sábado, 8 de junio de 2019

Federico PRIETO CELI: Huellas de Púrpura. Los cuatro cardenales del Perú

PRIETO CELI, Federico Huellas de Púrpura. Líderes espirituales de la Iglesia católica en el Perú (1945-2019), Fundación Luis Enrique Tord, Lima, 2019, 91 pp

¡Cuánto se agradece que alguien se atreva con la historia reciente! Nadie mejor que un periodista, con formación humanista, de larga trayectoria y, en buena medida, protagonista de los hechos; por esta razón, es bien comprensible que no sólo nos presente hechos, sino que también juzgue, analice y dé su respetable punto de vista.

Y, qué oportuna la obra, en este momento de kairós que vive la Iglesia de Lima con el cambio de prelado. Tiempo como escribió San Juan Pablo II para mirar el pasado con gratitud, el presente con pasión, el futuro con esperanza.

Presenta el libro Monseñor Juan Antonio Ugarte quien destaca el título referido al color de la birreta cardenalicia; nos habla de fortaleza (hasta derramar la sangre) y luz de fuego de santidad. Al enfatizar el desafío de luchar por la santidad, constata "cómo todos mis pares –obispos- se han esforzado por predicar a Cristo, cada uno sin perder su personalidad ni uniformizar sus tendencias, porque son anchos y largos los caminos de Dios" (p.8).

Con gran acierto por parte del autor dedica los tres primeros capítulos a los tres últimos papas, los tres ilustres visitantes del Perú, aunque Benedicto XVI lo hiciese como cardenal. De San Juan Pablo II destaca "su visión profética", de Benedicto XVI "la doctrina social cristiana" y del Papa Francisco, el tiempo nuevo de evangelizar con gozo, en el que en América y el mundo "el comunismo quedó atrás".

Lo central de la obra son las cuatro semblanzas de los cuatro cardenales. Juan Gualberto Guevara de la Cuba, "un prelado de origen humilde", antes del Concilio Vaticano II, Juan Landázuri Ricketts, "en defensa de la unidad", cardenal que llenó toda una época y que dejó en manos del autor la redacción de sus memorias.  El tercero, Augusto Vargas Alzamora, "primer cardenal nacido en Lima", de quien resalta la "relación formal y distante" con Fujimori; nos brinda un resumen de una larga y profunda entrevista que le hizo en 1990. Por último, Juan Luis Cipriani Thorne, a quien caracteriza con el subtítulo "fidelidad al Magisterio", traza una viva y completa semblanza que adelantó el 21 de enero del 2019 en el portal virtual "Lucidez" con el título "El gobierno episcopal del cardenal Cipriani" y culmina con la carta de despedida de Su Eminencia el 5 de febrero de 2019, en la que agradece y alienta a los fieles a recibir al nuevo Arzobispo "con la misma calidez con que me he sentido acompañado por ustedes durante estos años".

Les animo a leer este casi centenar de páginas, tan precisas y con tanto gusto literario, auténtico retrato de nuestra Iglesia y del Perú, desde la pluma de un profesional del periodismo, peruano, católico fiel. 

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Daniel Figueroa Villón, primer obispo de Chiclayo, por Mons. Jesús Moliné

MOLINÉ LABARTE, Jesús: Daniel Figueroa Villón. Una vida para Dios y para su Iglesia (Testimonios sobre la vida y ministerio del Excmo. Monseñor Daniel Isaac Figueroa Villón (1902-1967), Chiclayo 2018, 197 pp

 

Agradezco el envío de esta magnífica semblanza acerca del primer obispo de Chiclayo preparada por el actual emérito Mons. Jesús Moliné, ayudado por el P. José Antonio Jacinto, quien hace una magnífica presentación en el video que ofrece la USAT.

Comienza con un excelente prólogo del actual obispo Monseñor Robert Prevost.

La primera parte brinda una sintética semblanza en ocho capítulos desarrollados de modo cronológico, ubicando al personaje y destacando su benéfico ministerio.

En la segunda se centra en los principales rasgos de su personalidad y trabajo pastoral de acuerdo con el acopio de testimonios recogidos.

Por último se ofrecen "favores" sobrenaturales registrados. En el epílogo, el autor de la obra manifiesta que podía resumirse todo "diciendo que fue una vida para Dios y para su Iglesia" (p.193)

Su esmerada presentación y cómoda letra, así como sus ilustraciones lo hacen de una atractiva y provechosa lectura. Felicitaciones

 

SEMBLANZA

Monseñor Daniel Figueroa Villón. Nació en Carhuaz (Ancash), el 16 de agosto de 1902. Desde el 20 de mayo de 1945 fue auxiliar del Arzobispo de Arequipa. Trasladado a Huancayo el 22 de septiembre de 1946, teniendo como lema: "Plenitudo legis dilectio" (El amor es la plenitud de la ley). Fue gran devoto de San Pío X, el "Papa de la Eucaristía". Del 20 al 24 de agosto de 1951, Huancayo fue sede del Congreso Eucarístico Regional. En aquella ocasión se realizó el I Certamen Catequístico entre los escolares del departamento de Junín. Al año siguiente, del 1 al 3 de diciembre de 1952, se celebró el Primer Sínodo Diocesano, el mismo que consta de 383 artículos. Monseñor Figueroa fue trasladado a Chiclayo, como primer Obispo de esa nueva Diócesis, el 17 de diciembre de 1956. Murió en Lima el 30 de enero de 1967. Actualmente, sus restos mortales reposan en el cementerio general de Chiclayo.

 

LIBRO

Tras un paciente trabajo de investigación que lo llevó a consultar los archivos eclesiásticos de Chiclayo, Huaraz, Huancayo y Lima, monseñor Jesús Moliné Labarta publicó el libro "Daniel Figueroa Villón: una vida para Dios y para su iglesia", sobre la obra pastoral del primer obispo de la Diócesis de Chiclayo, de quien se dice, murió en olor a santidad.

