domingo, 28 de noviembre de 2021

I ASAMBLEA ECLESIAL LATINOAMERICANA. 12 DESAFÍOS PASTORALES. MENSAJE FINAL COMPLETO

I ASAMBLEA ECLESIAL LATINOAMERICANA.

12 DESAFÍOS PASTORALES.

MENSAJE FINAL COMPLETO

Un nuevo Pentecostés de la Iglesia de América, justo en el inicio del Adviento del nuevo año litúrgico, a punto de concluir el año de San José, en pleno año de la familia y el del Bicentenario del Perú. Un momento estelar para orar, reflexionar y compartir. La sinodalidad no es una operación de márketing, es ahondar en la esencia del propio ser de la Iglesia (cuerpo de Cristo, pueblo de Dios, comunión y misión) en el aquí y ahora, con el calor de Aparecida y el desborde gozoso de una Iglesia en salida que se compromete se compromete desde el corazón maternal de Santa María de Guadalupe.

Les comparto un resumen de "Religión y libertad" y el mensaje completo final

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https://www.religionenlibertad.com/america_latina/59325659/finaliza-asamblea-eclesial-latinoamericana-12-desafios.html?eti=2691#%23STAT_CONTROL_CODE_3_59325659%23%23

Durante 4 días, del 21 al 28 de noviembre, se han reunido en la sede de la Conferencia Episcopal Mexicana delegados de las diócesis de América Latina y del Caribe, algunos online, otros en persona.

Entre los asistentes, 5 cardenales enviados desde el Vaticano por el Papa Francisco: Marc Ouellet (Pontificia Comisión de América Latina y Congregación para los obispos), Mario Grech (organizador del Sínodo de la Sinodalidad), Charles Maung Bo (cardenal de Birmania y presidente de la Conferencia Episcopal de Asia), Jean Claude Hollerich (presidente de los obispos europeos), y Oswald Gracias, cardenal arzobispo de Bombay. Con ellos, otros funcionarios vaticanos como el secretario del Dicasterio de la Comunicación, Lucio Ruiz y varios laicos y teólogos, además de muchos obispos latinoamericanos.

Esta reunión tomó el nombre de I Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

"Nos ha unido el deseo de reavivar el espíritu de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, realizada en Aparecida en 2007, en sintonía con las anteriores Conferencias Generales y teniendo en el horizonte el Jubileo Guadalupano en 2031 y el Jubileo de la Redención en el 2033", declara el documento final del encuentro.

Aparecida en 2007 pedía una "conversión decididamente misionera, para someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de la vida" (Documento de Aparecida, 366).

Para los reunidos en esta asamblea, esa conversión significa hacer sinodalidad. "Con gran gratitud y alegría reafirmamos en esta Asamblea Eclesial que el camino para vivir la conversión pastoral discernida en Aparecida, es el de la sinodalidad. La Iglesia es sinodal en sí misma, la sinodalidad pertenece a su esencia; por tanto, no es una moda pasajera o un lema vacío. Con la sinodalidad estamos aprendiendo a caminar juntos como Iglesia Pueblo de Dios involucrando a todos sin exclusión, en la tarea de comunicar a todos la alegría del Evangelio, como discípulos misioneros en salida", asegura el documento final.

El documento, con fecha de 27 de noviembre, pide a Dios y a la Virgen "que con valentía y creatividad lleguemos a ser una Iglesia en salida, sinodal y misionera que el Señor espera de nosotros, porque todos somos discípulos misioneros en salida".

La Asamblea ha definido 12 desafíos pastorales que deben trabajar las iglesias del Caribe y Latinoamérica:

1. Reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes en la comunidad eclesial y en la sociedad como agentes de transformación.

2. Acompañar a las víctimas de las injusticias sociales y eclesiales con procesos de reconocimiento y reparación.

3. Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, las instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial.

4. Promover y defender la dignidad de la vida y de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural.

5. Incrementar la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo.

6. Promover la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, político, social y eclesial.

7. Escuchar el clamor de los pobres, excluidos y descartados.

8. Reformar los itinerarios formativos de los seminarios incluyendo temáticas como ecología integral, pueblos originarios, inculturación e interculturalidad y pensamiento social de la Iglesia.

9. Renovar, a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II, nuestro concepto y experiencia de Iglesia Pueblo de Dios, en comunión con la riqueza de su ministerialidad, que evite el clericalismo y favorezca la conversión pastoral.

10. Reafirmar y dar prioridad a una ecología integral en nuestras comunidades, a partir de los cuatro sueños de Querida Amazonía.

11. Propiciar el encuentro personal con Jesucristo encarnado en la realidad del continente.

12. Acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, la tierra y las culturas.

La Asamblea anunció que a partir de febrero de 2022 se realizarán Asambleas Eclesiales por países –conectadas con el proceso sinodal que ha iniciado en octubre de este año– y además los obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) celebrarán en mayo una Asamblea extraordinaria de obispos para incorporar a su renovación estos desafíos.

ASAMBLEA ECLESIAL DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

"TODOS SOMOS DISCÍPULOS MISIONEROS EN SALIDA"

MENSAJE AL PUEBLO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

        

Nosotros, miembros de la Asamblea Eclesial, reunidos de modo virtual y presencial, en la sede de la Conferencia Episcopal Mexicana, del 21 al 28 de noviembre de 2021, bajo la mirada amorosa de Santa María de Guadalupe, saludamos al Pueblo de Dios en camino, a los hombres y mujeres de nuestra querida América Latina y el Caribe.

