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viernes, 2 de marzo de 2012

EL SEMINARIO DE SANTO TORIBIO EN EL RECTORADO DEL CLARETIANO P. JUAN M. ATUCHA (1919-1922)

Las fotos están tomadas de la obra de Aurelio M. Gamarra Hernández  Datos históricos acerca de los establecimiento de segunda enseñanza que actualmente funcionan Ministerio de Justicia, Culto, Instrucción y Beneficencia, Dirección General de Instrucción Pública, pp.367-377. Corresponden a uno de los claustros del convento de San Francisco donde estuvo albergado el Seminario en su segunda etapa.

El artículo es un avance del libro que estoy preparando sobre la historia del Seminario.

 

[N.45] 1919-22 P. Juan Miguel de Atucha y Bustinza, CFM. En 1909 se hace cargo del Seminario en unión de los PP. Tomás Sesé, Mariano Aguilar, Pedro Belar, José María Coll, José Ferrando y Juan Nacenta. Dio curso de Filosofía en los Juvenados claretianos, Profesor de Sagrada Escritura de 1911 a 1921; de 1925 a 1932 en Trujillo. En 1935 ocupó la cátedra de Teología en Lima hasta su muerte en 1956. Fue además profesor de Historia de los dogmas, a la par que Filosofía a los claretianos. En 1939 fue Presidente de la Facultad y quinquenio tras quinquenio se le confirmó en el cargo. Cuando cumplió los 70 años el Consejo de Facultad le concedió pudiese continuar en la cátedra hasta su muerte, los 78[1]. Fue, además, capellán de la Escuela Normal de Mujeres y Catedrático de Teología en la Universidad de Cervera.

 

            En la solemne distribución de premios del año 1920, el propio Padre Atucha en su memoria académica hace una síntesis de la formación y estilo que llevaron a cabo durante los once años de gobierno. Su primer cometido fue redactar un Reglamento, “acomodado a las necesidades de la región y que al mismo tiempo correspondiera al elevado fin de los Seminarios eclesiásticos y las legítimas costumbres y tradiciones de la tierra peruana”. A tal fin, se valieron del que para los Seminarios de Italia, acababa de imponer la Santa Sede en el año 1908, y que fue traducido al castellano con ligeras modificaciones, en función del ambiente limeño y estilo multisecular del Seminario.

            A pesar del corto presupuesto, se realizan mejoras, tales como la habilitación de varios salones, con más de 200 carpetas individuales, construidas de nuevo, el embaldosado con cemento de los tres corredores del patio de los externos, la formación de un botiquín, la provisión de nuevos ornamentos para la capilla y las mejoras del gabinete de física y de la biblioteca. De igual modo, adquirieron un aparato de proyecciones y una máquina cinematográfica. La Biblioteca se incrementa con dos mil volúmenes nuevos, en su mayoría de obras modernas y las mejores acerca de estudios teológicos.

            A continuación se centra en tres aspectos fundamentales, la disciplina, la ciencia y la virtud. Acerca del primero, nos dirá que los hijos de Claret han intentado ser exigentes pero muy comprensivos: “Si en algo hemos pecado, hallaréis en nuestro balance que ha sido más por exceso de suavidad e indulgencia que de severidad y rigor”. Tiene muy presente la heterogeneidad del alumnado, desde lo que comienzan Latinidad hasta los próximos al sacerdocio, para lo que han de distribuir a los seminaristas en distintas secciones, colocando al frente un sacerdote, denominado Prefecto de disciplina, que ha sido guardián y moderador inmediato de cada una de ellas, pues estaba de continuo al frente de los alumnos de su sección; “con ellos reza, con ellos estudia, con ellos come, con ellos se recrea, a su lado duerme”.

            Acerca del aspecto científico o plan de estudios, redactan tanto para los cursos de filosofía como de teología, un plan de estudios basado en el de San Pío X, y que fue aprobado sucesivamente por las Asambleas Episcopales de 1911, 1912, 1915 y 1917 con pequeñas modificaciones. En la enseñanza media, de acuerdo con el Sr. Arzobispo y las Asambleas Episcopales, se adoptó el plan oficial, pero priorizando el latín. Aunque el deseo del Rector era dar en latín todas las explicaciones de filosofía y teología, ante la insuficiente formación de los que provenían de otras diócesis, desistieron de ello. Señala, por último, que la filosofía enseñada ha sido “naturalmente “la escolástica.

Para conseguir el tercer aspecto, la virtud, marca claramente, su objetivo: “Lograr sacerdotes santos, he aquí el ideal de los Seminarios, tal como lo desean los Prelados de la Iglesia y lo esperan de ellos los simples fieles”. El medio clave es el director espiritual y las pláticas de piedad: la meditación de la mañana y en las últimas de la tarde, días de retiro mensual, los ejercicios espirituales anuales, conferencias ascéticas de los Prefectos de sección y las charlas semanales del Rector. El P. Atucha no olvida las conferencias del Arzobispo Monseñor Lissón “a los Señores Teólogos, todas ellas notables por su profundo ascetismo”.

En el último quinquenio han ingresado en el Seminario Menor 15, 15, 6, 27 y 28 respectivamente y los dos últimos como externos y no podemos aún predecir cuántos de ellos pasarán en su día al Central. El porcentaje, pues, de los que del Seminario Menor pasan al Central, da en el primer sexenio un promedio de casi el treinta y dos por ciento.

 

            En el aspecto cultural el Seminario contaba con un Círculo Literario, un Orfeón y un Conjunto Musical con instrumentos de viento y cuerdas para las actuaciones artísticas y culturales.

El celoso P. Atucha concluye su Memoria de diciembre de 1920:

Nosotros, por nuestra parte, nos creemos suficientemente recompensados de nuestros trabajos y desvelos si cada uno de nuestros dirigidos lleva grabados en su corazón los tres grandes amores que les hemos inculcado: amor a Jesús Sacramentado, amor a la Santísima. Virgen María, Madre y abogada de los hombres, y amor, respeto y obediencia al Padre Santo, Vicario de Jesucristo y a los respectivos Prelados bajo cuyas órdenes van a pelear las batallas del Señor.

            En la última memoria del rector Atucha y también de los Claretianos, la de 1921, constata las “numerosas causas de todo género que dificultan la educación de las generaciones presenten y ejercen su natural y desagradable influencia en la formación de los seminaristas de nuestros días”. El contrapunto formativo vendrá y se fundamentará en “la ciencia y en la virtud, en la oración y en el estudio”. No descuida el factor económico y advierte a la “Sindicatura Eclesiástica” que atienda las “múltiples y urgentes necesidades” como la reparación y transformación de su local y la adquisición de muchos elementos indispensables para el progreso físico, científico y moral de los seminaristas. Como parte esencial de la formación indica la “facilidad para la frecuencia de los sacramentos, la predicación de la palabra divina, las conferencias ascéticas y variadas prácticas espirituales que constituyen el pábulo propio de la piedad”. Deja en claro que a pesar de que la Iglesia “desea ardientemente y ruega al Señor que acreciente le número de los operarios de su viña” le importa sobre todo la calidad, que sean sabios y santos. Finalmente, da cuenta del número de los alumnos y los resultados de las pruebas finales: Superior: 6º matriculados, 54 examinados. Los externos de secundaria: 60 matriculados, 50 examinados. De primaria 245, 196 examinados. Deseo, por último, para todos “óptimos frutos de saber y santidad que sean honra para la patria, alegría para la iglesia y gloria para Dios”[2].

