sábado, 11 de enero de 2020

Marcelino Legido, por Carlos Díaz

Marcelino Legido  Carlos Díaz

 

Colección Sinergia. Serie verde, nº 59, 2018
Fundación E. Mounier, Madrid, pp.85

La confesión del autor –Carlos Díaz- sobre su biografiado –P. Marcelino Legido- no puede ser más clara y contundente: "Marcelino Legido ha significado todo para mí; puedo asegurar sin el menor género de dudas que mis dos maestros en esta tierra han sido E. Mounier y él. Cuando el primero murió yo tenía menos cinco años, y al morir el segundo tenía setenta y dos. Siguen siendo dos influencias capitales, y lo serán hasta mi último aliento. Un niño de 17 años descubre a un ángel que le toma en sus almas, le enseña a leer las primeras letras de filosofía bajo una buhardilla en la Universidad de Salamanca a la sombra de don Miguel de Unamuno, y queda tocado ya en este primer vuelo uncial" (p.35).

Desde este inmenso cariño en menos de cien páginas -85- nos da la quintaesencia de su vida en tres artículos: "Esbozo biográfico" (pp.9-34) en el que se nos da cuenta de los hitos más destacados de su vida, "Traición de los obreros trans-terrados, traición de los campesinos en-terrados y traición de la institución errada" (pp.35-52), penetrando en el hondón del alma de este superdotado filósofo sacerdote comprometido con los emigrantes españoles en Alemania o los labradores de Cubo don Sancho (Salamanca), siempre en comunión con Dios y con sus pobres; por último, la tercera parte "Marcelino Legido y la filosofía española" (pp.53-85) nos brinda el contexto y pone en vitrina su tarea filosófica.  

Como subraya la contraportada del libro "la obra de Marcelino Legido permanece agotada o no adecuadamente reeditada, y desde luego en su mayor parte inédita, pero sobre todo carece de comentarios, algo sorprendente si tenemos en cuenta que Marcelino Legido, recientemente fallecido, ha sido un guía espiritual para la generación más despierta y ávida del seguimiento de Jesucristo en su más honda radicalidad. El presente estudio es tan sólo una de las primeras publicaciones respecto de su emocionante y bella hondura mística, al que ojalá sigan muchos otros, precisamente en estos tiempos oscuros en que la política ha sustituido a la mística".

Gracias, Carlos, por volvernos a obsequiar con lo mejor de ti que aquí es tu maestro, padre y hermano Marcelino. 

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domingo, 5 de enero de 2020

SÁNCHEZ ADALID, J. La tierra sin mal, 2004. Novela sobre las reducciones guaraníes

SÁNCHEZ ADALID, J.

La tierra sin mal, Ediciones B.S.A, Barcelona 2004, pp.´575

 

Aunque se escribió en el 2003, no he logrado leerla hasta en la presente Navidad 2019-2020

¡Qué gusto te da el ver coincidir el contenido de una novela histórica con lo que has estudiado en la Universidad, investigado en los archivos, vivido en la tierra que te describen y experimentado en alguno de los relatos!

Es la España del Quijote, la de su siglo de oro, la que se expande por América y el mundo entero, consciente de su grandeza pero herida y presa de sus incoherencias…

Es la Salamanca que celebra la creación de la Clerecía (otrora Colegio Real de los Jesuitas, hoy Universidad Pontificia) y que forja un pensamiento filosófico teológico sólido con la denominada Escuela de Salamanca que nos lega una conciencia crítica en la empresa de  conquista, poblamiento y cristianización de América, hasta cohonestar con la utopía de Moro y que cristalizará en las Reducciones guaraníes.

Es la Sevilla bullanguera, capital de una España globalizada donde se embarcan y desembarcan alimentos, ropas, dineros, personas, ideas, misiones…

Es la Compañía de Jesús, juvenil, vigorosa, que aplica Trento y el Barroco, tradición y modernidad, humanismo y espiritualidad.