 Moliné Labarta, obispo emérito de Chiclayo, conoció del trabajo de Figueroa Villón al llegar a la diócesis y luego, al asumir la conducción de esta, decidió investigar sobre el inicio de beatificación del recordado pastor de la Iglesia Católica en Lambayeque, nacido en Carhuaz, Áncash.

"Entendí que era un proceso muy complejo para el que se necesita tiempo, personas y recursos, así que me dije que no podía quedarme únicamente con la satisfacción de saber que había sido un hombre muy bueno. Decidí recoger datos sobre él y escribirlos y repartirlos, al menos en el archivo diocesano y en la biblioteca del seminario, para que luego alguien pueda animarse a hacer más. Tuve el apoyo de monseñor Ricardo Guerrero y de la profesora Elena Cárpena, que conoció de cerca de monseñor Daniel", comenta Jesús Moliné.

 

BÚSQUEDA EN LOS ARCHIVOS

En el camino hacia la preparación de lo que inicialmente sería un resumen biográfico, Moliné Labarta recibió escritos de Huaraz, Huancayo y Lima, todos enviados por personas que conocieron y trabajaron junto a Figueroa Villón, quien fue nombrado por el papa Pío XII como primer obispo de Chiclayo el 17 de diciembre de 1956.

"Dos años después me animé a escribir el libro, casi al final de mi episcopado. La producción del libro ha sido mi primer trabajo en serio como obispo emérito, además de confesar y decir la misa, que es lo más importante. El libro contiene testimonios e información recogida en los archivos diocesanos de Huaraz, Lima y Huancayo", señala.

Figueroa Villón realizó sus estudios en el seminario menor de su natal Carhuaz y al concluirlos se mudó con su familia a Lima, donde ingresó al seminario para su formación sacerdotal, ordenándose como tal el 26 de mayo de 1926.

"La carátula presenta la imagen de monseñor Daniel que corresponde a un lienzo que se encuentra en el Arzobispado de Huancayo, donde él pudo trabajar con mayor intensidad, pues estaba joven y fuerte, hasta que le dio un derrame cerebral por lo que tuvo que ser trasladado a Lima. En el archivo de Lima encontré que había sido administrador apostólico de Huancavelica, algo de lo que nadie sabía. Me comuniqué con Huancavelica y no me dieron mayor información, pero se pudo confirmar buscando en el Ministerio de Justicia y en el de Interior", relata Jesús Moliné.

Figueroa Villón también fue obispo auxiliar de Arequipa, aunque por breve tiempo.

 

SANTO POR ACLAMACIÓN

De su obra como obispo de Chiclayo se recuerda la culminación de la catedral, cuya construcción demoró 90 años y fue terminada en 1959. Ese mismo año adquirió el terreno para la construcción de seminario de Santo Toribio de Mogrovejo, preocupado en la necesidad de incrementar el número de vocaciones sacerdotales en la diócesis, que hasta ese momento eran casi nulas.

Monseñor Daniel Figueroa falleció en Lima el 30 de enero de 1967. De ese momento, según ha relatado el padre Ricardo Guerrero Orrego, que fue ordenado sacerdote por el desaparecido obispo, el propio nuncio apostólico en Lima pidió que se inicie de inmediato el proceso de beatificación, dadas las condiciones de santidad que en vida mostró. Incluso – de acuerdo a los testimonios de una de sus sobrinas – en una ocasión fue encontrado levitando cuando estaba en oración.

Sus restos descansan actualmente en el Santuario de Nuestra Señora de la Paz.

"La tarea ahora es de monseñor Robert como obispo de Chiclayo, porque así como sucedió con San Juan Pablo II, a monseñor Daniel se le consideró santo por aclamación popular", refiere monseñor Jesús Moliné.

GRACIAS A LA USAT

El libro fue presentado el jueves 8 de noviembre y fue publicación fue posible gracias al Fondo Editorial de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo.

https://www.semanarioexpresion.com/Presentacion/noticia2.php?noticia=863&categoria=Regional&edicionbuscada=1089 

Este libro, editado por la USAT, es una semblanza biográfica de un hombre "que era un santo", como afirmaría su sucesor, Mons. Orbegozo y el Nuncio Rómulo Carboni. Mons. Jesús Moliné, su autor, ha logrado recoger de un modo riguroso testimonios de dos personas que conocieron de cerca a Mons. Daniel, el P. Ricardo Guerrero y la Prof. Elena Cárpena, además de haber investigado con seriedad otras fuentes de diversos lugares por donde pasó trabajando esta "figura de gran talla humana espiritual y pastoral puesta totalmente al servicio de la Iglesia, no se reservó nada".
Consta de dos partes: por un lado se señalan datos biográficos y trabajos pastorales, y en segundo lugar se encuentran las reflexiones de diversos puntos de la vida cristiana, que nos ayudan a meditar. De ahí que –en el decir de Mons. Robert Prevost– es un libro que se puede aprovechar como lectura espiritual.
Sigue afirmando Mons. Prevost: este libro refleja un "denodado esfuerzo en la investigación, en la recopilación de los testimonios y en una muy apropiada organización de los documentos que le han llegado. Nadie mejor para escribir la vida de un Santo Obispo, que otro buen Obispo y sucesor suyo como ha sido Mons. Jesús Moliné Labarta".
Los interesados en adquirir el libro pueden comunicarse con el P. José-Antonio Jacinto (957615070; jjacinto@usat.edu.pe).

http://www.diocesischiclayo.org/2019/02/19/monsenor-daniel-figueroa-villon-una-vida-para-dios-y-para-su-iglesia/

https://www.facebook.com/usat.peru/videos/presentaci%C3%B3n-del-libro-daniel-figueroa-vill%C3%B3n-una-vida-para-dios-y-para-su-igles/1943394019080279/

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jueves, 30 de mayo de 2019

MANUEL GIGANTO SE NOS FUE CON SANTO TORIBIO

MANUEL GIGANTO SE NOS FUE CON SANTO TORIBIO

Gracias a su devoción por Santo Toribio, yo comencé –en 1991, con motivo de mi primer viaje al Perú- a recopilar material para lo que considero LA MAYOR COLECCIÓN DOCUMENTAL SOBRE SANTO TORIBIO en su casa de Tudela y que fructificó en sus dos monumentales obras.

