viernes, 2 de octubre de 2015

SAN FRANCISCO DE ASÍS, DIPLOMÁTICO DE LA PAZ, por Nico


La Dra. Florina Nicolae, rumana en Lima, ha tenido la gentileza de enviarme exte bello texto con la siguiente nota:

El próximo domingo 4 de octubre a las 10 a.m. en la Radio Filarmonía  (102.7 FM) será presentada la charla "San Francisco de Asís, diplomático de la paz"
Si no tienes tiempo para escucharla, te envío el texto grabado. Si tampoco hay tiempo para eso, te ruego leer solo la penúltima frase del texto: se trata de sonreír.

Abrazos afectuosos,
Florina

RADIO FILARMONIA

4 DE OTUBRE DE 2015

 

 

SAN FRANCISCO DE ASÍS,

DIPLOMÁTICO DE LA PAZ

 

El 4 de octubre es una fecha importante en el calendario de la Iglesia Católica: se celebra la festividad de San Francisco de Asís, un santo necesario para toda la humanidad y en todos los tiempos, de manera especial en nuestros tiempos. Él le pidió a Dios: 

Oh, Señor, hazme un instrumento de tu Paz.

Y es exactamente la paz un tema siempre actual, como actual es también el santo que nació en Italia hace más de ocho siglos, en la hermosa región italiana de Umbria, y cuyo nombre es pronunciado por millones de personas cuando hablan del actual Sumo Pontífice:

 "Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma"- dijo el Papa Francisco.

Voy a citar por extenso el fragmento de la Carta Encíclica sobre el cuidado de la casa común que tiene como título el reiterado verso Laudato si´ (Loado / Alabado seas), del famosísimo Cántico del Hermano Sol o Cantico de las criaturas.

"Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior" (Encíclica Laudato si', n° 10).

Hace tres años la editorial de las Paulinas ha publicado la versión española de un libro mío, titulado "San Francisco de Asis, medieval y actual". Se trata de esa asombrosa actualidad que podemos constatar en varias situaciones y, más concretamente, en la actividad del Papa Francisco mismo, quien asumió el nombre del santo de Asís como un verdadero programa de su pontificado.

Con motivo de la presentación de ese libro, he evidenciado un aspecto singular y quizás sorprendente de la personalidad del pobrecillo de Asís -como era conocido el santo-, un aspecto que no se encuentra en el libro: ¡el de diplomático! Porque San Francisco era, de verdad, un diplomático de la paz. Con una misión diplomática de primera clase.

Soy parte de una Embajada y he trabajado como diplomática en varios Estados, incluso ante la Santa Sede. Pero, de igual manera, considero que todas las personas que están escuchando esta charla dominical –deferencia que les agradezco de todo corazón- conocen bien el mundo y los modales de la diplomacia.

Obviamente, San Francisco de Asís no era un diplomático de profesión, sino más bien un diplomático de una patria espiritual, celestial. En consecuencia, era subordinado –en una relación vertical– al Rey de los Reyes; es decir, con una voluntad rendida totalmente a los imperativos del Altísimo. No era un Nuncio papal, ni un representante de un Estado de este mundo, sino un dócil y feliz instrumento del Dios del amor y de la misericordia, su Amo, su Dirigente, su Patrón, su Protector y su Defensor. Como diplomático, él tuvo un encargo especial, un mandato de por vida; y, cuando lo concluyó, volvió… a la patria celestial.

Su misión era la defensa de una causa noble: luchaba como partidario de la paz y era enemigo de enfrentamientos y discordias. El siglo XIII ha sido uno de gran crueldad en un mundo dividido y ensangrentado. He dicho el siglo XIII, ¡no el siglo XXI!

Se habla siempre de paz, pero se olvidan los principios básicos de este concepto, principios irrenunciables para que la paz se haga realidad. En una sociedad sofocada por la violencia, como la de nuestros días, San Francisco postulaba la paz política. ¡Es muy actual, actualísimo! ¿Verdad?

Hábil, sagaz en el trato con las personas, Francisco ponía en práctica la diplomacia, es decir aquel conjunto de actitudes, reglas y métodos que permiten armonizar las relaciones con otros sujetos. La aplicaba con un doble objetivo: por un lado, promover la paz; y, por otro lado, cultivar una mentalidad propicia para la paz en la cultura y en el modo de pensar de su tiempo. Este doble objetivo es igualmente válido en el mundo contemporáneo, porque tiene una valencia universal, tal como sugiere el título de mi libro "San Francisco: medieval y actual". Esto significa que también nosotros podemos utilizar sus métodos, poniéndolos en práctica día a día.

