martes, 10 de mayo de 2016

LAS CATORCE OBRAS DE MISERICORDIA EN LA HISTORIA DEL PERÚ

UN AÑO PARA HACERLO TODO BIEN COMO EL SEÑOR

LAS OBRAS DE MISERICORDIA EN EL PERÚ

Entre las audaces, gozosas y desafiantes iniciativas de nuestro Papa Francisco contamos con la del Año de la Misericordia. Y ya nos puso tarea: vivirlas de a poquito, a los jóvenes les ha propuesto una cada mes para prepararse a la Jornada Mundial de la Juventud. Me sumo a la campaña compartiéndoles cómo lo han venido haciendo los peruanos a lo largo de la historia.

Comienzo por analizar las obras de misericordia en Jesús, Misericordia encarnada, quien "todo lo hizo bien", para verlo reflejado en la historia de la Iglesia del Perú.

En primer lugar les comparto el texto del cronista B. Cobo acerca de la salud y la beneficencia; el segundo, del P. Vargas Ugarte, acerca de la transformación de los gremios en cofradías, precisamente por la caridad y la devoción a un santo; tercero, a través de la beneficencia, gracias al ejemplo del pionero presbítero Matías Maestro. Y, como yapa, el texto de Monseñor B. de las Heras, ya en su destierro tras los sucesos de la Independencia; nos servirá también como tarea para vivir el Bicentenario (2021) con entrañas de misericordia.

EL ÍCONO DE LA MISERICORDIA, TODO LO HIZO BIEN

 "Todo lo hizo bien" (Mc 7,31-37) exclamaban las muchedumbres de Jesús. Y la Iglesia solo tiene sentido si prolonga la acción de su fundador: hacer el bien. En este Año dedicado a la misericordia bueno será conocer este bien a lo largo de dos mil años. A todos impugnadores de la obra de la Iglesia bastaría saber cómo ha practicado la Iglesia miles de obras de misericordia en todo el planeta. Dejando a un lado su decisiva misión espiritual, uno de los aspectos que más llama la atención es el desarrollo de la beneficencia, elemento que ha podido ser esgrimido por la propia Iglesia con frecuencia cuando ha tenido que hacer frente a numerosos ataques y acusaciones contra ella. Pero, ¿de dónde nace propiamente esta beneficencia? La respuesta a la cuestión creemos que es en realidad sencilla: de la "caridad". Y la caridad es una virtud teologal, que tiene a Dios por objeto inmediato y nos es dada por su gracia. Es la mayor de las tres virtudes teologales, tal como expresa el propio San Pablo:"Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, esas tres; mas la mayor de ellas es la caridad" (1 Cor, 13).

 Y la caridad no es otra cosa que el amor, el grado supremo del amor, es decir, el amor a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo y a nosotros mismos por este amor de Dios. Esta visión de la persona como imagen de Cristo, sobre todo en el caso de los más necesitados, tiene buena parte de su fundamento en las propias palabras de Cristo al hablar del Juicio Final y el examen de la caridad que en el mismo tendrá lugar: "Entonces dirá el Rey a los de su derecha: «Venid, vosotros los benditos de mi Padre, entrad en posesión del reino que os está preparado desde la creación del mundo; porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; peregrino era, y me hospedasteis; desnudo, y me vestisteis; enfermé, y me visitasteis; en prisión estaba, y vinisteis a mí.» Entonces le responderán los justos, diciendo: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos peregrino y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo o en prisión y fuimos a ti?» Y respondiendo el Rey, les dirá: «En verdad os digo, cuanto hicisteis con uno de estos mis pequeñuelos, conmigo lo hicisteis.»"(Mt 25, 34)

De aquí arranca toda la obra social: de la persona histórica de Jesucristo. En él destaca una primera nota: su universalidad. No pertenece a ningún partido  (fariseo, saduceo, esenio, zelota), abarca toda la tierra sin distinción de lengua, raza, nación.

En su "escala de valores" el espíritu de servicio y caridad ocupa el primer puesto. "El hijo del hombre no ha venido para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate de muchos "(Mc. 10,45).

Ennoblece el trabajo haciéndose obrero, hijo de obreros, maestro de discípulos trabajadores (sus apóstoles eran pescadores mayoritariamente); de ahí que se haya podido hablar del "Evangelio del Trabajo".

Restaura la familia y la dignidad de la mujer como bien nos advierte Juan Pablo II en su reciente carta Mulieris dignitatem (nn.12-16).

 Condena el lujo, el ocio, las riquezas mal empleadas; baste con recordar la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro que tantas enseñanzas deparará a lo largo de los siglos  (Lc. 16,19); según ello, la riqueza tiene una clara función social.

Jesús se duele de los males del mundo, llora por ellos, cura de las enfermedades(Lc. 4,38; 5,4; 6,12).

Pero donde sus enseñanzas alcanzan cotas inefables es en el sermón del Monte, donde proclama las bienaventuranzas para con los pobres, los que lloran, sufren injusticias, los manos, los hambrientos, los limpios de corazón, los misericordiosos, los perseguidos por su causa. (Mt. 5,3). Los fariseos, al condenarle por juntarse con impuros pecadores, obtienen de Jesús las más sublimes respuestas: "no necesitan de médico los sanos" "no está hecho el hombre para el sábado"…Sus predilectos: los más pobres; el hombre es libre y ninguna atadura podrá esclavizarle. El mensaje final "amaos los unos a los otros como Yo os he amado"  será programático, elevando el grado de convivencia social a cotas insospechadas, hasta convertirse en "alma" del mundo. Así lo recoge la Carta a Diogneto, "Para decírtelo en dos palabras, lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo" (n.5).

¡Qué elocuente es el logo del Año de la Misericordia! Nos recuerda a Cristo, Verbo Encarnado, Nuevo Adán, que revoluciona el mundo con su mirada de amor misericordioso, como buen pastor que va en busca de la oveja perdida, como buen samaritano que sale a las periferias y cura y da vida al enfermo y necesitado.

Con meridiana precisión enfatiza este mensaje el Papa Pío XII en su Mensaje de Pentecostés de 1950

"… como si desde hace dos mil años no viviera perennemente en el alma de la iglesia el sentimiento de responsabilidad colectiva de todos por todos, que ha sido y sigue siendo la causa motriz que ha impulsado a los hombres hasta el holismo caritativo de los monjes agricultores, de los libertadores de los esclavos de los ministros, de los enfermos, de los portaestandartes de la fe, de la civilización y de la ciencia en todas las edades y en todos los pueblos, a fin de crear condiciones sociales únicamente encaminadas a hacer posible y fácil una vida digna del hombre y del cristiano).

Benedicto XVI en "Deus caritas est" nos recordó nombres concretos de santos de la caridad:

Contemplemos finalmente a los Santos, a quienes han ejercido de modo ejemplar la caridad. Pienso particularmente en Martín de Tours († 397), que primero fue soldado y después monje y obispo: casi como un icono, muestra el valor insustituible del testimonio individual de la caridad. A las puertas de Amiens compartió su manto con un pobre; durante la noche, Jesús mismo se le apareció en sueños revestido de aquel manto, confirmando la perenne validez de las palabras del Evangelio: « Estuve desnudo y me vestisteis... Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis » (Mt 25, 36. 40).[36] Pero ¡cuántos testimonios más de caridad pueden citarse en la historia de la Iglesia! Particularmente todo el movimiento monástico, desde sus comienzos con san Antonio Abad († 356), muestra un servicio ingente de caridad hacia el prójimo. Al confrontarse « cara a cara » con ese Dios que es Amor, el monje percibe la exigencia apremiante de transformar toda su vida en un servicio al prójimo, además de servir a Dios. Así se explican las grandes estructuras de acogida, hospitalidad y asistencia surgidas junto a los monasterios. Se explican también las innumerables iniciativas de promoción humana y de formación cristiana destinadas especialmente a los más pobres de las que se han hecho cargo las Órdenes monásticas y Mendicantes primero, y después los diversos Institutos religiosos masculinos y femeninos a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Figuras de Santos como Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, José B. Cottolengo, Juan Bosco, Luis Orione, Teresa de Calcuta —por citar sólo algunos nombres— siguen siendo modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad. Los Santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y amor ( N. 40.)

El Papa Francisco nos brinda la gran oportunidad y nos desafía en el Jubileo del Año de la Misericordia. Escribe en la Bula de convocatoria: "Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo future" (n.5) La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo (n.10)

COFRADÍAS Y HERMANDADES EN EL PERÚ

 

La larga lista de los términos sinónimos "confraternitas", "sodalitas", "confraternitas", "sodalites", confraternitas laicorum, congregatio, "pia unión" "societas", "coetus", "consociatio", "convivium" resalta siempre el sentido de comunión o asociación fraterna solidaria de laicos. Podemos decir que nacen para vivir corporativamente las obras de misericordia.

 

El nuevo Código de derecho canónico de 1983 Código insiste en los objetivos generales: "trabajando juntos","el culto divino o culto público" "fomentar una vida más perfecta", "realizar otras actividades de apostolado". Que buscan cumplirlos en otras tantas dimensiones: la litúrgica, la profética (educación de la fe), la diakónica (caridad y compromiso social) (De las asociaciones de fieles C298 P1.

 

Les comparto el magistral texto del P. R. Vargas Ugarte:

 

"La Iglesia no pudo olvidar aquel precepto que resume los demás: el de la caridad y, precisamente, porque esta virtud es inseparable del espíritu cristiano, en el periodo que estudiamos hubo de manifestarse y de traducirse en obras d beneficencia y de ayuda a los demás. Fue una nota distintiva del tiempo, sobre todo en los que podían hacerlo, consignar en los testamentos y últimas voluntades alguna manda o legado para los pobres o para el culto en las Iglesias. Otras veces se trataría de una capellanía de familia o de una dote para casar doncellas, pero todas estas fundaciones, algunas de las cuales subsisten y otras han desaparecido por las injurias del tiempo o la malversación de los depósitos, nos revelan el arraigo de esta virtud.

 

Aun hoy, cuando se hace el recuento de los Hospitales, Asilos de la niñez desvalida, casas para mujeres pobres u otros establecimientos del género, descubrimos que la mayor parte de ellos remonta su origen a estos siglos en que la piedad cristiana supo inspirar a nuestros antepasados obras de este género y se hacía de la riqueza una distribución más conforme con los principios de nuestra fe. Es la prueba más palpable de lo que hemos dicho en el precedente capítulo., como por ejemplo en la Relación del Mayordomo del Hospital de Santa de Lima en 1604 que, al hablar de sus rentas que cada año se recibían de limosnas o mandas testamentarias unos mil pesos.

