jueves, 8 de julio de 2010

Monseñor Alberto Campos en apoyo del Hermano Paúl Mc Auley

Monseñor Alberto Campos difunde carta de reflexión por persecución a
hermano Paúl Mc Auley

Radio La Voz de la Selva | 06/07/2010 | En el momento difícil que
atraviesa el religioso británico Paúl Mc Auley, monseñor Alberto
Campos Hernández, publicó hoy una carta mediante la cual expresa su
posición sobre este caso que ha generado una cadena de solidaridad y
respaldo a nivel nacional e internacional pues reconocen su labor como
educador y defensor de los derechos humanos.
Lea la carta completa...


Estimados hermanos y hermanas: Paz y Bien.

A pedido de algunos misioneros y amigos que trabajan en instituciones
de la Iglesia que apoyan nuestra labor en la Amazonía quiero expresar
mi palabra a título personal para compartir una reflexión sobre
nuestra misión socio-pastoral, teniendo en cuenta el reciente hecho de
la cancelación de residencia del Hno. Paul Mc Auley.

Los Vicariatos Apostólicos en la Amazonía peruana fueron creados a
comienzos del Siglo XX y confiados a los religiosos dominicos en Madre
de Dios (Puerto Maldonado), franciscanos (San Ramón, Requena y San
José del Amazonas), agustinos en Iquitos, jesuitas en Jaén,
pasionistas en Yurimaguas y a la Sociedad de Misiones Extranjeras de
Quebec - Canadá en Pucallpa (actualmente Mons. Gaetano Galbusera,
salesiano es el Obispo-Vicario) con el objetivo de acompañar y
favorecer una evangelización integral en la Amazonía muy abandonada
por el Estado peruano y por la misma Iglesia. La mayoría de los
misioneros somos extranjeros provenientes de diversos países de Europa
y América.
Una preocupación muy grande de aquella época fue el genocidio que
muchas comunidades indígenas sufrieron a causa de la extracción del
caucho y que afectó a toda la Selva; pues los indígenas y mestizos
eran utilizados como mano de obra barata, desintegrándolos de sus
comunidades, había esclavitud, tráfico de seres humanos, genocidio,
corrupción económica y social. La época del caucho fue una de las
etapas más tristes y desalentadoras porque se atentó contra todos los
derechos de los habitantes de la Selva. Esto llegó a oídos del Papa
Pío X quien, en el año de 1912, hizo un llamado a la Iglesia y a la
Sociedad instándolos a que se preocupasen por la suerte de los
indígenas de la Amazonía: "Cuando analizamos los crímenes y maldades
que suelen cometerse contra ellos (los indios), ciertamente quedamos
horrorizados y profundamente conmovidos. Pues ¿qué puede haber más
cruel y más bárbaro que matar a hombres a azotes, o con láminas de
hierro ardientes, por causas levísimas a veces o por el mero placer de
ejercitar su crueldad, o impulsados por súbita violencia conducir a la
matanza a cientos y miles, o devastar pueblos y aldeas para realizar
matanzas de indígenas; de lo cual hemos recibido noticia que en estos
pocos años han sido destruidas casi totalmente algunas
tribus?...Nosotros al recibir algunas veces rumores de estas cosas,
pusimos en duda la certeza de hechos tan atroces, ya que parecían
increíbles. Pero habiendo llegado a la certeza por medio de testigos
muy seguros, esto es, por medio de muchos de vosotros, Venerables
hermanos, por los Delegados de la Sede Apostólica, por los misioneros
y por otras personas de entera fe, ya no nos es lícito tener ninguna
duda de la veracidad de estos hechos. Por lo tanto, es el momento de
que movidos por esta preocupación intentemos poner término a tanto
mal... Condenamos y declaramos reos de inhumanos crímenes a (quienes)
pongan en esclavitud, los vendan, los compren, los cambien o regalen,
los separen de sus mujeres o de sus hijos, se apoderen de sus casas o
de sus bienes, o de cualquier manera los priven de su libertad,
reteniéndoles en esclavitud... y os exhortamos encarecidamente que
todas aquellas cosas que en vuestras diócesis están instituidas para
el bien de los indios, las promováis con toda vuestra preocupación, al
mismo tiempo cuidéis de instituir aquellas otras que parezcan
necesarias a la misma causa" (Encíclica Lacrimabili Statu).
Desde ese tiempo y hasta ahora los obispos y misioneros de los
Vicariatos Apostólicos hemos querido acompañar con respeto y cariño a
las comunidades indígenas, ribereñas y urbanas promoviendo una
evangelización integral que tome en cuenta las grandes necesidades
sociales de las poblaciones amazónicas. Hemos tratado de penetrar a
los lugares más apartados, defendiendo la justicia y los derechos
humanos de los más humillados. Se han creado escuelas y centros de
promoción social, algunas poblaciones se han formado en torno a los
centros misioneros, se ha promovido el desarrollo económico y material
a través de nuestros servicios de Pastoral Social y Cáritas. Nos hemos
preocupado por capacitar profesores, agentes de salud y profesionales
indígenas y mestizos. Hemos creado seminarios y centros de formación
para laicos, animadores de comunidades cristianas, catequistas,
jóvenes, familias, enfermos, ancianos, sacerdotes, religiosos y
religiosas para que sean los nuevos misioneros y agentes pastorales
que continúen el trabajo pastoral de los misioneros que venimos de
fuera.

