viernes, 22 de septiembre de 2017

Educar al humanismo solidario. Para construir una “civilización del amor”: 50 años después de la Populorum progressio

Por la Congregación para la Educación Católica

La Santa Sede presenta documento para una educación al servicio del bien común
El documento, que será enviado a las conferencias episcopales para que
lo transmitan a las 216.000 escuelas católicas y a las 1.760
universidades católicas en los diversos continentes.

23/09/17 2:15 AM

(InfoCatólica) El día de ayer la Fundación Pontificia "Gravissimum
educationis" ha presentado el documento titulado «Educar al humanismo
solidario. Para construir una "civilización del amor" 50 años después
de la Populorum progressio».

El documento, que será enviado a las conferencias episcopales para que
lo transmitan a las 216.000 escuelas católicas y a las 1.760
universidades católicas en los diversos continentes, subraya la
necesidad urgente de humanizar la educación, favoreciendo una cultura
del encuentro y del diálogo.

El documento fue presentado por el Prefecto de la Congregación para la
Educación, Cardenal Giuseppe Versaldi, quien afirmó que es necesaria
«la globalización de la esperanza guiada por el mensaje de salvación y
de amor de la revelación cristiana. La solidaridad y la fraternidad
resultantes de esta transformación personal y social serán la base
para un proceso inclusivo con la intención de influir en los estilos
de vida y sobre los paradigmas económicos y ambientales».

«Con este documento, la Congregación para la Educación Católica ha
querido analizar aspectos de la Populorum progressio que en el curso
de los años no se han considerado a fondo a pesar de no ser asuntos
secundarios».

Por su parte, el secretario de la Congregación, Angelo Vincenzo Zani,
ha indicado que este documento busca «actualizar el pacto educativo
entre las generaciones, desde la familia hasta la sociedad entera.
Además, ha destacado la importancia de la formación de los formadores,
para garantizar una educación no selectiva sino abierta a la
solidaridad».

«Los contenidos que propone, con un lenguaje sencillo y directo, hacen
referencia a tres fuentes principales: la Declaración del Concilio
Vaticcano II Gravissimum educationis, a la encíclica de Pablo VI
Populorum progressio y al magisterio del Papa Francisco, en particular
la encíclica Laudato si'».

Humanizar la educación
El documento enfatiza que «de manera constante, la Iglesia afirma que
«la buena educación de la familia es la columna vertebral del
humanismo» y desde allí propagar «los significados de una educación al
servicio de todo el cuerpo social, basada en la confianza mutua y en
la reciprocidad de los deberes». Por estas razones, «las instituciones
escolares y académicas que deseen poner a la persona al centro de su
misión son llamadas a respetar la familia como primera sociedad
natural, y a ponerse a su lado, con una concepción correcta de
subsidiariedad».

Por lo tanto «Una educación humanizada, por lo tanto, no se limita a
ofrecer un servicio formativo, sino que se ocupa de los resultados del
mismo en el contexto general de las aptitudes personales, morales y
sociales de los participantes en el proceso educativo».

Cultura de diálogo
El documento resalta la responsabilidad que la educación al humanismo
solidario tiene «de proveer a la formación de ciudadanos que tengan
una adecuada cultura del diálogo», y recuerda que es «propio de la
naturaleza de la educación la capacidad de construir las bases para un
diálogo pacífico y permitir el encuentro entre las diferencias, con el
objetivo principal de edificar un mundo mejor».

Globalizar la esperanza
A este respecto, el documento explica que «globalizar la esperanza es
la misión específica de la educación al humanismo solidario. Una
misión que se cumple a través de la construcción de relaciones
educativas y pedagógicas que enseñen el amor cristiano, que generen
grupos basados ​​en la solidaridad, donde el bien común está conectado
virtuosamente al bien de cada uno de sus componentes, que transforme
el contenido de las ciencias de acuerdo con la plena realización de la
persona y de su pertenencia a la humanidad».