 

Éste es también el sentido de las Hermandades y Cofradías. Una de las más ricas herencias que nos legó la Edad Media fue este espíritu de corporación que unió en un solo haz a los maestros y oficiales de un mismo arte y los agremió bajo la enseña de un Santo y el símbolo de la cruz. Los llamados gremios medievales evolucionaron con el tiempo y se multiplicaron, dando origen a las cofradías y hermandades, cuyos asociados se vinculaban no sólo con fines de devoción sino que también se proponían ayudarse mutuamente y aun mirar por los intereses de la clase u oficio a que pertenecían"[1]

 

Santo Toribio de Mogrovejo en la RELACIÓN Y MEMORIAL QUE SE ENVÍA A SU SANTIDAD EL PAPA CLEMENTE VIII en 1598 nos pone al corriente del compromiso social de la Iglesia de Lima a través de los hospitales y las cofradías:

 

" Hay seis hospitales donde se curan los enfermos con gran caridad, uno es de Santa Ana donde se curan los indios enfermos; otro de San Andrés donde se curan los españoles; otro del Espíritu Santo donde se curan los pobres hombres de la mar, y no otros; otro el San Diego donde los convalecientes que salen de San Andrés se curan; otro que llaman de San Lázaro de mal incurable otro; de la Caridad donde se curan mujeres pobres" (n.19)

 

"Hay muchas cofradías de españoles, negros e indios, adornadas con muchas indulgencias, la del Santísimo Sacramento que está en Santo Domingo y acude a la administración del Viático de esta Iglesia Catedral y demás parroquias con lo necesario que es menester, y cuando sale el Santísimo Sacramento van once clérigos con sobrepellices y estolas de carmesí, que llevan las varas del palio, pendón y mazas de plata con gran cantidad de cera.

 

En la cofradía de las Ánimas que está en la Iglesia Mayor, se dicen más de seis mil misas cada año, y se da de limosna al sacerdote ocho reales cada vez que dice misa.

 

Hay una cofradía de la Caridad, en la cual se casan cada año veinticuatro doncellas pobres, y se les da para su casamiento, veinticuatro pesos de a nueve reales, y un hermano de la dicha cofradía que pide limosna para los pobres vergonzantes, que se llama Vicente Rodríguez, hombre de mucha caridad y buen cristiano, ha repartido desde el año ochenta y cuatro hasta el noventa y siete, ciento cincuenta y tres mil quinientos noventa y tres pesos y seis tomines de a nueve reales el peso.

 

En el monasterio de San Francisco está fundada otra cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, la cual casa cada año doce doncellas pobres y da a cada una seiscientos ducados de dote.

 

La cofradía de las cárceles que está fundada en una de las capillas de ellas, da de comer, cada día, a todos los pobres de todas las cárceles, y por su turno se escogen de treinta hombres, dos que solicitan y procuran los negocios de los pobres presos; tienen letrado para ello y procurador

 

Hay otra de la clerecía que llaman la Cátedra de San Pedro, tiene cuidado de regalar y curar los clérigos pobres y enfermos, dan todo lo necesario para su sustento a les sacerdotes pobres, entierra a los difuntos de la dicha cofradía con mucha pompa y se hace muchos sacrificios por ellos, la cual es de mucha utilidad y provecho.

 

En 1538 se crea la Casa enfermería promovida por gente caritativa en la calle de la Rinconada de Santo Domingo (a espaldas del convento de santo Domingo, sobre dos solares). Para fines de siglo, se fundan sucesivamente el Hospital y templo de Santa Ana, 15348; el Real Hospital de San Andrés en 1556; Hospital de Santa María de la Caridad o de los Santos Cosme y Damián, 1559, por la Hermandad de Nuestra Señora de la Caridad y de la Misericordia, con el apoyo de Loaisa y el Virrey Hurtado de Mendoza en 1563. Hospital o Ladrería de San Lázaro,  en 1575. Miguel de Acosta, comerciante de origen griego, y un grupo de navieros, funda el Hospital del Espíritu Santo para atender a la gente de mar. En 1593 la Casa de Convalecencia de San Diego  para mejorar y robustecer la salud de los pacientes que egresaban del Hospital de San Andrés. Se le conoce también como Hospital de San Juan de Dios de Lima.  Aunque Lima disponía de hospitales para todos los grupos sociales, faltaban los sacerdotes. Al efecto, en 1594 se reúnen varios sacerdotes en la sacristía de la Catedral de Lima con el ánimo de fundar una cofradía, que bajo la advocación de San Pedro, para ayudar a los sacerdotes necesitados. Debido a la generosidad de los sacerdotes Gabriel Solano y el canónigo León, pudieron adquirir una casa donde se atendía a los sacerdotes enfermos desde 1598. Cabe citar también el de 1598, por iniciativa de Luis de Ojeda (Luis Pecador) quien establece la Casa de Huérfanos y Expósitos, que contó con el apoyo del Virrey Conde de Monterrey y la Hermandad de Escribanos de la Ciudad, y que subsistió hasta que en 1919 se refundió en el Puericultorio Pérez Araníbar, que existe todavía.

Mons. Bartolomé Heras, el último arzobispo de Lima del virreinato y el primero en reconocer la Independencia del Perú, escribe un precioso INFORME A LA SANTA SEDE (Madrid, 3 de diciembre de 1823):

Se admiran en la capital generalizadas ciertas virtudes que son dignas del aprecio: tales son una misericordia compasiva, una devota piedad, un gran respeto y veneración por los católicos dogmas y ministros del santuario y otros; el genio suave y dócil de las gentes de aquel país los hace sensibles a las miserias humanas; no pueden oír o ver una aflicción en el prójimo, sin que sus corazones se enternezcan; empeñan todo su poder y sus haberes por remediar una desgracia; al que ven caído lo auxilian; socorren con generosidad toda clase de necesidades; se compadecen de los enfermos, habiendo casas que, así de día como de noche, tienen medicinas y caldo pronto para los pobres que lo piden; ejercitan la limosna, y por decirlo de una vez reluce en Lima la caridad fraterna y compasiva en toda la extensión de sus objetos[2]

1. VISITAR AL ENFERMO

Comienzo recordando que en la forja de América, la salud de los naturales fue una de las primeras preocupaciones por parte de los españoles; recién llegados, fueron portadores involuntarios de gérmenes patógenos desconocidos hasta entonces en América y que provocaron gran mortandad: viruela, gripe, escarlatina, sarampión, tifus. A ello hay que añadir las enfermedades endémicas propias de cada región. Para enfrentar dolencias y plagas, se publicaron leyes acerca de la protección de las personas, de crean los primeros servicios de salud y se dictamina acerca de la intervención sanitaria, normativa sobre el uso y cuidado de las aguas, alcantarillado... Para conocer la gigantesca tarea debemos rastrear las normativas, ver las instituciones, conocer los profesionales y las instituciones protagónicas.

Uno de los más fieles cronistas de la Lima del siglo XVI, el Bernabé de Cobo, S.I. en su Historia de la fundación de Lima  nos habla de "De la mucha piedad y religión de esta república" (Libro II, Cap. 1)

No resplandece ni campea menos la piedad y misericordia con los prójimos, como lo testifican los muchos hospitales que hay fundados, donde con singular amor y regalo son curados los enfermos; las gruesas limosnas que se recogen para sustento de los necesitados; las memorias pías dotadas de buenas rentas, que se expenden en dar estado a doncellas pobres y en remediar necesidades de gente desamparada; y lo que no es de menor estimación, el buen acogimiento, agasajo y comodidad que en esta república (digna por ella del honroso título de madre común) hallan todos los forasteros de cualquier nación que a ella vienen, que es tan notable, que los más ponen en olvido a sus propias patrias y se avecindan en ésta y la tienen pro propia, atraídos y pagados del amor y cortesía con que son recibidos y tratados y la igualdad con que ella reparte entre sus habitadores, sin aceptación alguna de personas naturales o extranjeras, los bienes, comodidades y honras que otras repúblicas sólo distribuyen y comunican a sus propios hijos y naturales, excluyendo de ellos a los advenedizos y forasteros.

El segundo testimonio, tres siglos después, en los decisivos años de la Independencia, nos lo proporciona el siempre bien informado, arzobispo de Lima, Mons. Bartolomé de las Heras, en su INFORME A LA SANTA SEDE. Madrid, 3 de diciembre de 1823:

Se admiran en la capital generalizadas ciertas virtudes que son dignas del aprecio: tales son una misericordia compasiva, una devota piedad, un gran respeto y veneración por los católicos dogmas y ministros del santuario y otros; el genio suave y dócil de las gentes de aquel país los hace sensibles a las miserias humanas; no pueden oír o ver una aflicción en el prójimo, sin que sus corazones se enternezcan; empeñan todo su poder y haberes por remediar una desgracia; al que ven caído lo auxilian; socorren con generosidad toda clase de necesidades; se compadecen de los enfermos, habiendo casas que, así de día como de noche, tienen medicinas y caldo pronto para los pobres que lo piden; ejercitan la limosna, y por decirlo de una vez reluce en Lima la caridad fraterna y compasiva en toda la extensión de sus objetos"

2: ENSEÑAR AL QUE NO SABE

Una de las últimas palabras de Jesús fue implorar perdón al Padre por sus asesinos "porque no saben lo que hacen". Siempre la "ignorancia es atrevida" y nunca como hoy es necesaria esta primera obra de las siete espirituales. Consiste, por tanto, en enseñar al ignorante –al que no sabe- sobre temas religiosos o sobre cualquier otra cosa de utilidad. La enseñanza puede ser a través de escritos o de palabra, por cualquier medio de comunicación o directamente. Nos advierte la Sagrada Escritura que "Quien instruye a muchos para que sean justos, brillarán como estrellas en el firmamento". (Dan. 12, 3b)

En el formidable encuentro de Europa y América, un asunto apasionante es el de la educación. Si aceptamos la definición de educación como "la introducción en la totalidad de lo real" (L. Giussani) o el "perfeccionamiento intencional de las facultades específicamente humanas" (V. García Hoz), concluiremos que estudiar el hecho educativo en América es tanto como querer abarcar toda la historia americana. Y siempre habría que constatar que la Iglesia evangelizó educando y educó evangelizando. Ahí están los colegios, las universidades, los centros de formación de todo tipo.

Isabel Gutiérrez Zuloaga, catedrática de Historia de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid, gráficamente escribirá que "cuando aún no había leyes para abrir escuelas en los pueblos españoles, se dieron para las del Nuevo Mundo"[1]. De hecho, ya en la Real Cédula de 1501, se prescribía a Frey Nicolás de Ovando, gobernador de la Española, que los Reyes deseaban para sus súbditos, además de los mismos derechos y consideraciones de los españoles "los bienes de la fe y de la civilización". Dos años después -1503- en una Ordenanza se manda que "se hiciesen hacer una casa adonde dos veces cada día se juntasen los niños de cada población y el sacerdote les enseñase a leer y a escribir...".

Esta legislación se explaya en un florecimiento pedagógico en el Nuevo Mundo, tal como recogió San Juan Pablo II en su carta magna sobre el V Centenario de la Evangelización de América: "Cerca de cada iglesia, como preocupación prioritaria, surgía la escuela para formar a los niños. De esos esfuerzos de elevación humana quedan páginas abundantes en las crónicas de Mendieta, Grijalba, Motolinía, Remesal y otros. ¡Con qué satisfacción consignan que un solo obispo podía ufanarse de tener unas quinientas escuelas en su diócesis!"[2]

En el Perú, en tiempos del virrey  Francisco de Toledo (1569-1581)hay un gran esfuerzo para establecer escuelas en todos los pueblos de indios. La Dra. Noelia Pizarro en su tesis doctoral La alfabetización de los indios del Perú en el S. XVI (Facultad de Educación, Universidad de Salamanca) destaca que el contenido de esa educación abarcaba además de los propios de la religión cristiana, la lectura, la escritura, el cálculo, y también en ocasiones enseñanzas profesionales que fueran de gran utilidad al indio en su vida diaria y laboral.