Tuve la suerte de visitarle en dos ocasiones y siempre dedicamos horas a nuestro Santo. Claro que su opción por Villaquejida es incuestionable; lo que me queda es su pasión y fervor por el santo que le llevó a dedicarle miles de horas a recopilar material para dar a conocer su vida y obra.

Ofrezco mi oración por el eterno descanso de su alma y envío mi más sentido pésame a su esposa e hijos, especialmente mi gran amigo e hijo suyo, Josemari. Gracias a él, les puedo compartir una emocionada semblanza de su vida y su misión.


https://jabenito.blogspot.com/…/un-libro-giganto-de-santo-t…
https://jabenito.blogspot.com/…/manuel-giganto-completa-su-…
http://ietoribianos.blogspot.com/…/manuel-giganto-expone-50…
 

https://www.facebook.com/joseantonio.benitorodriguez?_

 

UNA VIDA DE PELÍCULA. SEMBLANZA A UN PADRE EJEMPLAR

Suele decirse que casi todo o buena parte de lo que somos humanamente se lo debemos a nuestros padres: aficiones, hábitos, valores, cualidades físicas... Incluso en la fe, al menos los primeros pasos. Nosotros hemos tenido la fortuna de haber nacido en una familia con fe y de la que somos deudores y debemos ser transmisores.

Manuel, mi padre, había pedido muchas veces a San José, patrono de la buena muerte, esa gracia. Y así se la concedió: estos últimos meses que ya no podía ir a la misa diaria, le traían la comunión diaria a casa. Incluso el último día, el sábado pasado 6 de abril, la mañana, comulgó semiconsciente. Después ya se fue apagando, sin dolores y sin medicación alguna, como una vela que se agota en el candelabro. Murió en casa a las 1:15 h de la madrugada del domingo 7, rodeado de mi madre y los cuatro hijos que estábamos rezando el rosario y otras oraciones. Conscientes todos del momento, aceptando con naturalidad la muerte que es un tránsito necesario para encontrarnos con Dios. ¿Qué mejor muerte se puede pedir a San José y a Santo Toribio? Sobre el pecho una estampa del Cristo de Villaquejida y otra de la Virgen. En el ataúd, además, una estampa de Santo Toribio y un rosario en las manos. 

 

Ahora nos toca pedir, por intercesión de Santo Toribio, que el Señor lo lleve pronto a su compañía plena en el cielo. 

Creo que sabes que mi padre tiene una vida de película: nació en una familia sencilla y con muy pocos medios económicos en Algadefe, pueblo próximo a Villaquejida. Con un tesón ejemplar, compaginando desde la infancia el trabajo y el estudio por las noches, fue saliendo adelante y ocupando profesiones de lo más variadas: delineante, gestor de seguros... capataz agrícola, perito agrícola, profesor del PPO, Director de la oficina de Empleo. Se casó con mi madre que era de Villaquejida, un pueblo a 8 km del suyo, y ahí descubrió a Santo Toribio cuyo ejemplo de vida le cautivó. Le sorprendió siempre la poca transcendencia que se le daba pese a la importancia que tuvo en la evangelización de América y en su transformación y desarrollo en todos los sentidos. 

Tenía cualidades singulares como la constancia. Escribió varios libros para enseñar Fruticultura (era profesor de esa materia en el PPO). Sus cursos por los pueblos y ciudades (años 60 y 70) eran un éxito y había que hacer selección de inscritos pese a que eran de 7 a 11 de la tarde/noche durante los cinco días de la semana y cinco meses seguidos. Siempre había médicos, secretarios de Ayuntamiento, monjes, monjas a las que el obispo libraba esas horas de la clausura y que querían también aprender. Con muchos mantuvo una amistad singular. Era habitual que en las inauguraciones y clausuras de los cursos estuvieran presentes los alcaldes, gobernadores civiles, obispos... Ya ves, era un caso muy singular y muy valorado en el PPO, tanto que tuvo trato personal con dos o tres ministros de Trabajo, incluso comiendo en su casa. Sin embargo, siempre rehusó ocupar cargos públicos en ayuntamientos u otras administraciones políticas.

En fin, una vida de película por múltiples motivos. Con 46 años, tras una operación en la columna vertebral que resultó mal, quedó tetrapléjico y desahuciado. Contra todo pronóstico médico (había docenas de frailes, monjes y monjas rezando por él) sobrevivió y se recuperó en gran parte. Quedó con muletas, dolores y otras molestias sin fin, pero vivo. Y ahí retomó con tenacidad el estudio de Santo Toribio además de la dirección de la Oficina de Empleo, la familia, la vida de piedad...

Este domingo, le tocó el último paso: el encuentro definitivo con el Corazón de Jesús, de quien era tan devoto. Ese Corazón tan inmenso que nos espera a todos y que debemos dar a conocer en este mundo tan necesitado de su Amor. 

Un abrazo grande. Que Santo Toribio nos ayude a seguir su ejemplo apostólico.