Es la paradoja y a veces contradicción de cristianos que por codicia desdicen de su Dios y hasta atentan contra sus representantes. ¿Cómo se llegarán a entender un Tomás Llera, hidalgo extremeño que parte a las Indias en busca de fortuna, y Enrique Madrigal, un misionero utópico que viaja para participar en las reducciones jesuíticas de Paraguay? 

El autor logra hilvanar dos historias paralelas, como dos ilusiones enfrentadas, dos ambiciones distintas: el afán desmedido de riquezas y poder en unas Indias vírgenes y prometedoras, el mundo futuro armónico donde los hombres vivan felices, ajenos al egoísmo y el odio: la tierra sin mal. Me parecen magistrales las descripciones de personas así como de la vida social y cultural como los talleres de los imagineros y las procesiones.

De veras que me ha encantado por la investigación histórica que alienta el relato, la credibilidad de sus personajes tan bien construidos, los ambientes logrados, el equilibrio de las ideas que se postulan, lo entretenido de su trama y hasta los ideales que se inoculan. Enumero sus acápites: La España del siglo XVII, la América española  a comienzos del siglo XVIII, , Sevilla y la flota de Indias, la imaginería sevillana, el Madrid de los Austrias, el real y supremo Consejo de Indias, la sociedad española del siglo XVII, autos sacramentales y corrales de comedias, repartimientos-encomiendas y esclavización de los naturales, Iglesia en Indias y lamento misionero, Salamanca y la posición de sus teólogos en la cuestión de la evangelización pacífica, el viaje a las Indias, la Compañía de Jesús y las reducciones (trabajo, arte, música, danza y teatro),  la utopía, los bandeirantes, final de las Reducciones (pp. 549-570); nota del autor acerca del proceso de investigación y redacción de la novela (pp. 571-57)

 

A partir de ahora la recomendaré en la bibliografía de historia de América, tanto civil como religiosa. A mí me ha servido para lograr conocer mejor la vida cotidiana de este período histórico tan fecundo. 

 

https://delpergaminoalaweb.wordpress.com/2016/03/01/la-tierra-sin-mal/

 

La tierra sin malpublicada en el año 2003, es la cuarta novela del escritor extremeño Jesús Sánchez Adalid.

La trama se desarrolla en los comienzos del siglo XVII, una de los épocas más controvertidas de la historia de España, considerada como el período de la decadencia. Sánchez Adalid construye un fiel retrato de la sociedad española en los tiempos de Felipe III, del fascinante mundo de los viajes a las Indias, de la forma de vida en las colonias, y de las reducciones jesuíticas en el Paraguay.

Los protagonistas de la novela son dos personajes extremeños con intereses muy distintos: Tomás Llera, un hidalgo de Zafra, que parte a las Indias en busca de fortuna; y Enrique Madrigal, un jesuita de Trujillo, que viaja hasta las misiones jesuíticas guaraníes, movido por su vocación misionera, para tratar de proteger a los indios de los abusos cometidos por los conquistadores.

   «Las Indias estaban ahí, en la mente de Enrique, como en la de los viejos aventureros que habían sido elocuentes pregoneros de sus gloriosas épicas. Pero para el joven jesuita esa misteriosa atracción que ejercía la Nueva España no era el encandilamiento del oro, ni la pasión por hacerse un nombre que pasara a las crónicas de Indias; sino la extraña llamada a solventar los desmanes de las décadas precedentes en una diferente empresa, más evangelizadora y civilizadora.»

Nos encontramos ante una novela histórica, muy bien escrita, entretenida y fácil de leer. Una novela que se apoya en un gran trabajo previo de investigación y documentación histórica. Una hermosa novela, que rinde homenaje a la labor de aquellos abnegados religiosos misioneros que, como el jesuita Enrique Madrigal, se entregaron incondicionalmente a la defensa de los indios.

