sábado, 29 de febrero de 2020

EL CORAZÓN DE JESÚS, FUENTE DE EVANGELIZACIÓN DE LOS POBRES. PRIMERA HOMILÍA DE MONSEÑOR Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo y Primado de España

29/02/2020

Homilía de Mons. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo y Primado de España

 

Mons. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo y Primado de España, ha pronunciado su primera homilía como Pastor de la Archidiócesis de Toledo.

 

EL CORAZÓN DE JESÚS, FUENTE DE EVANGELIZACIÓN DE LOS POBRES

Queridos hermanos: Son muchos los que me preguntan cuáles serán mis retos pastorales, mis planes, mis proyectos, los sueños de mi corazón de pastor. Se llama anunciar y vivir a Jesús que me lanza a evangelizar a los pobres. Fue en esta catedral primada donde recibí mi ordenación sacerdotal de manos de don Marcelo. Fuimos siete los que nos ordenamos el 12 de julio de 1981. Mis compañeros de ordenación están hoy aquí.

Siempre me ha encantado la antífona de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús: "Los proyectos de su Corazón subsisten de edad en edad". Estos días, rezando y con el alma vuelta al Señor meditaba el Evangelio, que es el mismo que eligió Don Braulio en su entrada en la Archidiócesis de Toledo: "No tengas miedo, hombre de poca fe". A don Braulio le agradezco su acogida y su "enseñarme" a ser un pastor abierto y prudente.

Mi corazón se vuelve hasta mi querida diócesis de Coria-Cáceres a sus sacerdotes, diáconos permanentes, vida consagrada y laicos, que tanto me han enseñado y ayudado a ser pastor. Volvía de obispo a mi tierra de origen desde la archidiócesis querida de Valladolid donde, precisamente, estaba don Braulio de arzobispo, un pastor del Vaticano II, cercano a todos y el Corazón de Jesús fue allí el laboratorio donde descubrí que la fuente de evangelización de los pobres brota de ese Corazón "que tanto ha amado" y que espera nuestra humilde respuesta de Amor. Cuentan que el Papa Juan Pablo II le dijo a un obispo al que le costaba cambiar de Diócesis: "Señor Obispo, cambia usted de lugar, pero no de Esposa, que sigue siendo la misma Iglesia que camina en esta tierra con este querido pueblo de Dios". Vuelvo a Toledo, mi casa. Me siento cercano a todos. No considero lejano a nadie.

Tres han sido las claves de mi vida recogidas en mi lema episcopal y que me consta que son más actuales que nunca. Me uno a la fecunda labor pastoral desarrollada por los arzobispos que hubo en Toledo, recordando a los últimos: don Marcelo, don Francisco, don Antonio Cañizares y don Braulio, todos ellos me animan a continuar por el camino que han seguido de tener el Corazón de Jesús como fuente de evangelización de los pobres.

Fue el cardenal Sancha el que, al final del siglo XIX, consagró Toledo al Corazón de Jesús. Don Antonio Cañizares renovó la consagración de esta Archidiócesis al Corazón de Jesús y sigo humildemente por este camino de ser continuador de la "Civilización del Amor".

1. EL Corazón de Jesús, siempre me condujo al AGRADECIMIENTO. Instalarse viviendo en la queja es apostar por no ser santo ni feliz nunca. El Señor es mi Pastor nada me puede faltar. No es que no me falte nada ahora, es que nada me puede faltar nunca. Vivo muy agradecido al Papa Francisco, por mi elección como arzobispo de esta Archidiócesis de Toledo tan querida y a la que tanto debo.

Recuerdo a un obispo latinoamericano que nos contaba cómo había descubierto el Amor del Corazón de Jesús. Decía, no sin cierta gracia, que siendo pequeño era muy trasto, de tal manera que cuando su madre no sabía qué hacer con él le enviaba al salón de la casa donde tenían entronizado un Sagrado Corazón. El niño lo miraba, se reía, incluso le parecía estar divertido delante de la imagen. Un día, ya obispo, le preguntó a su madre que por qué actuaba así con él. Pues cuando más merecía el rechazo y trato duro con él, su madre le llevaba a aquel lugar donde Jesús le miraba con cariño, con afecto y comprensión. Nunca le juzgaba, jamás se cansaba de él, era siempre fuente de esperanza. Entonces, su madre le dijo: "Hijo mío, era eso lo que yo quería que descubrieras, lo incondicional del Amor de Dios, eso se llama Corazón de Jesús y cuando ni nosotros nos aguantamos ni nos aceptamos y tiramos mil veces la toalla, Él nos sigue amando y sigue esperándonos para darnos un abrazo de paz y misericordia.

El Corazón de Cristo es siempre el Amor del Padre manifestado en un corazón humano. Formado por el Espíritu Santo en las entrañas virginales de María, a la que con tanto amor y sabiduría escribió y cantó, en su famoso tratado, el gran San Ildefonso de Toledo, patrono de esta Archidiócesis.

El Corazón de Jesús siempre me ha llevado a vivir agradecido como único camino para encontrar la paz y la alegría en medio de las dificultades de la vida. Instalándonos en la queja colapsamos la acción de Dios en nuestra vida.

Los sacerdotes, los seminaristas, la vida consagrada, las familias, los laicos, deben vivir en el agradecimiento como nos hace vivir la Eucaristía, que es Acción de Gracias, pues nada ni nadie, nos podrá apartar del Amor de Dios. Este agradecimiento es fuente de alegría.

2. Fuente de Evangelización que siempre me llevó a la confianza. La confianza de que Dios construye desde nuestra pobreza. Este es mi proyecto pastoral, una evangelización con corazón. Sería terrible y sin presente ni futuro que se tratara de evangelizar sin corazón, sin vivir con los sentimientos del Corazón de Cristo (Filipenses, 2, 5). Decía Martín Descalzo que lo mejor que se puede decir de una persona es, "¡vaya corazón que tienes!" y lo peor es, que "¡no tiene corazón!".

Saludo a los vallisoletanos, donde pasé casi 20 años como sacerdote y me siento deudor con su Archidiócesis tan bendecida por el Corazón de Jesús en su gran y humilde servidor, bueno y justo Padre Hoyos, que recibió la promesa de que "reinaría en España y con más veneración que en otras partes".

Vivo con gozo mi entrada en Toledo y sólo pretendo servir como pastor de una Archidiócesis milenaria con santos pastores, obispos, sacerdotes, laicos y mártires. Con una vida consagrada activa y contemplativa, institutos seculares, vírgenes consagradas y laicos muy formados, como se ha comprobado en el reciente Congreso de Laicos, convocado por la Conferencia Episcopal. Con la profunda llamada que hizo el Vaticano II de transformar el mundo según el Corazón de Dios porque, como dice el Papa Francisco, sabemos que otro mundo es posible. Hay que salir hoy y siempre a evangelizar las periferias, a los que viven en las intemperies, a los emigrantes, a los refugiados, a los que no tienen hogar.

Una evangelización con corazón brota de la confianza de que "sabemos de quién nos hemos fiado y estamos persuadidos de que el Señor llevará a buen término la obra que empezó en nosotros".

Todos los mejores planes pastorales, sinodalidad, las mejores genialidades de nuestra pastoral, las obras más creativas de la evangelización, no tienen vida ni futuro, si no tienen corazón.

Evangelizar con confianza es evangelizar con corazón, es decirle a cada persona que te encuentras en el camino de la vida, con tus palabras siempre, que Dios te ama y quiere para nosotros lo mejor. No es un Dios contra nosotros, es una Dios con nosotros.

Con esta confianza brotaron en esta Archidiócesis misioneros para América, en la prelatura de Moyabamba, en Lurín, en casi toda América latina, en África y en Asia.

Ante la situación de conflictos, de tensiones, de paro, de emigración que vivimos en los momentos actuales, sobre todo, entre los jóvenes, también del desprecio a la vida, solo podemos hacer frente evangelizando con hombres y mujeres que viven la alegría que brota de la Santísima Trinidad y en la familia de la Iglesia, que nos quiere de verdad por encima de ideologías. Animo a todos los que se dedican a la enseñanza, en nuestros colegios, a los profesores cristianos, a los profesores de Religión a que formen personas que hacen frente al mal con el bien.