 

José María Giganto

 

 

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La necesidad de la fe explícita en Cristo en el P. José de Acosta, S.I del P. Francisco José Delgado

Me complace compartirles el estupendo libro del P. Francisco José Delgado, fruto de su tesis de licenciatura y que él mismo comenta como nadie mejor puede hacer, tras su investigación y preparación para esta vistosa publicación. Aprovecho para agradecer su donación que he derivado a la Biblioteca de la Facultad de Teología donde pueden encontrar el ejemplar. 

José de Acosta y la necesidad de la fe (introducción)

José de AcostaEn su último post dentro de la serie sobre la Evangelización de América, el P. Iraburu hablaba de Santo Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima y patrón del Episcopado Hispanoamericano. Es una figura gigante de la Evangelización, de las que hubo una sorprendente abundancia durante los siglos de la construcción de la América hispana y cristiana. Esa abundancia es la única que puede explicar la titánica obra realizada por España y la Iglesia, que, gracias a Dios, hoy parece que se va volviendo a apreciar.

Junto a estos personajes, muchos proclamados santos, encontramos a una legión de personas que colaboraron con ellos, e incluso que fueron determinantes para muchas de sus ideas y empresas. Una de estas personas es el P. José de Acosta, S.I., al que cita Iraburu, y que es responsable de algunas de las cosas que menciona en su artículo, como la determinación de predicar el Evangelio a cada uno en su propia lengua. José de Acosta fue, en concreto, el principal autor de la Doctrina Christiana, que contenía dos catecismos (mayor y menor), un confesonario para indios y un riquísimo sermonario para predicar la doctrina a los indios.

Durante mi estancia en Perú tuve la ocasion de acercarme a las obras de este gran jesuita, y decidí dedicar mi tesina de licenciatura en teología a una de sus propuestas teológicas más polémicas: La necesidad de la fe explícita en Cristo en el P. José de Acosta, S.I. En otro momento ya publiqué el resumen que hice de la misma para la defensa académica. En este caso quiero reproducir la introducción de mi trabajo, porque he decidido autopublicarla para que se pueda adquirir.

Es un trabajo académico, no destinado a la divulgación, por lo que puede ser difícil para quien no conozca los rudimentos de la ciéncia teológica. No obstante, puede resultar interesante para los que quieran profundizar en este tema que tiene relación con tantas polémicas actuales sobre las religiones, el conocimiento de Cristo, la misión y la salvación de las almas.

La necesidad de la fe explícita en Cristo en el P. José de Acosta, S.I

Estudio de la controversia presentada en el libro V
de su De procuranda indorum salute

Introducción

Se ha insistido con frecuencia en el cambio de perspectiva sobre la motivación de las misiones como consecuencia del Concilio Vaticano II y su «optimismo salvífico», tal como lo denominó Karl Rahner, S.I.[1]. De acuerdo con este cambio, la preocupación por la salvación de los hombres, unida a la necesidad de la fe para esa salvación, pasa a un segundo plano como motivación para la acción misionera frente a la naturaleza universal de la Iglesia, fiel al mandato misionero de Cristo. Es, además, un lugar común el de señalar el «error» de San Francisco Javier al motivar su actividad misionera en la condenación de aquellos que, desconociendo el misterio de Cristo, no pudieran aceptarlo por la fe[2].

Joseph Ratzinger ha escrito que:

Hoy día no compartimos ya la opinión de Francisco Javier de que sin misiones los hombres deberán ir todos y sin remedio al infierno. Al lado de su referencia a la salvación y tal vez incluso antes que esa referencia inmediata, las misiones se fundan en que de ese modo la Iglesia realiza su propia dinámica interna, el estar abierta para todos, al expresar simbólicamente la hospitalidad de Dios que ha convidado a todos los hombres a ser comensales en el banquete de bodas de su Hijo[3].

PortadaUn texto fundamental sobre este tema sería el n. 16 de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, en el que el Concilio enseña que: «quienes, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, no obstante, a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir con obras su voluntad, conocida mediante el juicio de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna»[4]. Detrás de esta formulación está la Carta del Santo Oficio al arzobispo de Boston de 1949[5] que responde a una notoria polémica protagonizada por el P. Leonard Feeney, S.I., que fue excomulgado por sostener, contra la fe católica, que solo podían salvarse aquellos que pertenecieran visiblemente a la Iglesia Católica[6].

La polémica sobre el tema de la salvación de los que ignoran el Evangelio ha sido en los tiempos más recientes de clave especialmente eclesiológica, centrándose en la correcta interpretación de la sentencia «extra Ecclesiam nulla salus», dado que la teología ha ido priorizando el papel salvífico de la Iglesia. Para San Francisco Javier y para los teólogos de su tiempo que seguían las enseñanzas de Santo Tomás, esta sentencia no suponía un gran problema, dado que, según el Angélico, el Extra Ecclesiam… se refiere fundamentalmente a la necesidad de la fe y los sacramentos, que se pueden encontrar únicamente en la Iglesia. La cuestión sobre la pertenencia a la Iglesia se transformaba para ellos en la cuestión sobre la necesidad de la fe[7].

La Carta del Santo Oficio antes citada afirma la suficiencia de la incorporación a la Iglesia con un voto implícito, de cara a la salvación, pero a la vez declara que «el voto implícito no puede tener efecto, si el hombre no tiene una fe sobrenatural»[8]. De la misma manera, aunque el Concilio haya afirmado decisivamente la universalidad salvífica (cf. Gaudium et Spes, 22), no se ha pronunciado en contra de la necesidad de la fe sobrenatural para la salvación.

Algunos consideran hoy como enseñanza de la Iglesia la posibilidad de la salvación de aquellos que no han llegado a la fe explícita en Cristo[9]. San Juan Pablo II parece indicar esto en su Carta Encíclica Redemptoris missio (cf. n. 10). Pero la suficiencia de la fe implícita no es, ni mucho menos, algo enseñado de forma continua en la tradición de la Iglesia sino, más bien, una doctrina que no aparece sino en torno a la reflexión teológica realizada por los teólogos de la primera Escuela de Salamanca respecto de los problemas derivados del descubrimiento del Nuevo Mundo, a partir del s. XVI.

