domingo, 21 de febrero de 2016

Juan Calienes: Científico, educador y obispo de Arequipa (1799-1866)

"Juan Calienes: Científico, educador y obispo de Arequipa (1799-1866)" Revista del Archivo Arzobispal de Arequipa n 6, Arequipa, pp.11-56.

                          JUAN CALIENES: CIENTÍFICO, EDUCADOR Y OBISPO DE AREQUIPA

                                                                             (1799-1866)

José Antonio Benito Rodríguez

                                                                                                                                                                            

El poeta arequipeño, César Atahualpa Rodríguez, valorará con exactitud y belleza la obra pedagógica de nuestro protagonista Calienes, en su Canto a Arequipa de 1918:

 

"Aquí los frailes humildes dieron ciencia y dieron luz,

ardiendo en cívicas ansias que les agitó las sienes;

por eso el Deán Valdivia me parece un arcabuz

y un Ateneo el cerebro del mendicante Calienes..."

 

De él dijo su contemporáneo y célebre Deán Valdivia, al hablar del Colegio "San Francisco", en sus "Fragmentos para la historia de Arequipa":

"Hoy se conserva el estudio por los esfuerzos que ha hecho como veinte años el actual Regente Calienes, religioso de admirable constancia para la educación".

 

Si el célebre P. Manuel Jesús Castro, en su colaboración para la revista gráfica Mundial, en 1928, tras palabras llenas de encomio, pudo decir que la "dulce y querida imagen de Fr. Juan Fernández Calienes y Olazábal, (estaba) ya borrosa para la generación actual"; hoy, que nos atenaza el peligro de una suicida amnesia, su memoria apenas se reduce al cuadro de la galería de arequipeños ilustres, el nombre de la plaza en Selva Alegre y el ser titular también de dos colegios en Arequipa. También en 1964, el P. Abel Pacheco Sánchez, fundaba en Cusco, la Escuela Normal Superior "Obispo Calienes". En el Colegio "San Francisco" se editó durante varios años una revista que llevaba el nombre de "Calienes". Conocíamos las semblanzas dedicadas a su persona por los clásicos estudiosos del episcopado arequipeño, Mariano Ambrosio Cateriano y Mons. Santiago Martínez; con sus valiosos datos hemos intentado pergeñar una semblanza más completa, consultando en los ricos archivos y bibliotecas de Arequipa. Después de cumplir los 25 años de la inauguración de los colegios "Calienes" y el bicentenario de su nacimiento, en 1999, creo poder presentar una imagen más viva y cercana.

 

"JUAN, HIJO DE PADRES NO CONOCIDOS"

Tal es el humilde origen de nuestro gran prelado, si nos atenemos a la nota marginal de su "partida de bautismo". Un niño al que se le puso el nombre de Juan por ser nacido y bautizado el día de san Juan de la Cruz, 24 de noviembre, según el antiguo calendario litúrgico; uno de los muchos "Juan de la Cruz"[1] nacidos o bautizados en esa fecha. Hoy conocemos la fecha exacta de su nacimiento y bautismo por  los datos encontrados en el Archivo Arzobispal de Arequipa, Parroquia de la Catedral o del Sagrario. En el libro 54 de "bautizos", años 1799-1800, folio 143 v figura la siguiente partida:

"Juan, hijo de padres no conocidos. Año del Señor de 1799, a 24 de noviembre, yo Juan José de Cáceres, Teniente de Cura, Rector de esta Santa Iglesia Catedral de Arequipa, bauticé, puse óleo y crisma a una criatura del día a quien puse por nombre Juan, hijo de padres no conocidos. Fueron sus padrinos el Subteniente de Milicias, D. Manuel Yyauri y Doña Rosa Saconetta, a quien advertí su obligación y parentesco espiritual y lo firmé".

En el margen izquierdo superior se incluye una nota por la que se nos informa del matrimonio de sus padres, así como el reconocimiento legal de nuestro protagonista[2] En la misma hoja se inserta la partida de su hermana Melchora:

Año del Señor de 1808, día 7 de enero, yo el presbítero don Mario Josef de Herrera, Teniente de Cura Rector del Sagrario de esta Santa Iglesia Catedral de Arequipa, en esta Auxiliar de Santiago bauticé solemnemente, puse óleo y chrisma a una niña de un día y le puse por nombre MELCHORA, hija legítima de don Felipe Calienes y de Josefa Olazáva.

 

Será, por tanto, nueve años después, una vez que sus padres regularizan su matrimonio, cuando el niño fue reconocido legítimamente[3]. Conocemos algunos datos de su abuelo materno, el capitán Francisco Olazábal Arancivia. Era hijo natural de José de Olazábal y María Arancivia. Su profesión -heredada del padre- fue la de ensayador, fundidor y balanzario, especie de ingeniero técnico y administrativo de los metales preciosos de las Reales Cajas de Arequipa. Se casó con Isidora Cornejo, enviudando a los 12 años de su matrimonio. Tuvo tres hijos naturales (Josefa, José y Diego), parece que de Inés Ramos[4] M. A. Cateriano, primer biógrafo de Calienes, nos habla de que fue "educado bajo los principios de la más sana moral y muerto su padre cuando aún se hallaba todavía en tierna edad, pasó el joven Calienes sus primeros días en el modesto hogar materno, lejos de las comodidades y goces que proporciona la posesión de bienes de fortuna"( Cateriano  1908: .244.).Habla también de su formación con el rígido profesor de lengua latina Bartolomé Arana, el mismo que le tocó en los primeros años de Juan Gualberto Valdivia.

 

FRANCISCANO

El prestigio bien ganado de la Orden Franciscana por su sencillez, identificación con el pueblo, su celo misionero -con altibajos ciertamente- permaneció a lo largo del tormentoso siglo XIX. Julián Heras nos recuerda que fueron ocho los obispos franciscanos a lo largo del siglo XIX en el Perú: Hipólito Sánchez Rangel (1805-24) en Maynas, Francisco de Sales Arrieta (1841-1843) de Lima, Manuel Plaza (1848-53) de Cuenca (Ecuador), Juan Estévanez Seminario (1880) en Puno, José Ma. Masiá, de Loja (Ecuador), Alfonso Ma. Sardinas (1890-1903) de Huánuco, Francisco Solano Risco (1865-1903) (Heras 1996: 75-112). Junto a ellos están otros franciscanos que salidos de los claustros franciscanos alcanzaron la mitra en los comienzos del S. XX: Santiago Irala (1904-8) de Chachapoyas, Mariano Holguín (1904-45) de Huaraz y Arequipa; José Gregorio Castro (1910-17) del Cuzco; Antonio Rafael Villanueva (1928-33) de Cajamarca y Francisco Irazola (1925-40), primer vicario apostólico del Ucayali.

 

El 19 de abril de 1817 tomó el hábito en La Recoleta de san Francisco, de manos del Guardián P. Felipe Vilar, y al cumplir el año de su noviciado, 20 de abril de 1817, emitió los votos de religioso profeso en manos del P. Sebastián Belenguer. Fueron sus maestros de noviciado los PP. Pedro Muñiz y José María de la Torre. Uno de los compañeros con los que convivió más tiempo y más estrechamente fue Fr. Juan de Dios Begazo; tanto uno como otro, al preguntarles acerca de su destino, contestaron que profesaban para la Observancia, por lo que a los pocos días pasó al convento de la Recoleta de la ciudad de Arequipa (Arroyo 1951:.476).. En este tiempo se instruye en las constituciones de la orden, en la liturgia, el canto llano y el salterio. Sus biógrafos enfatizan los grandes valores de su personalidad, "entre los cuales descollaron la dulzura de carácter, la humildad y la mansedumbre".

Conocemos el mundo recoletano en que Calienes vivió como novicio por una visita practicada por el arcediano de la catedral de Arequipa, Francisco Xavier Echevarría, el 6 de mayo de 1822, y en la que no salen muy bien parados los religiosos de la Recoleta por el abandono en que se hallaba postrada la sacristía. Lo mismo sucede con la librería, viéndose obligado el visitador a amonestar al guardián P. Fray Hipólito Quadros a que cuidase con esmero de la Biblioteca; al efecto, le recuerda las penas máximas de excomunión del Papa Pío V para quien robase un libro, se insta a clasificar los libros con mejor método y que, para evitar la pérdida, se anote siempre en un recibo que se saca un libro; debido a la obscuridad de la sala, se ordena se abra una ventana en la bóveda de la pieza y se le ponga una reja de hierro para mayor seguridad.

Tales observaciones coinciden sustancialmente con el escrutinio dado por los religiosos el 10 de mayo de 1823. El P. Fr. Juan de Dios Gómez, vicario de casa, dijo que las celdas estaban ruinosas y necesitaban componerse. "Que el Noviciado necesitaba de refacción y evitar la muchísima humedad con que está inundado por la cercanía a la acequia". El P. Monfaraz dijo que en lo material necesitaba mucha reforma por falta de celdas y aseo en las oficinas comunes; que la sacristía estaba desmantelada en los altares y ornamentos, pues no se ha puesto ninguno en más de once años desde que murió el P. Cáceres; los enfermos no tienen asistencia ni medicina; propone como guardián al P. Guillén "por desinteresado y afecto a los pobres".

 

No fueron fáciles los tiempos del noviciado, por coincidir con los recios tiempos de la emancipación política de  Perú y disposiciones legales del Gobierno poco favorables al ejercicio de la vida conventual[5]. En el escrutinio el P. Guardián revela los tiempos difíciles por los que atraviesan: "por lo que mira a la limosna de obras pías, casi no se pueden recaudar en el día por la penuria del tiempo...pues las limosnas en especies que solían recogerse en Camaná y Tambo de aceite, miel, ají, están perdidas. Que en la ciudad todavía no se sabe lo que darán de la limosna del maíz". Tan calamitosa ve la situación que piensa en "disminuir el número de conventuales". Informan 36 frailes, todos los profesos. Calienes todavía estaba en el noviciado[6].

