jueves, 23 de abril de 2009

La invención del catolicismo en América

 Fernando Armas Asín (editor) La invención del catolicismo en América. Los procesos de evangelización, siglos XVI-XVIII Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales, 197-210 pp.

 

Les confieso que el título me sorprendió y me llevó a consultar el Diccionario de la RAE. Anoto sus tres significados: descubrir algo nuevo o no conocido, imaginar y fingir. Si descartamos el tercero y nos quedamos con la dimensión de invención que se usa en las ciencias sociales y que le diese hacia 1950 el historiador mexicano Edmundo O Gorman como recientemente ha recordado Horst Pietschmann, lo veo oportuno. Si inventar es imaginar para construir, queda claro que nadie imagina nada si no hay certidumbre y piso sobre el cual construir. En este sentido podemos aseverar que la construcción del catolicismo americano fue una bella imaginación sobre sólidos cimientos. Entendido el término así, nos permite entender y percibir los rasgos, los gestos, los matices de lo que se refiere en el subtítulo "procesos de evangelización". De esto se trata y así comienza la introducción a la obra su editor, Fernando Armas: "esfuerzos llevados a cabo en Iberoamérica por parte de la Iglesia, el Estado o individuos determinados para arraigar poco a poco el catolicismo"  Ello conlleva estudiar "la conjugación de diversas instancias intermediadoras civiles y religiosas", comprender la evangelización no sólo como "conversión de indígenas" sino como esfuerzo permanente de vivencia de un cristianismo "invariable y ortodoxo", entenderla en perspectiva cultural ya que el fenómeno "trasciende incluso los espacios meramente eclesiales y desemboca en ámbitos sociales, ideológicos y políticos amplios" (9-10). La obra tiene en cuenta el trípode: cristianismo, cultura y colonización. Así pues, "hablar de evangelización es hablar de cristianización con sus características intrínsecas de construcción social" (p.11). Más allá de las voces discordantes de evangelización, del debate abierto sobre la forma de llevarse a cabo la conquista, el poblamiento y la evangelización, lo que interesa es que "el nuevo ideal evangelizador, plagado de identidad barroca y ortodoxia doctrinal,  terminó por formalizar lenguas locales", música, y teatro propios. Al establecerse y cuidarse la ortodoxia por diversas instancias sociales, se combatirán severamente la idolatría y la herejía.

 

Los complejos fenómenos presentes en el proceso evangelizador son estudiados en el presente libro desde una perspectiva múltiple de tiempos y geografías. Luis Martínez Ferrer aborda el asunto de los justos títulos de España y Portugal, describiendo cómo se implanta la Iglesia Católica en América a través de sus protagonistas personales e institucionales: obispos y religiosos; sus leyes, sus acciones. En segundo lugar, Antonio Rubial (1523-1750) y Patricia Escandón (siglo XVIII)  se centran en el área mexicana, centrándose en los factores de la conversión indígena así como en las características de la nueva sociedad. Él virreinato del Perú es estudiado con gran hondura y creatividad, aprovechando sus trabajos sobre Wiracocha, el P. Luis López, y los luteranos,  por Fernando Armas, editor, quien titula su apartado "Evangelización, ortodoxia católica y gestualidad andina" y distingue cinco rubros: 1. Las pautas de la evangelización inicial entre conquistadores y regulares. 2 Los significados católicos, gestos andinos y un universo creado. Voces discordantes y sinfonía barroca en los Andes peruanos. 4. La Visita de Idolatría, proyecto pastoral del arzobispado de Lima. 5. Hacia el final: ciudad, milagro y monarquía católica. Claudia Rosas se centra en el complejo pero dinámico Perú ilustrado. En el capítulo 6. El área brasileña es abordado por Décio de Alercar Guzmán y Maria Saavedra, Nueva Granda, Humberto Borja... Por mi parte, junto con el P. Francisco Moreno, revisamos los grandes tratadistas de la época para estudiar las repercusiones acontecimiento de la evangelización en la reflexión teológica tanto de España como de América, infiriendo la afirmación del P. José de Acosta que precisamente por el inusitado dinamismo misionero indiano se necesitaban los mejores teólogos en América; se parte del estudio de la interrelación de la teología y la vida en las diferentes cuestiones tratadas: conquista y dominación, dignidad, política, economía, moral, utopía,; se concluye con los resultados aportados sobre todo por los miembros de la Escuela de Salamanca (Vitoria, Soto, Cano, Chaves, Gil de Nava, Barrón, Cuevas, Palacios, Castro, Sotomayor) y los presentes en Perú (Acosta, Oré, Avendaño) y México (Ortiz, De la Peña, De Ledesma, De Pravia, entre otros).

El último capítulo "el pan de cada día y la vida eterna; sentimiento y expresión de la religiosidad iberoamericana) lo escribe María Concepción Bravo, intentando hacer un balance y una apuesta sobre las consecuencias de la evangelización en "los actuales rostro de nuestro cristianismo". Aunque destaca la responsabilidad del protagonismo evangelizador por parte de los  clérigos, reconoce que "fue la interacción de las sociedades indígenas y los recién llegados españoles lo que propició la cristianización" (p.212)

En conclusión, que la docena de títulos de historias de la iglesia de América se ve enriquecida por una más y que considero bastante completa por los asuntos abordados, rigurosa por la metodología de los académicos expertos convocados, original por la novedad en el planteamiento y enfoque de temas, personajes y situaciones, fácil de leer por la sencillez del relato y actual ya que se nos comparten las numerosas novedades bibliográficas del momento.


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