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lunes, 5 de octubre de 2015

Jesús SÁNCHEZ ADALID nos habla de su novela "Y de repente, Teresa"

SÁNCHEZ ADALID, Jesús Y de repente,  Teresa Ediciones B, Madrid, 2015, 4ª ed. 570 pp

Conocí al autor por su novela El caballero de Alcántara y ciertamente me encantó por la excelente contextualización, por la caracterización de los personajes, por su rigor histórico y la agilidad del relato.

Cuando me enfrasqué en la presente novela, de repente, comencé con cierta prevención (¿qué aportará entre la selva de publicaciones en este V Centenario?) pero con muchas ganas de descubrir alguna dimensión de la sorprendente e inabarcable santa  como del fascinante siglo de oro hispanoamericano. Debo confesar que me he leído casi todo lo referente a la santa de Ávila y cientos de obras sobre su contexto.

Me la he leído con fruición, al paso, sin tomar notas, pero con deleite. He sentido viva la compleja sociedad en la que moró Teresa. El novelista sabe muy bien el terreno que pisa, maneja con acierto la historia, la teología, la espiritualidad en un mundo tan complicado y resbaladizo en el que la luz y la sombra, la verdad y la mentira conviven continuamente. Los alumbrados y reformadores, los inquisidores y los miembros de órdenes militares, los laicos y los religiosos se presentan con perfiles definidos.

Pocas veces he leído una descripción tan serena y objetiva de la Inquisición, con sus luces y con sus sombras. Me parece magistral el encuentro del joven dominico e inquisidor –fray Tomás Vázquez- con Teresa, quien no espera la visita sino que sale a su encuentro.

"Fray Tomás vuelve a reír. Le hace gracia cómo habla Teresa: sus gestos, su cara, el chisporroteo de su mirada; toda la naturalidad y la falta de artificio que descubre en ella. Ciertamente, él también se esperaba otra presencia, otra clase de persona: mayor afe3ctación, frases solemnes, hechas, expresiones elevadas; tal vez disimulo y reserva.

Teresa le mira fijamente, con asombro en los vivos ojos, y añade:

-          ¡Jesús, mi padre! ¿Os damos risa estas pobres monjas?

-          Él hace un esfuerzo para ponerse más serio y contesta sincero:

-          - Madre Teresa, ¡si supierais el consuelo que yo siento al teneros aquí, y que sin duda advertís en este pobre rostro! Si pudierais ver dentro de mi alma… ¡Qué feliz me siento! ¿Os parece que hubiera encontrado así ante la visita de un desconocido? Es vuestra caridad, madre Teresa de Jesús, quien me lo hace sentir…Soy yo, torpe, el que hubiera debido ir a buscaros…" (p.519)

Estoy completamente de acuerdo con el autor cuando nos confiesa que la obra es mucho más que "una simple narración de la peripecia de Santa Teresa de Jesús como sospechosa de alumbradismo para los inquisidores, es también una indagación sobre las distintas formas en que esos hechos fueron narrados en su momento, los cuales yo me he encontrado como de repente, y debo confesar que han dejado una gran impresión en mi alma y en determinados momentos me han provocado un gran sufrimiento" (p.559). Creo que este "sufrimiento" le da un plus de madurez y autenticidad a la obra, aportándonos una luz de esperanza que brota de esta mujer intrépida y fascinante, convertida hoy en un patrimonio de la humanidad.

Síntesis editorial: "La Inquisición contra Teresa de Jesús. Un proceso oculto durante siglos que por fin sale a la luz.

Durante el reinado de Felipe II, la Inquisición se lanza con denuedo y auténtica obsesión a controlar la sociedad española. Nadie está libre de sospecha.

Don Rodrigo de Castro es un inquisidor implacable, ambicioso y cauto, que se ha consagrado concienzudamente a realizar pesquisas sobre aquellas mujeres que caen en éxtasis o tienen visiones y misteriosas revelaciones, por si fueran "alumbradas", es decir, adeptas a la secta mística que tanto preocupa al Santo Oficio, que la considera herética y relacionada con el protestantismo.

Y para hacer las averiguaciones pertinentes, De Castro ha nombrado a dos comisarios, un fraile dominico y un caballero de la Orden de Alcántara, con atribuciones especiales y secretas.

En medio de todo eso, una mujer se afana por unir lo presente y lo eterno; separar la verdad de la apariencia y vivir una fe auténtica y una espiritualidad pura: Teresa de Jesús, la figura más grande y universal de la España del XVI, que no obstante su fina intuición, su magistral escritura y su virtud probada, fue acosada por los inquisidores, algo que se ocultó en los siglos subsiguientes y que hoy, por fin, es sacado a la luz

El autor: Jesús Sánchez Adalid

Jesús Sánchez Adalid nació en Villanueva de la Serena (Badajoz). Se licenció en Derecho por la Universidad de Extremadura y realizó los cursos de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Ejerció de juez durante dos años, tras los cuales estudió Filosofía y Teología. Además, es licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca. Colabora habitualmente en RNE. Gracias al apasionante tratamiento de los personajes, que emprenden fascinantes periplos espirituales, hoy un amplísimo público se ha convertido en seguidor incondicional de su obra, traducida ya a varias lenguas. Sus novelas "La luz del Oriente", "El mozárabe", "Félix de Lusitania", "La tierra sin mal", "El cautivo" y "La Sublime Puerta" (publicadas por Ediciones B) han sido acogidas con entusiasmo por la crítica y el público. En 2007 ganó el premio Fernando Lara por su novela "El alma de la ciudad".

http://www.abc.es/cultura/cultural/20150310/abci-entrevista-jesus-sanchez-adalid-201503091221.html

El 28 de marzo se cumple el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, una figura histórica y literaria de primer orden. Sánchez Adalid se ha acercado a ella para reconstruir la persecución a la que fue sometida por el Santo Oficio

«Vínome un arrebatamiento tan súbito, que casi me sacó de mí... Fue la primera vez que el Señor me hizo esta merced de arrobamiento. Entendí estas palabras: ''Ya no quiero que tengas conversación con hombres, sino con ángeles''... Desde aquel día quedé yo tan animosa de dejarlo todo por Dios.» Así explica Teresa de Cepeda y Ahumada (Ávila, 28 de marzo de 1515-Alba de Tormes, 4 de octubre de 1582) lo que sintió en Pentecostés de 1556 mientras rezaba el Veni Creator. Ella lo llamó su desposorio espiritual. Una fuerza interior que le llevó a fundar la orden de las carmelitas descalzas; y que, al ponerla por escrito, convertiría a la religiosa en una de las cumbres de la mística española.

