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viernes, 23 de octubre de 2009

SEGUNDAS JORNADAS CHILENO-PERUANAS DE HISTORIA DEL DERECHO

 
22/10: Realizan segundas Jornadas Chileno-Peruanas de Historia del Derecho
 
 

La Facultad Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso organiza las Segundas Jornadas Chileno-Peruanas de Historia del Derecho, las que serán efectuadas el jueves 22 de octubre en la casa central del plantel de estudios.

 

Programa

 

Primera sesión

Derecho indiano

Preside Alejandro Guzmán Brito, profesor titular de la Facultad de Derecho PUCV.

 

9 horas: Inauguración.

9.30 horas: José de la Puente Brunke, "El arbitrio del juez y la promulgación de las sentencias en la audiencia de Lima (siglo XVII)".

10 horas: Renzo Honores González, "Hacia una historia de la profesión legal en los Andes coloniales".

10.30 horas: María Inés Concha Contreras, "Sínodos diocesanos de Santiago y Lima en el siglo XVII".

11 horas: Café.

 

Segunda sesión

Derecho indiano

Preside el profesor Carlos Ramos.

 

11.30 horas: Víctor Hugo Chanduvi Cornejo, "La importancia de las Ordenanzas de Bilbao en la formación del derecho mercantil peruano".

12 horas: Teodoro Hampe Martínez, "Bernardo Monteagudo y el impacto de la revolución de mayo en el Perú".

12.30 horas: Matthew Mirow, "La codificación y la Constitución de Cádiz".

13.15 horas: Almuerzo de trabajo.

 

Tercera sesión

Derecho patrio

Preside Ítalo Merello Arecco, profesor de Historia del Derecho en la Facultad de Derecho PUCV.

 

15.30 horas: Carlos Ramos, "A los 25 años del Código Civil Peruano: una perspectiva histórica y comparatista".

16 horas: Alejandro Guzmán Brito, "Las normas sobre interpretación de las leyes contenidas en el Código Civil del Perú en 1852 y su influencia en el Código Civil de Guatemala de 1877".

16.30 horas: Rodrigo Andreucci Aguilera, "El uso del artículo 5 del Código Civil por la Corte Suprema de Chile".

17 horas: Café.

 

 

Cuarta sesión

Derecho patrio

Preside el profesor José de la Puente Brunke.

 

17.30 horas: Antonio Dougnac Rodríguez, "Trasfondo cultural de Francisco de Paula González Vigil".

18 horas: José Antonio Benito Rodríguez, "Jorge Dintilhac, SSCC, fundador de la Pontificia Universidad Católica del Perú".

18.30 horas: Carlos Salinas Araneda, "El aporte de los obispos del Perú a la codificación del derecho canónico de 1917".

19 horas: Felipe Westermeyer, "Las memorias de los ministros de Justicia 1839-1860".

 



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lunes, 19 de octubre de 2009

CARDENAL PIRONIO: IGLESIA PASCUAL

Uno de los regalos de mi visita a la Argentina es el reencuentro con la figura del Cardenal Eduardo Pironio, ya Siervo de Dios. Me cautivó siempre por su alegría sencilla y serena, su pasión por los jóvenes (él fue el artífice de las jornadas mundiales con Juan Pablo II, iniciadas precisamente en Buenos Aires), su vibración por la Iglesia, su apertura con los laicos y particularmente hacia los institutos seculares, su “debilidad” por María. He tenido la suerte de orar ante su tumba en el santuario mariano de Luján y leer varios libros sobre él... En la presentación de la obra escribe: “Quisiera que la publicación de este libro fuese un sencillo homenaje, desde mi pobreza, a la memoria de un hombre que iluminó la Iglesia con su doctrina y santidad, amó profundamente a Jesucristo y al hombre, y sufrió un largo y fecundo martirio interior. ¡Paz a su alma buena!”