Justamente la educación cristiana puede realizar esta tarea primaria,
porque ella «es hacer nacer, es hacer crecer, se ubica en la dinámica
de dar la vida. Y la vida que nace es la fuente desde donde brota más
esperanza».
---------------------------------------------
CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA (de los Institutos de Estudios)
Educar al humanismo solidario
Para construir una "civilización del amor"
50 años después de la Populorum progressio
Introducción
1. Escenarios actuales
2. Humanizar la educación
3. Cultura del diálogo
4. Globalizar la esperanza
5. Hacia una verdadera inclusión
6. Redes de Cooperación
7. Prospectivas
INTRODUCCIÓN
1. Hace cincuenta años, con la encíclica Populorum progressio, la
Iglesia anunciaba a los hombres y a las mujeres de buena voluntad el
carácter mundial que la cuestión social había asumido[1]. Dicho
anuncio no se limitaba a sugerir una mirada más amplia, capaz de
abarcar porciones cada vez más grandes de humanidad, sino que ofrecía
un nuevo modelo ético-social. En ella se debía trabajar por la paz, la
justicia y la solidaridad, con una visión que supiera comprender el
horizonte mundial de las opciones sociales. Los presupuestos de esta
nueva visión ética surgieron unos años antes, en el Concilio Vaticano
II, con la formulación del principio de interdependencia planetaria y
del destino común de todos los pueblos de la Tierra[2]. En los años
sucesivos, la validez explicativa de tales principios encontró
numerosas confirmaciones. El hombre contemporáneo experimentó en
muchas ocasiones que lo que ocurre en una parte del mundo puede
afectar a otras, y que nadie puede —a priori— sentirse seguro en un
mundo donde existe sufrimiento o miseria. Si en aquel momento se
intuía la necesidad de ocuparse del bien de los demás como si fuera el
propio, hoy tal recomendación asume una clara prioridad en la agenda
política de los sistemas civiles[3].
2. La Populorum progressio, en este sentido, puede ser considerada
como el documento programático de la misión de la Iglesia en la era de
la globalización[4]. La sabiduría que emana de sus enseñanzas continúa
a guiar aún hoy el pensamiento y la acción de quienes quieren
construir la civilización del «humanismo pleno»[5] ofreciendo —en el
cauce del principio de subsidiariedad— "modelos practicables de
integración social" surgidos del ventajoso encuentro entre "la
dimensión individual y la comunitaria" [6]. Esta integración expresa
los objetivos de la "Iglesia en salida", que "acorta las distancias,
se rebaja hasta la humillación si fuera necesario (…), acompaña la
humanidad en todos sus procesos, por duros o prolongados que sean"[7].
Los contenidos de este humanismo solidario tienen necesidad de ser
vividos y testimoniados, formulados y transmitidos[8] en un mundo
marcado por múltiples diferencias culturales, atravesado por
heterogéneas visiones del bien y de la vida y caracterizado por la
convivencia de diferentes creencias. Para hacer posible este proceso
—como afirma Papa Francisco en al encíclica Laudato si' — "es
necesario tener presente que los modelos de pensamiento influyen
realmente sobre los comportamientos. La educación será ineficaz y sus
esfuerzos serán estériles si no se preocupa además por difundir un
nuevo modelo respecto al ser humano, a la vida, a la sociedad y a las
relaciones con la naturaleza"[9].
Con el presente documento la Congregación para la Educación Católica
entiende proponer las líneas principales de una educación al humanismo
solidario.
1. ESCENARIOS ACTUALES
3. El mundo contemporáneo, multifacético y en constante
transformación, atraviesa múltiples crisis. Estas son de distintas
naturalezas: crisis económicas, financieras, laborales; crisis
políticas, democráticas, de participación; crisis ambientales y
naturales; crisis demográficas y migratorias, etc. Los fenómenos
producidos por dichas crisis revelan cotidianamente su carácter
dramático. La paz está constantemente amenazada y, junto a las guerras
tradicionales que combaten los ejércitos regulares, se difunde la
inseguridad generada por el terrorismo internacional, bajo cuyos
golpes se producen sentimientos de recíproca desconfianza y odio,
favoreciendo el desarrollo de sentimientos populistas, demagógicos,
corriendo el riesgo de agravar los problemas y fomentando la
radicalización del enfrentamiento entre culturas diferentes. Guerras,
conflictos y terrorismo son a veces la causa, a veces el efecto, de
las inequidades económicas y de la injusta distribución de los bienes
de la creación.
4. Estas inequidades generan pobreza, desempleo y explotación. Las
estadísticas de las organizaciones internacionales muestran las
connotaciones de la emergencia humanitaria en acto, que se refiere
también al futuro, si medimos los efectos del subdesarrollo y de las
migraciones en las jóvenes generaciones. Tampoco se encuentran exentas
de tales peligros las sociedades industrializadas, donde aumentaron
las áreas de marginalidad[10]. De particular importancia es el
complejo fenómeno de las migraciones, extendido en todo el planeta, a
partir del cual se generan encuentros y enfrentamientos de
civilizaciones, acogidas solidarias y populismos intolerantes e
intransigentes. Nos encontramos ante un proceso oportunamente definido
como un cambio epocal[11]. Este pone en evidencia un humanismo
decadente, a menudo fundado sobre el paradigma de la indiferencia.
5. La lista de problemas podría ser más larga, pero no debemos
olvidarnos de las oportunidades positivas que presenta el mundo
actual. La globalización de las relaciones es también la globalización
de la solidaridad. Hemos tenido muchos ejemplos en ocasión de las
grandes tragedias humanitarias causadas por la guerra o por desastres
naturales: cadenas de solidaridad, iniciativas asistenciales y
caritativas donde han participado ciudadanos de todas partes del
mundo. Del mismo modo, en los últimos años han surgido iniciativas
sociales, movimientos y asociaciones, a favor de una globalización más
equitativa cuidadosa de las necesidades de los pueblos con
dificultades económicas. Quienes instauran muchas de estas iniciativas
—y participan en ellas— son frecuentemente ciudadanos de las naciones
más ricas que, pudiendo disfrutar de los beneficios de las
desigualdades, luchan a menudo por los principios de justicia social
con gratuidad y determinación.
6. Es paradójico que el hombre contemporáneo haya alcanzado metas
importantes en el conocimiento de las fuerzas de la naturaleza, de la
ciencia y de la técnica pero, al mismo tiempo, carezca de una
programación para una convivencia pública adecuada, que haga posible
una existencia aceptable y digna para cada uno y para todos. Lo que
tal vez falta aun es un desarrollo conjunto de las oportunidades
civiles con un plan educativo que pueda transmitir las razones de la
cooperación en un mundo solidario. La cuestión social, como dijo
Benedicto XVI, es ahora una cuestión antropológica[12], que implica
una función educativa que no puede ser postergada. Por esta razón, es
necesario «un nuevo impulso del pensamiento para comprender mejor lo
que implica ser una familia; la interacción entre los pueblos del
planeta nos urge a dar ese impulso, para que la integración se
desarrolle bajo el signo de la solidaridad en vez del de la
marginación».[13]
2. HUMANIZAR LA EDUCACIÓN
7. «Experta en humanidad», como subrayó hace cincuenta años la
Populorum progressio [14], la Iglesia tiene ya sea la misión que la
experiencia para indicar itinerarios educativos idóneos a los desafíos
actuales. Su visión educativa está al servicio de la realización de
los objetivos más altos de la humanidad. Dichos objetivos fueron
evidenciados con visión de futuro en la Declaración conciliar
Gravissimum educationis: el desarrollo armonioso de las capacidades
físicas, morales e intelectuales, finalizadas a la gradual maduración
del sentido de responsabilidad; la conquista de la verdadera libertad;
la positiva y prudente educación sexual[15]. Desde esta perspectiva,
se intuía que la educación debía estar al servicio de un nuevo
humanismo, donde la persona social se encuentra dispuesta a dialogar y
a trabajar para la realización del bien común[16].
8. Las necesidades indicadas en la Gravissimum educationis siguen
siendo actuales. A pesar que las concepciones antropológicas basadas
en el materialismo, el idealismo, el individualismo y el colectivismo,
viven una fase de decadencia, todavía ejercen una cierta influencia
cultural. A menudo ellas entienden la educación como un proceso de
adiestramiento del individuo a la vida pública, en la que actúan las
diferentes corrientes ideológicas, que compiten entre sí por la
hegemonía cultural. En este contexto, la formación de la persona
responde a otras exigencias: la afirmación de la cultura del consumo,
de la ideología del conflicto, del pensamiento relativista, etc. Es
necesario, por lo tanto, humanizar la educación; es decir,
transformarla en un proceso en el cual cada persona pueda desarrollar
sus actitudes profundas, su vocación y contribuir así a la vocación de
la propia comunidad. "Humanizar la educación"[17] significa poner a la
persona al centro de la educación, en un marco de relaciones que
constituyen una comunidad viva, interdependiente, unida a un destino
común. De este modo se cualifica el humanismo solidario.
9. Humanizar la educación significa, también, reconocer que es
necesario actualizar el pacto educativo entre las generaciones. De
manera constante, la Iglesia afirma que «la buena educación de la
familia es la columna vertebral del humanismo»[18] y desde allí se
propagan los significados de una educación al servicio de todo el
cuerpo social, basada en la confianza mutua y en la reciprocidad de
los deberes[19]. Por estas razones, las instituciones escolares y
académicas que deseen poner a la persona al centro de su misión son
llamadas a respetar la familia como primera sociedad natural, y a
ponerse a su lado, con una concepción correcta de subsidiariedad.
10. Una educación humanizada, por lo tanto, no se limita a ofrecer un
servicio formativo, sino que se ocupa de los resultados del mismo en
el contexto general de las aptitudes personales, morales y sociales de
los participantes en el proceso educativo. No solicita simplemente al
docente enseñar y a los estudiantes aprender, más bien impulsa a todos
a vivir, estudiar y actuar en relación a las razones del humanismo
solidario. No programa espacios de división y contraposición, al
contrario, ofrece lugares de encuentro y de confrontación para crear
proyectos educativos válidos. Se trata de una educación —al mismo
tiempo— sólida y abierta, que rompe los muros de la exclusividad,
promoviendo la riqueza y la diversidad de los talentos individuales y
extendiendo el perímetro de la propia aula en cada sector de la
experiencia social, donde la educación puede generar solidaridad,
comunión y conduce a compartir[20].
3. CULTURA DEL DIÁLOGO
11. La vocación a la solidaridad llama a las personas del siglo XXI a
afrontar los desafíos de la convivencia multicultural. En las
sociedades globales conviven cotidianamente ciudadanos de tradiciones,
culturas, religiones y visiones del mundo diferentes, y a menudo se
producen incomprensiones y conflictos. En tales circunstancias, las
religiones frecuentemente son consideradas como estructuras de
principios y de valores monolíticos, inflexibles, incapaces de
conducir la humanidad hacia la sociedad global. La Iglesia Católica,
al contrario, «no rechaza nada que sea verdadero y santo en estas
religiones» y es su deber «anunciar la cruz de Cristo como signo del
amor universal de Dios y como fuente de toda gracia»[21]. Está también
convencida que, en realidad, las dificultades son a menudo el
resultado de una falta de educación al humanismo solidario, basada en
la formación a la cultura del diálogo.
12. La cultura del diálogo no recomienda el simple hablar para
conocerse, con el fin de amortiguar el efecto rechazante del encuentro
entre ciudadanos de diferentes culturas. El diálogo auténtico se lleva
a cabo en un marco ético de requisitos y actitudes formativas como así
también de objetivos sociales. Los requisitos éticos para dialogar son
la libertad y la igualdad: los participantes al diálogo deben ser
libres de sus intereses contingentes y deben ser disponibles a
reconocer la dignidad de todos los interlocutores. Estas actitudes se
sostienen por la coherencia con el propio específico universo de
valores. Esto se traduce en la intención general de hacer coincidir
acción y declaración, en otras palabras, de relacionar los principios
éticos anunciados (por ejemplo, paz, equidad, respeto, democracia...)
con las elecciones sociales y civiles realizadas. Se trata de una
«gramática del diálogo», como lo indica el Papa Francisco, que logra
«construir puentes [...] y encontrar respuestas a los desafíos de
nuestro tiempo»[22].
13. En el pluralismo ético y religioso, por lo tanto, las religiones
pueden estar al servicio de la convivencia pública, y no
obstaculizarla. A partir de sus valores positivos de amor, esperanza y
salvación, en un contexto de relaciones performativas y coherentes,
las religiones pueden contribuir significativamente a alcanzar
objetivos sociales de paz y de justicia. En dicha perspectiva, la
cultura del diálogo afirma una concepción propositiva de las
relaciones civiles. En lugar de reducir la religiosidad a la esfera
individual, privada y reservada, y obligar a los ciudadanos a vivir en
el espacio público únicamente las normas éticas y jurídicas del
estado, invierte los términos de la relación e invita a las creencias
religiosas a profesar en público sus valores éticos positivos.
14. La educación al humanismo solidario tiene la grandísima
responsabilidad de proveer a la formación de ciudadanos que tengan una
adecuada cultura del diálogo. Por otra parte, la dimensión
intercultural frecuentemente se experimenta en las aulas escolares de
todos los niveles, como también en las instituciones universitarias;
por lo tanto es desde allí que se tiene que proceder para difundir la
cultura del diálogo. El marco de valores en el cual vive, piensa y
actúa el ciudadano que tiene una formación al diálogo está sostenido
por principios relacionales (gratuidad, libertad, igualdad,
coherencia, paz y bien común) que entran de modo positivo y categórico
en los programas didácticos y formativos de las instituciones y
agencias que trabajan por el humanismo solidario.
15. Es propio de la naturaleza de la educación la capacidad de
construir las bases para un diálogo pacífico y permitir el encuentro
entre las diferencias, con el objetivo principal de edificar un mundo
mejor. Se trata, en primer lugar, de un proceso educativo donde la
búsqueda de una convivencia pacífica y enriquecedora se ancla en un
concepto más amplio de ser humano — en su caracterización psicológica,
cultural y espiritual — más allá de cualquier forma de egocentrismo y
de etnocentrismo, de acuerdo con una concepción de desarrollo integral
y trascendente de la persona y de la sociedad[23].
4. GLOBALIZAR LA ESPERANZA
16. «El desarrollo es el nuevo nombre de la paz», concluía la
Populorum progressio [24]. Dicha afirmación encontró apoyo y
confirmación en las décadas sucesivas, y se clarificaron las
direcciones del desarrollo sostenible desde el punto de vista
económico, social y del medioambiente. Desarrollo y progreso, sin
embargo, siguen siendo descripciones de procesos, no dicen mucho sobre
los fines últimos del devenir histórico-social. Lejos de exaltar el
mito del progreso inmanente de la razón y la libertad, la Iglesia
Católica relaciona el desarrollo con el anuncio de la redención
cristiana, que no es una indefinida ni futurible utopía, sino que es
ya «sustancia de la realidad», en el sentido que por ella «ya están
presentes en nosotros las realidades que se esperan: el todo, la vida
verdadera»[25].
17. Es necesario, por lo tanto, a través de la esperanza en la
salvación, ser desde ya signos vivos de ella. ¿En el mundo
globalizado, cómo puede difundirse el mensaje de salvación en
Jesucristo? «No es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es
redimido por el amor»[26]. La caridad cristiana propone gramáticas
sociales universalizantes e inclusivas. Tal caridad informa las
ciencias que, impregnadas con ella, acompañarán al hombre que busca
sentido y verdad en la creación. La educación al humanismo solidario,
por lo tanto, debe partir de la certeza del mensaje de esperanza
contenido en la verdad de Jesucristo. Compete a ella, irradiar dicha
esperanza, como mensaje transmitido por la razón y la vida activa,
entre los pueblos de todo el mundo.
18. Globalizar la esperanza es la misión específica de la educación al
humanismo solidario. Una misión que se cumple a través de la
construcción de relaciones educativas y pedagógicas que enseñen el
amor cristiano, que generen grupos basados en la solidaridad, donde el
bien común está conectado virtuosamente al bien de cada uno de sus
componentes, que transforme el contenido de las ciencias de acuerdo
con la plena realización de la persona y de su pertenencia a la
humanidad. Justamente la educación cristiana puede realizar esta tarea
primaria, porque ella «es hacer nacer, es hacer crecer, se ubica en la
dinámica de dar la vida. Y la vida que nace es la fuente desde donde
brota más esperanza»[27].
19. Globalizar la esperanza también significa sostener las esperanzas
de la globalización. Por una parte, en efecto, la globalización ha
multiplicado las oportunidades de crecimiento y abrió las relaciones
sociales a nuevas e inéditas posibilidades. Por otro lado, además de
algunos beneficios, ella causó desigualdades, explotación e indujo de
manera perversa a algunos pueblos a padecer una dramática exclusión de
los circuitos de bienestar. Una globalización sin visión, sin
esperanza, es decir sin un mensaje que sea al mismo tiempo anuncio y
vida concreta, está destinada a producir conflictos, a generar
sufrimientos y miserias.
5. HACIA UNA VERDADERA INCLUSIÓN
20. Para corresponder a su función propia, los proyectos formativos de
la educación al humanismo solidario se dirigen hacia algunos objetivos
fundamentales. Antes que nada, el objetivo principal es permitir a
cada ciudadano que se sienta participante activo en la construcción
del humanismo solidario. Los instrumentos utilizados deben favorecer
el pluralismo, estableciendo espacios de diálogo finalizados a la
representación de las instancias éticas y normativas. La educación al
humanismo solidario debe tener una especial atención para que el
aprendizaje de las ciencias corresponda a la conciencia de un universo
ético donde la persona actúa. En particular, esta recta concepción del
universo ético tiene que avanzar hacia la apertura de horizontes del
bien común progresivamente más amplios, hasta llegar a toda la familia
humana.
21. Este proceso inclusivo supera los límites de las personas que
viven actualmente en la tierra. El progreso científico y tecnológico
demostró en los últimos años, cómo las decisiones que se toman en el
presente son capaces de influir en los estilos de vida y —en algunos
casos— sobre la existencia de los ciudadanos de las futuras
generaciones. «La noción de bien común incorpora también a las
generaciones futuras»[28]. El ciudadano de hoy, de hecho, debe ser
solidario con sus contemporáneos donde quiera que se encuentren, pero
también con los futuros ciudadanos del planeta. Ya que «el problema es
que no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta
crisis [...] y hace falta construir liderazgos que marquen caminos,
buscando atender a las necesidades de las generaciones actuales
incluyendo a todos, sin perjudicar a las generaciones futuras»[29]
entonces la tarea específica que puede realizar la educación al
humanismo solidario es contribuir a edificar una cultura basada en la
ética intergeneracional.
22. Esto significa que la educación extiende el ámbito clásico del
alcance de su acción. Si hasta ahora se consideraba la escuela como la
institución que forma los ciudadanos del mañana, si las agencias
formativas responsables de la educación permanente se ocupan de los
ciudadanos del presente, a través de la educación al humanismo
solidario se cuida la humanidad del futuro, la posteridad, con quienes
se debe ser solidarios tomando decisiones responsables. Es aún más
verdadero con respecto a la formación académica, porque es a través de
ella que se proporciona las competencias necesarias para tomar las
decisiones decisivas del equilibrio de los sistemas humano-sociales,
naturales, ambientales, etc.[30]. Los temas desarrollados en los
cursos universitarios, en este sentido, deberían realizarse según un
criterio decisivo para la evaluación de su calidad: la sostenibilidad
con las exigencias de las generaciones futuras.
23. Para que sea una verdadera inclusión es necesario hacer un paso
ulterior, es decir construir una relación de solidaridad con las
generaciones que nos precedieron. Lamentablemente, la afirmación del
paradigma tecnocrático, en algunos casos, redimensionó el saber
histórico, científico y humanístico —con su patrimonio literario y
artístico— mientras que una visión correcta de la historia y del
espíritu con el cual nuestros antepasados han enfrentado y superado
sus desafíos, puede ayudar al hombre en la compleja aventura de la
contemporaneidad. Las sociedades humanas, las comunidades, los
pueblos, las naciones son el fruto del pasaje de la historia donde se
revela una identidad específica en continua elaboración. Comprender la
relación fecunda entre el devenir histórico de una comunidad y su
vocación al bien común y al cumplimiento del humanismo solidario
implica la formación de una conciencia histórica, basada en la
conciencia de la indisoluble unidad que lleva a los antepasados, a los
contemporáneos y a la posteridad a superar los grados de parentesco
para reconocerse todos igualmente hijos del Padre, y por lo tanto en
una relación de solidaridad universal[31].
6. REDES DE COOPERACIÓN
24. Así como la Encíclica Populorum progressio recomienda la
elaboración de «programas concertados»[32], hoy es evidente la
necesidad de hacer converger las iniciativas educativas y de
investigación hacia los fines del humanismo solidario, con la
conciencia que «no deberían permanecer dispersos o aislados, y menos
aún opuestos por razones de prestigio o poder»[33]. Construir redes de
cooperación, desde el punto de vista educativo, escolar y académico,
significa activar dinámicas incluyentes, en constante búsqueda de
nuevas oportunidades para introducir en el propio circuito de
enseñanza y aprendizaje sujetos distintos, especialmente aquellos que
les resulta difícil aprovechar un plan una formación adecuado a sus
necesidades. Recordando también, que la educación sigue siendo un
recurso escaso en el mundo, considerando que existen sectores de la
humanidad que sufre por la falta de instituciones idóneas al
desarrollo, el primer esfuerzo de educación al humanismo solidario es
la socialización de sí mismo a través de la organización de redes de
cooperación.
25. Una educación al humanismo solidario desarrolla redes de
cooperación en los distintos ámbitos donde se realiza la actividad
educativa, particularmente en la educación académica. En primer lugar,
solicita a los actores educativos que asuman una actitud que favorezca
la colaboración. En particular, prefiere la colegialidad del cuerpo
docente en la preparación de los programas formativos, y la
cooperación entre los estudiantes en lo concerniente a las modalidades
de aprendizaje y a los ambientes formativos. Aún más: como células del
humanismo solidario, unidas por un pacto educativo y por una ética
intergeneracional, la solidaridad entre quien enseña y quien aprende
debe ser progresivamente incluyente, plural y democrática.
26. La universidad debería ser el principal crisol para la formación a
la cooperación en la investigación científica, prefiriendo —en el
lecho del humanismo solidario— la organización de investigaciones
colectivas en todas las áreas del conocimiento, cuyos resultados
puedan ser corroborados por la objetividad científica de la aplicación
de lógicas, métodos y técnicas idóneas, como también por la
experiencia de solidaridad realizada por los investigadores. Se trata
de favorecer la formación de grupos de investigación integrados entre
el personal docente, jóvenes investigadores y estudiantes, y también
solicitar la cooperación entre las instituciones académicas ubicadas
en un contexto internacional. Las redes de cooperación deberán
instituirse entre sujetos educativos y sujetos de otro tipo, por
ejemplo, del mundo de las profesiones, de las artes, del comercio, de
la empresa y de todos los cuerpos intermedios de las sociedades donde
el humanismo solidario necesita propagarse.
27. En muchos lugares se solicita una educación que supere las
dificultades de los procesos de masificación cultural, que producen
los efectos nocivos de nivelación, y con ella, de manipulación
consumista. El surgimiento de redes de cooperación, en el marco de la
educación al humanismo solidario, puede ayudar a superar estos
desafíos, ya que ofrece descentralización y especialización. En una
perspectiva de subsidiariedad educativa, tanto a nivel nacional como
internacional, se favorece el intercambio de responsabilidad y de
experiencia, esencial para optimizar los recursos y evitar los
riesgos. De esta manera se construye una red no sólo de investigación
sino — sobre todo — de servicio, donde uno ayuda al otro y se
comparten los nuevos descubrimientos, «intercambiando temporalmente
los profesores y proveyendo en todo lo que pueda contribuir a una
mayor ayuda mutua»[34].
7. PROSPECTIVAS
28. La educación escolar y universitaria estuvieron siempre en el
centro de la propuesta de la Iglesia Católica en la vida pública. Ella
defendió la libertad de educación cuando, en las culturas
secularizadas y laicistas, parecían reducirse los espacios asignados a
la formación de los valores religiosos. A través de la educación,
continuó suministrando principios y valores de convivencia pública
cuando las sociedades modernas, engañadas por los logros científicos y
tecnológicos, jurídicos y culturales, creían insignificante la cultura
católica. Hoy, como en todas las épocas, la Iglesia Católica tiene
todavía la responsabilidad de contribuir, con su patrimonio de
verdades y de valores, a la construcción del humanismo solidario, para
un mundo dispuesto a actualizar la profecía contenida en la Encíclica
Populorum progressio.
29. Para dar un alma al mundo global, atravesado por constantes
cambios, la Congregación para la Educación Católica vuelve a lanzar la
prioridad de la construcción de la "civilización del amor"[35], y
exhorta a todos los que por profesión y vocación están comprometidos
en los procesos educativos —en todos los niveles— a vivir con
dedicación y sabiduría dicha experiencia, según los principios y los
valores enucleados. Este Dicasterio —después del Congreso Mundial
"Educar hoy y mañana. Una pasión que se renueva" (Roma-Castel
Gandolfo, 18 - 21 de noviembre de 2015)— dio eco a las reflexiones y a
los desafíos que surgieron ya sea por parte de los docentes, de los
alumnos, de los padres, como de las Iglesias particulares, las
Familias religiosas y las Asociaciones comprometidas en el vasto
universo de la educación.
30. Estos lineamientos fueron entregados a todos los sujetos que
trabajan con pasión para renovar cotidianamente la misión educativa de
la Iglesia en los diferentes continentes. Se desea, también,
proporcionar una herramienta útil para un diálogo constructivo con la
sociedad civil y los Organismos Internacionales. Al mismo tiempo, el
Papa Francisco erigió la Fundación "Gravissimum educationis"[36] para
aquellas "finalidades científicas y culturales dirigidas a promover la
educación católica en el mundo"[37].
31. En conclusión, los temas y los horizontes para explorar — a partir
de la cultura del diálogo, de la globalización de la esperanza, de la
inclusión y de las redes de cooperación — solicitan ya sea la
experiencia formativa y de enseñanza que las actividades de estudio y
de investigación. Será necesario, por lo tanto, favorecer la
comunicación de dichas experiencias y los resultados de las
investigaciones, con la finalidad de permitir que cada sujeto
comprometido en la educación al humanismo solidario comprenda el
significado de su propia iniciativa en el proceso global de la
construcción de un mundo fundado sobre valores de solidaridad
cristiana.
Roma, el 16 de abril de 2017, fiesta de la Resurrección de Nuestro
Señor Jesucristo
Card. Giuseppe Versaldi Prefecto Arzbpo. Angelo Vincenzo Zani Secretario


