martes, 26 de enero de 2021

CUSTODIOS DEL PATRIMONIO EN VÍSPERAS DEL BICENTENARIO EN EL PERÚ

CUSTODIOS DEL PATRIMONIO EN VÍSPERAS DEL BICENTENARIO

VI ENCUENTRO DE RESPONSABLES DE BIENES CULTURALES 2020

 

El año 2020 siempre será recordado en todos los ámbitos de la sociedad como una época de cambios y adaptaciones producto de la pandemia del covid 19, pero esta no mermó la actitud beligerante de muchos peruanos en la defensa del Patrimonio Cultural, tanto material e inmaterial. Ante ello, la Comisión Episcopal para la Educación, Cultura y Bienes Culturales de la Conferencia Episcopal Peruana en trabajo conjunto con sus Miembros Consultores llevaron a cabo la realización del  VI Encuentro de Responsables de Bienes Culturales, bajo el lema: "Vio entonces Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno". Evento realizado los días 11 y 13 de noviembre, en forma virtual, que congregó a 113 participantes, entre religiosos y laicos, provenientes de las diversas jurisdicciones eclesiásticas del Perú,  así como de América Latina y Europa.

 

 

Bajo la presencia del Señor, este encuentro fue inaugurado por Mons. Robert Prevost, OSA, Obispo de Chiclayo, Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao y Presidente de esta Comisión quien además presentó a los Miembros Consultores para todo tipo de apoyo en las diferentes jurisdicciones.

 

En la primera jornada se desarrollaron tres ponencias, siendo la inicial "La importancia del registro de los bienes culturales" a cargo de la Dra. Cecilia Bákula quien enfatizó la relación que tiene la fe y devoción con el patrimonio que resguarda la Iglesia y a partir de ello, crear conciencia en el pueblo para preservarlo. El registro de un bien conlleva a integrar tres aspectos: objeto, materia y valor simbólico, los cuales permiten que esta labor no sea de escritorio sino de trascendencia. Además afirmó la necesidad de hacerlo porque si se sustrae uno de estos bienes no se pierde un objeto, sino un eslabón en la evangelización, en la comprensión de la identidad católica del Perú.

 

La segunda ponencia fue la referida a la "Presentación del manual de instrucciones" dirigida por las consultoras de la Comisión Episcopal de bienes culturales Lic. Emma Montalvo, Arq. Liliana Saldívar y Lic. Cynthia Gonzales, dando a conocer las nuevas propuestas de conservación y preservación de los bienes que custodia la Iglesia en el Perú, así como el trabajo conjunto con instituciones relacionadas al rubro. El preciado documento actualiza y completa al que ha servido durante varios años a la Comisión. Tanto por los responsables del mismo como por cuantos participantes constataron la valía del mismo se espera que en breve se publique, difunda y se convierta en práctico manual que usen todos los que buscan un compromiso real con la custodia de nuestro patrimonio.

La conclusión del primer día se dio con la ponencia presentada por el Sr. Francisco Vargas, Jefe del Centro de Restauración de la Dirección Descentralizada Cusco - Ministerio de Cultura denominada "Procesos para la elaboración de expediente técnico para la conservación y restauración de bienes culturales muebles" mediante la cual proporcionó los lineamientos para preservar un bien cultural a través de su experiencia laboral.

 

La segunda jornada comenzó recordando los 1666 años del natalicio de san Agustín, el gran Maestro de la Interioridad, y se presentaron cuatro ponencias. La primera ponencia "El marco jurídico representado por el Acuerdo Santa Sede – Perú" fue ejecutada  del Dr. Juan José Ruda Santolaria mostrando las directrices legales para ejecutar  labores de conservación, catalogación y mantenimiento de los bienes de la iglesia teniendo presente el Concordato o acuerdo de colaboración para el mayor bien de la vida religiosa y civil de la Nación firmado el 26 de julio de 1980. Luego se prosiguió con la ponencia "Informe del Convenio Marco" desarrollada por la Dra. Mariela Pérez, Asesora de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y del Dr. Pedro Bustamante, Asesor Legal de la Conferencia Episcopal Peruana, quienes detallaron los avances del trabajo interdisciplinario entre el Ministerio de Cultura y la Conferencia Episcopal Peruana en los ámbitos de prevención, conservación y restauración.

 

El Dr. José Antonio Benito, miembro consultor de la Comisión Episcopal, presentó como tercera ponencia el "Significado histórico del Bicentenario: Un Patrimonio que nos desafía" quien animó a los participantes desde sus iniciativas personales, académicas, investigativas y corporativas a celebrar esta gran Fiesta Nacional como un proyecto integrador. Para ello nos invita a vivir, valorar y difundir el pasado, presente y futuro del Perú. Finalizó presentando el proyecto de la Comisión de Bienes Culturales frente a este acontecimiento referido al aporte de la Iglesia en el  desarrollo de la Educación en nuestro país. La última ponencia referida a las "Experiencias de algunas jurisdicciones" dio a conocer el trabajo pormenorizado en favor del patrimonio eclesial del "Arzobispado de Arequipa" a cargo de la Sra. Lucía Pastor, del "Museo de la Catedral de Lima y Palacio Arzobispal" a cargo del Sr. Fernando López, miembro consultor del área de bienes culturales de la Conferencia Episcopal y del "Monasterio de Santa Teresa de Arequipa" a cargo de Sr. Franz Grupp.