Pero sus obras también situaron a Santa Teresa de Jesús en el punto de mira de la Inquisición, que la consideró sospechosa de pertenecer a la secta de los alumbrados. «Váyase con tiento»: al principio fue sólo una advertencia, porque sus escritos, con Libro de la vida a la cabeza, podían contener engaños muy graves para la fe cristiana. Después, lupa en mano, los censores tacharon párrafos, arrancaron páginas y la obligaron a rehacer Camino de perfección. Hasta que en 1575 compareció ante el Santo Oficio en Sevilla.

«Teresa de Jesús tenía claro que el mundo tenía que ser cambiado»

A Jesús Sánchez Adalid (Don Benito, Badajoz, 1962) no le cabe la menor duda: «Fue interrogada, molestada, amenazada y estuvo a punto de ir a prisión». Lo cuenta en Y de repente, Teresa, libro que nace de un encargo de la comisión del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa. Con su autor nos adentramos en aquellos «años peligrosos» y recorremos una biografía –casi– de novela.

A los siete años Teresa de Jesús convenció a su hermano Rodrigo para que se fugase con ella de casa y se fueran a tierra de moros buscando el martirio. ¿Una niña imaginativa?

Sí. Tenía una mente muy lúcida con una serie de capacidades que se manifestaron prácticamente desde la infancia; también después, en la adolescencia y en la edad adulta. Además, era una persona insatisfecha: con su mundo, con la realidad que le tocó vivir. Es algo que se iría manifestando a lo largo de toda su vida.

De leer vidas de santos pasó a los libros de caballerías. Incluso llegó a escribir uno que se perdió.

Escribió muchas más cosas que desconocemos. Siempre he pensado –aunque no lo digo yo, lo dicen sus biógrafos– que lo más probable es que no empezara a escribir directamente el Libro de la vida. Habría otros escritos anteriores que, por desgracia, no han llegado hasta nosotros.

Con dieciséis años se declara «enemiguísima» de ser monja.

Por su condición, por su clase social de hidalga, lo más seguro es que pensara que estaba llamada a vivir la vida de una mujer de su tiempo: casarse con algún caballero. Pero, como ya he dicho, su propia insatisfacción con la realidad que le rodeaba le llevó a buscar otros mundos. Cambia de opinión y decide hacerse religiosa, en contra de la voluntad paterna, tras leer las Cartas de San Jerónimo, cuyo realismo le impacta.

Santa Teresa escribió cuatro grandes obras: «Libro de la vida», «Camino de perfección», «Moradas del castillo interior» y «Libro de las fundaciones». ¿Qué aportan?

«En el "Libro de la vida" lo que está desnudando es su alma»

Aportan muchísimo. El Libro de la vida, por ejemplo, es la primera autobiografía de la Historia de nuestra literatura; eso tiene un valor intrínseco enorme. Es verdad que hay un precedente: las Confesiones de San Agustín. Estamos totalmente seguros de que Teresa las había leído; también de que estaba bastante influida por ellas. Aunque no es una conversa, como el obispo de Hipona, sí sufre, en cierto modo, una catarsis, una conversión interior –entendida la conversión como un cambio de mentalidad–: pasa de ser una dama hidalga de una familia de clase privilegiada en Ávila a intentar cambiar el mundo conocido. En el Libro de la vida descubre sus motivos interiores, su alma. De hecho, cuando le da el Libro de la vida a su confesor, dice: «Aquí le entrego mi alma». Porque es su alma, su personalidad, lo que está desnudando. A ello hay que sumar una lírica portentosa. Si a la lírica de Santa Teresa le ponemos música, uno se queda fascinado, porque su obra va mucho más allá de lo que es la pura poesía.

¿Podría decirse que en «Las moradas» Santa Teresa hace psicoanálisis?

Desde luego que sí, sin duda, aunque la palabra «psicoanálisis» no se puede aplicar al tiempo en el que Santa Teresa escribe ni a las categorías que ella utiliza. Pero en Moradas del castillo interiorpresenta diversos estados del alma, como la psique o como la mente. Hay expresiones suyas muy reveladoras, muy intuitivas; por ejemplo, cuando dice que la loca de la casa es la imaginación. Es cierto que la imaginación trastoca nuestros sentimientos muchas veces, que nos pone la vida patas arriba.

Santa Teresa fue investigada por la Inquisición. ¿El Santo Oficio estaba en guardia por casos anteriores, como los de Magdalena de la Cruz, María de San Domingo y Catalina de Cardona?

Sin lugar a dudas. El codicilo del testamento de Carlos V es bastante explícito. Obliga moralmente a su hijo y heredero, Felipe II, a perseguir la «herética pravedad», una herejía de génesis española: el alumbradismo. Hay focos de luteranos y de protestantes en España, claro que los hay, pero ya Alonso Cano, una de las mentes más privilegiadas de la época, había advertido de que la herejía española no iba a ser la luterana. Se empieza a temer entonces que lo sea el alumbradismo. Por eso la Inquisición se perfecciona en la persecución de los alumbrados, que más que una herejía intelectual o teológica, eran una seudomística. Toda la sociedad estaba muy sensibilizada: había habido casos flagrantes de engaño y falsedad, como el de la diabólica y falsaria Magdalena de la Cruz, o el de la beata de Piedrahita, sor María de San Domingo, o el de Francisca de los Apóstoles.

¿Qué pretendían los alumbrados?

«En aquella España nadie estaba libre de sospecha. Ni siquiera Fray Luis de León»

No buscaban nada en concreto. El alumbradismo surgió de manera espontánea; no tenía detrás la racionalidad que pudo tener el luteranismo. El alumbrado lo que quería era presentarse como un santo, ganar relevancia en la sociedad, crearse fama y después, con esa fama, hacer lo que le diera la gana: obtener una buena posición, acercarse a los grandes de España, sacar beneficios económicos e incluso cosas más obscenas y bastardas, como lograr favores sexuales.

La sombra del alumbradismo alcanzó a Juan de Ribera y sus discípulos, fray Luis de Granada y Juan de Ávila. ¿Había alguien libre de sospecha?

En aquella España nadie estaba libre de sospecha. Quién iba a estarlo, si incluso Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo y primado de España, había sido encarcelado. Él era, por decirlo de alguna forma, el patriarca de todas las Españas, pues al territorio de la Península Ibérica había que añadir América, Nápoles, Sicilia, Génova... Ni siquiera estaba libre de sospecha fray Luis de León, uno de los teólogos más eminentes de la época.

Los primeros problemas de Santa Teresa con la Inquisición datan de 1559, cuando se publica el Índice de Libros Prohibidos de Fernando de Valdés. ¿La obra de Santa Teresa podía resultar peligrosa?

Para los inquisidores, sí. Era una mujer cuyo abuelo, Juan Sánchez de Toledo –no un antepasado lejano, no: su abuelo paterno–, había sido condenado por criptojudío. Una mujer que, además, escribía y contaba sus intimidades en un libro sobre su propia vida que podía ser considerado un ideario. Claro que era peligrosa.

