viernes, 5 de agosto de 2016

SAN IGNACIO EN PAMPLONA, MEMORIA Y VIDA

Uno de los rinconcitos de sosiego espiritual en la dinámica Pamplona del siglo XXI es la basílica dedicada a San Ignacio, donde se expone y adora el Santísimo las 24 horas del día. Todos los viernes tengo el gozo de acompañar al Señor en la Eucaristía durante una hora. Me da mucho gusto compartiros la foto del bello retablo en honor al santo de Loyola y la lápida que recuerda la herida salvadora en defensa de la ciudadela. Además, el significativo monumento escultórico en memoria del gesto y del comienzo de su conversión.

La batalla de Pamplona 

https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Pamplona

se produjo el 20 de mayo de 1521 entre las tropas españolas y las navarras que tenían el apoyo de las francesas, tras la Conquista de Navarra realizada por las tropas españolas en 1512. Se sumó una sublevación de la población navarra con una rápida toma del castillo de Pamplona y de toda Navarra con escasas víctimas.

Enrique II consiguió el apoyo de Francisco I para recuperar el reino de Navarraaprovechando la aparente debilidad de la corona de Castilla enfrentada en la guerra de las Comunidades. Pero la reconquista se inició tarde cuando los comuneros ya estaban neutralizados, en mayo de 1521. Entonces tuvo lugar un alzamiento generalizado en toda Navarra, incluyendo las ciudades beaumontesas como era la ciudad de Pamplona, que había sido preparado desde el interior. Al mismo tiempo las tropas mandadas por el general Asparrots (o Lesparrou), André de Foix compuestas por 12.000 infantes en su mayoría gascones y que contaban con artillería pesada, rindieron el 15 de mayo San Juan Pie de Puerto, posteriormente Roncesvalles y Burguete.

La población de Pamplona se alzó y Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera y virrey de Navarra, salió de Pamplona hacia Alfaro el 17, siendo asaltado en el camino y saqueado. Los escasos soldados castellanos que se quedaron se encastillaron en la fortaleza de Pamplona. Entre ellos estaba el guipuzcoano oñacino capitán Íñigo López de Loyola (que posteriormente adquirió el nombre de religión de Ignacio por devoción al santo de Antioquía), que fue herido en las piernas en el bombardeo realizado durante seis horas para rendir la plaza. Entre los atacantes se hallaban los dos hermanos de Francisco de Javier, Miguel y Juan, que se quedarían al cuidado de la ciudad.

La recuperación del reino no había sido muy sangrienta. Se produjeron enfrentamientos con unos 1.000 guipuzcoanos oñacinos en el monte Zengarrén, donde hubo unos 17 muertos y otros cuatro muertos en Yesa cuando se cortó el paso a tropas que huían, además de los heridos en la fortaleza de Pamplona. Posteriormente tampoco se produjeron episodios de depuración con la población beaumontesa.1

La rápida reacción del ejército español con el reclutamiento de un ejército de 30.000 hombres bien pertrechados, entre ellos muchos de los comuneros vencidos en su guerra interna para redimir su pena, y los errores del general Aparrots que se dirigió con el grueso de las tropas a sitiar Logroño sin afianzar la recuperación del reino, llevaron a que en labatalla de Noáin se produjera una derrota de los navarro-gascones y por tanto la pérdida de la independencia de Navarra.

 

Basílica de San Ignacio

Donde hoy se encuentra la basílica de San Ignacio estaba el castillo que el rey castellano Fernando el Católico mandó construir poco después de conquistar Navarra (siglo XVI).

Fue asediado por los legítimos herederos al trono de Navarra, a los pocos años de su construcción, en un fracasado intento de reconquistar el Reyno. En esta batalla luchó, del lado del ejército castellano, defendiendo el castillo, el soldado guipuzcoano Íñigo de Loyola, quien cayó gravemente herido en la batalla.

Para conmemorar este hecho histórico, en 1601 el virrey Cardona mandó colocar en el lugar exacto en que cayó herido el santo un arco y una lápida conmemorativa (que hoy se encuentra en el patio de la Cámara de Comptos). Más tarde, a finales del siglo XVII, se construyó en ese mismo punto la Basílica de San Ignacio, quedando dicha lápida de piedra en una pared del interior de la Basílica.

La Basílica de San Ignacio fue totalmente reformada en 1927, cuando el arquitecto Serapio Esparza levanto la actual fábrica, dotada de torre y chapitel puntiagudo, ya que la Basílica fue parcialmente derribada, perdiendo un tercio de su longitud, y su fachada retrasada unos metros a fin de construir la actual Avenida de San Ignacio.

Monumento a San Ignacio

Situado en la avenida pamplonesa de su mismo nombre, conmemora el lugar y el momento en que San Ignacio de Loyola cayó herido en la defensa del castillo de Pamplona. Compuesto por cuatro figuras humanas y un perro, centra la composición el joven Iñigo de Loyola tendido en una camilla. Su autor, el artista catalán Joan Flotats, se inscribe dentro de la corriente figurativa realista, patente sobre todo en sus obras de naturaleza religiosa que trabaja en diversos materiales. En los primeros años del siglo XX, Flotats modeló en bronce un grupo escultórico que representaba el momento en el que Iñigo de Loyola, tras ser herido, llegaba a las puertas de su casa conducido por sus servidores. Esta pieza se emplazó a la entrada de la casa natal de San Ignacio en el Santuario de Loyola, en Azpeitia (Guipúzcoa). En 1950, el escultor Áureo Rebolé realizó una copia en argamasa y piedra artificial del bronce original, que se colocó en Pamplona. Y en 2005, la escultura de Rebolé fue sustituida por un grupo en bronce, que sigue fielmente el modelo original en escayola de Joan Flotats localizado en una casa de ejercicios de Manresa.

José Javier Azanza López http://esculturas.pamplona.es/VerPagina.asp?IdPag=247&Idioma=1

 

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