NOTAS:
[1] Pablo VI, Carta encíclica Populorum progressio (26 de marzo de
1967), 3. [2] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral
Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo (28 de
octubre de 1965), 4-5. [3] Pontificio Consejo Justicia y Paz,
Compendio de la doctrina social de la Iglesia (2004), 167. [4] También
por ello, la Populorum progressio a menudo fue comparada, por el
alcance de su discurso social, con la Rerum novarum de León XIII: cf.
Juan Pablo II, Carta encíclica Sollicitudo rei socialis (30 de
diciembre de 1987), 2-3; Benedicto XVI, Carta encíclica Caritas in
veritate (29 de junio de 2009), 8. [5] Populorum progressio, 42. [6]
Cf. Papa Francisco, Discurso a los Participantes al Congreso promovido
por el Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral en el
50º aniversario de la "Populorum Progressio", 4 de abril de 2017.
[7] Papa Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (24
noviembre 2013), 24. [8] "El amor en la verdad —Caritas in veritate—
es un gran desafío para la Iglesia en un mundo en progresivo y
penetrante globalización. El riesgo de nuestro tiempo es que la
interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no
corresponda la interacción ética de las conciencias y de las
inteligencias, de la cual pueda emerger como resultado un desarrollo
verdaderamente humano." Benedicto XVI, Carta enciclica Caritas in
veritate (29 junio 2009), 9. [9] Papa Francisco, Carta encíclica sobre
el cuidado de la casa común Laudato si' (24 de mayo de 2015), 215.
[10] Cf. UNICEF, Informe de la condición de la infancia en el mundo
2016, UNICEF, Florencia 2016; UNICEF, Hijos de la recesión. EL impacto
de la crisis económica en el bienestar de los niños en los países
ricos, UNICEF-Office of Research Innocenti, Florencia 2014. [11] Cf.
International Organization for Migration, World Migration Report 2015
– Migrants and Cities: New Partnerships to Manage Mobility, IOM,
Ginebra 2015. [12] Benedicto XVI, Carta encíclica Caritas in veritate
(29 de junio de 2009), 75. [13] Ibíd., 53 [14] Populorum progressio,
13; Cf. Pablo VI, Discurso en las Naciones Unidas, 4 de octubre de
1965. [15] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Declaración sobre la
Educación Cristiana Gravissimum educationis (28 de octubre de 1965), 1
B [16] Ibíd., 1. [17] Papa Francisco, Discurso a los participantes a
la Asamblea plenaria de la Congregación para la Educación Católica, 9
de febrero de 2017. [18] Ver Papa Francisco, Catequesis del 20 de mayo
de 2015 sobre la familia y la educación. [19] Ibíd. [20] Papa
Francisco, Discurso a los participantes al Congreso mundial "Educar
hoy y mañana. Una pasión que se renueva" promovido por la Congregación
para la Educación Católica, Roma, 21 de noviembre de 2015. [21]
Concilio Ecuménico Vaticano II, Declaración sobre las relaciones de la
Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate (28 de octubre
de 1965), 2, 4. [22] Papa Francisco, Discurso a los participantes a
la Asamblea plenaria de la Congregación para la Educación Católica, 9
de febrero de 2017. [23] Cf. Congregación para la Educación Católica,
Educar al diálogo intercultural en la escuela católica. Vivir juntos
para una civilización del amor, Ciudad del Vaticano 2013, n. 45.
[24]Populorum progressio, 87. [25] Benedicto XVI, Carta encíclica Spe
salvi (30 de noviembre de 2007), 7. [26] Ivi, 26 [27] Papa Francisco,
Discurso a los participantes a la Asamblea plenaria de la Congregación
para la Educación Católica, 9 de febrero de 2017. [28] Papa Francisco,
Carta encíclica sobre el cuidado de la casa común Laudato si' (24 de
mayo de 2015), 159. [29] Ivi, 53 [30] Cf. Juan Pablo II, Constitución
Apostólica Ex corde Ecclesiae (15 de agosto de 1990), 34. [31]
Populorum progressio, 17 [32] Ivi, 50 [33] Ivi. [34] Concilio
Ecuménico Vaticano II, Declaración sobre la Educación Católica
Gravissimum educationis, 12 [35] La expresión "civilización del amor"
fue usada por primera vez por Pablo VI el 17 de mayo de 1970, el día
de Pentecostés (Insegnamenti, VIII/1970, 506), y retomada varias veces
durante su pontificado. [36] Papa Francisco, Quirógrafo para la
erección de la Fundación "Gravissimum educationis" (28 de octubre de
2015). [37]ibid.
Leer todo...