Francisco no es un modelo estático para imitar, sino un ser fascinante en cuyo ejemplo de camino de acercamiento al Bien Absoluto hay que meditar profundamente.

Su personalidad, su forma de pensar y de actuar, su ejemplo de dedicación y de humildad han inspirado muchos artistas de todo el mundo: pintores y escultores, directores de cine, compositores. Les propongo interrumpir por unos minutos mi discurso desde este micrófono, para escuchar una obra musical inspirada en San Francisco de Asís.

MÚSICA: Liszt

Volvemos a nuestro tema sobre la dimensión diplomática de la vida de San Francisco de Asís. Dispuestas sobre la luminosa arcada de la "pacificación", las coordenadas de su existencia evidencian vínculos de una coherencia y una transparencia extraordinarias.

Muchas son las muestras de su sutil diplomacia que podrían enumerarse. Voy a exponer sólo algunas:

 

1.     Primera muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: Armonizar los seres humanos entre sí

Con su peculiar y tan humilde manera con la que trataba al prójimo, Francisco propone una reconciliación vuelta a la concordia. Esclarecen elocuentemente todo esto tanto la forma en que se relacionaba con sus semejantes -muchedumbres en su conjunto o individuos considerados por separado-, cuanto la profundidad de su experiencia mística y de apostolado, porque él siempre estaba animado por un espíritu de servicio, según el ejemplo del Señor, quien dijo: "No vine a ser servido, sino a servir".

Tomás de Celano escribía en su biografía del Santo:

"El predicador del Evangelio, Francisco, que a los rudos predicaba con recursos materiales y rudos, como quien sabía que la virtud es más necesaria que las palabras, usaba, en cambio, con los espirituales y más capaces un lenguaje más vivo y profundo. Sugería en pocas palabras lo que era inefable, y, acompañando las palabras con inflamados gestos y movimientos, arrebataba por entero a los oyentes a las cosas del Cielo".

La cultura medieval era, antes que nada, una cultura de la palabra, de la persuasión directa, cara a cara, por medio de un diálogo vivo –se decía que "todos hablaban"–. Las nuevas categorías sociales que iban apareciendo en el paisaje urbano –artesanos, banqueros, jueces, enseñantes– desarrollaban su actividad sirviéndose sobre todo de la palabra, de la conversación y de la negociación. Está claro que ocho siglos atrás no había las herramientas que tenemos hoy: no había teléfonos, ni correo electrónico, ni radio, ni televisión; no había ninguno de nuestros polifacéticos instrumentos y aparatos de comunicación. Todos, cuál más, cuál menos, podían obtener el éxito siempre y cuando consiguieran convencer mediante el diálogo directo. "Porque sólo en el diálogo directo con el otro puedes conocerlo. Y no hay diálogo directo más verdadero que el diálogo del amor" –decía un gran teólogo rumano, Dumitru Staniloaie.

Con su sencillo magnetismo espiritual, Francisco aplicó la inteligencia y el tacto al manejo de las relaciones entre seres humanos, promoviendo los valores que en su vida -y a través de la Orden por él fundada- defendió con total abnegación. Su logro de "conectar con el público" se debió en parte a cierto encanto personal, a su carisma, aunque también dimanaba de su sensibilidad para con el estado mental y psíquico de los oyentes.

En sus escritos, sus conversaciones y sus predicas hallamos reflexiones y preceptos llenos de humana ternura, de cálido estremecimiento, pero también de conmovedora poesía mística. Todos ellos ilustran la historia de su voluntad de cumplir la misión que le fue encomendada por el Altísimo, para los otros y para sí mismo: la paz.

Antes de pasar a otro modo de actuar de Francisco de Asís como mediator y reconciliador entre entidades contrarias, para conseguir un lenguaje común, una concordia, les propongo escuchar otra pieza musical de inspiración franciscana.