 

El Congreso fue clausurado por el P. Rubén Risco Torres, Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal quien agradeció en nombre de Monseñor Prevost e invitó a no bajar la guardia en lo referente a la preservación del patrimonio en las diferentes Arquidiócesis y Diócesis del Perú.

 

Un buen empujón para que en todas las demarcaciones eclesiales se constituya un equipo responsable que haga realidad el sueño del Papa Juan Pablo II cuando al cruzar el umbral del nuevo milenio insistió en catalogar, custodiar, promover el formidable tesoro de los bienes culturales religiosos. Los más de cien participantes así lo han manifestado. Un medio estupendo será la difusión y aplicación del MANUAL DE INSTRUCCIONES. 

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lunes, 25 de enero de 2021

DISCURSO DE MONSEÑOR MIGUEL CABREJOSPOR EL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA EN EL NORTE PERUANO, CON MOTIVO DELENTIERRO DE LAS EXEQUIAS DE DON JOSÉ BERNARDO DE TORRE TAGLE Y DOÑA MARIANAECHEVARRIA DE TORRE TAGLE EN LA CRIPTA DE LA CATEDRAL DE TRUJILLO

DISCURSO DE MONSEÑOR MIGUEL CABREJOS POR EL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA EN EL NORTE PERUANO, CON MOTIVO DEL ENTIERRO DE LAS EXEQUIAS DE DON JOSÉ BERNARDO DE TORRE TAGLE Y DOÑA MARIANA ECHEVARRIA DE TORRE TAGLE EN LA CRIPTA DE LA CATEDRAL DE TRUJILLO

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Hoy, 29 de diciembre, conmemoramos el bicentenario de la Independencia de Trujillo, Norte peruano, piedra angular de la gesta emancipadora de nuestro país.

 

I.                   Don José Bernardo Torre Tagle

 

En este bicentenario recordamos a Don José Bernardo de Tagle y Portocarrero, intendente de Trujillo en 1820, quien luego ejerció el gobierno de la República del Perú durante cuatro períodos, entre 1822 y 1824, en momentos muy difíciles y fundamentales para el naciente Estado peruano, gestando un liderazgo pionero en Trujillo, al servicio del prójimo y del bien común. El 16 de agosto de 1823, fue elegido Presidente de la República por el Primer Congreso del Perú, reunido en Lima, presidido por Francisco Javier de Luna Pizarro, posteriormente Arzobispo de Lima.

 

Don Torre Tagle, desarrolló "una clara conciencia de su ser peruano", y su vida "no es ajena al fenómeno precursor"[1]. En diciembre de 1820, tomó abierto partido por la insurgencia, muy probablemente influenciado por la carta de Don José de San Martín y sin duda conociendo ya los movimientos de los patriotas lambayecanos. Su participación fue central en el proceso emancipador, pues no sólo declara la independencia de Trujillo, sino que impulsa las de las intendencias de Piura, Cajamarca y Moyobamba. Fallece el 23 de setiembre de 1825 en el Callao, a los 46 años de edad.

II.                Trujillo en 1820, grito libertario.

Los movimientos independentistas y las intenciones libertarias en el norte peruano en las que resaltaban los lambayecanos, estuvieron desde mucho antes de la llegada de Don José de San Martín al Perú.  En ellas destaca el prócer Juan Manuel Iturregui y Aguilarte, quien entre 1812 y 1817 había estudiado en el entonces Real Convictorio de San Carlos.

Al llegar la Expedición Libertadora a Pisco, la relación entre los patriotas del norte y el general José de San Martín se hizo mucho más fluida.  Para entonces, Torre Tagle ya había decidido tomar partido por la Patria, convocando el Cabildo Abierto del 24 de diciembre de 1820, en el que pronunció un enérgico y sentido discurso. Sus acciones posteriores permitieron las declaraciones de independencia de Trujillo, Piura, Cajamarca y Moyobamba. El 27 de diciembre del mismo año, el pueblo trujillano se reunió en la plaza y dio un gran grito que infundió temor entre los realistas, el grito libertario.

El Acta de la Independencia de la Intendencia de Trujillo fue firmada en la Capilla del Colegio Seminario San Carlos y San Marcelo, el 29 de diciembre de 1820, cuando en la noche previa flameó la primera bandera nacional.