SERMONES Y HOMILÍAS ¡COMO DIOS MANDA!

SERMONES Y HOMILÍAS ¡COMO DIOS MANDA!
Si queréis desternillaros de risa con sermones inacabables, sin ton ni
son, podéis comenzar con aquel librazo que al Evangelio lo denominaba
"Alfalfa espiritual para los borregos de Cristo"; luego, continúan con
la Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias
Zotes . Pero, tranquilos, tan sólo quiero compartiros dos suculentos
textos sobre las claves de un buen sermón, de una homilía sabrosa. El
primero lo pronunció el Presidente de la Conferencia Episcopal
Filipina, Monseñor Sócrates Villegas, el pasado Jueves Santo de 2015 y
no duró cinco minutos, en tan solo 3 folios y menos de 1000 palabras.
El segundo, es de nuestro Papa Francisco, que nos aporta 40 consejos
bien prácticos en la Evangelii gaudium.
Dedicado a los virtuosos sacerdotes que día a día rezan, preparan y
pronuncian con renovada ilusión su homilía; y a los no menos celosos
fieles que con paciencia rezan, escuchan e intentan comprender y vivir
los cientos, miles de prédicas de su vida.

IMPRESIONANTE HOMILÍA SOBRE CÓMO DEBEN SER LAS HOMILÍAS
Por su enorme interés, reproducimos a continuación la impresionante
homilía del Presidente de la Conferencia Episcopal Filipina, Monsenor
Sócrates Villegas, el pasado Jueves Santo de 2015, en la que llega a
decir que "si un seminarista no puede hablar en público con claridad y
eficacia, no deberíamos ordenarlo. Será un peligroso abusador
homilético".
"En este día hacemos nuevamente un viaje espiritual al Cenáculo para
recordar nuestro sacerdocio. Venimos de nuevo para agradecer al Señor
por habernos llamado al sacerdocio. El Señor se arriesgó. Nos ha
confiado su Iglesia. Mientras más permanecemos en esta vocación, más
claramente vemos que se necesita más que fuerza de voluntad para
seguir siendo un buen sacerdote.
Se necesita gracia. Necesitamos de Dios. Necesitamos de Dios para
permanecer enfocados. Necesitamos de Dios para permanecer en el
camino. Necesitamos de Dios para que nos proteja y nos guarde.
Hemos visto muchos abusos entre el clero – abuso de alcohol, abuso
sexual, abuso de menores, abuso de apuestas, abuso de dinero, abuso de
viajes, abuso de vacaciones. Este día, los invito a volver sus
corazones a otro abuso rampante que se ha extendido entre los
sacerdotes: el abuso homilético.
Sí, un abuso a la amabilidad de las personas que se ven forzadas a
escuchar homilías largas, enredadas, repetitivas, aburridas,
desorganizadas, impreparadas y mal pronunciadas. Medio en broma, pero
también medio en serio, las personas dicen que nuestras homilías son
una de las penitencias obligatorias de cada domingo.
Si escuchan más detenidamente a lo que dice la gente de nuestras
homilías, nadie se queja de la profundidad del mensaje ni de la
erudición exegética. Se les hace aguantar domingo tras domingo
nuestras homilías que no pueden ser comprendidas porque nos toma tanto
tiempo la introducción, porque no sabemos ir directamente al punto y
porque no sabemos cómo concluir. Prepárense. Sean claros. Sean
pausados.
Todos sufrimos por las homilías de nuestros sacerdotes mayores cuando
éramos seminaristas. Cuando llega nuestro turno de dar homilías, el
abusado se vuelve el abusador.
Si a un seminarista le falta castidad, no podemos recomendarlo para la
ordenación. Si un seminarista es necio y de cabeza dura, no podemos
autorizar su ordenación. Si un seminarista no puede hablar en público
con claridad y eficacia, no deberíamos ordenarlo. Será un peligroso
abusador homilético. El abuso homilético puede dañar las almas.
Las homilías largas, enredadas, repetitivas, irrelevantes e
impreparadas son signos de la falta de vida espiritual del sacerdote.
San José de Cupertino decía: "Un predicador es como una trompeta que
no produce melodía a menos que alguien sople en ella. Antes de
predicar, ora de esta forma: Señor, tú eres el espíritu, yo soy tu
trompeta. Sin tu aliento no puedo emitir sonido."
No basta con preparar nuestras homilías; el buen sacerdote se prepara
a sí mismo. Predicar es un ministerio del alma y del corazón y no solo
de las cuerdas vocales y las neuronas. Nuestra vida espiritual es el
verdadero fundamento de nuestras homilías. La pregunta no es qué
predicaremos sino cómo predicaremos. Predicamos solamente a
Jesucristo; siempre a Jesucristo.
¿Cómo podemos salir de la prevalente cultura del abuso homilético?
¿Cuál es el remedio?
El primer llamado de los tiempos es la sinceridad sacerdotal. Puedes
predicar a estómagos vacíos si el estómago del párroco está tan vacío
como el de sus feligreses. Nuestras homilías mejorarán si disminuimos
nuestro amor para hablar y aumentamos nuestro amor para escuchar.
Cuando nuestra homilía es una simple charla, solo repetimos lo que ya
sabemos, nos cansamos y sentimos vacíos. Cuando escuchas antes de
hablar, aprendes algo nuevo y tu homilía será brillante y resca.
Seremos mejores homilistas si nos atrevemos de nuevo a oler a oveja.
El segundo desafío de nuestros tiempos es la sencillez. Sencillez en
el mensaje y aun más, sencillez de vida. La vida sencilla nos ayudará
además a dejar de hablar de dinero y de campañas para recaudar fondos
en la homilía; hablar de dinero nunca ha sido edificante.
La sencillez significa resisitirse al uso del púlpito como medio para
desquitarnos de quienes se oponen a nosotros, patama sa sermon. La
sencillez también exige que dejemos la política electoral fuera del
ambón. La sencillez en las homilías no signfiica desear hacer reír o
llorar a la gente, eso es para telenovelas y programas de medio día.
La sencillez en las homilías hace a la gente inclinar la cabeza y
golpear su pecho deseando cambiar, buscando la misericordia de Dios.
Ser sencillo es ser grande ante los ojos de Dios. El estilo de vida
simple de los sacerdotes es la homilía más fácil de comprender.
El tercero y último desafío es la llamada al estudio. Leer y estudiar
no deben detenerse después del seminario. Si dejamos de leer y
estudiar, ponemos en peligro las almas de nuestros feligreses. Si
dejamos de estudiar, entonces comenzamos a forzar a la gente a leer lo
que llamamos "el libro abierto de nuestras vidas", la historieta de
nuestras vidas, ridícula y terriblemente escandalosa, que de poco
inspira. Nuestra homilía se convierte en nuestra historia y en no la
historia de Jesús. Leer demasiado la cuenta bancaria no es una buena
forma de preparar nuestras homilías.
Sé cuidadoso con tu vida. La gente nos mira más de lo que nos escucha.
Sé sincero y honesto. Una vida doble, una vida secrata y oscura, es
estresante.
Sé cuidadoso con cada homilía. Dios te juzgará por cada palabra que
salga de tu boca. Cree lo que lees. Proclama aquello en lo que crees.
Vive según lo que proclamas.
Sé cuidadoso con cada homilía. Ellos quieren escuchar a Jesús, no a
ti; solo a Jesús, siempre a Jesús.
Sé cuidadoso con cada homilía. Ten compasión del pueblo de Dios. Detén
el abuso homilético. Deja que tu homilía inspire y encienda los
corazones con fuego."
¡Apasiónate por nuestra fe!


Los 40 consejos para una buena homilía
Francisco predica mucho pero de a poquito. Por esto no empachan, saben
a pan caliente, salido del horno, a pan de cada día. Nos lo brinda
desde Santa Marta en la misa diaria, y de modo magistral en la
Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium («La alegría del Evangelio»)
, dirigida de un modo especial a los sacerdotes; son 24 números
distribuidos en dos grandes apartados del capítulo tercero de la
exhortación, El contexto litúrgico y la preparación de la predicación.