Les comparto un texto precioso de una de las meditaciones impartidas en el curso de los Ejercicios Espirituales en presencia de Pablo VI, allá por la Cuaresma de 1974. Es la XV y se titula “la alegría en la Iglesia”, pp.223-224:

 

“Una Iglesia en oración es, esencialmente, una Iglesia alegre, porque Cristo vive en ella, porque tiene la experiencia del mor del Padre y la acción del Espíritu Santo.

Una Iglesia pascual tiene que ser, esencialmente, una Iglesia que manifiesta y comunica la alegría de la interioridad, de la cruz, de la donación.

Hoy hace falta la alegría en el mundo. Hace falta la alegría EN LA Iglesia. Quizá los verdaderos profetas sean hoy los hombres capaces de engendrar alegría y esperanza en el corazón de los que sufren y buscan. Quizá –por la seriedad del Evangelio y la experiencia de la cruz- nos hayamos olvidados de sonreír. Sabiendo que el mundo no espera de nosotros grandes gestos ni palabras elocuentes; sólo espera que les mostremos, en la serenidad y alegría de nuestros rostros, que Dios ha venido para salvarnos.

La alegría nace de la oración y la cruz. Solamente las almas que viven silenciosas al pie de la cruz, como María, son capaces de sonreír; sólo ellas tienen derecho a la alegría; porque allí perciben el amor del Padre y la infalible fecundidad del sufrimiento. Sólo aquellos a quienes el Señor marcó privilegiadamente con la cruz pueden hablar bien de la alegría. La alegría es fruto del amor y del Espíritu Santo: “el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz” (Gal 5,22). Por eso, la comunidad cristiana primitiva era alegre porque estaba fuertemente invadida por el Espíritu Santo y formaba un solo corazón y una sola alma”

 

El Cardenal Tarsicio Bertone, Secretario de Estado, en la concelebración eucarística en memoria del Cardenal argentino Eduardo Francisco Pironio con ocasión de la Jornada de estudio sobre su figura y su obra, celebrada el 6 de febrero de 2007 en el Pontificio Ateneo “Regina Apostolorum” de Roma, le dedicó esta Homilía El Cardenal Pironio, artífice junto a Juan Pablo II de las Jornadas Mundiales de la Juventud, falleció en Roma el 5 de febrero de 1998 y en el 23 de junio de 2006 se inició en esta ciudad el proceso de beatificación.  Fue Obispo de Mar del Plata, Secretario y Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y presidente del Consejo Pontificio para los Laicos.