Los mismos concilios provinciales y sínodos diocesanos junto con sus prescripciones de carácter eclesial, "interesantes cláusulas de tipo cultural y de promoción humana"[3] en las que "fija la Iglesia americana su posición respecto al indio, reclama su libertad, estudia medidas de carácter social, educativas..."[4]. En concreto en el Tercer Concilio Limense de 1582-3 se dedica todo un capítulo al tema de la educación de los niños cuidando que sólo ése sea el objeto de la escuela (II, c.43).

El ingente esfuerzo realizado es una respuesta práctica al optimismo pedagógico formulado por el P. Vitoria, pionero de los Derechos Humanos desde su cátedra salmantina y el P. Las Casas, celoso defensor y apóstol de los indios: "De estos ejemplos antiguos y modernos claramente parece no haber naciones en el mundo, por rudas e incultas, silvestres y bárbaras, groseras, fieras o bravas y casi brutales que sean, que no puedan ser persuadidos, traídos y reducidos a todo buen orden y policía y hacerse domésticos, mansos y tratables, si se usare de industria y de arte y se llevare aquel camino que es propio y natural a los hombres, mayormente; conviene saber: por amor y mansedumbre, suavidad y alegría"[5].

Culmino con el entrañable ejemplo de nuestro pastor Toribio Mogrovejo. Cuenta el P. Juan Vásquez, de la Compañía de Jesús, Doctrinero de los indios del Cercado de Lima, "fue humildísimo, en tal manera, que con los pobres indiecitos tenía gran familiaridad y los trataba con mucho amor, y deseaba que fuesen instruidos y enseñados en los rudimentos de la fe y en buenas costumbres. Y estando este testigo en el Cercado, siendo doctrinero en él, vino algunas veces el dicho señor arzobispo a visitarlo y en persona iba a la escuela donde aprendían a leer los muchachos y él mismo les enseñaba la cartilla y los mostraba a leer; y recibía tanto gusto que le parecía estaba en los mayores entretenimientos del mundo, porque era muy amigo de los pequeñuelos, y con la demás gente era muy tratable y muy conversado, y tenía tanto amor que los metía en sus entrañas como si fuera padre de cada uno" (Actas/Procesos, 1632, f. 503r-503v).

3: DAR BUEN CONSEJO AL QUE LO NECESITA

Dar buen consejo, asesorar, acompañar es una obra de misericordia al alcance de todos los bolsillos. Lo necesita el niño, el deportista, el estudiante, el empresario…Todo curso formativo, de liderazgo es un proceso orgánico, integral de buenos consejos. ¡Qué importante la figura del tutor, del entrenador, del guía, del director espiritual! Nadie como el sacerdote profundiza en la tarea de consejero, de director. Cuánto bien nos deparan los retiros, los Ejercicios. Benditas las instituciones, los movimientos que los organizan y atienden.

A lo largo de la historia una buena confesión acompañada de un certero consejo se convierte en el mejor medio de lograr el objetivo, la felicidad. Así lo reconocía San Ignacio de Loyola a su profesor de la Sorbona, el Dr. Miona: "Siendo los Ejercicios Espirituales  (EE) todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo como para fructificar, ayudar y aprovecharse a otros muchos". ¡Cuánto podríamos escribir sobre los BUENOS CONSEJOS recibidos por cientos de jesuitas en el Perú! Ahorita mismo, cómo no recordar la Casa de Ejercicios de Huachipa donde se brinda la posibilidad de practicar los Ejercicios hasta de mes…Y cerca de allá el "Foyer de Charité" con los PP: Monfortianos.

La energía espiritual almacenada en los EE de san Ignacio es tan grande que pueden dinamizar cualquier realidad humana. León XIII manifestó que la gravísima cuestión social se solucionaría con sólo vivir el "Principio y Fundamento" de los EE. Juan Pablo II en la encíclica Sollicitudo rei socialis apunta la misma terapéutica: "Lo único importante es suscitar inquietudes espirituales". El Papa Francisco como todo jesuita es un fruto y un apóstol de los Ejercicios.

Ante las voces alarmantes de profesores e instituciones que declinan su vocación por la indisciplina de los escolares, la falta de motivación...; cuando las empresas no encuentran personas en quienes confiar, cuando los bancos dudan de la transparencia de sus empleados, cuando los partidos buscan líderes coherentes, intachables…los EE se presentan más actuales que nunca, ya que son "fragua de hombres nuevos".

La Compañía de Jesús lo comprendió así desde los primeros momentos, y tanto sus "Constituciones" (reglamento, estatuto) como la "Ratio Studiorum"(su ideario pedagógico podríamos decir) son la concreción espiritual, jurídica y pedagógica de los EE.

Ignacio de Loyola, consciente de la importancia de la tarea educativa, escribió a Felipe II, para interesarle en la creación de un colegio: "Todo el bien de la Cristiandad y de todo el mundo depende de la Educación de la juventud". Es lógico pensar que sus propios familiares vivieron el calor de ellos.

Su práctica fue introducida por los Jesuitas en Perú  como elemento fundamental de "reforma de costumbres", en particular con "hombres de suficiente edad"; la inquietud la creaban a través de los sermones; el éxito fue grande como en el Colegio de Lima donde los practicó el fiscal de la Audiencia Pedro Mejía en 1586 ingresando en la Compañía de Jesús. En 1595, el P. Juan Sebastián, provincial a la sazón de Lima, pide a Roma se impriman en castellano los EE "para que en el dar los Ejercicios a los seglares haya menos trabajo y más seguridad de que van bien escritos".

El provincial P. Rodrigo Cabredo escribirá en carta al General Acquaviva de 28.4.1603 que "Los EE de nuestro bendito Padre se han dado a muchos este año con notable fruto, pues son 9 los que de ellos han salido para ser religiosos y pretendientes de la Compañía algunos" En la Carta Annua, al hablar de este Colegio se insiste en este medio apostólico: "Comunicándoles un particular zelo de estas almas por medio de los Exercicios de nuestro beato Padre con que se disponen cada año".

En Arequipa –todavía existe una calle con el nombre de Ejercicios, la Álvarez Thomas- sucedería lo mismo,  desde que los practicara el gran misionero del Paraguay, en 1604, P. Ruiz Montoya. Su celo arrancaba, sin duda, de experimentar su fruto en sí mismo, pues "por más ocupaciones que hayamos tenido -dirá san Roque González, pionero de las Reducciones guaraníes - jamás hemos faltado a nuestros EE y modo de proceder" Cuentan las crónicas que "fue tal la moçión del pueblo y en espeçial de la gente más granada dél a recogerse a estos exçerçicios que en mucho tiempo nunca faltaron hombres que los estubiesen haziendo, sin que ubiese celda sobrada[...]Quando salían los que acababan su tarea y entraban los que estaban esperando, luego acudían otros nuebos pretensores".

¡Qué importantes son los Ejercicios, los retiros, para encontrarse con uno mismo, con los demás, con Dios! Cuántas Casas, cuántos directores, cuántos practicantes…Basta de momento con recordar a Sebastián de Antuñano, el 4º y más destacado mayordomo y benefactor de la Hermandad del Señor de los Milagros de Nazarenas. Practica ocho días de Ejercicios en el Noviciado de la Compañía de Jesús (hoy panteón de los próceres, junto a la Casona de San Marcos) en Lima y el viernes 14 de junio de 1684, se dirige a la ermita del Señor de los Milagros y, mientras contemplaba la santa efigie, siente una voz interior que le susurra claramente: «Sebastián, ven a hacerme compañía y a cuidar del esplendor de mi culto». Puesto de rodillas ante la imagen, le ofrece un servicio incondicional hasta la muerte. Y de él seguimos beneficiándonos hasta el momento.

 

4: CORREGIR AL QUE YERRA. Acerca de la Inquisición

Siempre, en todo, debemos buscar la verdad, la bondad, la belleza. Y si nos salimos del camino toda corrección propia o ajena es buena. Claro que hemos de evitar siempre los extremos: Ni estar corrigiendo cualquier tipo de error ni ponerse en la postura de Caín por no considerarse "guardián de mi hermano".

Entre una y otra está la actitud de Jesús: "Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma contigo una o dos personas más, de modo que el caso se decida por la palabra de dos o tres testigos. Si se niega a escucharlos, informa a la asamblea (o a los superiores)". (Mt. 19, 15-17)

Para cumplir esta Obra de Misericordia se requieren varias condiciones: que pueda preverse un resultado positivo a nuestra corrección y que no nos causemos un perjuicio a nosotros mismos; corregir con mansedumbre y suma consideración. Decía San Antonio María Claret: Con el otro debes ser como una madre, contigo como un juez, con Dios como un hijo.

No podemos convertirnos en gendarmes de la gente o como los Pepito Grillo que no dejan respiro. Sin embargo, corregir al que yerra en fe y moral es un consejo del Señor. Así termina el Apóstol Santiago su Carta: "Sepan esto: el que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de la muerte y consigue el perdón de muchos pecados". (St. 5, 20).

La Iglesia ha velado siempre por la verdad, por la ortodoxia (doctrina recta). De hecho algunos Padres reclamaron la necesidad de la heterodoxia (herejía) para clarificar algunas verdades en discusión o implícitas. De hecho, desde los inicios del Cristianismo hay herejes. El Credo apostólico (breve) y el niceno constantinopolitano (largo) vienen a ser una suerte de clarificación, especificación, precisión de lo que la Iglesia cree, del Dogma.

Durante la Edad Media llegará incluso a crearse el organismo y el tribunal de la Inquisición para "inquirir" (buscar) la verdad, frente a la falsa doctrina (herejía). El gran historiador peruano P. Rubén Vargas Ugarte, SJ, escribe que  "nació de una necesidad social que hoy, tal vez, no somos capaces de sentir, pero en los siglos XII y XIII no pudo menos de conmover a las multitudes y atraer la atención del  poder civil. La herejía... incitó a las masas a rebelarse contra los poderes constituidos y, especialmente, contra la Iglesia. La inquisición fue el fruto de la reacción producida en los ánimos por el ataque lanzado contra la fe y las costumbres tradicionales [1] . Por tanto, para entenderla hay que ubicarse en su contexto.

 

El tribunal de la Inquisición buscaba justamente corregir al que erraba. No sólo veía el caso de herejía y apostasía, también veía otras cosas para evitar el deterioro moral como blasfemias, bigamia, supersticiones o prácticas contrarias a la verdadera religión, brujería, hechicería o magia negra, bestialismo, sodomía, idolatría...Por el mismo pasaron "control" santos como Juan de Ávila, Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús…a los que modificaron algunas palabras de sus escritos; en otras ocasiones se imponía un castigo como salir en procesión con el "sambenito" o dar unas limosnas. Hubo tristes casos debidos a la maldad de sus agentes como sucedió contra Fray Luis de León o el primado de España Fr. Jerónimo Carranza. La pena extrema de muerte en Lima (1569-1820) se dio en 32 casos.

