura el documento final.

El documento, con fecha de 27 de noviembre, pide a Dios y a la Virgen "que con valentía y creatividad lleguemos a ser una Iglesia en salida, sinodal y misionera que el Señor espera de nosotros, porque todos somos discípulos misioneros en salida".

La Asamblea ha definido 12 desafíos pastorales que deben trabajar las iglesias del Caribe y Latinoamérica:

1. Reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes en la comunidad eclesial y en la sociedad como agentes de transformación.

2. Acompañar a las víctimas de las injusticias sociales y eclesiales con procesos de reconocimiento y reparación.

3. Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, las instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial.

4. Promover y defender la dignidad de la vida y de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural.

5. Incrementar la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo.

6. Promover la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, político, social y eclesial.

7. Escuchar el clamor de los pobres, excluidos y descartados.

8. Reformar los itinerarios formativos de los seminarios incluyendo temáticas como ecología integral, pueblos originarios, inculturación e interculturalidad y pensamiento social de la Iglesia.

9. Renovar, a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II, nuestro concepto y experiencia de Iglesia Pueblo de Dios, en comunión con la riqueza de su ministerialidad, que evite el clericalismo y favorezca la conversión pastoral.

10. Reafirmar y dar prioridad a una ecología integral en nuestras comunidades, a partir de los cuatro sueños de Querida Amazonía.

11. Propiciar el encuentro personal con Jesucristo encarnado en la realidad del continente.

12. Acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, la tierra y las culturas.

La Asamblea anunció que a partir de febrero de 2022 se realizarán Asambleas Eclesiales por países –conectadas con el proceso sinodal que ha iniciado en octubre de este año– y además los obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) celebrarán en mayo una Asamblea extraordinaria de obispos para incorporar a su renovación estos desafíos.

ASAMBLEA ECLESIAL DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

"TODOS SOMOS DISCÍPULOS MISIONEROS EN SALIDA"

MENSAJE AL PUEBLO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

        

Nosotros, miembros de la Asamblea Eclesial, reunidos de modo virtual y presencial, en la sede de la Conferencia Episcopal Mexicana, del 21 al 28 de noviembre de 2021, bajo la mirada amorosa de Santa María de Guadalupe, saludamos al Pueblo de Dios en camino, a los hombres y mujeres de nuestra querida América Latina y el Caribe.

         Nos ha unido el deseo de reavivar el espíritu de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, realizada en Aparecida en 2007, en sintonía con las anteriores Conferencias Generales y teniendo en el horizonte el Jubileo Guadalupano en 2031 y el Jubileo de la Redención en el 2033.

         Confesamos que Jesucristo Resucitado quien nos ha convocado una vez más y, como en Aparecida, nos ha hecho reconocernos discípulos misioneros de su Reino, enviados a comunicar por desborde de alegría el gozo del encuentro con Él, para que todo tengamos en Él vida plena (cf. DAp 14). Desde entonces, Jesús nos acompaña en la tarea emprendida de repensar y relanzar la misión evangelizadora en las nuevas circunstancias latinoamericanas y caribeñas. Tarea que nos ha comprometido en un camino de conversión decididamente misionera, para someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de la vida (cf. DAp 366). Propósito en el que avanzamos y que requiere de mayor responsabilidad pastoral. Sueño profético al que el Señor hoy nos confirma y anima a vivir caminando juntos, guiados por su Espíritu.

         Con gran alegría hemos vivido esta Asamblea como una verdadera experiencia de sinodalidad, en la escucha mutua y en el discernimiento comunitario de lo que el Espíritu quiere decir a su Iglesia. Hemos caminado juntos reconociendo nuestra poliédrica diversidad, pero sobre todo aquello que nos une, y en el diálogo nuestro corazón de discípulos se ha vuelto hacia las realidades que vive el continente, en sus dolores y esperanzas. 

         Constatamos y denunciamos el dolor de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y las injusticias. Nos duele el grito de la destrucción de la casa común y la "cultura del descarte" que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes. Nos duele el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población. Duele el clamor de los que sufren a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obstáculo para la sinodalidad. Nos preocupa también la falta de profetismo y la solidaridad efectiva con los más pobres y vulnerables.

Por otro lado, nos llena de esperanza la presencia de los signos del Reino de Dios, que llevan por caminos nuevos a la escucha y al discernimiento. El camino sinodal es un significativo espacio de encuentro y apertura para la transformación de estructuras eclesiales y sociales que permitan renovar el impulso misionero y la cercanía con los más pobres y excluidos. Vemos con esperanza la Vida Religiosa; mujeres y hombres que viviendo contracorriente dan testimonio de la buena nueva del Evangelio, así como la vivencia de la piedad popular en nuestros pueblos.