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    «–Bueno, padre, hemos llegado. Ahí tiene Loreto –dijo el sargento.
   Enrique descabalgó y contempló emocionado la misión desde un altozano. Loreto estaba ubicada en un magnífico lugar de la ribera del río Paranapané, cerca de donde éste confluía con el Pirapó, de menos caudal. Ambos ríos eran muy ricos en pescados. En sus orillas tenían los indios sus sementeras, muy frondosas por la tierra fértil, dejando la isla que se formaba entre los dos caudales para el ganado que pastaba libremente, muy tranquilo y orondo.
   Reinaba una calma especial a esa hora. La iglesia, de aspecto robusto, se alzaba al final de una plaza por donde transitaba la gente: niños, labradores a lomos de pequeños asnos, mujeres de paso sosegado hacia la iglesia, algún perro… Las construcciones que rodeaban la plaza principal tenían soportales sujetos por estructuras de madera muy bien dispuestas. Las casas se alineaban en un clásico plano en damero, con calles rectas que se cruzaban y un orden preciso que casi daba la sensación de pertenecer a un campamento militar. El conjunto era agradable a la vista, con sus árboles en las traseras, cuadras con cerdos, aves de corral subiéndose a los palos de los gallineros para dormir y, delante de las casas, un ir y venir de indios, vestidos de manera semejante, con aperos de labranza en las manos o descansando ya sentados junto a las puertas, conversando amigablemente.»

 SINOPSIS

La tierra sin mal narra las aventuras de dos hombres totalmente opuestos: Tomás Llera, un hidalgo extremeño que parte a las Indias en busca de fortuna, y Enrique Madrigal, un misionero utópico que viaja para participar en las reducciones jesuíticas de Paraguay. Es la historia de dos ilusiones enfrentadas, de dos ambiciones distintas: Llera sintetiza el afán desmedido de riquezas y poder en unas Indias muy prometedoras; Enrique confía en un mundo futuro armónico donde los hombres vivan felices, ajenos al egoísmo y el mal.

Desde la Sevilla de los marineros y los truhanes, de las cofradías de Semana Santa y las imágenes del Barroco, pasando por el Madrid de los Austrias, la Salamanca universitaria, la Castilla eterna y sobria, y los concurridos puertos canarios, el itinerario de ambos protagonistas se adentra en el Atlántico de los grandes viajes de ultramar, con escalas en Bahía, Río de Janeiro y Sâo Paulo hasta alcanzar el Paraguay selvático. Allí, la historia discurre por los agrestes parajes del Guairá, la ciudad colonial de Asunción y las misiones jesuíticas en las que los indios guaraníes buscan refugio de los bandeirantes, traficantes de esclavos portugueses que no desean perder su poder.

Jesús Sánchez Adalid transmite con maestría esa tensión constante de intereses y fuerzas que augura un desenlace fatal. Sin embargo, a lo largo de toda la novela subyace el sueño esperanzado de un mundo mejor expresado en el Yvimaranéÿ, la Tierra sin Mal, mito ancestral de los guaraníes que habla de una nueva y pacífica tierra en la que los hombres alcanzarán por fin sus anhelos.

 

JESÚS SÁNCHEZ ADALID

Jesús Sánchez Adalid (1962) nació en Villanueva de la Serena (Badajoz). Se licenció en Derecho por la Universidad de Extremadura y realizó los cursos de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Ejerció de juez durante dos años, tras los cuales estudió Filosofía y Teología. Además, es licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca. Es profesor de Ética en el Centro Universitario Santa Ana de Almendralejo.

Su amplia obra literaria ha conectado con multitud de lectores, gracias a la veracidad de sus argumentos y a la originalidad de sus descripciones, sustentadas en una profunda documentación. El escritor de novelas históricas, ha afirmado Sánchez Adalid, «debe realizar siempre un gran trabajo previo que servirá de marco honesto y real a su obra, a la vez que le facilitará la inspiración.»

En la justificación final de su novela, Félix de Lusitania, ha expresado que «los escritores que hemos optado por la novela histórica no pretendemos hacer Historia; sólo nos mueve un afán literario, pero son la Historia, la Arqueología y las Humanidades en general, nuestra fuente de inspiración. En mi caso desearía, eso sí, servir humildemente al lector para facilitarle un "viaje al pasado" en esta "máquina del tiempo" de tan fácil manejo que es el libro».