 

MÚSICA :  Liszt, San Francisco predica a los pájaros

 

 

2. Segunda muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: Armonizar las relaciones entre los fieles y la Iglesia

 Francisco interpretó en clave pacifista las realidades del siglo, aceptando los aspectos válidos de ciertos movimientos religiosos populares heréticos y relegando sus elementos negativos, como la insubordinación frente a la jerarquía clerical, el pesimismo maniqueo, las desviaciones doctrinales, etc.

Para la Iglesia católica de su tiempo, San Francisco de Asís era la personalidad ideal. Por un lado, absorbía la desesperación de las masas empobrecidas, encarnando una suerte de mecanismo que desactivaba los conflictos, a menudo violentos, fruto del descontento popular. Por otro lado, habilitaba una sólida barrera, fácil de controlar, contra las herejías pauperistas, poniendo fin a las polémicas relativas al rechazo de los movimientos de renovación por parte de la curia romana.

A San Francisco de Asís le corresponde el mérito de haber llevado a cabo una síntesis de los anhelos, a menudo contradictorios, de las generaciones precedentes, y de haberlo hecho además en un plano elevado.

El movimiento franciscano abarcó todos los aspectos de la vida, englobando entre sus propósitos la lucida percepción de los problemas del hombre y su tiempo, dando lugar a un momento crucial en el plano religioso y humano.

La protección papal para con San Francisco se manifestó precisamente en virtud de la veneración que éste profesó hacia el sacerdocio y como consecuencia de la obediencia por él declarada de cara a la jerarquía eclesiástica. Así, el movimiento franciscano se presentaba como transposición de las más profundas y más extendidas instancias religiosas, a la luz de un cristianismo vivido activamente, llevado con creatividad a la práctica y hecho a medida de aquel momento histórico.

Francisco se transformó –con su espíritu señorial– en una persona autorizada a negociar como un verdadero diplomático en nombre de Dios; pero en consonancia con una institución terrena, la Iglesia.

 

3. Tercera muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: Armonizar las relaciones entre el ser humano y la naturaleza

San Francisco de Asís fue proclamado Patrono de la ecología por el santo Papa Juan Pablo II el día 29 de noviembre de 1979, considerándolo "entre los santos y los hombres ilustres que han tenido un singular culto por la naturaleza"…

Pero, yo aquí no quiero hablar de la ecología como "la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio en que viven; o como "la rama de la sociología que estudia las relaciones entre los grupos humanos y su entorno físico y social". En este sentido la encíclica Laudato si' es considerada por reconocidos científicos y políticos como el más significativo y valioso documento que sobre este tema se haya publicado.

Quiero referirme al Santo de Asís en su dimensión de diplomático también al nivel de toda la creación, al nivel ecológico integral.

Quiero subrayar su desbordado amor, conmovedor y poético, hacia la naturaleza, sus célebres diálogos y predicaciones a los animales y a los seres inanimados. Su primer biógrafo, Tomás de Celano escribe: "Cuando daba con multitud de flores, predicábales cual si estuvieran dotadas de inteligencia, y las invitaba a alabar al Señor. Asimismo convidaba, con ternísima y conmovedora sencillez, al amor divino y exhortaba a la gratitud a los trigos y viñedos, a las piedras y a las selvas, a las llanuras del campo, a las corrientes de los ríos, a la ufanía de los huertos, a la tierra y al fuego, al aire y al viento. Finalmente, daba el dulce nombre de hermanas a todas las criaturas, de quienes, por modo maravilloso y de todos desconocido, adivinaba los secretos, como de quien goza de la libertad y la gloria de Dios".

 

Todos conocemos el famosísimo Cántico del Hermano Sol:

"Loado/Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, / especialmente el señor hermano Sol… por la hermana Luna y las Estrellas,… por la hermana Agua, por nuestra hermana Madre Tierra… (que no tiene nada que ver con el sincretismo de la cosmovisión de los pueblos andinos acerca de la Pachamama) – hermana Madre Tierra / la cual nos sustenta y nos gobierna, / y produce diversos frutos / con coloridas flores y hierbas".

San Francisco de Asís -escribe el Papa en el primer párrafo de su Encíclica Laudato si'- "en este hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos" (n° 1).

Francisco de Asís sentía un profundo respeto y admiración por todo lo que hallaba en la naturaleza: es considerado entre los más preocupados por el equilibrio entre animales, plantas y seres humanos.