         Esta Asamblea es un kairós, un tiempo propicio para la escucha y el discernimiento que nos conecta de forma renovada con las orientaciones pastorales de Aparecida y el magisterio del Papa Francisco, y nos impulsa a abrir nuevos caminos misioneros hacia las periferias geográficas y existenciales y lugares propios de una Iglesia en salida.

         ¿Cuáles son entonces esos desafíos y orientaciones pastorales que Dios nos llama a asumir con mayor urgencia? La voz del Espíritu ha resonado en medio del diálogo y el discernimiento señalándonos varios horizontes que inspiran nuestra esperanza eclesial: la necesidad de trabajar por un renovado encuentro de todos con Jesucristo encarnado en la realidad del continente; de acompañar y promover el protagonismo de los jóvenes; una adecuada atención a las víctimas de los abusos ocurridos en contextos eclesiales y comprometernos a la prevención; la promoción de la participación activa de las mujeres en los ministerios y en los espacios de discernimiento y decisión eclesial. La promoción de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural; la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo; la promoción de la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, política, social y eclesial; la escucha y el acompañamiento del clamor de los pobres, excluidos y descartados. La renovación de los programas de formación en los seminarios para que asuman la ecología integral, el valor de los pueblos originarios, la inculturación e interculturalidad, y el pensamiento social de la Iglesia como temas necesarios, y todo aquello que contribuya a la adecuada formación en la sinodalidad.  Renovar a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II nuestro concepto y experiencia de Pueblo de Dios; reafirmar y dar prioridad a la vivencia de los sueños de Querida Amazonía; y acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, tierra y sus culturas.

         Con gran gratitud y alegría reafirmamos en esta Asamblea Eclesial que el camino para vivir la conversión pastoral discernida en Aparecida, es el de la sinodalidad. La Iglesia es sinodal en sí misma, la sinodalidad pertenece a su esencia; por tanto, no es una moda pasajera o un lema vacío. Con la sinodalidad estamos aprendiendo a caminar juntos como Iglesia Pueblo de Dios involucrando a todos sin exclusión, en la tarea de comunicar a todos la alegría del Evangelio, como discípulos misioneros en salida.

         El desborde de la fuerza creativa del Espíritu nos invita a seguir discerniendo e impulsando los frutos de este acontecimiento eclesial inédito para nuestras Iglesias y comunidades locales que peregrinan en América Latina y el Caribe. Nos comprometemos a seguir por el camino que nos señala el Señor, aprendiendo y creando las mediaciones adecuadas para generar las transformaciones necesarias en las mentalidades, en las relaciones, en las prácticas y en las estructuras eclesiales (cf. DSD 30).

         El itinerario pastoral que tenemos frente a nosotros nos guiará en el proceso de conversión misionera y sinodal.

         Damos gracias al Señor de la Vida y a todas las personas han hecho posible la realización de esta Asamblea y los ponemos bajo la protección de la Virgen de Guadalupe que acompaña con su ternura de madre el caminar de la Iglesia en este continente. Le encomendamos los frutos de este acontecimiento eclesial, y pedimos su intercesión para que con valentía y creatividad lleguemos a ser una Iglesia en salida, sinodal y misionera que el Señor espera de nosotros, porque todos somos discípulos misioneros en salida.

         Dado en la ciudad de México, el 27 de noviembre del Año del Señor 2021

 

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domingo, 7 de noviembre de 2021

¡VAMOS A PUNCHAUCA! LA VISITA DE LOS HISTORIADORES DE 1954

¡VAMOS A PUNCHAUCA! LA VISITA DE LOS HISTORIADORES DE 1954

 

Agradezco al historiador Nicanor Domínguez por compartir el significativo texto del Primer Congreso de Historia del Perú en el lejano 1954 y la entrañable visita a Punchauca.

Si hubiese LIBRO DE VISITAS ¡cuántas firmas ilustres rescataríamos! Sugiero al amigo Raúl Ramírez creador del museo "Juan José Vega", al lado de la Casa-hacienda Punchauca, y que conoce como pocos las incidencias del monumento en ruinas se anime a hacer memoria de tantos visitantes. Recuerdo con particular afecto al doctor Teodoro Hampe Martínez quien siempre programaba esta visita en los congresos y simposios vinculados con el Bicentenario, como fue los coordinados sobre Vizcardo y Guzmán o Talamantes.