3. Los pobres y necesitados que me han llevado siempre a la profunda humildad del corazón. Recordemos lo que decía don Quijote a Sancho: "No olvides tus orígenes humildes". La Iglesia si es fiel a Jesús, es siempre buena noticia para los pobres.

Cuando el Papa Francisco se presentó a los presos, a los encarcelados en Panamá les dijo: "Yo también soy pecador y necesito de la misericordia del Señor. También, yo necesito ser perdonado". Me ayuda en esto la dinámica de las Bienaventuranzas que, como decía el Papa Francisco, son las notas de identidad del cristiano.

Una Iglesia que no acoge todas las formas de pobreza de nuestra humanidad no es la de Jesús. Pobre es todo el que carece de amor, decía Teresa de Calcuta. La Iglesia existe para presentar y ofrecer a Jesús Redentor de los hombres y mujeres. Como el que tiene su Corazón abierto y es Hogar para todos los que sufren. Si les falla la Iglesia a los pobres ¿adónde van a acudir? Si no somos nosotros hogar para los que viven en todas las intemperies, en todas las periferias de nuestra vida, no seremos coherentes con el Evangelio de Jesús. A través de Cáritas, Manos Unidas y de tantas otras Instituciones, la Iglesia sirve a los pobres que, como dice San Vicente de Paúl, "son nuestros señores y a los que tenemos que servir".

Pongo todo mi ministerio pastoral bajo la mirada cariñosa de la Virgen del Sagrario, de Toledo y de la Virgen del Prado de Talavera y bajo todos los mártires que entregaron su vida aquí, en esta archidiócesis y todos los pastores santos, testigos del amor de Jesús entre nosotros.

Anuncio con gozo que estamos celebrando el jubileo del Cristo de Urda y con Él me uno a todas las devociones populares (la fe de mis mayores), a las cofradías y hermandades y, también, anuncio el XX Año Jubilar de Guadalupe donde estaré siempre presente como pastor peregrino.

 

FRANCISCO CERRO CHAVES

Arzobispo de Toledo y Primado de España

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sábado, 22 de febrero de 2020

Un santo anti-liberal. San Ezequiel Moreno Díaz contra el liberalismo. P. Javier Olivera Ravasi, SE


Un santo anti-liberal. San Ezequiel Moreno Díaz contra el liberalismo

por Que No Te La Cuenten

Más de una vez hemos hablado acerca de la ideología liberal (que no es puramente, como algunos lo entienden, de tinte económico; no). Para quien desee ver lo que pensamos, remitimos -entre otras cosas- a esta conferencia dictada en 2019.

Esta vez, presentamos los textos de un -para muchos- un ignoto santo del siglo XIX, canonizado en 1992 por Juan Pablo II: San Ezequiel Moreno Díaz, obispo de Pasto (Colombia), español, de la orden de los agustinos recoletos y misionero en Filipinas y Colombia quien, inmerso en una gran lucha contra la ideología liberal, no dudó en enfrentársele durante toda la vida. Hemos decidido, simplemente y casi sin acotaciones, presentarlo a aquéllos que aún no lo conocían.

Vamos entonces para,

Que no te la cuenten...

                                                                                P. Javier Olivera Ravasi, SE


En parte de su testamento:

"Confieso, una vez más, que el LIBERALISMO ES PECADO, enemigo fatal de la Iglesia, y reinado de Jesucristo y ruina de los pueblos y naciones; y queriendo enseñar esto, aun después de muerto, deseo que en el salón donde expongan mi cadáver, y aun en el templo durante las exequias, se ponga, a la vista de todos, un cartel grande que diga: 'EL LIBERALISMO ES PECADO' (…). Creo que uno de los venenos más activos y eficaces con que cuenta el infierno, es la mezcla de la verdad y el error, de lo bueno y de lo malo. Y este veneno es el que están tomando muchos, y dándolo a tomar a otros (…). Yo he gritado contra ese mal, y aun lo he sufrido por gritar. No me arrepiento de haber gritado. Si en ese punto tengo que arrepentirme, será de no haber gritado más"[1].

 

Había entre los católicos quienes querían contemporizar, bajar los brazos, apaciguar los ánimos; a éstos les decía:

 

"¡Animo, católicos de veras, y perseverancia en la lucha! No os dejéis engañar de los que hablan de una falsa paz. Para muchos el gran mal es perder esa falsa paz del egoísta y las ventajas materiales; para el buen católico, el gran mal es perder la Fe y ver que ésta desaparece de su tierra querida, del pueblo en que nació, acaso de los amigos del alma y de la familia amada de su corazón. Para el hombre que cree, ¿qué vale todo lo temporal, si se ven en peligro los bienes eternos para los seres que ama?".

 

Ante quienes decían que había que expulsar a Dios de las escuelas, de los lugares públicos, de la sociedad, por ser una postura intolerante y que "discriminaba" (diríamos hoy) a los que no pensaban igual, decía:

 

"¡Viva Dios!, ¡Viva Dios! en las naciones, en los pueblos, en las familias, en los individuos, ¡Viva Dios! En los Gobiernos, en los Congresos, en los Tribunales de Justicia, en las Academias, Universidades, Colegios y Escuelas. ¡Viva Dios! En la legislación, en los usos, en las costumbres, en los templos, en las calles, en el campo, en el mar, en todo y en todas partes. ¡Viva Dios! ¡Viva Dios!, podemos exclamar contra los que quieren hacerlo igual o de peor condición que a Mahoma o Confucio, proclamando la libertad de cultos en su más generosa amplitud (…). ¡Viva Dios!, pueden pronunciar nuestros labios contra todos los que quieren prescindir de Él, creyendo que la solución del problema religioso es la separación de la Iglesia y el Estado, como lo creen los liberales (…) ¡Viva Dios!".

 

Y no podía callar pues para eso era obispo, para defender a sus ovejas, así decía en sus "Cartas Pastorales":

 

"No puedo callar: soy Obispo precisamente para enseñar la verdad a mis diocesanos; soy pastor para dar a mis ovejas la voz de alerta contra los que, bajo disfraz de ovejas, pretenden introducir en mi rebaño pastos envenenados, doctrinas condenadas por la Iglesia: hablaré al menos cuando oiga que se hable contra Jesucristo o su Iglesia, sembrando entre mis hijos la duda, el desaliento y el error"[2].

"Es un error, y error funesto a la Iglesia y a las almas, transigir con los enemigos de Jesucristo y andar blandos y complacientes con ellos. Mayores estragos ha hecho en la Iglesia de Dios la cobardía velada de prudencia y moderación, que los gritos y golpes furiosos de la impiedad (…).
¿Qué bienes se han conseguido con las blanduras y coqueteos con los enemigos de Jesucristo? ¿Qué males se han evitado, pequeños ni grandes, por esos caminos? No se consigue otra cosa con esa conducta que afianzar el poder de los malos, calmando ¡Oh dolor! El santo odio que se debe tener a la herejía y al error; acostumbrando a los fieles a ver esas situaciones de persecución religiosa con cierta indiferencia".

 

Fueron varias las voces que se elevaron contra San Ezequiel para pedirle "prudencia"; le acusaban de ser perturbador del orden público y enemigo de la paz; San Ezequiel respondía:

 

"¿Que todos nuestros actos deben ir dirigidos por la prudencia? Lo concedo; pero prudencia no es ocultar la verdad sólo por no concitarse el odio de los partidarios del error (…). ¿Sería prudencia de un pastor que, por no disgustar a un lobo deja que éste entre al rebaño? Esta clase de prudencia insensata Dios a veces la tolera, pero no la bendice; la bendicen muchos sabios del mundo, pero Dios la reprueba" (…). "No teman la persecución al defender la verdad; y mueran, si es preciso, como mueren los héroes, los mártires, los confesores de la Fe".