            Es importante notar que durante muchos años estuvo infatigablemente como Decano de la Facultad de Teología el sabio Dr. D. Belisario A. Philipps y que permaneció en el puesto hasta su muerte acaecida el 7 de julio de 1931[3] .

            El contrato de la Congregación con el Arzobispado expiraba el 22 de enero de 1921 y no se renovará. Así, en marzo de 1922 los PP. Claretianos dejaban el Seminario y éste pasaba de nuevo al Clero Diocesano. Por este tiempo desaparece también el Seminario Central como había acordado la Asamblea Episcopal

            Conviene añadir que los celosos Padres simultanearon la acción del seminario con otras actividades apostólicas fuera de él. Enumeramos alguna de ellas relativas al primer quinquenio de su misión. Durante el curso académico 1910-11 los PP. Sesé, Aguilar y Nacenta dirigieron 6 tandas de Ejercicios, predicaron dos cuaresmas y tres Semanas Santas, tres novenas, tres triduos, varios panegíricos, sermones, conferencias y pláticas. Se inició el Catecismo en Cocharcas por parte de los Padres del Seminario. En 1912 predicaron los Ejercicios Espirituales al clero de Huánuco, el sermón de las tres horas en la Virgen de Chorrillos, panegíricos a San José, dos al Corazón de Jesús, Santa Rosa en su santuario, plática mensual a los socios del Apostolado de la Caridad, sermón de tres horas en las Trinitarias, 5 pláticas en Los Naranjos. En 1913 dirigen dos tandas de Ejercicios Espirituales, apoyan la liturgia durante toda la Cuaresma y Semana Santa, una novena, tres triduos, 17 sermones y 143 pláticas. En 1914. Conferencias a la Juventud Católica de Lima en la iglesia de San Pedro para el cumplimiento pascual, novena a Santa Rosa, triduo de la Porciúncula de Bellavista, 9 retiros a los socios del Apostolado de la Oración, 30 panegíricos, pláticas a los seminaristas externos y tres conferencias semanales del P. Rector una a cada sección de los seminaristas internos; catequesis en La Caridad, Santo Tomás (presas) y San Andrés (asiladas). En 1915: misiones, EE a los PP. de los Sagrados Corazones de la Recoleta, MM. de Belén, novena a la Virgen en la parroquia de Santa Ana, quinario del Corazón de Jesús en Mercedarias, 8 retiros al Apostolado de la Caridad, tres cuaresmas, una semana santa en Ancón, 16 panegíricos, 20 pláticas…



[1] "Homenaje a la memoria del Rdo. P. Juan Miguel Atucha” El Amigo del Clero Noviembre-diciembre 1958.pp.326-331. Se incluye un espléndido discurso de Monseñor Luis Lituma con ocasión de colocar su retrato en la galería de retratos de los decanos de Teología.

[2]Memoria leída por el Rdo. Padre Rector del seminario al clausurarse el año escolar de 1921 Seminario Santo Toribio, Lima, 1921. Archivo Provincial de los Misioneros Claretianos del Perú.

[3] El Legajo 49, caja 38.1 del Archivo contiene los catálogos e inventarios de libros del Seminario: 1. De Belisario A. Philipps, 88 h.

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Presencia de los agustinos en la revolución peruana de Huánuco de 1812

Les comparto el fragmento de un excelente artículo sobre el el Bicentenario. Si alguno requiere todo el artículo –gracias a la generosidad del autor- con mucho gusto se lo envío.

 

Anuario Jurídico y Económico Escurialense, XLV (2012) 637-686 / ISSN: 1133-3677

Presencia de los agustinos en la revolución peruana de Huánuco de 1812

F. Javier CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA

Real Centro Universitario “Escorial-María Cristina” San Lorenzo del Escorial

Resumen: En febrero de 1812 estalló en Huánuco, territorio de la Intendencia

de Tarma (Perú), una sublevación contra el gobierno colonial y los españoles

(chapetones), por la mala administración y las injusticias que sufrían los pueblos

nativos. Por diversos motivos e intereses participaron todos los grupos de la

ciudad y de la zona: los criollos, el clero (secular y regular), los comerciantes, el

pueblo mestizo y la población india de la sierra. Dos agustinos tuvieron un

destacado papel. Todo acabó con la derrota de los insurrectos y la condena

de los principales dirigentes.

Abstract: In February 1812, in Huanuco, an administrative territory of

Tarma (Peru), a rebellion broke out against both the colonial government

and the Spaniards (“chapetones” in quechua), due to the poor economic

situation and the injustice that the native peoples were suffering. Many

different groups of people took part for different reasons and interests:

creoles, secular and regular clergy, shopkeepers, mestizos and native population

from the mountains. Two Agustines played an important role in all that. In

the end, the rebels suffered a defeat and the main leaders were executed,

sentenced to prison or exiled.

Palabras claves: Perú 1812, Huánuco, Panatahuas, Huamalíes, batalla de

Ambo, Juan José Crespo y Castillo, fray Marcos Durán Martel, fray Ignacio

de Villavicencio, fray Mariano Aspiazu, Virrey Abascal, Intendente González

Prada.

Keywords: Peru 1812, Huanuco, Panatahuas, Huamalies, the Battle of

Ambo, Juan Jose Crespo y Castillo, fray Marcos Duran Martel, fray Ignacio

de Villacencio, fray mariano Aspiazu, Viceroy Abascal, Intendant Gonzalez

Prada.

F. JAVIER CAMPOS Y FDEZ. DE SEVILLA

AJEE, XLIV (2012) 637-686/ISSN 1133-3677

638

Sumario:

I. Introducción.

II. Los trabajos de Ella Dunbar Temple.

III. Sinopsis de la insurrección.

IV. El convento agustino de Huánuco.

V. Fray Marcos Durán Martel.

VI. Fray Ignacio Villavicencio.

VII. Una crónica contemporánea de la revuelta

 

Como conclusión nuestra sobre la participación de los agustinos en la

revolución de Huánuco podemos añadir que, teniendo en cuenta la abundante

documentación existente, está fuera de duda que el protagonismo recae sin

duda en el P. Marcos Durán Martel; la exculpación de la pena capital o una

condena más severa en el veredicto final puede atribuirse a no haber

participado activamente en las acciones armadas. Para los ideólogos o autores

intelectuales de las revoluciones hispanoamericanas del siglo XIX siempre

se les reservó la reclusión en presidios españoles; el castillo de Santa Catalina de

Cádiz fue el destino de muchos liberales independentistas americanos131.