Siempre tendremos a la huaca-capilla-casa-hacienda Punchauca como el icono de un sueño de paz, en el marco de una guerra de independencia que pudo evitar miles de muertes.

Ojalá el Bicentenario patrio nos siga motivando a restaurarla y ponerla en valor. Estamos a tiempo, tarde, pero ¡a tiempo!

Les comparto textualmente lo contenido en la publicación Centro de Estudios Histórico-Militares, Anales del I Congreso Nacional de Historia del Perú: Período de la Emancipación; Reunido en Chorrillos el 3-24 de Agosto de 1954 (Lima: Escuela Militar de Chorrillos, 1955)   https://www.google.de/books/edition/Anales/5m00AQAAIAAJ (pp.298-300):

Las fotos corresponden a las reuniones de profesores, la primera con los clérigos P. Barriga y el Dr. P. Pedro Villar Córdoba, quien pronunció la "amena y erudita exposición".

 

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Cumpliéndose con el programa de actividades del Primer Congreso de Historia, el domingo 8 de Agosto, realizóse la excursión a la Hacienda Punchauca, a la que concurrieron los delegados extranjeros, argentinos y venezolano, los miembros del Congreso y de su Comisión Ejecutiva, representantes de los institutos armados y las personas especialmente invitadas.

Los excursionistas llegaron a Punchauca a las 12 del día donde fueron atendidos gentilmente por los propietarios del fundo señores Nicolini que, facilitaron dicho lugar para que en él se llevara a cabo una sesión extraordinaria en homenaje a los Libertadores.

 

El Capitán de Navío Víctor I. Carcelén, en representación del Presidente del Congreso, manifestó el hondo significado que tenía reunirse en esta singular casona de Punchauca, donde hacía más de un siglo, tuvo lugar la célebre entrevista entre el General San Martín y el virrey La Serna, propiciando ambos un entendimiento amistoso para terminar la guerra de la independencia, y después de evocar esas gloriosas figuras, cedió la palabra al Dr. Pedro Villar Córdova, quien debía ocuparse de señalar la participación del clero peruano en la emancipación peruana.

 

El Dr. Villar Córdova, hizo una amena y erudita exposición de la manera heroica, dijo, como intervinieron los curas de los pueblos de la provincia de Canta, en la independencia nacional, citando particularmente al agustino Urquieta, cura de Canta y capellán de los guerrilleros patriotas que operaban, precisamente, en los valles de Carabayllo y Chillón ; mencionó también al cura Tejada de Huamantanga, tan patriota y viril como el anterior y los numerosos sacerdotes de las otras parroquias, incluso las de Recuay, Carhuaz, Huaura, Yauyos, Jauja, Huancayo y Pasco que participaron de las mismas penalidades y riesgos de los soldados del Ejército Libertador en campaña memorables que ha recogido la historia del Perú.

 

El delegado de la Universidad del Cusco, Doctor Jorge Cornejo Bouroncle, después de exaltar las figuras señeras de Túpac Amaru , San Martín y Bolívar, pronunció frases de felicitación a los organizadores del Primer Congreso Nacional de Historia por haber logrado la realización de este importante certamen; y solicitó un voto de homenaje del Congreso para los ejércitos de los países hermanos de América, especialmente de Argentina y Venezuela, cuyos componentes tuvieron brillante actuación durante la independencia americana. Los congresistas aprobaron por aclamación ese voto.

 

Luego el señor García Rosell, hizo uso de la palabra acentuando la trayectoria de los hechos históricos que se desarrollaron en la cita de Punchauca. El encuentro de La Serna con el General San Martín -dijo el orador, fue más que nada un problema político; en este episodio el libertador argentino buscó la manera de conciliar un acuerdo que señalase el fin del régimen español y el nacimiento de una nueva nación, siendo aplaudido al concluir su breve e interesante intervención. Agradeciendo tanto las atenciones recibidas en Punchauca como las frases de elogio a la República Argentina y al General San Martín, el General de División José Manuel de Olano, Presidente de la delegación del Instituto Sanmartiniano de Buenos Aires, pronunció un conceptuoso discurso señalando el sentido americanista de la epopeya sanmartiniana que impregnó toda la obra del Protector del Perú remontándolo hacia la inmortalidad.