¿Fue el «Libro de la vida» la obra de Santa Teresa más cuestionada por la Inquisición?

Sí. Al Libro de la vida se le unieron, además, una serie de circunstancias accesorias que lo hicieron todavía más sospechoso. El hecho, por ejemplo, de que la princesa de Éboli, esposa del privado de Felipe II e íntima amiga del rey y de los secretarios del monarca, tuviera claro desde el primer momento que aquella obra era el ideario de una alumbrada. La princesa de Éboli se mofó del Libro de la vida, se lo leyó a sus criadas y a sus amistades, y lo puso en manos de los inquisidores, acusándolo directamente de hereje.

Santa Teresa es interrogada por la Inquisición y está a punto de ir a prisión después de ser denunciada por María del Corro, una beata expulsada de su convento.

«Por fin muero hija de la Iglesia», dijo Santa Teresa. Se había visto en peligro»

María del Corro era una mujer de la sociedad sevillana, lo que en aquel tiempo se conocía como una beata. El concepto, con el tiempo, ha adquirido otras connotaciones. Una beata, en el siglo XVI, era una mujer que quería vivir en la pureza de costumbres, que quería consagrarse y adoptar un género de vida acorde con el Evangelio. En otras palabras: María del Corro no había encontrado su sitio en la vida. Entre todos los lugares en los que podía ingresar como monja, opta finalmente por el convento de Santa Teresa. Y cuando entra allí no se siente a gusto, nota que ese no es su lugar, cree que no ha sido tratada con la deferencia que se merecía... y termina acusando a Santa Teresa de hereje, de alumbrada. Es el momento más peligroso en la vida de la santa, porque además dos grandes inquisidores de Sevilla, Carpio y Páramo –el primero de ellos, tío de Lope de Vega–, están plenamente convencidos de que es alumbrada. Se acababa de publicar en Sevilla un edicto contra los alumbrados y ambos convencen al arzobispo de que Santa Teresa lo es. Si no llega a ser por Diego de Espinosa, inquisidor general, Teresa seguramente hubiera ido a la cárcel.

«Cuentas de conciencia» son los escritos en los que Santa Teresa hizo su defensa ante la Inquisición. ¿Los ha leído?

Sí. Son unos escritos muy sinceros. En ellos Teresa no está dirigiéndose al común de los lectores, como cuando escribe «Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta». No. En este caso está dirigiéndose a unos letrados muy incisivos. En sus Cuentas responde a unas preguntas de la Inquisición bastante elocuentes y concretas: ¿qué experiencias místicas ha tenido?, ¿qué ha sentido?, ¿ha visto verdaderamente a Cristo?, ¿por qué ha hecho la obra fundadora?, ¿por qué ha escrito el Libro de la vida?

Frente a Santa Teresa, el inquisidor Rodrigo de Castro Osorio.

Un personaje renacentista nato: gran mecenas de las artes y las letras de su tiempo; un hombre que se pasó la vida viajando... Le tocaron unas responsabilidades tremendas; entre otras, meter en la cárcel a fray Luis de León y nada menos que al arzobispo de Toledo y primado de España, Bartolomé de Carranza. Ir a Torrelaguna a detener al arzobispo primado de España, en el siglo XVI, ¡ahí es nada! Todos los ojos estaban puestos en él. Un hombre frío, calculador, absolutamente aséptico, racionalista. Hizo lo que ni siquiera se atrevió a hacer el inquisidor general.

¿Tuvo en sus manos la vida de Santa Teresa?

No existe ningún documento que atestigüe que el Libro de la vidallegara a sus manos, pero yo estoy seguro de que lo leyó.

Me refiero a la propia Santa Teresa, a si su vida corrió peligro.

La suerte de Santa Teresa también la tuvo en sus manos el inquisidor Rodrigo de Castro Osorio, sí, porque era el responsable de actuar contra los alumbrados en España, y Santa Teresa había sido acusada de eso, de alumbrada. Era él quien debía decidir no si Santa Teresa era condenada –eso lo tenía que decidir el Consejo de la Suprema Inquisición–, sino si era encarcelada.

¿Qué pesó en su ánimo para absolver a Santa Teresa?

«Santa Teresa reúne en sí misma toda la realidad del siglo XVI»

No la absolvieron exactamente. El sobreseimiento –otra palabra que tampoco sirve–, el archivo de la causa contra ella no le correspondió a Castro Osorio, fue una decisión que tomó Diego de Espinosa, alguien bastante proclive a Santa Teresa. Lo que ocurrió fue una coincidencia histórica muy interesante: el hecho de que muriera el inquisidor Quiroga, que tenía absolutamente claro que Teresa era alumbrada, e inmediatamente nombraran a Diego de Espinosa, un hombre mucho más espiritual. Él comprendió no sólo que aquella mujer no era una hereje, sino que era una bienaventurada. También fue él quien nombró a un ministro plenipotenciario que se encargó de todo el proceso de Sevilla. Muy pocos años después murió ella. Lo hizo pronunciando unas palabras absolutamente reveladoras: «Por fin muero hija de la Iglesia». Eso quiere decir que se había visto en peligro.

Una vida apasionante, la de Santa Teresa.

Es un personaje tan rico que se podrían escribir muchas novelas sobre ella... Santa Teresa reúne en sí misma toda la realidad del siglo XVI: el inicio del Siglo de Oro de las artes y las letras españolas, la Contrarreforma, el descubrimiento de amplísimos territorios en ultramar, las guerras del Mediterráneo, la batalla de Lepanto, el cerco de Malta, el saqueo de Roma..., y todo eso está en la mente de Santa Teresa. Es excesiva la coincidencia, en sólo dos décadas, de tantos acontecimientos históricos y tantos personajes: Felipe II, el Duque de Alba, la princesa de Éboli, Diego de Espinosa, San Pedro de Alcántara, fray Luis de León, San Juan de Ribera, San Francisco de Borja, Lutero...

Era una mujer enferma: en el convento de la Encarnación de Ávila le prepararon su sepultura y hasta celebraron un funeral en vida. Se apunta incluso que algunos de sus éxtasis fueron crisis de epilepsia.

No lo sabemos con toda certeza. Puede ser. De todas formas, los arrobamientos pertenecen a unos estados propios de la época a los que yo no les daría ningún nombre relacionado con las categorías científicas que conocemos hoy. Ahora bien, lo de celebrar la fictio mortis era muy corriente en la Edad Media y en el siglo XVI. Muchos de estos místicos celebraron su funeral en vida. Con eso hacían una ficción de la muerte, una separación del mundo. Era una manera de decir: «Aquí estoy, Dios mío, para hacer Tu voluntad». No hay que verlo desde una perspectiva teatral, sino desde una perspectiva mística. No olvidemos que el hombre del siglo XVI padecía lo que se conoce como vesania: un estado de estrés emocional que le llevaba a tener percepciones extrasensoriales, intuiciones...