 

El género de vida de las casas "recoletas" obedece a los deseos de los primeros franciscanos de consagrarse más intensamente a la oración y a la penitencia, en el marco de una vida de silencio y soledad. Con el correr del tiempo la vida apostólica y contemplativa sufrió cierto menoscabo por lo que se crearon los grupos Reformadores, Descalzos y Recoletos. En estos centros -como el de La Recoleta de Arequipa "el rezo del Oficio Divino era muy pausado y devoto...Los maitines los rezaban a media noche, y a continuación hacían oración mental, durando todo hasta las tres de la madrugada. A continuación rezaban el Oficio de la Santísima Virgen". La pobreza era extremada, tanto en la alimentación, sin apenas carne, como en el hábito de tosco sayal. Las celdas estrechas, oscuras y bajas, sin ninguna comodidad, como se puede apreciar en la actualidad en el Museo del convento. Conocemos su horario por el panegírico de san Jenaro, predicado en el convento por Fray Fulgencio Maldonado, Chantre de la Catedral de Arequipa, y que pasaba temporadas con los religiosos:

 

"Amanéceles (según las diferencias del año) una hora antes del día...Un vilísimo sayal, ardiente en verano y en invierno helado) corren ellos a las consonancias de su Prima, que atienden los Cielos, como si allá faltasen músicas o no sobrasen Primas. Síguense las pocas horas que hay hasta las nueve; y en éstas (seguros de sí, sí, que no hay más seguridad en el cielo y la tierra que las de las conciencias aseadas, puras) seguros de sí, y solícitos de los bienes, que en todo género os desean, ofrecen para alcanzároslos, sacrificio de alabanza en esos altares. Ocupándose a este mismo tiempo los demás en mil religiosas tareas. Vuelven luego a sus horas, y Misa mayor; y acabados los oficios, reciben los mendigos de Dios un moderado sustento de la mano de su Providencia. Diré también que de la vuestra, para ellos piadosísima; pero gobernada de la divina, que os inspira y rige. Y después de la debida acción de gracias, se ocupan en oficios humildísimos. Pasemos de las Vísperas, Completas, contemplación, disciplina, y demás santos ejercicios de su costumbre, y vengamos a lo tremendo de la noche. Recógense entre ocho y nueve a sus breves celditas, sin luz ninguna... Cítalos indispensablemente la media noche a repetir su difícil carrera en los Maitines. Dícenlos, no tanto leyendo, como contemplando sus salmos y lecciones. Gastan en eso, y en el rato de oración mental, regularmente tres horas; y en protestación de que no les cansa ese fatigoso correr, bajan al Noviciado, donde de nuevo los ocupa el Oficio de la Virgen; y apenas, después de esto, pudieron reclinar la cabeza, cuando vuelve a citarlos Prima. ¿Son estrechuras, son aprietos estos de los que juzgábades imposibles al vigor humano? Pues esos corren, esos vuelan, voluntariosos, no forzados, previniendo, no impelidos, en el alcance de aquel Señor, a quien tanto saber hacen obediencias anticipadas de los que así le siguen y celebran" (Cit. en Arroyo 1951: 65-67).

 

Por estos años Perú está librando el drama vivido con caracteres épicos de la Independencia nacional. Calienes no pudo estar al margen de tan magno acontecimiento. Instaurada la República hubo cierta inestabilidad y desorden en los conventos, aumentada por la expulsión del arzobispo de Lima, Bartolomé de las Heras en 1821. España vive el trienio liberal anticlerical y el recién estrenado gobierno del Perú sigue el ejemplo; así, el libertador Simón Bolívar cierra en 1824 los grandes centros misioneros franciscanos de Ocopa y Moquegua. La puntilla vendrá a colocarla el Decreto sobre Reforma de Regulares de 28 de septiembre de 1826 por el General Andrés de Santa Cruz, presidente del Gobierno y representante de Bolívar, quien arrebató a los regulares la administración de sus bienes, despojó de su autoridad a los Provinciales y Visitadores, al tiempo que se ordenaba que en ningún pueblo o ciudad de la República se mantuviesen dos conventos de la misma Orden; tan sólo se salvaron de esta medida sectaria los Descalzos de Lima y la Recoleta de Arequipa. Por estas medidas los religiosos quedaban sujetos a los obispos, se suprimían las provincias religiosas y los frailes que no aceptasen secularizarse debían reubicarse en otras casas. Las Recoletas franciscanas, oasis de silencio y fervor, símbolo de la más estricta observancia, no se libraron de las vicisitudes y también vieron disminuir el número de sus miembros. Mons. Odorico Sáiz concluye que "de las conmociones bélicas salió la jerarquía eclesiástica convulsionada, disminuido el clero, los seminarios cerrados o perturbados, las órdenes religiosas presa de la división o de relajación y el pueblo manchado de miserias morales (Sáiz 1993: 57).

Una vez emitidos los votos de su profesión pasó al convento de san Francisco. Allá principió sus estudios, siendo su lector de Filosofía Fray José Salas y de Teología Bernardino Cabrera.  El 26 de mayo de 1820 nos lo encontramos como Maestro ayudante de Filosofía. felizmente se conservan las actas de los capítulos celebrados durante los años en que Calienes hace vida conventual en san Francisco. En 1823, 30 de abril, figura como hermano de órdenes menores, enfermo. Fue elegido Guardián el P. Isidro Rodríguez[7]. sabemos que los días 21 y 22 de febrero de 1823 fue ordenado por el obispo Goyeneche de primera tonsura y de ostiario y lector, esto es, las antes denominadas "órdenes menores" hoy "primeros ministerios", 5 subdiáconos de su Orden y el diácono Tomás Peralta; entre los ocho presbíteros, figura el célebre Deán Valdivia. Terminado el estudio de la Teología, recibió las órdenes sagradas en 1826. Año borrascoso, en que el Gobierno Supremo de la República dicta leyes favorables a la exclaustración de los religiosos, tendentes a socavar los cimientos de la misma vida claustral. El citado Juan Gualberto Valdivia, a la sazón fraile mercedario, aprovechó la medida laxa para dejar la orden redentora de cautivos. Nuestro protagonista se ocupará prontamente de la enseñanza como maestro de estudiantes del célebre Colegio de San Francisco. A principios de 1830 obtuvo, mediante concurso, el título de lector de Filosofía. Al año siguiente enseña matemáticas, disciplina en la que descuella notablemente como veremos más adelante. Si nos fijamos en los capítulos celebrados en su convento, el P. Calienes figura con los cargos y títulos siguientes:[8]

 

Fecha capítulo

 

Calidad

 

Elección

 

1820, 26 de mayo

 

Mt.ayudante Filosofía

 

 

 

1823, 30 abril

 

Hermano de órdenes menores, enfermo

 

P.Isidro Rodríguez

 

1830, 30 julio

 

Padre Regente

 

 

 

1833, 23 enero

 

Padre Lector

 

 

 

1836, 26 abril

 

Lector Derecho y Matemáticas

 

 

 

1842, 8 agosto

 

Padre de voz activa

Regente de estudios

 

 

 

1845, 4 de agosto

 

Regente de estudios, rector por Lector Jubilado

 

 

 

1848, 15 agosto

 

Regente de estudios, lector dos veces jubilado

 

Guardián, Calienes

 

1851, 3 noviembre

 

Regente de estudios, lector dos veces jubilado. Padre Discreto

 

Reelegido

 

1855, 11 mayo           

 

No figura en san Francisco, está en La Recoleta

 

 

 

1858, 31 mayo

 

Regente

 

 

 

1861, 24 mayo

 

Regente

 

 

 

1865

 

Notifica su nombramiento como obispo

 

 

 

En 1832 pronunció una alocución, con motivo de la conclusión del examen de Filosofía y Matemáticas que presentaron sus alumnos, dedicado a la Junta Departamental y que le valió el otorgamiento de Doctor en Teología, el 27 de agosto del mismo año[9].

 

Durante su regencia no descuidó las obras arquitectónicas del convento tal como nos lo manifiesta la célebre escritora María Nieves y Bustamante:

"El Reverendo Padre Fray Juan Calienes la hermoseó (la iglesia de san Francisco) con el elegante altar mayor que posee, cuya forma él solo imaginó, el tabernáculo no tiene rival en Arequipa por su buen gusto, lo mismo que el camarín; las pinturas aunque muy deterioradas revelan que fueron bastantes buenas"[10]

 

SU ABNEGACIÓN PEDAGÓGICA EN EL COLEGIO SAN FRANCISCO

 

La clave de la vida de Juan Calienes es su decidida vocación a la educación, a la enseñanza. Su biógrafo Cateriano, que le conoció en vida, nos acerca a su celosa tarea, remarcando que será uno de los más grandes reformadores educativos y didácticos que Arequipa ha tenido. De él dirá su contemporáneo y célebre Deán Valdivia, al hablar del Colegio en sus "Fragmentos para la historia de Arequipa":Hoy se conserva el estudio por los esfuerzos que ha hecho como veinte años el actual Regente Calienes, religioso de admirable constancia para la educación.

 

El célebre P. Manuel Jesús Castro, en su colaboración para la revista gráfica Mundial, tras una rápida descripción de la historia y el arte del convento de San Francisco, se centra en nuestro personaje:

"De grado personifico cual belleza (moral de este Monasterio) con el voto plebiscitario de Arequipa, en la dulce y querida imagen de Fr. Juan Fernández Calienes y Olazábal, ya borrosa para la generación actual. ¿Acaso a título de buen religioso, mejor sacerdote y obispo dieciséis meses mártir? No, con ser valederos los motivos. ¿Acaso por haber sido orador eminente, de insinuarte persuasiva, filósofo práctico y teólogo profundo como sencillo? ¿Quizá por matemático intuitivo, geómetra inventor coincidente con el sabio Juan de Dios Salazar del gonómetro o verticalímetro? Tampoco, que a mayor altura frisan los méritos de este amable franciscano y Padre de verdad. Hay personajes que llenan de suyo una época, un siglo. La voz de dos generaciones ¡y qué voces! proclaman un nombre y acreditan un título, símbolo de incomparable belleza espiritual: Fr. Juan Calienes, Maestro amado de la juventud en el Colegio de San Francisco". (17 de diciembre de 1928).

 

El colegio San Francisco, destinado a la enseñanza de religiosos, sólo contaba con las aulas de latín, humanidades y teología, sin embargo el nuevo regente de 1833 amplió la currícula a las cinco facultades, a saber: Derecho, en sus dos ramas Natural, de Gentes y Canónico; la de matemáticas, filosofía y literatura. Sin olvidar los cursos que en la actualidad se dan en la secundaria, dirigía personalmente toda la enseñanza durante el primer curso, encargando su regencia en los años superiores a los alumnos más destacados. Tal sucedió con los doctores Miguel Garaicochea, M. Lorenzo Bedoya y J.Manuel Maldonado. La redacción y corrección de todos los textos de enseñanza corría a su cargo, cuidando la ortodoxia y la puesta al día en cuanto a calidad científica se refiere.

En cuanto a la disciplina, eliminó los castigos físicos externos, implantando un sistema positivo cimentado en la motivación interior, con el fin de excitar "el pundonor, la nobleza de sentimientos y la elevación de miras. Corregía con suavidad y castigaba con moderación. En cada alumno veía un verdadero hijo al que trataba con esa amabilidad y dulzura tan peculiares de su bello carácter... Con prendas tan estimables, con un afecto tan paternal a la juventud estudiosa, cautivó las voluntades de sus numerosos discípulos y se hizo amar entrañablemente de cuantos se le acercaban. El afecto que llegó a conquistar fue de tal grado, que ningún director de colegio, en su tiempo, ni en el nuestro, le ha merecido más entrañable ni con más justicia, pues el regente Calienes no sólo tuvo admiradores fervientes sino devotos fanáticos[11]".

Las aulas estaban perfectamente provistas de todos los muebles, útiles e instrumentos necesarios. Contaba con un ambiente general, para los exámenes; la secretaría, archivo, oficinas, imprenta, en la que se estampaban los textos, los programas y varios folletos populares.

Así lo hace saber en un tratado de Teología sobre la Eucaristía, en 1848, donde incluye la siguiente nota: "los demás tratados que forman el curso completo de Teología dogmática, escolástica y moral, se publicarán sucesivamente en cuadernos separados y en tomos. Lo mismo se hará con las demás materias: gramática, filosofía, matemáticas y Derecho".