 

Cálidos aplausos sellaron las palabras del General Olano. Enseguida hizo uso de la palabra el delegado de la Sociedad Bolivariana de Venezuela Dr. Félix Angulo Ariza, quien, en brillante improvisación, rememoró páginas inmortales de la historia de América, evocando a Bolívar y a San Martín, igualmente grandes y dignos al reconocimiento de sus conciudadanos y sobre todo de nosotros que hemos heredado sus glorias; hizo hincapié a la situación que le correspondió al Perú en esas guerras y haber sido el país donde convergieron los libertadores del norte y los del sur; " la reunión, manifestó el Dr. Angulo, que nos hermana a todos se refleja en mí como un baño de espiritualidad y grandeza moral"; y terminó con un viva a América que fue coreado por todos los asistentes.

A las 6 p.m. terminó la Sesión Extraordinaria del Primer Congreso Nacional de Historia en Punchauca, después de servirse el almuerzo ofrecido por los señores Nicolini. (Extracto de las informaciones aparecidas en la prensa de Lima en los días 9 y 10 de Agosto de 1954).

 

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sábado, 6 de noviembre de 2021

P. GUILLERMO ÁLVAREZ, OP. HISTORIADOR DOMINICO Y EL BICENTENARIO DEL PERÚ

Aporte de los Dominicos en el Proceso de Emancipación en el Marco del Bicentenario de la Independencia del Perú y homenaje al P. Guillermo Álvarez

Acto académico por aniversario del convento san Alberto Magno,Estudiantado de los dominicos del Perú. Jueves 4 de noviembre del 2021

En un clima de familia y desde la capilla del convento, uno de los hermanos en calidad de Presentador dio la bienvenida a todos los participantes. La Introducción a cargo de Fr. Christians Huatay, Prior del Convento.

Actuó como moderadora del Panel la Hermana Verónica Agurto, OPIC, quien abrió la sesión, y presentó a los miembros del Panel, P. Carlos Sánchez, OP y el historiador José Antonio Benito, formulándoles dos preguntas acerca del contexto de la sociedad peruana en ese entonces y la situación de la Orden en ese momento. A continuación se mantuvo un motivador conversatorio sobre el proceso independentista, la acción de la Iglesia y en concreto de los dominicos, rescatando algunos de sus protagonistas como fueron el arzobispo Bartolomé de las Heras y los dominicos Fray Jerónimo Cavero, provincial. Fray Ángel Vicente Zea, autor de la obra, "Clamor de la Justicia e Idioma de la Verdad", y  Fray José Bernardo Alcedo, autor de la música del Himno Nacional del Perú.

A continuación se llevó a cabo el Homenaje al Padre Guillermo Álvarez Perca, Historiador de la Provincia en el marco del Bicentenario y del Año Jubilar de Santo Domingo, quien estuvo presente en todo momento, recibió con agrado la semblanza preparada por los estudiantes dominicos y las palabras del Padre Prior. Agradecido, y a pesar de sus 92 años, dirigió entrañables palabras y bendijo a los asistentes.  

El P. Guillermo nació en Quequeña (Arequipa) el 2 de febrero de 1929, profesó como dominico de la Provincia de San Juan Bautista del Perú, el 3 de febrero de 1949, y fue ordenado sacerdote el 11 de diciembre de 1954.

Libros:

 

Santa Rosa de Lima, una realización de vocación cristiana 1992 

·         Historia de la orden dominicana en el Perú, siglos XVI-XVII  1997

·         Historia de la Orden dominicana en el Perú: siglo XVIII-XIX, 1998

·         Historia de la Orden dominicana en el Perú: siglos XX, 1999 

·         Un signo de esperanza: crónica de las misiones en la provincia de Huanta (Ayacucho), organizadas por la Conferencia de Religiosos del Perú en 1986, 1999

·         Hermana Guzmana Romanengo y los retos de su tiempo, 1999 

·         Primeros pasos de las Misiones Dominicas de Urubamba y Madre de Dios, 2001

 

·         Historia de la Orden dominicana en el Perú: siglo XX/1966-2000, 2001

·         San Juan Macías: el padre de los pobres, estampas biográficas, 2005

·         Camina tras las huellas de Santo Domingo de Guzmán, 2009

·         Santo Domingo de Guzmán y la orden dominicana . Datos cronológicos de su historia, 2012

·         Santo Tomás de Aquino, 2015

·         San Martín de Porres. Fray Martín de la Caridad. 4ª edición conmemorativa por los 50 años de canonización (Convento de Santo Domingo,  Arequipa, 2012, 159 pp)

·         Santa Catalina de Siena, 2017

 

El P. Guillermo es autor de numerosos artículos sobre fundadores y fundadoras de la Orden y de la familia dominica, memorias de sus recorridos misionales, sobre la historia de los dominicos en el Perú (Siglos XVI, XVII-XVIII, XIX, XX) en la Revista Peruana de Historia Eclesiástica.