Claro que el objetivo era siempre el público creyente, pero que disimulaba o sostenía por verdad lo que su Iglesia no admitía. Por esta razón, cuando el tribunal se crea en América sólo incluye a los cristianos viejos, dejando exentos a los indígenas americanos por no estar bautizados todavía o haberlo hecho recientemente. En el Perú, la Inquisición fue creada por el Rey Felipe II en 1569, como filial provincial del Consejo de la Suprema y General Inquisición española. Entró en funciones en 1570, siendo Virrey del Perú Francisco de Toledo. Los primeros inquisidores fueron Serván de Cerezuela y Andrés de Bustamente.

 

Conviene recordar que aun hoy la Iglesia cuenta con la Congregación para la Doctrina de la Fe (http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/index_sp.htm) a cuya cabeza estuvo por muchos años el Cardenal J. Ratzinger (Benedicto XVI) y en la actualidad S.E. Gerard Müller.

 

Aconsejo la obra del P. Ángel Peña, "Luces y sombras de la Iglesia" (Lima 2005,  http://www.libroscatolicos.org/index2.htm) que dedica buena parte al tema. Para el caso peruano, la obra del historiador y director del Museo Dr. Fernando Ayllón Dulanto "El Tribunal de la Inquisición. De la leyenda a la historia" Ediciones el Congreso del Perú, Lima, 1999 http://www4.congreso.gob.pe/museo/resena_historica_peru.html) y que cuenta con la espléndida introducción del llorado maestro G. Lohmann Villena titulada "La Inquisición, centinela de la fe". De gran interés es analizar los sermones predicados en los autos inquisitoriales como ha hecho la medievalista peruana doctora Cristina Flórez abre horizontes sobre los objetivos de la Inquisición. Junto a la función represiva para que los herejes abjuraran de sus errores y volviesen a la ortodoxia, estaba la función ejemplificadora, de centinela de la fe y de rescatar para el seno eclesial. Además de con los juicios, edictos, un modo muy directo y bien práctico lo busca con los sermones pronunciados en el mismo auto.

Cabe indicar que todas las instituciones religiosas y civiles han creado organismos de represión y auténtica tortura para "corregir al que yerra". Los tribunales de la Inquisición introdujeron mejoras en el derecho penal, que para aquellos tiempos eran novedades. Debía haber un médico para controlar la tortura, tenían derecho los reos a un abogado de oficio y testigos de abono a su favor. El tiempo de tortura era limitado a una hora y no podía haber derramamiento de sangre ni mutilaciones, como en los tribunales civiles. En un estudio sereno y comparado se concluye que el balance general es más positivo que negativo y que, por consiguiente, hablar de la Inquisición como de una institución sanguinaria, cruel e inhumana, es lo menos acorde a la verdad y sin ella, el mundo habría lamentado muchos más miles de muertos. Como siempre, una cosa es el "uso" y otra el "ab-uso" o la exageración por parte de sus miembros.

Esto no quita para que aprendamos la lección y luchemos por una tolerancia religiosa como norma de vida y que nunca debemos imponer la verdad por la fuerza de la violencia. Como concluyó el Concilio Vaticano II y tantas veces han repetido los Papas: La verdad no se impone de otra manera que por la fuerza de la misma verdad [2].

 

5 . DAR DE COMER AL HAMBRIENTO

Esta obra no necesita ninguna explicación. Quien no tiene para comer o beber, se muere. Es la obra de misericordia más evidente, más palpable ¡Cómo es posible que a diario, en pleno siglo XXI, siguen muriendo miles de personas?  La FAO subrayó que la cantidad de personas subalimentadas aumentó en Cercano Oriente, en el norte de Africa y en la región africana al sur de Sahara. Esto hizo que la cantidad de desnutridos pasara en 10 años de 169 a 206 millones, cuando los objetivos fijados en 1996 hablaban de la necesidad de llevar esa cifra a 85 millones para 2015. Esto significa que al menos una de cada seis personas no tiene alimentos suficientes para estar saludables y llevar una vida activa; esto significa que unos mil millones de personas apenas consiguen la alimentación necesaria para llevar una vida saludable y productiva. Con la crisis cada vez hay más personas que pasan hambre física, de no comer ni beber durante días. Es algo inhumano, contra natura, que un hombre no pueda comer.

Recordamos de modo entrañable aquellas palabras de San Juan Pablo II en Villa el Salvador: "Hambre de pan, nunca más".

Me importa más que en señalar problemas, apuntar algunos testimonios elocuentes de solución. Perú cuenta con una hermosa tradición para enfrentar el fantasma del hambre que tantas veces asola. Bastaría pensar con las ollas comunes, los comedores populares. Leo en la web de RPPP que "Más de medio millón de personas en Lima se benefician con el funcionamiento de 3,400 comedores populares, informó hoy la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Paola Bustamante, en el marco de la Tercera Semana de la Inclusión Social. Durante su visita a los comedores clubes de madres Nuestra Señora de las Mercedes y Santa Rosa de Lima, ubicados en Villa El Salvador, la titular del Midis explicó que su portafolio trabaja con todos los comedores populares, que a escala nacional totalizan 13,000. http://rpp.pe/lima/actualidad/comedores-populares-en-lima-benefician-a-mas-de-medio-millon-de-personas-noticia-735645.

Si alguna institución merece nuestro respeto y aprobación es la Iglesia y dentro de ella CÁRITAS. Junto a ella, casi todas las parroquias están comprometidas en esta obra. Lo mismo cabe señalar con las congregaciones religiosas, hermandades, instituciones sociales que a través de comedores populares ayudan a paliar el hambre y la sed.

¡Qué hermosa la acción de las Carmelitas Nazarenas que, a pesar de vivir en clausura, atienden a diario a centenares de personas en desayunos y almuerzos gratuitos!

Conmovedora también la atención de las Misioneras de la Caridad de Santa Teresa de Calcuta. En su hogar de la Paz en La Parada, Av. 28 de Julio, 2821, se da a diario el milagro del compartir. El ambiente que rodea a este hogar nada en suciedad y miseria. Basta con cruzar el umbral del portón de la casa para experimentar un rayo de luz y de esperanza.  No importa contemplar niños esqueléticos, rostros esperpénticos sin algún ojo o con labios leporinos, niños golpeándose la cabeza, miradas ausentes o perdidas, ancianos regenerados de la droga o con males a flor de piel…El mal es una realidad, sí; el dolor, a toneladas…pero el bien vence, la esperanza triunfa, el amor  reina. Es el milagro de Madre Teresa que vive en sus hijas, las Misioneras de la Caridad, y en sus colaboradoras, y en los voluntarios y en los trabajadores, y en los pobres que son atendidos. Sí, la oración transfigura la realidad y nos abre horizontes de belleza y caridad. ¡Dios está aquí, me encontré en la sonrisa de los niños, en la coherencia de los trabajadores, en la esperanza de los voluntarios, en la caridad de las misioneras!

Lima, patria de santos, tuvo la gracia de acoger en siete ocasiones a Madre Teresa: el 6 de octubre de 1972, el 4 de octubre de 1973, el 26 de junio de 1974, el 30 de junio de 1975, el 14 de julio de 1977 y en 1986 y 1988. Les comparto un fragmento de su Discurso en el IV Congreso sobre la Reconciliación en 1989, "Jesús nos ha dicho: "lo que hagan por el más pequeño de los míos me lo hacen a mí". "Si dan un vaso de agua en mi nombre, a mí me lo dan, si ustedes reciben a un niño pequeño en mi nombre, me reciben a mí", y si hacemos eso Jesús nos dice: "vengan, benditos en mi Padre, y posean el Reino de Dios", "porque tuve hambre y me dieron de comer, no tenía mantas y me vistieron, no tuve hogar y me acogieron". Y el hambre no es solamente de pan. ¡El hambre es de amor, de reconciliación! ¡Es tan hermoso saber que podemos amarnos unos a otros con el corazón puro, perdonando cada uno al otro! Jesús nos ha dicho algo muy bello: "Sus muchos pecados le han sido perdonados porque ha amado mucho". Si en verdad queremos tener reconciliación, tenemos que perdonarnos unos a los otros, porque el perdonar nos da un corazón puro, y el que tiene el corazón puro puede ver a Dios y puede amar con un amor puro como Dios nos ama.Para enseñarnos lo bello que es el perdón, Jesús nos ha enseñado el Padrenuestro: "Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden". La primera reconciliación la tenemos que hacer con Dios; su amor y su paz nos darán el coraje que necesitamos para reconciliarnos unos con otros y vivir en su amor. Por eso es muy importante la oración, porque el fruto de la oración es la fe, y el fruto de la fe es el amor, y el fruto del amor es el servicio y el fruto del servicio es la paz. Los actos de amor son siempre actos de paz. ¿Y dónde empieza este amor? En nuestra propia familia ¿Y cómo empieza? Rezando juntos. La familia que ora junta, permanece unida, y si permanece unida se amarán unos a otros como Dios los ama, y este amor los hará fuertes para poder amarse como Dios los am"a. (https://www.aciprensa.com/teresadecalcuta/teresa2.htm)


6: ORAR POR VIVOS Y DIFUNTOS:

El Papa Francisco no se cansa de pedirnos que recemos por él. Siempre que felicitamos a alguien por su santo, un aniversario, un acontecimiento le encomendamos, rezamos. Y casi siempre rezamos unos por otros para que Dios nos bendiga a todos. La oración por los demás, estén vivos y muertos, es una obra buena. San Pablo recomienda orar por todos, sin distinción, también por gobernantes y personas de responsabilidad, pues "Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad". (Ver 1 Tim 2, 2-3).

Los difuntos que están en el Purgatorio dependen de nuestras oraciones. Es una buena obra rezar por éstos para que sean libres de sus pecados. (Ver 2 Mac. 12, 46)

Conviene recordar lo que la Iglesia cree acerca de "la purificación final o purgatorio" tal como recoge en su Catecismo (n. 1031-1032) y que formuló sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador. Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.

Se publicó en Lima la obra "Las almas del purgatorio: El diario espiritual y vida anónima de Úrsula de Jesús, una mística negra del siglo XVII" (Edición e introducción por Nancy E. van Deusen, PUCP, Lima 2013) de la célebre negra donada Úrsula de Jesús (1604-1666) a pedido de su confesor franciscano. Sin embargo, los milagros del que más se tiene conocimiento y que más hicieron hablar a la Lima de su tiempo fueron sus llamadas visiones o revelaciones y sus conversaciones que decía sostener con las almas del purgatorio. En cuanto a sus visiones, Úrsula relata en su diario personal aquellas imágenes del purgatorio las cuales describe con gran detalle y precisión

Muy devota también fue Sor Ana de los Ángeles (1602-1686), la beata de Arequipa. Tuvo una devoción especial por las almas del purgatorio que según sor Catalina de Cristo (Butrón) fue motivada por un libro sobre San Nicolás de Tolentino a quien ella procuró imitar. Dejó todo el dinero de sus legítimas. Así contagió a sacerdotes que celebrasen misas. Sus predilectos eran las almas de los indígenas. Sor Juana de Santo Domingo relató que Pedro Indio perdió las ovejas y, estando en la ciudad, se refirió el hecho a la santa indicándole dónde debía buscarlo. Tal devoción le llevó - un día de ayudado obligado- a decir a sor Juana de Santo Domingo: "Ve al torno que yo rezaré a las almas del purgatorio para que traiga alimentos para comer. Al llegar allá se encontró con la provisión de 8 panes, harina, queso y mantequilla".