Uno de los teólogos más importantes de aquel momento respecto de los temas relacionados con la misión es, sin duda, el P. Jose de Acosta, S.I. (1540 - 1600), que redacta un excelente manual misionológico titulado De procuranda indorum salute, fruto de su experiencia en el virreinato del Perú. Desde su posición privilegiada como teólogo por el contacto directo con aquellos que podían haber ignorado invenciblemente el Evangelio, Acosta sale al paso de las teorías de los teólogos de Salamanca en un célebre capítulo de su obra.

El estudio que estamos presentando es la disertación realizada para la obtención de la licenciatura canónica en Teología Dogmática, en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima el año 2017. Nos proponemos realizar una reconstrucción del problema al que se enfrenta Acosta, que es el de la necesidad de la fe explícita en Cristo para la salvación, partiendo de las fuentes de las diversas posturas, para poder valorar correctamente su respuesta.

Para alcanzar este cometido comenzaremos por esbozar una breve biografía del P. Acosta, con la presentación de sus obras fundamentales. Creemos necesario entretenernos en algunos aspectos de su vida que ayudan a entender su respuesta a la problemática teológica, sus fuentes de inspiración y algunas causas por las que su enseñanza no fuera más valorada en su momento.

Dedicaremos el segundo capítulo a presentar sumariamente los fundamentos escriturísticos y patrísticos sobre la necesidad de la fe en Cristo para la salvación. Haremos ver que todavía no se distingue entre fe implícita y fe explícita, distinción que no aparecerá hasta las presentaciones de los teólogos medievales que comentaremos, junto con las definiciones de los concilios, al final de dicho capítulo.

Todo el tercer capítulo tratará la elaboración teológica de Santo Tomás sobre este tema, que recoge armónicamente la tradición de la Iglesia al respecto hasta el s. XIII y la desarrolla en continuidad. La prioridad concedida al Doctor Angélico, así como la extensión de nuestra exposición, viene dada, sobre todo, porque todos los teólogos que participan en el debate hasta el P. Acosta dicen beber de Santo Tomás para sus diferentes elaboraciones teológicas.

El cuarto capítulo recoge las aportaciones de la primera Escuela de Salamanca, especialmente de sus principales representantes: Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Melchor Cano. Previamente dedicaremos algunas consideraciones a la enseñanza de Trento al respecto, que guía las conclusiones tanto de los salmantinos como de nuestro teólogo.

El quinto capítulo, por fin, es un comentario detallado de la respuesta de José de Acosta al problema de la necesidad de la fe explícita en Cristo para la salvación. El estilo literario del De procuranda, que no pretende ser un tratado académico, requiere que delimitemos los problemas que aborda, los argumentos que esgrime y quiénes son sus interlocutores en cada momento. Concluiremos nuestro comentario con una valoración de global de la respuesta de Acosta, destacando sus aspectos positivos frente a la solución de los salmantinos.

Debido a la extensión limitada de este trabajo, debemos ceñirnos a los temas tratados directamente por los autores comentados, por lo que se encontrarán ausentes de nuestro estudio algunos puntos muy importantes en la discusión teológica actual que tienen que ver con nuestro tema, como los de la relación entre lo natural y lo sobrenatural o el ya comentado de la mediación salvífica de la Iglesia. Con todo, al plantear las raíces de la controversia sobre la necesidad de la fe para la salvación, pretendemos fundamentar más sólidamente la reflexión actual necesaria sobre este tema, dando voz a un teólogo injustamente olvidado como José de Acosta, de cuya acción misionera, como estrecho colaborador de Santo Toribio de Mogrovejo, ha dependido, en gran medida, la evangelización del Perú y la configuración de la Iglesia en América.



[1] Cf. Ralph Martin, Will Many Be Saved? What Vatican II Actually Teaches and Its Implications for the New Evangelization, Grand Rapids (Michigan) – Cambridge: Edermans, 2012, p. 54; cf. Karl Rahner, S.I., «Ateísmo y "cristianismo implícito"», en: Facultad Teológica de la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, El Ateísmo Contemporáneo, t. IV: El cristianismo frente al ateísmo, Madrid: Ediciones Cristiandad, 1973, pp. 103-118.

[2] No nos resistimos a presentar un ejemplo de este cambio de perspectiva en la interpretación de la gesta misionera de San Francisco Javier. En el prólogo de 1952 de su obra San Francisco Javier. Itinerario místico del apóstol, León-Dufour proclamaba que «la epopeya de S. Francisco Javier continúa siendo, después de la de San Pablo, el prototipo de la vida del misionero aun del más humilde. Ha perdido, sí, su aspecto maravilloso; no queda ya mucho campo que desbrozar; pero aun así conserva su rasgo característico: el deseo apasionado de llevar la luz de Cristo a quienes no han recibido aún la Buena Noticia. Esta epopeya logra incluso ponerse de manifiesto, en el combate interior librado por Javier, el verdadero sentido y la naturaleza del apostolado en misión: las barreras que separan las civilizaciones ceden solamente ante los hombres espirituales en los que la gracia triunfa sobre el pecado» (Xavier Léon-Dufour, S.I., San Francisco Javier. Itinerario místico del apóstol, ed. Felipe Aguirre – Juan A. Irazabal, Bilbao – Maliaño (Cantabria): Mensajero – Sal Terrae, 1998, p. 9).