 

Amante de la pintura, ha plasmado su creatividad sobre santo Domingo, dominicos célebres, misiones.

Siempre ha estado en primera línea misionera como predicador itinerante.

 

https://www.facebook.com/ConventoSanAlberto/videos/629636901369141/

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miércoles, 3 de noviembre de 2021

SAN MARTÍN DE PORRAS EN LA BASÍLICA DE MARÍA AUXILIADORA

SAN MARTÍN DE PORRAS EN LA BASÍLICA DE MARÍA AUXILIADORA

Siempre es un gusto contemplar el santo del día en este imponente y recoleto templo salesiano. Hoy día de san Martín recuerdo a tantos buenos amigos con su nombre, rezo por ellos y les envío mi más cordial felicitación. Aprovecho para compartir las imágenes de la basílica.

El monumental libro -que cuenta con la investigación histórica de David Franco- dedica dos páginas al santo de la escoba, nuestro querido San Martín de Porras (pp.192-193).

Ubicado en la nave derecha o de la epístola, en la última capilla -la séptima- según entramos. Es el primero de los altares netamente nacionales y levantado al calor de la nueva sensibilidad artística y religiosa del  Concilio  Vaticano II.

Originalmente -entre 1931-1965- la capilla estaba dedicada a don Bosco. Trasladado al nuevo altar de mármol de la capilla absidial de la epístola dejó espacio libre para san Martín.

El responsable del diseño arquitectónico y confección fue el personal de los talleres Mygsa SA de Lima.

El autor del lienzo fue el salesiano Padre Jorge Mauchi, quien tambié n diseñó el mosaico inferior a base de un crismón con el pan y vino eucarísticos, así como una brillante cruz de bronce.

El altar fue bendecido el 31 de octubre de 1967 por el salesiano  Monseñor Otoniel Alcedo, arzobispo de Ayacucho.

La imagen de nuestro santo la podemos contemplar en el hermoso vitral de la pared lateral de la parte del evangelio o de la izquierda. La factura como los 58 vitrales de santos y alegorías corresponden a la casa Tiroler Glasmalerei und Mosaik de Insbruck (Austria) encomendados por los salesianos Luis Pedemonte y Fortunato Chirichigno en su viaje a Europa en 1926 y fueron instalados en mayo de 1933.

DATOS TOMADOS DE La Basílica de María Auxiliadora de Lima. (Templo edificado en homenaje nacional a Dios por el primer centenario de la Independencia del Perú. Patrimonio Cultural de la Nación). Editorial Salesiana, Lima, 2021, 402 pp

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sábado, 30 de octubre de 2021

DOÑA VIRGINIA CANDAMO DE LA PUENTE (1889-1957) EN PUEBLO LIBRE EN PUEBLO LIBRE

DOÑA VIRGINIA CANDAMO DE LA PUENTE  (1889-1957) EN PUEBLO LIBRE

En el corazón del Parque dedicado a su esposo José de la Puente Olavegoya y a un costado de la histórica hacienda ORBEA de su familia, se alza el busto de una mujer emblemática y que mereció el reconocimiento de sus contemporáneos por su bondad y caridad social.  Hija de Manuel Candamo Iriarte, Presidente de la República del Perú †1907 y Teresa Álvarez-Calderón Roldán, hermana de la Venerable Teresa de la Cruz Candamo. . Esposa de José de la Puente Olavegoya y madre del célebre historiador don José de la Puente Candamo, a su vez esposo de Hildegard Brunke Ríos, padres de: José Demetrio, Virginia, Constanza, Manuel, Lorenzo, Agustín, Francisco y Juan Pablo. Gustoso de compartir vida y obra de nuestros peruanos ejemplares solicité información a su nieto doctor José de la Puente Brunke, quien tuvo la gentileza de enviarme los textos que he digitalizado para solaz de mis lectores.

La borrosa leyenda del busto dice

A LA MEMORIA DE LA SEÑORA

VIRGINIA CANDAMO DE LA PUENTE

COMO RECONOCIMIENTO A SU OBRA

DE BIEN  SOCIAL EN EL DISTRITO DE

MAGDALENA VIEJA DE PUEBLO LIBRE.

NOVIEMBRE DE 1958".