La ceremonia solemne de declaración de la independencia se efectuó en la galería del Ayuntamiento y Torre Tagle exclamó: "Felices moradores de esta provincia, ya sois libres, ya sois independientes. Prorrumpid pues, a imitación de vuestro gobernador y general, en tonos modulares de gozoso entusiasmo, en festivas aclamaciones de ¡Viva la Patria!, ¡Viva la Independencia!, ¡Viva la Unión y Libertad!"[2].

 

III.             La Iglesia Católica y la nación peruana

La Iglesia católica contribuyó con la gesta emancipadora con próceres destacados, entre ellos el Padre Toribio Rodríguez de Mendoza quien fue Rector del Real Convictorio de San Carlos que contribuyó a la formación de liderazgos patriotas, varios de los cuales estuvieron en la gesta del Norte peruano.

A nivel eclesiástico, en el siglo XIX, en el momento de la Independencia, la Iglesia católica contaba sólo con las diócesis de Lima, Cuzco, Trujillo, Arequipa, Huamanga y Maynas-Chachapoyas; esto es, seis (6) en total. Hoy, en 2020, las jurisdicciones eclesiásticas son 46, incluyendo al Obispado Castrense

Jorge Basadre reconoce que la Iglesia tuvo una significativa contribución en la perspectiva de vida peruana que se concretó en un ideal de superación individual y colectiva que debía ser obtenido por el aprovechamiento de sus riquezas, la defensa y acrecentamiento de su población, la creación de un mínimo de bienestar para cada ciudadano y de oportunidades adecuadas para todos.   Las formas de materializarla eran, por un lado, la preocupación ideológica, espiritual, tendiente a la afirmación patriótica de la nacionalidad; y por otro la búsqueda del desarrollo material del país[3].

El mismo General San Martín propuso a Santa Rosa de Lima como Patrona de la Orden del Sol, institución creada con el objetivo de premiar los servicios que personas civiles y militares hubieran realizado en favor de la emancipación nacional. Por otro lado, San José fue declarado Patrono de la República del Perú en1828 por el Congreso Constituyente, restituyendo la fiesta del Santo Patriarca en el calendario de fiestas de guardar.

Preclaros padres de la patria fueron clérigos, tales como Francisco Javier de Luna Pizarro, Bartolomé Herrera, Deán Valdivia. Basadre mismo sostiene que el sacerdocio en el Perú contribuyó a fundar la Patria; alentó a los libertadores; estuvo íntimamente ligado tanto a la vida pública como a la vida social y privada; trabajando por la cultura, orientando desde el aula y la tribuna, defendiendo los más altos valores espirituales y morales, compartiendo las grandes festividades y los más luctuosos momentos de la nacionalidad.

La Iglesia en la época y posteriormente promovió la escolarización de los hermanos indígenas, la educación gratuita propiciada por el Estado, la incorporación de las artes plásticas y musicales a través de la educación, creando centros de educación básica y universitaria, impulsando la enseñanza técnica, la educación secundaria, profesional y superior femenina, la educación de huérfanos, la educación de adultos, el sindicalismo apostólico de profesores; renovando la formación pedagógica, así como la participación de los padres de familia en la escuela, aportando con eminentes educadores y educadoras.

También la Iglesia jugó un rol clave en la fundación de las ciudades, el cuidado de las fronteras, la organización de Monasterios y conventos, así como Concilios, Juntas, Sínodos, que permitieron el desempeño territorial de la República con la incansable labor de los Misioneros y de maestros en el arte, la arquitectura, la escultura, la pintura, la lingüística.

 

Sobresalieron desde mucho antes Santos, beatos, siervos de Dios con conmovedora labor caritativa y social.  Las propias Fiestas patronales fueron convertidas en patrimonio cultural y genuinas expresiones de religiosidad popular y de veneración mariana como es el Caso de la Virgencita de La Puerta. Todo esto lo resaltó el Papa Francisco en su visita a Trujillo en enero de 2018, refiriéndose al Perú como "tierra ensantada".

 

La Nación peruana y la Iglesia fueron, son y serán aliadas en los tiempos actuales. Caminemos juntos inspirándonos en las nuevas perspectivas de la sinodalidad, expresión eclesial que hace referencia al caminar-juntos (syn – odos). El propio Papa Francisco en Trujillo nos dijo que…"el alma de una comunidad se mide en cómo logra unirse para enfrentar los momentos difíciles, de adversidad para mantener viva la esperanza…"en el amor que se tengan los unos a los otros" (Jn 13,35).[4]

 

IV.             Caminemos juntos hacia el desarrollo humano integral y solidario.

 

El Papa Francisco en la Encíclica Fratelli Tutti resalta la amistad social que debemos cultivar con esmero; amistad que no excluye a nadie, sino que incluye, pues la fraternidad está abierta a todos (Cfr.FT 94), en la medida en que nos preocupemos los unos por los otros (Cfr.FT 96).