El protagonismo que el Dr. Pedro Ángel Jadó otorga a fray Ignacio

Villavicencio no concuerda con los testimonios de los procesados y con la

carta personal que en su descargo escribió al Virrey Abascal el 28 de mayo

ya citada en la que justificaba detenidamente su vinculación con la insurrección

y sus líderes sabiendo lo que le iba en ello. La visión del sacerdote español

sobre la persona del agustino tiene claros visos de desafección personal motivados

por algún desencuentro, asunto verosímil teniendo en cuenta que se conocían,

incluso que el religioso trató de ser amigo suyo; los otros datos de su actuación

con los insurgentes, sin duda son auténticos.

También es correcta la visión general que da de la revolución, sus motivos y

sus consecuencias, aunque de algunas apreciaciones se pueda disentir; informó al

Arzobispo con rigor y bastante minuciosidad porque tuvo perfecto conocimiento

de los hechos y supo interpretar el significado de los mismos.

La revolución de Huánuco fue más que una rebelión social en la sierra

central de los Andes peruanos a comienzos del siglo XIX; es importante destacar

el carácter general y colectivo que tuvo el levantamiento, porque fue de la ciudad

y sus gentes, aunque cada grupo luchó por intereses particulares. Fue un

fenómeno colectivo pero sin clara conciencia libertadora, a pesar de haber

estado algunos emisarios de países sublevados, porque todavía no había llegado a

esos niveles el ideal independentista.

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jueves, 1 de marzo de 2012

EL PADRE ACOSTA SE OFRECE A SAN FRANCISCO DE BORJA PARA VENIR A MISIONES A AMÉRICA

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/escritos-menores--0/html/fee5cdd8-82b1-11df-acc7-002185ce6064_1.html#I_2_

I -

Carta a San Francisco de Borja, general de la Compañía de Jesús, en que pide las misiones de Indias (Ocaña, 23 de abril de 1569)

Muy reverendo padre nuestro en Cristo.Gratia et pax Christi. El año pasado, cuando fue el P. Gobierno a Roma, le di una memoria que comunicase con vuestra paternidad de los deseos que nuestro Señor me daba de servir más a su divina Majestad, especialmente en las partes de las Indias; y con la respuesta de vuestra paternidad que el P. Maestro Dionisio me escribió aprobando aquellos deseos, me consolé.

Ahora me ha parecido no haría lo que debo a la -buena voluntad que nuestro Señor es servido darme en esta parte, si no declarase más a vuestra paternidad lo que de mí siento. Porque, aunque es verdad que habrá ya ocho o nueve años que ando con estos pensamientos y deseos, pero de algunos meses acá son mucho más crecidos, y con más eficacia y confianza que no han de ser de balde, así por sentir siempre más voluntad después de haber dicho muchas misas y ofrecídome al Señor lo que he podido, como por ver en mí notable ventaja de salud corporal, que con el mismo ejercicio que se pensó me hiciera daño ha crecido, y tengo esperanza en Dios no me faltará para todo lo necesario; que esta cuaresma, con la lección ordinaria y dos sermones en la semana y razonablemente de confesiones, no hice falta, antes salí con más fuerzas, y así entiendo será en lo que la obediencia me ordenare. El dolor que solía tener del pecho es muy poco o cuasi nada, y en lo demás me hallo bueno, a lo menos no de suerte que tenga indisposición de importancia.

Lo que me suele despertar estos deseos principalmente es parecerme que, para salir de un paso ordinario en que me persuado caminar poco en el divino servicio, me haría la misma necesidad ser otro donde no hay este entretenimiento y regalo ordinario. Y aunque de mi flaqueza temo, pero de la confianza que en nuestro Señor tengo y de alguna experiencia, tengo entendido me ayudarían mucho las mismas cosas que no dejan a uno olvidarse de sí. También se me pone delante que, si Dios nuestro Señor y la Compañía halla en mí algunas partes para ayudar a otros, se hace esto en aquellas partes con menos peligro de vanidad y con esperanza de más fruto, a lo menos hay más necesidad y por acá se haría poca falta, donde hay tantos que sean para esto. Y represéntaseme que si en aquellas partes se han de criar obreros, por no ser posible ir todos hechos de acá que ordenándolo Dios nuestro señor, lo que hago acá haría de muy buena gana por allá o donde la obediencia me señalare, y que de esto resultaría mucha ayuda para lo que se pretende.

Pero lo que sobre todo hallo mover mi voluntad es algún deseo de la cruz de Nuestro Señor, y de ser agradecido al que tan liberalmente se me dió, lo cual en los trabajos y contradicciones y soledad y penuria y peligros que allá se pasan, siendo los que deben los obreros del Señor, con su gracia hace que le parezcan e imiten en algo; y de esto suelo sentir muchas veces harto fuertes deseos con una confianza y seguridad grande, que si el Señor por mano de mi superior me enviase, no sería parte mi flaqueza y pocos merecimientos para estorbar tanto bien. No sé, padre, si su divina bondad me tiene guardado tal tesoro, y hasta poner mi alma ante vuestra paternidad no me parece cumplo con la fuerza que en esto tantas veces me hace, no teniendo por imposible ante su divino acatamiento lo que está muy lejos del parecer humano. De una cosa estoy persuadido: que el día que supiese ser esta su voluntad, de lo cual me aseguraría con disponerlo mis superiores, no hallaría cosa que me pusiese miedo, ayudándome la divina gracia.

La inclinación mía no la siento a parte determinada, mas de generalmente parecerme que entre gente de alguna capacidad y no muy bruta, me hallaría mejor, aunque hubiesen otros contrapesos. También con el haberse comenzado a abrir el camino a las Indias occidentales de España, se me ha representado que entre los que hubiese vuestra paternidad de enviar para ayudar por allá podría hacer mi parte si me mandasen hacer lo que acá hago, de leer teología o predicar o otro ministerio alguno. Y si a esotras Indias me enviase la obediencia, en quedarme en Goa o por allí, hallo alguna repugnancia por parecerme que debe de ser poco más aquello que lo de acá. Pero en todo entiendo hallaré mucha quietud siéndome significada la voluntad de vuestra paternidad, a quien pido por Jesucristo nuestro señor no tome esta carta como escrita con algún súbito fervor, porque me cuesta muchos días de pensallo y encomendallo a nuestro Señor, en quien espero me ha de ser de algún fruto.

Pareciéndole a vuestra paternidad in Dominodisponer de mí en alguna cosa de lo que toca a misión, serme hía mucho consuelo se ordenase de suerte que hubiese ejecución y no se estorbase con réplicas o contradicciones, las cuales a los que consideran mis merecimientos soy cierto no han de faltar. Y si nuestro Señor me hiciese tan señalada merced, tendría por grande y perpetuo consuelo tener patente de vuestra paternidad para lo que de mí in Domino ordenase, y hasta tener alguna claridad en esto, siempre, estaré suspenso.

Vuestra paternidad perdone lo que me he alargado, que, como no tengo otros negocios ni otros despachos que me importen, en éste me parece que me va mi caudal todo. Dé nuestro señor Dios a vuestra paternidad la salud y fuerzas para su divino servicio, que deseo y suplico siempre a su divina Majestad. Amén. De Ocaña, 23de abril de 1569. De vuestra paternidad hijo y siervo indigno. -Josef de Acosta.