 “La palabra de Dios que hemos escuchado en las tres lecturas recién proclamadas nos invita a centrar nuestra atención en algunos aspectos fundamentales del sagrado ministerio según el Antiguo y el Nuevo Testamento, para poderlos descubrir en la figura del siervo de Dios Cardenal Eduardo Francisco Pironio, de cuya santa muerte recordamos el noveno aniversario.
La primera lectura, tomada del libro del Deuteronomio (Dt 10, 8-9), alude al oficio particular de los hijos de Leví en el pueblo de Israel. Este pasaje fue comentado espléndidamente por el Santo Padre Benedicto XVI en el discurso que pronunció con ocasión de las felicitaciones navideñas a la Curia romana. Vale la pena citar algunas frases:
“Después de tomar posesión de la Tierra, cada tribu obtiene por sorteo su lote de la Tierra santa y así participa en el gran don prometido al patriarca Abraham. Sólo la tribu de Leví no recibe ningún lote: su lote es Dios mismo. Esta afirmación tenía, ciertamente, un sentido muy práctico. Los sacerdotes no vivían, como las demás tribus, del trabajo de la tierra, sino de las ofertas. Sin embargo, la afirmación es aún más profunda: Dios mismo es el verdadero fundamento de la vida del sacerdote, la base de su existencia, la tierra de su vida. El sacerdote puede y debe decir también hoy con el levita: “Dominus pars hereditatis meae et calicis mei”. Dios mismo es mi lote de tierra, el fundamento externo e interno de mi existencia. Esta visión teocéntrica de la vida sacerdotal es necesaria precisamente en nuestro mundo totalmente funcionalista, en el que todo se basa en realizaciones calculables y comprobables. El sacerdote debe conocer realmente a Dios desde su interior y así llevarlo a los hombres: este es el servicio principal que la humanidad necesita hoy"” (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 29 de diciembre de 2006, pp. 6-7).
El apóstol San Pablo, en la segunda lectura, retomando las imágenes presentes en los vaticinios de los profetas Jeremías y Ezequiel, ve su realización en el ministerio neotestamentario. “He aquí que vendrán días —oráculo de Yahveh— en que yo pactaré con la casa de Israel una nueva alianza; (...) pondré mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré" (Jr 31, 31-33). "Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo. (...) Infundiré mi espíritu en vosotros” (Ez 36, 26-27). “Sois una carta de Cristo —dice san Pablo— redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones” (2 Co 3, 3). Y declara que él es “ministro de una nueva Alianza, no de la letra, sino del Espíritu” (2 Co 3, 6).
Pero el alma, el impulso interior del nuevo ministerio, lo encontramos en el pasaje del evangelio de San Juan: el amor que Dios Padre tiene por Jesús, su Hijo, éste lo comunica a sus discípulos: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros” (Jn 15, 9). Jesús quiere que sus discípulos “permanezcan” en el amor que él les tiene; pero esto sólo es posible si demuestran responder a su amor, cumpliendo todo lo que él les ha enseñado y mandado.
Esta relación mutua de amor es fuente de alegría para Jesús y él la transmite con abundancia a sus discípulos. La reciprocidad de amor y de alegría entre Jesús y los suyos debe extenderse también a los discípulos entre sí: amarse unos a otros con el mismo amor con que él los ha amado. Entonces se llega a ser “amigos de Jesús”, porque a través de la circulación de amor se realiza una profunda experiencia de Dios: es el conocimiento —en sentido bíblico— fuerte. El amor y el conocimiento experimental de Dios están en la base de la misión: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto” (Jn 15, 16).
La luz de este nuevo ministerio, guiado por el Espíritu Santo y como continuación y expansión del amor del Padre y del Señor Jesús en el amor a los hermanos, resplandece magníficamente en la vida y en la misión del Cardenal Eduardo Francisco Pironio, que hizo de su vida y de su ministerio un continuo acto de alabanza y de amor a Dios y a los hermanos, sostenido por una fe inquebrantable y una gozosa esperanza.
“Magníficat”: es la palabra con que resume toda su vida de hombre, de cristiano, de sacerdote, de obispo y de cardenal. Es casi un estribillo de su vida; en su Testamento repite esta palabra trece veces. Le brota de lo más profundo de su ser, llena de gratitud, de alegría y de misericordia; es una palabra de dolor, de ternura y de esperanza.
“Magníficat” por el don de la vida; por el don inestimable del bautismo.
“Magníficat” por el sacerdocio, por el episcopado: “Me he sentido extraordinariamente feliz de ser sacerdote y quisiera transmitir esta alegría profunda a los jóvenes de hoy (...). He querido ser “padre, hermano y amigo” de los sacerdotes, religiosos y religiosas, de todo el pueblo de Dios. He querido ser una simple presencia de “Cristo, esperanza de la gloria”. (...) Doy gracias al Señor por haberme hecho comprender que el cardenalato es una vocación al martirio, un llamado al servicio pastoral y una forma más honda de paternidad espiritual. Me siento así feliz de ser mártir, de ser pastor, de ser padre” (Testamento espiritual del cardenal Eduardo Pironio: L'Osservatore Romano, edición en lengua española: 13 de febrero de 1998, p. 7).
El Santo Padre Juan Pablo II, en la homilía de la misa en sufragio del Cardenal, afirmó: “Fue testigo de la fe valiente que sabe fiarse de Dios, incluso cuando, en los designios misteriosos de su Providencia, permite la prueba. (...) Su existencia fue un cántico de fe al Dios de la vida. (...) Dio testimonio de su fe en la alegría (...), alegría de servir al Evangelio en los diversos y arduos encargos que se le confiaron” (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 13 de febrero de 1998, p. 6).
El Cardenal Pironio fue para muchos creyentes presencia del Señor, transparencia del Evangelio, acción luminosa del Espíritu. Hizo el bien, y la bondad dio fecundidad a su vida. Su presencia estuvo siempre acompañada por una gran cordialidad y sencillez. Suscitaba simpatía y comunión espontánea; transmitía paz y alegría; con la palabra infundía fuerza y esperanza, sobre todo a los jóvenes, de los que era un auténtico amigo. Dirigir a él la mirada y el recuerdo significa aceptar el desafío de ser presencia del Señor en la sociedad y en la Iglesia. Se trata de hacerlo con mirada serena y con una escucha atenta, comunicativa y humilde. Como lo hizo él, que supo estar en el centro sin ser el centro.
“Mi vida sacerdotal estuvo siempre marcada por tres amores y presencias: el Padre, María santísima, la cruz” (Testamento). Y creo que no nos equivocamos si a estos tres amores añadimos un cuarto: la Iglesia.
El Cardenal Pironio amó apasionadamente a la Iglesia, pueblo de Dios, misterio de comunión misionera, como habitualmente la definía. Dio su vida y trabajó intensamente por una Iglesia “peregrina, pobre y pascual”, una Iglesia de la alegría y de la esperanza, solidaria con las tristezas y los sufrimientos de los hombres, como la descubrió desde el Concilio; una Iglesia madre que, como tal, enseña. Estuvo presente en el corazón de la Iglesia con su santidad personal, su ministerio, su prestigio. En un mundo cada vez más cerrado por el egoísmo y la violencia que nace del odio, la Iglesia —decía— está llamada a dar testimonio del amor y a educar nuevamente a los hombres en el amor.
El Cardenal Pironio, hombre de Dios, irradiaba la santidad de Dios en la Iglesia. Que la luz de esta santidad, reflejada en el rostro y en la vida de testigos como el Cardenal Pironio, siga resplandeciendo e iluminando nuestro camino.
Acogemos con gratitud al Señor el don que nos hizo a nosotros, a toda la Iglesia, en la persona, en la vida y en el ministerio del siervo de Dios Cardenal Pironio, y albergamos la esperanza de que pronto la santa Madre Iglesia reconozca su santidad y lo proponga como ejemplo de vida e intercesor ante Dios por todos nosotros y por la Iglesia entera