En relación con la hermosa tarea de rezar por los difuntos está la práctica de fundar "buenas memorias y capellanías" durante el virreinato. El P. Cobo en su célebre "Fundación de Lima" escribe "Las capellanías que hay fundadas en todas las iglesias y lugares píos de esta ciudad son muchas, las cuales sirven clérigos; pasan de 200, y en los conventos de las Religiones debe haber otras tantas y más, y de cada día se van aumentando otras nuevas; todas tienen muy buena renta, y algunas hay tan ricas que llegan a 1000 pesos, y de más de 500 hay muchas de a 300 y 400 son las ordinarias"´

Como muestra, cabe citar que en la Catedral se funda una capellanía por la cual deben celebrarse a diario dos misas, una de las cuales en los primeros viernes de cada mes por aniversario por los Reyes de España, otra en los sábados en honor de la Virgen por la misma intención; en los primeros lunes de cada mes una misa por las ánimas del purgatorio.  Doña Francisca Pizarro fundó una capellanía en la capilla mayor de la catedral –por su testamento d 12 de marzo de 1551- para renta al capellán Cristóbal de Molina para que celebre una misa diaria "por el alma de dicho Marqués mi padre y mía y de mis difuntos y suyos". La Universidad de San Marcos ha venido ofreciendo y sigue –a Dios gracias- en la actualidad la costumbre de celebrar la santa Misa en su capilla de Nuestra Señora de la Antigua el día de la fiesta institucional. En el Archivo del Seminario Santo Toribio se documenta la fundación de la capellanía del Arcediano Rodrigo Pérez, por el Arzobispo Monseñor Jerónimo de Loayza y D. Cristóbal de Burgos, sus albaceas, el 1 de mayo de 1551, ante Simón de Alcates, y con la finalidad primordial de rezar por los naturales del Perú, así como el que se digan en la Catedral dos misas rezadas los días jueves y domingo de cada semana; para el cumplimiento de esta disposición se compraron unas casas con dos tiendas en la calle de las "Mantas.

 7 DAR DE BEBER AL SEDIENTO

Va directamente unida a la primera de dar de comer al hambriento. Sobre dar de beber al sediento, la mejor historia de la Biblia es la de la Samaritana a quien el Señor le pide de beber. (Ver Jn. 4, 1-45).

Y pocos pueblos valoran tanto el agua como los que viven en el desierto. De hecho, para la Biblia este lugar es un paradigma de la propia situación humana. Israel, al encontrarse sin agua, se queda a Moisés de que va a morir de sed y de hambre y Yahvé le proporciona agua y maná, salvándolo de su angustiosa situación. La Iglesia, a lo largo de los siglos ha buscado imitar la acción divina buscando por todos los medios que nadie perezca por sed.

¡Cuántas campañas en el Perú de agua para todos, agua limpia! ¡Cómo se valora en los Pueblos Jóvenes donde todavía deben conseguirla con cisternas!  Momentos dramáticos por catástrofes, huaicos, por las sequías…Cabe destacar el papel de Cáritas en tantas ocasiones.

Santo Toribio obró de modo misericordioso como nuevo Moisés en varias de sus caminatas. La señal más célebre fue en Macate, departamento de Ancash, diócesis de Chimbote. Cuentan las crónicas que el Santo "al ver que las buenas tierras se quedaron sin agua, rogó por los habitantes del lugar, e inspirado por Dios subió a una altura a media legua del pueblo. Allí, revestido de pontifical, golpeó cual otro Moisés con su báculo tres veces las rocas, y de ellas brotaron tres brazos de agua cristalina que hasta ahora da vida, verdor, lozanía a aquella región." También se guarda la tradición en el distrito de Llumpa, Conchucos, cerca de Piscobamba, de haber hecho brotar buena agua de una parte muy alta para regar el valle de Llacma.

Un milagro encantador de calmar el agua pero en bravos animalitos lo obró nuestro San Martín. Cuenta el testigo Marcelo de Ribera que en unas recreaciones que hubo, trajeron al convento unos toros y terneras para que los coristas jugasen con ellos; y estuvieron cuatro días sin comer. Y sabiéndolo el siervo de Dios, se afligió mucho y en presencia de este testigo cargó a toda prisa botijas de agua y las iba poniendo en la puerta del noviciado. Y, al día siguiente, se publicó el caso en todo el convento. Fue que, después de tener mucha agua y hierba que trajo de la caballeriza del convento, se le abrieron las puertas del noviciado a más de medianoche y metió la dicha agua y hierba y la fue repartiendo a cada uno según la edad que tenían. Y siendo animales tan furiosos, se le domesticaron y amansaron de tan suerte que llegaban al siervo de Dios como a besarle el hábito. Y un religioso, llamado fray Diego de la Fuente, le oyó hablar y que decía a los toros: "El hermano mayor, deje, deje de comer a los menores". Y con esto se volvió a salir. Y para mayor prueba  del caso hallaron las botijas quebradas en  que les había dado de beber, por donde conocieron que se le franquearon las puertas (Proceso, p. 137).

En el siglo XVIII, el economista Adam Smith planteó la paradoja del diamante y el agua, considerando que a pesar de que el agua es tan útil para los seres humanos y esencial para el sustento de la vida, sin embargo, es menospreciada y vendida excesivamente barata. Contradictoriamente, los diamantes, cuya utilidad real para la vida es nula y sirven únicamente en su condición de joya, se venden a precios altísimos. Las personas pueden sobrevivir sin diamantes, pero si estuvieran en medio del desierto durante tres días, valorarían un vaso de agua más que todos los diamantes del mundo. Lo que ocurre es que los diamantes tienen precios elevados debido a una cierta utilidad (o satisfacción) marginal alta que se relaciona con su limitada reserva. La utilidad total del agua es mayor, pero tiene una utilidad marginal inferior debido a su abundancia relativa. La paradoja del economista Smith concluye afirmando que si la exigencia depende de la utilidad del producto, el agua debería ser más valorada.

Podríamos decir que calmar la sed vale más que regalar un diamante. Por algo nos enseñará el mismo Jesús: "Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa.» (Mc 9, 41)

Nos lo recuerda el Papa Francisco en su encíclica "Laudato Si", donde dedica un apartado especial dedicado a: "La cuestión del Agua" (27-31), en el Capítulo Primero, sección segunda: "El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos" (n.28)  Oremos con el Santo de Asís: "Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy humilde, y preciosa y casta". Ahorremos el agua, luchemos para que llegue limpia y abundante a todos los lugares.

8 REDIMIR AL CAUTIVO Y VISITAR AL PRESO

Esto implica visitar a los presos y darles ayuda material y muy especialmente, asistencia espiritual (para ayudarlos a enmendarse y ser personas útiles y de bien cuando terminen el tiempo asignado por la justicia). Significa también rescatar a los inocentes y secuestrados; en la antigüedad los cristianos pagaban para liberar esclavos o se cambiaban por prisioneros inocentes; hoy en día este mandato tiene que ver con prisioneros inocentes y secuestrados

El Evangelio no empieza por una reforma estructural, programando un cambio externo de la sociedad aunque en el fondo lo suponga e implique, sino ofreciendo un espacio de comunión humana a los mismos presos. Los encarcelados, a quienes la sociedad encierra/expulsa como peligrosos, son para Jesús la piedra angular de la comunidad mesiánica (cf. Mc 12, 11). Sin duda, algunos pueden ser muy peligrosos y no pueden estar sin más en libertad. Pero Jesús quiere ofrecerles una presencia humana de cuidado y esperanza. De igualmente han hecho y debemos hacer sus seguidores. Como bellamente expresó Benedicto XVI "no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Deus caritas est, 1)

 

Desde la antigüedad,  se rescataban esclavos o presos cautivos por dinero. El caso más famoso es el de Miguel de Cervantes, quien preso en Lepanto y Argel intentó cien veces la fuga, sostuvo el ánimo de sus compañeros de cautiverio, hizo frente a la barbarie turca sin temor a los crueles castigos acabando por hacerse respetar y por fin el trinitario fray Juan Gil le rescató y pudo salir para Valencia el 24 de octubre de 1580.

Uno de los más entrañables ministerios de los Religiosos Mercedarios del Perú fue el de recaudar limosnas en el dilatado virreinato para ser enviadas en rescate de cristianos cautivos por los moros en África. Todavía se pueden ver las alcancías en las iglesias de La Merced; la maternal figura de la Virgen Redentora iba de casa en casa como señal de bendición y también impetrando una colaboración económica. La real cédula de 1576 demuestra que se cumplía tal ministerio cuando apenas hacía cuarenta años de la fundación de conventos en el Perú. En 1588 se tiene noticia del primer envío oficial por un total de 1.044 pesos consignados a las autoridades de la Real Hacienda. Cuando en 1786 se ordenó por real cédula la supresión de los pequeños conventos, vista las dificultades para la recolección de dichas limosnas, hubo de revocarse tal supresión, pues como lo demostró el provincial de Lima, en sólo seis años se había recaudado 309.000 pesos para ser remitidos a España. ¡Con qué gratitud se recuerda su benéfica labor, especialmente la de los siervos de Dios Gonzalo Díaz de Amarante, Alonso de Arequipa, Antonio de San Pedro, Pedro Urraca, Francisco de Salamanca, Sebastián de la Cruz, entre otros!

Para solucionar esta llaga de la prisión por delitos o cautiverio por motivos religiosos como hizo el Islam con los cristianos, surgieron órdenes redentoras como los trinitarios o los mercedarios, dedicadas a las cárceles, donde ejercen su apostolado entre los aprisionados por todo tipo de delitos y entre sus familias, junto a laicos y sacerdotes desempeñan tareas de voluntariado en las cárceles y para la reinserción social. 