Abajo se copia un fragmento  del texto bíblico paulino, himno de la caridad, de 1 Corintios 13:4-7

LA CARIDAD ES SUFRIDA,

ES DULCE Y BIENHECHORA

LA CARIDAD NO TIENE ENVIDIA,

NO OBRA PRECIPITADA NI TEMERARIAMENTE

NO SE ENSOBERBECE

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Les comparto los textos publicados en la Revista Mercurio Peruano, Año XXXI, Vol. XXXVIII, nº 360, abril, 1957, pp.207-209. El primero "Necrología" de Víctor Andrés Belaunde y el segundo "EL APOSTOLADO DE DOÑA VIRGINIA  Por PEDRO M. BENVENUTTO MURRIETA

NECROLOGÍA

Ha muerto callada y apresuradamente, como si hubiera tenido urgencia del Reino de los Cielos. La sorprendió el misterioso y supremo llamamiento en medio a los afanes de la Obra Sacerdotal de San Pablo, en la que puso to­dos sus empeños. Sus últimas palabras fueron de pesar por no poder asistir a la sesión de las Antiguas Alumnas del Sagrado Corazón, que presidía con singular acierto. ¡Bienaventurados los que sirven al Señor hasta el último ins­tante de su vida!

Es enorme e inllenable el vacío que deja en las actividades católicas. Nos consuela pensar que, siguiendo su ejemplo admirable y animados por su es­píritu, colaboradoras y discípulas continuarán su obra de bien. Encarnó el tipo acabado de la dama cristiana; el señorío no fue en ella alarde mundano ni afán de primacía, pero sí un medio que le otorgó la Providencia para mejor servir a su hogar, y a su aldea, a la Patria y a la  iglesia .

Evoco en estos momentos la brillante generación femenina a que perte­necía Virginia Candamo Álvarez Calderón de la Puente, que sintió las mismas inquietudes intelectuales en simpático paralelo con el grupo masculino de la ge­neración novecentista. Era la reacción antinaturalista, simbolismo que anun­ciaba una era neorromántica, Soully Proudhome y Francis Jametes, Machado y Juan Ramón Jiménez, psicologismo en la novela de Bourget, un temblor de misterio en los dramas de Maeterlink y afán de musicalidad en el estilo de D'Anunzzio y Valle Inclán. Aquellas muchachas aplaudían a los poetas y a los oradores de su tiempo y conversaban con ellos. De esos diálogos surgió más de un idilio, y, en todo caso, una amistad que acendrarían los años. Com­partían nuestras inquietudes y aficiones literarias, pero con cariño fraternal nos reprochaban nuestra falta de fe. Ellas, en cambio, la tenían arraigada y fir­mísima, y se reflejaba en una gran dignidad de vida y en aquel perfume espi­ritual del pudor que elogió Joubert en páginas memorables. Si teníamos sobre ellas cierta influencia intelectual, ellas, en compensación, ejercían una efectiva autoridad moral. Andando los tiempos, cuando muchos de nosotros cansados del viento de todas las doctrinas volvíamos a las consoladoras certidumbres, ya en la madurez de la vida, fijados nuestros destinos, retornamos hacia ellas; sus vidas estaban ennoblecidas o por la vocación religiosa o por la constitu­ción de hogares de la vieja cepa cristiana. En Virginia, aquella fe ambiental afirmada en una bella tradición familiar; los Álvarez Calderón se ufa­nan de fecundas vocaciones religiosas. Este sentido profundamente cristiano no fue perturbado ni atenuado por los azares de la lucha política o por la preemi­nencia social. El hogar Candamo Álvarez Calderón mantuvo su austeridad católica y su dignidad republicana cuando el ilustre estadista D. Manuel Can­damo coronó su brillante carrera al ocupar la Presidencia de la República. Las hermanas mayores de Virginia, Teresa y María, fundaron un instituto re­ligioso --Las Canonesas de la Cruz" para difundir en nuestras clases desva­lidas las verdades del catecismo que nuestra lamentable penuria sacerdotal mi­- pidió propagar como en otras épocas. Teresa, la Fundadora, tenía además del hondo sentido religioso, la sensibilidad poética y artística; ella contribuyó enormemente a perfilar la personalidad de Virginia. Predominó en ella el sen­tido maternal sobre la inclinación religiosa y puso así en su matrimonio el tesoro de una fe ancestral y toda su ternura de mujer, nacida para la vida del hogar.