El P. Luis de Guzmán, de quien pienso dió noticia a vuestra paternidad el P. Gobierno el año pasado, que agora es compañero del P. Provincial, me pidió que significase lo que de él entendía, por no atreverse por sí a escribir a vuestra paternidad. Lo que de sus deseos tengo entendido, por haber tratado su alma algún tiempo, es ser eficaces y verdaderos y cada día mayores de padecer algo por amor de nuestro Señor, mayormente en las partes de Indias, sin tener más inclinación a unas que a otras. Su salud y fuerzas corporales son buenas; sabe bastantemente y tengo por cierto que, poniéndole en ello, es suficiente para leer teología mayormente, dándole ayuda. Tiene don de nuestro Señor a lo que siento, en tratar almas y, sobre todo, mucha mortificación y humildad. El está con grande confianza que vuestra paternidad se ha de acordar de él en alguna misión de Indias, y con esta esperanza se halla muy consolado.

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Congreso Internacional G.K. Chesterton. 75 años después de su muerte. ESPECIAL DE ALFA Y OMEGA (http://www.alfayomega.es/Revista/2012/775/01_enportada1.php)

http://www.alfayomega.es/Revista/2012/775/01_enportada1.php

Magnífico especial que les comparto

 

Congreso Internacional G.K. Chesterton. 75 años después de su muerte

 

Gilbert Keith Chesterton, profeta

Vio venir la Revolución rusa y la caída de la URSS, la Segunda Guerra Mundial, la amenaza del Islam... pero le preocupaban más las consecuencias del materialismo, el relativismo y la revolución sexual en el mundo moderno. La conferencia inaugural del Congreso internacional G. K. Chesterton. 75 años después de su muerte, celebrado esta semana en la Universidad CEU San Pablo, estuvo dedicada a la faceta profética del autor inglés, que afirmó que «la locura de mañana no está en Moscú, sino, mucho más, en Manhattan»

Chesterton es «un escritor de esperanza. Tiene una apreciación de la vida, de la gente, de la creación, casi no igualada por ningún escritor moderno». Y, sin embargo, el autor de esta descripción destaca «cuánta razón tenía cuando predijo lo mal que iba a estar todo en el futuro; lo bueno que era prediciendo todas las cosas malas que han pasado durante el último siglo».

Don Dale Ahlquist, Presidente de la American Chesterton Society dedicó la conferencia inaugural del Congreso internacional sobre el escritor, organizado por la Universidad CEU San Pablo, a la faceta de Chesterton como profeta: «Nosotros vemos lo que Chesterton vio -explicó-, sólo que él lo vio antes de que sucediera».

Algunas de esas profecías versaban sobre política. En 1905, anunció la Revolución Rusa; predijo su rígida burocracia, y, ya en 1919, afirmó que, en unas pocas generaciones, se extinguiría y fragmentaría.

De manera similar, predijo «antes que nadie» una Segunda Guerra Mundial, que, «probablemente, empiece -postuló Chesterton- en la frontera polaca» y que sería «la más horrible», por ser «más fría y calculada, más remota, más impersonal, más indiferente al individuo».

Del Islam aseguró que es una «amenaza permanente», y -antes de la Revolución comunista- calificó a China de «el único rival real al cristianismo».

Y, con todo, «la locura de mañana no está en Moscú, sino, mucho más, en Manhattan». Con esta frase, Chesterton expresaba que «habría una revolución que haría mucho más daño al mundo que la revolución bolchevique. Sería la revolución sexual», explicó el señor Ahlquist.

«En el momento en el que el sexo deja de ser un sirviente, se convierte en un tirano», escribió Chesterton, que imaginó algunas de las consecuencias de separar amor, sexo y procreación. Una sería la generalización del aborto, mediante el cual «el Gobierno y los expertos podrán, sin juicio ni discusión, disponer de las generaciones no nacidas con la ligereza de un dios pagano»; o la pérdida de la inocencia de los niños, una forma de «matar la infancia sin matar al infante».

Los siguientes pasos de la cultura de la muerte son la eugenesia, a la que dedicó un libro, y la eutanasia, que pasará, de «matar a la gente porque son una molestia para ellos mismos, a matarlos porque son una molestia para nosotros».

 

La familia, otra víctima

Otra víctima -temía el autor inglés- sería la familia. «Chesterton veía venir todo esto -explicó el señor Ahlquist- porque observaba el principio de la ruptura del matrimonio en su tiempo, y veía a dónde llevaría». Las leyes que, al facilitar el divorcio, lo frivolizaban, tendrían como primera consecuencia, según Chesterton, «la frivolización del matrimonio». Incluso apuntó a la ideología de género, al afirmar que «cada sexo está tratando de ser los dos sexos a la vez y el resultado es una confusión más falsa que cualquier convención».

Un problema añadido es que, ante los problemas de la familia, «casi nadie osa defenderla». Se ha creado un sistema que la niega, aunque, «a veces -concedía-, ayudará al niño a pesar de la familia; a la madre a pesar de la familia; al abuelo a pesar de la familia. No ayudará a la familia». En vez de eso, el Estado pretenderá sustituir la autoridad de los padres, en especial a través de la educación.

La invasión por parte del Estado de la vida del hombre común hará de aquél un nuevo dios. También se divinizará la salud, y a la vez que se normalicen los placeres anormales, «se llamará malos a los placeres normales». A la vez que «se prohibirá fumar, se impondrá la anticoncepción» -detalla este experto-. Esta civilización que veía Chesterton en el futuro -apuntó también don Dale-, viviría en ciudades y en zonas residenciales despersonalizadas, donde sería más importante tener cuartos de baño y mascotas, que hijos. El materialismo ya empezaba a convertir al hombre en un «esclavo moral y espiritual», porque «cualquier adición a nuestros lujos significará una pérdida de nuestras libertades».

 

Relativismo y persecución

Unido al materialismo moderno, Chesterton percibió, asimismo, el comienzo de una era relativista: «Estamos alterando, no los males, sino el criterio de bien por el cual los males se pueden detectar y definir». Bajo la insoportable tensión de la vida moderna, «incluso las cosas que los hombres desean pueden derrumbarse: el matrimonio, y la propiedad justa, y la adoración, y el misterioso valor del hombre». El mundo «está tan desordenado -explicó el señor Ahlquist- que los hombres ya no desean esas cosas».

También supo ver el autor inglés que tanto el «odio fanático a la moral» como las revoluciones socialistas conducirían a la persecución religiosa: «Antes de que la idea liberal muera o triunfe, veremos guerras y persecuciones como el mundo no ha visto nunca». También hablaba de una forma de persecución más sutil: «Si hablas de Dios como un hecho, como una razón para cambiar la propia conducta, el mundo moderno te parará de alguna forma, si puede».