Con el fin de hacer partícipe a su colegio de las concesiones otorgadas por la ley a los colegios nacionales, obtuvo del gobierno por ley de 13 de enero de 1848 el título de colegio público y por ley de 29 de noviembre de 1851 el de nacional, al tiempo que le concedió la posibilidad de usar la opa celeste y la beca blanca. Con estos logros, el colegio estaba facultado ya para conferir grados por los que podían optar directamente a la Universidad.

Su prestigio le llevó a que los profesores del colegio fueran indultados con las dispensas de dos años de práctica, de los cuatro que exigía la ley para la recepción de abogado.

Con el fin de solemnizar el título de "nacional" del colegio, eligieron un día señalado para celebrarlo, vistiendo la beca todo el claustro de profesores, los alumnos y él mismo, director; la Universidad le confirió el grado de doctor en Teología.

Precisamente en estos lances es donde se revela su gran temple. Desde mayo de 1843 José Gregorio Paz Soldán comenzó a atacar al Colegio negándole en sus vistas fiscales la facultad de enseñar Derecho y las materias ajenas a las disciplinas eclesiásticas. Los alumnos y los padres de familia en un escrito titulado ¡Al Público! refutaron las invectivas del intelectual arequipeño. El 25 de febrero de 1845 el Prefecto D. Pedro Cúneo le pidió que diera facilidades a la Sección Económica del claustro universitario, integrada por Ezequiel Rey de Castro y Mateo Paz Soldán en la visita que debían practicar en el colegio san Francisco. Calienes sostuvo que la Universidad carecía de derecho para tal inspección: "Sin embargo, si a Uds. parece conveniente estoy pronto a la visita indicada con tal que se haga por profesores imparciales o por la Academia Lauretana, sin que por esto se dé opción a la Universidad para adquirir un derecho que no tiene...El Colegio era el único que después de haber pasado al través de las revoluciones que han agitado en tiempos de superación sin más apoyo que la constancia de un Pobre del Evangelio se había tomado el trabajo de uniformar en lo posible las ciencias y aumentarlas con descubrimientos propios".

El 10 de enero de 1852, el Presidente General D. José Rufino Echenique dirigió la siguiente carta al P. Calienes:"al poner el cúmplase a la resolución del Congreso por la que se declaraba la nacionalidad del Colegio de san Francisco, no había hecho más que ejercer un acto de justicia y satisfacer los deseos públicos que hacía tiempo reclamaban en favor de tal establecimiento ese título más para su estabilidad y su buen crédito".

El colegio fue creciendo en fama y prestigio. Una de las asignaturas más destacadas fueron las matemáticas. Sobresalieron en ellas el Dr. Juan de Dios Salazar, matemático y teniente de cosmógrafo; el Dr. Miguel Wenceslao Garaicochea, autor del célebre Tratado sobre el cálculo binomial se educó en el centro, enseñó y fue promovido a la cátedra universitaria bajo el padrinazgo del Dr. Calienes.

 

Me parece de interés el dar cuenta en el anexo 3 los alumnos del Maestro ya que representa lo más granado y selecto de la juventud arequipeña del momento, 1840  Pocos pedagogos habrán visto tan entrañable y afectuosa correspondencia de sus alumnos como Calienes. Este amor, inspirado en la gratitud granjeada por su alta calidad científica como catedrático, en su hábil ejercicio como director y, sobre todo, en su dulce y paciente carácter, le valieron muestras de tan alto aprecio como las manifestaciones populares para pedir al Gobierno que le propusiera como obispo de Arequipa.

 

Lo encontramos, por tanto, como profesor de Teología de primer año; de Física a los de Primera de Matemáticas; de Metafísica a los de Filosofía de primer año y Lógica a los de Filosofía 2?.

En Derecho, dirige la asignatura de Derecho Civil en primer año; Teología, los de 2?; Ética, 3?; Metafísica, 4?; Lógica, 5?.

En 1844, por medio de la hoja de exámenes, sabemos que impartía las siguientes materias:

. Primera de Derecho Civil

. Teología, Encarnación

. Segundo de Derecho: Derecho Natural

 Matemáticas:Aritmética

. Filosofía: Lógica.

 

SUS INVENTOS MATEMÁTICOS. EL GONÓGRAFO

Manuel Huanqui describirá el verticalímetro, a pedido del biógrafo de Calienes, M.A. Cateriano:

"Fue un instrumento inventado o ideado por él para medir los ángulos rectilíneos, cuya construcción, recordando la figura que existía traza en la forma o testero del antiguo general del colegio de N.S.P. San Francisco, era de un semicírculo graduado y dos anteojos, uno horizontal y otro vertical movible. Empeñado el R.Dr. Calienes en medir los ángulos por líneas homólogas o rectas, esto es sin emplear los arcos del círculo, afirmaba que con el verticalímetro, que a su concepto era de construcción demasiado sencilla, se conseguía ese objeto"[12].

 

Otro instrumento parecido, el gonógrafo, también fue ideado por el Dr. Calienes. Era un instrumento que describía ángulos y trazaba figuras sobre el terreno. A diferencia del Metrógono, consistía en un semicírculo, cuyo diámetro se hallaba dividido en 100 partes iguales, por perpendiculares que designaban en la circunferencia, igual número de divisiones. De las extremidades del diámetro, partían cuerdas a cada una de las divisiones, que indicaban las visuales con que en dichos extremos, se hacía la observación del ángulo. De tales divisiones, que bajaban perpendiculares al diámetro, lo dividían en dos segmentos, uno de los cuales designaba la medida del ángulo del otro lado. Con las mismas cuerdas y diámetros, se presentaba un triángulo rectángulo, que tenía el ángulo recto en la circunferencia y su medida se designaba por el diámetro

 

 El Dr. Juan de Dios Salazar describe también el gonógrafo :

"Instrumento para describir ángulos y trazar figuras sobre el terreno. Difiere del Metrógono en no tener uso para la medición de un ángulo dado, sino de la especie de aquellos que están alineados sobre el instrumento. El que ha dado a conocer el filantrópico matemático Dr. Fray Juan Calienes, es de este género, descubre una idea muy ingeniosa y es adecuado para las operaciones gráficas de Geodesia. Es nuestro objeto rectificarle bajo de este principio, así para facilitar su manejo, como para dar idea de los puntos de contacto que tiene con el nuestro.

En suma, todo el aparato de este instrumento consiste en un semicírculo, cuyo diámetro se halla dividido en 100 partes iguales, por perpendiculares que designan en la circunferencia igual número de divisiones. De las extremidades del diámetro parten cuerdas a cada una de estas últimas divisiones, que indican las visuales con que en dichos extremos se hace la observación del ángulo. Des estas mismas divisiones bajan perpendiculares al diámetro, que dividiéndolo en dos segmentos, cada uno designa la medida del ángulo del otro lado. Con estas cuerdas y diámetro se representa un triángulo rectángulo que tiene el ángulo recto en la circunferencia y su medida se designa por el diámetro. Y como el diámetro y sus segmento representan los cuadrados de los lados respectivos de este triángulo, es claro que con las raíces cuadradas de las cantidades que designan los ángulos, serán designados los lados opuestos, y que por medio de sus valores relativos, será fácil hallar los valores absolutos, dado uno de ellos.

Si a este principio añadimos que el cociente de un segmento dividido por el otro es el cuadrado de la expresión del ángulo del centro, habremos franqueado el paso de esta doctrina a la nuestra, ministrándole un principio tan fecundo que es como la clave de la trigonometría. En efecto, si en vez de designar los valores de los ángulos en medidas de los segmentos, se designaren primitivamente con medidas de las cuerdas, el cociente de la una dividida por la otra daría una expresión racional y racionales los lados del triángulo rectángulo formado por la visual del centro y su respectiva perpendicular.

Pero contrayéndonos al objeto principal de trasladar la observación de las extremidades al centro del instrumento, conservando las denominaciones que designa un segmento, es de advertir que de este modo el ángulo del centro resulta con lados racionales y base irracional; pues el radio visual está valorificado por un semidiámetro, el otro lado por la diferencia entre el radio y el segmento, y el tercero se deduce de la propiedad de los cuadrados de los lados del triángulo rectángulo. Así, el Gonógrafo, con la modificación predicha, se halla en aptitud de describir ángulos rectos, agudos y obtusos y sus denominaciones en correspondencia con nuestras expresiones angulares, de modo que dada la expresión se tiene el segmento y viceversa. Esta misma disposición le da comodidad para conservar el paralelismo que es indispensable para la formación de figuras rectangulares. Y por constar de crecido número de ángulos se emplea con ventaja al cartabón, ajustándose en la observación de los ángulos a los lados que forman el contorno. En fin, para salvar el inconveniente de los embarazosos cálculos radicales, se auxilia de tablas particulares que para cada ángulo se tienen previamente formadas desde 1 hasta 400, o más varas y sus correspondientes catetos.

Concluimos este artículo, previniendo que nuestro método en Geodesia es de un orden superior a los que se emplean vulgarmente y que es sensible no se dediquen a un estudio tan ameno en sus demostraciones, tan necesario en las actuaciones del foro y de tan felices aplicaciones al arte de levantar planos, delinear caminos y medir terrenos ocupados de plantío. Basta decir, que tiene grandes analogías con las operaciones gráficas de la navegación y con el orden de designar los rumbos; sin perder de vista la posición paralela del instrumento como sucede con la dirección Norte-Sur de la Brújula"[13].

 

EN LA ACADEMIA LAURETANA Y LA UNIVERSIDAD SAN AGUSTÍN

Al tiempo que regentaba su colegio, su obra primordial, colaboró en dos de las instituciones académicas más relevantes del mundo cultural arequipeño, desde su condición de científico como de sacerdote.

Debido al prestigio que iba cosechando la Academia Lauretana le nombró socio de número. Anotamos en el anexo 4 el nombre de todos los socios de la Academia Lauretana ya que todos ellos estuvieron vinculados de algún modo al Dr. Calienes. Fue elegido consiliario de la misma el 27 de enero de 1846. En el acta extraordinaria de 4 de julio de 1849 se une a la protesta de otros cuatro miembros de número contra la elección del Maestro de práctica forense y de socios. El 11 de febrero de 1852, acta número 40, figura "Rev.P. Calienes, guardián de san Francisco", como presidente de la sesión. Su firma se registra en las actas de 26 de marzo de 1852 -número 42-, la 43, 45, 50, 53 y 54, habida el 4 de mayo de 1853. Fue en esta última cuando se consignó la siguiente reivindicación solicitada por nuestro protagonista: "El Reverendo Calienes que aumentándose la dotación de los maestros se conseguiría laguna mejora en la instrucción primaria; apoyó esta proposición el socio La Torre" (Acta 1853: 168)

 

En la Universidad desempeñó varias funciones. Una de ellas fue la de fungir como primer consiliario, junto con Domingo Bustamante y Pedro Flor[14]. Otra de sus funciones será administrativa y económica. Uno de los asuntos tratados por su Comisión Económica fue la de las "propinas" recibidas por parte de los graduados. El 22 de octubre de 1838 se acuerda de que "deben pagar los graduados, sean agraciados o no" [...] sin perjuicio de los colegios privilegiados en razón de esta pobreza"[15]. Meses más tarde, nos ofrece la cantidad que debían abonar los bachilleres, licenciados y doctores al graduarse. Era 40, 80 y 120 pesos respectivamente. El 9 de abril de 1839 figura como padrino de Miguel W. Garaicochea (1815-1861), bachiller en los cuatro derechos. Era alumno predilecto del Dr. Calienes en el Colegio "San Francisco", profesor del mismo centro educativo y una de las lumbreras arequipeñas en matemáticas; alcanzó fama extraordinaria como matemático por su tratado sobre el "Cálculo Binomial", aunque destacase en la poesía y en la política. Fue magistrado (Juez de Chachapoyas, Vocal en Cajamarca); diputado por Chachapoyas y senador por Amazonas. Calienes obtuvo para él el doctorado acogiéndose a un título otorgado para el Colegio. Los miembros eran elegidos por dos años y debían reunirse regularmente en comisión para ventilar todos los asuntos relativos a la organización de la vida académica y administrativa de la Universidad. Desde la comisión económica debió velar por la transparencia en la gestión de una Universidad naciente y débil de recursos[16].

