miércoles, 27 de mayo de 2009

El Seminario Santo Toribio, la Facultad de Teología y la Universidad de San Marcos

El miércoles 26 de mayo participe en el XVIII Coloquio de Historia de San Marcos, con motivo del 458 aniversario de su fundación. Les comparto algunos apuntes de mi ponencia que giró en torno a las relaciones del Seminario, la Facultad y la Universidad. Tuve ocasión de ver las interesantes exposiciones de la Casona como la de los Retratos; además de ofrecer la imagen de los protagonistas, se pueden ver objetos del mundo universitario como este hábito de los colegiales toribianos ( la loba de buriel -especie de sotana de color rojo, entre negro y leonado-, el bonete -gorro de cuatro picos- y la beca-faja en bandolera por el pecho y espalda- de color morado.  Ojalá se den un tiempo y se beneficien de este rico legado.

Aunque en la actualidad Seminario y Facultad de Teología son dos instituciones claramente diferenciadas, en sus cuatro siglos de historia ha vivido etapas en que sus vidas se fundían (¿también se confundían?) e identificaban, no sólo por compartir local -calle san Francisco- sino autoridades, profesores y alumnos. Los Padres Dominicos la fundaron, las Órdenes Religiosas dieron sus catedráticos más importantes, y profesionales católicos proyectaron sus mejores energías desde los postulados de una sana armonía fe-razón y compromiso con el Perú. El segundo prelado de la arquidiócesis, Toribio Alfonso Mogrovejo (1536-1606), crisol de lazos solidarios[1], tuvo un cuidado solícito con la naciente Universidad como demuestra su aporte a través de rectores y profesores, métodos y proyectos. Tal sucedió con Hernando de Guzmán, tres veces rector de San Marcos y primer Rector del Seminario de Santo Toribio. De sus aulas saldrán líderes de influencia decisiva en el Perú y en América Latina, tanto en el mundo virreinal y republicano. Baste con mencionar nombres relevantes como Feliciano de Vega, Juan Cavero de Toledo, Bernardino de Almansa, Cipriano de Medina,  Baltasar Martínez de Compañón y Bujanda, Toribio Rodríguez de Mendoza, José Baquíjano y Carrillo, Vicente Morales Duárez,Manuel Teodoro del Valle, Amador Sotomayor, Juan Ambrosio Huerta, Manuel Tovar, Pedro Manuel García Naranjo, Pedro García Sanz, José Antonio Roca y Boloña, Agustín Obín y Charún, Manuel Antonio de la Lama, Nicolás de Piérola, Manuel Villarán y Loli, Ignacio Roca y Boloña, Ezequiel Moreira.

 Por el Breve “Exponi nobis” de 25 de julio de 1571, recibía la aprobación pontificia. Quedaba establecida así la mayor expresión de la síntesis cultura-fe, jerarquía civil-religiosa, con el fin de buscar el progreso integral de la persona y la sociedad a partir del estudio privilegiado de la Teología, de la que todas las demás ciencias eran “ancillae” (esclavas); claro que “cada una gozaba de autonomía y dignidad propia, pero en dependencia jerarquizada y orgánica para una función de servicios: servir a Dios y a los hombres”. Aquí está la explicación del por qué en la Universidad de San Marcos el primer puesto del claustro se reservó a la Facultad de Teología. Las otras facultades eran las de Derecho Civil (Leyes), Derecho Canónico (Cánones), Artes y Medicina. Las cátedras más importantes en Teología eran la de Prima o Teología escolástica, la de Sagrada Escritura, Vísperas y Nona. Cátedras de Sagrada Escritura. En las primeras constituciones sanmarquinas, las recibidas por el Virrey Toledo en 11 de octubre de 1571 se prescribe la importancia de la teología y la forma de la graduación

Los grados eran de bachiller, licenciado, maestro y doctor. El gobierno de la Universidad corría a cargo del claustro, encabezado por el rector, que era elegido por catedráticos y estudiantes, y que estaba asistido por cuatro consejeros o consiliarios (elegidos del mismo modo), más un procurador general, el secretario y el tesorero.