Un célebre caso de visita a la cárcel nos lo brinda Santo Toribio y nos lo cuenta Juan Delgado de León como testimonio en el proceso de beatificación: "por el año de 1598 poco más o menos, habiendo oído decir que traían por aquella para ajusticiar a un fulano capitán Juan de Reynoso, y viendo que no traían al delincuente, oyó decir este testigo que el dicho siervo de Dios Don Toribio había salido de su casa e ido a la cárcel pública de esta ciudad con mucha gente que le fue acompañando adonde estaba preso y para sacar luego a degollar al dicho fulano de Reynoso por haber dado de paños a otro en la puerta del palacio, el cual no se había querido bajar de la querella y movido de piedad el dicho siervo de Dios se entró adonde estaba la parte agraviada y con sus persuasiones santas y eficaces le redujo a que perdonase el agravio, con lo cual se compuso el negocio, apartándose de la querella el ofendido, con que dejaron de ajusticiar al dicho fulano de Reynoso, quedando todo el pueblo edificado y admirado de la grande caridad del dicho siervo de Dios

El fundador de las Mercedarias de la Caridad –presentes en Rioja y Lima- , Beato P. Zegrí, describió bellamente el objetivo d la Orden: «Curar todas las llagas, remediar todos los males, calmar todos los pesares, desterrar todas las necesidades, enjugar todas las lágrimas, no dejar, si posible fuera en todo el mundo, un solo ser abandonado, afligido, desamparado, sin educación religiosa y sin recursos»

"¿Cuándo estuviste en la cárcel y no fuimos a verte...?" Para evitar que algún día tengamos que hacer esta pregunta al Señor, la Iglesia nos invita a acompañar a los cautivos. Alrededor de 90.000 presos y 70 penales existen en el Perú. En el Perú existe la pastoral carcelaria en casi todas las diócesis. Desde su carisma trinitario, mercedario, o debido a un llamamiento del Señor, cientos de misioneros y voluntarios frecuentan las cárceles como los Misioneros de la Preciosa Sangre, quienes reconocen el grito de la Sangre en los hermanos que buscan su libertad; de este modo, los padres Andoni Ledesma C.PP.S y Nino Calderón C.PP.S están realizando esta pastoral en dos penales: Piedras Gordas, ubicado en el Km 42 de la avenida Panamericana Norte, en Ancón; y en San Pedro ubicado en el distrito limeño de San Juan de Lurigancho. O el de la laica española Mercedes López quien desde hace décadas ha optado por una vida entre rejas, apoyando en lo que puede a los presos extranjeros que cumplen condenas por tráfico de drogas, desde la Casa de la Esperanza Migrante, para ayudar a los burriers extranjeros que salen de prisión; con su equipo los acoge, les da un techo provisional, comida, ropa, les gestiona documentos y hasta les consigue trabajo.

 

Dios quiera que -como pidió el Papa Francisco en febrero del 2016 en su visita a los presos de Ciudad Juárez- se promueva la reinserción social y una cultura solidaria: "A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de reinserción que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a determinada actitud…En la capacidad que tenga una sociedad de incluir a sus pobres, sus enfermos o sus presos está la posibilidad de que ellos puedan sanar sus heridas y ser constructores de una buena convivencia".

9 DAR POSADA AL PEREGRINO

En la antigüedad el dar posada a los viajeros era un asunto de vida o muerte, por lo complicado y arriesgado de las travesías. La Biblia rescata el ejemplo de acoger a ángeles bajo formas humanas: A Abraham y Lot les sucedió esto. Esto lo recuerda posteriormente San Pablo: "No dejen de practicar la hospitalidad, pues algunos dieron alojamiento a Angeles sin saberlo". (Hb. 13, 2). San Benito –fundador de los Benedictinos- inaugural una tradición hospitalaria que se hará proverbial: "Acojan al huésped, al peregrine, como si del mismo Cristo se tratara". En aquel tiempo surgieron además diversas órdenes religiosas con una finalidad hospitalaria, de acoger a peregrinos y, en especial, a enfermos, entre las que existen y cumplen todavía una función algunas, como los Hospitalarios de San Juan de Dios. De su tiempo son célebres las Casas de Misericordia, para bien acoger a los pobres verdaderos, y poner en evidencia los falsos pobres (vagabundos y vagos), sin necesidad de emplear acciones coercitivas; tales Casas debían ofrecer acogida, formación, trabajo y oración. Serían financiadas con la caridad de los poderosos y el propio trabajo de los asilados

En la actualidad CÁRITAS ha creado toda una red de casas de acogida. El Hogar de Cristo de San Alberto Hurtado ideó la bella fórmula de salir con la camioneta a buscar incluso a aquellos que no se atrevían a pedir posada. 

Antonello Gerbi ha escrito un bello libro "Caminos del Perú" (Banco de Crédito del Perú, Lima, 1943) en el que define al Perú como un camino: "El Perú es un camino. Otros países pueden resumirse en un símbolo geográfico. Egipto es un valle, el Brasil una selva, la Argentina una pampa, Siberia un estepa, Inglaterra una isla, Panamá un istmo cortado y Suiza un puñado de montañas consteladas de hoteles. El Perú es un camino. Luis Miguel Glave señala en este sentido que "en un territorio tan difícil, agreste e inmenso, los diversos pueblos que han definido la existencia de la nación peruana, lo han hecho caminando"[3] en permanente itinerancia, pero fieles a sí mismo, bebiendo de su propio pozo, abiertos a la globalidad., como Víctor Andrés Belaunde acuñó: en síntesis viviente, en peruanidad.

Los caminos andinos, las apachetas –montículos de pequeñas piedras formados por los peregrinos para expiar sus penas- de cerros y nevados, fueron transitados por hombres y mujeres, "bienes, ideas, miedos y esperanzas". El P. José de Acosta, S.J. refiere que los indios emplean mil manera para cruzar los ríos. Puentes con estructuras de piedra, de madera, puentes colgantes con estructuras de fibras. Oroyas: canasta suspendida de un cable conectado a ambas márgenes de un río[4]. Jhon Hyslop se ha adentrado en los estudios para reconstruir esta trama de unos 23.000 kms sobre uno de los terrenos más abruptos y que sirvió para el transporte, las comunicaciones y la administración del Estado más importante de la historia prehispánica. Los centros organizadores del espacio andino eran símbolos sagrados, centros de atracción y concentración, donde se rendía culto a la divinidad y se aceptaba la autoridad de los que consideraban sus representantes en la tierra. Centros ceremoniales como Toro Muerto, Chavín o Pachacamac, nevados como el Ampato o Sara Sara, recibían devotos peregrinos que acudían a pedir un favor o a agradecer un don.

Del Perú incaico contamos con el valioso testimonio de los Tambos, construidos a lo largo del Qhapaq Ñan, como centros de aprovisionamiento y de albergue para los Chasquis. Junto a ellos, existían los Chaskiwasi, pequeños asilos para el descanso de los viajeros, así como también para sus animales. Los innumerables centros ceremoniales como Caral, Paraíso, Chavín, Pachacámac contaban con vastos espacios de acogida.

Los españoles aportaron su larga tradición peregrina y recrearon su identidad en lugares santos, normalmente frecuentados por la población andina. Los naturales acogieron las formas hispanas y las asumieron recreando sus cultos y costumbres ancestrales en devociones aceptables para el mundo cristiano. Hoy Perú se ve salpicado por cientos de santuarios –del Señor, de María, de santos- que acogen peregrinos

Sorprende, sin embargo, que en el pueblo sencillo, de a pie, anidase una conciencia universal cosmopolita que le llevase a pensar como algo normal el visitar lugares tan distintos y distantes como Copacabana de Bolivia, Guadalupe de México, en las Indias o Compostela y Roma en Europa, sin perder de vista Jerusalén en Asia.  Es el caso de Pedro de Aragón que en 1660  "pide licencia para ir en romería. a Nuestra Señora de Copacabana y Santiago de Galicia reinos de España en hábito de peregrino". A través de los testigos que presenta podemos conocer los motivos estrictamente religiosos que le impulsan a peregrinar.

En el Archivo Arzobispal de Lima hay expedientes acerca de peregrinos de residentes en Lima como el griego Jorge Condoleo quien pide licencia en 1611 para ir como peregrino a Jerusalén. De igual modo Francisco Jurado, natural de Badajoz, solicita permiso para peregrinar y el canario Gaspar de Acosta, que, en 1634, solicita peregrinar a Copacabana. De igual modo, nos encontramos con limeños deseosos de peregrinar a Tierra Santa como Onofre, "gran pecador" en 1620, Diego Mateo Jiménez en 1621 y Rodrigo Solano, quien en 1635 "pide licencia para ir a visitar las santas casas de Guadalupe y Copacabana en hábito de romero".

Y si damos un paso más y abrimos el horizonte de la obra de misericordia a la acogida brindada al migrante, Perú siempre ha abierto sus brazos y fronteras a cuantos la han visitado como turistas o la han convertido su patria adoptiva. El Perú cristiano cuenta con toda una historia de acogida en sus santuarios, sus órdenes religiosas, sus centros hospitalarios, sus casas de Retiro. Uno de ellos, La Casa Hogar Santo Toribio de Mogrovejo, alberga desde Agosto del 2009 a enfermos y sus familiares que vienen desde provincia para poder ser atendidos en los hospitales de la capital.

10 VESTIR AL DESNUDO

San Martín de Tours es el célebre santo francés que popularize como nadie esta obra de misericorida. Se cuenta que, cabalgando envuelto en su amplio manto de guardia imperial, encontró a un pobre que tiritaba de frío, con gesto generoso cortó su manto y le dio la mitad al pobre. Por la noche, en sueños, vio a Jesús envuelto en la mitad de su manto, sonriéndole agradecido.

El vestido definía al hombre por su situación social y oficio. De esa forma habla la Biblia de la armadura de soldado de Goliat (1 Sam 17, 4-6. 38-39), y de un modo especial de los ornamentos sagrados del Sumo Sacerdote, descritos de manera minuciosa en Ex 28, pues ellos sirven para ensalzar y sacralizar al ministro del culto: «Harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, que le den gloria y esplendor…, y para consagrarlo, a fin de que me sirva como sacerdote. Las vestiduras que le harán son las siguientes: pectoral, efod, túnica, vestido a cuadros, turbante y cinturón… para él y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes» (Ex 28, 1-4).

Tales vestiduras de culto marcan una distancia entre los sacerdotes y el resto de los creyentes, jerarquizando a la población. Pues bien, al lado de ellas, el Éxodo puso de relieve el valor sagrado del vestido de los pobres, que nadie puede usurpar a perpetuidad: "Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás a la puesta del sol, pues no tiene vestido para cubrir su cuerpo y para acostarse? Cuando clame a Mí, yo le oiré; porque soy misericordioso (hanun)" (cf. Ex 22, 26).

De este modo, el vestido no es objeto de culto, sino protección para el pobre, afirmando que la religión verdadera (ayuno), consiste en vestir al desnudo, ayudándole a vivir en dignidad (Is 68, 7). Más importante que la armadura del soldado y el adorno clerical es el vestido que cubre y otorga dignidad a los pobres. En ese contexto, los "sin ropa", los desnudos son los excluidos, los más pobres de los pobres. 

Esa palabra de Mt 25 retoma la experiencia de Is 58, 7 Ez 18, 7.16; cf. Job 22, 6 y el desnudo no es sólo quien no tiene ropa, sino el que está humillado, ninguneado, aplastado por otros, sin la dignidad y lugar social que le ofrece el vestido. Por eso, quien tiene ropa sobrante (capa de rey, manto de sacerdote, túnica de labrador) y no viste al desnudo es un ladrón, merecedor del juicio (como supone Juan Bautista: Lc 3, 11).

Esta obra de misericordia se nos facilita con las recolecciones de ropa que se hacen en Parroquias y otros centros de recolección. Recordar que, aunque demos ropa usada, no es dar lo que está ya como para botar o para convertir en trapos de limpieza. En esto también podemos dar de lo que nos sobra o ya no nos sirve, pero también podemos dar de lo que aún es útil. ¡Cuántos contenedores de ropa enviamos desde Villagarcía de Campos (Valladolid) a través de la agencia SELASI! Había prendas usadas y también otras donadas por tiendas y grandes almacenes. 