Quería restablecer la concordia y la amistad entre las partes enemistadas, exactamente como lo son hoy en día el ser humano y el conjunto de la creación. Se proponía reconciliar esas partes enemistadas. Se trata de una reconciliación que en realidad es un reconocer el mal que le estamos haciendo a la naturaleza con nuestra actitud de dominadores, consumidores y explotadores, con nuestro propósito de convertir la realidad en simple objeto de uso, sin la apertura al estupor y al amor que nos enseñaba San Francisco de Asís.

Veamos un excelente diálogo diplomático entre el Embajador de Asís y el Lobo de Gubbio:

Francisco le dijo al lobo: "Hermano lobo, tú estás haciendo daño en esta comarca… Toda la gente grita y murmura contra ti, y toda la ciudad es enemiga tuya. Pero yo quiero, hermano lobo, hacer las paces entre tú y ellos…".

Ante estas palabras, el lobo, con el movimiento del cuerpo, de la cola y de las orejas y bajando la cabeza, manifestaba aceptar y querer cumplir lo que decía San Francisco.

Díjole entonces San Francisco: -Hermano lobo, puesto que estás de acuerdo en sellar y mantener esta paz, yo te prometo hacer que… [ahí se enuncian los términos del pacto]. Pero, una vez que yo te haya conseguido este favor, quiero, hermano lobo, que tú me prometas que no harás daño ya a ningún hombre del mundo y a ningún animal. ¿Me lo prometes?-".

 

Les propongo ahora escuchar una pieza musical que tiene como punto de inspiración el protagonismo discreto de San Francisco de Asís.

 

MÚSICA: Fr Poulenc

 

4. Cuarta muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: armonizar las relaciones entre el Occidente cristiano y el Oriente Medio musulmán

 

Lo que consiguió con el hermano lobo, San Francisco de Asís intentó lograrlo, sin conseguirlo, entre los cruzados y los musulmanes

 

San Francisco luchó abiertamente con quienes alentaban el ideal de la cruzada, proponiendo además una teología sin violencia, una misión pacífica, "por vía de los tratados" –como se dice hoy en día. Él mismo emprendió un viaje hacia tierras árabes para llevar un mensaje de paz contra la V Cruzada. Fue éste un momento diametralmente opuesto al que precedió su conversión, cuando, en el año 1204, se había puesto en marcha hacia el sur de Italia para enrolarse en la armada de la IV Cruzada.

En junio de 1219, partió por mar desde Ancona (en la costa oriental de Italia central) hacia el Oriente Medio. Intentó convencer a los cruzados de que no emprendieran la guerra contra los sarracenos y aceptaran los tratados de paz. Pero no le escucharon. Predijo una derrota espantosa que la realidad no tardó en confirmar. "Sólo San Francisco parecía leer la historia a la luz de la sabiduría eterna, no conforme a las apariencias y contingencias externas", afirma Giulio Basetti-Sani, en su obra sobre la dimensión profética del diálogo franciscano.

Su condena implícita de las cruzadas subraya la incomprensible traición de éstas a las enseñanzas divinas, traición que además se apoyaba en la supuesta pretensión de emprenderlas en defensa del Evangelio (hoy en día se hace en defensa de los valores de la democracia). ¡La violencia y la inmoralidad de la guerra hecha en nombre de la paz!

En general, la hagiografía sobre el santo de Asís presenta al encuentro de Francisco con el sultán como si de un triunfo se tratara. En realidad, Francisco fue recibido cortésmente por Al-Kamil Muhammad al-Malik, hombre culto, de mentalidad abierta, quien lo trató con respeto, pero sin renunciar a su fe en ningún momento. Según cuentan ciertas leyendas, el sultán habría recibido al "pobrecillo de Asís" como a un verdadero "diplomático", permitiendo finalmente que regresara incólume al campamento de las cruzadas.

Estoy convencida de que Francisco –inteligente y clarividente– no hizo la mínima tentativa de convertir al sultán. Su misión era la de un diplomático de la paz. Quiso lograr la paz entre las fuerzas en conflicto, concordando un "pacto" entre ellas para poner fin a la guerra.

El filósofo chino Confucio (Kung-Fu-Tse, 551-479 a.C.), que proponía tener por objeto final la paz universal y la armonía general, formuló clara y sencillamente el concepto:

 

"Quien pretenda someter a los hombres por la fuerza de las armas

no alcanzará la sumisión de sus corazones;

por eso, la violencia nunca es suficiente para dominarlos.