Sus novelas constituyen una permanente reflexión acerca de las relaciones humanas, la libertad individual, el amor, el poder y la búsqueda de la verdad.

La obra de Sánchez Adalid se ha convertido en un símbolo de acuerdo y armonía entre los pueblos, religiones y razas, algo especialmente necesario en un mundo desgarrado por la intolerancia y el fanatismo.

El autor extremeño ha afirmado en alguna ocasión que no escribe para escritores ni para críticos. Escribe para que se le lea, por eso procura que sus relatos sean entretenidos. «Escribo lo que a mí me gustaría leer y creo que por eso conecto con muchos lectores. En el fondo no somos tan distintos».

Ha publicado con gran éxito La luz del OrienteEl morázabe, Félix de Lusitania, La tierra sin mal, El cautivo, La Sublime Puerta, El caballero de AlcántaraLos milagros del vinoGaleónEl camino morázabe, Treinta doblones de oroY de repente, Teresa La mediadorauna novela que ha sido la ganadora del Premio Abogados de novela 2015 y en la que Jesús Sánchez Adalid aborda un tema de actualidad. Es también autor de Tras los pasos del abate viajero, una obra de encargo institucional que fue presentada en 2014.

En 2007 ganó el premio Fernando Lara por su novela El alma de la ciudad; en 2012 el premio Alfonso X el Sabio de Novela Histórica por Alcazaba; en 2013 el premio Internacional de Novela Histórica de Zaragoza por el conjunto de sus obra; el premio Diálogo de Culturas y el premio Hispanidad. En 2014 su novela Treinta doblones de oro recibió el premio Troa Libros con Valores.

En Extremadura ha sido distinguido con la Medalla de Extremadura y el premio Extremeños de Hoy.

Sánchez Adalid ha colaborado en Radio Nacional, en el diario Hoy y en revistas Historia National Geografic y Vida nueva. Actualmente colabora con Canal Historia (The History Channel), Volcán Producciones y Zebra Producciones.

FRAGMENTOS DE LA NOVELA 

 «El palacio de los duques de Feria era una sólida fortificación adosada a la muralla de Zafra. A pesar del aspecto exterior, con robustas torres y austeros muros, que le daba el aire de un impenetrable alcázar, el interior de la imponente mole de piedras era un refinadísimo edificio que se disponía alrededor de un elegante patio revestido con mármoles, en cuyo centro resplandecía una hermosa fuente esculpida también en mármol que borboteaba resonando alegre en las galerías. El resto de la residencia estaba dispuesto en terrazas, a las que se accedía por un intrincado sistema de corredores abovedados.»

   «–Es la creencia en la Tierra sin Mal la más hermosa esperanza de estas criaturas –refirió el padre González– . Desde sus más lejanos ancestros, creen ellos que los hombres podrán llegar un día a un lugar, una especie de paraíso; el más deslumbrante de los espacios que el hombre puede soñar. Es ése el sitio de la eterna juventud; donde no se muere y reina la abundancia. El maíz crece sin ser cultivado, las flechas cazan solas y el hombre es liberado allí de la obligación del trabajo.

   –¿Es pues el cielo? –preguntó Enrique–. ¿La gloria de la que hablan las escrituras?

  –No exactamente –respondió el padre González–. Es para el guaraní un lugar concreto, real, que se ubica hacia el este, en la dirección de donde viene el sol, la luz. Por eso la búsqueda de la Tierra sin Mal es para ellos lo principal. Estos indios, antes de la conquista, vagaban por las selvas en un éxodo constante, subyugados por la convicción de encontrar un día sus idílico paraíso. Este afán los hacía recorrer incansablemente la tierra en busca del bien absoluto y les llevaba a seguir ciegamente a quienquiera que invocase conocer a Dios.»