Ese año 1839 debió pronunciar el sermón del santo patrono "Gran Padre San Agustín"[17]. En el claustro de 1846 forma parte de la Junta de corrección, en unión de Gregorio Ballón y Baltasar Dávila, siendo rector Pedro Gamio. Tanto en los claustros de 1848 como de 1850 y 1854 será miembro de la Junta Económica.

 

En el claustro de 1 de diciembre de 1852 será elegido secretario en el rectorado de Manuel Toribio Ureta. Le acompañan:

 

Rector

 

Manuel Toribio Ureta

 

Vicerrector

 

Manuel Mariano Arredondo

 

Sección económica

 

Pedro de la Flor

 

 

 

Evaristo Vargas

 

 

 

Antonio Salas

 

 

 

Mateo Garzón

 

 

 

Mariano de Córdoba

 

 

 

J. Domingo Rosel

 

Secretario

 

Fr. Juan Calienes

 

Tesorero

 

Gregorio Cornejo

 

Junta de corrección

 

Juan de Dios Salazar

 

 

 

J. Domingo Bustamante

 

 

 

Diego Rodríguez

 

Fiscal

 

Cornelio García

 

Sabemos por las "Constituciones de la Universidad" (Titulo 5):que la misión del secretario es clave en la Universidad, puesto que tiene a su cargo el Archivo de la Universidad: libros de Actas, registro, disertaciones, notas, libro de inventario general en que se anotan todos los bienes y enseres de la Universidad, del cual se hará cada año con distinción de los aumentos y disminuciones que ocurren en cada bienio y además todos los papeles y documentos. Lleva además en los libros de actas la matrícula de los doctores y libros de registro. Se coloca inmediato al Rector en las sesiones. Tiene la delicada misión de custodiar los sellos de la Universidad, de autorizar las actas, títulos y certificados, y de dar cuenta de los acuerdos de la Universidad y de las sesiones de la Sección Económica.

 

CONFESOR Y PREDICADOR

A pesar de su innegable vocación científica, descuella en él su gran religiosidad, dentro del más genuino espíritu franciscano y que proyectará celosamente en el ejercicio de su apostolado, particularmente en la confesión y en la predicación. El obispo le nombró examinador sinodal y teólogo consultor. M.A. Cateriano destaca la imaginación viva y fecunda, cultivada esmeradamente en su afición por la buena literatura. Entre sus sermones son dignos de mención los panegíricos a los santos (santa Teresa) o en las exequias de algún personaje relevante. "Trabajaba estos pequeños poemas religiosos con meditación y esmero, ajustando con tal ingenio el discurso a la tesis, que parecía nacer de ella y sujetándose estrictamente a las prescripciones oratorias. Sus sermones serían poemas en prosa para un poeta: alegatos de bien probado, para un jurisconsulto y discursos académicos para un catedrático de literatura". Y continúa el insigne biógrafo, eximio literato y mejor orador -no lo olvidemos- que tuvo ocasión de ver en vivo y directo a Calienes, de quien nos ofrece un estudio estilístico admirable: "Formado ya le discurso, no lo recomendaba a la memoria, sino que se contentaba con sujetarlo a los límites de la comprensión. Llegado el momento, principiaba el sermón, y era entonces cuando le daba la última mano de corrección, variando los giros y los tropos, embelleciéndolo de nuevo con las galas de su rica fantasía y amplificando algunas ideas. Su voz, aunque poco vibrante, era armoniosa, suave y se dejaba oír agradablemente. Su fisonomía, bañada siempre de una dulce sonrisa, reveladora espontánea de su bello carácter, inspiraba afecto y simpatía. Su espaciosa y luciente calva, sus ojos negros y centelleantes, aunque pequeños; y sus movimientos nobles y dignos, despertaban interés".

Llevaba siempre apuntador aunque le ponía en apuros pues raramente se ceñía al texto. "Su elocución, algo pausada y a veces un tanto tardía y lenta, no era del mejor efecto, por parecer que en el acto estaba discurriendo o que escogía las palabras o que por haberse olvidado el texto trabajaba su memoria para recordarlo; pero, a pesar de este pequeño inconveniente siempre era escuchado con suma complacencia. Su mímica, natural, propia y expresiva, era complemento de su dicción" (Cateriano 1908: 244-256).

Como muestra de su oratoria sagrada, Cateriano nos glosa un sermón predicado en el templo de san Francisco, con motivo del Viernes Santo de 1851:

"La materia ofrecida era la de la pasión de Nuestro Señor, y, al recordar las dolorosas escenas del Vía Crucis, estuvo tan feliz y tomó el discurso tal animación y colorido, comunicado por las bellas imágenes de su rica fantasía, que el auditorio quedó dulcemente cautivado. El mágico poder de la palabra del orador había transportado a sus oyentes a las calles de la ciudad santa y parecía estarse oyendo la algazara popular, confundida con el sonido de los clarines. Súbitamente el orador se detiene, escucha y, después de algunos instantes de silencio, así interroga: "¿Oís? En verdad percibíanse acordes sonidos de instrumentos: todos los concurrentes volvieron el rostro hacia la puerta para informarse de lo que sucedía; y vieron pasar tropa formada. Era un batallón que en ese momento atravesaba por delante de la puerta de la iglesia presidido de su banda, la que iba tocando admirablemente una marcha fúnebre muy patética. De este feliz incidente supo sacar el orador todo el partido posible. Inspiróse de nuevo y representó al Salvador en el tribunal de Anás. Allí hizo parecer a Malco con la mano levantada y guarnecida de su armadura y en el instante de descargarla sobre el divino rostro, la detuvo, apostrafándolo de esta manera: "¡Malco, baja la mano, que el hombre en cuya presencia te hallas es el resplandor de la gloria de Dios, todo hombre debe postrarse..." (Cateriano, Ibídem).

 

Además del púlpito, no abandonó nunca el confesionario, desde el cual realizó una profunda labor espiritual en el cultivo de personas selectas como Felipa Rivas, muerta en olor de santidad, y de otras muchas, entre las que se encontraban profesores y alumnos del Colegio de San Francisco, de la Academia y de la Universidad.

 

OBISPO DE AREQUIPA

A finales de siglo descuella singular y señera la figura de Pedro José Chaves de la Rosa, moderno reorganizador del Seminario para el que donó los 1.498 libros de su biblioteca, fuente cultural de los próceres de la naciente república, fundador del orfelinato para niños desvalidos. En este tiempo, 1799, nace nuestro protagonista.Ya en el S. XIX, figura el canario Luis Gonzaga de la Encina, que promovió la devoción a la Virgen de la Candelaria, instruyó celosamente al pueblo a través de sus sermones y tuvo que apaciguar los ánimos en los tumultuosos años que precedieron a la emancipación, particularmente ante el caudillo Pumacahua. Casi medio siglo lo llenará la figura del gran prelado José Sebastián Goyeneche, culto, caritativo, pastor prudente, que prefirió sufrir con los suyos en el doloroso nacimiento del nuevo Perú antes de irse a la tranquila sede granadina que le ofrecieron para España. A él le tocará ordenar al entonces aplicado estudiante franciscano. A su misma altura estuvo su sucesor Bartolomé Herrera, jurisconsulto, teólogo, filósofo, publicista, escritor y orador sagrado, quien afirmará la independencia nacional no como simple consecuencia de la mera determinación popular sino como resultado natural del desarrollo de una nueva entidad nacional surgida como síntesis del encuentro mestizo de lo hispano con lo indígena. Desde su puesto de Rector del Convictorio de san Carlos educó a generaciones de ilustres peruanos; fue también defensor de los indígenas procurando nuevas leyes en su favor; se volcó también en la formación integral de su clero; estuvo muy cercano a los Padres Franciscanos; el él saldrá la iniciativa de nominar a Calienes como Guardián. A su muerte fue elegido el clérigo José Manuel Vargas, inmediato antecesor de nuestro protagonista, y que ni siquiera tuvo tiempo de tomar posesión de la sede.

Los sucesores de Calienes serán el mercedario arequipeño José Lucas Barranco y el cajamarquino José Benedicto Torres. Mons. José Ambrosio Huerta dará un impulso decidido a la prensa católica y a la promoción y defensa de las comunidades indígenas. Digno miembro del episcopado arequipeño es Juan de la Cruz Calienes. En las Actas Capitulares del Archivo Arzobispal apenas se consignan datos sobre nuestro Prelado. El 29 de septiembre de 1865 se anota la recepción de las bulas con su nombramiento episcopal, junto al informe del Vicario General para poder ser su obispo auxiliar. Se conserva, sin embargo, el certificado expedido por el Cabildo Eclesiástico a petición del propio Guardián Calienes según le exigía el Supremo Gobierno del Perú[18].

 

Por la prensa local[19] conocemos el júbilo despertado en toda la población al conocer la nominación efectuada por el Congreso de la República el 23 de enero de 1865, seguida de la preconización por parte del Papa Pío IX el 31 de marzo, "acudiendo en masa parte de ella a felicitar al elegido en su retiro de la Recoleta. Un numeroso grupo de jóvenes discípulos del Sr. Calienes reunido en el Colegio de San Francisco, pasando a la Prefectura, partió seguido de dos bandas de música en unión del Sr. Prado a felicitar al R. P. Calienes. Este acto fue una verdadera ovación que el felicitado aceptó con la modesta humildad que caracteriza a este venerable sacerdote". El diario, poco propenso a las felicitaciones clericales, manifiesta su gozo también: "Nosotros, fieles intérpretes del sentimiento público y de la justicia de este acto remunerativo de las virtudes del Sr. Calienes, tributamos un voto de gracias a las Cámaras felicitándonos de la importante adquisición que ha hecho el Obispado de Arequipa".