 

Quería equivocarse

Tras esta larga enumeración, el señor Ahlquist reconoció: «Todo esto hace que Chesterton suene como un lúgubre pesimista. La mayoría de los profetas tienden a sonar así». ¿Dónde está el Chesterton agradecido por todo? «Lo que olvidamos sobre los verdaderos profetas es que quieren equivocarse. Sólo nos dicen hacia dónde vamos si seguimos por este camino». Chesterton ofrece una salida, que es «que se restaure la civilización católica. Pide un renacimiento del sentido común, en defensa de la justicia, de la libertad, de la propiedad y de la familia».

Este renacimiento empezará, como empezó para él mismo tras la crisis de escepticismo y desesperanza que sufrió en su juventud, por recuperar el sentido del asombro, y hacer «el amanecer y el pan cotidiano y los secretos creativos del trabajo interesantes por sí mismos». Del asombro nace el sentirse criatura, y de ahí surgen importantes consecuencias. Por ejemplo, «habrá más respeto por los derechos humanos, y no menos, si se pueden tratar como derechos divinos», es decir, consecuencia de que el hombre sea hijo de Dios.

Al hablar de Chesterton como escritor de esperanza, el señor Ahlquist no estaba diciendo que fuera un optimista, al igual que no era un pesimista. «Los dos pecados contra la esperanza son la presunción y la desesperanza», explicó. Tanto una como otra «nos impiden actuar, e impiden el arrepentimiento y la renovación». Y Chesterton, como buen profeta, lo que pretendía precisamente era llamar a eso.

María Martínez López

 

Mucho más que lectores aficionados

La respuesta al Congreso Internacional G.K. Chesterton. 75 años después de su muerte, tanto en asistentes inscritos como en comunicantes, «ha superado nuestras expectativas», afirma su Directora académica, doña María Isabel Abradelo. Añade que «el hecho de que exista tanta gente que investigue y presente comunicaciones», indica que muchos, más allá de la curiosidad, «indagan en las razones que esconden sus obras». Precisamente «dar cohesión y poner en contacto» a estos investigadores era uno de los objetivos del Congreso. Han participado en él grandes especialistas como Dale Ahlquist; el profesor de literatura en la Universidad Ave María, de Florida, Joseph Pearce; el investigador Aidan Mackey, y el padre Ian Boyd, del Instituto G.K. Chesterton, que son «la prueba del rigor y altura científica con que se le estudia en todo el mundo». La profesora Abradelo opina que el renovado interés por los escritos de Chesterton, y la reedición de muchas de sus obras son «dos vías que han confluido y se han apoyado recíprocamente», para volver a ponerlo en un lugar destacado. Además, el público, una vez ha probado un libro de Chesterton, «ha pasado a otro, y a otro».

Don Abelardo Linares, de la editorial Renacimiento, confirma a Alfa y Omega que, aunque los lectores de Chesterton aún no sean muchos, a esos pocos «les gusta mucho». Para él mismo, el autor inglés «ha tenido siempre un efecto euforizante y chispeante, como el del champagne»; o como «las bebidas de cola y el café, que nos dan un punto de excitación y nos ayudan a permanecer despiertos. Es el mejor disolvente de los lugares comunes». En una situación parecida se encuentra don Jaime Vallcorba, director de la editorial Acantilado: «Una de las ideas que tenía cuando la monté era publicar todas las obras de Chesterton. Me parece uno de los grandes. Cuando las nuevas generaciones descubren su inteligencia y su sutileza espiritual, y su sencillez casi franciscana, los deja estupefactos. Es lo opuesto a la pedantería, leerlo se parece más a conversar con alguien con una cerveza delante».

 

Cómo era Chesterton, más allá de sus libros. Conocerle era quererle ¿Quién era Chesterton? ¿Cómo vivía su fe este gran apologeta? Dale Ahlquist, uno de los principales impulsores de su Causa de canonización, le define como místico. También da interesantes pistas sobre su persona Aidan Mackey, fundador del Gilbert K. Chesterton Study Center, que ha tratado con muchas personas que le conocieron, en especial con su secretaria, Dorothy Collins. Mackey ofrece esta semblanza del escritor

Hay un acuerdo unánime de que Gilbert Keith Chesterton era un gran hombre, aparte de ser un gran escritor. Su grandeza era intrínseca, y él mismo era total y sinceramente inconsciente de ella. No tenía interés en escribir para la posteridad, y nunca se le ocurrió que su obra y su pensamiento permanecieran vivos después del final de su vida.

Era imposible conocerle, aunque fuera a un nivel muy superficial, y no encariñarse con él. El segundo estudio de Maisie Ward sobre él, Retorno a Chesterton, habla de Margaret Halford, una señora judía a la que le gustaban sus escritos pero le preocupaba que se dijera de él que era antisemita. Las reservas que tenía durante su primer encuentro desaparecieron muy pronto. Escribió: «La bondad y amor que había en el ambiente eran inconfundibles»; y ella, Gilbert y [su mujer] Frances se hicieron amigos íntimos. Al enterarse de la muerte de Gilbert, Nancy, la criada de la familia Nicholls, dijo con dolor: «Oh, señora, nuestro señor Chesterton muerto... Era una especie de santo, ¿verdad? Sólo mirarle cuando le dabas el sombrero te hacía sentir fenomenal».

 

Demasiado disponible

En el verano de 1909, Gilbert y Frances se mudaron de Londres a Beaconsfield, algo sobre lo que ha faltado comprensión por parte de algunos de sus biógrafos. Es absolutamente falso que Gilbert fuera arrastrado a Beaconsfield en contra de su voluntad. Le gustaba mucho su vida en ese pueblo encantador. Describe, en su autobiografía, cómo a él y a Frances se les antojó coger un tren a Slough y caminar hasta Beaconsfield, donde cada uno, por separado, pensó: «Éste es el tipo de lugar donde, algún día, tendremos nuestro hogar». Le encantaban, sí, algunos aspectos de la vida en Londres, pero el enorme placer de vivir en Beaconsfield se muestra muchas veces en sus escritos. Los dos participaban activamente en los eventos locales, y apoyaban mucho a la Casa de Convalecencia para Niños.
Una de las cosas por las que esta mudanza era deseable era que, en Londres, estaba demasiado disponible. Los amigos lo visitaban a cualquier hora, y nunca los rechazaba, sin importar lo urgente o exigente que fuera el trabajo que tenía entre manos.

 

Un hogar para todos

En Retorno a Chesterton, una nube de testigos hablan de la cálida segunda casa que encontraban en su hogar. También sobre el tiempo que pasó hasta que Gilbert y Frances se dieron cuenta de que no iban a poder tener hijos, y sobre la enorme decepción cuando no tuvo éxito la operación a la que se sometió Frances, con la esperanza de alcanzar la maternidad que tanto deseaba. Privados de sus propios hijos, Frances y Gilbert llenaron su casa y sus vidas con pequeños.

En los años 20, Dorothy Collins entró como secretaria de G.K. y, rápidamente, se convirtió en la hija que Gilbert y Frances no pudieron tener físicamente. Me contó varias veces la capacidad de Gilbert para redactar dos textos diferentes a la vez. Le preocupaba que se pudiera pensar que le dictaba algo a ella, y mientras ella lo ponía en orden, él tomaba notas de otra idea. ¡De hecho, dictaba un texto, y al mismo tiempo escribía algo completamente diferente!