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sábado, 17 de octubre de 2009

PEREGRINO A LUJÁN CON UN TESTIGO DE JEHOVÁ

Les comparto una conversación camino de Luján y una foto de la peregrinación –encantadora- que me encontré con cientos de niños de varios colegios de la zona. Siempre la devoción popular a María, aglutina, alienta, nos pone en misión.

¡Cuánto tiempo hacía que no viajaba en tren! Este viernes 16 de octubre lo hice, camino del santuario nacional mariano argentino, Nuestra Señora de Luján. ¡Qué placer viajar en tren! Uno puede leer, rezar, mirar, ... ¡Ahora toca conversar!

- Hola, amigo, ¿queda mucho para Luján?

- . Una hora aproximadamente, y unas 6 estaciones de tren. Al llegar a “Moreno” tiene que bajarse y tomar otro tren que le dejará en el mismo Luján.

- - ¿Vos estás paseando?

- - Peregrinando. Quiero ir a agradecerle a la Virgen por muchos beneficios y también para pedirle por los jóvenes, por mis amigos, mis familiares…y a encomendarle mi vida, que siempre viene bien estar con la Madre.

- - ¿Vos no sos de aquí?

- - Soy de España, pero llevo 15 años en Perú.

- - Y con lo bien que se está en España, ¿cómo sos venís aquí? Yo como pudiese me iba a trabajar allá. Y ahora estoy sin trabajo…

- - Yo he venido para ayudar en lo que pueda con mi profesión y mi vocación y también para aprender de la gente, de su religiosidad. Mi tiempo libre es para los jóvenes.