«Releo los epistolarios de Santa Teresa porque es donde aparece la santa más sincera», ha declarado usted. ¿La de los otros libros es menos sincera?

«Muchos de estos místicos celebraron su funeral en vida»

No. Pero las cartas no las escribe para que se publiquen: las escribe directamente para sus receptores. Como el receptor es tan concreto, las cartas son como hablar de cerca con un amigo. El género epistolar es muy sincero. Santa Teresa dirige las suyas a las autoridades, sí, pero también a las monjas de sus congregaciones, a sus familiares, a sus amistades. En ellas aparece la Teresa más genuina.

«Y de repente, Teresa» es su decimoquinta novela histórica. ¿Por qué afirma que es un género maldito en España?

No, maldito no; es un género que no ha tenido su lugar en España, a diferencia del mundo anglosajón. ¿Cómo se puede entender el corpus literario anglosajón sin la novela histórica? Sin embargo, nosotros no hemos tenido novela histórica, aunque nos hayamos hartado de oír que lo de Galdós es novela histórica. No, lo de Galdós ha adquirido valor histórico –no valor de novela histórica– con el tiempo. Pero él no escribió sobre acontecimientos que habían sucedido quinientos años atrás; escribió los Episodios Nacionales cuando apenas habían transcurrido catorce, quince años, de los hechos que narraba. Nosotros tenemos una Historia muy rica, muy compleja. Quizá por esa complejidad pocos autores, salvo excepciones, se han atrevido a escribir sobre ella. En España lo que ha primado siempre ha sido el realismo social, que es algo completamente distinto.

Usted no es historiador. ¿No le ha dado miedo acercarse a una figura como Santa Teresa?

No, no me ha dado ningún miedo. Lo que yo quería era hacer una reconstrucción del siglo XVI, que conozco muy bien por otras novelas mías anteriores. Es verdad que el personaje, en sí mismo, es tan fuerte, tiene tanta personalidad, que no resulta fácil acercarse a él. Lo que tuve claro desde el principio es que no iba a hacer una biografía, ni una novela biográfica, ni una historia novelada. Tenía que hacer algo completamente distinto: una novela histórica pura, un relato de ficción insertado en un escenario histórico.

¿Qué intención le ha guiado?

Yo no quería que el lector se encontrara con la Teresa de la infancia y la adolescencia, sino con la Teresa que dice estar «vieja y cansada». Quería reflejar esa parte de su vida, cuando tiene sesenta años y, encima, es sospechosa para la Inquisición.

Quinientos años después de su nacimiento, ¿qué puede aportar Teresa de Jesús?

«Me hubiera gustado mantener una conversación con ella, saber qué pensaba»

Muchas cosas. Sobre todo si tenemos en cuenta que nuestra sociedad es una sociedad necesitada de reformas, algo en lo que yo creo que estamos todos de acuerdo. Y Santa Teresa tenía claro que su mundo, su sociedad, tenía que ser cambiado y reformado; de hecho, ella pertenecía a la Contrarreforma, que es un movimiento genuinamente español. Creo que Santa Teresa era una inconformista, una mujer energética. No se pueden extrapolar las épocas. Nosotros no nos vamos a poner a hacer lo que hizo ella en su tiempo: ella hizo lo que había que hacer en el siglo XVI. Nosotros tenemos que hacer lo que toca hacer ahora, en los inicios del siglo XXI. ¿Qué va a ser? No lo sabemos. Seríamos unos iluminados si tuviéramos claro qué es lo que hay que hacer. Pero que hay que hacer cambios, eso está claro.

¿Cómo es su Santa Teresa?

Ha sido una santa muy presente en mi vida. Yo soy sacerdote católico y he vivido una conversión. Por decirlo de alguna forma, la mía es una vocación tardía. Estudié en la universidad y, antes de ser sacerdote, fui juez civil. Nunca pensé en ordenarme, pero al final acabé consagrado. Todo aquel proceso coincidió con la lectura de Santa Teresa. En cierto sentido, me sentí identificado con su figura. Con el paso del tiempo, he comprendido muchas de sus cosas. Otras, no; otras son un enigma todavía.

¿Qué cosas de Santa Teresa siguen siendo un enigma?

Uf, muchas, muchas... Es muy difícil de explicar. No es algo que se pueda decir con dos o tres palabras. Pero me hubiera gustado mantener una conversación con ella, saber qué pensaba realmente de la vida... Comparada con lo larga que es la Historia, la vida de una persona es muy corta. Veinte, veinticinco años: esa fue la vida activa de Santa Teresa. Muy poco, la verdad. Y ese es para mí el enigma de Santa Teresa: cómo pudo hacer tanto en tan poco tiempo.

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sábado, 3 de octubre de 2015

KAI-ÑAUPA-QUIPA DEL CENTRO HISTÓRICO DE LIMA PROLIMA, CATEDRAL Y CEPAC apuestan por desentrañar el Patrimonio Cultural y lo comparten con más de cien participantes en su evento

KAI-ÑAUPA-QUIPA  DEL CENTRO HISTÓRICO DE LIMA

 

PROLIMA, CATEDRAL Y CEPAC apuestan por desentrañar el Patrimonio Cultural y lo comparten con más de cien participantes en su evento

 

El ayer, el hoy, el mañana del preciado centro histórico de Lima ha sido sometido a investigación, estudio, exposición por los expertos de la arqueología histórica, brindando a historiadores, guías y público en general lo más actual del mismo. Todo ello, ha tenido lugar en el Centro Cultural de la "Casa de Ejercicios Espirituales de Santa Rosa" de Jr. Miró Quesada 448, en el Centro de Lima.

 

La iniciativa partió del Museo de Arte Religioso de la Catedral de Lima que sugirió a los profesionales de PROLIMA la sistematización y puesta al día de sus investigaciones en el marco de un ciclo de conferencias. Se hizo a lo largo de la tarde (4.30 p.m. a 7.30 p.m.) de os pasados 1 y 2 de octubre del presente año con la asistencia de unas cien personas.

 

Y es que en el Centro Histórico de Lima (CHL) se han venido desarrollado diversas investigaciones de carácter arqueológico desde hace décadas (1970 – 2014), con propósitos de estudios diversos: de fundaciones de las casonas e iglesias, para su puesta en valor, y muy poco conocer la presencia prehispánica en el centro histórico, que lo menciona algún historiador en base a datos superficiales. Lamentablemente poco se sabe acerca de estas investigaciones porque dichas informaciones se ha manejado exclusivamente dentro de los círculos académicos o para los fines deseados.