 

Sabía que podía invadir el miedo de ser tildado de "fundamentalista", "ultramontano", loco, etc., por eso decía:

 

"Sólo un miedo está permitido a los sacerdotes y sobre todo al Obispo: el miedo que tuvo el gran Obispo San Hilario de Poitiers, y expresó con estas palabras: "Tengo miedo del peligro que corre el mundo, de la responsabilidad de mi silencio, del juicio de Dios". No tengamos otro miedo que ese de San Hilario. El miedo del peligro que corren las almas que nos están encomendadas; el miedo de la responsabilidad que nos puede caber por nuestro silencio, y el miedo del juicio de Dios, en el que se nos pedirá cuenta de si el error avanzó, de si el vicio prosperó, de si las almas se perdieron por nuestro silencio. Lluevan, pues, insultos sobre nosotros por hablar; pero librémonos de esa tremenda responsabilidad y de la terrible cuenta que nos pediría el Juez Supremo".

"La herejía no es ya un crimen para muchos católicos, ni el error contra la fe es un pecado. Proclaman la tolerancia universal y consideran como conquistas de la civilización moderna el que ya no se huya del hereje, como antes se hacía (…). Ceden del antiguo rigor en el trato con los herejes; se muestran con ellos tolerantes; los excusan muchas veces, y sólo tienen recriminaciones contra los eclesiásticos que gritan contra los errores modernos y contra los seglares que reivindican con ardor los derechos de la verdad (…) Aprecian y alaban a los espíritus moderados; a los que ponen en primer término la tranquilidad pública, aunque los pueblos vayan perdiendo la fe; a los que se conforman gustosos con los hechos consumados (…). Al decir de los mismos los que gritan ¡viva la Religión! los que dicen que van a defenderla y los que los animan son exagerados e imprudentes (…). Esos mismos católicos tienen escrúpulo, al parecer, de pedir a los Gobiernos que tapen la boca a los blasfemos y hagan callar a los propagadores de herejías; pero, en cambio, quisieran que Roma impusiera silencio a los más decididos defensores de la verdad (…) Con razón Pío IX, el grande, decía lleno de amargura el 17 de septiembre de 1861: 'En estos tiempos de confusión y desorden no es raro ver a cristianos, a católicos- también los hay en el clero- que tienen siempre en boca las palabras de término medio, conciliación y transacción'. Pues bien, yo no titubeo en declararlo: estos hombres están en un error, y no los tengo por los enemigos menos peligrosos de la Iglesia" (Cartas Pastorales)".

 

En un elogio que el santo obispo hizo a monseñor Pedro Schumacher, Obispo de Portoviejo, Ecuador, expulsado por el gobierno liberal de entonces, decía:

 

"La concesión que se hace al error, por pequeña que sea, es nueva posición que él toma, nueva avanzada, desde donde descarga más de cerca contra la verdad, y le hace más daño (…). Todo lo que sea transigir, ceder, contemporizar, sólo mostrarse blando con el error, es dar el triunfo a la revolución, pero cobardemente, sin resistir al asalto, sin luchar, como es nuestra obligación, ya que vencer depende de Dios (…). Entre el error y la verdad no puede haber paz, ni siquiera campo neutral, y que donde quiera que se encuentre, la lucha es precisa, inevitable, necesaria (…).No seremos dignos del nombre de católicos si, como Jesucristo, no somos blanco de odio y persecución por parte de los malos" (Cartas Pastorales).

"Los imitadores de Lucifer no hubieran llegado adonde han llegado en su obra de destronar a Jesucristo, si no fueran ayudados por esos católicos que llaman intransigencia a la lucha abierta contra el mal, y prefieren entrar en componendas con él. Creen los hombres que así obran, que la manera de amansar la fiera revolucionaria es concederle algo, para que pida más, y no consideran que esa fiera es insaciable. (…) No es extraño que estemos al borde del precipicio, y cayendo ya en él. Ahí nos llevan las componendas, tolerancias y cobardías. Si así seguimos (…) si no cesan las tolerancias y, sobre todo, las consideraciones tan dignas de reprobación, que se tienen con los enemigos de Jesucristo y su reinado, es posible que no esté lejos el día en que haya que decir: ¡aquí hubo católicos!..." (Cartas Pastorales).

 

Pero dejemos aquí para terminar con sus propios consejos a los católicos tibios:

 

"Hoy se encuentran muchos de esos, que dicen muy frescos: "no me meto en política; allá se las arreglen; que suba el que quiera; lo mismo me importa que manden unos, como que manden otros".

"Siendo, pues, atrevida y alarmante la actitud del enemigo, y grande el peligro para las almas, necesario es luchar con valor cristiano, si no queremos figurar en la milicia de Jesucristo como soldados cobardes e indignos de su nombre. No se trata de que cada católico coja su fusil, ni excito a nadie a que le coja, porque los enemigos no se presentan aún con fusiles; si se presentaran con ellos, entonces harían bien los católicos en coger también fusiles, y salirles al encuentro, porque, si un pueblo puede guerrear por ciertas causas justas, mucho mejor puede hacerlo para defender su fe que proporciona medios, no sólo para ser felices en cuanto cabe serlo en la tierra, sino también para conseguir la verdadera y eterna felicidad para que fue criado el hombre. Si no hubiera derecho para guerrear en este caso, no lo habría en ningún otro, porque todos los otros justos motivos que puede haber, son muy inferiores al de la conservación de la fe de un pueblo que se halla en posesión de ella.

Pero, no se trata de la lucha de sangre, repito, ni excito a ella ¡Ojala no la veamos nunca! Sólo digo que en vista de cómo el liberalismo se propaga, y de la altivez y arrogancia con que se presenta, superiores e inferiores, eclesiásticos y seglares, jóvenes y ancianos, ricos y pobres, hombres y mujeres, todos estamos en el deber de defender nuestra fe de la manera lícita que cada uno pueda, y de luchar contra el liberalismo, impedir su propagación, y acabar, si es posible, con sus doctrinas y sus obras.

Hoy el combate religioso lo presenta el enemigo en el terreno político. A ese terreno hay que acudir, pues, con valor y decisión, para que los mandatarios sean católicos, católica su manera de gobernar los pueblos, o sea su política. La Iglesia no hace ni puede hacer suyas las candidaturas liberales, y el que da el voto por ellas peca y ofende a Dios.

Podemos también oponernos al error y luchar contra él con la palabra, o sea, no callando, cuando en nuestra presencia se hable contra nuestra santa ReligiónEl que sepa escribir, puede combatirlo oponiendo doctrinas íntegramente católicas, a las doctrinas impías o de medias tintas. Todos podemos hacer algo contra el error con el buen ejemplo; viviendo como buenos católicos; y también con la oración rogando a Dios con fervor, que ilumine a los ciegos, que traiga al buen camino a los que andan descarriados, y sostenga a los buenos en la fe, y en la práctica de las virtudes cristianas".

 

Hasta aquí el santo obispo, santo por su vida y su doctrina.

El liberalismo es un virus que puede infiltrarse en nuestras venas, en las venas de cualquiera, de allí que tengamos que estar prevenidos para inocularnos contra este error fatal que es, en definitiva, un intento por destruir la verdad.

Que no te la cuenten...

                                                                                P. Javier Olivera Ravasi, SE

[1] La mayoría de estas citas están tomadas de la revista Tradición Católica nº 89 (Junio-1993).

[2] San Ezequiel Moreno. Instrucción Pastoral. Pasto 24 de Julio 1899.

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jueves, 20 de febrero de 2020

“Las Misiones Populares del P. Claret en Cataluña entre 1840 y 1850”. P. Carlos Sánchez Miranda

Agradezco al autor la deferencia de enviarme su texto y participar en mi programa "Perú, Tierra ensantada" de Radio María, en el que habla de su vocación, la presencia de los claretianos en el Perú y su interesantísima tesis doctoral. Felicitaciones por su trabajo y nuestra oración para que siga los pasos de su fundador, ahora en su puesto de director del Centro de Espiritualidad Claretiana en Vic.