El electo prelado, para no defraudar a sus entusiastas partidarios que habían luchado a brazo partido por la elección de su maestro, frente al presbítero José Manuel Vargas, propuesto por el gobierno el 2 de noviembre de 1864 y muerto a los dos meses, aceptó con resignación lo que veía como todo un calvario. Y la primera estación de su vía crucis fue el viaje a Lima, debido a su penosa enfermedad y al camino accidentado, que imponía una travesía de treinta leguas a lomo de mulas, a los que había que sumar los tres días de navegación. Ello se agravaba si tenemos en cuenta que Calienes no había salido de su Arequipa a otro sitio que al valle de Canaura, ubicado a 8 leguas de distancia, en busca de descanso tras la intensa labor docente; también había viajado al Valle de Majes por razones pastorales de su convento. El último tramo lo cubrió en ferrocarril. En su estación de Lima le esperaba expectante el pueblo y la carroza del Presidente de la República y del Arzobispo. Se alojó en el convento de santo Domingo. Su timidez natural, el cambio de clima, las penalidades del viaje y la tensión provocada por el protocolo al que no estaba acostumbrado agravaron su estado de enfermedad crónica.

Su consagración episcopal tuvo lugar el 24 de agosto, en el templo de Sagrario de manos del arzobispo Goyeneche, acompañado por los obispos de Huánuco, Monseñor Teodoro del Valle, y de Puno, el arequipeño Monseñor Ambrosio Huerta. Como padrino actuó el Presidente de la República, Juan Antonio Pezet, representado en su Ministro de Culto, Dr. Zárate.  La ceremonia, a pesar de que se abrevió al máximo, le dejó exhausto, debiendo retirarse a Chorrillos. La parálisis avanzaba en su cuerpo y amenazaba seriamente su vida. Tanto que Monseñor Risco, obispo franciscano de Chachapoyas, le administró el viático y la extremaunción. Calienes creyó que su peregrinación terrena había concluido, suplicando a su Obispo Hermano que le buscasen una mortaja de caridad y un sepulcro para su cuerpo. El temor de la cercanía de la hermana muerta no logró disiparlo y sólo tras consejos de autoridades respetables le convencieron para partir para Arequipa, a cuyo puerto de Islay llegó los días primeros de febrero.

Tras unos días de necesario descanso en su amada Recoleta, tuvo lugar la entrada solemne como nuevo obispo. De este modo fue conducido a la Catedral en silla de manos para bendecir a su pueblo. La prensa diaria dio cuenta del magno acontecimiento con la frescura y viveza de lo narrado en el momento[20]".

 

Su programa se convertirá en testamento de un episcopado fugaz. Nos lo va a ofrecer en su primera y única pastoral dirigida a todos los fieles de la diócesis de Arequipa. La transcribimos íntegramente en el anexo 2, tanto por su brevedad, como por ser la única escrita por nuestro prelado en su breve espacio de tiempo al frente de la diócesis. Es un documento excepcional para penetrar en su mentalidad, en sus proyectos pastorales. En ella manifiesta su deseo de velar por la pureza de la fe y reclama de todas las fuerzas vivas de la Iglesia (Cabildo, sacerdotes, seminario, religiosos y fieles) su colaboración para imitar a Cristo y hacer el mayor bien.

 

VÍA CRUCIS FINAL

Tras su entrada oficial como nuevo prelado de Arequipa, regresó a su convento de La Recoleta, donde fue atormentado por crueles dolores, viéndose privado del movimiento. Tuvo tiempo para publicar -como hemos visto- su primera y última pastoral, una tierna misiva a sus diocesanos. Se ocupó también de la reforma del Seminario. El convento grande le llevaron -conforme deseaba- a su querido colegio para exhalar el último suspiro en la misma celda en la que había vivido por más de treinta años, y como bien retrata Cateriano "había sido testigo mudo de sus afanes, sacrificios y desvelos por la instrucción del pueblo". Era la última estación de su Vía Crucis. Desde entonces, sus últimos días no fueron más que una dolorosa agonía. Su lecho mortal aparecía cubierto de flores que sus antiguos alumnos y el pueblo fiel le iba llevando como testigo de su amor filial.

 

El día 26 de julio de 1866, a la 1 de la tarde, el Prelado hace testamento ante el notario Mariano García Calderón. Además de las consabidas cláusulas declaratorias de ser cristiano y petición de perdón, nos comunica con gran sencillez su deseo de ser enterrado en La Recoleta "como se acostumbra a los religiosos franciscos" y que su cuerpo sea embalsamado; las exequias serán en la Catedral "como lo prescribe el ceremonial de obispos". Cumple con el precepto de abonar su donativo para la "manda forzosa", votos o promesas hechas a Dios o a un santo, de 4 pesos. En otro orden de cosas, declara que en el corto tiempo de su obispado "no he adquirido bienes de ninguna clase" y las "pequeñas cantidades ingresadas se han invertido en mis notorias enfermedades y en la refacción de esta casa". Todos los muebles existentes se compraron con dinero de sus sobrinos menores, adeudándosele "un pico de que ellos tienen conocimiento, por lo cual les pertenece y nadie podrá tomar parte alguna de su valor". Recuerda que su albacea, el presbítero Dr. D.Baltasar Rodríguez, se responsabilizará de satisfacer deudas pendientes y cobrar los sueldos que le debe el Gobierno. A su apoderado, Dr. Faustino Carrión, encarga de poner al día el arrendamiento de la chacra del Buen Retiro, de 9 topos y que conducía D. Manuel Velarde a razón de 6 pesos.  Como herederos universales instituye a sus tres sobrinos, Eugenio, María Santos e Isabel Calienes, para que dividan los bienes en partes iguales. Debido a que ya estaba herido de muerte delega en su apoderado Faustino Carrión la función de firmar el testamento. Como testigos figuran Tomás Vera Rendón, Pedro Pablo Berueta y Melchor Ballón[21].

A continuación de dictar su testamento, recibió el viático de manos del Sr. Chantre de la Catedral y la Extremaunción por parte del Cura Rector de la Parroquia catedralicia del Sagrario, acompañado de todo el cabildo eclesiástico, clero secular y regular y de muy distinguidas personalidades. Más tarde, el enfermo quedó con sus hermanos religiosos de los dos conventos franciscanos, de sacerdotes y de muchos de sus discípulos. A las dos de la tarde, sus ojos se fijaron sin pestañear en la imagen de Jesús crucificado de su celda; los cerró para siempre en esta vida para abrirlos nuevamente en la morada celestial. ".

Los solemnes funerales se celebraron el día 2, siendo enterrado el día 30 en el templo de La Recoleta, en el muro del presbiterio, al lado del evangelio, en cuyo nicho se colocó una lápida con la siguiente inscripción: "Non recet memoria eius, et nomen eius requiretur a generatione in generatione. Frater Joannes a Cruce Calienes, Pater benemeritus et praeclarus. Episcopus de Arequipa. Natus die XXIV nomvembris anni MDCCC. Quievit in pace die XXVI julii anni MDCCCLXVI. Memoraculum gratitudinis discipulorum eius"[22].

En la Sala de Arequipeños Ilustres del Museo Provincial de Arequipa se muestra su retrato con el hábito franciscano. En la portada de uno de los periódicos de Arequipa, El Ferrocarril de 16 de febrero de 1865, la tienda Alviña y compañía, calle de la Prefectura, n.33, ofrece al público, entre sus numerosos productos químicos relacionados con la fotografía: "R.P. Calienes, su retrato en plancha grande".

 

CIEN AÑOS DESPUÉS. UNA HUELLA QUE PERDURA

El paso de los años, que amenaza con cubrir de polvo y ceniza lo más fresco y lozano, hizo que se perdiese la ubicación de sus restos mortales. Pero, 75 años después, un 4 de diciembre de 1941, unos albañiles, afanados en la refacción y adorno de la sacristía, descubrieron un nicho con un ataúd en la pared. Una vez que fue comunicado el hallazgo al Superior de la Recoleta, Fr. Antonio Emparanza, procedió, en unión de los Hermanos Dionisio Ortiz, Fernando Domínguez y Fernando Saiz, a la inspección ocular del nicho. Al descubrirlo contemplaron con sorpresa un ataúd forrado de tela morada en cuya parte delantera estaban grabadas las insignias episcopales, con birrete de doctor y bastón debajo del escudo. Cuando levantaron la tapa, vieron que el cuerpo del finado permanecía íntegro y bien conservado; aunque, debido a la posición vertical en que fue colocado, se encontraba bastante encogido hacia abajo, revestido de los ornamentos pontificales, con anillo y mitra. La caja, de sauce, mide un metro noventa y siete centímetros de largo por cincuenta y nueve de ancho en la parte superior. Dentro de la misma se vio en la parte posterior, a lápiz y con letra descuidada la inscripción "Ec. Ilmo. Fr. Juan Calienes, Obispo". De todo ello se levantó acta notarial conservada en el Archivo de La Recoleta con fecha de 11 de enero de 1942. La lápida, colocada anteriormente en el presbiterio de la antigua iglesia, se colocó en el nicho descubierto, y es donde se ubica actualmente

Con motivo de la celebración de las bodas de plata del Colegio "Calienes", el Dr. Hélard Peraltilla Apaza, director del centro educativo, se confidenció en el acto académico dedicado a Mons. Calienes, el 30 de octubre de 1997, comunicándonos cómo fue la elección "causal" del nombre Calienes para el Jardín Escolar Infantil y que se debió a estar ubicado en la plaza y cerca de la calle que llevaban ese nombre. No tuvo reparos en afirmar que habían sentido muy profundamente su protección espiritual a lo largo de estos 25 años primeros de andadura.

Felizmente sigue entre nosotros el apellido "Calienes" en ilustres arequipeños de la actualidad. De igual modo, el convento de La Recoleta luce la lápida mortuoria ubicada en la sacristía del templo. En la Biblioteca se custodian también los programas redactados personalmente por el que fuese Director del Colegio San Francisco, así como cartas personales de gran interés. El Museo de la Municipalidad de Arequipa ha colocado su retratos en la galería de arequipeños ilustres. Por iniciativa del Colegio "Calienes" existen en la actualidad dos réplicas de gran valor de dicho cuadro.

 

CONCLUSIÓN: "y un Ateneo el cerebro del mendicante Calienes..."

Juan Calienes fue mucho más que "un cerebro" excelentemente amueblado, convertido en "Ateneo" como lo cantase el vate arequipeño. Hemos visto su docencia multidisciplinar, que abarcaba desde el Derecho a la Física, de la Filosofía a las Matemáticas, pasando por la Lógica y la Metafísica, sin dejar su puesto de Director de un Colegio que él elevó a estudios superiores. Con su tosco pero elegante sayal franciscano desempeñó puestos de responsabilidad en la Academia Lauretana y la Universidad del Gran Padre San Agustín de Arequipa, tanto como profesor como en diversas comisiones gestoras (económica, disciplina, secretaría), sin descuidar en ningún momento su asesoría espiritual. Miembro destacado de la venerable orden franciscana, llevará una vida ejemplar, tanto en lo académico como en lo espiritual; así lo hemos visto en sus puestos de responsabilidad como regente y director de estudios o como superior de sus conventos. Nominado por el sucesor de Pedro para regir la diócesis de Arequipa, aceptó con filial sumisión sin hacer caso de sus achaques. A él podía aplicársele el texto evangélico: "habiendo amado a los suyos" -y él lo hizo a toneladas como lo demuestra el apasionado cariño de sus discípulos- "los amó hasta el extremo", especialmente en la última etapa como prelado de Arequipa.

En su Ofrenda Cívica el excelente poeta mistiano C.A. Rodríguez alude nuevamente a nuestro Prelado al decir de él: "pululación fosfórica en Calienes ardiendo en humanidad".