Caminar hacia un crecimiento genuino e integral (Cfr. FT 113) es en sí un llamado a la solidaridad, a pensar y actuar en términos de comunidad, reconociendo la prioridad de la vida digna de todos. La Solidaridad es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, de la desigualdad, de la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, contra la negación de los derechos sociales y laborales (Cfr. FT 116).

El verdadero desarrollo tiene que asegurar los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los derechos de las naciones y de los pueblos (Cfr. FT 122).

Hoy como ayer, recordando la gesta emancipadora, la fraternidad y la amistad social nos convoca a ser hombres y mujeres con amor político, capaces de integrar la economía a un proyecto político social, cultural y popular (Cfr. FT 154). Hoy el país necesita una política que esté al servicio del verdadero bien común. Una política con ética.

Para lograrlo, debemos asumir la cultura del diálogo, de la colaboración recíproca, pero con la convicción que solo identificándonos con los últimos llegaremos a ser hermanos de todos.

 

Don José Bernardo Torre Tagle y Doña Mariana Echevarría de Tagle que soñaron con un país libre y unido, descansen en Paz y que el Dios de la Vida y la Santísima Virgen de la Puerta nos iluminen en la gesta de un Perú renovado en que todos especialmente los más pobres y marginados, puedan vivir con dignidad. 

 

Paz y Bien.

 

Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte OFM

Arzobispo Metropolitano de Trujillo

Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana

Presidente del CELAM.

 

29 diciembre 2020

 



[1] CASTRO, José Luis: "El Marqués Bernardo de Torre Tagle, ¿patriota o traidor?, Torre Tagle y la Independencia de Lambayeque en: Revista Archivo General de la Nación 2017 No. 32.

[2] Ortiz de Zevallos, Javier: "Trujillanos memorables" en R. Cavero Egúsquiza, "Páginas de la historia sanmartiniana en el Perú, Antología 1820-1822 Lima, Perú Industrial, 1970, pág. 129

[3] Cfr. Basadre, Jorge, Historia de la República del Perú, 1822-1933. Tomo I, El Comercio.

[4] Homilía del Papa Francisco, Eucaristía en Huanchaco. 

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miércoles, 20 de enero de 2021

72 AÑOS DELMILAGRO DEL ARROZ DE SAN JUAN MACÍAS EN OLIVENZA

72 AÑOS DEL MILAGRO DEL ARROZ DE SAN JUAN MACÍAS EN OLIVENZA

 

Relato de la cocinera Leandra Rebollo y otros milagros del santo amigo de san Martín de Porres

 

José Antonio Benito

 

Cada 23 de enero se conmemora en Olivenza (Badajoz-España) un hecho divino extraordinario, una intervención de Dios, por mediación de San Juan Macías, el dominico amigo de San Martín de Porres, cuyas reliquias se veneran en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lima. Me refiero al Milagro de la multiplicación del Arroz, ocurrido el 23 de enero de 1949 en la cocina del colegio de San José, hoy centro parroquial, después de que Leandra Rebollo, pidiese por mediación de San Juan Macías que los pobres pudieran comer aquel domingo: "Ay Beato, y tus pobres sin comer". Tuve la suerte de visitarlo en el 2018 y escuchar el entrañable testimonio de labios de tres de sus testigos que aparecen en la foto.

 

El padre Luis Zambrano Blanco –hoy en proceso de beatificación- había fundado en 1934, con la señorita María Grajera Vargas, una Institución con el nombre Hogar de Nazaret, así como un Instituto Secular del mismo nombre, para ayudar a los sacerdotes en las parroquias. Y puso la Institución bajo el patrocinio del beato Juan Macías.

La primera casa fue abierta en el pueblo natal del santo, Ribera del Fresno, también del siervo de Dios P. Diego Martínez, jesuita confesor de Santa Rosa de Lima.

El 23 de enero de 1949, domingo, siendo párroco de Olivenza, ocurrió en este pueblo el milagro de la multiplicación del arroz, aprobado por la Iglesia para la canonización del beato Juan Macías.

La cocinera, Leandra Rebollo Vázquez, lo narró así: Aquel día, las cosas no se habían desarrollado como de costumbre, porque, no habiendo recibido recados, no podía preparar el almuerzo para los pobres, ni para los niños de la escuela. Me limité sólo a preparar comida para las chicas de la "Protección de menores".

 

Del almacén de la cocina había sacado yo misma tres tazas de arroz, menos de un kilo, no más. No se sacaba nunca para los pobres y, en aquel momento, no hubiese podido pedir a la Directora del Hogar, que estaba en Villarreal, un pueblecito del campo

 

Las tres tazas sólo alcanzaban para las chicas; eran absolutamente insuficientes para la comida de los pobres, y menos para las chicas, los chicos y los pobres, todos juntos.

 

Se lo comuniqué a la señorita Ana María Marzal (encargada de organizar los grupos de reparto) y, pensando en los pobres, echando las tazas de arroz a la olla, dije: "¡Bienaventurado, los pobres sin comida!". Para mí que soy de Ribera del Fresno y para todas nosotras (del Hogar), cuando decimos "el bienaventurado", sólo nos referimos al bienaventurado Juan Macías.