Apreciador de su encanto femenino, de su distinción, de su cultura y co­nocedor de sus virtudes, la escogió para esposa José de la Puente Olavegoya, verdadero hidalgo unido a la tierra por la estirpe y el trabajo, jovial y cor­dial, de espíritu alerta, de natural señorío aunado a un verdadero sentido de­mocrático, como en nuestros viejos señores. Y así pasó Virginia a ser la cas­tellana de la casona de Orbea en el agro aledaño de la histórica Magdalena Vieja o Pueblo Libre, a la vera de la barrosa Iglesia. Y más que por el marco de este hogar, por la vibración espiritual encarnó en nuestro medio mo­derno y estridente la hermosa supervivencia de otros tiempos en que las ran­cias diferencias de rango eran compensadas por un afecto, una simpatía y una efusión de caridad más fuerte que la solidaridad prescrita en las leyes de nuestro tiempo.

En ese ambiente, Virginia revive la hermosa comunidad señorial con su idea del "Hogar Obrero", familias de trabajadores o de empleados, o gente re­lacionadas con ellos son recibidos en la Escuela de Orbea. Virginia es la maes­tra, la confidente, la amiga y, cuántas veces, la madre. Orgullosa de su aldea se esforzó por revivir en ella la vida religiosa contribuyendo a enaltecer el culto y la prestancia de su enjoyada Iglesia. Sólo una sombra vino a poner la nota de un dolor inolvidable en esta vida de afecto, de oración y noble felicidad: fue la muerte de la hija adorada en que parecían sintetizarse la ale­gría del padre y ese fondo de dulce austeridad de la madre. Dolor atenuado por la ternura del esposo y el afecto y dedicación del hijo confidente y colaborador en sus humanitarios empeños.

No por ser la casona de Orbea encarnación viviente de la tradición y la sede de un hogar austero y de irradiación apostólica fue ajena a la socia­bilidad culta y a la hospitalidad generosa, impregnada de un vivo anhelo de perpetuar entre nosotros los afanes intelectuales, el culto del diálogo y la amistad que se acendra y propicia luego toda noble empresa .Se trasmitió la triste noticia de su muerte como en otros tiempos, en la dolida confidencia de amigo a amigo y se dieron cita en la mansión señorial, la gratitud de los humildes, la amistad verdadera, la fe de muchos, el afecto de todos. Los recuerdos emocionados alternaban con el rumor de las oracio­nes. En homenaje a la tradición del pueblo y en hombros de amigos fue tras­ladado su cuerpo de la hermosa. capilla de la Hacienda a la Iglesia parroquial que la despidió con los cantos litúrgicos. Al inhumarse sus restos en el Ce­menterio vibraron los acentos del canto de esperanza -In Paradiso" y resona­ron estas palabras como el cumplimiento de la divina promesa.

EL APOSTOLADO DE DOÑA VIRGINIA Por PEDRO M. BENVENUTTO MURRIETA

No sólo desborda nuestros sentimientos la verdad de la muerte, que parece más verdad cuando se lleva a los próximos y a los amados: también afina nuestro pensar y lo esclarece. Al desplazado —su faena certera por el Due­ño; imposible, su reacción; con amplia perspectiva en la pantalla, su silueta, redibujada al resplandor de una luz que no la envolvía toda en esta aglome­ración de la travesía terrenal, hombro con hombro—, en algo así como un re­medo intuitivo, del divino juicio particular, le medimos, con menor subjetivis­mo que el acostumbrado, cualidades y defectos, empeños y realizaciones. Y resulta la opinión siempre más enteriza y trascendente. Ahí, sin duda, la causa de que sea más fácil historiar a quienes ya dejaron la existencia temporal que ni la desventaja de estar acalladas voces de testimonio intransferible desme­rece a esa cierta serenidad, no muy humana, que requiere el proceso de la his­toria.

Arrancada a nosotros Doña Virginia, las acumuladas referencias suyas han cobrado valor de integración. Coordinamos mejor ahora, sus recuerdos. Des­cubrimos las constantes de sus hechos. Y cuánto de ella observábamos u oía­mos decir en el pugnaz trajín de intereses y afectos, de simpatías y rechazos, de afirmación de propias tendencias y búsqueda de modelos, de envidias y lar­gueza, de curiosidad y crítica, de gratitud y admiración que es nuestro afán de cada día, hoy, evocado, contribuye a destacar —nada comunes— su altura y su relieve, que el consenso general, hace ya muchos años, le reconocía.