Para la edición de 1996 el autor escribió un nuevo prólogo, en el que el tono cambia radicalmente: «El primer obstáculo para un lector actual es la motivación que ha llevado a Javier a arrostrar enormes dificultades, pruebas innumerables y hasta la misma muerte. Sin duda, ardía en el deseo de llevar a lo lejos la luz y la paz de Cristo, pero lo expresaba como el deseo de convertir a las almas perdidas en las tinieblas de la idolatría. A sus ojos, los adoradores de ídolos estaban abocados al infierno. De ahí su prisa por enseñar las fórmulas de la fe y las oraciones; de ahí su frenesí por bautizar sin descanso. Su ideal parece confundirse con el de una cristiandad según el modelo europeo. De ahí su error manifiesto acerca de las diversas religiones: ¿Sakyamuni y Amida no son más que "puras invenciones del demonio"?» (Ibid., p. 11).

Es decir, el origen del deseo por llevar la luz de Cristo, que serían su idea de la incapacidad de las religiones naturales de dar la salvación y la necesidad de la fe en Cristo para conseguirla, parecen ser su «error manifiesto».

[3] Joseph Ratzinger, El nuevo Pueblo de Dios, Barcelona: Herder, 1972, p. 118.

[4] Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium, en: Acta Apostolicae Sedis, 57 (1965), p. 20.

[5] Cf. DH, nn. 3866-3873.

[6] Cf. Francis A. Sullivan, S.I., ¿Hay salvación fuera de la Iglesia? Rastreando la historia de la respuesta católica, Bilbao: Desclée de Brower, 1999, pp. 11-12.

[7] Cf. Sullivan, ¿Hay salvación fuera de la Iglesia?…, p. 62; cf. Eduardo Vadillo Romero, «La mediación de la Iglesia para la salvación en la Cátedra salmantina de Prima desde Juan de la Peña a Francisco de Araujo», en: Archivo Dominicano, n. 16 (1995), Salamanca: Editorial San Esteban, pp. 311-339, aquí pp. 311-312.

En la medida en que el Aquinate defiende la suficiencia del bautismo recibido in voto(esto es, deseado), ya sea implícito o explícito, la cuestión que resta únicamente es la de la necesidad de la fe para la salvación (cf. STh III, q. 69, a. 4, ad 2: «remissionem peccatorum aliquis consequitur ante Baptismum secundum quod habet Baptismum in voto, vel explicite vel implicite»).

[8] DH 3872: «Nec votum implicitum effectum habere potest, nisi homo fidem habeat supernaturalem».

[9] Cf. Martin, Will Many Be Saved?…, p. 5.

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La existencia de los ángeles en la filosofía de Santo Tomás . P. Francisco José Delgado

La existencia de los ángeles en la filosofía de Santo Tomás (introducción)

Francisco José Delgado, el 28.03.19 a las 10:15 AM

Santo TomásSanto Tomás dedica en sus obras un espacio llamativamente amplio al estudio filosófico y teológico de los ángeles. Estudiando la filosofía tomista siempre me llamó la atención la conexión que se daba en estos temas entre las distintas fuentes clásicas que recibe el Aquinate. Por eso decidí dedicarle mi tesina de licenciatura al tema de la existencia de las sustancias separadas, que en teología se llaman ángeles, un tema poco tratado y en el que se dan opiniones muy diversas. Ahora presento aquí la introducción de este trabajo, que me he autopublicado para que se pueda conseguir en un formato presentable.

En el desarrollo del libro he tratado con cierta extensión el asunto de la perfección del universo, dentro de la metafísica tomista. Es un punto muy interesante, que me gustaría comentar en algún artículo posteriormente, porque tiene conexiones muy interesantes con algunos temas que ya he tocado en otros momentos.

Advierto que, como es un trabajo académico, no está pensado para quien no tenga nociones básicas de metafísica.

Por la sugerencia de algún comentarista, ofrezco también las versiones electrónicas de mis dos libros. Los enlaces para la compra están al final del artículo.


La existencia de los ángeles en la filosofía de Santo Tomás

Necesse est ponere aliquas creaturas incorporeas

Introducción

Los ángeles estaban ya presentes en las distintas culturas humanas antes de la Revelación bíblica y del inicio de la reflexión racional y sistemática sobre la realidad. Ambos campos, el de la teología y el de la filosofía han asumido el estudio de estos seres, purificando su imagen y mostrando hasta qué punto son válidas las intuiciones de los antiguos sobre las criaturas espirituales.

La especulación filosófica tiene que reconocer sus límites ante la superioridad ontológica del mundo angélico. Los filósofos antiguos han disentido sobre muchas de las cosas relativas a los ángeles y no han podido avanzar demasiado en el conocimiento de las sustancias espirituales. La Revelación bíblica ha llevado a la plenitud de la verdad las semillas que el Verbo había diseminado entre los hombres. Sin embargo, la certeza que proporciona la Palabra de Dios no elimina la necesidad de una investigación racional sobre los seres angélicos, sino que la exige, como la fe busca entender. La teología se ha servido de los instrumentos que le proporciona la razón natural para establecer conclusiones desde los datos revelados, pero no ha dejado de haber polémicas acerca de algunos de los puntos de la doctrina sobre los ángeles.

Portada libroSanto Tomás de Aquino se ocupó de los ángeles en muchos de sus escritos, dedicándoles incluso una de sus últimas obras, que no pudo terminar. Su estudio es fundamentalmente teológico, pero, como sucede en otros muchos temas, requerirá la puesta en juego de los aspectos más elevados de su sistema filosófico, en el que conjugará lo mejor de las tradiciones anteriores.

Nosotros pretendemos realizar un acercamiento meramente filosófico a una de las cuestiones que se pueden estudiar sobre los ángeles, que los filósofos llaman inteligencias o substancias separadas. Nos preguntamos si se puede demostrar la existencia de los ángeles, y dirigimos nuestras dudas al Doctor Angélico, con la esperanza de hallar una respuesta en su enseñanza. No pretendemos, por tanto, realizar nosotros una demostración, sino atenernos a lo que santo Tomás haya dicho al respecto, tratando de presentar los textos fundamentales y explicando los principios que articulan sus propuestas.

