lunes, 9 de abril de 2012

"LA ARDUA EMPRESA DE LEVANTAR UNA UNIVERSIDAD CATÓLICA"

“LA ARDUA EMPRESA DE LEVANTAR UNA UNIVERSIDAD CATÓLICA”

A cinco años de su centenario, la PUCP toma nota del gran acontecimiento y lanza desde su periódico PUNTOEDU “95cosas que debes saber” (http://puntoedu.pucp.edu.pe/noticias/95-cosas-que-debes-saber-de-la-pucp/).  Mi felicitación por la magnífica síntesis y mi aporte para asomarnos a sus cimientos, sus pilares.

Si reza el refrán que “quien algo quiere algo le cuesta”, en materia de fundación puede costar sangre. El P. Jorge debió sortear numerosos escollos para dar a luz a la que estaba destinada –como reza su lema- ser luz en las tinieblas. Nos lo cuenta en una carta a su Provincial el 19 de abril de 1917:

Muy Reverendo Padre: Le doy las gracias por la cartita que se dignó dirigirme últimamente con el fin de alentarme en la ardua empresa de levantar una Universidad Católica. Las muchas y fervientes oraciones de VP habrán sido parte en el último favor que nos ha otorgado el Cielo. Pues el domingo pasado, 15 de abril, abrimos oficialmente la UC dándole por patrona a la gloriosa limeña Santa Rosa. Hubo Misa y discurso de orden pronunciado por el nuevo rectorcito[1] que Dios ampare. No hubo gran concurrencia porque no creímos fuera conveniente llamar mucho la atención, especialmente después de la violenta polémica que contra la nueva obra han llevado los periódicos liberales de la capital. Lo esencial era comenzar y dar principio a los cursos, cualquiera que fuese el número de los alumnos. Así lo hemos hecho con el favor de Dios...Lo curioso y lamentable del caso es que todos nuestros alumnos, así como los de los jesuitas, han ido a la Universidad del Estado. El miedo, le respeto humano de los padres han podido más que el bien de los hijos y de la Religión. El miedo se explica en parte, por cuanto los catedráticos de San Marcos, algunos de Letras especialmente se han manifestado enemigos nuestros y preparan una campaña en el próximo congreso para ahogar la Obra. Muchos son los proyectos que urden contra la Religión y mucho se ha de temer por parte de las Cámaras. Pero si morimos víctimas de la tiranía anticatólica, gloriosa será nuestra muerte

 

Considero oportuno incluir el discurso de apertura del P. Jorge porque nos da las claves de sus motivaciones así como los dilatados horizontes del profeta visionario:

Siendo el único objeto de la educación, el preparar al joven para un fin prefijado, es natural que ella tendrá que responder al fin, al ideal que persiga el maestro...Feliz el joven cuyos maestros no tengan otro afán que el de dirigir y encaminar sus pasos hacia la región del infinito y a conquista, no los tesoros materiales, sino aquellos que el orín no oxida ni los ladrones roban.

Esa importancia trascendental que le cabe a la educación en general debe atribuirse en un modo muy particular, a la que reciben los jóvenes en las universidades, no solamente por ser las universidad la que introduce al joven en las más altas disciplinas del saber y la que imprime un rumbo definitivo a su espíritu, sino también porque ella es el aula y la escuela donde se forman los futuros dirigentes de la sociedad. De ahí la lucha abierta y tenaz, que hace más de un siglo, se ha trabajo entre la Iglesia y los corifeos del neopaganismo en el terreno de la escuela y especialmente en el de la Universidad...No podía el Perú, patria de tantos santos y foco en otros tiempos del más fervoroso catolicismo, ser uno de los pocos países del mundo donde la enseñanza tradicional no tuviera sus centros propios de cultura; no era posible contemplar con indiferencia el desaparecer lento, pero seguro, de la fe de nuestra sociedad, así como se ve languidecer y secarse el árbol, cuando el jugo vital no llega a sus raíces...Es un erro vulgar el creer que la nueva Universidad Católica, a causa de la religión revelada que profesa, ha de ser un obstáculo al progreso de la ciencia en nuestra sociedad... La verdadera ciencia ha vivido siempre en perfecta armonía con la religión; las Universidades Católicas en todos los tiempos y en todos los países han tenido a honra en fomentarla y la nueva Universidad que hoy inauguramos trabajará por su extensión en la medida de sus fuerzas ...En los claustros de la Universidad crecerán a la par la ciencia y la religión, sin estorbo ni conflicto, pues son ellas hijas de un mismo padre y destellos de una misma luz, que al juntar sus rayos en el espíritu del joven, disiparán incertidumbres y dudas y lo introducirán en las altas regiones de la verdad y de la vida” [2]