Presentación del libro "Las Misiones Populares

del P. Claret en Cataluña entre 1840 y 1850"

Magdalena del Mar, Lima, 11 de febrero de 2020

      Queridos amigos y amigas, buenas noches. Es un gusto encontrarme con ustedes para esta presentación en una fecha y un lugar tan significativos. Hoy, 11 de febrero, celebramos los 150 años de la aprobación definitiva de las Constituciones Claretianas, lo que implicaba el reconocimiento oficial de la Iglesia de nuestro estilo de vida misionera como un auténtico estilo de vida para seguir a Jesús misionero al estilo de Claret. Nuestra Congregación, nacida justamente en 1849, al final del período histórico que he estudiado en el libro que ahora presentaré, es el fruto maduro de toda la rica experiencia apostólica de Claret como misionero itinerante en Cataluña entre 1840 y 1850. Este lugar es muy significativo para mí. Nos encontramos en la Casa formativa claretiana de Magdalena del Mar. En esta casa, ingresé a la Congregación, cuando era tan solo un adolescente, hace 31 años; aquí transcurrieron casi todos los años de mi formación inicial; y aquí también me dediqué a la formación de los futuros misioneros claretianos, primero, de los postulantes durante 11 años, después, de los estudiantes, durante seis años.

      El libro que hoy presentamos está basado en la Tesis doctoral que defendí el año pasado en la Universidad Comillas de Madrid. El tema central es la actividad misionera del P. Claret en la década de los cuarenta del siglo XIX, dentro del contexto histórico que nos acaba de presentar el Prof. Carlos Aburto. El libro está dividido en tres partes.

      En la primera parte presento el recorrido histórico de las misiones populares como método de evangelización que venía del siglo XVI y el camino biográfico del P. Claret hasta que comenzó su aventura evangelizadora a través de las misiones populares. La segunda parte del libro trata precisamente de este recorrido misionero del P. Claret en el territorio de todas las diócesis catalanas excepto la de Tortosa.

      Esta noche, me centraré en la presentación de la tercera parte del libro que trata sobre la aportación más original del P. Claret a la historia de la evangelización en Catalunya. Las tres conclusiones a las que llegué son las siguientes:

1.     La audacia de abrir caminos para anunciar el mensaje del Evangelio en un tiempo de profunda crisis.

2.     Claret supo prescindir de muchas cosas accesorias y teatrales para centrarse en lo fundamental del mensaje evangélico.

3.     Cómo llevó a cabo todo eso en la práctica.

1.     La audacia de abrir caminos para anunciar el mensaje del Evangelio en un tiempo de profunda crisis.

      La evangelización popular, a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, pasó por una profunda crisis. La revolución liberal trató de imponer a la Iglesia una serie de reformas que acabaron despojándola de la riqueza, el poder y la influencia social que había conseguido durante el Antiguo Régimen, transformándola en una organización debilitada y subordinada al control estatal. La expulsión de la mayoría de los religiosos de sus conventos y la política desamortizadora y regalista del Estado destruyeron casi todas las estructuras clásicas de evangelización de la Iglesia española, especialmente las misiones populares. No obstante, la fe y la religiosidad de la población se mantuvo viva, aunque quedó desprovista de los medios que había habido hasta entonces de catequesis y predicación.

      Había una sobreabundancia de sacerdotes seculares, pero no poseían ni la necesaria motivación ni la imprescindible capacitación para asumir una predicación popular. Los religiosos exclaustrados no conseguían desprenderse de sus reclamos y añoranzas de un pasado que consideraban glorioso. Por su parte, los políticos liberales exigían un atestado o certificado de fidelidad al gobierno liberal como requisito para ejercer el ministerio y así poder controlar la predicación de los sacerdotes. La mayoría de estos se resistían a solicitar este documento; incluso, muchos cayeron en la tentación de politizar su mensaje a favor de causas político-sociales que les prometían restaurar su antigua condición de privilegio.

      Sin embargo, hacia la mitad de la década de los cuarenta, llegó un gobierno liberal más moderado (la década en la que gobernó el general Narváez). Este tendió su mano negociadora a la Iglesia porque la necesitaba para evitar temibles revoluciones sociales, tal como sucedía en París y Roma. En este contexto apareció una nueva generación de católicos que aprovecharon esta oportunidad. Un reducido grupo de seglares y eclesiásticos consiguió sacudirse de las obstinadas reclamaciones de los bienes y privilegios perdidos por los religiosos y así poder afrontar con más realismo la nueva situación socio-política. Unos desde la tribuna de la prensa, como José María Quadrado; otros desde la filosofía, como Jaime Balmes; otros desde la predicación, como el P. Claret y el P. Coll, fundador en Vic de las religiosas Dominicas de la Anunciata; y otros desde la caridad y la educación, como Joaquina de Vedruna, fundadora también en Vic de las Carmelitas de la Caridad; intentaron abrir caminos nuevos a la presencia de la Iglesia en medio del modelo social que se iba imponiendo.

      Claret no fue un estratega especulativo de la misión, sino que a lo largo de su vida tuvo una profunda experiencia de fe cristiana que le permitió descubrir su identidad misionera. Claret fue movido por una honda espiritualidad, que lo urgía a buscar por todos los medios posibles que, como decía él, Dios fuese conocido, amado, servido y alabado por todos los hombres (cf. Aut, 202) y que estos no se perdiesen eternamente (cf. Aut, 205). Por eso, comenzó la predicación de las misiones populares en un momento en que parecía casi imposible hacerlo. El 15 de agosto de 1840 predicó su primera misión en Viladrau, a continuación pasó a diferentes poblaciones catalanas.

      Durante la década de los cuarenta, el P. Claret predicó en Cataluña, al menos, 81 misiones, o quizá incluso 90. El misionero recorrió un mínimo de 77 poblaciones, tanto agrícolas como industriales. Comenzó centrado en poblaciones más bien pequeñas y de condición agrícola para acabar abriéndose gradualmente a ciudades más importantes e industriales. Conviene subrayar debidamente este dato, dado que nos encontramos en el contexto de una Iglesia que, en el siglo XIX, tendía a concentrarse predominantemente en el ámbito rural, como si fuera el ambiente que garantizaba la salvaguarda de los valores religiosos, y muchas veces desatendía las ciudades y los ambientes industriales e intelectuales, que percibía más bien como hostiles. Claret consiguió contactar con la fe sencilla de la población y moverse en ámbitos diversos, superando los prejuicios que él mismo probablemente tenía como eclesiástico de la época.

      Las misiones predicadas entre agosto de 1840 y abril de 1844 fueron excepcionales y pioneras porque se desarrollaron en un período especialmente adverso. Eran pocos los sacerdotes que se atrevían a predicar misiones en su territorio parroquial, y desde luego nadie osaba hacerlo a nivel diocesano. La Primera Guerra Carlista había acabado y la llegada del general Espartero como nuevo Regente del Reino en 1840 instauró un gobierno liberal exaltado que intensificó el carácter conflictivo de la relación entre la Iglesia y el Estado. Claret, gracias a su audacia, astucia apostólica y valentía, logró predicar 30 misiones en este período. Por ello, no solo cambió el nombre de "misiones populares" sino que las predicó bajo la apariencia de celebraciones devocionales, como novenas de ánimas o novenas a la Virgen y a los santos. Y así sorteó el control de las autoridades. Fue esmeradamente prudente en no meterse en cuestiones políticas. A pesar de ello sufrió calumnias.

      El P. Claret para poder misionar asumió el sacrificio de largas caminatas solitarias a pie e incluso en varios momentos arriesgó la propia vida. Podemos recordar un par de ejemplos que demuestran lo dicho. Cuando Claret se disponía, en febrero de 1841, a comenzar la predicación de la Cuaresma en la catedral de Vic, el alcalde le requirió el atestado de fidelidad al gobierno y, al no tenerlo, le impidió la predicación por orden del gobernador de Barcelona. Entonces, el vicario capitular de Vic, Luciano Casadevall, lo envió a la lejana parroquia de Pruit, donde permaneció un par de meses. El sacerdote Pedro Roquer, que era el vicario de una parroquia vecina, testificó que Claret no tenía miedo de arriesgar su vida y le dijo: «Aunque hubiese sabido que me esperaban puñal en mano en Vich cuando iba a subir al púlpito, no habría desistido. Mi superior el M.I.S. Vicario General es á quien he obedecido»[1].