 

La olla de hierro esmaltado a donde eché los 750 gramos de arroz, con poquita carne, tenía una capacidad  de 10 litros. Salí de la cocina... la única persona que estaba en el piso, era la madre del párroco. El acceso al lugar estaba prácticamente impedido a cualquier persona, hubiesen debido llamarme y yo hubiese salido a abrirles la puerta. Después de un cuarto de hora, más o menos, regresé a la cocina, para controlar la cocción del arroz, y noté con asombro que la cantidad de arroz aumentaba y el nivel subía hasta el borde de la olla.

 

Al ver el prodigioso aumento del arroz no me quedó más remedio que llamar a la madre del párroco; la cual, siendo ya mayor, se acercó con dificultad a la cocina y, viendo la olla llena, me dijo: "Tendremos que buscar otra olla, porque ésta rebosa". No me acuerdo si llamé inmediatamente al párroco o a la Directora para que acudieran al Hogar... o si, en la cocina, ya empecé a echar a otra olla el arroz rebosante; pero, antes o después que fuese, empezamos a sacar el arroz y a echarlo a una segunda olla, más pequeña que la primera, como de ocho litros; pero, dado que el nivel de la primera olla seguía subiendo sobre el fuego, tuvimos que buscar, fuera de casa, una tercera olla, más o menos como la primera, que nos prestó la señora Isabela Fuentes.

 

El padre Luis Zambrano declaró: Al entrar en la cocina, sobre el fuego, había dos envases; el primero, una cacerola, donde se habían echado las tazas de arroz. A su lado había una olla más alta, cilíndrica, un poco redonda. La primera estaba casi toda llena de arroz; al removerlo, el arroz del fondo aparecía crudo, por lo cual se veía necesario sacarlo de ahí. Entonces yo mismo saqué bastante cantidad de arroz y lo eché a la olla que estaba al lado, donde acababa de cocerse; y se le repartió a las chicas y a los chicos que esperaban el almuerzo.

 

Me quedé delante del aparato de la cocina, desde que llegué hasta las 4:30 pm ó 4:45 pm. Yo mismo saqué parte del arroz de la primera cacerola a la olla que estaba sobre el fuego; a pesar de ir sacando arroz, el nivel de la primera no disminuía. Puedo dar testimonio de este hecho hasta con mi misma vida.

 

La cantidad de arroz multiplicado se puede deducir de las raciones repartidas, que fueron aproximadamente ciento cincuenta, entre los pobres y los chicos; destacando que los chicos y chicas comieron todo lo que quisieron; y a los pobres de la calle —aproximadamente unos ochenta o noventa— se les brindó un cucharón a cada persona, y para algunos un poco más, según el número de los familiares necesitados.

 

La directora del Hogar Nazareth, María Grajera Vargas, presente en el fenómeno, declaró: Yo observaba que, removiendo el arroz con el cucharón, aparecían nuevos granos de arroz, duros y blancos. Me consta que unos granos de este arroz fueron recogidos y se guardan con veneración.

 

Carmen Núñez dice: No se explica cómo el arroz, después de tanto tiempo de cocción, podía aparecer todavía crudo. Y Rosa Andrade Castaño: Agarré en mis manos y guardé en un papel unos granos cocidos y otros crudos.

 

El hecho fue que, durante cuatro horas, estuvieron sacando arroz y dando de comer hasta las 5:00 pm. Ahora en el pueblo hay un dicho: Esto crece más que el arroz del padre Luis.

 

El Papa Pablo VI lo canonizó en la basílica vaticana el 28 de setiembre de 1975 con estas palabras: En honor de la santa e individua Trinidad, para la exaltación de la fe católica y promoción de la vida cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los apóstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra, después de madura deliberación e implorar intensamente la ayuda divina, oído el consejo de muchos de nuestros hermanos, decretamos y definimos que el beato Juan Macías es santo y como tal lo inscribimos en el catálogo de los santos, estableciendo que sea venerado con piadosa devoción entre los santos de toda la Iglesia. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

En su homilía habla el Papa de san Juan Macías como padre de los pobres, huérfanos y necesitados.

 

Ha sido nombrado por la Iglesia patrono de los emigrantes y, en el Perú, especial patrono de los campesinos emigrados.

 

LA RUTA DE SUS MILAGROS

Además del recuerdo del milagro del arroz con varias lápidas en el salón parroquial, hay que destacar en Ribera del Fresno –su pueblo natal- el "pocito del milagro" con una capilla o templete de piedra, diseñado por el ingeniero José María Miota, que se inauguró en 1957 y es lugar de peregrinación para sus devotos. Se recuerda que a sus cinco años con sus oraciones, sacó  al cerdito de un amiguito, como lo indicamos al principio de este libro.