 

De dónde vienen los pijamas

Pero la función más valiosa de Dorothy fue siempre colaborar con Frances en cuidar de Gilbert, que era muy dependiente y despistado. Hay muchas anédcotas apócrifas o falsas sobre sus despistes, pero otras muchas son ciertas. Una vez fue a bañarse y, después de algún tiempo, Dorothy y Frances oyeron un rugido: «¡Maldita sea! ¡Si ya he estado aquí!» Resultó que, tras salir de la bañera, se había quedado absorto. Al cabo de un rato miró, vio la bañera llena y volvió a meterse en ella. En otra ocasión [al volver de un viaje], Frances le pidió perdón por haber olvidado meterle el pijama en la maleta. Le preguntó: «¿Te compraste otro?» Gilbert pareció sorprendido y contestó: «¡No sabía que los pijamas se compraran!» De dónde se imaginaba que salían sigue siendo un misterio.

Aidan Mackey

 

Un contemplativo que fumaba puros

Una faceta desconocida sobre este gran apologeta cristiano es, paradójicamente, cómo vivía él la fe. Mackey cuenta: «Hay pruebas de su reverencia por María, mucho antes de descubrir el catolicismo. Después, siempre llevaba su rosario en el bolsillo». Cuando fue recibido en la Iglesia católica, el vicario anglicano de Beaconsfield se mostró complacido: «No era muy bueno como anglicano, pero será muy buen católico». Y Dale Ahlquist apunta la posibilidad de que tuviera «experiencias místicas. Creo que es apropiado describirlo como un contemplativo -dice-, alguien que siempre estaba rezando. Un amigo cercano declaró que siempre estaba pensando en Dios. Es difícil imaginar que un periodista que bebía cerveza y fumaba puros pudiera ser un contemplativo, ¡pero eso dicen las pruebas!» Ahlquist ha sido uno de los principales impulsores de la Causa de canonización de Chesterton, para la que se están poniendo los cimientos en la diócesis de Northampton.

 

 

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Ante los bicentenarios de las independencias iberoamericanas: Redescubrir su identidad

Semanario Alfa y Omega, Madrid: Jueves, 01 de marzo de 2012 Desde la fe 27

Fotos: 1. Maestro y amigo P. Fidel, autor del artículo. 2. Retrato de San Martín en el Museo Nacional de Pueblo Libre en Lima. 3. Con Emilio Martínez, coordinador del congreso “La Iglesia ante la Independencia” en la Plaza de Pueblo Libre, con el “cabezón” de Bolívar al fondo.

 

 

Ante los bicentenarios de las independencias iberoamericanas Iberoamérica necesita redescubrir su identidad

 

El sacerdote español padre Fidel González Fernández, comboniano, profesor de Teología en la Universidad Pontificia Urbaniana y consultor del Consejo Pontificio de la Cultura, explica las heridas aún abiertas que dejaron los procesos de independencia colonial, y que la Iglesia debe contribuir a restañar

 

A partir de la segunda década de este siglo, en casi todos los países del continente iberoamericano, se multiplican las celebraciones con motivo del bicentenario de las independencias. La Iglesia no podía faltar a la cita. El continente hispanoamericano representa más del 40% de la población católica del mundo, y las independencias fueron todas llevadas a cabo por católicos y, con frecuencia, bajo estandartes que evocaban la protección de la Virgen. Comenzando por México, donde el cura Miguel Hidalgo levantó, en 1810, el estandarte de la Virgen de Guadalupe como bandera de la independencia, al grito de ¡Viva la Virgen de Guadalupe, viva Fernando VII [preso de Napoleón], viva México, mueran los «gachupines» [los peninsulares españoles afrancesados]! Algo semejante ocurre desde Río Grande hasta la Tierra de Fuego, un reguero de pólvora prendido en todo el continente.

El abogado uruguayo don Guzmán Carriquiry Lecour, antiguo Subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos y actual Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), ha publicado El bicentenario de la Independencia de los países latinoamericanos. Ayer y hoy (Ediciones Encuentro). «Nuestros procesos de independencia -escribe- no fueron, salvo excepciones, grandes levantamientos de pueblos contra un poder colonial. Hubo españoles y americanos en ambos bandos, sobre todo muchos americanos en los ejércitos realistas. Y esto sucedió no sólo por el sistema practicado de reclutamientos forzosos en uno y otro bando. La crisis española se transformó en muchas partes en guerra civil, antes que en revolución de independencia. Oficiales españoles eran indios como Santa Cruz, que luchó por varios años contra los americanos insurrectos antes de plegarse a la lucha por la independencia. Del mismo modo, en los llanos venezolanos, en Colombia o entre los chilenos, peruanos y alto-peruanos, los españoles contaban con el apoyo de los sectores criollos más humildes... Incluso cabe recordar que hubo peninsulares liberales que combatieron junto a los patriotas alzados», como Francisco Xavier Espoz y Mina, famoso guerrillero, durante la guerra contra Napoleón en España. Los libertadores pertenecieron, con frecuencia, a las ricas minorías criollas de latifundistas, comerciantes e intelectuales. Estos criollos, de descendencia española, pero nacidos en América, a veces desde generaciones atrás, constituían una oligarquía bien afianzada en las tierras y sentimientos americanos, y se veían marginados en las responsabilidades públicas por parte de los peninsulares.

Una nueva gesta patriótica

Muy pronto, el proceso de las independencias entra en una segunda fase. En ella asistimos a una lucha, a veces feroz, entre conservadores y liberales, hijos gemelos de la misma madre, pero con divergencias violentas que, por otra parte, se ven claras en la misma España. Esta lucha lleva, a menudo, a una sucesiva fragmentación del poder de los nuevos países en nuevas unidades y al nacimiento de formaciones políticas radicales, con una balcanización dentro de los nuevos Estados, o a la creación de otros. Uno de los hechos más clamorosos en la formación de estos nuevos Estados es, sin duda, la derrota de los grandes padres de la independencia. No es puro caso que los más famosos protagonistas de la emancipación americana hayan muerto perseguidos, exiliados e incluso ajusticiados: Hidalgo, Morelos, Artigas, San Martin, Bolívar, Iturbide, Morazán, Sucre... Por ello, nos preguntamos con Carriquiry: ¿cuál fue el coste de la independencia? Y compartimos la respuesta: se produjo a costa de las condiciones del subdesarrollo en las décadas siguientes; a costa de la dependencia neocolonial, sobre todo del imperio económico inglés, primero, y del estadounidense, luego; a costa de la balcanización de los antiguos dominios españoles; a costa del empeoramiento de la situación de los indígenas (uno de los puntos más olvidados y trágicos); a costa de la constitución de polis oligárquicas: minorías de comerciantes y hacendados acaudalados, junto con sus doctores, concentrados en las capitales o en las ciudades-puerto, que cultivaban sus propios intereses, promulgaban Constituciones que dejaban fuera de la vida pública a las grandes mayorías de los nuevos países, convertidas en un proletariado ingente. Al mismo tiempo, estas nuevas oligarquías lucharán ferozmente entre sí y empujarán a los nuevos Estados en una sima de anarquías, donde una pléyade de caudillos, verdaderos jefes bandoleros, imponían Gobiernos y Constituciones según su capricho. En esta lista de costes, hay que añadir el desmantelamiento eclesiástico y la crisis de la cristiandad indiana, que deja a la Iglesia sin obispos, sin sacerdotes y sin obras de caridad ni de educación. Sólo quedaba en pie la religiosidad popular campesina.
Por eso, hoy se necesita relanzar una propuesta clara de experiencia cristiana que lleve al redescubrimiento de la propia identidad, una nueva gesta patriótica -dice Carriquiry- que nada tiene que ver con las antiguas proclamas románticas del liberalismo decimonónico, sino que ahonda sus raíces en el sano realismo cristiano, como subraya Benedicto XVI en la encíclica Caritas in veritate.