1. No es un momento de meditación y de catequesis
2. Sirve para retomar ese diálogo que ya está entablado entre el Señor
y su pueblo, en el cual son proclamadas las maravillas de la salvación
y propuestas siempre de nuevo las exigencias de la alianza».
3. No es un espectáculo prolongado entretenido, no responde a la
lógica de los recursos mediáticos, pero debe darle el fervor y el
sentido a la celebración
4. Ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase.
5. Que el Señor brille más que el ministro
6. Predicar como una mamá sabiendo que el hijo confía que todo lo
que se le enseñe será para bien porque se sabe amado».
7. Cordialidad, calidez, mansedumbre y alegría en palabras y gestos
8. No a una predicación exclusivamente moralista o adoctrinadora.
9. No convertirla en una clase de exégesis.
10. ,Debe ser comunicación entre corazones con un carácter casi sacramental.
11. Verdad, belleza y bien van de la mano
12. Prédica sintética no de ideas sueltas. «Donde está tu síntesis,
allí está tu corazón. La diferencia entre iluminar el lugar de
síntesis e iluminar ideas sueltas es la misma que hay entre el
aburrimiento y el ardor del corazón».
13. Tiempo para que hable Dios «Durante el tiempo que dura la
homilía, los corazones de los creyentes hacen silencio y lo dejan
hablar a Él. El Señor y su pueblo se hablan de mil maneras
directamente, sin intermediarios».
14. Es mediación "y requiere no sólo de los dos que dialogan sino de
un predicador que la represente como tal, convencido de que «no nos
predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a
nosotros como siervos vuestros por Jesús» (2 Co 4,5)»
15. Preparar la predicación con "un tiempo prolongado de estudio,
oración, reflexión y creatividad »
16. Confianza activa y creativa en el Espíritu Santo «Un predicador
que no se prepara no es «espiritual»; es deshonesto e irresponsable
con los dones que ha recibido».
17. Atención al texto bíblico «El primer paso, después de invocar al
Espíritu Santo, es prestar toda la atención al texto bíblico, que debe
ser el fundamento de la predicación».
18. Paciencia, interés y dedicación gratuita «Para poder interpretar
un texto bíblico hace falta paciencia, abandonar toda ansiedad y darle
tiempo, interés y dedicación gratuita. Hay que dejar de lado cualquier
preocupación que nos domine para entrar en otro ámbito de serena
atención».
19. Amor para preparar la predicación «Uno sólo le dedica un tiempo
gratuito y sin prisa a las cosas o a las personas que ama; y aquí se
trata de amar a Dios que ha querido hablar».
20. Entender al escritor sagrado, pues «el texto bíblico que
estudiamos tiene dos mil o tres mil años, su lenguaje es muy distinto
del que utilizamos ahora"
21. Proponer el mensaje principal, "el que estructura el texto y le
da unidad. Si el predicador no realiza este esfuerzo, es posible que
su predicación tampoco tenga unidad ni orden»
22. El mensaje central del texto sagrado "es aquello que el autor en
primer lugar ha querido transmitir, lo cual implica no sólo reconocer
una idea, sino también el efecto que ese autor ha querido producir. Si
un texto fue escrito para consolar, no debería ser utilizado para
corregir errores; si fue escrito para exhortar, no debería ser
utilizado para adoctrinar…si fue escrito para motivar la alabanza o la
tarea misionera, no lo utilicemos para informar acerca de las últimas
noticias».
23. Transmitir la fuerza propia del texto proclamado evitando «Uno
de los defectos de una predicación tediosa e ineficaz es precisamente
no poder transmitir la fuerza propia del texto que se ha proclamado»
24. Renovar el fervor al preparar la homilía «No es bueno olvidar que
"en particular, la mayor o menor santidad del ministro influye
realmente en el anuncio de la Palabra"».
25. Escuchar vivamente la Palabra y así "se transmitirá de una manera
u otra al Pueblo fiel de Dios».
26. Disponibilidad para dejarse conmover «por la Palabra y a hacerla
carne en su existencia concreta. De esta manera, la predicación
consistirá en esa actividad tan intensa y fecunda que es "comunicar a
otros lo que uno ha contemplado"».
27. Dejarse herir por la Palabra "que herirá a los demás, porque es
una Palabra viva y eficaz».
28. Testigos de un Dios que conocemos y "tratan familiarmente como
si lo estuvieran viendo"».
29. Seguridad de que Dios ama al predicador, " de que Jesucristo lo
ha salvado, de que su amor tiene siempre la última palabra».
30. Instrumentos del Señor «El Señor quiere usarnos como seres
vivos, libres y creativos, que se dejan penetrar por su Palabra antes
de transmitirla; su mensaje debe pasar realmente a través del
predicador, pero no sólo por su razón, sino tomando posesión de todo
su ser»
31. La lectio divina «Hay una forma concreta de escuchar lo que el
Señor nos quiere decir en su Palabra y de dejarnos transformar por el
Espíritu. Es lo que llamamos «lectio divina
32. Preguntar a Dio: «Señor, ¿qué me dice a mí este texto? ¿Qué
quieres cambiar de mi vida con este mensaje? ¿Qué me molesta en este
texto? ¿Por qué esto no me interesa?», o bien: «¿Qué me agrada? ¿Qué
me estimula de esta Palabra? ¿Qué me atrae? ¿Por qué me atrae?».».
33. Poner un oído en el pueblo "para descubrir lo que los fieles
necesitan escuchar. Un predicador es un contemplativo de la Palabra y
también un contemplativo del pueblo».
34. La predicación es un ejercicio de discernimiento evangélico
«donde se intenta reconocer –a la luz del Espíritu– "una llamada que
Dios hace oír en una situación histórica determinada; en ella y por
medio de ella Dios llama al creyente"».
35. No a las crónicas de actualidad «nunca hay que responder
preguntas que nadie se hace; tampoco conviene ofrecer crónicas de la
actualidad para despertar interés: para eso ya están los programas
televisivos»
36. Decir mucho en poco "Resume tu discurso. Di mucho en pocas
palabras" (Si 32,8)».
37. Usar imágenes en la predicación Una buena homilía, como me decía
un viejo maestro, debe contener "una idea, un sentimiento, una
imagen"».
38. Sencillez en el lenguaje « Debe ser el lenguaje que comprenden
los destinatarios para no correr el riesgo de hablar al vacío.
Frecuentemente sucede que los predicadores usan palabras que
aprendieron en sus estudios y en determinados ambientes, pero que no
son parte del lenguaje común de las personas que los escuchan. El
mayor riesgo para un predicador es acostumbrarse a su propio lenguaje
y pensar que todos los demás lo usan y lo comprenden espontáneamente».

39. Claridad en el lenguaje «Procurar que la predicación tenga unidad
temática, un orden claro y una conexión entre las frases, de manera
que las personas puedan seguir fácilmente al predicador y captar la
lógica de lo que les dice».
40. Lenguaje positivo «Otra característica es el lenguaje positivo.
No dice tanto lo que no hay que hacer sino que propone lo que podemos
hacer mejor. En todo caso, si indica algo negativo, siempre intenta
mostrar también un valor positivo que atraiga, para no quedarse en la
queja, el lamento, la crítica o el remordimiento».
41.
Leer todo...

jueves, 21 de septiembre de 2017

BICENTENARIO 2021: LA TOMA DE CONCIENCIA DE NUESTRA IDENTIDAD NACIONAL Y EL COMPROMISO DE PERFECCIONARLA

Ha sido un honor lee el significativo texto con motivo del simposio
sobre EL PATRIMONIO CULTURAL CRISTIANO EN EL PERÚ EN VÍSPERAS DEL
BICENTENARIO, llevado a cabo el jueves 21 de septiembre en la Sociedad
de Beneficencia.
Gracias a la Sociedad de Beneficencia que generosamente nos acogió y
gracias a la UCSS por apoyarnos en todo momento.
Han acudido unas 60 personas y aunque no pudo estar Monseñor Lino
Panizza ni la Dra M. Guerra, resultó brillante por el ponente Dr. P.
Javier Campos, quien fue distinguido con una placa.

PROGRAMA
6:00 p.m.: Dr. Luis Fernando Belleza, Secretario General de la
Sociedad de Beneficencia
6.05 p.m. Presentación: "Aportes del Dr. P. Javier Campos a la
historiografía del Perú, especialmente de su Patrimonio e
Independencia" Dra. Cristina Flórez,
6.15 p.m. "Reflexiones acerca del Patrimonio Cultural Cristiano del
Perú (1821- 2017), en vísperas del Bicentenario" Dr.P. Javier Campos
y Fernández de Sevilla, Director del Instituto Escurialense de
Investigaciones Históricas y Artísticas de Madrid
7:00 p.m : "El rol de la Iglesia en la Historia del Perú: hitos
cronológicos (1821-2017)" Dr. José Antonio Benito Rodríguez Director
del Centro de Estudios y Patrimonio Cultural de la UCSS
7:20 p.m. : "El Bicentenario, memoria y esperanza de la peruanidad"
Dra. Margarita Guerra, Presidenta de la Academia Nacional de Historia
7:25 p.m. : Entrega de reconocimiento a la labor académica del Dr.
Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla: Rv. P. Dr. César
Buendía Romero, rector UCSS


MARGARITA GUERRA. Doctora en Historia por la Pontificia Universidad
Católica del Perú. Fue becaria del gobierno francés para realizar
investigaciones en el Archivo Nacional de París; al mismo tiempo
estudió en la Universidad de Sorbona (1963-1964). Obtuvo la beca del
Instituto de Cultura Hispánica y de la OEA para realizar
investigaciones en España (1975-1976). Ejerce la docencia en la PUCP
desde 1965, siendo actualmente la profesora principal del departamento
de Humanidades de dicha Universidad. Ha sido docente de la UNIFE, UPC,
Ricardo Palma, Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica (1967).
Ha sido directora del Instituto Riva Agüero les invito a visitar
TESOROS PUCP. Desde el 2015 es Presidenta de la Academia Nacional de
Historia del Perú. Sus últimas publicaciones: Cronología de la
Independencia del Perú (IRA, 2016), Manuel Pérez de Tudela, el
Republicano (2016, Fondo Editorial del Congreso del Perú). Les
comparto que el año pasado con motivo de la presentación de la obra de
nuestro homenajeado Catálogo de las Secciones Papeles importantes y
Emancipación del Archivo del arzobispado de Lima pronunció estas
interesantes palabras que rescato y comparto:
Esta obra constituye un aporte muy valioso para los investigadores no
solo de la Historia de la Iglesia, sino para la época en la cual
transcurren las diversas incidencias que desembocan en la proclamación
de nuestra independencia. Allí encontramos los expedientes referidos a
la Junta Eclesiástica de Purificación, que estuvo presidida por don
Toribio Rodríguez de Mendoza, uno de los precursores más
representativos y formador de muchos de los patriotas que integraron
el primer Congreso Constituyente en 1822. Contiene alrededor de unos
doscientos expedientes de los curas peruanos o americanos que tenían a
su cargo parroquias o doctrinas, a quienes se les exigió someterse a
la investigación de esta Junta ante la cual deberían probar su
patriotismo. Hay, además, una pregunta que muchos nos haremos en estos
días, y que es de gran trascendencia: ¿En qué medida estamos
respondiendo las generaciones actuales para dar continuidad a la
sociedad libre, justa, solidaria, patriota, democrática e igualitaria
que quisieron dejarnos como herencia nuestros antepasados? Incluso
podemos agregar una sociedad con mística católica. Revivir el ambiente
que vivieron nuestros antepasados desde finales del siglo XVIII y
comienzos del siglo XIX, es algo a lo que nos ayudan los Archivos y
nos facilitan su consulta Catálogos, como el que hoy se presenta.
---------------------
BICENTENARIO 2021: LA TOMA DE CONCIENCIA DE NUESTRA IDENTIDAD NACIONAL
Y EL COMPROMISO DE PERFECCIONARLA

Palabras de la Dra. Margarita Guerra, presidenta de la Academia
Nacional de Historia del Perú

Estimados amigos:

Mil disculpas por no poder estar con ustedes en un día tan especial de
recuerdos y esperanzas para nuestro próximo Bicentenario de la
Independencia del Perú. Una imprevista gripe, acentuada por la humedad
del ambiente me priva de tan grata compañía, pero la salud manda y hay
que cuidarse, sobre todo cuando ya la curva de los años lo exige.