Perseguiremos este objetivo en tres momentos distintos. En el primer capítulo estudiaremos la posibilidad para el hombre del conocimiento de los seres espirituales. Por el modo humano de conocer, que requiere de las imágenes, los ángeles se sitúan fuera de nuestro alcance natural. Pero ¿podrá demostrarse al menos su existencia? Para ello tendremos que presentar los tipos de demostraciones posibles y examinar cuáles podrían, en teoría, utilizarse para responder a la pregunta sobre si hay sustancias separadas.

Siendo que los argumentos pueden proceder a priori o a posteriori, nos ocuparemos en primer lugar de los segundos, es decir, de aquellos argumentos que parten de efectos cuyo conocimiento sí es adecuado a nuestra capacidad, para remontarse mediante la razón a las causas. Nos encontraremos con la vía aristotélica, que santo Tomás asumirá con importantes correcciones. Examinaremos si es posible mantener las vías a posteriori para demostrar la existencia de los seres inmateriales.

El tercer capítulo, que será el más extenso, tendrá que dar cuenta de los intentos de demostración a priori. Aunque la mayoría de las demostraciones a priori, cuando son posibles, suelen proporcionar un alto grado de certeza, las argumentaciones sobre la existencia de los seres espirituales se encuentran con muchas dificultades. Santo Tomás presenta distintas vías complementarias desde las que realiza un gran número de argumentos, basados en distintos principios de su sistema metafísico. Tendremos que exponer los textos con la minuciosidad posible, tratando de mostrar en qué medida los intentos de razonamiento del Aquinate ponen en juego los elementos más elevados de su filosofía.

No pretendemos dar una palabra definitiva en un campo en el que hay tantas y tan dispares opiniones. Nos basta con aprovechar este estudio para profundizar en la comprensión de la realidad que ofrece la filosofía tomista, desde los seres más ínfimos a los más elevados, en la unidad ordenada de un universo preñado de múltiples y diversos seres, y creado para expresar la infinita perfección de Aquél cuya esencia es su propio esse.


Existencia de los ángeles

Francisco José Delgado Martín, La existencia de los ángeles en la filosofía de Santo Tomás, Toledo, 2019

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jueves, 16 de mayo de 2019

CONVICTORIO DEDICADO AL LEGADO DE MONSEÑOR ÓSCAR ALZAMORA EN EL VIGÉSIMO ANIVERSARIO DE SU MUERTE



 

CONVICTORIO DEDICADO AL LEGADO DE MONSEÑOR ÓSCAR ALZAMORA EN EL VIGÉSIMO ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Este miércoles 15 de mayo los Encuentros Bicentenario "Convictorio 2021" se han dedicado a honrar la memoria de MONSEÑOR ÓSCAR ALZAMORA (+1999) estudiando su LEGADO AL NUEVO PERÚ EN VÍSPERAS DEL BICENTENARIO 20 AÑOS DESPUÉS.

Dio la bienvenida el promotor de la iniciativa, Dr. José Antonio Benito, Director del Instituto de Estudios Toribianos, quien  motivó la pertinencia e importancia de la iniciativa, glosando la personalidad del que fue obispo de Tacna, auxiliar de Lima, y gran dinamizador del laicado en el Perú. Nacido en Lima11 de marzo de 1929, falleció el 19 de mayo de 1999, estudió en el Colegio Sagrados Corazones Recoleta y luego en el Santa María culminando en 1945.En la  Universidad Nacional de Ingeniería se graduó de arquitecto en 1953; cursó estudios de filosofía, teología y sociología en Suiza, Francia y Estados Unidos.

Escribió los siguientes libros: Misterio de salvación: una presentación del cristianismo, Iglesia y Política, Guía introductoria para la vida espiritual, La iglesia como tarea: una reflexión pastoral, La iglesia y los social, Perspectivas de una teología de la reconciliación, Ideología de género, sus peligros y alcance:http://www.staffcatholic.net/archivos/lexicon/ideologiadegenero.pdf.

Participó frecuentemente en radio, TV, así como en diversos diarios como en Opinión y Religión de El Comercio de Lima.

Llevado por su devoción a la Virgen María y su vocación al sacerdocio ingresa a la Sociedad de María, (Marianistas), siendo el primer sacerdote marianistas del Perú en 1963. Trabajó en la Parroquia Santa María Reina de San Isidro..  Fue  docente de la PUCP, de la Facultad de Teología, Pontificia y Civil de Lima y del ISET "Juan XXIII".

Fue electo Obispo de Tacna y Moquegua desde 1982 a 1991, fecha en que fue trasladado al Arzobispado de Lima, como obispo auxiliar. En este tiempo impulsó diversos círculos de estudio con profesionales (economía, derecho, salud, educación…) e intelectuales a los que presentaba y explicaba los documentos del Magisterio de la Iglesia. Colaboró de modo acucioso en la Conferencia Episcopal Peruana en temas educativos y culturales, así como en el candente asunto de la Teología de la Liberación.

Como primer ponente intervino José Antonio Varela, periodista, quien destacó en Monseñor Alzamora su inteligencia, voracidad lectora, su permanente inquietud para estimular a los comunicadores católicos fomentando su asociación, su presencia en el Sínodo de Lima, y en todos los medios.

En segundo lugar habló Álvaro Vera Gastañaduí, contador y economista, quien se centró en sus aportes a la relación del hombre y la sociedad, desde la Doctrina Social de la Iglesia, el Catecismo de la Iglesia Católica y documentos eclesiales, a partir de la evangelización de la cultura.