 

De igual modo –tras treinta años de vida- el propio protagonista nos da razón de su obrar y de su ser en el escrito “Cómo nació y de desarrolló la Universidad Católica del Perú. 30 años de vida”[3]. Constata un hecho para el año 1916: “parecía que la fe católica estuviera a punto de desaparecer de las altas esferas sociales e intelectuales de Lima y del Perú”. Ello se daba a pesar de los numerosos colegios religiosos, cuyos alumnos “al poco tiempo de haber abandonado las aulas escolares se declaraban ateos”. El P. Jorge no necesitaba más diagnóstico que el frecuente trato con los jóvenes y la profunda inserción mantenida con la realidad. La urgente necesidad sólo podía ser colmada con “un remedio puesto en práctica en muchos países”: fundar una Universidad Católica “que reuniese un grupo de jóvenes en torno de sus cátedras y pudiera inculcarles la Verdad acerca de la Historia y de la Filosofía, de la Ciencia y del Arte”. Tales jóvenes, “debidamente instruidos y formados en un ambiente de fe y de religión, n o sólo podrían conservar sus creencias sino que también podrían convertirse en defensores, en apóstoles de la Religión en la sociedad, en su profesión, en todo el país”. Esto es, lo que pretendía Dintilhac es forjar jóvenes profesionales que lleven su fe a la vida pública de modo coherente y operante.

 

Como todo fundador de instituciones y movimientos religiosos, en ningún momento se cree fundador de nada; más bien buscó “el hombre de prestigio tanto social como intelectual, el hombre de carácter que pudiera lanzarse en esta arriesgada aventura con alguna probabilidad de éxito”; lo hace tanto en el clero como en el mundo seglar. Al ver que nadie respondía, y a pesar de verse “falto de las dotes necesarias” decide tomarla de su cuenta con el pensamiento de que “si entraba en los designios de la Providencia, ella misma la bendeciría y movería los corazones de sus fieles hijos para que supliesen” lo que a él le faltaba. Para ello, hacia 1915 comienza a tocar puertas entre las familias con hijos en colegios religiosos, visita al Delegado Apostólico Monseñor Angel Scapardini cuya “paternal y simpática acogida sirvió de mucho aliento en medio de las dificultades que ya se presentaban de todos lados”. Igual aprobación recibe el entonces Arzobispo de Lima, Monseñor Pedro García Naranjo, quien aprueba y autoriza los Estatutos provisionales. El local lo proporcionarían sus propios hermanos de los Sagrados Corazones con el P. Florentino Prat, superior, a la cabeza, quien cedió dos salas libres que a su vez habían cedido para la Asociación de Jóvenes Católicos y quien proporcionó veinte mil soles para acondicionar el local. De igual modo, Josefina Araraz dispensó una fuerte suma de dinero.