Fidel González Fernández, mccj

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SANTA BONIFACIA, INMORTALIZADA EN PLACA DE LA IGLESIA DE LA CLERECÍA DE SALAMANCA

LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE SALAMANCA

COLOCA UNA PLACA CONMEMORATIVA DE SANTA BONIFACIA

EN LA CLERECÍA, SALAMANCA, 22 DE FEBRERO, 2012

 

El 22 de febrero, miércoles de ceniza, ha sido el elegido por el rector de la Universidad Pontificia para colocar definitivamente en la iglesia de la Clerecía una placa en memoria de nuestra fundadora.

El acto ha sido a las 7, 30 de la tarde, muy sencillo: consistió en una breve oración en acción de gracias por santa Bonifacia. Estaban presentes el rector D. Angel Galindo y dos vicerrectores de la Pontificia; Miguel Ángel García Sánchez, rector de la Clerecía y responsable de la pastoral Universitaria, que preparó el acto y lo dirigió; un grupo de Siervas de san José de las comunidades-taller de Salamanca, Victoria López, desde Madrid y dos antiguas alumnas que se sumaron a la celebración. Asistió también una periodista por encargo de la UPSA para hacer algunas fotografías.

 

Así, en medio de la sencillez y discreción, sin testigos de prensa, comenzamos una oración de acción de gracias por santa Bonifacia:

 

Damos gracias a Dios por la vida y canonización de Santa Bonifacia y le pedimos su ayuda para ser fieles siempre. Que esta placa en recuerdo de la vida y misión de Santa Bonifacia nos recuerde a todos el camino de sencillez, fidelidad, trabajo y servicio a los más necesitados en cada momento de la historia.

 

Después de la lectura de Col 1, 9b-14, D. Ángel Galindo pronunció unas palabras bien centradas sobre Bonifacia. Se resumen en hacia dónde orientó su labor social: a la dignificación de la mujer trabajadora en un momento de gran precariedad como era el comienzo de la revolución industrial, ofreciéndoles trabajo y enseñándolas a trabajar, transmitiendo a la vez la santificación del trabajo. Y desde dónde lo hizo, desde la compasión y la ternura. A continuación, Victoria López, a petición de Miguel Ángel, dijo algunas palabras sobre Bonifacia, centrando en su actitud de agradar a Dios en todas las cosas como su único cuidado en este mundo, según testimonia Socorro Hernández. Hizo también mención de nuestro fundador, Francisco Butiñá, y de Carmen de Castro, madre de Bonifacia.

 

            La placa estaba colocada en el centro de una de las grandes columnas, la que queda a la izquierda entrando por la calle Serranos, por donde seguramente entraba Bonifacia. Se ve también muy bien al entrar por la puerta principal.

 

El texto de la placa es:

 

Santa Bonifacia Rodríguez de Castro

Salamanca 1837-Zamora1905

Esta iglesia de la Clerecía fue desde su infancia

el centro de su vida espiritual.

Aquí inició su seguimiento de Jesús en Nazaret

y su dedicación al mundo del trabajo.

Fundadora de las Siervas de San José

juntamente con Francisco Butiñá, S.J.

Salamanca 1874.

Canonizada en Roma el 23 de octubre de 2011.

 

Por su interés histórico, recogemos aquí dos fragmentos de Ejecución de Acuerdos que constan en las Actas de las Juntas Permanente y Plenaria de la Universidad Pontificia de Salamanca en las que se consigna la decisión tomada y las razones que han motivado esta decisión:

 

La Junta Permanente de Gobierno de la Universidad Pontificia de Salamanca, celebrada el 10 de febrero de 2012 ha aprobado, de forma unánime, la colocación en la Iglesia de la Clerecía de una Placa en honor de Santa Bonifacia, fundadora de la Congregación de Siervas de San José, en reconocimiento de su labor social a favor de las mujeres desfavorecidas en un momento histórico en el que carecían de oportunidades laborales, así como por su vinculación con la Universidad Pontificia, puesto que en la Clerecía maduró una vida espiritual de Fe y Amor que la llevaría a la Santidad y a su Canonización en Roma el 23 de octubre de 2011 (Cf.  Acta 577).

 

Se pretende con este gesto reconocer una importante labor de promoción laboral y educativa de la mujer, que la santa salmantina llevó a cabo en sus talleres de Salamanca y Zamora durante la segunda mitad del S. XIX.  La Junta Plenaria de Gobierno de la Universidad se manifiesta agradecida y satisfecha por este reconocimiento (Cf. Acta 282).

 

La luz de Bonifacia va llegando a muchas personas y ámbitos, porque la luz es para ponerla sobre el candelero y que ilumine a todos los de la casa.

 

                                                                                        Rosario Hernández, ssj

                                                                                              29 de febrero de 2012

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http://www.siervasdesanjose.org/servicios/recursos/file/Tapiz.pdf

 

BONIFACIA VUELVE A SU CASA

Crónica de la entronización de la imagen de santa Bonifacia en la Clerecía.

Salamanca, 30 de diciembre de 2011

Teníamos como marco la grandiosa iglesia de la Clerecía, que le abría a Bonifacia sus puertas

como en triunfo después de la canonización. Si sus piedras hablasen, expresarían un sentimiento de

alegría al ver de nuevo el retrato de la que tantas veces contemplaron entre sus muros "creciendo en

edad, en sabiduría y gracia ante Dios y las personas". Porque en la Clerecía  fue creciendo y

madurando su fe, orientada desde los 18 años por los padres de la Compañía de Jesús.

Eran las 5,30 de la tarde y los primeros en llegar iban repasando, en actitud de paciente espera

hasta las 6, los diferentes espacios e imágenes. Ya estaba allí, antes que ninguno, Miguel Ángel

García, Rector de la iglesia y responsable de la Pastoral Universitaria, que nos acoge con su amplia

sonrisa y nos va indicando lo que queda por hacer, poca cosa, pues ya está casi todo preparado.