 

 

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sábado, 4 de enero de 2020

EL RETABLO DEL MILAGRO DE SAN JOSÉ EN SALAMANCA

Gracias a Juan Ramajo de la parroquia "El Milagro de San José", les comparto estos datos de interés acerca del encantador retablo de su templo. Tuve el honor de escuchar de labios de su inspirador, el P. Basabe, la motivación inicial de ilustrar que fue un auténtico milagro del santo que suscitó la colaboración "ladrillo a ladrillo".

 

Autor:

La verdad es que recién me entero de que su autor es el gran artista que inmerecidamente nos dio clase de dibujo a los juguetones estudiantes del Instituto "Fray Luis de León" allá por 1970. Don José Luis Núñez Solé, zamorano de  nacimiento (10 de diciembre de 1927), pasa casi toda su vida en Salamanca, donde nacerá su vocación artística. Apoyado por Mariano Benlliure, en 1942 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid y en 1951, obtiene una beca del Gobierno francés para trabajar en París.  Núñez Solé se dedica el mundo de las bellas artes, siendo el autor de múltiples esculturas de temática religiosa en Salamanca aunque, como otros tantos artistas, debe compaginar su labor artística con otros trabajos "alimenticios", como la docencia en las ciudades de Salamanca y Valladolid. En esta última ciudad fallece el 23 de diciembre de 1973. El retablo se realizó en 1956 en barro cocido policromado y su tema es el Nacimiento, la Adoración de los pastores y la Epifanía, la universalidad de la Salvación de Dios.

 

A LA LUZ DE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DE SAN IGNACIO

1. Composición viendo el lugar)

La forma de tríptico nos recuerdo a la Contemplación de la Encarnación de los Ejercicios Espirituales "Ansí nuevamente encarnado" [E.E., 109] La Natividad, junto con la Encarnación, es una de las contemplaciones centrales de los Ejercicios Espirituales. "Parió su Hijo primogénito y lo envolvió con paños y lo puso en un pesebre. Llegóse una multitud del exército celestial que decía: gloria sea a Dios en los cielos" [E.E., 264].

2. Oración de petición

"Conocimiento interno del Señor, que por mi se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga" [E.E., 104]

3. Míralo viendo sus partes: El Nacimiento, Adoración de los Magos, Adoración de los pastores, Anuncio y fiesta de los ángeles, Dones y ofrendas (Ver las personas)

"El primer punto es ver las personas, es a saber, ver a Nuestra Señora y a Joseph y a la ancilla y al niño Jesú, después de ser nascido, haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, contemplándolos y sirviéndolos en sus necesidades como si presente me hallase" [E.E., 141]

4. Considera lo que hablan

"El segundo, mirar, advertir y contemplar lo que hablan; y refiriendo en mi mismo, sacar algún provecho" [E.E.,115]

5. Mira lo que hacen
"El tercero, mirar y considerar lo que hacen, así como es el caminar y trabajar, para que el Señor sea nascido en summa pobreza," [E.E.,116]

http://www.milagrosj.es/noticias/127-el-retablo

 

EN AMBIENTE DE NAVIDAD

 

Estamos ante la escena de la natividad, y nos pregunta ¿Cómo ver nuestra experiencia de peregrinación a la luz de este retablo?  Todos miran hacia el centro. Cada uno de los personajes nos va a ir contando su experiencia sin olvidar que en el camino lo importante no es lo que dejas, sino hacia donde caminas.

Reyes:

Salí de mi casa, peregrino en busca de Jesús. Salí de mi tierra y me uní a otros de distintos orígenes, pero con una misma tarea. Lejos queda mi  "otra vida". Aquí traemos nuestra ofrenda, incienso, oro, mirra... y nuestra vida.

Pastores:

Mi vida es la de un caminante permanente, en busca del Salvador, del Liberador. He descubierto que mi esperanza se hace realidad  en un humilde e insignificante niño. Le traigo lo poco que tengo: un pan, vino, un cordero,… y mi vida.

Ángeles:

Somos anuncio de la Buena Noticia: Gloria en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres de buena voluntad. San José:

Yo no entiendo mucho lo que está pasando, esta situación me desborda, pero estoy dispuesto a servir.