- -Cuando yo era católico…también iba a Luján…

- -Pero nunca se deja de ser católico. El Bautismo imprime carácter, esto es dura para siempre, así que tú sigues siéndolo…

- - Pero yo he estado con los evangélicos y ahora con los testigos de Jehová. En la Iglesia nunca me hablaban de toda la Biblia como aquí…

- - Pero sería porque no te encontraste con grupos católicos, pero hay muchas iniciativas bíblicas…Yo mismo te puedo enviar la “oración del militante” con los textos bíblicos para la liturgia de cada día y un comentario para meditar.

- - Pero aquí, en esta iglesia me interpretan la verdad…

- - Será “su” verdad, porque la única verdad es la de Cristo, Verdad y Vida, y la que quien ha dejado en su lugar.

- - Pero cuando yo leo la biblia, yo la interpreto…

- - Sí, y te hará un gran bien para ver qué quiere decirte para tu vida, pero imagínate en un partido de fútbol, por ejemplo Uruguay-Argentina- sin ningún árbitro, ¿quién decide que hay gol y de quién? Pues lo mismo en la religión. La palabra de Dios primero fue dicha, vivida, luego escrita. Dios entregó su palabra, primero por la tradición y luego inspiró el modo de escribirse por el Pueblo de Dios. Cristo dio autoridad a San Pedro y a sus sucesores para atar y desatar, contando siempre con la asistencia del Espíritu Santo; por tanto, es la Iglesia quien tiene la autoridad objetiva acerca de la auténtica interpretación de la Biblia.

- - ¿Sabés que estoy confundido? Unos dicen una cosa, otros otra…

- - Sí, pero hay que buscar la verdad; fíjate las miles de iglesias que han brotado del protestantismo, no todas pueden ser ciertas…

- - Además, que la Biblia es la fuente, pero los católicos tenemos el Catecismo (Dogma, Moral, Sacramentos, Oración), el Misal, el Código de Derecho, la Eucaristía, la devoción a María, los santos…¿fíjate sin cuántos tesoros te estás quedando, amigo Walter?

- Pos, sabes que sí… Estoy un poco confundido, yo fui a Luján hace unos años en la peregrinación juvenil.

- - Amigo, yo voy a rezar por ti .

- - Sí, quiero volver, quiero volver.

Y mi amigo se bajó en la estación de Moreno y yo seguí, seguí orando por él y por tantos Walter, y por tantos como yo que nuevamente descubrimos el gran tesoro que debe disfrutar todo el mundo.

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Ni aborto del PSOE ni aborto del PP



Dos luminosos artículos sobre la gigantesca manifestación a favor de la vida. Uno de Eulio


Otro éxito en la manifestación del sábado en Madrid a favor de la vida. HiPPocresía: El PP instrumentaliza la defensa del no nacido, con gritos de Zapatero dimisión, mientras el PSOE se ensaña con los débiles, en una verdadera orgía de muerte


Hispanidad, sábado, 17 de octubre de 2009


Un nuevo éxito en defensa de la vida del no nacido. Entrar en la guerra de cifras sobre los manifestantes que acudieron a la concentración a favor de la vida del no nacido y contra la nueva ley del aborto del Gobierno Zapatero, celebrada en Madrid durante la tarde del sábado resulta aburrido pero hablar de un millón de asistentes puede quedarse corto. En cualquier caso, una victoria en la defensa del más inocente y más indefenso, el concebido y no nacido.


La manifestación de Madrid incide en una evidencia: el futuro es de los que tienen hijos, para el resto, su mundo se acabará con ellos. Es lo que se llama una evidencia olvidada.


Eso sí, el Partido Popular ha instrumentalizado de un modo vergonzoso la concentración. Una de las pancartas hablaba de “HiPPocresía”, mientras otro grupo de manifestantes gritaban: “Ni aborto del PSOE ni aborto del PP”, que resumen atinadamente una conclusión a la que está llegando mucha gente, entre ellos José Blanco: durante ocho años, el Gobierno de José María Aznar no sólo modificó la ley actualmente en vigor, de 1985, sino que aprobó la píldora abortiva, la también abortiva píldora del Día Después (PDD) y comenzó la masacre de embriones humanos.