Él supo aunar, ciencia y fe, energía y bondad, contemplación y acción. Su constante peregrinar por el suelo de la Blanca Ciudad, alentado por el amor divino y su pasión por la cultura, se convirtió en cielo -como dijese el cronista Travada.

            El ejemplo de su vida y de su obrar, a punto de cumplirse el bicentenario de su nacimiento y en las bodas de plata de los colegios que llevan su nombre, lo hacen más actual que nunca (Arroyo 1955: 478-481). Nuestra Arequipa, en afanosa búsqueda de modelos para el Tercer Milenio, que le ayuden a reavivar sus auténticas raíces que forjaron una identidad peculiar, aunando fe y cultura, encuentra en Calienes el faro luminoso, la fortaleza perseverante, la grandeza de ánimo siempre abierta a universales horizontes.

 

ANEXOS:

[1] Lista completa de todos los religiosos (con su cargo) del Convento Observante de Nuestro Padre San Francisco de Arequipa es la siguiente. Hoja suelta en el Archivo de la Recoleta de Arequipa.:

 

NOMBRE Y APELLIDOS

 

CARGO

 

Claudio Capaz

 

Guardián

 

Buenaventura Gavilán

 

Maestro

 

Manuel Ballesta

 

Maestro

 

Sebastián Belenguer

 

En Cayma

 

Mariano Málaga

 

Comisario de Jerusalén

 

Mariano Zegarra

 

 

 

Manuel Guillén

 

 

 

Ramón Málaga

 

Ayudante en Pocsi

 

Isidro Rodríguez

 

 

 

Pedro López

 

 

 

Hipólito Quadros

 

 

 

José Salas

 

Pr. Mayor

 

Bernardo Cabrera

 

P. Lector de vísperas

 

Mateo Ballón (enfermo)

 

Pr. General

 

Manuel Chaves

 

Pr. General

 

Mariano Rodríguez

 

Pr. General

 

Manuel Cárdenas

 

Ex Lector (enfermo habitual)

 

Felipe Bustamante

 

Pr. General, cuaresmero en Camaná

 

Antonio Hidalgo

 

Vicario Jubilado

 

Egidio Bueno

 

Limosnero en Camaná

 

Juan de Dios Gómez

 

Vicario de Casa

 

Ángel Carrillo

 

Ex Lector de Filosofía(Cua. en Lari)

 

Mariano Cáceres

 

Lector en Filosofía

 

Mariano Monjarás

 

 

 

Hipólito Polar

 

 

 

Isidro Valencia

 

Vicario Primero de Coro

 

Manuel Cornejo

 

Maestro de estudiantes, enfermo

 

Fermín Ossuna

 

 

 

Mariano Córdoba

 

Maestro de Novicios

 

José Torres

 

 

 

Francisco Dueñas

 

Padre Vicario 2?

 

Ramón Cáceres

 

Ayudante en Yanahuara

 

José Polar

 

enfermo

 

José Rivera

 

 

 

Nicolás Arebalo

 

 

 

Juan Oxeda

 

Procurador en Mages

 

Julián Velasco

 

 

 

Mariano García

 

Cuaresmero en Tambo

 

Casimiro Vera

 

 

 

H. Tomás Peralta (CORISTAS)

 

Diácono, enfermo

 

Mariano Hydalgo

 

Subdiácono

 

José Gabriel González

 

Subdiácono

 

Gregorio Bascope

 

Subdiácono

 

Fernando Veta

 

Subdiácono

 

Juan Calienes (enfermo)

 

Hermano de órdenes menores

 

Buenaventura Rivera

 

 

 

Manuel Viscarra

 

 

 

Francisco Vegazo

 

 

 

Julián Hydalgo

 

 

 

José Manuel Rodríguez

 

 

 

Faustino Romero

 

 

 

Manuel Corbalán (LEGOS)

 

Procurador en Moquegua

 

Diego Rexas

 

 

 

Isidro Mariño

 

 

 

Antonio Dalgo

 

 

 

Julián Segarra

 

 

 

Pedro Galdos

 

 

 

Casimiro Mariño

 

Limosnero en Vítor

 

Mariano González

 

 

 

Agustín Solórzano

 

Limosnero en Characato

 

Anexo 2: PRIMER SERMÓN COMO OBISPO DE AREQUIPA "Nos Fr. Juan de la Cruz Calienes, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, obispo de Arequipa, A nuestro Venerable Deán y Cabildo, Clero secular y regular, y fieles de nuestra diócesis. Gratia vobis et pax a Deo Patre nostro et Domino Jesu Christo. "Que la paz y la gracia de Dios nuestro Padre y de Nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros" (Colosenses 1, 3).

El Dios excelso que habita en las alturas y desde allí atiende a las criaturas más pequeñas de acá abajo, que levanta de la tierra al desvalido para colocarle con los príncipes de su pueblo, como dice el profeta David (Sal 112), se ha dignado poner en nuestra bajeza los ojos de su Providencia, y sin mérito alguno de nuestra parte, nos ha alargado su diestra poderosa para sacarnos, lo ha hecho, de la humilde condición de hijo del Patriarca de los pobres, colocándonos en sublimidad del Episcopado y haciéndonos el Padre y Pastor de vuestras almas.

ADORAMOS sus decretos inescrutables y anonadados en su divina presencia, nos sometemos sumisos a empuñar el báculo pastoral. Confiamos, no obstante, en que siendo él la fortaleza de los débiles, la luz y el director del apostolado, nos asistirá con su gracia para que fiel y cumplidamente llenemos los sagrados deberes del ministerio episcopal.

CONSTITUIDOS por el Espíritu Santo, obispo de grey para gobernar la Iglesia de Dios, la cual él ganó con su sangre (Act 20, 28), deseamos ardientemente, venerables hermanos y amados hijos estar adornados de aquellas ilustres virtudes que caracterizan la misión del verdadero Apóstol y han resplandecido en nuestros esclarecidos predecesores para corresponder así a la gracia de nuestra vocación. Para alcanzarlas, os rogamos por las entrañas de Jesucristo Nuestro Señor, que oréis asiduamente al Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que compadecido de nuestra indignidad y de las miserias de la humana naturaleza de que estamos cercados, nos conceda la gracia de ser, como quiere el Apóstol (Hebreos 13, 20-21) "dechado de buenas obras en la doctrina, en la pureza de las costumbres, en la gravedad, a fin de que, por nuestro ministerio sea glorificado su Santo Nombre, y alcancéis vosotros la eterna salud para que habéis sido llamados. Porque yo no he creído saber algo entre vosotros, sino a Jesucristo y éste crucificado. Y así estoy entre vosotros con pusilanimidad y temor y mucho temblor. Y mi conversación y mi predicación con vosotros no serán en palabras persuasivas de humano saber, sino en demostración de espíritu y de virtud (1 Cor, 2, 23-24).Nuestro primer cuidado será, venerables hermanos y amados hijos, mantener incólume el Sagrado depósito de la fe que hemos recibido. Firmes en la Doctrina Católica la seguiremos invariablemente y seremos solícitos por que se guarde siempre, sin alteración laguna, en toda la extensión de nuestra Diócesis. Y si, por desgracia, ha llegado aquel tiempo que anunció san Pablo a Timoteo (1 Tim 4) "en que no se sufrirá la sana doctrina y se apartarán los oídos de la verdad para aplicarlos a las fábulas", Nos , siguiendo la exhortación del Apóstol, e implorando el auxilio del Cielo, velaremos y trabajaremos, cumpliendo nuestro ministerio, para que el error y toda creencia y toda opinión que no sea conforme a la fe y a la enseñanza d la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, queden confundidos y sean destruidos por completo. Desde ahora, levantando muy alto nuestra voz y haciendo uso de nuestra autoridad, condenamos, rechazamos y anatematizamos las falsas doctrinas a la Doctrina Católica, debiendo ser notorio a todos que sólo en el Episcopado está la misión de enseñanza, porque el Divino Maestro a solo sus Apóstoles les dijo: "Id y enseñad a todas las gentes" (Mt 28, 19).

Y para que esta fe y esta doctrina conserven en nuestra Diócesis el carácter de unidad que distingue a la verdadera Iglesia de Jesucristo, de todas las sectas y falsas religiones, nos mantendremos fielmente unidos, con estrechísima adhesión al Romano Pontífice que es la piedra angular que sirve de fundamento a esta misma Iglesia Católica como Vicario de Jesucristo y sucesor de san Pedro y le prestaremos siempre aquella obediencia y sumisión que le debemos, por ser el primado de la Iglesia Universal y Jefe Supremo del Catolicismo.

Vigilaremos también, con igual solicitud, porque los sagrados derechos de la Iglesia, sus inmunidades y prerrogativas se guarden sin detrimento y sean respetados.

En el difícil desempeño de nuestro episcopado, esperamos tener un firme apoyo en vosotros venerables Deán y cabildo Eclesiástico que sois nuestros muy amados hermanos en Jesucristo. Formáis el Senado respetable de nuestra Santa Iglesia y nos ayudaréis con vuestros consejos y vuestra decidida y eficaz cooperación. Animados vosotros como lo estáis del más vivo interés por las cosas sagradas que a Dios tocan, seguid trabajando solícitamente para todo aquello que concierne al decoro y solemnidad del culto divino en nuestra santa Iglesia Católica y sirva d edificación al pueblo cristiano, ya sea en los servicios del altar, ora sean los del coro. Esto y todo cuanto económicamente corresponde a nuestra Catedral, continuará realizándose por vuestra ilustración y ardiente celo y por el cumplimiento que sabréis dar en adelante como hasta aquí habéis dado a las disposiciones canónicas y "Regla Consueta" de nuestra Iglesia Catedral, en que a todos y a cada uno toca en particular, según su oficio.

Y vosotros, venerables párrocos, que sois nuestros coadjutores, compartiendo con Nos el Ministerio Pastoral, estad siempre solícitos por la salvación de vuestras ovejas. Que ellas conozcan a su Pastor y que su Pastor las conozca y le sigan. Que la caridad y la misericordia broten de vuestro corazón y por vuestras manos se derramen sobre vuestros feligreses. Instruidlos por medio de la constante predicación evangélica y e la frecuente lección del Catecismo, y santifcadlos por medio de los Sacramentos, cultivando con esmero esa viña del Señor, para cosechar abundantes frutos de santificación. Felices vosotros, venerables párrocos, si, imitando el ejemplo del Buen Pastor, mereciéramos dar la vida por nuestras ovejas.

Y como uno de los principales deberes de un párroco es atender con exquisito cuidado a la prestación del culto, esperamos de vuestro celo que los santos misterios serán celebrados en vuestras iglesias con la pureza, decencia y majestad que exige el culto católico con que honramos a Dios Nuestro Señor, extirpando los abusos que pudiera haber introducido la sencillez de los fieles o la falsa piedad de algunos devotos.

En todas las cosas mostraos como Ministros del Señor, procurando "ser dechado de los fieles en palabra, en buena vida, en caridad, en fe, en pureza" (1 Tim 4). Sed exemplum esto fidelium in verbo, in conversatione, in charitate, in fide, in castitate" como decía san Pablo a su coadjutor Timoteo.