María:

No tengo otra palabra más que decir: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra. (Lc. 1,38)

Jesús:

Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida; nadie va al Padre, sino por Mí. (Jn. 14,6)

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jueves, 2 de enero de 2020

MANOS VACÍAS DEL PASTORCITO DE BELÉN PARA ACOGER AL NIÑO DIOS POR MEDIO DE SU MADRE


¡Qué alegría ver los entrañables nacimientos peruanos, belenes, por toda la tierra! Les comparto uno de los que luce en Madrid y que me ha hecho recordar la hermosa leyenda narrada por Francisco el día de Nochebuena. ¡Quién no se identifica con este pastorcito?  

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Basílica Vaticana
Martes, 24 de diciembre de 2019

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande» (Is 9,1). Esta profecía de la primera lectura se realizó en el Evangelio. De hecho, mientras los pastores velaban de noche en sus campos, «la gloria del Señor los envolvió de claridad» (Lc 2,9). En la noche de la tierra apareció una luz del cielo. ¿Qué significa esta luz surgida en la oscuridad? Nos lo sugiere el apóstol Pablo, que nos dijo: «Se ha manifestado la gracia de Dios». La gracia de Dios, «que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2,11), ha envuelto al mundo esta noche.

Pero, ¿qué es esta gracia? Es el amor divino, el amor que transforma la vida, renueva la historia, libera del mal, infunde paz y alegría. En esta noche, el amor de Dios se ha mostrado a nosotros: es Jesús. En Jesús, el Altísimo se hizo pequeño para ser amado por nosotros. En Jesús, Dios se hizo Niño, para dejarse abrazar por nosotros. Pero, podemos todavía preguntarnos, ¿por qué san Pablo llama "gracia" a la venida de Dios al mundo? Para decirnos que es completamente gratuita. Mientras que aquí en la tierra todo parece responder a la lógica de dar para tener, Dios llega gratis. Su amor no es negociable: no hemos hecho nada para merecerlo y nunca podremos recompensarlo.

Se ha manifestado la gracia de Dios. En esta noche nos damos cuenta de que, aunque no estábamos a la altura, Él se hizo pequeñez para nosotros; mientras andábamos ocupados en nuestros asuntos, Él vino entre nosotros. La Navidad nos recuerda que Dios sigue amando a cada hombre, incluso al peor. A mí, a ti, a cada uno de nosotros, Él nos dice hoy: "Te amo y siempre te amaré, eres precioso a mis ojos". Dios no te ama porque piensas correctamente y te comportas bien; Él te ama y basta. Su amor es incondicional, no depende de ti. Puede que tengas ideas equivocadas, que hayas hecho de las tuyas; sin embargo, el Señor no deja de amarte. ¿Cuántas veces pensamos que Dios es bueno si nosotros somos buenos, y que nos castiga si somos malos? Pero no es así. Aun en nuestros pecados continúa amándonos. Su amor no cambia, no es quisquilloso; es fiel, es paciente. Este es el regalo que encontramos en Navidad: descubrimos con asombro que el Señor es toda la gratuidad posible, toda la ternura posible. Su gloria no nos deslumbra, su presencia no nos asusta. Nació pobre de todo, para conquistarnos con la riqueza de su amor.

Se ha manifestado la gracia de Dios.Gracia es sinónimo de belleza. En esta noche, redescubrimos en la belleza del amor de Dios, también nuestra belleza, porque somos los amados de Dios. En el bien y en el mal, en la salud y en la enfermedad, felices o tristes, a sus ojos nos vemos hermosos: no por lo que hacemos sino por lo que somos. Hay en nosotros una belleza indeleble, intangible; una belleza irreprimible que es el núcleo de nuestro ser. Dios nos lo recuerda hoy, tomando con amor nuestra humanidad y haciéndola suya, "desposándose con ella" para siempre.

