martes, 5 de marzo de 2019

COMUNIDAD DE TRABAJO COMO BUEN EQUIPO


COMUNIDAD DE TRABAJO COMO BUEN EQUIPO

¿Te imaginas a la comunidad futbolística –el equipo- queriendo meter goles en dos metas? Algo semejante sería si uno quiere construir colocando ladrillos y el otro se pone a destruir. O si un grupo empuja un camión y el otro se queda mirando o empuja en dirección contraria.

Está claro que para lograr las metas de una comunidad es necesario el trabajo en equipo, el desempeño coordinado en la ejecución de un proyecto. El grupo ordenado y compacto de personas, el equipo, se compromete a un resultado final, el cual no depende de cada uno de sus miembros de forma independiente, sino que cada miembro es responsable de un cometido, y sólo si todos ellos cumplen su función será posible sacar el proyecto adelante.

El ser humano no está completo hasta que no se proyecta, vive en familia, en sociedad; forma parte de un universo de realidad al que está íntimamente unido y con cuyo destino es en cierto modo solidario, pero a la vez lo trasciende de forma admirable.

Una de las dimensiones de esta vinculación es el trabajo, actividad por medio de la cual el ser humano aporta su racionalidad, su creatividad y hasta su cariño al orden propio de las cosas, satisface sus necesidades y entra en relación de convivencia con sus semejantes. A través de su trabajo, además, el ser humano se asoma al bien, la verdad, la unidad y la belleza de lo real. En una dimensión más honda, el trabajo es llamado a hacer posible el encuentro entre el hombre y Dios (Andrés Jiménez).

La encíclica Laborem exercens de san Juan Pablo II resaltaba precisamente la dimensión subjetiva, personal, del trabajo. Benedicto XVI insiste en esta consideración al poner en el amor la raíz de la vida y de la actividad humana, haciendo hincapié en lo concreto de las necesidades que acucian al hombre. Refiriéndose a quienes desempeñan cometidos de caridad organizada, insistirá en que "la competencia profesional... por sí sola no basta... Los seres humanos necesitan siempre algo más que una atención sólo técnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atención cordial... una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad." (Deus caritas est n. 31)

El dominio de la tierra es parte esencial de la vocación y condición humana. (Gn. 2,15). Este cuidado de las cosas enseña al ser humano cuáles son las leyes que tejen el entramado de la vida, y le impulsa a hacer el mundo más humano y habitable. El trabajo, actividad compartida y solidaria, es un ámbito de comunicación y de colaboración que genera lazos de responsabilidad y de afecto.

Sea en un banco, en una tienda, en un colegio, universidad, empresa, cada miembro del equipo es pieza indispensable. Al igual que en una obra de teatro lo que importa no es el papel que te asignan sino en cómo lo representas. Tampoco hay profesiones indignas sino indignos profesionales. Como en una familia, no importa el rol sino la responsabilidad y el amor con que vives. En la primitiva iglesia vivían seis realidades básicas: koinonía (comunión), diakonía (servicio), eucaristía (acción de gracias), liturgia (celebración), martiria (testimonio), parresía (entusiasmo); todas ellas forjaron una familia de verdad en la que cada uno daba lo mejor de sí para los demás. 

(Para el Boletín interno de trabajadores de la Universidad Católica San José, marzo 2019)

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