 

Frente a la inquietud de los "usuarios" del Centro Histórico, guías de turismo, historiadores, arqueólogos, e interesados en el pasado de nuestra ciudad, surge la interrogante que nos motiva a realizar una recopilación de las investigaciones sobre el particular, y nos gratifica saber que no son pocas.

 

En virtud de ello, La Municipalidad Metropolitana de Lima a través de su programa PROLIMA(Programa Municipal para la Recuperación del Centro Histórico de Lima), y el Museo de Arte Religioso de la Catedral de Lima, con el auspicio del CEPAC (Centro del Patrimonio Cultural) de la UCSS (Universidad Católica Sedes Sapientiae) han sumado esfuerzos para la organización de este ciclo de conferencias que ha querido sistematizar y difundir los trabajos de investigación de esta Lima subterránea, que apenas nos deja comprobar la presencia prehispánica y virreinal de nuestra ciudad. Con la misión de recuperar la memoria histórica de Lima, esta primera edición conferencias dirigido ha querido y logrado descartar o reconfirmar ciertos supuestos que están en los orígenes de esta "tres veces coronada villa".

 

 

El evento fue inaugurado por el  arquitecto  Edgar Santa Cruz Arana, (e) Gerente del Programa de Recuperación del Centro Histórico de Lima (PROLIMA), quien tuvo  palabras de recuerdo-hhomenaje póstumo al arqueólogo señor Daniel

 

El primer tema brindó estudios acerca de la Plaza Mayor y Catedral con la exposición de Carlos del Águila. "La Basílica Catedral y el Convento de Santo Domingo desde la arqueología", Raúl Greewich. "Investigaciones Arqueológicas y Bioarqueologicas en las criptas y estructuras funerarias de Basílica Catedral de Lima", Miguel Pazos. "Redescubriendo la Plaza Mayor", Martin Córdova. "Parque de La Muralla, recuperación y puesta en valor" y Miguel Fhon. "Investigaciones Arqueológicas en la Casa Bodega Quadra".

 

 El Tema 2 acogió ponencias sobre  las excavaciones en el entorno de la Plaza Mayor: Juan Mogrovejo. "Investigaciones Arqueológicas en las casas Riva Agüero y O'higgins"; Héctor Walde.  "Investigaciones Arqueológicas en Iglesia San Lázaro";                Paul Pérez. "Canales de agua en Lima: El  Huatica"; Antonio Coello. "San Andrés, no solo pertenece al Inca,  también a la historia de la Salubridad  de Lima"; Boris Márquez. "Investigación y Puesta en valor de los Muros fundacionales dela Real y Pontificia Universidad Mayor de San Marcos".  A todos ellos, se sumó la comunicación del historiador José Antonio Benito Rodríguez acerca de "El testamento de Gonzalo de la Maza ("padre" de Santa Rosa) descubierto en el Instituto Riva Agüero".

El evento llegó a su clímax con la magistral intervención de la doctora Inés del Águila quien recogió de modo sobresaliente los alcances de todos los ponentes en sus conclusiones. Recordó con emoción a Daniel Guerrero y agradeció a todos por la gran cantidad de datos y de temas aportados con esta "lectura arqueológica" integral de Lima, que superaba la visión y lectura "museológica". Se fijó en el "kai" (aquí y ahora), el "ñaupa" (pasado) y el "quipa" (futuro), destacando entre sus aportes:

1)      Lectura del territorio

2)      Los mapas, la topografía…Se cuestionó la ausencia del elemento prehispánico en el Centro Histórico, la consideración de Barrios Altos como centro de un poblado prehispánico y el interrogante de la llegada de Pizarro en los dominios de Taulichusco. Alentó a seguir por el derrotero abierto por el Dr. Lorenzo Huertas.

3)      La arquitectura. La necesidad de clasificar los grupos de datos en los contextos desde los edificios (religiosos os y civiles)

4)      Vínculo de los canales con la tecnología y los procesos de cambio en el territorio, con grandes temas de vida cotidiana como el de la salud

5)      Metodología personalizada de cada uno de los arqueólogos, la puesta en valor del edificio

6)      Las costumbres como temas transversales que pueden llevar a conocer el discurrir de la historia de la medicina como en San Andrés

7)      La importancia del manejo de las fuentes, cotejar los cronistas con los resultados de las evidencias arqueológicas

8)      Identificación de grandes temas y bloques para continuar: Territorio-paisaje; tecnología; arquitectura civil y religiosa; la sociedad.

Agradeció por el buen trabajo realizado y animó a seguir la labor con perseverancia.

 

Las palabras de Clausura corrieron a cargo del Historiador señor Fernando López, Director del Museo de Arte Religioso de la Catedral de Lima, quien nos compartió el surgimiento de la feliz idea del evento y la gratitud por el buen desempeño  de las instituciones organizadoras y los ponentes. Constató, sin embargo, que se debería superar una arqueología para arqueólogos, y mejorar en próximas ediciones el carácter didáctico y divulgativo, considerando especialmente a los guías de turismo y el público en general.  Por último, y junto a Walter Tosso, se invitó a todos los presentes a un  vino de Honor. 


José Antonio Benito

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Desde el CEPAC, agradecemos a todos los participantes del Ciclo de Conferencias "Investigaciones Arqueológicas del Centro Histórico de Lima", quienes participaron puntualmente de principio a fin. Les recordamos que la entrega de Certificados se realizará el día miércoles 7 de octubre, en la Oficina de PROLIMA, sito: Jr. Ancash 229, Centro Histórico de Lima (al costado del Museo de Sitio Bodega y Quadra), Telf. 993508322. Muchas gracias por vuestra participación CEPAC www.cepac,com.pe

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viernes, 2 de octubre de 2015

SAN FRANCISCO DE ASÍS, DIPLOMÁTICO DE LA PAZ, por Nico


La Dra. Florina Nicolae, rumana en Lima, ha tenido la gentileza de enviarme exte bello texto con la siguiente nota:

El próximo domingo 4 de octubre a las 10 a.m. en la Radio Filarmonía  (102.7 FM) será presentada la charla "San Francisco de Asís, diplomático de la paz"
Si no tienes tiempo para escucharla, te envío el texto grabado. Si tampoco hay tiempo para eso, te ruego leer solo la penúltima frase del texto: se trata de sonreír.

Abrazos afectuosos,
Florina

RADIO FILARMONIA

4 DE OTUBRE DE 2015

 

 

SAN FRANCISCO DE ASÍS,

DIPLOMÁTICO DE LA PAZ

 

El 4 de octubre es una fecha importante en el calendario de la Iglesia Católica: se celebra la festividad de San Francisco de Asís, un santo necesario para toda la humanidad y en todos los tiempos, de manera especial en nuestros tiempos. Él le pidió a Dios: 

Oh, Señor, hazme un instrumento de tu Paz.