Quería sin embargo acompañarlos en este evento porque la labor de
rescate de peruanidad, de identidad que está llevando a cabo la
Universidad Católica Sedes Sapientiae, a través de su Centro de
Defensa de nuestro Patrimonio y de nuestra Memoria Histórica, es un
ejemplo para el mundo académico, pues los logros que están alcanzando
ya están siendo conocidos y han merecido más de un galardón.

Quería compartir con ustedes el día de hoy algunas reflexiones acerca
de qué esperamos de estas ya próximas conmemoraciones que deben llenar
varios objetivos.

El primero de ellos mantener vivo el recuerdo del proceso que vivieron
nuestros antepasados entre finales del siglo XVIII y comienzos del
siglo XIX, que desembocó en el grito final de libertad en 1821, del
cual participaron todos quienes conformaban ya una comunidad de
hombres y mujeres que aspiraban a ser reconocidos como una entidad
autónoma, capaz de tomar sus propias decisiones y que, paso a paso iba
cobrando características nacionales, e iba consolidando una voluntad
común de labrar un futuro común.

El segundo, no solo fue tener un futuro común, sino vivirlo dentro de
ciertos parámetros que diesen paso a una sociedad armónica, en la cual
el bien común fuese una realidad y no una quimera. Quienes dieron vida
y hacienda, hace dos siglos, lo hicieron con toda generosidad, para
consolidar una sociedad abierta a todos los habitantes de estos
territorios que se llamaban americanos o hermanos americanos y que
buscaban la justicia, la paz y la verdad. Más tarde, sin embargo,
empezó a distorsionarse ese ideal, al surgir las luchas por el poder
con la presencia de los caudillos militares, los cuales si bien, puede
decirse que fueron necesarios en un comienzo para evitar situaciones
anárquicas, luego estos mismos salvadores se dejaron llevar por los
apetitos personales y se destruyó una posible unidad americana, que
quizá habría evitado muchos de los conflictos actuales.

El tercero fue ganar prestigio a nivel internacional, es decir, poder
insertarse en la sociedad universal para compartir los conocimientos
ancestrales que les permitieron formar imperios de cultura avanzada
tanto en lo social, como en el aprovechamiento del territorio y sus
riquezas, cuanto en la misma organización social. El Perú fue uno de
los primeros que en el siglo XIX buscó consolidar la unidad americana
para conseguir el respeto de las potencias, pero el sueño Sudamericano
no fue debidamente comprendido y lo que Basadre llamó "los estados
desunidos de América del Sur" se produjo y perdimos muchas
oportunidades de consolidar una "patria grande".


El cuarto, y no menos importante, fue la gran ilusión republicana,
como símbolo de la democracia. No obstante, debemos reconocer que los
conceptos que debieron internalizarse en esta sociedad que luchaba por
la libertad, por la independencia para no ser súbditos de nadie, sino
ciudadanos, no llegaron a ser realmente comprendidos por todos, lo
cual se vio en los congresos, en las asambleas públicas y en el
periodismo. Muchos gritaron república, pero no captaban claramente la
esencia del término. Clamaban libertad, pero no sabían aplicarla, dado
que la libertad tiene límites, marcados por los derechos de los otros,
sin embargo – como hasta hoy – todos exigían derechos, pero no
reconocían la contraparte, es decir, los deberes. Muchos hablaron de
democracia, pero no conseguían pensar en que la democracia implicaba
igualdad para todos. Así, Felipe Pardo y Aliaga en su burla sobre la
Constitución ironizaba como con la Constitución se igualaba al
académico con el negro liberto, considerando esa situación como
irrisoria.
Otro concepto no comprendido fue la Constitución. Todos reclamaron a
San Martín una Constitución y un Congreso como resultado obligado de
la independencia, pro ninguna Constitución resultó suficientemente
satisfactoria, unas muy liberales, otras muy conservadoras, por lo
tanto no se llegaban a respetar en su integridad. Igualmente, el
Congreso fue sinónimo de la institución netamente revolucionaria,
porque se componía mediante elección popular, pero hubo mucha
reticencia a aceptar como sufragista a todos los nacidos en tierra
peruana y mayores de edad. Se impuso la votación indirecta.

¿Qué significa, entonces, el Bicentenario próximo? Yo diría que luego
de doscientos años el Perú, necesariamente ha madurado, la nación se
ha asentado, pero nunca podremos decir que ha llegado a su
consolidación definitiva, porque la nación la conformamos todos,
formamos una sociedad y la sociedad es un organismo vivo que
permanentemente sufre transformaciones y va incrementando sus
componentes y, de una u otra forma los va asumiendo, lo cual da como
resultado un producto en cierta forma nuevo, aunque mantenga una
columna vertebral que es la que articula todos estos aportes y
mantiene la unidad, por esto podemos decir que la nación
constantemente va sufriendo algunos cambios, pero que no desdicen de
su matriz.

Por esto el Bicentenario debe ayudarnos a tomar conciencia de cómo se
ha ido construyendo la nación, nuestra identidad nacional, nuestra
comunidad y cada generación debe dar su aporte para el
perfeccionamiento de esta identidad, que no se cierra en sí misma,
porque el día en que no sea capaz de incorporar los nuevos elementos
que le permiten crecer, esa comunidad habrá muerto, porque su vida se
habría agotado, ya la nación no tendría futuro y como decíamos al
inicio la comunidad nacional se une para un futuro común.

Muchas gracias.
Leer todo...

En el día de la conversión de San Mateo, el Papa evoca el cuadro de Caravaggio

El Papa Francisco guarda un recuerdo muy especial de este día, cuando a sus 17 años, en el día de la Primavera, entró en la iglesia de San José de Flores, se confesó y quedó cautivado, enganchado por la misericordia de Dios. "Lo eligió y lo misericordió", tal es el lema de su escudo, de su vida, que hoy -fiesta de San Mateo- vuelve a recordar.

 El Papa en Santa Marta indica cuál es "la puerta para encontrar a Jesús"

En el día de la conversión de San Mateo, el Papa evoca el cuadro de Caravaggio

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 21 Sept. 2017).- El Papa Francisco en la misa celebrada este jueves en la capilla de la Casa Santa Marta, día de la fiesta de la conversión de San Mateo, recordó el episodio del Evangelio retratado en una pantalla famosa por el pintor italiano Caravaggio.

Explicó así que son tres las etapas de la conversión del evangelista: el encuentro, la fiesta y el escándalo. Jesús había curado a un paralítico en seguida encontró a Mateo, sentado en el banco de los impuestos. Él hacía pagar al pueblo de Israel los impuestos para después darlos a los romanos y por eso era despreciado, considerado un traidor de la patria. Jesús le miró y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió.

Por un lado, la mirada de xan Mateo, una mirada desconfiada, miraba a un lado. "Con un ojo, Dios" y "con el otro el dinero" y como lo pintó Caravaggio: "agarrado al dinero", y también con una mirada impertinente. Por otro lado, la mirada misericordiosa de Jesús que lo miró con tanto amor".

"Cae" así la resistencia de aquel hombre que amaba el dinero: se levantó y lo siguió. "Es la lucha entre la misericordia y el pecado", indicó el Papa.

El amor de Jesús puede entrar en el corazón de aquel hombre porque "sabía ser pecador", sabía "que nadie lo quería", se sentía despreciado. Justamente "la conciencia de pecador le abrió la puerta a la misericordia de Jesús". Así, "lo dejó todo y lo siguió". Este es el encuentro entre el pecador y Jesús.

"La primera condición para ser salvado es sentirse en peligro; la primera condición para ser curado es sentirse enfermo. Y sentirse pecador, es la primera condición para recibir esta mirada de misericordia. Pero pensemos en la mirada de Jesús, tan hermosa, tan buena, tan misericordiosa. Y también nosotros, cuando rezamos, sentimos esta mirada sobre nosotros; es la mirada de amor, la mirada de la misericordia, la mirada que nos salva. Y no hay que tener miedo ".

La segunda etapa es justamente "la fiesta": como Zaqueo, también Mateo, sintiéndose feliz invitó a Jesús a comer en su casa.

Mateo invitó a todos los amigos, "aquellos del mismo sindicato", pecadores y publicanos y ellos a la mesa, hacían preguntas al Señor y Jesús respondía.

El Papa recuerda lo que dijo Jesús en el capítulo 15 de Lucas: "Habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se convierta que por cien que permanecen justos". Se trata de la fiesta del encuentro del Padre, la fiesta de la misericordia. Jesús, de hecho, trata a todos con misericordia sin límite.

El tercer momento es el del "escándalo": los fariseos viendo que publicanos y pecadores se sentaron a la mesa con Jesús, le preguntaban a sus discípulos: "¿Por qué vuestro maestro come con los cobradores de impuestos y pecadores?".

"Un escándalo siempre empieza con esta frase: ¿Por qué?", subrayó el Papa. "Cuando oyen esta frase, huele" y "por detrás viene el escándalo".

Se trataba, en sustancia, de la "impureza de no seguir la ley". Conocían muy bien "la doctrina", sabían cómo seguir "por el camino del Reino de Dios", conocían "mejor que nadie como se debía hacer", pero "habían olvidado el primer mandamiento del amor".

Y así, "se cerraron en la jaula de los sacrificios, quien sabe pensando: hagamos un sacrificio a Dios , hagamos todo lo que se debe hacer, así, nos salvamos. En síntesis, creían que la salvación venía de ellos mismos, se sentían seguros".

"¡No! Es Dios que nos salva, nos salva a Jesucristo", indicó el Papa. "Aquel '¿por qué?' que tantas veces oímos entre los fieles católicos cuando veían obras de misericordia. ¿Por qué? Y Jesús, por supuesto, es muy claro: "Vayan y aprendan lo que quiere decir misericordia, lo que quiero y no sacrificios, porque yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores. Si tú quieres ser llamado por Jesús, te reconocerá pecador.

Así el Papa invitó a reconocerse pecador, no de forma abstracta, sino "con pecados concretos" y "todos tenemos, tantos" dijo.

"Hay tantos, tantos, siempre y también en la Iglesia hoy. Dicen: "No, no se puede, es todo claro, es todo, no, no … ellos son pecadores, debemos alejarlos". También tantos santos son perseguidos o se levanta sospechosos sobre ellos. Pensemos en Santa Juana de Arco, mandada a la hoguera porque pensaban que era una bruja, piensen en el beato Rosmini. 'Misericordia quiero, y no sacrificios'. Y la puerta para encontrar a Jesús es reconocerse como somos, la verdad. Pecadores. Y él viene, y nos encontramos. ¡Es tan hermoso encontrar a Jesús! ".