En Lima, existe un famoso sillón donde se sentaba san Juan Macías. Es un sillón de cuero, con los pasamanos de tabla lisa, cómodo y elegante en su sencillez. Fray Juan Macías lo encontró en la portería cuando se hizo cargo de ella. En él se sentaba frecuentemente. Después de su muerte se convirtió en una reliquia que sigue siendo utilizado por las futuras madres para obtener la protección del santo y un buen parto. Al principio del siglo XIX lo llevaron al beaterio llamado del Patrocinio. En 1937, el arzobispo entregó este beaterio a las misioneras dominicas del Rosario y hoy es la residencia de la Curia provincial de esta Congregación en el Perú. El sillón lo tienen en una pequeña sala alfombrada. Al lado del sillón se ha colocado una mesa donde siempre hay un cuaderno y un lapicero para que dejen constancia los devotos de sus plegarias. Es constante el desfile de gente por el Patrocinio y algunas parejas regresan con su bebé a dar gracias; ya que especialmente van parejas a pedir por el nuevo hijo que está en camino. Este convento del Patrocinio está ubicado en la casa donde vivió nuestro santo al llegar a Lima en el barrio de san Lázaro, distrito del Rímac.

A raíz de su canonización se erigió en Lima una parroquia en honor de san Juan Macías. Como todos los años, los restos de San Juan Macías son trasladados el jueves posterior a su fiesta central (18 de septiembre) desde la Basílica de Santo Domingo en el Cercado de Lima  hasta la parroquia que lleva su nombre ubicada en el jr Kikijana s/n, (Urbanización Túpac Amaru) en San Luis, Lima. Ello obedece a que la Parroquia San Juan Macías se encuentra cerca de los terrenos que pertenecían a la antigua hacienda Limatambo administrada por la Orden. Por tal motivo, el día lunes de su retorno a la Basílica de Santo Domingo en el Centro de Lima, es obligatorio su paso por el Asentamiento Humano "San Juan Macías", en donde se encuentra la Cuasi Parroquia "Virgen Peregrina" de San Borja, la que se encuentra en territorio de la antigua Hacienda Limatambo, lugar en donde San Juan Macías, iba junto a San Martín de Porres, su gran amigo. Cuentan los cronistas que San Juan Macías y San Martín de Porres, quienes eran amigos entrañables, visitaban dicha zona para el recojo de los productos de panllevar, llegando en día jueves y regresando con los productos el día lunes siguiente. También llegaban a la hacienda para un reparador descanso de sus arduas y duras labores.

La Parroquia que lleva su nombre data del año 1970, en tiempos del Cardenal Juan Landázuri Ricketts (+), quien decidió pedirles a los Padres Dominicos que formaran una Comunidad nueva en la nueva zona de San Luis. Su primer párroco fue el salmantino Padre Andrés Hernández OP, quien se encontraba trabajando en las misiones de la Provincia Dominica del Perú, entre los departamentos de Ayacucho, Cuzco y Madre de Dios.

Cada año, sale en procesión por las calles del Centro histórico de Lima, el cuarto domingo del mes de septiembre, en hombros de sus devotos de la Hermandad de Caballeros de San Martín de Porres y San Juan Macías O.P.. Cabe resaltar que ambas Hermandades se encuentran asentadas en las mismas zonas en las que San Juan Macías vivió. La primera de ellas en la zona de La Recoleta, donde daba de comer a sus pobres y la segunda en la zona de la ex hacienda Limatambo, donde San Juan Macías caminó y laboró tantas veces.

Puedo dar testimonio con la entrevista realizada para PAX TV a un grupo de cuatro mujeres –denominadas- "Mujeres luchadoras", quienes a través del arte, el voluntariado y la catequesis están dando a conocer al santo patrono de un modo vivo y atractivo. A ello ha contribuido también la reciente biografía para niños escrita por Micky BOLAÑOS, Ilustrada por Melissa Carolayn Rimac Villa y asesorada históricamente por el P. Fernando Janssen: La Cofradía de los Migrantes (Una aventura con San Juan Masías) San Pablo, Lima, 210 pp.

Les recomiendo la visita al Convento del Rosario donde se custodia y veneran sus reliquias, entre las que se cuentan la célebre canasta con la que servía pan a los pobres y la popular silla que tantos favores ha concedido a mujeres imposibilitadas en su maternidad. Además, pueden ver su nuevo rostro gracias a los estudios de un grupo de científicos (odontólogos, antropólogos forenses y especialistas en levantamientos de cráneos) de Brasil y del Perú en el 2015.

 

(Datos tomados del P. Ángel Peña  San  Juan  Macías Lima – Perú, 2012, pp.63-64)

 

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domingo, 17 de enero de 2021

AMAR A UNA PERSONA ES DECIRLE “NUNCA MORIRÁS”, "CUENTA CONMIGO HASTA EL FINAL" (En respuesta a Mario Vargas Llosa) José Antonio Benito Rodríguez

AMAR A UNA PERSONA ES DECIRLE "NUNCA MORIRÁS", CUENTA CONMIGO HASTA EL FINAL (En respuesta a Mario Vargas Llosa)[1]

José Antonio Benito Rodríguez

 

«Amar a una persona es decirle: tú no morirás jamás», es decir, «tú debes existir, tú no puedes morir». Siempre he tenido muy presente esta frase del filósofo francés Gabriel Marcel.