Y es exactamente la paz un tema siempre actual, como actual es también el santo que nació en Italia hace más de ocho siglos, en la hermosa región italiana de Umbria, y cuyo nombre es pronunciado por millones de personas cuando hablan del actual Sumo Pontífice:

 "Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma"- dijo el Papa Francisco.

Voy a citar por extenso el fragmento de la Carta Encíclica sobre el cuidado de la casa común que tiene como título el reiterado verso Laudato si´ (Loado / Alabado seas), del famosísimo Cántico del Hermano Sol o Cantico de las criaturas.

"Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior" (Encíclica Laudato si', n° 10).

Hace tres años la editorial de las Paulinas ha publicado la versión española de un libro mío, titulado "San Francisco de Asis, medieval y actual". Se trata de esa asombrosa actualidad que podemos constatar en varias situaciones y, más concretamente, en la actividad del Papa Francisco mismo, quien asumió el nombre del santo de Asís como un verdadero programa de su pontificado.

Con motivo de la presentación de ese libro, he evidenciado un aspecto singular y quizás sorprendente de la personalidad del pobrecillo de Asís -como era conocido el santo-, un aspecto que no se encuentra en el libro: ¡el de diplomático! Porque San Francisco era, de verdad, un diplomático de la paz. Con una misión diplomática de primera clase.

Soy parte de una Embajada y he trabajado como diplomática en varios Estados, incluso ante la Santa Sede. Pero, de igual manera, considero que todas las personas que están escuchando esta charla dominical –deferencia que les agradezco de todo corazón- conocen bien el mundo y los modales de la diplomacia.

Obviamente, San Francisco de Asís no era un diplomático de profesión, sino más bien un diplomático de una patria espiritual, celestial. En consecuencia, era subordinado –en una relación vertical– al Rey de los Reyes; es decir, con una voluntad rendida totalmente a los imperativos del Altísimo. No era un Nuncio papal, ni un representante de un Estado de este mundo, sino un dócil y feliz instrumento del Dios del amor y de la misericordia, su Amo, su Dirigente, su Patrón, su Protector y su Defensor. Como diplomático, él tuvo un encargo especial, un mandato de por vida; y, cuando lo concluyó, volvió… a la patria celestial.

Su misión era la defensa de una causa noble: luchaba como partidario de la paz y era enemigo de enfrentamientos y discordias. El siglo XIII ha sido uno de gran crueldad en un mundo dividido y ensangrentado. He dicho el siglo XIII, ¡no el siglo XXI!

Se habla siempre de paz, pero se olvidan los principios básicos de este concepto, principios irrenunciables para que la paz se haga realidad. En una sociedad sofocada por la violencia, como la de nuestros días, San Francisco postulaba la paz política. ¡Es muy actual, actualísimo! ¿Verdad?

Hábil, sagaz en el trato con las personas, Francisco ponía en práctica la diplomacia, es decir aquel conjunto de actitudes, reglas y métodos que permiten armonizar las relaciones con otros sujetos. La aplicaba con un doble objetivo: por un lado, promover la paz; y, por otro lado, cultivar una mentalidad propicia para la paz en la cultura y en el modo de pensar de su tiempo. Este doble objetivo es igualmente válido en el mundo contemporáneo, porque tiene una valencia universal, tal como sugiere el título de mi libro "San Francisco: medieval y actual". Esto significa que también nosotros podemos utilizar sus métodos, poniéndolos en práctica día a día.

Francisco no es un modelo estático para imitar, sino un ser fascinante en cuyo ejemplo de camino de acercamiento al Bien Absoluto hay que meditar profundamente.

Su personalidad, su forma de pensar y de actuar, su ejemplo de dedicación y de humildad han inspirado muchos artistas de todo el mundo: pintores y escultores, directores de cine, compositores. Les propongo interrumpir por unos minutos mi discurso desde este micrófono, para escuchar una obra musical inspirada en San Francisco de Asís.

MÚSICA: Liszt

Volvemos a nuestro tema sobre la dimensión diplomática de la vida de San Francisco de Asís. Dispuestas sobre la luminosa arcada de la "pacificación", las coordenadas de su existencia evidencian vínculos de una coherencia y una transparencia extraordinarias.

Muchas son las muestras de su sutil diplomacia que podrían enumerarse. Voy a exponer sólo algunas:

 

1.     Primera muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: Armonizar los seres humanos entre sí

Con su peculiar y tan humilde manera con la que trataba al prójimo, Francisco propone una reconciliación vuelta a la concordia. Esclarecen elocuentemente todo esto tanto la forma en que se relacionaba con sus semejantes -muchedumbres en su conjunto o individuos considerados por separado-, cuanto la profundidad de su experiencia mística y de apostolado, porque él siempre estaba animado por un espíritu de servicio, según el ejemplo del Señor, quien dijo: "No vine a ser servido, sino a servir".

Tomás de Celano escribía en su biografía del Santo:

"El predicador del Evangelio, Francisco, que a los rudos predicaba con recursos materiales y rudos, como quien sabía que la virtud es más necesaria que las palabras, usaba, en cambio, con los espirituales y más capaces un lenguaje más vivo y profundo. Sugería en pocas palabras lo que era inefable, y, acompañando las palabras con inflamados gestos y movimientos, arrebataba por entero a los oyentes a las cosas del Cielo".

La cultura medieval era, antes que nada, una cultura de la palabra, de la persuasión directa, cara a cara, por medio de un diálogo vivo –se decía que "todos hablaban"–. Las nuevas categorías sociales que iban apareciendo en el paisaje urbano –artesanos, banqueros, jueces, enseñantes– desarrollaban su actividad sirviéndose sobre todo de la palabra, de la conversación y de la negociación. Está claro que ocho siglos atrás no había las herramientas que tenemos hoy: no había teléfonos, ni correo electrónico, ni radio, ni televisión; no había ninguno de nuestros polifacéticos instrumentos y aparatos de comunicación. Todos, cuál más, cuál menos, podían obtener el éxito siempre y cuando consiguieran convencer mediante el diálogo directo. "Porque sólo en el diálogo directo con el otro puedes conocerlo. Y no hay diálogo directo más verdadero que el diálogo del amor" –decía un gran teólogo rumano, Dumitru Staniloaie.

Con su sencillo magnetismo espiritual, Francisco aplicó la inteligencia y el tacto al manejo de las relaciones entre seres humanos, promoviendo los valores que en su vida -y a través de la Orden por él fundada- defendió con total abnegación. Su logro de "conectar con el público" se debió en parte a cierto encanto personal, a su carisma, aunque también dimanaba de su sensibilidad para con el estado mental y psíquico de los oyentes.