Los presbíteros que fueron figurados por los setenta varones que eligió Moisés, para que le ayudasen en su ministerio, con como, sabéis, los setenta y dos discípulos que señaló el Señor y los envió de dos en dos delante de sí, destinándolos para ayudar a los obispos representados por Moisés y sucesores de los Apóstoles. Por tanto, vosotros sacerdotes del Altísimo que formáis el venerables Clero de nuestra diócesis, sed en ayuda nuestra como lo habéis sido en la de nuestros memorables predecesores para "ofrecer, bendecir, presidir, predicar y bautizar". Necesitamos de vuestra Santa cooperación, que abundando en buenas obras nos haga menos grave el peso fuerte del Episcopado. Colocados en torno de vuestro indigno Prelado trabajad con él. "Que vuestra enseñanza espiritual sea un remedio saludable al pueblo de Dios. Que el olor de vuestra vida, haga el gozo de la Iglesia de Jesucristo" (Pontif. Rom.)

Las órdenes regulares, que tantos y tan importantes beneficios prestaron siempre a la Iglesia de Dios continuarán siendo en nuestra diócesis, lo esperamos, un alivio de gran consuelo para nuestro paternal corazón por la oportunidad de sus saludables servicios, haciéndonos sentir, siempre vivo, el espíritu religioso de sus santos fundadores.

Mas, como "la mies ciertamente es mucha y los trabajadores pocos" (Lc 10, 2) tenemos gran interés porque se aumente nuestro clero con ministros de conocido provecho para la Grey. Para esto, vamos a contraer nuestra asidua atención a nuestro Seminario conciliar, obrando decididamente porque no sea otra cosa que "un plantel perenne de ministros de Dios" (Concil. de Trento Se. 23 de ref. cap. 18) y llene el objeto que se propuso el Santo Concilio de Trento al dar el método de erigir Seminarios de clérigos y educarlos en él. Contamos para ello con los auxilios de la Providencia, y tenemos la confianza de que así como nuestros ilustres predecesores de feliz memoria lograremos nosotros un clero ilustrado y virtuoso que venga a ser nuestra honra y nuestra corona.

Y vosotros fieles que sois el rebaño que se nos ha confiado, os exhortamos a que seáis imitadores de Dios, como hijos muy amados. "Y andéis en caridad, así como Cristo también nos amó y se entregó así mismo por nosotros como ofrenda y hostia a Dios en olor de suavidad" (Ef 5)).

"Y el Dios de la paz, que por la sangre del testamento eterno resucitó de los muertos al gran Pastor de las ovejas, Nuestro Señor Jesucristo, os haga idóneos en todo bien, para que hagáis su voluntad: haciendo él en vosotros lo que sea agradable a sus ojos por Jesucristo, al cual es la gloria por los siglos de los siglos. Amén (Heb 13, 20, 21).

Dado en nuestro Palacio episcopal de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora de Arequipa, a 20 de marzo de 1866.

Fr. Juan de la Cruz, Obispo de Arequipa. Por mandado de SS Ilma. el Obispo mi Sr. Dr. Manuel Vargas Bustamante, Secretario.

 

Anexo 3: Relación de los alumnos de las aulas que presenta examen. Los primeros de lugares teológicos, los segundos de física general; los terceros de Metafísica y los últimos de Lógica. Bajo la dirección del R.P.R.Fr. Juan Calienes, el día 15 y siguientes de mayo de 1840. Archivo del Convento de La Recoleta, Arequipa.

 

TEOLOGÍA:

Justo Rivero

Jorge Clavijo

Bernardino Herrera

Juan Rosas

José M. Talavera

José M. Rodríguez

Mariano Orihuela

Bernabé Zabalaga

Pablo Zapater

Mariano Corejo

Mariano Rodríguez

Antonio Zenteno

 

MATEMÁTICAS

Fernando Ampuero

José M. Cano

Manuel R. Zegarra

Juan M. Chaves

Domingo Valdés

Mariano Taborga

Casimiro Pinto

Francisco Villanueva

Francisco Chaves

Mariano L. Salguero

Mariano Bedoya

Mariano Cornejo

Mariano Orihuela

Mariano Carrera

Domingo Núñez

Juan Gamero

Miguel Gómez

Mariano Ampuero

Gregorio Corrales

Narciso Arebalo

José Fernández

José M. Zegarra

Pablo Virreuta

Cayetano Núñez

 

FILOSOFÍA 1?

Juan Amesquita

Gregorio Fernández

Juan Rosas

Exequiel Vera

Antonio Zenteno

Antonio Vera

Dionisio Barrionuevo

Manuel Alemán

Lorenzo Herrera

Marcos Salas

José M. Zamudo

Valerio Cáseres

Mariano Zantayana

Miguel Melgar

 

FILOSOFÍA 2?

Juan Valdivia

Manuel Velarde

Mateo Ramíres

Mateo Ballón

Pedro Pino

Valerio Caseres

Narciso Barreda

Benigno Gamero

Clemente Alcalá

Vicente Paredes

Mariano Zantayana

Melchor Bedoya

Pablo Zeballos

Fernando González

 

Anexo 4: Miembros de la Academia Lauretana

Natos:

Jefes políticos

Prefectos del Departamento

Obispo de la Diócesis

Deán de la Iglesia Catedral

Jueces de Derecho

Provisor y Vicario

Padres prelados de las comunidades religiosas

Rector del Seminario

Decano de los Protomédicos

Abril, Miguel

Amat y León, Manuel. Presidente

Arce y Fierro, Fernando

Bargas, Juan Manuel

Barriga, Pedro

Barriga, Rafael

Bejarano, José

Bellido, Mariano

Benito Lazo, José

Blas de la Fuente, Mariano

Bustamante, Domingo

Caliennes, JJ

Carrillo, J.Ángel (propuesto)

Castillo, Domingo del

Castro, Leandro

Centeno, Manuel

Chaves, Tadeo

Corbacho, José María

Córdoba, Manuel (ob. de La Paz)

Cosío, Lucas

Dávalos, Manuel

Espinosa, Sebastián

Feijoo, José (propuesto)

Gallegos, Carlos

Gandarillas, Mariano

Gómez Sánchez, Luis

González, Antonio (en España)

Gutiérrez de la Fuente, Antonio

Huertas Mercado, Lucas

Jiménez Abril, Pedro (asoc)

Lavalle, Juan Bautista

Leiva, Teodoro

López, Julián

Lucumber, J.Bernabé (propuesto)

Luna Pizarro, F.Javier (obispo)

Maldonado, José

Martínez, Andrés

Meléndez, Ildefonso

Múgica, Martín José

Nieto, Arsenio

Novoa, Ignacio

Ordóñez, Tadeo

Paredes, Mariano

Paz Soldán, José Gregorio

Quiroz, Mariano

Recavarreen, J.M.

Rey de Castro, Manuel Ezequiel

Rey del Castro, J.M.

Rivera, Mariano

Rivero, José Mariano

Rodríguez, Manuel

Rodríguez, Simón

Salas, Antonino

Sánchez Gómez, Evaristo

Somocurcio, Juan Manuel

Toraille, Carlos

Torre, Antonio de la

Trujillo, Atanasio

Valdivia, Juan Gualberto

Vargas, Evaristo

Vicente Rosel, Pío

Vidaurre, Manuel (correspond.)

Vigil, Francisco

Yáñez, Jacinto (asoc)

Zavala, IldefonsoActas. Archivo de la Nación, Chile, año 1840, folios 201, 203 (la clasificación alfabética ha sido elaborada personalmente)

 

I. ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS:

- Archivo Arzobispal

- Archivo Regional, Sección Notarial

- Archivo Municipal

- Archivo Universitario

- Archivo Mostajo

- Biblioteca Municipal

- Archivo y Biblioteca de la Recoleta

- Archivo y Biblioteca del Convento de San Francisco

- Biblioteca del Seminario de San Jerónimo

-          Biblioteca del Club Arequipa

-           

II. BIBLIOGRAFÍA

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1966- Tres figuras señeras del episcopado americano. Lima, Editor Carlos Milla Batres, 229 p. (Contiene las biografías de Gaspar de Villarroel, Benito María Moxó y Francolí y Baltasar Jaime Martínez de Compañón



[1] Aunque habitualmente aparece con el solo nombre de Juan, en la única carta pastoral que escribió firma como Fr. Juan de la Cruz

[2]  "Por declaración jurada de los padres del niño que contiene la partida del presente no vale ésta sino la que corre a f. 58 del Libro de Baptimos del año de 1807, n? 62".

[3] En el libro 16 de matrimonios, 1806-1809, p.65v-66, figura el matrimonio de sus padres

[4] Archivo Regional de Arequipa, Testamento de la Notaría de P.J. Salazar, Protocolo 848, f.271

[5] Lector primero, Fr. Bernardo Cabrera. En distintos documentos, se indica el nombre de todos los religiosos franciscanos que convivieron con Calienes, así como su cargo o función, y que son llamados a capítulo para la elección de nuevo guardián. Él aparece como. Maestro de estudios de Filosofía

[6] Lector primero, Fr. Bernardo Cabrera. En distintos documentos, se indica el nombre de todos los religiosos franciscanos que convivieron con Calienes, así como su cargo o función, y que son llamados a capítulo para la elección de nuevo guardián. Él aparece como. Maestro de estudios de Filosofía

[7] Archivo Arzobispal de Arequipa, Convento de San Francisco

[8] En nuestro número anterior apuntamos muy de ligera el aparato de esa solemne función. Ahora añadimos que ese día fue para Arequipa acaso el más clásico y grande desde que había llegado el ansiado momento de ver entrar al Ilmo. Sr. Calienes, al Pastor querido, al prudente y manso Prelado, al virtuoso franciscano. Apenas se supo que su entrada era el Domingo de Pascua, cuando sin tenerse nada dispuesto en la mañana de ese mismo día, se improvisaron arcos, se embanderaron las calles y se adornó la plaza mayor con pabellones, estatuas y pirámides que los colegiales de san Francisco habían trabajado con el más exquisito gusto para cuando llegase el día de la recepción. A las 11 de la mañana un repique general anunció su entrada, acudiendo el pueblo en masa, sin excepción de persona, sexo  ni edad. La plaza y las demás calles de tránsito estaban tan llenas de gentes que hubiera sido imposible que una persona más pudiese caber. En el semblante de cada persona se retrataba el júbilo, el entusiasmo y el más vivo deseo de ver al obispo, besarle la Esposa y dirigirle una palabra de felicitación. En medio de esa compacta multitud llegó a la catedral, precedido de las cruces de las parroquias y de las corporaciones eclesiásticas, civil y militar, donde fue recibido con el aparato que ordena el ceremonial y postrados todos dieron gracias a Dios entonando las del coro el sublime cántico de la Iglesia: Te Deum laudamus.