      El segundo testimonio es una carta del mismo Claret, escrita el 25 de noviembre de 1842. Llevaba ya seis meses recluido en la pequeña parroquia de San Juan de Oló, debido también a la grande tensión política del momento. Su carta era una respuesta al canónigo de Vic Jaime Soler, en la que este le había manifestado sus temores frente a la situación política. Eran días en los que en Barcelona se desarrollaba un levantamiento contra el Regente, el general Baldomero Espartero; de hecho, la semana siguiente Barcelona fue bombardeada por la artillería durante doce horas. El canónigo sostenía que no era el mejor momento para llevar a cabo los planes que Claret y Soler tenían entre manos para formar a futuros predicadores de la diócesis en la casa parroquial de San Juan de Oló. Claret, le dijo: «Igualmente, ya me parece que lo veo más asustado que una abubilla atendiendo a las noticias del día y yo le digo que, en lugar de acobardarme, son para mí espuelas que me empujan a trabajar; quien sabe si será un reventarse del forúnculo y una vez reventado necesitará nuestro remedio» (EC, vol. I, 115-116). Claret supo ver oportunidades donde otros solo veían obstáculos para la misión.

 

2.     Claret supo prescindir de muchas cosas accesorias y teatrales para centrarse en lo fundamental del mensaje evangélico.

      A Claret, como misionero, le parecía que el hombre de su tiempo estaba especialmente desconcertado por el enfrentamiento de ideologías y por la tragedia de guerras fratricidas; al mismo tiempo, percibía que la necesidad más acuciante del pueblo, según su parecer, era la de volver a escuchar la Palabra de Dios. Desde esta visión, él se entendía a sí mismo como un apóstol llamado por Dios para ser, a través de la predicación, un centinela que advirtiera de los peligros de condenación eterna, según el mensaje cristiano de aquella época, y ofreciera un camino recto y seguro para alcanzar la salvación eterna, tal como lo expuso en su primer libro "Camí dret i segur per a arribar al cel".

      Las misiones populares fueron asumidas por Claret como una pastoral de emergencia, retomando así la tradición de más de tres siglos de un método pastoral que se había mostrado eficaz para revitalizar la fe de los fieles; sin embargo, el misionero no las pudo aplicar tal como las órdenes religiosas las habían predicado en los siglos anteriores debido a las restricciones legales y las persecuciones de las autoridades liberales, en aquel momento. Claret se concentró en dos actividades fundamentales: la predicación de la Palabra de Dios y la administración del sacramento de la reconciliación, y dejó aparte una serie de actividades a veces muy barrocas y teatrales que se habían ido añadiendo durante los siglos anteriores con la finalidad de atraer la participación de los fieles e impactarlos con más fuerza. A medida que el ambiente político lo fue permitiendo, el misionero añadió a sus misiones diferentes estrategias apostólicas, a las que nos referiremos más adelante.

      El análisis de los textos autobiográficos de Claret y los testimonios de la gente que participaba en sus misiones nos llevan a afirmar que el misionero se sentía en la línea de los grandes misioneros apostólicos. Comprendía que su primera predicación debía ser su misma vida misionera; por eso, se esforzaba por llevar una vida itinerante, virtuosa, pobre y sacrificada; siempre viajaba a pie y nunca recibía estipendios ni regalos por su trabajo. Intentaba vivir a la manera de los apóstoles, dando así un contenido nuevo al título de Misionero Apostólico que había recibido en 1841 de las autoridades vaticanas de la sección llamada Propaganda Fide. Este fue su principal recurso para ganar la confianza de los fieles y superar la suspicacia de las autoridades políticas del momento. La gente respondía atribuyéndole una fama creciente de santidad apostólica y de milagrero; pero al mismo tiempo, no faltaban quienes temieran su fuerte influencia sobre el pueblo y trataban de descalificarlo acusándolo injustamente de ser carlista y de defender esta causa política.

      Son abundantes los testimonios que manifiestan que Claret se cuidaba mucho de no caer en posturas políticas partidistas. Baste recordar el testimonio del presbítero J. Torrabadella, que, al referirse a la actitud del misionero en Ripoll, declaró: «Manifestó tal prudencia que á pesar de estar aún como abiertas las llagas de los partidos de la guerra mencionada, sin ofender á nadie los movía á todos conduciéndolos al arrepentimiento»[2]. A continuación, añadió: «Otra cosa observé en él respecto de partidos, y era no entrar jamás en discusiones sobre estos, sino al contrario las cortaba con tanta destreza, si alguna vez se introducían en la conversación, que á todos dejaba satisfechos con su generoso comportamiento»[3].

      El contenido de la predicación de Claret fue, fundamentalmente, fiel a la teología de su época, que en España no se caracterizó por la brillantez ni la profundidad del pensamiento, sino más bien por haber sido repetitiva y haber estado poco atenta a los nuevos desafíos intelectuales, culturales, sociales y espirituales. Todo esto es comprensible dentro del contexto de desconcierto que la Iglesia vivía en medio de un cambio de época y de paradigmas para el cual no estaba suficientemente preparada. Esto no quita el interés de Claret demostrado tanto en este período como luego en Cuba, Madrid y Roma por estar bien formado; la prueba está en la cantidad de libros y la variedad de temas de su biblioteca personal.

      En cuanto al estilo de las misiones, Claret predicó y escribió siempre en catalán, que era la lengua de la gente que le escuchaba; por eso, en una época en que los predicadores muchas veces buscaban lucirse con la utilización de la lengua llamada culta, es decir el castellano, él prefirió la comunicación sencilla, popular y cercana a través del catalán. Los testimonios sobre el estilo de trato de Claret con las personas coinciden en que era sencillo, cordial y misericordioso, dejando a un lado la solemnidad, rigurosidad y terror en que abundaban algunos predicadores de la época para provocar el arrepentimiento y un cambio de vida más cristiano. Así lo reconoció su compañero de estudios el filósofo catalán Jaime Balmes.

3.     ¿Cómo llevó a cabo todo eso en la práctica?

      Claret tomó conciencia de que las misiones populares conseguían despertar la fe adormecida del pueblo, pero, al mismo tiempo, de que podían quedar reducidas a un esfuerzo aislado cuyos frutos se desvanecerían rápidamente con el paso del tiempo. Por eso, desde 1843, comenzó a aplicar una serie de estrategias apostólicas que a continuación detallaremos.

      La primera de dichas estrategias fue la producción y publicación de opúsculos y libros devocionales, ascéticos y catequéticos. Comenzó con un opúsculo devocional muy sencillo llamado Camí drèt y segúr per arribar al Cel, que contenía las oraciones básicas y algunas máximas de vida cristiana y que se convertiría en el libro devocional más utilizado en España durante aquella época, tanto en catalán como en castellano habiéndose publicado hacia finales del siglo XIX más de dos millones de ejemplares. Mientras tanto, comenzó a escribir también toda una serie de folletos titulados Avisos y dirigidos a diferentes grupos de destinatarios según sus etapas de vida, como niños, jóvenes y adultos, y sus estados de vida: religiosas, sacerdotes, solteras, casadas, viudas, padres de familia e incluso soldados. Luego produjo y editó diversos tipos de libros para sacerdotes y fieles, entre ellos cuatro catecismos de diferente tamaño y formato; sin embargo, prefirió las obras pequeñas y de fácil divulgación, pues estaba convencido de que en la clase popular había ansias de leer y aprender. Con el canónigo de la Catedral de Tarragona José Caixal, fundó en 1848 la Librería Religiosa, que se constituyó en la primera y principal editorial religiosa a nivel popular en España.