En sus escritos, sus conversaciones y sus predicas hallamos reflexiones y preceptos llenos de humana ternura, de cálido estremecimiento, pero también de conmovedora poesía mística. Todos ellos ilustran la historia de su voluntad de cumplir la misión que le fue encomendada por el Altísimo, para los otros y para sí mismo: la paz.

Antes de pasar a otro modo de actuar de Francisco de Asís como mediator y reconciliador entre entidades contrarias, para conseguir un lenguaje común, una concordia, les propongo escuchar otra pieza musical de inspiración franciscana.

 

MÚSICA :  Liszt, San Francisco predica a los pájaros

 

 

2. Segunda muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: Armonizar las relaciones entre los fieles y la Iglesia

 Francisco interpretó en clave pacifista las realidades del siglo, aceptando los aspectos válidos de ciertos movimientos religiosos populares heréticos y relegando sus elementos negativos, como la insubordinación frente a la jerarquía clerical, el pesimismo maniqueo, las desviaciones doctrinales, etc.

Para la Iglesia católica de su tiempo, San Francisco de Asís era la personalidad ideal. Por un lado, absorbía la desesperación de las masas empobrecidas, encarnando una suerte de mecanismo que desactivaba los conflictos, a menudo violentos, fruto del descontento popular. Por otro lado, habilitaba una sólida barrera, fácil de controlar, contra las herejías pauperistas, poniendo fin a las polémicas relativas al rechazo de los movimientos de renovación por parte de la curia romana.

A San Francisco de Asís le corresponde el mérito de haber llevado a cabo una síntesis de los anhelos, a menudo contradictorios, de las generaciones precedentes, y de haberlo hecho además en un plano elevado.

El movimiento franciscano abarcó todos los aspectos de la vida, englobando entre sus propósitos la lucida percepción de los problemas del hombre y su tiempo, dando lugar a un momento crucial en el plano religioso y humano.

La protección papal para con San Francisco se manifestó precisamente en virtud de la veneración que éste profesó hacia el sacerdocio y como consecuencia de la obediencia por él declarada de cara a la jerarquía eclesiástica. Así, el movimiento franciscano se presentaba como transposición de las más profundas y más extendidas instancias religiosas, a la luz de un cristianismo vivido activamente, llevado con creatividad a la práctica y hecho a medida de aquel momento histórico.

Francisco se transformó –con su espíritu señorial– en una persona autorizada a negociar como un verdadero diplomático en nombre de Dios; pero en consonancia con una institución terrena, la Iglesia.

 

3. Tercera muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: Armonizar las relaciones entre el ser humano y la naturaleza

San Francisco de Asís fue proclamado Patrono de la ecología por el santo Papa Juan Pablo II el día 29 de noviembre de 1979, considerándolo "entre los santos y los hombres ilustres que han tenido un singular culto por la naturaleza"…

Pero, yo aquí no quiero hablar de la ecología como "la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio en que viven; o como "la rama de la sociología que estudia las relaciones entre los grupos humanos y su entorno físico y social". En este sentido la encíclica Laudato si' es considerada por reconocidos científicos y políticos como el más significativo y valioso documento que sobre este tema se haya publicado.

Quiero referirme al Santo de Asís en su dimensión de diplomático también al nivel de toda la creación, al nivel ecológico integral.

Quiero subrayar su desbordado amor, conmovedor y poético, hacia la naturaleza, sus célebres diálogos y predicaciones a los animales y a los seres inanimados. Su primer biógrafo, Tomás de Celano escribe: "Cuando daba con multitud de flores, predicábales cual si estuvieran dotadas de inteligencia, y las invitaba a alabar al Señor. Asimismo convidaba, con ternísima y conmovedora sencillez, al amor divino y exhortaba a la gratitud a los trigos y viñedos, a las piedras y a las selvas, a las llanuras del campo, a las corrientes de los ríos, a la ufanía de los huertos, a la tierra y al fuego, al aire y al viento. Finalmente, daba el dulce nombre de hermanas a todas las criaturas, de quienes, por modo maravilloso y de todos desconocido, adivinaba los secretos, como de quien goza de la libertad y la gloria de Dios".

 

Todos conocemos el famosísimo Cántico del Hermano Sol:

"Loado/Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, / especialmente el señor hermano Sol… por la hermana Luna y las Estrellas,… por la hermana Agua, por nuestra hermana Madre Tierra… (que no tiene nada que ver con el sincretismo de la cosmovisión de los pueblos andinos acerca de la Pachamama) – hermana Madre Tierra / la cual nos sustenta y nos gobierna, / y produce diversos frutos / con coloridas flores y hierbas".

San Francisco de Asís -escribe el Papa en el primer párrafo de su Encíclica Laudato si'- "en este hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos" (n° 1).

Francisco de Asís sentía un profundo respeto y admiración por todo lo que hallaba en la naturaleza: es considerado entre los más preocupados por el equilibrio entre animales, plantas y seres humanos.

Quería restablecer la concordia y la amistad entre las partes enemistadas, exactamente como lo son hoy en día el ser humano y el conjunto de la creación. Se proponía reconciliar esas partes enemistadas. Se trata de una reconciliación que en realidad es un reconocer el mal que le estamos haciendo a la naturaleza con nuestra actitud de dominadores, consumidores y explotadores, con nuestro propósito de convertir la realidad en simple objeto de uso, sin la apertura al estupor y al amor que nos enseñaba San Francisco de Asís.

Veamos un excelente diálogo diplomático entre el Embajador de Asís y el Lobo de Gubbio:

Francisco le dijo al lobo: "Hermano lobo, tú estás haciendo daño en esta comarca… Toda la gente grita y murmura contra ti, y toda la ciudad es enemiga tuya. Pero yo quiero, hermano lobo, hacer las paces entre tú y ellos…".

Ante estas palabras, el lobo, con el movimiento del cuerpo, de la cola y de las orejas y bajando la cabeza, manifestaba aceptar y querer cumplir lo que decía San Francisco.

Díjole entonces San Francisco: -Hermano lobo, puesto que estás de acuerdo en sellar y mantener esta paz, yo te prometo hacer que… [ahí se enuncian los términos del pacto]. Pero, una vez que yo te haya conseguido este favor, quiero, hermano lobo, que tú me prometas que no harás daño ya a ningún hombre del mundo y a ningún animal. ¿Me lo prometes?-".

 

Les propongo ahora escuchar una pieza musical que tiene como punto de inspiración el protagonismo discreto de San Francisco de Asís.