Concluida la ceremonia, el ilustre bienvenido echó a su pueblo la bendición papal que como ya se dijo tiene esa gracia concedida para hacer uso de ella dos veces en el año. Por la noche la plaza era un vistoso jardín donde concurrió la gente a gozar de la famosa iluminación y de las armonías que en honor de nuestro Prelado tocó la banda de batallón Ayacucho. La noche fue completa La Bolsa Lunes, 9 de abril de 1866, n? 314. Arequipa, crónica local. "Entrada del Obispo" Portada

[9] Recogida por S. Martínez, pp.253-256.   Creemos de interés insertar su alocución "R. P. Guardián. Santa y Venerable Comunidad. Cuando me ascendisteis a la tribuna, que desde los Buenaventuras, Bernardinos, Escotos[9] y millares de otros; se han perpetuado con honor y brillo en nuestra numerosa familia, difundida por más de seis centurias de años, en toda la extensión de la tierra; olvidáis sin duda que era el mínimo entre mis hermanos y que tan grandiosa empresa no podría soportarse por mis débiles hombres. El campo inmenso de las matemáticas jamás trillado en nuestro claustro: el complejo intrincado de ambas físicas (sic) a la vez con inventos recientes desconocidos, o más bien, opuestos a las discusiones interminables que nos precedieron: el océano insondable de una lógica metódica y concisa, de una metafísica depurada y luminosa; eran otros tantos diques insuperables a mis débiles connatos? Todo debía allanarse para conducir a esta preciosa juventud al alcázar de Minerva. Nada he omitido a su ejecución: pero ¡triste de mí! mis grandes esfuerzos sólo alcanzaron a divisar desde lejos el primer escalón del alto Olimpo. Este es el ordinario resultado de genios comunes, que imitarán jamás rápidos vuelos de talentos raros. Disimulad pues venerables padres la negra mancha que infirió mi mano al decoroso sayal de vuestra librea. Atended sólo, a que tres años de asidua labor he inmolado al deber que me impusisteis. Otro maestro provecto entresacado de vuestro augusto cuerpo elevará el edificio Sacro que ni aún delinear pudo mi torpe brazo. Entonces habréis colmado los designios que nuestro Serafín Padre[9] legó a sus pobres hijos, que la Iglesia y la sociedad demandan de vosotros. Así mereceréis las bendiciones que las pasadas generaciones tributaron a nuestros padres y que las actuales y venideras no se desdeñarán prodigaros.

Y vosotros venturosos padres de estos jóvenes escolares, que dividisteis conmigo el arduo empeño de su educación, restituid ya a vuestros hogares esas tiernas porciones de mi corazón, de que os visteis alejados. Si os deben el ser, socorros y afán, yo les consagré mis vigilias, mis insomnios y mi reputación. Las noticias de que carecen tampoco pudo haberlas su imperito Mentor. Ellos son brillantes gemmas[9] que deben lapidarse con esmero. Una mano experta hará productivo el germen de su basta comprensión, de su adhesión a la sabiduría, única máxima que he sabido inspirarles. Transportadlos a su plácida sombra para que impregnados de conocimientos útiles, y de providad honren la nación de quien son parte, faciliten vuestros cansados días, conserven íntegra la religión de sus abuelos y se preserven de la infecta luz, que sólo contamina a los incipientes.

Sí, amados hijos; sí, caros amigos: llevad a término la iniciada senda. Ella es escabrosa, pero a sus extremo posa la felicidad. Hoy me separo de vuestro seno, de ese seno en que disfruté los goces más halagüeños de mi existencia. La patria os llama: oíd su dulce voz. Ella exige en sus hijos nociones más sublimes que no poseo ni sabré prestaros. ¡Oh! ¡Quién pudiera vivir y morir al medio vuestro! Si ambiciono la penetración de los sabios, los adelantos de los siglos y de las naciones, la promoción de los arcanos; sólo sería por permanecer allí revelándoos los secretos del saber, e innovando cada instante aquellas complacencias, que entre vosotros colmaron agudas penas, compensaron enormes pérdidas y enjugaron quizá lágrimas de mis privaciones. Más, ya que la aciaga suerte esto me niega, contad con que el mejor amigo implorará al pie de los altares, en las aras mismas la prosperidad que siempre reclamo en favor vuestro. Sólo exijo de vuestra amistad corráis un velo a las pésimas maneras con que alguna vez sorprendí vuestro candor. Sed virtuosos, sed sabios y seréis hombres, seréis felices. No olvidéis que al principio de vuestra carrera literaria os fui compañero el más pequeño entre los menores. Sí...A Dios, hijos...A Dios amigos

[10] La Bolsa Arequipa, 5 de noviembre de 1887.

[11] Ibídem pp.246-7

[12] Luis Zegarra "Fray Juan Calienes: Desde el claustro franciscano gran científico e inventor" Arequipa al día, Arequipa, 21 de noviembre de 1996

[13] El Republicano 23 de noviembre de 1830, Tomo 14, nº 80, Arequipa, p.4

[14]

Así aparece reflejado en los libros de actas de la Universidad del Gran Padre San Agustín, 22 de octubre de 1838. El organigrama del equipo directivo es el siguiente:

 

Rector

 

José Fernández Dávila

 

Vicerrector

 

José María Recabarren

 

Consiliarios

 

Domingo Bustamante

 

 

 

Pedro Flor

 

 

 

Juan de Dios Salazar

 

 

 

Fr. Juan Calienes

 

Secretario

 

Mateo Paz Soldán

 

Síndico

 

Mateo Garzón

 

[15] En las actas de 12 de agosto de 1839 aparece como miembro de la sección económica.

 

Rector

 

Fernando Arce y Fierro

 

Vicerrector

 

José Luis Gómez Sánchez

 

Sección económica

 

Juan Manuel Polar

 

 

 

Juan Manuel Somocurcio

 

 

 

Antonio Salas

 

 

 

Manuel Rodríguez

 

 

 

Mateo Paz Soldán

 

 

 

Fr. Juan Calienes

 

Secretario

 

Domingo Pérez

 

Junta de Corrección

 

Fr. Domingo del Castillo

 

 

 

Manuel Amat y León

 

 

 

José María Recabarren

 

Fiscal

 

Espinosa

Tesorero

Manuel de la Cuba

 

[16] . Los 40 pesos que abonaba como propina el bachiller se distribuían del modo siguiente:

CARGO

Cant.

Total

Rector

8 pesos

 

Consiliarios

4 pesos

16

Secretario

4

 

Examinadores

2

4

 

Replicantes

 

2

 

2

Regente

4

4

Portero

1

 

Bedeles

10 real

20

Sacristán

4 real

 

 

40 peso

 

 

[17] . Así lo refleja el acta de 28 de agosto: "Reunido el Claustro bajo la presidencia del Fernando Arce y  Fierro, a las 10 de la mañana de este día, con asistencia del Ilmo. Sr. Obispo de la diócesis, del Venerable Deán y Cabildo, el Sr. Prefecto del Departamento, la Ilma. Corte Superior de Justicia con su Presidente, la Honorable Municipalidad, Prelados de los conventos, colegios y demás corporaciones" [...] se cantó una misa solemne en solemnidad del Santo Patrón para el Sr. Doctoral Dr. D. Eusebio Nieto. En ella pronunció un Sermón Panegírico el Dr. Fr. Juan Calienes en el que desplegó sus conocimientos y elocuencia notorias. En seguida el Sr. Rector confirió el grado de Bachiller en los cuatro derechos (natural, internacional, civil y canónico) a Hipólito Sánchez como agraciado según el artículo 101 de las constituciones con lo que se concluyó el acto".

[18] Acuerdos Capitulares 1855-1861 N? 22 Archivo del Cabildo de la Catedral de Lima."Certifico yo el infrascrito secretario que el jueves 24 de agosto de 1865, el Sr. Arzobispo Goyeneche, en la iglesia parroquial del Sagrario consagró por obispo de Arequipa a Fray Juan Calienes en virtud de las bulas apostólicas expedidas por el Papa Pío IX; asisten el Sr. Pedro José Tordoya y el obispo de Tiberiópolis el Ilmo. Sr. Manuel Teodoro del Valle, obispo de Huánuco. Fdo. José Cebrián p. 175.

[19] La Bolsa, Arequipa, 15 de enero de 1865, p.1.

[20] En nuestro número anterior apuntamos muy de ligera el aparato de esa solemne función. Ahora añadimos que ese día fue para Arequipa acaso el más clásico y grande desde que había llegado el ansiado momento de ver entrar al Ilmo. Sr. Calienes, al Pastor querido, al prudente y manso Prelado, al virtuoso franciscano. Apenas se supo que su entrada era el Domingo de Pascua, cuando sin tenerse nada dispuesto en la mañana de ese mismo día, se improvisaron arcos, se embanderaron las calles y se adornó la plaza mayor con pabellones, estatuas y pirámides que los colegiales de san Francisco habían trabajado con el más exquisito gusto para cuando llegase el día de la recepción. A las 11 de la mañana un repique general anunció su entrada, acudiendo el pueblo en masa, sin excepción de persona, sexo  ni edad. La plaza y las demás calles de tránsito estaban tan llenas de gentes que hubiera sido imposible que una persona más pudiese caber. En el semblante de cada persona se retrataba el júbilo, el entusiasmo y el más vivo deseo de ver al obispo, besarle la Esposa y dirigirle una palabra de felicitación. En medio de esa compacta multitud llegó a la catedral, precedido de las cruces de las parroquias y de las corporaciones eclesiásticas, civil y militar, donde fue recibido con el aparato que ordena el ceremonial y postrados todos dieron gracias a Dios entonando las del coro el sublime cántico de la Iglesia: Te Deum laudamus.

Concluida la ceremonia, el ilustre bienvenido echó a su pueblo la bendición papal que como ya se dijo tiene esa gracia concedida para hacer uso de ella dos veces en el año. Por la noche la plaza era un vistoso jardín donde concurrió la gente a gozar de la famosa iluminación y de las armonías que en honor de nuestro Prelado tocó la banda de batallón Ayacucho. La noche fue completa La Bolsa Lunes, 9 de abril de 1866, n? 314. Arequipa, crónica local. "Entrada del Obispo" Portada

[21] Archivo Regional de Arequipa, Protocolo 609, ff.724-725v.

[22] AAA, Parroquia del Sagrario, Libro de difuntos 22, 1860-68, p.147v. Así se da cuenta en el Libro de Difuntos: Al margen: "El Ilmo.Sr. Dr.D.Fr Juan Calienes, dignísimo obispo que fue de esta diócesis". "Año del Señor 1866, día 31 de julio: Yo, D.Manuel Bejarano, Cura Rector Propio de esta santa Iglesia catedral de Arequipa, certifico que a las dos de la tarde del día 26 del corriente, murió el Ilmo. Sr. D. D. Fran Juan Calienes, Dignísimo Obispo que fue de esta Diócesis a los 66 años de su edad; recibió el dicho día 26 solemnemente el Sagrado Viático que se lo administró el Sr.Chantre de esta Santa Iglesia Catedral y yo el Cura Rector el Sacramento de la Extremaunción, en el mismo día hizo testamento por ante el Escribano Público Don Mariano García Calderón, fue embalsamado y sepultado el cadáver, el treinta, en el Panteón de la Recoleta, precedidas las solemnes exequias que se hicieron en la Iglesia Catedral, después de haber conducido el cuerpo con su cruz capitular el Venerable Cabildo Eclesiástico, así mismo la cruz parroquial y cruces de las religiones con sus comunidades; se hicieron cuatro posas en las esquinas de la Plaza las que costearon los curas de la ciudad y el de la doctrina de Yanaguara. Y para su constancia, lo firmé, fecha ut supra (Manuel Bejarano).

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