lunes, 7 de septiembre de 2009

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED, MARISCALA DEL PERÚ

Septiembre contiene varias fiestas marianas: el 8, su cumpleaños, la Natividad; el 12, su santo, Dulce Nombre de María; el 15, Nuestra Señora de los Dolores y el 24 Nuestra Señora de la Merced. Vamos a hablar de esta popular advocación y no sólo por ser patrona de los reclusos del mundo, sino porque también es la patrona de las Fuerzas Armadas del Perú y la imagen de María Liberada y Liberadora. Su icono rompiendo las cadenas nos trae un mensaje de paz y libertad.

La advocación de la Virgen de la Merced surgió en España, a comienzos del siglo XIII por iniciativa de san Pedro Nolasco, san Simón de Monfort y el rey de Aragón Pedro II, cuando la Virgen les inspiró la fundación de la orden de Santa María de la Misericordia, o de la Merced de los esclavos. Una misma noche, 1 de agosto de 1218, se aparece a los tres. Su fin principal era rescatar a los prisioneros cristianos que caían en manos delos musulmanes y turcos. Además de ofrecer dinero en rescate, se ofrecían personalmente hasta con un curto voto y predicaban el Evangelio exponiendo su propia vida. Desde entonces se hará familiar su hábito blanco, destacando en el pecho el escudo de las armas de Aragón rodeado de cautivos y rescatados.

Como escribe el P. Tomás Morales “encendidos en amor a la Virgen, Pedro Nolasco y sus compañeros libertan encadenados y hacen volar a María oraciones de gratitud y alabanza” De igual manera en la liturgia:

"Alegrémonos todos en el Señor en este día al celebrar fiesta Sta. María la Virgen. De su venida a la tierra se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios...". Antífona liminar de la Misa que invita al júbilo más alborozado que nos debe inundar. Alegrémonos, alegrémonos todos los hijos de la Virgen. Viene a rescatar almas, a romper grilletes que me esclavizan. La primera y más necesitada es mi alma cautiva de egoísmo, padre de orgullo y pereza. Sueña con ser libertada por el poderoso valimiento de tan buena Madre. Alegría al pronunciar este día el nombre de María.

La Iglesia al celebrar esta fiesta nos invita a confiar en María. "Dios que por la gloriosa Madre de Tu Hijo, enriqueces Tu Iglesia con una nueva familia consagrada a librar cristianos del poder de los incrédulos. Recompensa nuestro filial amor a la inspiradora de esa obra tan grande, y líbranos por sus méritos y súplicas, del pecado y de la cautividad del demonio" (orac. col.).

Alegría y confianza en el día de Sta. María de las Mercedes, pero también ofrecimiento. Entrega a María en la Iglesia para redimir personas de tantas despóticas cautividades. Sin hábito blanco, sin cuarto voto unidos a nuestros hermanos de la Merced, todos los laicos luchamos el mismo combate, sentimos con alegría la misma protección maternal de María.

Cuando los navíos cargados de cautivos rescatados anclaban con su preciosa carga en puerto español, francés o italiano, el recibimiento era triunfal y apoteósico. Cientos de hombres a quienes se creía perdidos para siempre, eran devueltos a la intimidad del hogar, a la alegría de la vida de familia. Salían a los muelles autoridades, corporaciones, consejos, comunidades, el pueblo todo. El estandarte de la redención, las cadenas mostradas como exvotos, los andrajos de los cautivos, los cantos de libertad, las lágrimas de todos, eran un himno inacabable de acción de gracias a la gran Corredentora, María de la Merced. Una procesión interminable aclamaba a la libertadora Madre y Virgen.