Faltaba una cuestión -“gravísima” para el autor-, el cuerpo docente, y que fue motivo de “muchas idas y venidas, de muchas ilusiones y muchas decepciones”, hasta que aceptaron los primeros: el P. Pedro Martínez Vélez, agustino “uno de los principales y constantes animadores de la obra”, el Dr. Carlos Arenas Loayza, Dr. Raymundo Morales de la Torre, Dr. Jorge Velaochaga  Dr. Víctor V. González Olaechea, P. F. Cheesman Salinas, franciscano. . Se creó un Comité permanente formado –además de por los profesores- por Monseñor B. Philipps, secretario del Arzobispo, el jesuita Próspero Malzieu, el dominico P. Lazo y Guillermo Basombrío. Al ver tantas dificultades pensó fundar tan sólo la Facultad de Letras y, aprobados los dos primeros años de Letras, encaminar a los alumnos a la Facultad de Derecho de cualquier Universidad Oficial. El Gobierno reconocía la nueva Facultad como “Academia Universitaria” y dejaba en manos de la Universidad de San Marcos lo relativo a los exámenes. Ante la demora de esta respuesta por el Consejo Universitario y la posibilidad –según el artículo 102 de la Ley Orgánica de Instrucción de que bastaba una o varias personas para abrir cátedras y constituir Facultades y Universidades; que bastaban dos facultades (art.276) para su aprobación, con la posibilidad de que los graduados se incorporasen a las Universidades Oficiales (art.385), se anunció en la prensa la creación de “la Universidad Católica en las Facultades de Letras y de Jurisprudencia”.

 

Tras recia oposición de los medios de comunicación y de la Universidad de San Marcos, y tras muchas gestiones y oraciones, un Decreto Supremo de 24 de marzo de 1917 firmado por el Presidente José Pardo aprobaba la institución, “llenó de júbilo nuestros corazones y sembró el desaliento en las filas de nuestros contrarios”. Gracias a esta facilidad gubernamental, y la bendición del Sr. Arzobispo Pedro García Naranjo, se decidió organizar la Universidad con Estatutos y nombramiento de un Consejo formado por el propio Padre, Carlos Arenas Loayza, Víctor González Olaechea, Raymundo Morales de la Torre, Guillermo Basombrío y Jorge Velaochaga. Como rector fue nombrado el Padre fundador, vicerrector Carlos Arenas, Secretario J. Velaochaga, tesorero Víctor González, y vocales Raymundo Morales y G. Basombrío. Desde el primer momento se contó con el aplauso de la Asamblea Episcopal Peruana; de igual modo la Unión Católica de Señoras, como portavoces de las familias manifestaron su apoyo por esta propuesta educativa para sus hijos. Dintilhac felicita a los seis pioneros estudiantes que apostaron por su desafío, sorteando “la soledad, las burlas de sus compañeros, el temor de una recia persecución” y compensados por “la abnegación de sus maestros y por la seguridad de recibir una enseñanza íntegra, verdaderamente filosófica y cristiana”, que hicieron posible –junto con “la mira puesta en Dios y en la salvación de la juventud”- abrir los cursos en abril. Por fin, el 15 de abril, con misa votiva al Espíritu Santo en la Recoleta, se inaugura y el Rector pronuncia un programático discurso. “Esa importancia trascendental que le cabe a la educación en general, debe atribuirse de un modo muy particular a la que reciben los jóvenes en las universidades; no solamente por ser la Universidad la que introduce al joven en las más altas disciplinas del saber y la que imprime un rumbo definitivo a su espíritu, sino también porque ella es el aula y la escuela donde se forman los futuros dirigentes de la Sociedad”.

 



[1] Modo irónico y humilde de autocalificarse.

[2] Ni en “El Comercio” Ni en la “Unión” se publicaron por completo; por vez primera lo hacen Congregación de los Sagrados Corazones. Archivos de la Provincia Peruana. Cuadernos de Historia nº 2. Fundación de la Universidad Católica (Crónicas del P. Florentino Prat, ss.cc.) II Parte: Los tres primeros años de la Universidad, 1917-1919) Lima-mayo del 2004, pp 38-43

[3] Lima, Lumen  1946.

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