En Lima existían varios colegios universitarios, convictorios o residencias de alumnos en los que se proporcionaba a una minoría selecta -aparte de alojamiento y comida- una formación esmerada tanto en el aspecto académico, como en el humano y espiritual. El más conocido era el “Colegio Real de San Felipe y San Marcos”; estaba también el de “San Martín “que en 1770 se fusiona con el primero y se convierten en el Real Convictorio de San Carlos; en tercer lugar estaba el de “Santo Toribio”. En las citadas Constituciones de 1609 de este colegio-seminario se nos informa detalladamente de su vinculación con la universidad. Los alumnos no podían permanecer en el Colegio más de 8 años ni una vez ordenados de sacerdotes o graduados de Bachilleres (en Cánones o Teología) (Const. 21). Los estudiantes del seminario que aspiraban al doctorado en Teología, llevaban a cabo sus estudios en la Facultad respectiva de San Marcos. Debían asistir a la apertura, clausura, y todos los actos públicos que se verificasen en la Universidad. Por su parte, los profesores de la Facultad de Teología enseñaban los cursos de esta Facultad en el colegio seminario.Su estancia se limitaba a dos años, tiempo suficiente para graduarse en la Universidad como bachilleres en Teología o Cánones. Cada semana debían participar en un acto común en que se debatía un tema propuesto con antelación. Dos veces al año se organizaban “conclusiones”, pública defensa y discusión de una o varias tesis de acuerdo con la forma académica universitaria.

Desde la restauración del Seminario en 1847 se admitió, junto a los internos (clérigos o aspirantes) alumnos externos, de primaria sobre todo, por lo que el Colegio adoptó un régimen mixto secular y clerical. Aunque el cuerpo directivo y docente de la Facultad, al igual que sus cátedras, se mantenían bien diferenciados, los cargos de Decano y Rector, residían en una misma persona. Como lo mismo sucedía con la mayoría de catedráticos de facultad y profesores del colegio, la Facultad prosiguió en el Seminario. De hecho, y sin que el Arzobispado lo pretendiese, -como diría José Antonio Barrenechea, Decano de Derecho, en 1875- “el Seminario de Santo Toribio [...] es, en todo rigor, una Universidad Católica”.

En 1866 y 1868 se dictan leyes que atenúan la fiscalización del Estado sobre la enseñanza universitaria; en concreto, el 16 de marzo de 1866, se aprueba un Reglamento en el que se reconoce jurídicamente la conformación de las Facultades en los colegios. De igual modo, mejoran las relaciones Iglesia-Estado. Todo ello, propicia la vuelta de la Facultad de Teología a la Universidad. El 18 de marzo de 1876, el Presidente Manuel Pardo aprueba el nuevo Reglamento General de Instrucción Pública que reconoce que “la enseñanza universitaria es de la exclusiva competencia de las autoridades universitarias. Este mismo año vuelve la Facultad a la Universidad de la mano del Decano Dr. Amador Sotomayor, quien leyó la Memoria del curso en la clausura del año escolar. Para ratificar estas buenas relaciones, quien fuese rector del Seminario, arzobispo de Lima y eminente catedrático en la Facultad, el Dr. Manuel Tovar, pronunciará el discurso de orden en la apertura del año académico, 4 de abril del 1877. Tres años después, el 10 de julio de 1880, encontrándose como presidente del Gobierno un excolegial y excatedrático toribiano, Nicolás de Piérola, en plena guerra, nombrará personalmente todos los cargos universitarios con la única excepción de que para la Facultad de Teología se reconociera como decano nato al Rector del Seminario

 



[1]Mi obra  Crisol de lazos solidarios: Toribio Alfonso Mogrovejo Universidad Católica "Sedes Sapientiae" y Ministerio de Educación y Cultura de España, Lima, 2001, 275 pp En internet:  http://www.ucss.edu.pe/toribio.htm

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