Por eso me quedé de piedra ante el escrito del laureado Nobel peruano-hispano Mario Vargas Llosa "el derecho a morir" porque camina en sentido opuesto, es como decir "odiar a una persona es decirle ya has muerto para mí" y la eutanasia se convierte en el adelanto y la colaboración para con esa muerte. Si la primera actitud expresa una bendición, la segunda es una maldición, por más que la estrategia del lenguaje manipule palabras para decir que la definitiva y aguda muerte de la eutanasia evita la muerte crónica de interminable agonía e infernal del que sufre. ¡Una pena!

Yo me quedo con la actitud de Cervantes en su inmortal novela cuando nos llena de vida al relatarnos la muerte de Don Quijote. ¡Qué entrañable confesión la de su escudero Sancho Panza cuando lloroso exclama: «No se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía»

Y en otro momento, al constatar que don Quijote siente ansias de morir, por padecer tantas desgracias, insiste: «Yo, a lo menos, no pienso matarme a mí mismo; antes pienso hacer como el zapatero, que tira el cuero con los dientes hasta que le hace llegar donde él quiera; yo tiraré de mi vida comiendo hasta que llegue el fin que le tiene determinado el cielo; y sepa, señor, que no hay mayor locura que la que toca en querer desesperarse».

Como advierte Juan Manuel de Prada "la razón primordial para oponerse a la eutanasia y al suicidio "no es el apego legítimo a la vida (ese apego que nuestra época ya ni siquiera tiene, porque ha dejado de considerarla un don que se recibe con gratitud y se celebra), sino la gravedad intrínseca de la desesperación. Que, en efecto, es «la mayor locura», porque primero destruye nuestra libertad, ofuscándola, hasta destruir también nuestro vínculo con el ser"

Y, por otra parte, las palabras de Sancho son todo un atisbo de esperanza, de ganas de vivir, de luchar sin cansarse nunca de intentar recuperarse siempre, por todos los medios, ayudándose de todas las personas… Sabe muy bien que –parafraseando a Sartre "los otros no son el infierno", sino el cielo, amarlos es decirles "no morirán nunca para mí".

Juan de la Cruz escribió es de mucha luz padecer tinieblas, Rosa de Lima "no conozco otra escalera para llegar al cielo que la cruz" y Tagore "sólo en la noche lucen las estrellas". Jesús de Nazaret, Señor del Cosmos y de la Historia plantó su tienda entre nosotros, se encarnó para vivir nuestra vida, asumiendo y compartiendo nuestro dolor, casi apuró su vida para morir en la plenitud joven de 33 años, pero murió para vivir para siempre. Vino para darnos la vida y vida en abundancia y los que estamos con Él como escribió Dalí en su epitafio "no moriremos nunca" porque nuestra vida ya no termina, se transforma, convirtiendo nuestro suelo en Cielo.

Cuando países "modernos" van subiéndose al tren de la muerte con el pretendido derecho a facilitar la muerte antes del tiempo natural y del concedido por Dios, bueno es serenarse y buscar soluciones ante tantas voces desesperadas en el despeñadero de la muerte. Reza el refrán que "tras el eclipse el sol brilla más".

Dios quiera que en este tiempo de pandemia encontremos respuestas. Me encanta acercarme con mi bici al final de la Avenida Brasil y contemplar el mar, el Océano Pacífico, su horizonte, siempre susurrando a la esperanza. océano. El Papa Francisco, en el reciente libro de Austen Ivereighn "Soñemos juntos" (Roma 2020) nos brinda un rayo de luz: "Millones de personas se han preguntado a sí mismas, y entre sí, dónde podrían encontrar a Dios en esta crisis. Lo que me viene a la mente es el desborde. Veo un desborde de misericordia derramándose a nuestro alrededor. Los corazones han sido puestos a prueba. La crisis ha suscitado en algunos un coraje y una compasión nuevos. Algunos han sido zarandeados y han respondido con el deseo de reimaginar nuestro mundo, otros buscaron socorrer con gestos bien concretos las penurias de tantos capaces de transformar el dolor de nuestro prójimo. Esto me llena de esperanza en que podemos salir mejores de esta crisis".

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martes, 12 de enero de 2021

CASTRO OLIVAS, Jorge Luis Tumbando héroes. Ensayos de Ciencias Sociales

CASTRO OLIVAS, Jorge Luis Tumbando héroes. Ensayos de Ciencias Sociales

Sequilao Editores (Lima 2020, 220 pp)

¡Qué honor y qué don que el autor del libro te visite en vivo y en directo con lo que es el fruto de tarea tan personal! Por tanto, mis primeras palabras son de gratitud por tan hermoso gesto y de admiración por venir en bicicleta desde Barranco a Pueblo Libre.