Leer todo...

domingo, 17 de septiembre de 2017

SAN JUAN MACÍAS, EL EMIGRANTE QUE APOSTABA CON LOS PAJARILLOS PARA ALABAR AL SEÑOR

SAN JUAN MACÍAS. Su vida y la homilía de canonización por Pablo VI

Me encanta compartirles esta bella e ingenua vivencia del extremeño
peruanizado y que vivió en compañía de San Martín de Porres. Su
ascetismo nada tiene de adustez; nace del más puro amor a Dios, de su
felicidad de sentirse abarcado por su don:

"Muchas veces, orando a deshoras de la noche, llegaban los pajarillos
a cantar. Y yo apostaba con ellos a quién alababa más al Señor. Ellos
cantaban y yo replicaba con ellos".

Nace en Ribera del Fresno, pueblo de la Alta Extremadura,
perteneciente entonces al priorato nullius de San Marcos de León,
provisorato de Llerena, de la Orden Militar de Santiago y ahora
diócesis de Badajoz. Era el 2 de marzo de 1585. Sus padres, Pedro de
Arcas e Inés Sánchez, eran modestos labradores.Al año siguiente nace
su única hermana. Sus padres eran fervientes cristianos y transmiten a
sus hijos los principios de la vida cristiana, singularmente la
devoción a Nuestra Señora del Valle, patrona del pueblo, aparecida en
1428.
Huérfano a temprana edad, fue criado por un tío que lo dedicó al
pastoreo. Mientras se dedicaba a esta labor, recibe la visita de un
niño que le revela ser San Juan Bautista, y le anuncia un futuro viaje
a tierras lejanas. Ya mayor, viaja a Cartagena de Indias al servicio
de un mercader. Luego se dirigió hacia el sur para llegar finalmente a
Lima; toma los hábitos dominicos en la Recolección de Santa María
Magdalena de esta ciudad (actual Iglesia de la Recoleta) en 1622.
Allí se ocupó de la portería hasta su muerte, acaecida más de dos
décadas después, en 1645. Ofrendaba a Dios numerosas penitencias,
ayunos y oraciones a cambio de la salvación de las ánimas del
purgatorio. Como Martín de Porres -de quien era amigo-, el santo se
destacaba por su profunda humildad y sencillez. Fue famoso por sus
consejos espirituales, solicitados por los distintos estamentos de la
sociedad limeña, desde los mendigos hasta el propio virrey. Juan
Macías cultivó además una ardiente caridad, y se dedicaba a repartir
diariamente alimentos a los menesterosos. "Al pedir a los ricos para
sus pobres, les enseñaba a pensar en los demás; al dar al pobre lo
exhortaba a no odiar"- apuntará Pablo VI.
Destaca su filial devoción a la Virgen María. En 1630 se le apareció
Nuestra Señora del Rosario en la capilla de su convento con motivo de
un temblor de tierra. El mismo Juan contó que Nuestra Señora del
Valle, cuya imagen veneraba en el cuadro que tenía en su celda, le
había hablado y concedido cuanto le había pedido. Con el rezo del
Rosario invocaba a la Trinidad por medio de María. Su contemplación le
llevaba a amar a la naturaleza, al prójimo, su vida consagrada. Dios
obró por su intercesión varios milagros entre los que sobresalen las
constantes multiplicaciones de alimentos.
Juan tenía la costumbre de rezar todas las noches, de rodillas, el
Rosario completo. Una parte la ofrecía por las almas del Purgatorio,
otra por los religiosos, y la tercera, por sus parientes, amigos y
benefactores. A la hora de su muerte, obligado por la obediencia, Juan
Masías confesó haber liberado durante su vida a un millón
cuatrocientas mil almas. Al finalizar el mes de agosto de 1645 enfermó
de disentería. Su celda era visitada por los pobres y los ricos. A su
cabecera se hallaba el virrey, marqués de Mancera. Murió el 17 de
septiembre de 1645, contaba 6O años. Gregorio XVI le beatificó en 1837
y Pablo VI le canonizó en 1975.
Sus numerosos milagros llevarían a Clemente XIII a declararlo
venerable en 1763. Fue beatificado por Gregorio XVI en 1837. Paulo VI
lo elevaría a los altares en 1975.
El 23 de enero de 1949, desde Olivenza (Badajoz), la cocinera Leandra
Rebello Vásquez no podía dar crédito a lo que vieron sus ojos. Se
encontraba en el Hogar de Nazaret, colegio de niños acogidos a la
Protección de Menores, regentado por una institución religiosa fundada
por el párroco del pueblo don José Zambrano. Era domingo y, además de
la comida para los 5O niños, había de preparar alimentos para los
pobres de la población. Los bienhechores designados para ese día no
trajeron los alimentos. La criada encargada de preparar la comida,
advirtiendo la exigua cantidad de arroz (unos 750 gramos), la arrojaba
para su cocción al tiempo que se abandonó en su paisano beato Juan
Macías:"¡Oh Beato, hoy los pobres se quedarán sin comida!"
A continuación, aquella minúscula cantidad de arroz, al cocer, fe
vista crecer de tal modo que al instante fue preciso trasladarla a una
segunda olla; lo que se hizo una y otra vez. La multiplicación del
arroz duró cuatro horas de una a 5 de la tarde cuando el recipiente
que rebosaba fue apartado del fuego por mandato del párroco. Del
alimento gustaron hasta hartarse los chicos del hogar, como la ingente
multitud de pobres y necesitados. Leandra Rebello, protagonista del
milagro de este "conquistador espiritual", presente el 28 de
septiembre de 1975 en la canonización de Juan Macías, es digna
sucesora de espíritus tan sencillamente magnánimos. Lo demuestra su
confianza audaz que atrae el milagro del Cielo.

--------------
CANONIZACIÓN DE JUAN MACÍAS HOMILÍA DEL SANTO PADRE PABLO VI

28 de septiembre de 1975

Venerables Hermanos y amados hijos,

La Iglesia se siente hoy inundada de júbilo. Es el gozo de la madre,
que asiste a la exaltación de uno de sus hijos. Y precisamente porque
es un hijo pequeño, que no brilló durante su vida con los fulgores de
la ciencia, del poder, de la notoriedad humana, de todo eso que hace a
uno grande a los ojos del mundo, la Madre Iglesia experimenta un
regocijo particular. En esta mañana la Iglesia siente resonar de nuevo
en sus oídos las palabras insinuantes y maravillosamente asombradoras
del Maestro, que proclaman, de manera inequívoca, su preferencia por
los sectores más pobres y humildes: ¡Bienaventurados los pobres de
espíritu! A la escucha perenne y atenta de su Divino Fundador y en
fidelidad indefectible a su mensaje, la Iglesia fija hoy sus ojos en
una figura singular, concreción sublime de ideales evangélicos : ¡Juan
Macías! Un humilde pastor hasta los treinta y siete años de Ribera del
Fresno, en España; emigrante sin recursos a tierras del Perú; por
veintidós años sencillo hermano portero del convento dominico de La
Magdalena en Lima. Este es el nuevo Santo, a quien la Iglesia rinde en
este día su tributo de exaltación suprema, tras haberlo declarado
Beato el veintidós de octubre de mil ochocientos treinta y siete.

En su glorificación, como en la de otras figuras humildes cual el
Santo Cura de Ars, San Francisco de Asís, San Martín de Porres, y
otras tantas que podríamos citar, se hace visible el amor sin reservas
ni distinciones de la Iglesia, que valora y ensalza por igual los
méritos ocultos de grandes y pequeños, de pobres o de facultosos,
sintiendo particular complacencia acaso al elevar a los más pobres,
reflejo más vivo de la presencia y predilecciones de Cristo. Por falta
de tiempo, no haremos la exaltación que merecería la humilde y gran
figura de Juan Macías que, con la ayuda del Señor y en el pleno
ejercicio de nuestro ministerio magisterial, hemos inscrito en el
catálogo de los Santos. Solamente aludiremos a las razones que
embargan nuestro ánimo durante este acto solemne. Canonizando a San
Juan Macías nos parece interpretar la intención del Señor, el cual,
siendo rico, se hizo pobre para que nosotros fuésemos ricos por su
pobreza (Cfr. 2 Cor. 8, 9), existiendo en la forma de Dios, se anonadó
a sí mismo, tomando la forma de siervo (Cfr. Phil. 2, 6-7), fue
enviado por el Padre «a evangelizar a los pobres y levantar a los
oprimidos» (Luc. 4, 18), proclamó bienaventurados a los pobres de
espíritu (Matth. 5, 3), puso la pobreza como condición indispensable
para alcanzar la perfección (Cfr. Marc. 10, 17-31; Luc. 18, 18-27) y
dio gracias al Padre porque se había complacido en revelar los
misterios del Reino a los pequeñuelos (Cfr. Matth. 11, 26).

Estas son las enseñanzas lineares dejadas por el Señor, y que el
Magisterio de la Iglesia nos propone hoy, ilustrándolas con un ejemplo
concreto de la historia eclesial. Juan Macías, que fue pobre y vivió
para los pobres, es un testimonio admirable y elocuente de pobreza
evangélica: el joven huérfano, que con su escasa soldada de pastor
ayuda a los pobres «sus hermanos», mientras les comunica su fe; el
emigrante que, guiado por su protector San Juan Evangelista, no va en
búsqueda de riquezas, como otros tantos, sino para que se cumpla en él
la voluntad de Dios; el mozo de posadas y el mayoral de pastores, que
prodiga secretamente su caridad en favor de los necesitados, a la vez
que les enseña a orar; el religioso que hace de sus votos una forma
eminente de amor a Dios y al prójimo; que «no quiere para sí más que a
Dios»; que combina desde su portería una intensísima vida de oración y
penitencia con la asistencia directa y la distribución de alimentos a
verdaderas muchedumbres de pobres; que se priva de buena parte de su
propio alimento para darlo al hambriento, en quien su fe descubre la
presencia palpitante de Jesucristo; en una palabra, la vida toda de
este «padre de los pobres, de los huérfanos y necesitados», (no es una
demostración palpable de la fecundidad de la pobreza evangélica,
vivida en plenitud?

Cuando decimos que Juan Macías fue pobre, no nos referimos ciertamente
a una pobreza -que nunca podría ser querida ni bendecida por Dios-
equivalente a culpable miseria o inoperante inercia para la
consecución del justo bienestar, sino a esa pobreza, llena de
dignidad, que ha de buscar el humilde pan terreno, como fruto de la
propia actividad. ¡Con cuánta exactitud y eficiencia se dedicó a su
deber, antes y después de ser religioso! Sus dueños y superiores dan
claro testimonio de ello. Fueron siempre sus manos las que supieron
ganar el propio pan, el pan para su hermana, el pan para la
multiplicada caridad. Ese pan, fruto de un esfuerzo socialmente
creador y ejemplar, que personaliza, redime y configura a Cristo,
mientras deja en lo íntimo del alma la filial confianza de que el
Padre, que alimenta a las aves del cielo y viste a los lirios del
campo, no dejará de dar lo necesario a sus hijos: «buscad primero el
reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura»
(Cfr. Matth. 6, 25-34). Por otra parte, la ardua tarea de Juan Macías
no distraía su ánimo del Pan celestial.