 

MÚSICA: Fr Poulenc

 

4. Cuarta muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: armonizar las relaciones entre el Occidente cristiano y el Oriente Medio musulmán

 

Lo que consiguió con el hermano lobo, San Francisco de Asís intentó lograrlo, sin conseguirlo, entre los cruzados y los musulmanes

 

San Francisco luchó abiertamente con quienes alentaban el ideal de la cruzada, proponiendo además una teología sin violencia, una misión pacífica, "por vía de los tratados" –como se dice hoy en día. Él mismo emprendió un viaje hacia tierras árabes para llevar un mensaje de paz contra la V Cruzada. Fue éste un momento diametralmente opuesto al que precedió su conversión, cuando, en el año 1204, se había puesto en marcha hacia el sur de Italia para enrolarse en la armada de la IV Cruzada.

En junio de 1219, partió por mar desde Ancona (en la costa oriental de Italia central) hacia el Oriente Medio. Intentó convencer a los cruzados de que no emprendieran la guerra contra los sarracenos y aceptaran los tratados de paz. Pero no le escucharon. Predijo una derrota espantosa que la realidad no tardó en confirmar. "Sólo San Francisco parecía leer la historia a la luz de la sabiduría eterna, no conforme a las apariencias y contingencias externas", afirma Giulio Basetti-Sani, en su obra sobre la dimensión profética del diálogo franciscano.

Su condena implícita de las cruzadas subraya la incomprensible traición de éstas a las enseñanzas divinas, traición que además se apoyaba en la supuesta pretensión de emprenderlas en defensa del Evangelio (hoy en día se hace en defensa de los valores de la democracia). ¡La violencia y la inmoralidad de la guerra hecha en nombre de la paz!

En general, la hagiografía sobre el santo de Asís presenta al encuentro de Francisco con el sultán como si de un triunfo se tratara. En realidad, Francisco fue recibido cortésmente por Al-Kamil Muhammad al-Malik, hombre culto, de mentalidad abierta, quien lo trató con respeto, pero sin renunciar a su fe en ningún momento. Según cuentan ciertas leyendas, el sultán habría recibido al "pobrecillo de Asís" como a un verdadero "diplomático", permitiendo finalmente que regresara incólume al campamento de las cruzadas.

Estoy convencida de que Francisco –inteligente y clarividente– no hizo la mínima tentativa de convertir al sultán. Su misión era la de un diplomático de la paz. Quiso lograr la paz entre las fuerzas en conflicto, concordando un "pacto" entre ellas para poner fin a la guerra.

El filósofo chino Confucio (Kung-Fu-Tse, 551-479 a.C.), que proponía tener por objeto final la paz universal y la armonía general, formuló clara y sencillamente el concepto:

 

"Quien pretenda someter a los hombres por la fuerza de las armas

no alcanzará la sumisión de sus corazones;

por eso, la violencia nunca es suficiente para dominarlos.

Quien conquiste a los hombres por la virtud

consigue que todos se sometan a él".

 

 

5. Quinta muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: armonizar sus relaciones consigo mismo, ser un hombre conciliado consigo mismo, con su cuerpo y con su alma

 

 La relación de Francisco consigo mismo es una espiral permanentemente atravesada por su pasado (la memoria), por el presente (es decir, por la criatura que habita el mundo: su cuerpo), por el futuro (reservado al alma, junto con el cuerpo que ésta anima), en torno a la cual gira toda la espiral, en la verticalidad extática.

"Ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero, de verdad, ¿nos amamos? Francisco de Asís fue un diplomático muy exigente consigo mismo. En mi libro"San Francisco de Asis, medieval y actual", ustedes encontrarán muchos elementos de esta lucha que él ganó hasta llegar a la santidad.

 Antes del último segmento de mi exposición, les propongo, queridos oyentes, escuchar una oración para el príncipe rumano Constantin Brancoveanu, quien prefirió dejarse degollar por os turcos que renunciar a su propia fe cristiana.

MÚSICA . Rugaciune pentru Constantin Brancoveanu

 

6. Sexta muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: armonizar sus relaciones con Dios, ser un hombre conciliado con Dios

En realidad, esto era su mandato esencial. Un diplomático tiene que respetar y cumplir con el mandato de quien lo envía. Y a él lo había enviado Dios, el Altísimo, ¿no?

 Este asunto no es nada fácil para nadie: hay que intuir "los infinitos caminos que el Señor recorre para cambiar los corazones de las personas".

Llevando a cabo una equilibrada armonización entre el amor a Dios y el amor al prójimo, el Santo de Asís logró de lleno afirmar la paz, sin polemizar, sin juzgar, ni criticar. Ésta es, de hecho, la esencia de su mensaje: esa paz que reconcilia a los hombres con Dios y que, en el orden terrenal, habría de reconciliar a los hombres entre sí y con la naturaleza.

"Para San Francisco la Creación pertenece a Dios y el gozo por esta creación que Dios confía al hombre no puede disociarse de la gratitud por la creación, de la responsabilidad hacia ella y de la igualdad entre todas las criaturas, que son inseparables, como lo han sido en Francisco de Asís. La naturaleza es para Francisco la expresión de un designio de amor y de verdad de parte de Dios que la dona al hombre para que sea el habitat para todos" –escribe Monseñor Adriano Tomasi, Obispo Auxiliar de Lima, en la introducción de mi libro.

Voy a reiterar: la vida y las obras de San Francisco de Asís son para ser meditadas detenidamente, con tranquilidad, tiempo y dedicación, y así poder ser después también imitadas en el espíritu que las impulsó. Una meditación que no tiene que ser meramente cristiana, sino profundamente humana. Porque la experiencia de Francisco de Asís en la sociedad del Medio Evo europeo, extremadamente tumultuoso y a veces dramático, y la "hoja de ruta" de su vida predisponen nuestras vidas y nuestra época a reflexionar profundamente.

         En efecto, lo que San Francisco de Asís nos ha enseñado, de manera tan universal y actual con la formula PAZ Y BIEN, es más que un concepto político, una suma de ideas o una teoría frente a la sangrienta práctica de la guerra.  La paz es un modo de vivir. Es un peregrinaje espiritual de cada minuto hacia el alma del otro, del prójimo y –casi simultáneamente– hacia los adentros de uno mismo.

Pero este peregrinaje se aprende. Es importante educar para la paz, dirigir y encaminar en la construcción de puentes y no de muros, poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.

 

Vivir para la paz. Hay que vivir cada día con una sonrisa, porque "la paz comienza con una sonrisa", decía la Madre Teresa de Calcuta. Mientras el Mahatma Gandhi afirmaba que "no hay camino hacia la paz: la paz es camino".

 

          Ya ahora mismo nos encontramos en este camino de paz: yo, desde aquí delante del micrófono; y ustedes, escuchando los lindos sonidos de la excelente Radio Cultural Filarmonía.

 

¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!

        

 

 




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