Accediendo a una honrosa solicitud, se escriben las presentes líneas, breves reflexiones acerca de la actividad de Doña Virginia que más condice con el propósito de esta Revista y que fue la vida misma de la noble muerta: el apostolado. Ojalá sirvan ellas —aprovechándose del buen hospedaje— para hacer más fructuosa la ejemplaridad de Doña Virginia y más venerada su me­moria.

De estrella es la. grandeza de alma. Doña Virginia la recibió, y, ade­más, otros regalos con superabundancia: estirpe y ambiente, habilidades y edu­cación. Pero si en su personalidad reflejábanse las felices influencias, más lu­cía lo propio, superándose incansable. Apostólica desde niña, este conjunto de dones lo consagró al servicio de su causa religiosa. Sus sentimientos de mujer, su inquietud cognoscitiva, sus aficiones literarias, su preocupación por los asuntos generales estuvieron en la línea de Dios. La gracia de su bella juventud, la majestad de su madurez, los bienes de su fortuna, la principalía de su condición, social, cada prenda en su vez, todas fueron medio de apos­tolado.

Y como de verdad y en todo lo ejercía, se libró de los peligros en que otros se engolfan cuando actúan en él. Consiguió que hubiese entre sus fae­nas concéntrica jerarquía, acuerdo funcional, solidaria hermandad. La continua formación personal, la dedicación al hogar, las necesidades de la aldea, los problemas de la ciudad, los intereses del país sabían en ella distinguirse los puestos, acatando eminencias, y repartirse las horas, defiriendo a premuras. Y nunca quiso admitir el fogonazo teatral ni la estridente batería publicitaria. En lo humano, la libraba de ambos escollos vanidosos su elegante discreción de gran dama que ella cuidaba mucho y que no siempre comprendían las gen­tes, habituadas ya al eclipse de ciertas señoriles virtudes.

En el apostolado ella sentía con la Iglesia. Si tuvo preferencias, más que de voluntad parecían siempre de convicción. Consciente de la urgencia con que deben ayudar los fieles a la jerarquía eclesiástica, conocedora de los cam­pos más necesitados, de cultivo, sumisa. a lo enseñado por los Pontífices, par­ticipaba ella en las obras según lo pedía el momento del mundo, según lo re­clamaba nuestra evolución social. Si lo que más importa en el apostolado es el último fin, la expansión del amor de Jesucristo, ¿por qué, pues, no armoni­zar en El todas sus empresas? Ella consideraba algunas obras más suyas, desde luego, pero no con instinto de poder: sí, con intención de servicio. Muy di­versa es la lista de aquéllas que contaron, ya sucesiva, ya simultáneamente, con su trabajo, o por un lapso o hasta el fin desde que a sus filas se había incorporado.

Adrede, silencio títulos y demás circunstancias históricas. Sólo menciono empeños, y no todos. (Es lo más que ella hubiera soportado). Así, el Patronato Escolar del Sagrado Corazón —la palestra de su primer entu­siasmo juvenil, institución tan útil en determinado período para la orientación de las muchachas pobres egresadas de las escuelas fiscales; el Catecismo de Perseverancia; la Asociación de Cooperadores Salesianos, la Obra de la En­tronización del Sagrado Corazón de Jesús en los Hogares, la Obra de la Bue­na Lectura, que cuando fue preciso coordinó ella sin regateos a las Bibliotecas Populares Inca Garcilaso de la Vega; las Hijas de la Cruz; la Acción Cató­lica, especialmente en la Comisión de Literatura de su Secretariado Nacional de Moralidad; el Hogar Obrero; las Conferencias de San Vicente de Paúl, y la Obra de San Pablo, la de sus últimos esfuerzos y predilecciones como des­tinada que está a remediar con inmediatos recursos extraordinarios la escasez de sacerdotes, máximo problema espiritual y cultural de nuestra patria .

Y si el examen se extiende a obras que, por un motivo u otro, pudieran llamarse aje­nas a su acción, han de hallarse principios de edificación mayor aún. ¿Qué instituto canónico de perfección evangélica no le interesaba? ¿A cuál no pro­tegía en lo posible presentada la oportunidad? ¿Qué empresa católica de asis­tencia social, piedad, propaganda, organización o combate no concitaba su pro­funda atención? Pocas de ellas habrá en Lima que no le agradezcan alguna com­prensiva y generosa ayuda. Realizó, pues, Doña Virginia un apostolado que cuando alcanza plenitud, como en su, caso, añade al de la rareza el timbre de su sentido cristiano por excelencia: el apostolado de la cooperación. Y con esta memoria, en el dolor florece la esperanza.

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