El, que desde su niñez había sido introducido en el mundo íntimo de la
presencia de Dios, fue en medio de su actividad un alma contemplativa.
El campo, el agua, las estrellas, los pájaros, le hablaban de Dios y
le hacían sentir su cercanía: «Oh Señor, qué mercedes y regalos me
hizo Dios en aquellos campos», mientras guardaba el rebaño. Así
exclama ya anciano. Y recordando su vida de convento, aquel jardín a
donde con frecuencia se retiraba a orar de noche, dirá: «Muchas veces,
orando a deshoras de la noche, llegaban los pajarillos a cantar y yo
apostaba con ellos a quién más alababa a Dios». ¡Frases de encantadora
poesía, que dejan entrever las largas horas dedicadas a la oración, a
la devoción a la Eucaristía y al rezo del rosario! Pero esta vida
interior nunca representó para Juan Macías una evasión frente a los
problemas de sus hermanos; antes bien, partiendo de su vida religiosa,
llegaba a la vida social. Su contacto con Dios no sólo no le hacía
retraerse de los hombres, sino que le llevaba a ellos, a sus
necesidades, con renovado empeño y fuerza para remediarlos y
conducirlos a una vida cada vez más digna, más elevada, más humana y
más cristiana.

El no hacía con ello sino seguir las enseñanzas y deseos de la
Iglesia, la cual, con su preferencia por los pobres y su amor por la
pobreza evangélica, jamás quiso dejarlos en su estado, sino ayudarles
y levantarles a formas crecientemente superiores de vida, más
conformes con su dignidad de hombres y de hijos de Dios. A través de
estos trazos parciales, aparece ante nuestros ojos la figura
maravillosa y atractiva de nuestro Santo. Una figura actual. Un
ejemplo preclaro para nosotros, para nuestra sociedad. Evidentemente,
la cuestión económica se plantea hoy con características bien diversas
de las que tenía en tiempos de San Juan Macías. Los nuevos sistemas
productivos, la acelerada industrialización, la creciente
tecnificación y las conquistas en campo nuclear o electrónico, por más
que hayan hecho surgir no indiferentes problemas para el hombre, han
determinado ciertamente un superior nivel económico y asistencial en
vastas áreas del mundo, por desgracia todavía demasiado limitadas. Por
otra parte, la sensibilidad social se ha incrementado, dando paso con
frecuencia a un tipo de humanismo radical, disociado de toda
referencia al trascendente.

En este contexto se nos ofrece en todo su valor actual el mensaje de
Fray Juan Macías. El no miró la humildad de su tarea, sino que la
cumplió con entrega total y de manera ejemplar. Se dio siempre a los
demás y, en el darse a todos, encontró a Cristo. Su trabajo fue una
exigencia de su condición de hombre y de cristiano, un ejercicio de
fecunda pobreza, un medio de proveer noblemente a su sustento y al de
los pobres. Sin pretender nunca hacer de sus experiencias una
elaborada sociología, ni convertirse en un experto economista, hizo
cuanto estuvo a su alcance por atenuar necesidades y flagrantes
desigualdades. Al pedir a los ricos para sus pobres, les enseñaba a
pensar en los demás; al dar al pobre, lo exhortaba a no odiar. Así iba
uniendo a todos en la caridad, trabajando en favor de un humanismo
pleno. Y todo esto, porque amaba a los hombres, porque en ellos veía
la imagen de Dios. ¡Cuánto desearíamos recordar esto a cuantos hoy
trabajan entre pobres y marginados! No hay que alejarse del Evangelio,
ni hay que romper la ley de la caridad para buscar por caminos de
violencia una mayor justicia. Hay en el Evangelio virtualidad
suficiente para hacer brotar fuerzas renovadoras que, trasformando
desde dentro a los hombres, los muevan a cambiar en todo lo que sea
necesario las estructuras, para hacerlas más justas, más humanas.

Juan Macías supo en su vida honrar la pobreza con una doble
ejemplaridad: con la búsqueda confiada del pan cotidiano para los
pobres, y con la búsqueda constante del Pan de los pobres, Cristo, que
a todos conforta y conduce hacia la meta trascendente. ¡Estupendo
mensaje para nosotros, para nuestro mundo materializado, tarado con
frecuencia por un consumismo desenfrenado y por egoísmo sociales!
¡Ejemplo elocuente de esa «unidad interior», que el cristiano debe
realizar en su tarea terrena, imbuyéndola de fe y caridad! (Cfr. Mater
et Magistra, 51).


Amadísimos hijos, No quisiéramos terminar nuestras palabras sin
mencionar algunas características que concurren en la vida de San Juan
Macías. La primera es su origen español; hijo de una Nación, cuya
historia encuentra sus expresiones más altas y decisivas -que marcan
el carácter de su pueblo- en las figuras de sus Santos, como Santo
Domingo de Guzmán, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa
Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz. Nombres estos que, con sólo
recordarlos, constituyen por sí mismos un auténtico homenaje que se
tributa a España. Un homenaje que nos sentimos contento de poder
subrayar por parte Nuestra, como dirigido a una Nación por Nos tan
amada, y que la Iglesia entera, tan bien representada en el cuadro
solemne de esta plaza de San Pedro por los millares de peregrinos
venidos de todo el mundo, desea rendir con Nos a esa tierra de Santos.

Experimentando en ello un gozo de comunión eclesial, un latido más de
espiritualidad entre los muchos del Año Santo, una manifestación de
fraterna e intensa alegría. Aunque esta alegría podría ser más plena,
si estos días no hubiesen sido ensombrecidos por los acontecimientos
por todos conocidos. El nuevo Santo continúa la tradición recibida
como por una especie de herencia familiar. Una herencia que crece y se
desarrolla en el hogar, en la vida familiar, en el ambiente social y
en la sensibilidad religiosa del pueblo. Esta canonización ¿no es,
pues, un acontecimiento que glorifica una tan alta y noble tradición,
preanunciando al mismo tiempo un nuevo renacer de fervor y de santidad
en los hijos de esa amada Nación? Nos así lo esperamos. La secunda
característica es que San Juan Macías se hizo peruano y en Perú se
santificó. Mientras muchas personas llegaban a América en busca de
riquezas materiales, el nuevo Santo supo encontrar allí una riqueza
espiritual de la que se alimentaron ya los primeros Santos de aquel
Continente. Una riqueza integrada por elementos milenarios del pueblo
antiguo, los indios, y del nuevo, los colonizadores, a quienes va el
mérito de la evangelización de aquel Continente, y que nuestro Santo
incrementó decididamente con su vida.

Desde entonces ¡que vitalidad religiosa a pesar de sus lagunas e
imperfecciones! ¡Qué corrientes de vida espiritual han marcado la
historia de todas aquellas naciones! A todos sus hijos los exhortamos
a ser dignos del ejemplo de santidad dejado por San Juan Macías. Por
último, San Juan Macías fue religioso dominico, de esa gran familia
que tantos Santos ha dado a la Iglesia y cuya labor al servicio de la
Verdad ha sido tan unánimemente reconocida. A ellos dirigimos en este
solemne día un saludo especial, exhortándoles a seguir sus grandes
tradiciones de santidad, a ejemplo de San Juan Macías, de San Martín
de Porres y de Santa Rosa de Lima, síntesis de la santidad dominica en
las nobles tierras latinoamericanas. Un ejemplo y exhortación que
extendemos a todos los miembros de las otras familias religiosas, para
que también ellos sientan una nueva incitación hacia cumbres más altas
de cercanía divina, de esmero espiritual, de clima en el que se
escucha la voz de Cristo. Y ojalá que el nuevo modelo de santidad que
hoy proponemos suscite abundantes fuerzas jóvenes, que se consagren
sin reserva a los ideales siempre válidos, siempre atractivos, del
Evangelio de Jesucristo.


--------------------------------------------------------------------------------

Onoriamo nel nuovo santo Religioso: dopo svariate esperienze, a
trentasette anni Giovanni Macías si sentì chiamato a servire Dio
nell'ordine Domenicano, ma nella sua umiltà volle essere Fratello
Laico. Per un quarantennio, fino alla morte, fu destinato al servizio
di portineria nel convento di Lima. E in questa umile incombenza egli
seppe realizzare e vivere profondamente ed autenticamente la sua
consacrazione religiosa, radicata nell'amore ardente 1009 a Dio, nella
smisurata carità Verso i fratelli più bisognosi, nella pratica fedele
dei Consigli evangelici, nella continua preghiera, lasciando a noi
l'esempio di come si possa testimoniare l'impegnativo messaggio di
Cristo anche nelle piccole ed umili tose.

Cette grande fete de famille a laquelle vous avez le bonheur de
participer réveille certainement en vous le désir d'une vie sainte,
d'une vie enfin engagée sur les pas du Modèle Unique: le Christ! C'est
le chemin ardemment suivi par Saint Jean Macías que Nous venons de
canoniser. Il a surtout voulu être pauvre comme Jésus, et vivre pour
les pauvres! Que cette leçon évangélique, si difficile a entendre
aujourd'hui, gagne enfin nos cœurs. Oh oui, demandons les uns pour les
autres cette grâce de choix, qui est la première des Beatitudes!

On this joyous occasion, as we proclaim and bless the power of God and
the merits of Jesus Christ that have produced in Saint John Macias a
full measure of holy charisms, we honour him and offer him to the
entire Church as a model of the zealous emigrant. After the example of
the Apostles and holy men and women of all ages, he left his homeland
to go forth and to bring Christ to his brethren. In this way he
endeavoured to answer the cal1 of the Evangelist, receiving with joy
the message: «. . . let us love, not in word or Speech, but in deed
and in truth» (1 Io. 3, 18). May all who have emigrated for the
Kingdom of God find strength in the intercession of Saint John Macías.
Liebe Söhne und Töchter!

Die wunderbare nächstenliebe des heiligen Johannes Macías war vor
allem die Frucht seines tiefen, lebendigen Glaubens. Er war ein Mann
des Gebetes, der aus der innigen, mystischen Vereinigung mit Gott sein
Leben in der Nachfolge Christi gestaltete. Seine glühende Verehrung
galt insbesondere der heiligen Eucharistie und dem Rosenkranzgebet.
Gerade als Mystiker zeigt uns der neue Heilige die letzte und
unergründliche Quelle christlicher Heiligkeit. Möge er uns allen darin
Vorbild und durch sein Gebet im Himmel unser aller Fürsprecher sein.
Leer todo...

Video homenaje a Manolo

"¡Cómo no creer!. Señor de los Milagros

 

José Antonio Benito Copyright © 2009 Gadget Blog is Designed by Ipietoon y adaptado por ANGEL SANTA MARIA R. Sponsored by Online Business Journal