Sin embargo, como si nada hubiera ocurrido, en la manifestación se encontraba José María Aznar, criticando la ley de 2009, la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, partidaria de la ley del 85, Ana Mato, Jaime Mayor Oreja, etc.


Tiene toda la razón el ministro Pepiño Blanco, cuando les llama hipócrita a los populares: en ocho años de Aznarato no tocaron la ley vigente hoy, la del 85, que ha propiciado más de un millón de abortos, 112.000 en 2007 y se supone que más de 120.000 en 2008. Eso sí, cualquier defensor de la vida tiene derecho a recriminar al PP su doble moral, menos los socialistas.


Además, el Gobierno Zapatero utilizó sus medios para lanzar vídeos feministas pagados por la izquierda política, donde se defendía que una cosa es estar en contra del aborto y otra desear que la mujer que aborta vaya a la cárcel. Una chorrada digna del Zapatismo: tampoco el menor que viola o que mata va a la cárcel pero eso no significa que la violación o el navajazo sean un derecho: son un delito y una canalla.


Además, ¿una mujer debe ir a la cárcel por matar a su hijo indefenso? por supuesto que sí. Pero, de hecho, ninguna mujer ha ido a la cárcel por abortar a pesar del fraude de ley permanente que es el aborto.


Lo dicho: Ni aborto del PSOE ni aborto del PP.


En cualquier caso, no hay que preocuparse demasiado: el mundo es de los partidarios de la vida, de los que tienen hijos. Para el resto, el mundo se acabará con ellos.