         Nos ha unido el deseo de reavivar el espíritu de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, realizada en Aparecida en 2007, en sintonía con las anteriores Conferencias Generales y teniendo en el horizonte el Jubileo Guadalupano en 2031 y el Jubileo de la Redención en el 2033.

         Confesamos que Jesucristo Resucitado quien nos ha convocado una vez más y, como en Aparecida, nos ha hecho reconocernos discípulos misioneros de su Reino, enviados a comunicar por desborde de alegría el gozo del encuentro con Él, para que todo tengamos en Él vida plena (cf. DAp 14). Desde entonces, Jesús nos acompaña en la tarea emprendida de repensar y relanzar la misión evangelizadora en las nuevas circunstancias latinoamericanas y caribeñas. Tarea que nos ha comprometido en un camino de conversión decididamente misionera, para someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de la vida (cf. DAp 366). Propósito en el que avanzamos y que requiere de mayor responsabilidad pastoral. Sueño profético al que el Señor hoy nos confirma y anima a vivir caminando juntos, guiados por su Espíritu.

         Con gran alegría hemos vivido esta Asamblea como una verdadera experiencia de sinodalidad, en la escucha mutua y en el discernimiento comunitario de lo que el Espíritu quiere decir a su Iglesia. Hemos caminado juntos reconociendo nuestra poliédrica diversidad, pero sobre todo aquello que nos une, y en el diálogo nuestro corazón de discípulos se ha vuelto hacia las realidades que vive el continente, en sus dolores y esperanzas. 

         Constatamos y denunciamos el dolor de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y las injusticias. Nos duele el grito de la destrucción de la casa común y la "cultura del descarte" que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes. Nos duele el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población. Duele el clamor de los que sufren a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obstáculo para la sinodalidad. Nos preocupa también la falta de profetismo y la solidaridad efectiva con los más pobres y vulnerables.

Por otro lado, nos llena de esperanza la presencia de los signos del Reino de Dios, que llevan por caminos nuevos a la escucha y al discernimiento. El camino sinodal es un significativo espacio de encuentro y apertura para la transformación de estructuras eclesiales y sociales que permitan renovar el impulso misionero y la cercanía con los más pobres y excluidos. Vemos con esperanza la Vida Religiosa; mujeres y hombres que viviendo contracorriente dan testimonio de la buena nueva del Evangelio, así como la vivencia de la piedad popular en nuestros pueblos.

         Esta Asamblea es un kairós, un tiempo propicio para la escucha y el discernimiento que nos conecta de forma renovada con las orientaciones pastorales de Aparecida y el magisterio del Papa Francisco, y nos impulsa a abrir nuevos caminos misioneros hacia las periferias geográficas y existenciales y lugares propios de una Iglesia en salida.

         ¿Cuáles son entonces esos desafíos y orientaciones pastorales que Dios nos llama a asumir con mayor urgencia? La voz del Espíritu ha resonado en medio del diálogo y el discernimiento señalándonos varios horizontes que inspiran nuestra esperanza eclesial: la necesidad de trabajar por un renovado encuentro de todos con Jesucristo encarnado en la realidad del continente; de acompañar y promover el protagonismo de los jóvenes; una adecuada atención a las víctimas de los abusos ocurridos en contextos eclesiales y comprometernos a la prevención; la promoción de la participación activa de las mujeres en los ministerios y en los espacios de discernimiento y decisión eclesial. La promoción de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural; la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo; la promoción de la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, política, social y eclesial; la escucha y el acompañamiento del clamor de los pobres, excluidos y descartados. La renovación de los programas de formación en los seminarios para que asuman la ecología integral, el valor de los pueblos originarios, la inculturación e interculturalidad, y el pensamiento social de la Iglesia como temas necesarios, y todo aquello que contribuya a la adecuada formación en la sinodalidad.  Renovar a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II nuestro concepto y experiencia de Pueblo de Dios; reafirmar y dar prioridad a la vivencia de los sueños de Querida Amazonía; y acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, tierra y sus culturas.

         Con gran gratitud y alegría reafirmamos en esta Asamblea Eclesial que el camino para vivir la conversión pastoral discernida en Aparecida, es el de la sinodalidad. La Iglesia es sinodal en sí misma, la sinodalidad pertenece a su esencia; por tanto, no es una moda pasajera o un lema vacío. Con la sinodalidad estamos aprendiendo a caminar juntos como Iglesia Pueblo de Dios involucrando a todos sin exclusión, en la tarea de comunicar a todos la alegría del Evangelio, como discípulos misioneros en salida.

         El desborde de la fuerza creativa del Espíritu nos invita a seguir discerniendo e impulsando los frutos de este acontecimiento eclesial inédito para nuestras Iglesias y comunidades locales que peregrinan en América Latina y el Caribe. Nos comprometemos a seguir por el camino que nos señala el Señor, aprendiendo y creando las mediaciones adecuadas para generar las transformaciones necesarias en las mentalidades, en las relaciones, en las prácticas y en las estructuras eclesiales (cf. DSD 30).

         El itinerario pastoral que tenemos frente a nosotros nos guiará en el proceso de conversión misionera y sinodal.

         Damos gracias al Señor de la Vida y a todas las personas han hecho posible la realización de esta Asamblea y los ponemos bajo la protección de la Virgen de Guadalupe que acompaña con su ternura de madre el caminar de la Iglesia en este continente. Le encomendamos los frutos de este acontecimiento eclesial, y pedimos su intercesión para que con valentía y creatividad lleguemos a ser una Iglesia en salida, sinodal y misionera que el Señor espera de nosotros, porque todos somos discípulos misioneros en salida.

         Dado en la ciudad de México, el 27 de noviembre del Año del Señor 2021

 

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