De hecho, la «gran alegría» anunciada a los pastores esta noche es «para todo el pueblo». En aquellos pastores, que ciertamente no eran santos, también estamos nosotros, con nuestras flaquezas y debilidades. Así como los llamó a ellos, Dios también nos llama a nosotros, porque nos ama. Y, en las noches de la vida, a nosotros como a ellos nos dice: «No temáis» (Lc 2,10). ¡Ánimo, no hay que perder la confianza, no hay que perder la esperanza, no hay que pensar que amar es tiempo perdido! En esta noche, el amor venció al miedo, apareció una nueva esperanza, la luz amable de Dios venció la oscuridad de la arrogancia humana. ¡Humanidad, Dios te ama, se hizo hombre por ti, ya no estás sola!

Queridos hermanos y hermanas: ¿Qué hacer ante esta gracia? Una sola cosa: acoger el don. Antes de ir en busca de Dios, dejémonos buscar por Él, porque Él nos busca primero. No partamos de nuestras capacidades, sino de su gracia, porque Él es Jesús, el Salvador. Pongamos nuestra mirada en el Niño y dejémonos envolver por su ternura. Ya no tendremos más excusas para no dejarnos amar por Él: Lo que sale mal en la vida, lo que no funciona en la Iglesia, lo que no va bien en el mundo ya no será una justificación. Pasará a un segundo plano, porque frente al amor excesivo de Jesús, que es todo mansedumbre y cercanía, no hay excusas. La pregunta que surge en Navidad es: "¿Me dejo amar por Dios? ¿Me abandono a su amor que viene a salvarme?".

Un regalo así, tan grande, merece mucha gratitud. Acoger la gracia es saber agradecer. Pero nuestras vidas a menudo transcurren lejos de la gratitud. Hoy es el día adecuado para acercarse al sagrario, al belén, al pesebre, para agradecer. Acojamos el don que es Jesús, para luego transformarnos en don como Jesús. Convertirse en don es dar sentido a la vida y es la mejor manera de cambiar el mundo: cambiamos nosotros, cambia la Iglesia, cambia la historia cuando comenzamos a no querer cambiar a los otros, sino a nosotros mismos, haciendo de nuestra vida un don.

Jesús nos lo manifiesta esta noche. No cambió la historia constriñendo a alguien o a fuerza de palabras, sino con el don de su vida. No esperó a que fuéramos buenos para amarnos, sino que se dio a nosotros gratuitamente. Tampoco nosotros podemos esperar que el prójimo cambie para hacerle el bien, que la Iglesia sea perfecta para amarla, que los demás nos tengan consideración para servirlos. Empecemos nosotros. Así es como se acoge el don de la gracia. Y la santidad no es sino custodiar esta gratuidad.

Una hermosa leyenda cuenta que, cuando Jesús nació, los pastores corrían hacia la gruta llevando muchos regalos. Cada uno llevaba lo que tenía: unos, el fruto de su trabajo, otros, algo de valor. Pero mientras todos los pastores se esforzaban, con generosidad, en llevar lo mejor, había uno que no tenía nada. Era muy pobre, no tenía nada que ofrecer. Y mientras los demás competían en presentar sus regalos, él se mantenía apartado, con vergüenza. En un determinado momento, san José y la Virgen se vieron en dificultad para recibir todos los regalos, muchos, sobre todo María, que debía tener en brazos al Niño. Entonces, viendo a aquel pastor con las manos vacías, le pidió que se acercara. Y le puso a Jesús en sus manos. El pastor, tomándolo, se dio cuenta de que había recibido lo que no se merecía, que tenía entre sus brazos el regalo más grande de la historia. Se miró las manos, y esas manos que le parecían siempre vacías se habían convertido en la cuna de Dios. Se sintió amado y, superando la vergüenza, comenzó a mostrar a Jesús a los otros, porque no podía sólo quedarse para él el regalo de los regalos.

Querido hermano, querida hermana: Si tus manos te parecen vacías, si ves tu corazón pobre en amor, esta noche es para ti. Se ha manifestado la gracia de Dios para resplandecer en tu vida. Acógela y brillará en ti la luz de la Navidad.

 http://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2019/documents/papa-francesco_20191224_omelia-natale.html


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Video homenaje a Manolo

"¡Cómo no creer!. Señor de los Milagros

 

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