Quien conquiste a los hombres por la virtud

consigue que todos se sometan a él".

 

 

5. Quinta muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: armonizar sus relaciones consigo mismo, ser un hombre conciliado consigo mismo, con su cuerpo y con su alma

 

 La relación de Francisco consigo mismo es una espiral permanentemente atravesada por su pasado (la memoria), por el presente (es decir, por la criatura que habita el mundo: su cuerpo), por el futuro (reservado al alma, junto con el cuerpo que ésta anima), en torno a la cual gira toda la espiral, en la verticalidad extática.

"Ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero, de verdad, ¿nos amamos? Francisco de Asís fue un diplomático muy exigente consigo mismo. En mi libro"San Francisco de Asis, medieval y actual", ustedes encontrarán muchos elementos de esta lucha que él ganó hasta llegar a la santidad.

 Antes del último segmento de mi exposición, les propongo, queridos oyentes, escuchar una oración para el príncipe rumano Constantin Brancoveanu, quien prefirió dejarse degollar por os turcos que renunciar a su propia fe cristiana.

MÚSICA . Rugaciune pentru Constantin Brancoveanu

 

6. Sexta muestra de la sutil diplomacia de San Francisco de Asís: armonizar sus relaciones con Dios, ser un hombre conciliado con Dios

En realidad, esto era su mandato esencial. Un diplomático tiene que respetar y cumplir con el mandato de quien lo envía. Y a él lo había enviado Dios, el Altísimo, ¿no?

 Este asunto no es nada fácil para nadie: hay que intuir "los infinitos caminos que el Señor recorre para cambiar los corazones de las personas".

Llevando a cabo una equilibrada armonización entre el amor a Dios y el amor al prójimo, el Santo de Asís logró de lleno afirmar la paz, sin polemizar, sin juzgar, ni criticar. Ésta es, de hecho, la esencia de su mensaje: esa paz que reconcilia a los hombres con Dios y que, en el orden terrenal, habría de reconciliar a los hombres entre sí y con la naturaleza.

"Para San Francisco la Creación pertenece a Dios y el gozo por esta creación que Dios confía al hombre no puede disociarse de la gratitud por la creación, de la responsabilidad hacia ella y de la igualdad entre todas las criaturas, que son inseparables, como lo han sido en Francisco de Asís. La naturaleza es para Francisco la expresión de un designio de amor y de verdad de parte de Dios que la dona al hombre para que sea el habitat para todos" –escribe Monseñor Adriano Tomasi, Obispo Auxiliar de Lima, en la introducción de mi libro.

Voy a reiterar: la vida y las obras de San Francisco de Asís son para ser meditadas detenidamente, con tranquilidad, tiempo y dedicación, y así poder ser después también imitadas en el espíritu que las impulsó. Una meditación que no tiene que ser meramente cristiana, sino profundamente humana. Porque la experiencia de Francisco de Asís en la sociedad del Medio Evo europeo, extremadamente tumultuoso y a veces dramático, y la "hoja de ruta" de su vida predisponen nuestras vidas y nuestra época a reflexionar profundamente.

         En efecto, lo que San Francisco de Asís nos ha enseñado, de manera tan universal y actual con la formula PAZ Y BIEN, es más que un concepto político, una suma de ideas o una teoría frente a la sangrienta práctica de la guerra.  La paz es un modo de vivir. Es un peregrinaje espiritual de cada minuto hacia el alma del otro, del prójimo y –casi simultáneamente– hacia los adentros de uno mismo.

Pero este peregrinaje se aprende. Es importante educar para la paz, dirigir y encaminar en la construcción de puentes y no de muros, poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.

 

Vivir para la paz. Hay que vivir cada día con una sonrisa, porque "la paz comienza con una sonrisa", decía la Madre Teresa de Calcuta. Mientras el Mahatma Gandhi afirmaba que "no hay camino hacia la paz: la paz es camino".

 

          Ya ahora mismo nos encontramos en este camino de paz: yo, desde aquí delante del micrófono; y ustedes, escuchando los lindos sonidos de la excelente Radio Cultural Filarmonía.

 

¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!

        

 

 




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