Vestir al desnudo Karibú es una ONG que atiende a inmigrantes subsaharianos en Madrid. En el Perú son muy populares los Traperos de Emaús, http://www.emaussamaritano.com/, quienes aprovechan "Papel ,cartón ,plástico ,chatarra, metales, escritorios, revistas, equipos de cómputo , maquinarias en desuso , papeles en general ,artefactos en general , muebles, camas , mesas , veladores ,ropa, zapatos , libros , revistas, vajillas,  papel , cartón ,plástico , botellas de vidrio, colchones , juguetes, cuadernos ,etc. En Arequipa son muy conocidas las campañas de CIRCA: "el papel y la ropa que te sobra es el pan y vestido que necesito".

No esperemos a que llegue el frío para nuestros hermanos de la puna ni tampoco los momentos de desastres ni siquiera a la campaña de Navidad, pongamos la mano en el corazón y la vista en nuestro armario y seguro que vamos a descubrir un motivo para llevar a otro la misericordia divina.

 

11. CONSOLAR AL TRISTE

¡Qué tristeza se nota en tantas caras que uno encuentra a diario! Cuánta plata se gasta para combatirla. Cuentan que el presidente ruso Kruschev al ver el gigantesco parque de las diversiones de Estados Unidos comentó: "Debe ser un pueblo muy triste cuando necesita tantos recursos para divertirse".

Cuántos rostros "pálidos", ojerosos, tristones, sin sentido. En los medios de transporte, en la calle se palpa un ambiente cargado de stress, de odio contenido, de un vacío, de un sin sentido. Se ve a la gente con prisa pero sin saber muy bien dónde llegar. El consuelo para el triste o deprimido se asemeja al cuido de un enfermo. Y es muy necesario, pues las palabras de consuelo en la aflicción pueden ser determinantes.

Escribe Pascal: "Sólo la religión cristiana hace al hombre amable y feliz al mismo tiempo".

 Santa Teresa lo sintetizó a la perfección: "Santo triste, triste santo", o sea, que santidad y tristeza son incompatibles.

El Señor nos quiere felices. El que de verdad cree en Dios, espera en Dios y ama a Dios encuentra en la certeza de su presencia una verdadera fiesta, se siente feliz, pase lo que pase. Toda la miseria humana no podrá oscurecer la dicha profunda, la inundación de paz que nace en el alma al saber que Dios es infinitamente grande y es «mi Padre». Todos los días son fiesta para los que viven en gracia de Dios.

Los cristianos hemos recibido en el Bautismo la consigna de «servir al Señor con alegría». El mal humor no se compagina con la Buena Noticia que es el Evangelio que hemos de vivir y anunciar a todas las gentes. El Evangelio no se puede anunciar con mala cara ni se puede vivir con malos humores. Sabiduría sin buen humor no es verdadera sabiduría. Humor sin sabiduría es necedad

Buen momento este para releer la Exhortación Apostólica Gaudete in Domino sobre la alegría cristiana, de Pablo VI (9-V-1975). Texto base de la misma: "Alegraos siempre en el Señor, porque El está cerca de cuantos lo invocan de veras" (cf. Flp 4,4). Capítulos de dicha exhortación: I – Necesidad de la alegría en todos los hombres. II – La alegría cristiana en el AT. III – La alegría cristiana en el NT. IV – La alegría en el corazón de los santos. V – Una alegría para todo el pueblo. VI – La alegría y la esperanza en el corazón de los jóvenes.

El actual Papa Francisco es un vivo testimonio de alegría. Sus dos exhortaciones apostólicas versan justamente sobre la alegría: El gozo del Evangelio, La alegría del Amor; nos reta a dejar la cara de vinagre y de Cuaresma para convertirla en cara sonriente y de Pascua.

San Pablo lo escribió de una vez por todas: "Estad alegres, os lo repito, estad alegres. Cristo está cerca" (Fil 4, 4-5). Todo creyente debe dar razón de su alegría y transmitirla.

Ninguna misión tan excelente como la del voluntario, la persona que vive comprometida en el servicio responsable de los demás. Hay más alegría en dar que en recibir.

Lea este retrato robot: se enfada con frecuencia o sin motivo; parece insatisfecho con su vida; no tiene brillo en la mirada y su sonrisa más parece una mueca que una expresión de felicidad. Ahora, póngale nombre propio. Si ha relacionado este retrato con alguien de su entorno, es que tiene cerca a una persona triste.

 

Esto es extremadamente importante. San Ignacio de Loyola, en sus reglas para el discernimiento, resume la estrategia sobre cómo actuar cuando estamos en un estado de desolación. En la desolación nos sentimos tristes, deprimidos, que en realidad nadie se preocupa por nosotros, la vida parece inútil y sin sentido. Todos pasamos por este estado a veces; es parte del ser humano. Sin embargo, cuando te des cuenta de que alguien pasa por este estado, haz todo lo que pueda para ser una fuente de aliento. ¿Cómo? En primer lugar, orando por la persona. En segundo lugar, una cálida sonrisa puede recorrer un largo camino. En tercer lugar, decir una o dos palabras de aliento.  En cuarto lugar, ofrecer un cumplido en algunos puntos de alta calidad que tiene la persona.  En quinto lugar, puedes incluso contar una historia o anécdota humorística para sacar a esta persona fuera del hoyo. 

En la Av. Brasil tenemos las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, ángeles auténticos que dan alegría a los ancianos. Y cerca de ellos, todo el complejo  salesiano con las Hijas de María Auxiliadora y su colegio, así como con la basílica, parroquia, colegio, editorial, instituto, Casa de Acogida, los oratorios, toda la obra de Don Bosco, quien hacía consistir la santidad en la alegría;  sus oratorios son todo un antídoto frente a la tristeza.

El 2017 celebraremos el cuarto centenario de la muerte de Rosa. Rosa era una mujer feliz, a pesar de las enfermedades y penitencias que soportaba. Se sentía tan dichosa de poder así demostrarle el amor a su esposo Jesús y ayudarle en la gran tarea de la salvación del mundo que se sentía inmensamente feliz. Por eso, no es de extrañar que se pasara muchos momentos de su oración cantando. Le gustaba cantar. A veces, en medio de la costura, cantaba con gran regalo de espíritu alabanzas divinas, diciendo algunas letrillas muy devotas que ella misma componía con que levantaba su espíritu al Señor. Y le dijo a este testigo (Padre Lorenzana), tratando de este punto de cantar: "Padre, quitarme a mí el cantar es quitarme el comer".

 

12. ENTERRAR A LOS MUERTOS:

Muchas de nuestras huacas y centros arqueológicos de  Lima y todo el Perú son en realidad cementerios, necrópolis. ¡Qué pena da constatar que uno de los nuestros se lo "tragó" el mar o un caudaloso río! El recordado Dr. Raúl Cantela escribió un precioso libro "EL RIO SE LO LLEVÓ" sobre su hermano Carlos, P. Cali, franciscano, desaparecido en las aguas del río Tambo Dantescas fueron las imágenes de los muertos en el accidente de Faucet en el 1995 poco antes de aterrizar en Arequipa; de muchos de ellos sólo quedaron cenizas. ¡Cuántos desaparecidos, no enterrados o escondidos! ¡Qué paz nos deja el culminar la tarea de la persona humana en la tierra, enterrando cristianamente su cuerpo!

Hasta la Edad Moderna, lo habitual en la civilización cristiana era enterrar dentro o en torno a la iglesia. Durante los siglos XVI y XVII, en Occidente se mantuvo la costumbre de enterrar a los muertos dentro de las Iglesias, conventos, capillas de hospitales. Esta situación cambia en la segunda mitad del siglo XVIII, con la difusión de las ideas ilustradas, en que son cuestionadas tales costumbres.  La idea central, era que los muertos se encontraban envenenando a los vivos y por ello la necesidad de erigir un campo santo que recogiera los cuerpos o focos infecciosos. La calidad del aire era fundamental Por este se expandían los miasmas de los muertos que venían como, a medio proceso de corrupción las tumbas eran abiertas para alojar nuevos huéspedes. Los muertos no podías descansar por eso de vengaban de los muertos, enfermándolos. Un tanto obsesionados por la salud y la higiene hicieron todo lo posible para trasladar los enterramientos a las afueras de los núcleos poblados, como graciosamente escribió el Cura Zamácola en Cayma (Arequipa) "para que los muertos no maten a los vivos".

Paradigma de estos cementerios será el Presbítero Matías Maestro inaugurado, el dia 31 de Mayo de 1808, con una ceremonia simbólica, que llamará a la reflexión a la población, esta fue la traslación de  los restos de Arzobispo,  Juan Domingo Gonzáles de la Reguera, enterrado en el Panteón de la Catedral, quien había impulsado el proyecto del Cementerio.  El propio Arzobispo Bartolomé María de las Heras elogiará este Cementerio general o Campo Santo, cuya fabrica por su extensión bello orden, solidez y decencia, no tiene nada que envidiar a los mejores de Europa  exhortando que en adelante las inhumaciones tuvieran como destino el Panteón

¿Qué sentido tiene esta obra de misericordia en nuestro tiempo, cuando de esto ya se encargan las funerarias? Como señala la  escritora María Vallejo-Nágera, autora del libro Entre el cielo y la tierra (ed. Planeta), «la Iglesia nos regala poder enterrar a nuestros difuntos en Campo Santo, que es tierra bendecida, orada y entregada a Dios. Durante los 5 años que investigué documentación eclesial sobre el Purgatorio, descubrí mucha información sobre la importancia de enterrar a nuestros amados difuntos en estos lugares. Decía la Beata Anna Catherina Emmerich, en sus visiones y éxtasis, que muchas almas difuntas se sentían aliviadas al ver gente orante en los cementerios. Aunque sus oraciones no estaban dirigidas a ellos (los visitantes oraban por sus difuntos, no por el resto de enterrados), a veces Dios permitía que se beneficiaran de ellas los enterrados en tumbas colindantes. Enterrar a nuestros difuntos debe ser siempre un acto de caridad, amor y empatía, y qué mejor manera de hacerlo que llevando sus restos a un lugar donde Dios ha derramado grandes gracias a través de bendiciones sacerdotales y oraciones de todo tipo».

El más famoso muerto enterrado y en una tumba que no era propia fue el mismo Jesucristo. José de Arimatea facilitó una tumba de su propiedad para el Señor. Pero no sólo eso, sino que tuvo que tener valor para presentarse a Pilato y pedir el cuerpo de Jesús. Y también participó Nicodemo, quien ayudó a sepultarlo. (Jn. 19, 38-42)

¿Por qué es importante dar digna sepultura al cuerpo humano? Por que el cuerpo humano ha sido alojamiento del Espíritu Santo. Somos "templos del Espíritu Santo". (1 Cor 6, 19).