      La segunda estrategia fue la formación y agrupación de los seglares. En la década de los cuarenta, Claret estableció cuatro asociaciones para canalizar el fervor religioso que sus misiones despertaban en los fieles y encauzarlo hacia el cultivo de la vida espiritual, la formación doctrinal y el compromiso apostólico. Su confianza en las mujeres como protagonistas de la misión apostólica fue, sin duda, excepcional en una época en la que muchos eclesiásticos más bien desconfiaban de ellas y no las integraban en sus planes apostólicos. Claret no se vio libre de aquellos prejuicios y sospechas, pero se atrevió a apostar por la formación de las mujeres para que pudiesen ser protagonistas de la misión, especialmente en el ámbito familiar, en la catequesis, la educación y la caridad. Un ejemplo típico fue el de la propuesta de las llamadas diaconisas que en un su mente hubieran debido ser mujeres comprometidas en la pastoral eclesial, pero fue prohibida por el entonces arzobispo de Tarragona, Antonio Echánove. Otra propuesta que sí cuajó fue la de mujeres consagradas fuera del convento a las que llamó Hijas del Corazón de María. Se trataba de iniciativas novedosas y atrevidas. De manera especial, además, fue el apoyo que dio a una serie de nuevos institutos religiosos femeninos de vida apostólica que estaban surgiendo en aquellos años, tanto en la época de Cataluña como de Cuba y Madrid.

      La tercera estrategia fue la promoción de un clero más apostólico. Comenzó con la predicación de ejercicios espirituales para animar a los sacerdotes a vivir su vocación y ejercer su ministerio con mayor ardor. Un segundo paso fueron las conferencias para sacerdotes que él mismo ofreció durante algunos veranos en Vic. A través de estos medios conoció con más profundidad la realidad del clero y atrajo a numerosos sacerdotes a un estilo de vida más comprometido. Entre 1842 y 1850, constituyó, al menos, cuatro asociaciones apostólicas para congregar a los sacerdotes que querían dedicarse a la predicación de la Palabra de Dios. La más importante fue la Casa-misión de Vic, fundada el 16 de julio de 1849 en el antiguo seminario de Vic, y que a los dos meses se trasladó al antiguo convento de la Merced. Con esta Casa-misión nació la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, que actualmente cuenta con más de tres mil miembros en los cinco continentes.

      Como hemos podido apreciar, la aportación de Claret no radica principalmente en la originalidad de cada una de estas estrategias por separado, porque ya habían sido utilizadas en alguna medida por otros predicadores, sino en el plan de conjunto que supo trazar de forma claramente novedosa para su época. Esto no debería extrañarnos dado que fue un hombre que nació en un cambio de época y estuvo en los principales escenarios del estallido de la revolución industrial en la Península. Es significativo que naciera en un pueblo abierto a esta nueva mentalidad textil y liberal como fue Sallent y luego marchara a Barcelona donde se vivía la fiebre de la nueva sociedad que emergía. Más tarde, esa nueva mentalidad la fue aplicando en su actividad evangelizadora. Un solo hombre consiguió abarcar diversos campos de apostolado, establecer sinergias y entretejer redes de contacto entre personas y asociaciones que despertaron un movimiento apostólico amplio y múltiple en las diversas diócesis catalanas y en Canarias con una fuerte irradiación en toda la Península. Cuando Claret se vio obligado a aceptar la sede arzobispal de Santiago de Cuba, dejó estas estrategias en personas de confianza para que garantizaran su continuidad.

      En fin, nos encontramos ante un hombre que era hijo su época y al mismo tiempo la superaba. Nos deja, por lo tanto, un ejemplo para nosotros de cómo vivir en medio de las crisis y los desafíos sociales y eclesiales que estamos experimentando: con los pies arraigados en el suelo de nuestra época, aprendiendo del pasado, sin añorarlo, y lanzados decididamente a un futuro que hay que ir discerniendo, sin miedo, confiados en la acción de un Dios siempre presente en la historia y que se manifiesta a través de los signos de los tiempos.

      Muchas gracias a todos por su asistencia, especialmente a mis hermanos de Congregación, a mi familia y amigos y amigas.



[1] F. A. AGUILAR, Vida del Excmo. é Illmo. Sr. Don Antonio María Claret, misionero Apostólico, arzobispo de Cuba y después de Trajanópolis (In. Part. Infid.), Madrid 1871, 416.

[2] Memoria de lo observado por el que suscribe [J. Torrabadella] en el trato, conversaciones y tascas apostólicas de Excmo. é Ilmo. Sr. D. Antonio María Claret, en Arxiu Claret, caja Documentació primitiva, C. XI, r-A, N. 271, 1.

[3] Ib.

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martes, 18 de febrero de 2020

Monseñor J.I. Alemany presenta la exhortación postsinodal “Querida Amazonía” del Papa Francisco:.


Monseñor J.I. Alemany presenta la exhortación postsinodal "Querida Amazonía" del Papa Francisco:. (Asociación católica Evangelización siempre. 2020, Lima, 68 pp)

 

Con alegría hemos recibido esta exhortación postsinodal del Papa Francisco que responde a una necesidad grave de toda la humanidad: defender la casa común y de una manera concreta en la Amazonía, pulmón de la humanidad y de manera especial de América Latina.

 

El Papa Francisco, dejando de lado el problema aclarado suficientemente por los últimos pontífices sobre el celibato sacerdotal, nos lleva directamente al tema fundamental tratado por el Sínodo de la Amazonía cuyas conclusiones no cita directamente, pero las tiene presentes en toda su carta.

 

Para ello nos habla de cuatro sueños, que es una manera hermosa de decirnos cómo la humanidad, si los cumple, despertará renovada después de tanto sufrimiento con el calentamiento global y tantos desórdenes naturales.

Los sueños son:

 

El sueño social, que pide a la Iglesia permanecer al lado de los pobres y oprimidos.

El sueño cultural, que evitando la colonización de su cultura cuide las raíces propias de la historia amazónica. En este punto concreto el Papa alerta especialmente a los jóvenes.

El sueño ecológico que busca proteger a las personas y al ambiente en que viven tradicionalmente: "ayudar al corazón del hombre a abrirse confiadamente a aquel Dios que, no sólo ha creado todo lo que existe, sino que también se nos ha dado a sí mismo en Jesucristo" (41).

El sueño eclesial es el cuarto en el que el Papa Francisco concreta más su carta:

Partiendo de esta hermosa idea: "los cristianos no renunciamos a la propuesta de fe que recibimos del Evangelio. Si bien queremos luchar con todos, codo a codo, no nos avergonzamos de Jesucristo" (62).

+ Nos dice también que "Hace falta aceptar con valentía la novedad del Espíritu capaz de crear siempre algo nuevo con el tesoro inagotable de Jesucristo, porque la inculturación coloca a la Iglesia en un camino difícil, pero necesario" (69).

+ Pide que los católicos tengan la posibilidad de recibir los sacramentos, ya que toda evangelización nos habla de la vida divina que recibimos precisamente a través de los sacramentos.

+ Exhorta a los obispos de Latinoamérica a que animen a los jóvenes que tienen vocación misionera para que vayan a la Amazonía a hacer su apostolado.

+ Que se procure que las comunidades cristianas crezcan repletas de vida con laicos formados y comprometidos en la fe y sean protagonistas en sus comunidades.

El Papa Francisco, evitando la "clericalización" de las mujeres, habla de su necesidad en la Iglesia para que con el servicio propio de su feminidad, prolonguen en el apostolado "la fuerza y ternura de María".

Finalmente recalca Francisco que todos los cristianos luchen unidos en la defensa de los pobres de la Amazonía.

 

La carta sinodal termina señalando cómo «los indígenas se encuentran vitalmente con Jesucristo por muchas vías; pero el camino mariano ha contribuido más a este encuentro»  (111) y concluye con una invocación a la Reina de la Amazonía.