Eulogio López


eulogio@hispanidad.com


Nadadores a contracorriente
JUAN MANUEL DE PRADA
Sábado, 17-10-09
Escribía Chesterton que sólo quien nada a contracorriente sabe con certeza que está vivo. Se trata, desde luego, de un ejercicio nada plácido, pues la energía que el nadador a contracorriente emplea en cada brazada no se corresponde con un avance proporcional; y basta con que flojee en su ímpetu para que la tentación del desistimiento haga mella en él. Quien nada a favor de la corriente, en cambio, no tiene que molestarse en bracear; y ni siquiera es preciso que esté vivo, pues la corriente seguiría arrastrándolo como si tal cosa. Las grandes batallas del pensamiento, las conquistas que han ensanchado el horizonte humano, siempre se han librado a contracorriente; y, con frecuencia, quienes se atrevieron a protagonizarlas fueron contemplados por sus contemporáneos como retrógrados, incluso como peligrosos delincuentes. Pero, junto al rechazo o incomprensión de su época, estos pioneros que osaron contrariar el «espíritu de los tiempos» pudieron proclamar con orgullo que estaban vivos; y con su sacrificio irradiaron vida en un mundo acechado por la muerte, convocaron a la vida a quienes por cobardía, por estolidez, por conformidad con las ideas establecidas nadaban a favor de la corriente.
Así debió ocurrir con los primeros patricios que, en la época de máximo esplendor del Imperio Romano, empezaron a manumitir esclavos, como aquel Filemón que, siguiendo las instrucciones de San Pablo, decidió acoger a su esclavo Onésimo como si de un «hermano querido» se tratase. Cuando Filemón manumite a Onésimo, la esclavitud no era tan sólo una institución jurídica plenamente reconocida, auspiciada y protegida por la ley; era también el cimiento de la organización económica romana. Según establecía el derecho de gentes de la época, los esclavos eran individuos que, aun perteneciendo a la especie humana, no eran «personas» en el sentido jurídico de la palabra, sino «bienes» sobre los que sus amos podían ejercer un «derecho» de libre disposición. Los nadadores a contracorriente como Filemón alegaron entonces que, más allá de los preceptos legales, existía un estado de naturaleza que permitía reconocer en cualquier ser humano una dignidad inalienable; y que tal dignidad era previa a su consideración de ciudadano romano. Aquella subversión del sistema legal establecido ponía en peligro el progreso material de Roma; y quienes entonces nadaban a favor de la corriente se emplearon a fondo en el mantenimiento de un orden legal que favorecía sus intereses. Tan a fondo se emplearon que la abolición de la esclavitud aún tardaría muchos siglos en imponerse; y no lo hizo hasta que el ímpetu pionero de nadadores a contracorriente como Filemón propició una metanoia social, un cambio de mente que antepuso ese meollo irrenunciable de humanidad que nos permite distinguir la dignidad inalienable de cualquier persona sobre los indudables beneficios económicos de la esclavitud. Y en el largo camino que condujo a esa conquista muchos Filemones fueron señalados como retrógrados, perseguidos y condenados al ostracismo.
Como ocurriera hace dos mil años a los primeros patricios romanos que empezaron a manumitir esclavos, ocurre hoy a quienes se oponen al aborto. Los nadadores a favor de la corriente los anatemizan y escarnecen, los calumnian presentándolos como detractores de los «derechos de la mujer», los caracterizan como sombríos «retrógrados» que amenazan el progreso social. Pero, como aquellos primeros patricios romanos que reconocieron en cualquier persona una dignidad inalienable, quienes hoy se oponen al aborto no hacen sino velar por ese meollo irrenunciable de humanidad que nos constituye, que nos permite reconocer como miembro de la familia humana a quien aún no tiene voz para proclamarlo, que nos impone proteger la vida gestante, la más desvalida e inerme, como garantía de nuestra propia supervivencia moral, para que no nos ocurra lo que Marcel Proust denunciaba, al describir el clima de corrupción en el que se desenvolvían sus personajes: «Desde hacía tiempo ya no se daban cuenta de lo que podía tener de moral o inmoral la vida que llevaban, porque era la de su ambiente. Nuestra época, para quien lea su historia dentro de dos mil años, parecerá que hubiese hundido estas conciencias tiernas y puras en un ambiente vital que se mostrará entonces como monstruosamente pernicioso y donde, sin embargo, ellas se encontraban a gusto».
El día en que nos encontremos a gusto en un ambiente vital que consagra el aborto como «derecho» habremos dejado de merecer el calificativo de humanos; porque simplemente habremos dimitido de la razón, que es -según nos enseñaba Aristóteles- capacidad de discernimiento sobre lo que es justo y lo que es injusto. Y cuando el hombre se desprende de la razón es como cuando las ramas se desprenden del árbol, que no les aguarda otro destino sino amustiarse. Cuando el aborto se acepta como una conquista de la libertad o del progreso, cuando se niega o restringe el derecho a la vida de las generaciones venideras, nuestra propia condición humana se debilita hasta perecer; y entonces nos convertimos, irrevocablemente, en esos nadadores a favor de la corriente que, sin advertirlo, aceptan su propia muerte con tal de no bracear. Porque muertos están quienes por cobardía, por estolidez, por conformidad con las ideas establecidas defienden el aborto; y también quienes con su silencio o indiferencia lo amparan, quienes con su anuencia sorda respiran sus miasmas, fingiendo que no les contagian.
A los soldados aliados que, en su avance hacia Berlín, liberaban los campos de concentración donde durante años se habían hacinado prisioneros famélicos, puras radiografías de hombre despojadas de su dignidad, no les estremecía tanto el espectáculo dantesco que se desplegaba ante sus ojos como la pretendida ignorancia de los lugareños vecinos, que habían visto llegar trenes abarrotados de presos al apeadero de su pueblo, que habían visto humear las chimeneas de los hornos crematorios, que habían visto descender la ceniza de los cadáveres incinerados sobre sus tierras de labranza y, sin embargo, habían fingido no enterarse de lo que estaba sucediendo ante sus narices. Con esta nueva forma de holocausto que es el aborto ocurre lo mismo: llegará el día en que las generaciones venideras, al asomarse a los cementerios del aborto, se estremezcan de horror, como hoy nos estremecemos ante las matanzas que ampararon los totalitarismos de hace un siglo (sólo que, para entonces, las cifras del aborto serán mucho más abultadas, vertiginosas de tan abultadas); pero se estremecerán, sobre todo, ante la complicidad tácita de una sociedad que, dimitiendo de su humanidad, prefirió volver el rostro hacia otro lado cuando se trataba de defender la vida más inerme, que incluso aceptó el aborto como un instrumento benéfico, entronizándolo en la categoría de «derecho». A esas generaciones futuras les consolará, sin embargo, saber que, mientras muchos de sus antepasados renegaba de su condición humana, acatando la barbarie y bendiciéndola legalmente, hubo unos cientos de miles de españoles que el sábado 17 de octubre de 2009 salieron a la calle para gritarle a una sociedad que yacía agusanada en la tumba: «Levántate y anda». Y, agradecidos, comprobarán que, con su gustoso sacrificio de nadadores a contracorriente, aquellos cientos de miles de españoles irradiaron vida en un mundo acechado por la muerte.