Prácticamente todas las cofradías y hermandades –además de incentivar la práctica de la caridad, la oración, el culto, tuvo muy en cuenta el enterrar cristianamente a sus miembros muertos. Así sucedió con las primeras del Perú: Santísimo de la Catedral desde 1539, la de los Carpinteros de San José, la de sastres en 1573, en San Francisco y que tuvo como titular la Purísima, la de los zapateros o de San Crispín de la Catedral, la de la Soledad, en 1603, en San Francisco, la de las Cárceles, la de la Piedad de la Merced, de 1606, la de los Plateros o de San Eloy en San Agustín, la del Niño Jesús en la iglesia de san Pablo de los Jesuitas, Nuestra Señora de Copacabana en la iglesia del hospital de San Lázaro, la d la Soledad del Cuzco en La Merced. 

 

13 PERDONAR LAS INJURIAS

La misericordia es una calle de doble sentido. Si queremos recibir la misericordia de Dios, entonces debemos ser misericordiosos y perdonar a los que nos han hecho mal. Los versículos bíblicos sobre este tema son muchos, muchísimos:"Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso"."Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor." "No se ponga el sol sobre vuestro enojo." "Perdona las ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…" (El Padre Nuestro) "No te digo 7 veces, sino 70 veces 7 veces… tienes que perdonar…" "Deja tu regalo y reconcíliate primero con tu hermano…" "Padre, perdónalos porque no saben lo que están haciendo." "En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso."

Una pista que puede ayudarnos en el área del perdón es la de aceptar el hecho de que todas sus personas de nuestra vida nos harán daño en algún momento. El lugar más común en que somos heridos se encuentra en el contexto de nuestra familia, con los miembros de la familia. La clave es la siguiente: perdona inmediatamente. Tan pronto como alguien te hace daño o hiere, entonces ora por esa persona y perdona inmediatamente. Si lo haces habrás ganado una importante victoria sobre ti mismo y mostrar a Dios cuánto lo amas por practicar la misericordia.

De la venganza al diente por diente llevó un paso largo; de la ley del Talión al perdón fue un paso de gigante. "Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden",es un punto del Padre Nuestro, que el Señor aclara un poco más en San Mateo, al final del Padre Nuestro: "Queda bien claro que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial los perdonará. En cambio, si no perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonará a ustedes". (Mt. 6, 14-15).

Perdonar las ofensas significa que no buscamos vengarnos, ni tampoco conservamos resentimiento al respecto. Significa tratar a quien nos ha ofendido de manera amable. No significa que tenemos que renovar una antigua amistad, sino llegar a un trato aceptable.

El mejor ejemplo de perdón en el Antiguo Testamento es el de José, que perdonó a sus hermanos el que hubieran tratado de matarlo y luego hayan decidido venderlo. "No se apenen ni les pese por haberme vendido, porque Dios me ha enviado delante de ustedes para salvarles la vida". (Gen. 45, 5). Y el mayor perdón del Nuevo Testamento:"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". (Lc. 23, 34). Jesús dio un cambio revolucionario, perdonar siempre, a todos, del todo, setenta veces siete o sea siempre, ofrecer la otra mejilla, responder al mal con el bien. Lo deja claro el Padrenuestro cuando le pedimos perdón al Padre porque "también nosotros perdonamos a los que nos ofenden".

Pienso en el milagro del perdón otorgado por Dios en la confesión y pienso en tantas iglesias que siempre ofrecen esta gran oportunidad. El santuario del Señor de los Milagros de Nazarenas siempre tiene un confesor disponible, lo mismo sucede con San Pedro en el centro de Lima y tantas iglesias durante las misas. De gran interés las Jornadas del perdón y los Centros de Reconciliación

El P. Ángel Peña nos relata un bello ejemplo en su libro "La alegría del perdón" y que conoció personalmente. Una chica terrorista vino un día a mi parroquia de Arequipa, diciéndome que quería confesarse, porque había matado a varias personas, junto a sus camaradas comunistas, en sus incursiones a los caseríos de la Sierra. Desde muy niña, su corazón había estado lleno de rencor a sus padres, que eran alcohólicos, y la habían tenido muy descuidada, hasta el punto de que varios hombres la habían violado. Era tanto el odio que sentía que la ira y el deseo de venganza era un fuego en su interior. Por eso, no encontró mejor medio de vengarse que unirse a los terroristas, que andaban por la zona, para poder desfogar su odio contra todo y contra todos.

Los terroristas la usaron de cocinera y la llevaban a sus incursiones armadas, donde también ella mataba sin compasión. Así estuvo varios años hasta que se fue hastiando de ese infierno de vida, sobre todo, teniendo que ser la mujer de cualquiera de sus compañeros, la cocinera y la sirvienta de todos. Por fin, un día se escapó y huyó lejos de aquellos lugares, donde sus compañeros no la pudieran encontrar. Y se fue a Arequipa a trabajar, pero siempre llevaba dentro el odio, que no la dejaba dormir ni descansar bien. Felizmente, comenzó a trabajar en una familia muy católica y la orientaron para que pudiera confesarse y pudiera por fin perdonar y perdonarse a sí misma por todo el daño que había hecho. Para ella fue como un renacer de nuevo, pues volvió a sentir la alegría de vivir. Dios la había liberado de la cadena del odio que la tenía como esclava, y no la dejaba vivir en paz.

Como escribe el P. Peña "amar es perdonar y perdonar es amar. Perdonar es sanar y odiar es enfermar. Ama y perdona para ser feliz".

14 SUFRIR CON PACIENCIA LOS DEFECTOS DE LOS DEMAS

La tolerancia y la paciencia ante los defectos ajenos es virtud y es una obra de misericordia. Claro que con sentido común si se ve que el soportar esos defectos causa más daño que bien, no se debe ser tolerante, sino, con mucha caridad y suavidad, debe hacerse la advertencia y aplicar la corrección fraterna. Lo cierto es que no es tan sencillo, pues casi siempre se da con familiares, miembros de una comunidad o compañeros de trabajo.

Para vivir misericordiosamente, necesitamos la gracia y mucha gracia. Si en el trabajo hemos estado siendo perjudicados por un jefe o un compañero de trabajo. Cambiar de trabajo es impensable debido a la situación económica. Del mismo modo el jefe y compañero de trabajo no van a ninguna parte. La actitud más agradable a los ojos de Dios es simplemente volver a trabajar con gran humildad y con confianza en la Divina Providencia. ¡Confía En Dios! Él estará allí contigo para ayudarte a llevar con paciencia la cruz

De gran ayuda podría ser meditar sobre Jesús cargando su cruz en dirección a su crucifixión. A pesar de que Jesús cayó tres veces, Él se levantó con el peso de los pecados del mundo sobre sus hombros sangrientos, cansados  y golpeados. Siempre debemos tener a Jesús ante nuestros ojos como nuestro modelo y ejemplo, de hecho Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Siempre me encantó el texto de Tomás de Kempis "Imitación de Cristo" (Libro I, Cap. XVI) titulado "Cómo se han de sufrir los defectos ajenos":

Lo que no puede un hombre enmendar en sí ni en los otros, débelo sufrir con paciencia, hasta que Dios lo ordene de otro modo. Piensa que por ventura te conviene esto mejor para probar tu paciencia, sin la cual no son de mucha estimación nuestros merecimientos. Mas debes rogar a Dios por estos estorbos, porque tenga por bien de socorrerte para que los toleres.

Si alguno, amonestado una vez o dos no se enmendare, no porfíes con él; mas encomiéndalo todo a Dios, para que se haga su voluntad, y él sea honrado en todos sus siervos, que sabe sacar de los males bienes. Estudia y aprende a sufrir con paciencia cualesquier defectos y flaquezas ajenas, pues que tú también tienes mucho en que te sufran los demás. Si no puedes hacerte a ti cual deseas, ¿cómo quieres tener a otro a la medida de tu deseo? De buena gana queremos a los otros perfectos, y no enmendamos los defectos propios.

Queremos que los otros sean castigados con rigor, y nosotros no queremos ser corregidos. Parécenos mal si a los otros se les da larga licencia, y nosotros no queremos que cosa alguna se nos niegue. Queremos que los otros sean oprimidos con estrechos estatutos, y en ninguna manera sufrimos que nos sea prohibida cosa alguna. Así parece claro cuán pocas veces amamos al prójimo como a nosotros mismos. Si todos fuesen perfectos ¿qué tendrías que sufrir por Dios a tus hermanos?

Pero así lo ordenó Dios, para que aprendamos a llevar las cargas ajenas; porque no hay ninguno sin defecto, ninguno sin carga, ninguno es suficiente ni cumplidamente sabio para sí; importa llevarnos, consolarnos y juntamente ayudarnos unos a otros, instruirnos y amonestarnos. Nada descubre mejor la sólida virtud del hombre, que la adversidad; porque las ocasiones no hacen al hombre débil, mas declaran que lo es.

Buenos ejemplos los tenemos en los santos peruanos. Rosa de Lima aceptó los "defectos" de su querida mamá que llegó a hacer sangrar sus sienes al darle de mojicones por no aceptar un matrimonio ventajoso. Fray Martín aceptó gustoso ser el último de los frailes dominicos y ganarse a sus hermanos por la humildad. Santo Toribio llevó con paciencia las impertinencias del Virrey de turno, el Marqués de Cañete, logrando poner de su parte la voluntad del Rey Felipe II. De nuestro tiempo, podemos destacar al Siervo de Dios Monseñor EMILIO LISSÓN CHÁVEZ, quien tiene tuvo como lema de vida "No me basta amar a Dios si mi prójimo no le ama",  grabado en la lápida donde reposan sus restos en la Catedral de Lima. Natural de Arequipa, obispo en Chachapoyas, arzobispo de Lima, único dimisionario de la historia y todo porque  en algunos círculos sociales de Lima –contrarios al presidente Leguía- se había ido creando un ambiente hostil hacia su persona. En realidad, el Vaticano no lo enjuició, pero lo retuvo en Roma para evitar conflictos tras la caída del Presidente Leguía. En Roma vivió pobremente en un convento. El nunca se quejó ni buscó explicaciones. El silencio ofrecido y solitario tan solo fue roto por su incondicional clérigo arequipeño Dr. Fausto Linares Málaga quien escribió en 1933 la obra llena de verdad y afecto Monseñor Lissón y sus derechos al Arzobispado de Lima quien asume la  defensa del arzobispo y lo vindica ante la opinión pública y la historia de las "injustas y calumniosas acusaciones". Lissón respondió como un santo, en Roma se dedicó a investigar en el Archivo y a hacer de guía de peregrinos,  en Sevilla transcribió 4.533 documentos- para la obra "La Iglesia de España en el Perú",  en Valencia auxilió a  su obispo Monseñor Olaechea y vivió santamente.

 

José Antonio Benito



[1] P. Rubén Vargas Ugarte Iglesia del Perú, II, Burgos 1955,  p.86-87-

[2] Viene en el más completo manual de historia de la Iglesia en el Perú, del P. Enrique FERNÁNDEZ GARCÍA, Perú Cristiano PUCP, Lima 2000 p363.

[3]"Caminos de Peregrinos" Revista Perú-El Dorado Lima, Septiembre 1999, pp. 64-72

[4] Historia natural y moral de las Indias [1590]. BAE, 73, Madrid, Atlas, 1954. http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=600

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