 

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo redentorista

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viernes, 14 de febrero de 2020

LA MADRE DE LA AMAZONIA, Papa Francisco

 LA MADRE DE LA AMAZONIA

111. Después de compartir algunos sueños, aliento a todos a avanzar en caminos concretos que permitan transformar la realidad de la Amazonia y liberarla de los males que la aquejan. Ahora levantemos la mirada a María. La Madre que Cristo nos dejó, aunque es la única Madre de todos, se manifiesta en la Amazonia de distintas maneras. Sabemos que «los indígenas se encuentran vitalmente con Jesucristo por muchas vías; pero el camino mariano ha contribuido más a este encuentro».[145] Ante la maravilla de la Amazonia, que hemos descubierto cada vez mejor en la preparación y en el desarrollo del Sínodo, creo que lo mejor es culminar esta Exhortación dirigiéndonos a ella:

Madre de la vida,
en tu seno materno se fue formando Jesús,
que es el Señor de todo lo que existe.
Resucitado, Él te transformó con su luz
y te hizo reina de toda la creación.
Por eso te pedimos que reines, María,
en el corazón palpitante de la Amazonia.

Muéstrate como madre de todas las creaturas,
en la belleza de las flores, de los ríos,
del gran río que la atraviesa
y de todo lo que vibra en sus selvas.
Cuida con tu cariño esa explosión de hermosura.

Pide a Jesús que derrame todo su amor
en los hombres y en las mujeres que allí habitan,
para que sepan admirarla y cuidarla.

Haz nacer a tu hijo en sus corazones
para que Él brille en la Amazonia,
en sus pueblos y en sus culturas,
con la luz de su Palabra, con el consuelo de su amor,
con su mensaje de fraternidad y de justicia.

Que en cada Eucaristía
se eleve también tanta maravilla
para la gloria del Padre.

Madre, mira a los pobres de la Amazonia,
porque su hogar está siendo destruido
por intereses mezquinos.
¡Cuánto dolor y cuánta miseria,
cuánto abandono y cuánto atropello
en esta tierra bendita,
desbordante de vida!

Toca la sensibilidad de los poderosos
porque aunque sentimos que ya es tarde
nos llamas a salvar
lo que todavía vive.

Madre del corazón traspasado
que sufres en tus hijos ultrajados
y en la naturaleza herida,
reina tú en la Amazonia
junto con tu hijo.
Reina para que nadie más se sienta dueño
de la obra de Dios.

En ti confiamos, Madre de la vida
no nos abandones
en esta hora oscura.
Amén
.

Papa Francisco

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SANTOTORIBIO MOGROVEJO, PADRE Y FORJADOR DE AMÉRICA. HUELLAS Y DESAFÍOS ANTE EL SÍNODO DE LA AMAZONÍA

SANTO TORIBIO MOGROVEJO, PADRE Y FORJADOR DE AMÉRICA.

HUELLAS Y DESAFÍOS ANTE EL SÍNODO DE LA AMAZONÍA

RESUMEN

José Antonio Benito, Director del Instituto de Estudios Toribianos, Lima, 2020

Lección inaugural del Curso Académico del Seminario Redemptoris Mater de Brasilia

 

Justo en el día de hoy nuestro Papa Francisco nos regala la exhortación postsinodal "Querida Amazonía" indicándonos en los parágrafos 62 al 65 que "El anuncio indispensable en la Amazonia es el que nos ayuda a reconocemos a Cristo en ellos y porque descubrimos la inmensa dignidad que les otorga el Padre Dios que los ama infinitamente. …Así, el kerygma y el amor fraterno conforman la gran síntesis de todo el contenido del Evangelio que no puede dejar de ser propuesta en la Amazonia. Es lo que vivieron grandes evangelizadores de América Latina como santo Toribio de Mogrovejo o san José de Anchieta.

 

1.      PADRE DE AMÉRICA

Para calibrar la figura de Mogrovejo no basta con equipararla con algunos santos contemporáneos suyos, obispos, como Tomás de Villanueva, Carlos Borromeo o Juan de Ribera, sino con otras como San Ambrosio (no solamente por la modalidad inesperada y sorprendente de su elección), y aquellas que han construido la Europa cristiana en momento de convulsión, como San Benito, San Isidoro de Sevilla, los Santos Hermanos Cirilo y Metodio. Así lo afirmó el historiador P. Fidel González Fernández en Lima en el congreso académico con motivo del IV Centenario de su muerte y en varios de sus artículos del estupendo Diccionario.

Si la Iglesia considera "padres" a los que gozan de santidad, ortodoxia, aprobación eclesiástica y antigüedad de vida (antes del siglo VIII), podemos considerar en este rubro para América a los pioneros, los del siglo XVI como Julián Garcés, Juan de Zumárraga, Vasco de Quiroga, Bartolomé de las Casas, Antonio de Valdivieso, Cristóbal de Pedraza, Juan del Valle, Agustín de la Coruña, Hernando de Trejo y Sanabria, Jerónimo de Loaysa; pero, entre todos, sobresale Toribio de Mogrovejo.

En el Concilio Plenario Latinoamericano de fines del siglo XIX, 1899, en la sesión última, las "Aclamaciones" le declaran "ejemplar y ornamento esplendente de todos los Prelados y sinodales de la América Latina".

Así lo recordarán los obispos latinoamericanos en 1978 en Puebla: "Un obispo, santo Toribio de Mogrovejo, es factor de primer orden en ese jalón fundamental de la Iglesia latinoamericana; por su libertad ante el Estado, su inteligencia y voluntad de servicio, es modelo e inspiración de pastores" (III CELAM).

El 10 de mayo de 1983 le fue otorgado por parte del Santo Padre Juan Pablo II el título de Patrono de los obispos de América Latina[1]. De igual modo, ha sido propuesto como paradigma de los pastores del Perú y de América como se manifiesta en el mensaje pronunciado por el propio Santo Padre a todos los obispos del Perú: su gran tarea consistió en realizar, iluminado por el Concilio de Trento, la primera evangelización del Mundo Nuevo en cuatro dimensiones: Evangelización para la santidad, Evangelización para la unidad en la fidelidad. Evangelización para la dignidad de la persona. Evangelización en constante sintonía con la Sede Apostólica[2].

A este respecto, es significativa la homilía del cardenal Giovanni Battista Re en el 25 aniversario de la proclamación de santo Toribio como patrono del episcopado de América Latina, 50 años de la Comisión y un año de Aparecida, el 9 de mayo de 2008, en la basílica de Santa Anastasia, en la que hay un altar dedicado a santo Toribio:

América Latina ha llegado a ser un continente mayoritariamente católico, de fe cristiana vigorosa y de extraordinaria creatividad, gracias a pastores como santo Toribio de Mogrovejo que supieron plantar la fe sólidamente y trabajaron con ardor para que echara raíces profundas…

Por su parte Francisco, al hilo de un cuadro que relata uno de sus milagros del agua, lo denominó como "nuevo Moisés" que supo cruzar orillas, las geográficas, culturales y, sobre todo, la del amor fraterno

2.      CONTEXTO Y VISIÓN GLOBAL

Nuestro protagonista se ubica en la España de los Austrias, y más en concreto, en la de Felipe II. Parece que nace un 16 de noviembre de 1538, en la villa de Mayorga (Valladolid), encrucijada de caminos, entre las actuales comunidades autónomas de Castilla-León, Asturias, Cantabria y Galicia. En 1551 inicia sus estudios de Gramática y Humanidades en Valladolid, capital del mundo hispánico. En 1562 acude a Salamanca donde enseña su tío Juan Mogrovejo, catedrático universitario. En 1569 obtiene el título de bachiller en Cánones y en 1571, peregrina a Compostela, y se licencia en Derecho. Cuando cursaba estudios de doctorado en el Colegio San Salvador de Oviedo, en 1574, se le nombra para Granada como Inquisidor Apostólico. En 1580, es propuesto como arzobispo; contaba con 39 años y necesitó una apurada ordenación sacerdotal como paso indispensable para la consagración episcopal.