Quien más se ha dedicado a investigar y dar a conocer la extraordinaria presencia de Nuestra Señora de la Merced en el Perú ha sido Monseñor Severo Aparicio, obispo auxiliar emérito del Cuzco, y presidente de la Academia Peruana de Historia de la Iglesia. Entre otras obras ha escrito Devoción a la Virgen de las Mercedes en el Perú, Lima, 2001. El nos indica que al iniciarse la conquista del imperio de los incas, los religiosos de la merced se hicieron presentes en el Perú, desde los primeros viajes y habían edificado ya su primera Iglesia conventual hacia 1535, templo que sirvió como la primitiva parroquia de Lima, hasta la construcción de la Iglesia Mayor en el 1540. Fue el Fr. Miguel de Orenes, el fundador del convento de la Merced en Lima y con toda probabilidad trajo la primera imagen de la virgen de la Merced. Durante este siglo, la Merced tiene fundados los conventos de Piura ( 1533), Cuzco ( 1534), Lima (1535), Trujillo (1535), Huamanga (1532), Chachapoyas ( 1541), Arequipa (1539), Chuquisaca ( 1541), la Paz ( 1549)

En el año 1615 protege Callao y Lima de las manos del corsario holandés Spilbergen, visión que tuvo doña Isabel de Porres, el suceso lo recuerda el cabildo , justicia y regimiento de la cuidad en su acta del 20 de septiembre de 1730. En 1730, fue proclamada “patrona de los campos del Perú”, debido a la esterilidad de frutos que padecían los campos, recurrieron al auxilio de la Virgen de la Merced y fueron escuchas sus ruegos.

El 24 de Mayo de 1822, el general Antonio José se Sucre obtuvo la victoria en la Batalla de Pichincha, por la que se alcanzó la independencia de la gran Colombia, tras lo cual los objetivos de Sucre, San Martín, Bolivar y O’Higgins, estaban dirigidos a Perú, por lo que se consideró llegado el momento de que también esta nación reconociese a la Virgen de la Merced por patrona de sus ejércitos. En 1823, fue declarada Patrona de las Armas de la República por el Presidente José Bernardo Tagle. Al cumplirse en primer Centenario de la independencia de la nación, el 24 de Septiembre de 1921 fue coronada canónicamente y como recuerdo de esto, se colocó a la Sagrada imagen las insignias de su alto patronato militar, consistentes en una faja de Gran Mariscala y un cetro de Oro, a partir de entonces, se ha llamado la Gran Mariscala del Perú. Desde entonces esta fecha del 24 de septiembre es declarada fiesta nacional. Cada año el ejército le rinde honores a su alta jerarquía militar de “Mariscala”. En 1970 el cabildo de Lima le otorgó las llaves de la cuidad y en 1971, el presidente de la República le impuso la gran cruz peruana al mérito naval, gestos que demuestran el cariño y la devoción a la Virgen de las Mercedes. Por su parte, la Conferencia Episcopal Peruana le rinde homenaje, y al clausurarse la Tercera Conferencia General del Episcopado latinoamericano en la cuidad de Puebla, en Febrero de 1979, se formuló la promesa de depositar al documento de Puebla a los pies de la Imagen de María más venerada y popular de cada país, en fecha y ocasión oportunas. Fue así como en la Cincuenta asamblea general del episcopado peruano, se resolvió realizar este acto a los pies de la sagrada imagen de la Merced de Lima, el 9 de junio de 1979. Presididos por el Cardenal Juan Landázuri Ricketts.

Son numerosos los lugares con el nombre de Merced. De igual manera, los testimonios poéticos como el de José Santos Chocano:

Virgen de las Mercedes, evocadora imagen de mi antiguo fervor: no quiero más que seas Patrona de las armas, sino Patrona sólo de la paz y el amor...

De igual modo, numerosos los mercedarios que han dado renombre a la Virgen de la Merced por su protagonismo político (Melchor de Talamantes), académico (hay todo un claustro dedicado a los mercedarios doctores en San Marcos) o espiritual (siervos de Dios como Gundisalvo de Amaranto en El Callao o el popular P. Urraca en Lima

Que Santa María de la Merced nos ayude a seguir la senda de estos intrépidos mercedarios, redentores de cautivos de ayer, libertadores de hoy.

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