El Estado peruano ha apoyado nuestra labor socio-pastoral y en muchas
ocasiones ha reconocido públicamente este servicio a las comunidades
más alejadas y abandonadas en las zonas de frontera del Perú, donde
muchas veces el mismo Estado está ausente. Hemos querido contribuir
siempre a la paz, a tender puentes entre el resto del Perú y la
Amazonía, entre el Estado y las comunidades peruanas amazónicas más
abandonadas y hemos promovido la solidaridad de la Iglesia Católica
presente en diversos países hacia estas zonas necesitadas del Perú.

En estos últimos acontecimientos hemos querido ser fieles a esta
tradición de estar cercanos a las comunidades amazónicas abogando por
sus justos derechos y cuidando la "casa común", que es nuestra
Amazonía, que nos sustenta y nos acoge y reiteramos el pedido de los
obispos reunidos en Aparecida que expresaron: "Crear conciencia sobre
la importancia de la Amazonía para toda la humanidad. Establecer,
entre las iglesias locales de diversos países sudamericanos, una
pastoral de conjunto para crear un modelo de desarrollo que privilegie
a los pobres y sirva al bien común. Apoyar a la Iglesia que vive en la
Amazonía para que siga proclamando el Evangelio de la vida y
desarrolle su trabajo pastoral..." (DA. 475).

Me preocupa que se consideren delitos que alteran el orden público el
trabajo que algunos misioneros realizan a pedido de comunidades e
instituciones para informarles sobre sus derechos nacionales e
internacionales en cuanto a sus territorios y a la preservación de sus
recursos naturales como patrimonio para sus descendientes,
acompañarlos en sus protestas y marchas y, por otro lado, no se
consideran delitos la contaminación de los ríos, la deforestación de
los bosques, la ilegalidad y corrupción para ofrecer algunas
concesiones para el enriquecimiento injusto de algunas personas o
empresas en perjuicio de los habitantes de la Amazonía, la negligencia
de algunos profesionales que reciben un sueldo para trabajar en la
Selva y no se presentan a sus puestos de trabajo en detrimento de la
educación y salud de los que deberían ser beneficiados. ¿Qué es lo que
más altera el orden público? ¿El cumplimiento de la legislación
nacional e internacional que garantiza una vida digna para los
habitantes de un país y donde sus autoridades deberían ser sus
principales promotores o el incumplimiento de las normas y leyes que
protegen el patrimonio de la Nación para un desarrollo sostenible para
varios años más?

El Estado es el que nos permite ingresar concediéndonos la residencia
como misioneros y es el mismo Estado el que nos puede retirar la
residencia si considera que nuestro trabajo ya no es necesario o si lo
considera perjudicial para los intereses nacionales. Dice nuestro
Señor Jesucristo en el Evangelio: "Si entran en una ciudad y no
quieren recibirlos, vayan a sus plazas y digan: Nos sacudimos y les
dejamos hasta el polvo de su ciudad que se ha pegado a nuestro pies.
Con todo sepan que el Reino de Dios ha venido a ustedes" (Lc.
10.10-11).

Agradezco todas las muestras de respaldo a quienes conocen nuestro
trabajo y lo apoyan y pido disculpas por nuestras dificultades y
yerros que hemos cometido, porque nadie es perfecto. A veces queremos
hacer el bien y podemos incomodar a otros. No es fácil nuestra labor
pues está llena de carencias, incomodidades y dificultades, incluso de
incomunicación entre nosotros debido a la lejanía y exclusión de
servicios básicos que se tienen en las ciudades y otras zonas mejor
comunicadas. Expreso estos pensamiento y sentimientos con la intención
de que un pastor de la Amazonía pueda decir algo ante estos tristes
acontecimientos que nos preocupan.

Fraternalmente en Cristo crucificado y resucitado:


Mons. Alberto Campos H., OFM.
Obispo-Vicario Apostólico de San José del Amazonas


Indiana (Loreto), 05 de Julio de 2010

Universidad Catolica Sedes Sapientiae

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