Poco a poco han ido llegando los concelebrantes, están en la sacristía preparándose. Saludos,

apretones de manos, felicitaciones de Navidad y Año Nuevo… Son, además de Miguel Ángel, que

presidirá la concelebración, D. Gabriel Pérez, nuestro capellán de Almarza por tantos años; José

Román Flecha, profesor de teología moral en la Universidad Pontificia; Antonio Romo, párroco de

la Asunción de Puente Ladrillo; Domingo Martín, párroco de María Mediadora; Fernando García,

párroco de San Marcos; D. Juan Robles, canciller-secretario del obispado; Avelino Quijano, sj,

coordinador de los EE en Salamanca; Antonio Galán, op; Juan Manuel Hernández, párroco de la

Purísima y Pedro López García, salesiano.  Nos acompañan  también, pero  sin  concelebrar, los

jesuitas de la comunidad de Salamanca Avelino Fernández, Urbano Valero y Albino García y nos

saluda al comienzo Aquilino Bocos, cmf, procedente de Madrid.

Nos ponemos de pie porque el coro está entonando el canto de entrada.

Navidad es esperanza,

Navidad es alegría,

Navidad es el camino

que recorres cada día.

Manuela Pérez lee la monición de entrada, que nos ambienta:

"Aquí sintió Bonifacia la llamada a ser una trabajadora al estilo de Jesús en Nazaret.

Desde su humilde taller de artesanía sintió que debía asumir la condición de sierva, al

estilo del Hijo de Dios, „siervo y uno de tantos‟ en Nazaret. Esta experiencia constituyó

el núcleo de su espiritualidad. Bonifacia hizo el compromiso de crecer hacia abajo

practicando las virtudes de la humildad, la pobreza, la sencillez y la laboriosidad".

El Gloria resuena "glorioso" esta tarde de fiesta:

Por tu inmensa gloria te alabamos,

te bendecimos, te adoramos

te glorificamos. Te damos gracias…

La primera lectura, el salmo y la segunda lectura están tomados de la liturgia propia de santa

Bonifacia. El evangelio corresponde a la festividad de la sagrada Familia que hoy se celebra.

Al finalizar la lectura del evangelio, Miguel Ángel, acompañado por el dominico Antonio Galán

y un acólito, baja las gradas del altar y se acerca  al lado izquierdo del crucero para entronizar  el 2

icono de santa Bonifacia, copia del tapiz que lució el día de la canonización en la fachada de san

Pedro del Vaticano. Está colocado a la izquierda del crucifijo. Bonifacia, no podían haber elegido

para ti un lugar más apropiado que éste junto a tu Cristo crucificado, al que tantas veces has querido

contemplar  y del que has aprendido a perdonar y a guardar silencio. Nos vienen al corazón tus

palabras:

"¡Cuánto tenemos que aprender de Jesús, sobre todo contemplándolo en su pasión!

¡Qué ejemplos nos da!". ¿Por qué al verlo a Él tan callado sufriendo y padeciendo no

guardamos nosotras ese precioso silencio?".

Comienza el rito de la entronización. Al principio, en medio y al final oímos a Sonia González,

ssj, que canta:

Anda buscando Jesús

quien le ame, quien le siga,

quien le ame, quien le siga.

Si nosotros no seguimos sus huellas

¿quien las seguirá?

Miguel Ángel nos introduce con unas palabras y nos exhorta diciendo:

Este lienzo de santa Bonifacia no nos puede dejar pasivos, cosificando su imagen. Nos

ha de llevar a su espíritu, a su vida, su carisma. Al ejemplo que intentó seguir de Jesús,

especialmente en Nazaret junto a María y a José, la Sagrada Familia.

Después bendice la imagen de Bonifacia, según el ritual adaptado.

A continuación pronuncia la homilía, subrayando tres ideas: Bonifacia, feligresa desde pequeña

de la Clerecía, va creciendo aquí en la fe hasta alcanzar la santidad. A continuación lee entera la

parte de la  homilía  que el papa  le dedica el día de la canonización y que  no tiene desperdicio.

Finalmente, se refiere a las palabras de Pablo VI en Nazaret que se leen hoy en el oficio de lecturas

correspondiente a la festividad de la sagrada Familia.

Se presentan las ofrendas:

Un escudo de la Congregación. Bonifacia ha vivido nuestro lema: trabajo fe y amor

desde la contemplación de Nazaret.

Un haz de espigas granadas de la tierra de nuestra fundadora. Bonifacia es grano caído

en tierra, por eso sigue muy presente en Salamanca, dando mucho fruto.

El pan y el vino son expresión de las pequeñas cosas cotidianas que podemos

transformar en signos de amor y de vida nueva. Como Bonifacia.

Llega la comunión. El coro canta "Afirmo a Bonifacia". Sí, Bonifacia, te afirmamos, te

queremos, por eso estamos contigo esta tarde.

Para saltar anónimas barreras

y poner nombres propios

en ocultos Nazaret,

afirmo a Bonifacia, luz y sierva,

como grano enterrado

que no cesa ce crecer.

Con su vista en la cruz,

empapada de amor,

inspirada de luz,

su fe aplaca el dolor,3

mira a Cristo en la cruz

empapada de Dios.

Poco antes de terminar, Victoria López da las gracias  a los y las asistentes  en nombre de las

Siervas de san José.

"Bonifacia vuelve a su casa.

Esta „Casa de Dios‟ de la Clerecía, frecuentada por ella desde que tenía uso de razón,

es también su hogar, su casa, porque en ella crece su fe llegando a dar frutos de

santidad (…).

Gracias de corazón a Miguel Ángel por haber querido traer a santa Bonifacia a su

antigua y nueva casa de la Clerecía para que desde aquí, al lado de Jesús crucificado,

nos siga hablando de perdón, silencio, ternura y acogida. Y para que siga convocando a

jóvenes salmantinas en torno a ella en busca de amistad y testimonio de vida, como

hacía desde su casa-taller en la calle Traviesa".

Las palabras finales de Miguel Ángel cierran la celebración:

"Damos gracias a Dios por su amor infinito y por el ejemplo sencillo, humilde y fiel de

servicio a su Reino desde la espiritualidad de Nazaret de santa Bonifacio (…).

Esta imagen de santa Bonifacia va a ser mirada y contemplada, también, por muchos

jóvenes de la Pastoral Universitaria y descubrirán que en Salamanca, además de

ciencia y cultura, de fiesta y de diversión, también existe la posibilidad de crecer en le fe

en un auténtico espíritu de servicio generoso y humilde según  la espiritualidad de

Nazaret".

Después del "podéis ir en paz" cantamos el himno a nuestra fundadora. Se percibe emoción en

muchos momentos:

"La que siga sus pasos que no tema:

ellos la llevarán hasta el Señor".

Al acabar, fotos ante el icono, felicitaciones, agradecimientos…

Somos conscientes de que hoy hemos escrito una página importante en la historia de las Siervas

de san José y de  la ciudad de Salamanca, en  esta nueva acogida  que su tierra natal le  acaba de

brindar a la que, desde el pasado 23 de octubre, es su primera santa.

Victoria López, ssj

Festividad de la sagrada FamiliA

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