Como nos indica el autor en su presentación, varios de los textos fueron publicados en la Revista del Archivo General de la Nación pero han sido reelaborados y mejorados, siempre con documentación de primera mano del AGN y archivos regionales del Perú.

 La obra tiene dos partes claramente diferenciadas, la primera presenta seis artículos acerca de otros tantos "próceres y héroes" en tiempos de la Independencia y de la Guerra del Pacífico:  Rosa Campusano y su vinculación afectiva con San Martín, Torre Tagle y la independencia de Lambayeque, la resistencia de Rodil desde el psicoanálisis, el catolicismo de San Martín, el pretendido martirio de los Hermanos Albújar, el cuestionamiento de Madre Hermaise Paget como "salvadora de Lima". En ellos se pretende que "se aplauda y reconozca la virtud y valor del ser humano, convertido luego en ´héroe`, pero también se reconozca su yerro" (p.14).

La segunda parte es una miscelánea de estudios como el referido al rol del historiador Raúl Porras en calidad de Canciller en la reunión de la OEA en San José (1960) (163-184), los 50 años del Golpe del General Juan Velasco Alvarado en 1968 (185-192), una visión de la prensa actual y el racismo en la última contienda electoral (193-206), la entrañable nota necrológica recordando a Teodoro Hampe (207-209), reflexión sobre la corrupción en el Perú (210-214), una crítica a la serie de TVP "el último bastión" (215-221).

Se conjuga el rigor histórico con la amenidad del relato. La asertividad de los personajes y los hechos pero sin concesión a la leyenda o al mito, "tumbando héroes" pero colocándolos en el pedestal de realismo, carne y hueso, de un profesional de la historia y de la lengua. ¡Gracias y felicitaciones!

Ojalá sea leída por el mayor número de peruanos, especialmente jóvenes

José Antonio Benito 

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lunes, 4 de enero de 2021

EL NACIMIENTO MECATRÓNICO DEL BICENTENARIO de la POLICÍA EN AREQUIPA

EL NACIMIENTO MECATRÓNICO DEL BICENTENARIO de la POLICÍA EN AREQUIPA

Amigos, de veras que merece la pena viajar a la Blanca Ciudad, la Roma del Perú, aunque solo fuese para contemplar esta creativa iniciativa  de la Unidad de Servicios Especiales (USE) de la Policía Nacional de Arequipa en su sede de Palacio Viejo en el corazón de la aguerrida y tierna ciudad del León del Sur. Su mejor propaganda la constituye la cola que hay que guardar para entrar y la posible visión de pie si se llega tarde.

Me refiero al nacimiento mecatrónico de la Policía que ya se está convirtiendo en un atractivo tradicional por Navidad. Sus cuatrocientas simpáticas figuras en cuarenta estampas se mueven gráciles al ritmo de la luz y del sonido.

Destaca, por supuesto, el motivo central, el misterio con el Niño Dios, María y José, acompañados de los integrantes relatados por el Evangelio como los pastores y los magos, todo ello como incrustado, insertado, inculturado en la historia arequipeña.

Comienza narrando la verdadera historia bíblica, la sucedida hace 2020 años, presentándonos una ingenua anunciación, seguida de la visitación, que culminan con el Nacimiento acompañado de la solemne música del aleluya de Haendel.

Una vez recibida la Buena Nueva, Arequipa despierta y se presenta para adorar al Niño, discurriendo por lo más representativo de su historia y su folclore, como se muestra en la chichería o picantería, la escena de la pelea de toros, la vista de sus bellos monumentos, la presencia de sus personajes más representativos, su música, su danza.

La muestra nos sorprende gratamente con un guiño a la realidad de la covid 19 y el decidido compromiso de la Policía con los enfermos, evidenciado en el aparatoso rescate de un enfermo que es trasladado en helicóptero para brindarle el debido cuidado, sobre todo de oxígeno, en un hospital cercano. No olvida el guión la histórica fecha del Bicentenario apelando a sus protagonistas y el homenaje de la Policía.

De veras conmovedor este magnífico espectáculo que nos cautiva por su sencillez y austeridad, colorido y bien relatado.

Destaco por último la fuerza y el calor de la voz del monitor, miembro de la Policía, que va narrando los hechos con tanta emoción que nos mete –literalmente- en la escena y que no olvidó compartirnos la razón del evento: Celebrar la auténtica Navidad, recordando el acontecimiento bimilenario del nacimiento de Cristo y apelando a la solidaridad para apoyar la obra social de la Policía con varios niños huérfanos. ¡Quién se va a negar? Todos lo hacían agradecidos y con el mayor gusto.

¡No se lo pierdan! Pasen la voz

José Antonio Benito

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