En 1581 llega a Paita y hace su entrada en Lima un 12 de mayo. En 1583 tiene lugar el Tercer Concilio Limense del que emanan tres grandes publicaciones en quechua, aymara y español: el catecismo, el sermonario y el confesionario. En 1584 comienza su primera visita pastoral. En 1591 acomete una obra decisiva, la creación del Seminario que -dedicado en su día a Santo Toribio de Astorga- hoy lleva su nombre. Se siente, ante todo, pastor dispuesto a dar su vida por sus ovejas. A tal efecto crea nuevas parroquias. De igual modo, impulsará instituciones destinadas a la formación de líderes espirituales, académicos y sociales, en los monasterios como el de Santa Clara, hospitales como el de San Pedro, la Universidad de San Marcos, la Casa del Divorcio.... En 1593 inicia la segunda visita y en 1605 la tercera, falleciendo en 1606, un 23 de marzo, en Saña. Al año siguiente, 1607, un 27 de abril, es enterrado en Lima. En 1679 fue beatificado y en 1726, canonizado.

 

3.      DIMENSIONES. PERFILES

Como forjador y organizador de la Iglesia en América gracias a su santidad, su apuesta en la promoción humana y social del indio, su legislación conciliar y sinodal, su catequesis inculturada, podemos considerarlo como la encarnación de las huellas y frutos de la evangelización fundante. Lo podemos constatar en los nombres cristianos de las ciudades, sus actas; las doctrinas; los monasterios y conventos; los concilios, juntas y sínodos; las catedrales y cabildos; los misioneros ; los seminarios y centros educativos; los aportes lingüísticos con diccionarios, vocabularios; el arte (arquitectura, escultura, pintura); la jerarquía eclesiástica (obispos, superiores de congregaciones); sacerdotes y fieles; santos, beatos y siervos de Dios; las cofradías, hermandades, asociaciones y movimientos; los santuarios, advocaciones e  imágenes de María; las cruces y los crucificados; la  devoción a la Cruz y al Señor; la historiografía y bibliografía; los  archivos y bibliotecas; la celebración de las fiestas patronales; costumbres de la vida cotidiana como la oración, las procesiones, festividades religiosas del año…

Señala León Pinelo que, desde que entró en Lima, hasta la hora de la muerte, llevó una vida muy regular y sistemática a lo largo del cuarto de siglo. Consciente de que la primera reforma era la suya propia, se somete a un estricto régimen de vida, de obedienca fiel a su horario. Hay una palabra clave: conversión. Como en el reciente Sínodo de la Amazonía, conversión integral, pastoral, ecológica…De hecho, poco antes de morir exclamaría santo Toribio: "Bendito seas, Dios, el clero está muy reformado". No sin razón se le llamará el "Borromeo de las Indias".

4.      SABIO LEGISLADOR EN CONCILIOS Y SÍNODOS

 

De los 11 concilios provinciales y 57 sínodos diocesanos inventariados para la "edad dorada" de la Iglesia en Indias (1551-1622), 3 concilios (C3L [Concilio Tercero Limense],1582-83, C4L.1591, C5L 1601) y 13 (desde 1582 a 1604) sínodos fueron convocados por el obispo castellanoleonés Toribio Alfonso de Mogrovejo. De su importancia da fe la vigencia mantenida hasta el Concilio Plenario de América Latina, celebrado en Roma el año 1899. Se puede considerar como auténtico precedente del CELAM (Conferencias Episcopales Latinoamericanas), verdaderos concilios de la Iglesia para esta parte de la iglesia en América.

5.      ITINERANCIA DE UN CELOSO VISITADOR

 

Mogrovejo será un caminante empedernido, tanto que llegará a decir de él su primer biógrafo Antonio León Pinelo:

"Fue su vida una rueda, un movimiento perpetuo, que nunca paraba. Y si la del hombre, es milicia en la tierra, bien mereció el título de soldado de Cristo Señor Nuestro, pues nunca faltó a lo militante de su Iglesia, para conseguir el premio en la triunfante, que piadosamente entendemos que goza"[3].

            Sus visitas eran auténticos encuentros vitales con los indios y sus curas doctrineros. Del espíritu de las visitas nos habla su Relación y Memorial al Papa Clemente VIII:

« Después que vine a este Arzobispado de los Reyes de España, por el año de ochenta y uno, he visitado, por mi propia persona, y estando legítimamente impedido por mis visitadores, muchas y diversas veces, el distrito, conociendo y apacentando mis ovejas, corrigiendo y remediando, lo que ha parecido convenir, y predicando los domingos y fiestas a los indios y españoles, a cada uno en su lengua, y confirmando mucho número de gente, que han sido más de seiscientas mil ánimas a lo que entiendo y ha parecido, y andado y caminado más de cinco mil doscientas leguas, muchas veces a pie, por caminos muy fragosos y ríos, rompiendo por todas las dificultades, y careciendo algunas veces yo y la familia, de cama y comida, entrando a partes remotas de indios cristianos, que de ordinario traen guerra con los infieles, adonde ningún Prelado ni visitador había entrado»[4].

 

            Culmino con otra deliciosa en tiempos de Navidad. El jesuita P. Francisco de Contreras, que le conoció desde 1592 y fue ordenado de sacerdote por él, nos rescata de su memoria un gesto entrañable en tiempos de Navidad: "Y asimismo vio este testigo que habiéndole enviado de esta ciudad con grande regalo de dulces por ser tiempo de Navidad su hermana doña Grimanesa, el dicho Sr. Arzobispo lo repartió todo entre pobres yendo él mismo a los ranchos de los indios enfermos a visitarlos y dárselo sin quedarse con cosa y le dijeron a este testigo que aquella noche de la vigilia de Navidad había hecho colación con solo un durazno o manzana sin otra cosa".

6.      DESAFÍOS SANTO TORIBIO A LA LUZ DE LAS LÍNEAS PASTORALES DEL PAPA FRANCISCO

La constatación del hecho religioso, de la evangelización en la historia y las amenazas de la secularización y el deterioro social manifestado en la corrupción, la violencia, la injusticia, debe llevarnos a agradecer en primer lugar, estudiar y examinar, para concluir en un compromiso misionero, el único que puede dar respuesta a la necesidad de felicidad de cada persona y la paz social.

En este último apartado me sirvo de dos lecciones de mi gran amigo P. Carlos Rosell –quien ha sido rector del Seminario de Santo Toribio y de la Facultad de Teología- una se centró en Santo Toribio como misionero con olor a oveja y la otra a la luz de las líneas pastorales del papa Francisco[5], compartiéndonos que, si Santo Toribio de Mogrovejo viviera, nos diría lean la Evangelii gaudium, documento programático del papa Francisco.

1. Ir a lo esencial, Cristo

2. Ir a las periferias

3. Sentir el gusto espiritual de ser Pueblo.

4.  Dejarse sorprender por el Espíritu.

5. El valor de la pobreza.

CONCLUSIÓN. La Estrella de la Evangelización

Quiero culminar rescatando la devoción mariana de Santo Toribio como regalo para nuestra religiosidad popular. Fruto de esta devoción es la devoción popular mariana en Guadalupe, Aparecida, la Candelaria. Que Ella, Santa María, nos consuele y fortalezca en nuestra gozosa tarea de evangelizar aquí y ahora.



[1] Mario L. Grignani, Profesor de Historia de la Iglesia, Pontificia Universidad Urbaniana (Roma) ha preparado un interesante estudio titulado "Santo Toribio de Mogrovejo: de la extensión del culto a Patrono del Episcopado Latinoamericano. Estudio y publicación de los documentos del Archivo Arzobispal de Lima" para la revista STUDIUM VERITATIS de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, Lima.

[2] Lima, Conferencia Episcopal, 2 de febrero de 1985

[3] LEÓN PINELO, Antonio de Vida del Ilustrísimo y Reverendísimo D. Toribio Alfonso Mogrovejo, Arzobispo de la ciudad de los Reyes. Madrid 1653. Lima 1906. p.68

[4] J. A. BENITO RODRÍGUEZ, La Iglesia de Lima de 1598 según Santo Toribio de Mogrovejo, Lima 2006, 8.

[5] Dr. P. Carlos Rosell de Almeida, Rector de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima

 

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