Por su parte, la doctora Carmen Meza Ingar, abogada, compartió sus reflexiones al candente tema de la Teología de la Liberación, su presencia en los consorcios de profesionales especializados en la Acción Católica y otras asociaciones como la de los químicos-farmacéuticos, además de los abogados.

Siguió José Belaunde Moreira, músico y humanista, hijo del célebre Víctor Andrés Belaunde, y padre de nueve hijos, nos compartió su amistad con Monseñor Alzamora gracias a las reuniones con Monseñor los domingos por la tarde en la parroquia de Santa María Reina.

A continuación hubo una rueda de preguntas con animado coloquio acerca de las diversas facetas cultivadas por el homenajeado. Como conclusión se vio la perspicacia de Monseñor Alzamora para clarificar temas como el de la "ideología de género", "teología de la liberación", "fe-cultura", transparencia y coherencia en la vida política, presencia en los medios y en la vida pública, sobre todo desde la educación y la familia.

Por feliz coincidencia este quince de mayo cumplía años el coordinador de estos amicales encuentros por lo que aprovecharon para felicitarle y degustar una rica torta en el mejor ambiente de familia, algo por cierto habitual en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.

 

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CONVICTORIO DEDICADO AL LEGADO DE MONSEÑOR ÓSCAR ALZAMORA EN EL VIGÉSIMO ANIVERSARIO DE SU MUERTE

 

CONVICTORIO DEDICADO AL LEGADO DE MONSEÑOR ÓSCAR ALZAMORA EN EL VIGÉSIMO ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Este miércoles 15 de mayo los Encuentros Bicentenario "Convictorio 2021" se han dedicado a honrar la memoria de MONSEÑOR ÓSCAR ALZAMORA (+1999) estudiando su LEGADO AL NUEVO PERÚ EN VÍSPERAS DEL BICENTENARIO 20 AÑOS DESPUÉS.

Dio la bienvenida el promotor de la iniciativa, Dr. José Antonio Benito, Director del Instituto de Estudios Toribianos, quien  motivó la pertinencia e importancia de la iniciativa, glosando la personalidad del que fue obispo de Tacna, auxiliar de Lima, y gran dinamizador del laicado en el Perú. Nacido en Lima11 de marzo de 1929, falleció el 19 de mayo de 1999, estudió en el Colegio Sagrados Corazones Recoleta y luego en el Santa María culminando en 1945.En la  Universidad Nacional de Ingeniería se graduó de arquitecto en 1953; cursó estudios de filosofía, teología y sociología en Suiza, Francia y Estados Unidos.

Escribió los siguientes libros: Misterio de salvación: una presentación del cristianismo, Iglesia y Política, Guía introductoria para la vida espiritual, La iglesia como tarea: una reflexión pastoral, La iglesia y los social, Perspectivas de una teología de la reconciliación, Ideología de género, sus peligros y alcance:http://www.staffcatholic.net/archivos/lexicon/ideologiadegenero.pdf.

Participó frecuentemente en radio, TV, así como en diversos diarios como en Opinión y Religión de El Comercio de Lima.

Llevado por su devoción a la Virgen María y su vocación al sacerdocio ingresa a la Sociedad de María, (Marianistas), siendo el primer sacerdote marianistas del Perú en 1963. Trabajó en la Parroquia Santa María Reina de San Isidro..  Fue  docente de la PUCP, de la Facultad de Teología, Pontificia y Civil de Lima y del ISET "Juan XXIII".

Fue electo Obispo de Tacna y Moquegua desde 1982 a 1991, fecha en que fue trasladado al Arzobispado de Lima, como obispo auxiliar. En este tiempo impulsó diversos círculos de estudio con profesionales (economía, derecho, salud, educación…) e intelectuales a los que presentaba y explicaba los documentos del Magisterio de la Iglesia. Colaboró de modo acucioso en la Conferencia Episcopal Peruana en temas educativos y culturales, así como en el candente asunto de la Teología de la Liberación.

Como primer ponente intervino José Antonio Varela, periodista, quien destacó en Monseñor Alzamora su inteligencia, voracidad lectora, su permanente inquietud para estimular a los comunicadores católicos fomentando su asociación, su presencia en el Sínodo de Lima, y en todos los medios.

En segundo lugar habló Álvaro Vera Gastañaduí, contador y economista, quien se centró en sus aportes a la relación del hombre y la sociedad, desde la Doctrina Social de la Iglesia, el Catecismo de la Iglesia Católica y documentos eclesiales, a partir de la evangelización de la cultura.

Por su parte, la doctora Carmen Meza Ingar, abogada, compartió sus reflexiones al candente tema de la Teología de la Liberación, su presencia en los consorcios de profesionales especializados en la Acción Católica y otras asociaciones como la de los químicos-farmacéuticos, además de los abogados.

Siguió José Belaunde Moreira, músico y humanista, hijo del célebre Víctor Andrés Belaunde, y padre de nueve hijos, nos compartió su amistad con Monseñor Alzamora gracias a las reuniones con Monseñor los domingos por la tarde en la parroquia de Santa María Reina.

A continuación hubo una rueda de preguntas con animado coloquio acerca de las diversas facetas cultivadas por el homenajeado. Como conclusión se vio la perspicacia de Monseñor Alzamora para clarificar temas como el de la "ideología de género", "teología de la liberación", "fe-cultura", transparencia y coherencia en la vida política, presencia en los medios y en la vida pública, sobre todo desde la educación y la familia.

Por feliz coincidencia este quince de mayo cumplía años el coordinador de estos amicales encuentros por lo que aprovecharon para felicitarle y degustar una rica torta en el mejor ambiente de familia, algo por cierto habitual en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.

 

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"¡Cómo no creer!. Señor de los Milagros

 

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