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CAPILLAS EN LOS AEROPUERTOS

Al llegar a un aeropuerto, tengo costumbre –desde que lo aprendí de José Luis Vara con los equipos del GAM- de dirigirme a la Capilla. Suelo ir a Informes, primero por cortesía para con el “Jefe” y también para que vean que el “servicio·” se “solicita” y se “usa”. Cuando uno aborda un aeropuerto, siente prisa, ansiedad y parece que lo único que necesita es alimentar la vista (curiosidad por ver gente nueva, noticias, revistas, artículos…), cuidar el estómago (comer algo), o mirar por las necesidades más elementales…

Son pocos los que saben de la existencia de las capillas. Yo les puedo compartir anécdotas tan simpáticas como cuando en Barajas íbamos hasta 30 universitarios para encomendar al Señor nuestra misión y serenarnos un poco, o la Misa celebrada a las 3 de la mañana en el aeropuerto Jorge Chávez (bastó con pedir las llaves en Gerencia) o el tiempo de oración en una capilla interconfesional de Nueva York …

La más reciente, la de esta mañana –de 4.30 a 6 a.m.- en el aeropuerto de Buenos Aires, donde pude disfrutar de la paz del silencio, de la presencia del Señor, dándole gracias por toda esta semana en Argentina y encomendando a todos los amigos y familiares. Recordaba a Abelardo de Armas cuando nos decía que muchas veces en los campos de fútbol oraba como en ningún sitio, pidiendo por todos, sintiendo que como bautizado tenía como vocación y misión sacerdotal el ofrecerse por todos ellos. ¡Qué gracia, verdad? Unirse a los miles y miles que van y vienen, vienen y van…sin saber quizás que es su viaje final.

 Como valor añadido, me enteré que la imagen de Nuestra Señora de Loreto que preside la capilla fue bendecida por el Papa Juan Pablo II en su visita a Argentina.

 

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martes, 13 de octubre de 2009

Atentado contra la Virgen María en la Catedral de Buenos Aires

Les presento la nota que me envía el Rector de la Catedral y que ha consternado a la población. En la foto de la izquierda que tomé, se puede apreciar el deterioro sufrido en la cabeza del Niño. V. Messori habla de una auténtica "cristofobia". Que sepamos reparar debidamente como están haciendo los argentinos.
El viernes 9 de octubre por la noche o en el amanecer del sábado 10 de octubre, personas violentas han atentado contra Nuestra Señora de la Rabida que se hallaba ubicada en una hornacina en el frente de la Catedral sobre Rivadavia casi esquina San Martín. Gracias a Dios la imagen de madera policromada, que fue un obsequio de la Real Sociedad Colombina, el 3 de agosto de 1975, no ha sufrido mayores daños.
Juan Pablo II, en 1993, en ocasión de los 500 años de la evangelización de América coronó la imagen original que se encuentra en el Monasterio de la Rábida (España) agradeciéndole por los cinco siglos de evangelización en un Nuevo Continente.
Durante esta semana hasta el viernes 16 inclusive en todas las misas se harán actos de desagravio.
Pbro. Jorge Junor – Rector de la Catedral Metropolitana. Catedral MetropolitanaSan Martín 27 - (1004) Buenos AiresTel: 4345-3369 / 4331-2845 Fax: 4343-6272www.catedralbuenosaires.org.ar
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